Querido J:
En febrero de 1970 el capitán médico Jeffrey MacDonald mató en Fort Bragg
(Carolina del Norte) a su mujer embarazada y a sus dos hijas. Fue juzgado y
condenado a cadena perpetua, pero él mantuvo siempre que era inocente. Cuatro
años después el periodista Joe McGinniss publicó un reportaje sobre el caso,
Visión fatal (1983), que apostaba decididamente por su culpabilidad. No es
probable que ese libro fuera mundialmente conocido de no ser porque originó la
escritura de un ensayo mítico: El periodista y el asesino (1989), de Janet
Malcolm. Como sabes bien, la tesis sustancial de Malcolm es que el periodista es
un hombre inmoral, porque siempre traiciona a sus fuentes después de haberse
ganado su confianza. El método que usó McGinniss con el capitán médico le
pareció un ejemplo avasallador: el periodista logró convencer al asesino de que
colaborara con él, diciéndole que iba a defender su inocencia. E incluso se
avino a repartir los beneficios que produjera la obra. A medida que fue
avanzando su conocimiento sobre los hechos y la personalidad del asesino, el
periodista llegó a la conclusión de que se trataba de un peligroso y encantador
psicópata. Y así lo describió.
Como recordarás, en la pugna Malcolm/McGinniss yo he estado siempre del lado
de los dos. Es imposible no reconocerle a la escritora del New Yorker el mérito
de haber puesto la lija sobre un escozor moral que cualquier periodista
verdadero experimenta. No hay periodismo sin traición, y la penitencia de esa
misa se la debemos a Malcolm. Pero la verdad es que McGinniss hizo lo que debía:
utilizar el engaño social como un medio más de acceder a la verdad. Engañar a la
gente es normal, y necesario. Al contrario que engañar al lector. Engañar a la
gente es la inexorable condición que pone la verdad para poder ser contada.
Comprendo que esto resulte doloroso para los blablablá que consideran que los
cínicos no sirven para este oficio; pero eso es lo que hacía Kapuscinski antes
de dedicarse a la predicación. Por otro lado, la traición tiene una vertiente
puramente técnica. Casi nadie se reconoce en lo que le cuenta a un periodista.
Es el efecto grabadora: a diferencia de lo que le sucede a los demás no
reconocemos fácilmente nuestra propia voz cuando la reproduce cualquier
artefacto.
Sin embargo, ahora ha surgido un problema. Se llama A Wilderness of Error (Un
desierto de errores, 2012), un reportaje que ha escrito el cineasta Errol Morris
sobre el caso MacDonald. Su conclusión es contundente: hay un 80% de
posibilidades de que MacDonald, preso desde hace 40 años, sea inocente; pero en
cualquier caso es incuestionable que no recibió un juicio justo. Me he llevado
una sorpresa grande. Por si fuera poco se ha añadido este párrafo crítico. No
tanto el párrafo, para ser preciso, sino su autora. ¡Sarah Palin! De Alaska. Lee
y luego te explico: «Es un libro sobre los fallos de un sistema legal
administrado por seres humanos muy falibles, y un libro sobre cómo llegamos a
creernos falsas narrativas mediáticas que ponen en orden historias incómodamente
complejas y nos dan permiso para dejar de buscar cualquier verdad más allá. Y
sí, Morris argumenta con fresca claridad que la verdad objetiva es real y que
merece la pena buscarla a pesar del pretencioso sinsentido predicado en las
facultades sobre que todas las verdades son relativas. Sostiene apasionadamente
que la búsqueda de la verdad es en lo único en que consisten el periodismo y la
justicia».
Murmuran por ahí que Palin no ha escrito esto. Que se ha valido de un
ghostwriter. Pues bien, sí: soy yo. Ahora firmaré El ghostwriter de Sarah Palin.
Este párrafo luminoso merece que yo me ponga a su disposición entera. Es cierto
que está indignada con McGinniss porque hace un año publicó un libro sobre ella,
The Rogue (La pícara, 2011), que parecen haber rechazado, por sus infumables
cotilleos de cuarta mano, hasta los más crueles adversarios de la mujer de los
hielos. Pero la calidad del párrafo supera cualquier argumento ad hóminem.
Tras la publicación del libro de Morris en defensa de la inocencia de
MacDonald se ha producido una novedad judicial. Una audiencia de ampliación de
pruebas a la que asistió Morris y de la que daba cuenta el propio escritor en
una columna en Times: «Yo estaba en la sala porque acabo de publicar un libro
que afirma que la sentencia de MacDonald de 1979 fue una sentencia injusta. ¿Por
qué? Porque la Fiscalía retuvo materiales cruciales: archivos, notas de
laboratorio y en particular las declaraciones de un testigo que podría
corroborar la versión de MacDonald sobre lo sucedido». McGinniss no ha tardado
en contestarle, pronosticando que el juez Fox, un octogenario adherido al caso
desde hace años, hará lo que hizo en 2008: denegar la apelación de MacDonald.
«No se presentaron nuevas pruebas en la audiencia y gran parte de las viejas
nuevas pruebas de MacDonald se expusieron como falsas». McGinniss considera que
las 47 páginas del dictamen que el juez Fox hizo en 2008 para rechazar la
apelación valen por todas las maniobras de Morris. Y es maligno lo que dice
sobre él: Morris es la nueva voz del psicópata. Maligno y un ejercicio de
autoreivindicación: MacDonald te está haciendo a ti lo que no pudo hacerme a mí.
En este ir y venir del crimen, tan americano, hay también lugar para Janet
Malcolm, y sus responsabilidades. La carta ya es larga. Te escribiré pronto con
ello.
Sigue con salud
A.
El sillón de mimbre
El sillón de mimbre que uno tiene incrustado en la memoria no es el de
Emannuelle, sino el de Umbral. Entiéndaseme. No es que recuerde a Paco, de
cuando lo visitaba para merendar membrillo y Ballantine's, enroscando los dedos
en las cuentas de un collar, abierto el batín. Sino que soy de una generación
post-Emannuelle que no tuvo que conducir hasta Perpiñán para conseguir lo mismo
por lo que se apresuró en vestirse el torero que se acostó con Ava Gardner: algo
que contar. Nos hicimos grandes teniendo Emannuelle y Perpiñán al alcance del
mando a distancia. Y, despojada de sus misterios iniciáticos, la película es un
bodrio. Hasta los pómulos filosos de Bo Derek, con su vitalidad de gustarle los
hombres que hacen surf, o las pin-ups de Milo Manara significaron más, en la
primera hora del erotismo, que el aire de indefensión de Sylvia Kristel, que
siempre parecía haber perdido un gato bajo la lluvia, como Audrey Hepburn. Sin
embargo, había en ese tiempo un calambre, el del descubrimiento, el del futuro
por delante, y no por detrás. Al leer estos días algunos recordatorios de Sylvia
Kristel, tuve la misma impresión que al ver un par o tres de películas de Garci
ambientadas en la Transición. Esbozan una época alborotada, confusa, pero al mismo tiempo genesíaca, como si todo fuera la inminencia de algo,
hasta de las tetas al aire. Aun con la violencia y las tensiones políticas,
había una intensidad de lo nuevo, y en el ambiente gravitaba una invitación a
formar parte, sobreponiéndose a todas las incertidumbres, que está muy bien
resumida en el monólogo final de José Sacristán en Solos en la madrugada.
Nosotros somos el final de esa época, su fatiga. Somos la Sylvia Kristel de los
últimos retratos, la que Rubén Amón recuerda arrasada por la cocaína y el
cáncer, vieja, devenida el retrato de Dorian Gray de la muchacha del sillón de
mimbre. Volvemos a ser los protagonistas de un tiempo fronterizo, pero no logro
percibir un destello de futuro que compense el aroma terminal. Qué feo descubrir
que, en nuestra mejor edad, somos aquellos con los que algo termina, pero nada
empieza. Ay, si al menos fuéramos independentistas catalanes, podríamos
engancharnos a esa fiebrecita con la que ellos se han puesto a salvo como si sus
Emannuelles tuvieran todas las turgencias intactas.
>Vea el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Hoy: Huelga
contra la recuperación
El mito del voto religioso
LA cena de los católicos neoyorquinos que permitió anteanoche a Barack Obama y
Mitt Romney burlarse un poco de sí mismos es buena occasión para afirmar que los
pronósticos sobre el voto religioso se han hecho añicos. La religión no es un
factor determinante en estas elecciones.
No, por lo pronto, entre los católicos, la mayor denominación religiosa del
país, si se toma a las iglesias protestantes por separado. Hace varios meses, la
Conferencia de Obispos Católicos lanzó una pugnaz campaña contra Obama por una
norma que hubiese obligado a las instituciones caritativas religiosas a incluir
prácticas anticonceptivas en el seguro médico de sus miembros. El presidente
hizo una concesión, sustituyendo la obligación que iba a pesar sobre aquellas
instituciones por otra que la coloca sobre las compañías de seguros. Todo está
hoy en litigio.
Ese enfrentamiento no influyó en los votantes católicos. Obama seguía
teniendo en septiembre, varios meses después de la disputa, un apabullante 54%
del voto católico contra un magro 39% de Romney.
Ahora, en sólo tres semanas, Romney ha remontado la diferencia y lleva al
inquilino de la Casa Blanca una ligera ventaja entre los católicos, a tono con la que le lleva entre otros grupos demográficos. Las reticencias
que en su día expresó el catolicismo contra los planes de recorte de Paul Ryan,
hoy segundo de Romney, no han importado.
Los cristianos evangélicos, dinamo del Tea Party y base del partido de
Lincoln, odiaron a Romney, un mormón, en las primarias. Se dijo que la razón era
religiosa (muchos protestantes consideran a los mormones una secta pecadora).
Hoy abrazan al candidato republicano, que ha dicho recientemente anatemas como
este: «Ninguna legislación sobre el aborto formará parte de mi agenda». Los
sondeos dicen que 87% del voto republicano está con Romney, es decir, que ha
entusiasmado a la base a pesar de sus posturas centristas. No hay aquí un voto
evangélico, sino un voto de cristianos evangélicos que ponen otras
consideraciones -probablemente la visión del candidato sobre el tamaño del
Estado y su interferencia en la economía- por delante.
Un 78% de los judíos votaron a Obama en 2008. El presidente y Bibi Netanyahu
se quieren muy poco, lo que se traduce en que la Casa Blanca arrastra los pies
en materia de causas israelíes, que entre los judíos norteamericanos son
sacrosantas a izquierda y derecha. A pesar de ello, y del esfuerzo que el
magnate conservador Sheldon Adelson ha derramado sobre la Florida, Ohio y Nevada, donde hay una buena concentración de judíos, los de la estrella de David
siguen simpatizando abrumadoramente con el demócrata (que las cifras se hayan
movido en favor de Romney en dos de esos tres estados por obra de otros grupos
demográficos es otra cosa).
El Dios de estas elecciones es la economía, no la religión.
Explorer no ama a Flash
Microsoft evangeliza una nueva vuelta de tuerca informática, en la que el
navegador ha de ser el eje de la acción, y no las apps, como predican Apple y
Google.
Un navegador multitáctil, que percibe varios dedos a la vez en pantalla -para
ejecutar diversas acciones- y que la ocupa toda con su ventana principal, sin
botones o barras de menú. Esa es la idea del Explorer 10, que llegará de serie
con Windows 8 dentro de una semana, el viernes 26.
A cambio, a Microsoft tampoco le hace ninguna gracia el entorno Flash, de
Adobe, en el que tanto empeño, dinero y formación han puesto empresas y
profesionales, convencidos de que era el futuro de una web gráfica e
interactiva. Flash se había convertido en el formato estándar para publicidad y
banners de internet y lo era de facto para los vídeos en Youtube.
Apple ya le sacó tarjeta roja a Flash -y se lió buena- en su navegador para
iPhone e iPad. Y ahora, Microsoft le saca la amarilla en su nuevo sistema
operativo:Explorer 10 sólo lo ejecutará en las webs registradas en un listado de
certificación y su plan es erradicarlo, por razones de seguridad.
«Queremos un navegador sin plugins [pequeños programitas accesorios], un
mundo web seguro y controlado», argumenta Rafael Ríos, responsable de Explorer
en España, que confía ciegamente en HTML 5 y lo defiende mostrando juegos como
Contre Jour, o la reencarnación de viejos arcades de Atari, que se ejecutan
íntegramente en navegador, con control multitáctil en pantalla.
Vista la demo (en una tableta con procesador i5; o sea, bueno), el
funcionamiento parece muy fluido. Con lo que a este lego le embarga la sensación
de que Microsoft lleva a un callejón sin salida al clásico PC con teclado y
ratón. Parecerá una máquina boba y torpe al competir con tabletas y móviles, que
se entienden tan íntimamente con cada uno de los dedos de la mano. Aunque Ríos
Marea negra
IGUAL QUE las señales providenciales -¡Escocia!- alientan la democracia populista de Artur Mas, las desdichas del destino afean -verbo de moda- el horizonte de Mariano Rajoy, tal como viene a demostrarlo la reaparición del Prestige con sus espectros a bordo.
Debe sentirse el presidente como el personaje maldito de un cuento de Poe. Emerge el buque fantasma salpicando el chapapote 10 años después de haberse hundido. Y no lo hace en cualquier momento, por ejemplo la semana que viene, sino cuando el PP afronta la recta final de las elecciones gallegas.
Se trata de un proceso hipertrófico, extemporáneo y absurdo que sienta en el banquillo a un capitán de 77 años y que excluye en origen las eventuales responsabilidades políticas. De hecho, el superministro que Aznar eligió para resolver la crisis, Mariano Rajoy, ha ascendido al rango de jefe del Gobierno, aunque no ha podido sustraerse estos días a la evocación de aquellas psicofonías en las que relativizaba la gravedad del accidente:«Salen unos pequeños hilitos, los que se han visto, hay en concreto cuatro
regueros que se han solidificado con aspectos de plastilina en estiramiento
vertical».
Podrían mencionarse otros ejemplos pintorescos y visionarios -«el combustible
no se verterá»-, aunque sería injusto reprochárselos a la campaña de Núñez
Feijóo. En primer lugar porque el presidente de la Xunta no tuvo relación alguna
con la catástrofe. Y en segundo término porque al líder gallego se le ha
sobrecargado de responsabilidades ajenas intoxicando los comicios autonómicos
como un plebiscito de Mariano Rajoy.
Era una estrategia de partido nacional el adelanto de las elecciones como va
a serlo celebrar en Génova la eventual mayoría absoluta. Entre otros motivos
porque los asesores de Rajoy se jactan de haber beneficiado la campaña de Feijóo
gracias al discurso de la defensa constitucional y de la unidad territorial de
España.
Podrá exigirles las cuentas Feijóo a partir del lunes. Si pierde, por haber
sido utilizado. Y si gana, por haber demostrado en un escenario hostil que la
cuestión sucesoria de Rajoy tiene la respuesta en Galicia, naturalmente, no está de acuerdo: «Windows 8 funciona perfectamente tanto de
forma táctil como a través de ratón y teclado. El usuario escoge cómo navegar».
Tras un primer atisbo de lo que viene y las apps, que también tendrá Windows
8 -en HTML 5 con Javascript, C o Visual Basic- la pelea por dominar el entorno
móvil va a ser seria. Pero, ojo, que ahora Apple también elimina Java en su
navegador para Mac...
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