ANA ROMERO ROBERTO BENITO MADRID
13/10/2012 PORTADA
El Rey reprocha a Rajoy que se hable de 'españolizar' Cataluña
Según la Casa Real no se refería al ministro de Educación

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Aunque no hubo representantes políticos en Madrid, Cataluña protagonizó ayer el Día de la Fiesta Nacional. Las cámaras de televisión captaron la tensa conversación que mantuvo el Rey con el presidente Mariano Rajoy después del desfile militar. Don Juan Carlos le pidió al jefe del Gobierno que bajara el pistón del creciente enfrentamiento con la Generalitat. Lo hizo reprochándole que se hable de «españolizar a los catalanes», según se pudo oír en el vídeo captado por la cadena de televisión Cuatro. El resto lo dice el lenguaje corporal del Monarca y del jefe del Gobierno. La manera confusa en la que el Rey se comunicó con Rajoy hizo que se interpretaran sus palabras como una crítica directa a José Ignacio Wert, el ministro de Educación. Al final del día, desde Zarzuela se desmintió oficialmente.
La de ayer fue una Fiesta Nacional distinta. Un desfile militar más corto; una Familia Real reducida (sólo Reyes y Príncipes de Asturias estuvieron en la tribuna principal) y una comunidad autónoma que secuestró el protagonismo político al resto del país.
Inmediatamente después del desfile militar, el Rey mantuvo la tensa conversación con Rajoy, que fue captada por las cámaras de televisión. En un vídeo de la cadena Cuatro se oye al Rey decir «...españolizar a los catalanes». A partir de ahí, y durante toda la tarde, los medios de comunicación interpretaron una crítica a las declaraciones de José Ignacio Wert esta semana en el Congreso. En una respuesta parlamentaria, el ministro de Educación se mostró de acuerdo con la necesidad de «españolizar a los alumnos catalanes».

Cinco horas más tarde, Zarzuela emitió un comunicado a través de un portavoz oficial: «Es falso que el Rey haya hecho comentario alguno al presidente del Gobierno sobre las declaraciones del ministro Wert». La tardanza, según Zarzuela, se debió a que no es costumbre opinar sobre las conversaciones privadas del Rey. Ayer lo hizo, sin embargo, dada la sensibilidad de la cuestión catalana.
Según fuentes oficiales, lo que hizo el Rey fue pedirle al Gobierno que trate de rebajar el nivel de tensión que ha ido creándose entre Madrid y Barcelona desde la manifestación de la Diada el pasado 11 de septiembre.
Lo mismo hizo el Príncipe de Asturias, pero sin confusión y dirigiéndose directamente a los periodistas en la recepción del Palacio Real. Según el Heredero de la Corona, Cataluña «no es un problema» y los políticos tienen que trabajar «con responsabilidad» para resolver la situación actual .
Don Felipe agregó que, como ha hecho hasta ahora, la Corona seguirá dispuesta a contribuir a alcanzar una solución. El Príncipe se mostró optimista: «Confío más en la cuestión real que en la espuma de declaraciones que hacen unos y otros».
En el Palacio Real hubo ayer más presencia de unos que de otros. La representación política catalana fue prácticamente inexistente, apenas el socialista José Montilla, ex presidente de la Generalitat.
Para Don Felipe, lo importante ahora es «rebajar la tensión» y que «cada uno cumpla con su responsabilidad y su trabajo». El Príncipe insistió en que las crispadas declaraciones que van subiendo de tono día a día «no favorecen el clima electoral» de cara a las autonómicas en Cataluña el próximo 25 de noviembre. Según el Heredero, Cataluña es una comunidad «plural» en la que, a su juicio, hay ciudadanos que no encuentran «siglas» para su opción política.
Públicamente, el Rey no ha querido pronunciarse y ha dejado el protagonismo a su hijo. Preguntado al respecto, el Monarca respondió: «¿Sevilla? No me vais a sacar ni una palabra. Tomad jamón que está muy bueno».
Además de la carta que escribió una semana después de la Diada, y que sigue en la portada del página web de Casa Real, el Rey ha dado innumerables muestras de su preocupación y su irritación con la deriva que está tomando la cuestión catalana. Don Juan Carlos intenta influir en todos los actores de este drama político que se ha unido a las dificultades económicas del país.
Así, esta semana el Rey también ha tenido una fuerte discusión con el conde de Godó, dueño del periódico La Vanguardia, por su apoyo al presidente de la Generalitat, Artur Mas.
Ajeno en ese momento a las supuestas críticas que el Rey había vertido contra él ante Rajoy, Wert defendió con naturalidad las palabras que pronunció el miércoles en el Congreso, dijo sentirse orgulloso de ellas y aseguró estar respaldado por el resto del Gobierno, y lo hizo hasta en catalán. «Estic molt orgullós del que he dit» («Estoy muy orgulloso de lo que he dicho»), señaló en el Palacio Real a los periodistas.
Según explicó, lo que ocurrió el miércoles en el Pleno del Congreso no fue un calentón, ni tampoco un error del que ahora se deba arrepentir. Todo lo contrario. Fue una respuesta parlamentaria pensada y preparada, con unos objetivos claros: responder al discurso que ha adoptado el nacionalismo catalán.
Según explicó Wert, sus palabras han contribuido a enriquecer un debate que, hasta ahora, estaba monopolizado por los nacionalistas, que un día sí y otro también lanzan mensajes que quedan sin respuesta.
La referencia era directa, porque la expresión que utilizó el ministro en el Pleno del Congreso no era, en realidad, suya. Era de la consejera catalana de Educación, Irene Rigau, que la semana anterior había acusado a Wert de querer «españolizar a los alumnos de Cataluña».
Más allá, el ministro criticó que se pueda hablar de catalanizar a los niños, como hace el Ejecutivo que preside Artur Mas, sin que haya mayores polémicas, y en cambio parezca que esté prohibido hablar de españolizar a los alumnos.
Con todo, siendo consciente de la polémica suscitada, Wert aseguró que se siente respaldado por el resto del Gobierno y, en particular, por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. La número dos del Ejecutivo ya le había defendido de forma indirecta el jueves, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.
Más tarde, y tras las informaciones de los digitales, fuentes cercanas a Wert desmintieron a EL MUNDO que el ministro hubiera recibido una reprimenda del Monarca.
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el videoanálisis de Roberto Benito.
SANTIAGO GONZÁLEZ
13/10/2012
ESPAÑA
La ley Say-Mas
No puede decirse que Cataluña haya sido afortunada con los presidentes que le han tocado: nada menos que 129. Pero los únicos que se salvan son Tarradellas y Montilla, el primero por demostrar una prudencia a la altura del reto en la Transición. Montilla no estuvo a la altura, pero fue un uomo cualunque sin gracias ni desgracias. Mas entronca con la capacidad visionaria de sus antecesores. Maciá y Companys, que tanto inspiró en el 34 la derrota soberanista actual de Cataluña. Pujol, un visionario, y Maragall, la sorpresa para una España que lo recuerda como un tío simpático dando saltos mientras Samaranch decía: «A la ville de Barcelonne…».
Ayer, día de la Fiesta Nacional, mientras el Rey recibía a un surtido del paisanaje autóctono, el president era entrevistado por su cronista áulico en La Vanguardia, el mismo que le acompañó en su viaje a las tinieblas para pedir al súcubo un pacto fiscal y volver hecho un Moisés ante la negativa de Rajoy. Se rumoreaba que al Monarca le pesa haberle concedido la Grandeza de España al propietario del periódico. No es para tanto. Todo consiste en que en el momento procesal oportuno, el conde de Godó cambie la Grandeza de España, esa ordinariez, por el discreto encanto de la Grandessa de Catalunya. Puestos a elegir y así, a ojo, es más grande la primera, pero también es cosa sabida, o al menos pregonada, que el tamaño no lo es todo y una grandeza pequeñita tiene más encanto.
Mas debe de ser un tipo peculiar, a juzgar por el titular de la entrevista: «El mundo económico deberá adaptarse al cambio del país». Pasmoso. Hasta hoy se había rondado el concepto, no es que sea un rompedor conceptual.
Todo esto estaba ensayado cuando el plan Ibarretxe. Hace días, los medios daban la buena nueva de que el 74% de los catalanes está a favor de la consulta autodeterminista. La ficha técnica explicaba el know how: 800 entrevistas telefónicas realizadas por la Generalitat. Imaginen las conversaciones: «Buenas, esto es un sondeo de la Generalitat. ¿Es usted el empresario don Fulano de Tal? Es partidario de la autodeterminación de Catalunya?». Estaba escrito que Mas habría de transitar la senda de Juan Josué Ibarretxe. En 2002 puso al Gobierno Vasco a trabajar sobre su plan. Un sondeo telefónico entre 409 empresarios vascos daba el sorprendente resultado de que entre los capitanes de empresa había más tronquistas y abertzales que entre el común de la población.
Está todo inventado. La innovación de Mas es ponerse al frente de la peña en vez de pastorear el rebaño. Es esa fantástica aseveración de que el mundo económico debe adaptarse al cambio del país. La ley de la oferta y la demanda deberá adaptarse al sobiranisme medioambiental o será derogada por mayoría simple en el Parlament. En simplezas, sólo prevalecerá la Ley de Say. «Toda oferta crea su propia demanda». Verbigracia.
ROBERTO BENITO ANA ROMERO MADRID
13/10/2012 ESPAÑA
La Infanta Elena sale del núcleo de la Familia Real
«Este momento tenía que llegar», dice de su ubicación en el desfile
El desfile del Día de la Fiesta Nacional dejó ayer una inevitable sensación de brevedad -una hora justita duró la parada militar-, una imagen mucho más saludable que los siete años anteriores -no hubo pitos ni abucheos por primera vez desde 2005- y una fotografía imborrable, la de la Infanta Elena sentada al lado del líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, fuera de la tribuna principal de autoridades, donde tanto ella como su hermana, la Infanta Cristina, se habían situado siempre hasta este año.
Era la sorpresa que, desde el punto de vista del protocolo y la organización, tenía reservada la Casa del Rey para el 12 de Octubre. Y no es cosa de un solo día. Según explicaron fuentes oficiales, a partir de ahora el lugar principal de la representación del Estado en los actos lo ocuparán en exclusiva el Rey Juan Carlos y el Príncipe de Asturias.
Era, según dijeron las fuentes consultadas, una decisión que estaba tomada desde hacía algún tiempo y que se puso ayer en práctica por primera vez. De hecho, el pasado 1 de octubre la Infanta Elena todavía ocupó un lugar destacado en el acto de imposición de la Laureada al Regimiento Alcántara. Ayer, en cambio, no fue así, ni durante el desfile ni en el posterior besamanos en el Palacio Real.
Doña Elena llegó a la plaza de Neptuno de Madrid un poco antes que los Reyes y los Príncipes de Asturias. Saludó a las autoridades y se dirigió a una de las tribunas secundarias -«a pie de calle», como dijo el Ministerio de Defensa-, donde se sentó en una silla junto a Rubalcaba. Y no pareció darle excesiva importancia, porque en la recepción dijo con tranquilidad que «este momento tenía que llegar», cuando fue preguntada por los periodistas por su reubicación.
Su ausencia de la tribuna principal coincidió con la de su hermana, la Infanta Cristina, y el marido de ésta, Iñaki Urdangarin, que por primera vez desde 1999 no estuvieron presentes en el desfile del 12 de Octubre. En diciembre del año pasado, la Casa del Rey apartó públicamente al duque de Palma de las actividades oficiales de la Familia Real por su implicación en el caso Nóos, y en Zarzuela se ha querido que, en un acto de la relevancia del 12 de Octubre, las dos hermanas desaparecieran del primer plano al mismo tiempo. Dejar a la Infanta Elena en la tribuna habría marcado aún más el antes y el después de la Familia Real.
La de la hija del Rey y Rubalcaba fue, eso sí, una fotografía breve, porque breve fue la parada militar. Eliminado para ahorrar el desfile aéreo -sólo surcó el cielo madrileño la Patrulla Águila- y descartados los vehículos pesados por su alto consumo de combustible, el acto central del Día de la Fiesta Nacional duró poco más de una hora.
Además de breve, y excepción hecha de la conversación entre Don Juan Carlos y Mariano Rajoy, fue un desfile mucho más tranquilo que en ediciones anteriores. Por primera vez desde 2005, no hubo ni pitos ni abucheos a la llegada del presidente del Gobierno, ni siquiera lejanos o aislados. Tampoco hubo anécdotas que ensombrecieran el desfile e incluso el Rey se mostró más en forma que en los últimos eventos de este tipo.
Don Juan Carlos se dejó en casa el bastón que había lucido, por ejemplo, el pasado junio en Valladolid en el Día de las Fuerzas Armadas. Pasó revista a las tropas y asistió en pie a casi todo el desfile. Por si acaso, no obstante, se volvieron a colocar sillas en la tribuna, que las autoridades utilizaron en algunos momentos.
Al final, y mientras el Rey hablaba con Rajoy, la Infanta Elena salió la primera de la tribuna que le había tocado ocupar y se unió a su familia, para dirigirse al Palacio Real. Una familia que, oficialmente, es ya sólo su núcleo duro: los Reyes y los Herederos. Así sea a partir de ahora
ANA ROMERO ROBERTO BENITO MADRID
13/10/2012 ESPAÑA
Efecto invernadero en Palacio
Entre la crisis y la novedad, hubo aforo completo en la recepción
Mismo número de invitados, más asistencia. Por la crisis (menos madrileños se fueron de puente) o por la novedad (ayer fue el primer 12-O del Gobierno del PP), 1.000 personas estuvieron ayer en la recepción del Palacio Real.
Según la banda de color de la invitación, los invitados se dividieron en besadores y en pueblo raso. Los primeros (unos 140) acudieron al llamado besamanos, la línea de saludo en el Salón del Trono con los Reyes y los Príncipes de Asturias. Los segundos, cuerpo diplomático y cúpula militar incluidos, pasó a esperar al comedor de gala.
El calor era tan intenso que en apenas 10 minutos las invitaciones se convirtieron en abanicos. Bañada en sudor, Maria Chiara, la mujer del ministro consejero de la embajada italiana, Luca Ferrari, rogó a un bedel que abriera las ventanas. Permiso mediante, se hizo el milagro: el aire fresco de la sierra de Guadarrama inundó la sala y los invitados supieron que iban a sobrevivir hasta la llegada de la Familia Real y los ilustres besadores.
El embajador de Alemania, Reinhard Silberberg, mató el tiempo subrayando que sólo ha sentido algo de germanofobia en la prensa, nunca con los españoles. El israelí, Alon Bar, confesando un sueño: «Que el ejército de Israel sólo tenga que salir a la calle para hacer desfiles como el de hoy».
Pasado el besamanos, se hizo la luz en el comedor. El Gobierno entero -todos los ministros menos Luis de Guindos- se dejó ver. Todos en off para no hacer sombra a las palabras de la Familia Real. Lo único permitido, alegrarse por el Nobel de la Paz a la UE. El primero, el secretario de Estado de la cosa, Iñigo Méndez de Vigo, furibundo europeísta que ha dedicado la mitad de su vida a la construcción de Europa.
Que el aforo era abundante quedaba claro al ver algunos rostros que no se suelen prodigar en actos de este tipo. Como Rodrigo Rato, al que hacía tiempo que no se veía en Palacio, José Luis Corcuera, sorprendido por contrariar al ministro del Interior en el asunto del acercamiento de presos, o las ex ministras Isabel Tocino y Ana Palacio. Junto a ellos, los periodistas políticos, únicos testigos de la recepción, tras quedarse fuera la prensa del corazón. Y en un rincón, un pequeño y discreto núcleo socialista formado por Alfredo Pérez Rubalcaba, Trinidad Jiménez y Soraya Rodríguez.
De estreno, además de los miembros del Gobierno, iban unos cuantos más, como las dos máximas autoridades de Madrid, Ignacio González y Ana Botella, que hicieron de anfitriones y recibieron a los Reyes en la plaza de Neptuno, o el presidente de Asturias, Javier Fernández, que fue uno de los 10 presidentes autonómicos presentes y el único socialista.