EDITORIALES: Crear empleo, la solución contra los desahucios
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Crear empleo, la solución contra los desahucios
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LA REUNIÓN de urgencia de ayer entre representantes de Presidencia y de
Economía ante el suicidio de una mujer en Baracaldo que iba a ser desahuciada de
su domicilio puede indicar que el Gobierno ha actuado con sensibilidad ante una
tragedia. Pero también demuestra que ha llegado tarde para intentar remediar una
situación que sólo era cuestión de tiempo que aflorara como un drama social. Da
la impresión de que ayer el Ejecutivo actuó de forma cosmética, sobre todo
cuando la persona fallecida tenía un trabajo bien remunerado y hace apenas 15
días sí hubo un suicidio y un intento no consumado de dos personas sin ingresos
para hacer frente a sus hipotecas.
O IBERIA se reconvierte o está destinada a desaparecer. Éste es el mensaje
que lanzó ayer su consejero delegado al presentar el plan de viabilidad de la
compañía, que supondrá el despido de 4.500 personas -la cuarta parte de su
plantilla-, una reducción del 15% de sus vuelos, la venta de 25 aviones y un
recorte de sueldos.
El anuncio se produce 48 horas después de conocerse la OPA que Iberia-IAG va a efectuar para controlar el 100% del capital de Vueling, filial que pretende convertir en su plataforma para operar en el negocio de low cost. Igualmente, está relacionado el hecho de que, el lunes pasado, la Audiencia Nacional anulara el laudo entre Iberia y el Sepla, sindicato de pilotos, lo que dificultará los planes de la compañía para reducir sus costes.
La crisis ha hecho mella en Iberia, que está perdiendo 1,7 millones diarios, según su consejero delegado. Ello ha incrementado las presiones de British Airways, con la que se fusionó en enero de 2011, que exige medidas drásticas para eliminar esas pérdidas e incrementar la competitividad de la que fuera compañía de bandera española. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? El motivo del progresivo deterioro de Iberia ha sido su incapacidad para adaptarse a los profundos cambios en el negocio del transporte aéreo, liberalizado por la UE hace más de una década. Entonces, surgieron empresas low cost como Ryanair o la propia Vueling, que, gracias a sus agresivas tarifas se quedaron con una parte importante del mercado.
Iberia no supo reaccionar a tiempo ni reconvertirse para la nueva época que inexorablemente iba a llegar. Tras fusionarse con British Airways, Iberia quiso entrar en el negocio del low cost a través de una nueva filial, pero se ha encontrado con importantes obstáculos legales y sindicales. Ahora su situación es insostenible y se ve forzada a abordar un ajuste traumático, que supondrá una fuerte pérdida de empleo. Ello no hubiera sido preciso si Iberia hubiera actuado como los fabricantes de automóviles, que han podido mantener el empleo en España gracias a acuerdos con los sindicatos, que han aceptado una flexibilidad laboral y unas rebajas salariales que han incrementado la productividad de las factorías. Pero los obreros de cuello azul han resultado ser mucho más pragmáticos -y por ende más inteligentes- que los pilotos de alminodado cuello blanco.
El plan de ajuste de Iberia es ahora un mal necesario, como el de tantas y tantas empresas españolas, obligadas a prescindir de una parte de su plantilla para sobrevivir. En ese sentido, Iberia personifica la trayectoria de la economía española, que vivió momentos de esplendor hace no mucho tiempo y que está sumida en una crisis de la que no saldrá sin grandes y gravosos sacrificios.
LA REUNIÓN de urgencia de ayer entre representantes de Presidencia y de
Economía ante el suicidio de una mujer en Baracaldo que iba a ser desahuciada de
su domicilio puede indicar que el Gobierno ha actuado con sensibilidad ante una
tragedia. Pero también demuestra que ha llegado tarde para intentar remediar una
situación que sólo era cuestión de tiempo que aflorara como un drama social. Da
la impresión de que ayer el Ejecutivo actuó de forma cosmética, sobre todo
cuando la persona fallecida tenía un trabajo bien remunerado y hace apenas 15
días sí hubo un suicidio y un intento no consumado de dos personas sin ingresos
para hacer frente a sus hipotecas.
Con todo, es acertado que el Gobierno quiera por fin afrontar un problema de
mucha trascendencia en la sociedad. Es positivo que haya aceptado la iniciativa
socialista para buscar conjuntamente alternativas que frenen esta escalada de
desahucios. Ayer hablaron Santamaría y Valenciano y el lunes comienzan las
reuniones del grupo de trabajo designado por Moncloa y el PSOE para estudiar
«medidas urgentes». La primera será establecer una moratoria en los procesos de
desahucio de los colectivos más vulnerables mientras se prepara la nueva
legislación, como confirmó Rajoy anoche. Parece sensata la iniciativa si no se
prolonga excesivamente.
Pero un análisis riguroso exige distinguir entre el problema coyuntural de
los ciudadanos que pueden perder su casa y la cuestión de fondo de la reforma
hipotecaria. Porque si es cierto que los bancos se excedieron dando créditos en
aquellos maravillosos años, tampoco pusieron una pistola a nadie para
aceptarlos. Si se pudiera romper impunemente esa relación contractual sin más
causa que no poder hacer frente a la deuda la estabilidad del sistema financiero
podría verse afectada.
La gravedad de la situación exige, en todo caso, cambios normativos que
eviten que los jueces tengan que llegar a un desahucio cuando esté documentado
que el impago se debe a causas de fuerza mayor como la ausencia prolongada de
ingresos. En los primeros seis meses de 2012 se han ejecutado 94.502 desahucios
y desde 2006 esa cifra asciende a 396.943. Una sociedad no puede asumir
impasible estas cifras.
Hay que exigir, pues, celeridad a esa comisión que empieza a trabajar el
lunes. En primer lugar, debe hacer caso al reciente dictamen del Tribunal de
Justicia de la UE para aplicar la normativa comunitaria en materia de protección
del consumidor. Porque es cierto que la actual ley hipotecaria es demasiado
favorable a los bancos en algunas cuestiones, como la cláusula suelo de los
créditos o los abusivos intereses de demora. Hay otros expertos que proponen
mejoras en la ley concursal para agilizar la normativa por la que un particular
puede declararse en suspensión de pagos. Cabe también buscar soluciones de
choque, como agilizar la negociación entre el banco y el hipotecado, permitir un
sistema de alquiler tras el desahucio o crear una bolsa -con dinero público o de
los bancos- para situaciones extremas.
Pero la lucha más eficaz contra los desahucios es colocar al país en
condiciones de crecer. La Comisión acaba de decirnos que el déficit público no
está controlado, lo que debe llevar al Gobierno a redoblar sus esfuerzos por
ajustar la economía. Falta todavía acometer la reforma en profundidad de la
Administración y, en este momento, el Ejecutivo debería meditar si está en
condiciones de actualizar las pensiones con la inflación. Cuando España vuelva a
crear empleo no cabe duda de que se empezarán a solucionar los
desahucios.
Iberia pagará el alto coste de un ajuste tardío
O IBERIA se reconvierte o está destinada a desaparecer. Éste es el mensaje
que lanzó ayer su consejero delegado al presentar el plan de viabilidad de la
compañía, que supondrá el despido de 4.500 personas -la cuarta parte de su
plantilla-, una reducción del 15% de sus vuelos, la venta de 25 aviones y un
recorte de sueldos. El anuncio se produce 48 horas después de conocerse la OPA que Iberia-IAG va a efectuar para controlar el 100% del capital de Vueling, filial que pretende convertir en su plataforma para operar en el negocio de low cost. Igualmente, está relacionado el hecho de que, el lunes pasado, la Audiencia Nacional anulara el laudo entre Iberia y el Sepla, sindicato de pilotos, lo que dificultará los planes de la compañía para reducir sus costes.
La crisis ha hecho mella en Iberia, que está perdiendo 1,7 millones diarios, según su consejero delegado. Ello ha incrementado las presiones de British Airways, con la que se fusionó en enero de 2011, que exige medidas drásticas para eliminar esas pérdidas e incrementar la competitividad de la que fuera compañía de bandera española. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? El motivo del progresivo deterioro de Iberia ha sido su incapacidad para adaptarse a los profundos cambios en el negocio del transporte aéreo, liberalizado por la UE hace más de una década. Entonces, surgieron empresas low cost como Ryanair o la propia Vueling, que, gracias a sus agresivas tarifas se quedaron con una parte importante del mercado.
Iberia no supo reaccionar a tiempo ni reconvertirse para la nueva época que inexorablemente iba a llegar. Tras fusionarse con British Airways, Iberia quiso entrar en el negocio del low cost a través de una nueva filial, pero se ha encontrado con importantes obstáculos legales y sindicales. Ahora su situación es insostenible y se ve forzada a abordar un ajuste traumático, que supondrá una fuerte pérdida de empleo. Ello no hubiera sido preciso si Iberia hubiera actuado como los fabricantes de automóviles, que han podido mantener el empleo en España gracias a acuerdos con los sindicatos, que han aceptado una flexibilidad laboral y unas rebajas salariales que han incrementado la productividad de las factorías. Pero los obreros de cuello azul han resultado ser mucho más pragmáticos -y por ende más inteligentes- que los pilotos de alminodado cuello blanco.
El plan de ajuste de Iberia es ahora un mal necesario, como el de tantas y tantas empresas españolas, obligadas a prescindir de una parte de su plantilla para sobrevivir. En ese sentido, Iberia personifica la trayectoria de la economía española, que vivió momentos de esplendor hace no mucho tiempo y que está sumida en una crisis de la que no saldrá sin grandes y gravosos sacrificios.










