DE GOLPE
11/08/2012 FERRER MOLINA
La hoz y el Gordillo
. LA COMPARACIÓN tan manoseada estos días de Sánchez Gordillo con Robin Hood no me parece la más atinada. Toda vez que estamos sumidos en una crisis de padre y señor mío, coincidente en tantos perfiles con la Gran Depresión, encuentro más oportuno equipararle a los grandes atracadores de la época: John Dillinger, Bonnie y Clyde. Ellos también contaron con la simpatía de muchos ciudadanos empobrecidos que veían en los bancos la causa de su desgracia. Nótese bien que, tras el asalto a los supermercados, los camaradas del sindicato de Gordillo quisieron dejar claro que se habían propuesto «señalar con el dedo» a esos comercios, pues les hacen corresponsables de la penuria. Después han llegado Llamazares y otros para convencernos de que los pillajes son una contribución al debate de las ideas.
Cómo un indeseable -socialmente hablando, entiéndase- pueda llegar a ser tenido por un héroe es cuestión de oportunidad. Hay en las entrañas del ser humano algo que nos empuja a la rebeldía, al rechazo de la autoridad. Por eso, cuando niños, nos parece más emocionante jugar a ser cacos que polis. Y está también esa fantasía roussoniana que consiste en achacar a la sociedad un poder corruptor que justificaría en última instancia cualquier desviación del comportamiento individual.
Luego están los condicionantes autóctonos. Es normal que en un país donde un presidente del Gobierno en ejercicio ha proclamado que el concepto de nación es «discutido y discutible», el derecho a la propiedad privada corra el mismo riesgo de volubilidad.
Cuando Gordillo, megáfono en ristre, llama al pueblo a saquear los comercios, no lo hace para salvar a moribundos hambrientos acechados por los buitres, sino para reivindicar el comunismo como alternativa al sistema. Pero no diría uno que la solución a los graves problemas actuales haya que buscarla en el desván de una Historia de la que Cuba, Bielorrusia o Corea del Norte son dignas herederas.
Es verdad que ochenta años después de la muerte de Bonnie y Clyde se siguen llevando flores al arcén donde fueron acribillados, mientras se ignoran las tumbas de los policías que les dispararon. Me pica la curiosidad por saber cuántos, transcurrido ese tiempo, aún depositarán crisantemos sobre la hoz y el Gordillo
11/08/2012 VÍCTOR DE LA SERNA
Los delincuentes no caen mal a todo el mundo
LA POLÉMICA NACIONAL
>EL ROBO, RESISTENCIA PASIVA A LA ESPAÑOLA
En la prensa no se han leído justificaciones directas de los atracos a supermercados perpetrados por las huestes de Juan Manuel Sánchez Gordillo. Pero la defensa de la ley no ha sido el argumento principal de todos: se encuentran justificaciones.
El incandescente Ignacio Escolar, en El Periódico, encabezaba a los corifeos de la insumisión: «No estoy de acuerdo con lo que ha hecho Juan Manuel Sánchez Gordillo. No me gusta porque me parece un acto reivindicativo torpe que da argumentos a la derecha. (...) Lo de Sánchez Gordillo es un acto simbólico de denuncia y, como tal, ha encontrado en la exagerada reacción del PP el mejor aliado en su lucha. Resulta insultante que el mismo Gobierno que anuncia recortes de decenas de millones de euros con simples notas de prensa movilice ahora a dos ministros en pleno agosto por esta anécdota. (...) Claro que es ilegal: en eso suele consistir la desobediencia civil desde que Henry David Thoreau teorizó esta forma de protesta y se negó a pagar impuestos por la guerra de EEUU contra México en 1846. También era ilegal la insumisión contra la mili obligatoria. O contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía que promovía la Iglesia Católica. O contra la subida del IVA, esa otra insumisión de la que hablaba el PP no hace tanto. (...) Lo más indignante de todo es que el mismo Gobierno que indulta a torturadores y políticos corruptos (...) convierta un hurto simbólico en el robo más grave de la Historia de España». Y se queda tan ancho.
Por su parte, la sección El acento, de El País, se dedicaba más a reprender a Sánchez Gordillo que a repudiar el asalto: «Ahora las llaman 'acciones simbólicas', y solo sirven en realidad para promocionar al guionista. Sánchez Gordillo recurre al infalible gancho de provocar el caos para alimentar la ira de los peor tratados por la crisis. Y de paso, se cuelga una medalla».
Enfrente, Ignacio Camacho resaltaba en ABC la coincidencia del episodio con la muerte de Sancho Gracia, Curro Jiménez para millones de españoles: «Por más revolucionario que pretenda resultar el expolio de los supermercados, no deja de ser un acto vandálico perpetrado con estilo más garbancero que heroico, más parecido a la coacción matonesca del Frente Popular que a la bizarría generosa del idealismo utópico. Nada que ver, en todo caso, con la aureola caballeresca y romántica -bien lejana, por cierto, de la prosaica realidad histórica- con que la tradición artística ha estilizado el estereotipo bandolero».
Y se mesaba los cabellos José María Carrascal en el mismo periódico: «Espero que las imágenes del saqueo no lleguen a Europa, pues como lleguen, a ver quién va a prestarnos dinero sabiendo que está a merced de estos bandoleros filántropos, que a diferencia de los de antaño cobran del Estado y reciben subvenciones de Bruselas».
11/08/2012
La errata de Dios
EL CORREO CATALÁN
Querido J:
La evidencia del bosón de Higgs me pilló fuera de campo. Pero no voy a dejar de comentártela. Han pasado cinco semanas y los científicos ya llevan unas 800 evidencias. El bosón es uno de esos raros sucesos que permiten al hombre tomar conciencia. Mientras duró en los periódicos leí todo lo que pude sobre el asunto y, en vista del espectáculo, me tracé el propósito de enviarte una antología selecta de las retóricas que se han utilizado para tratar de comprender y hacer comprender el descubrimiento. El espectáculo ha sido formidable y hasta emocionante, muy lejano del mero juego pirotécnico. En todo el rabelesiano festín de palabras que ha desencadenado el bosón hay un grave compromiso con el progreso y con la necesidad de que ese progreso impregne al conjunto de la Humanidad. El conocimiento no es democrático, pero sus consecuencias sí pueden serlo. Las analogías y la mejor literatura trabajan para ello.
Pero basta de cháchara. En 1993, el británico William Waldegrave, por entonces ministro de Ciencia, ofreció una botella de champán al científico que lograra hacerle entender el concepto. La respuesta del que se la bebió, el físico David Miller, es una de las más ingeniosas. Y dado que Waldegrave era cortesano de Thatcher, agradablemente zumbona: «Imagine la fiesta de un partido con políticos distribuidos uniformemente en la sala, cada uno hablando con sus vecinos más cercanos. Margaret Thatcher entra y cruza la sala. Todos los políticos la rodean para saludarla. A medida que se mueve, atrae a las personas a las que se va acercando, mientras que las que dejó atrás vuelven a sus posiciones. Debido al amontonamiento que la rodea, ella adquiere una masa más grande que la normal, es decir, gana más movimiento a lo largo de la habitación con la misma velocidad (…) En tres dimensiones, y con las complicaciones de la relatividad, este es el mecanismo de Higgs».
Andrew Stern, de Reuters, encontró dos analogías alimenticias para ese ir atrayendo y soltando, tan donjuanesco: «El campo de Higgs da masa a algunas partículas, pero deja a otras, en un proceso que se podría comparar a hacer algodón de azúcar. A medida que la varilla pasa a través de la nube de azúcar hilado, atrapa cada vez más hebras rosas. (…) Técnicamente, la partícula de Higgs no da masa por sí misma, sino que la partícula es un pequeño nudo de materia formada a partir de un campo de fuerza, como los grumos que se forman en la leche agria».
Ahora prepárate a ver dos cosas que no habrás visto en el Lorca de jazmín y hierros. Ni siquiera, ¡aunque más próximo!, en el Dalí de miel y sangre: balas y melaza.
«Higgs propuso que el vacío contiene un campo omnipresente que puede disminuir la velocidad de algunas partículas elementales -como un tanque de melaza que reduce la velocidad de una bala-». (Simmetry, 2006).
«Pensemos en el campo de Higgs como un sirope muy espeso, a través del cual pasa la materia. Cuando atraviesan el campo de Higgs, las partículas se cargan con el sirope, y se vuelven más pesadas». (Keerthi Chandrashekar, Latinospost).
En mi camino analógico cacé incluso una discrepancia de ladrillos. Esto es lo que dijo Brian Cox el año pasado en The Sun. «Echen un vistazo a sus regalos de Navidad. Dentro de la caja, decía Higgs, hay partículas de Higgs. Incontables miles de millones. La energía que almacenan es mayor que la que da el sol en mil años. Y no te das cuenta. Aunque lo haces, indirectamente, porque su trabajo es dar masa a los fragmentos más pequeños de materia en el Universo -los ladrillos subatómicos de los que estás hecho-».
Y esto lo que dijo Miguel Corral en este periódico donde te echo las cartas. «Las partículas elementales de la Física -la unidad mínima con la que trabaja este campo científico- se dividen en fermiones y bosones, por Enrico Fermi y Satyendra Nath Bose. Los primeros son los ladrillos de los que está hecha la materia. Y los segundos, los mediadores entre las fuerzas en el Universo, es decir, el cemento con el que se unen los ladrillos».
Comprenderás que adore ésta de Tu Thanh Ha en The Globe and Mail. Y recuérdame que otro día te envíe un artículo de Ben Dolnick, en el Times, en defensa del punto y coma. «El bosón de Higgs es un tipo de puntuación subatómica con un cuerpo que está en algún lugar entre un pequeño punto y coma y una coma invisible. Sin él el universo sería una nube de galimatías sin sentido -como El código Da Vinci, si lo han leído-».
Y fíjate qué bien explica el físico Gian Francesco Giudice en su libro A Zeptospace Odissey (citado en El País por Alicia Rivera) la diferencia entre un fotón y un hipopótamo: «Las partículas adquieren masa al interaccionar con el llamado campo de Higgs. Piense en agua en la que nadan delfines y se bañan hipopótamos; para las partículas que no tienen masa, como el fotón, el agua es totalmente transparente, como si no existiera, mientras que las que tienen masa, pero poca, se deslizan fácilmente sin apenas interactuar con el líquido, como los delfines. Las partículas masivas, como si fueran hipopótamos, se mueven con dificultad en el agua. El campo de Higgs, el agua en el símil, se expresa en determinadas condiciones como una nueva partícula, como una ola en el agua, que es la que probablemente han encontrado ahora los físicos del LHC».
Pasaría horas recortando y pegando. Quizá eches a faltar la metáfora más popular. «La partícula de Dios». En realidad, permite acceder a una lección moral sobre el caso que nadie hubiera imaginado. Como los científicos pensaban que nunca iban a ser capaces de encontrar la partícula, empezaron a llamarla «The goddamn particle» (la maldita partícula). Y, en consecuencia, el físico Leon M. Lederman tituló así, en 1993, un manuscrito elaborado a cuatro manos con Dick Teresi. Pero a los editores de Dell Publishing les pareció un título inapropiado. En realidad, les pareció una errata. Una errata comercial. En «goddamn» estaba god y los dos científicos parecían ser los únicos obstinados en no verlo. Y así fue como el libro acabó llamándose The God Particle (La partícula de Dios).
De todas las analogías y metáforas ensayadas ésta es la única que no explica nada.
Sigue con salud
A.
ZONA FRANCA
11/08/2012
¿Ya viene llegando?
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Desde hace un tiempo el rumor de la noticia circulaba como el murmullo de los desvencijados ventiladores que alivian el sofoco de Cuba. Al cabo de más de medio siglo el Gobierno castrista podría permitir que se escuche en la radio a artistas exiliados que han sufrido veto y a los que todavía hoy no se les permite entrar en su propio país.
Digamos que al cabo de varias décadas, el régimen podría conceder a la población la posibilidad de disfrutar de la música de gigantes que ya no están con nosotros como Celia Cruz y Olga Guillot o de artistas excepcionales como Bebo Valdés, Paquito D'Rivera, Gloria Estefan o Willy Chirino.
Tristemente, es preciso emplear el condicional porque todavía es algo hipotético; una de las tantas rendijas de aire fresco que la dictadura abre y cierra de acuerdo a los intereses de su implacable Realpolitik. Ahora dicen que la prohibición se puede levantar después de años en los que fue necesario silenciar la voz de los artistas que se vieron obligados a exiliarse, sobre todo aquéllos que en el exterior se han pronunciado a favor de la democracia en la isla. Ése fue el caso de Olga Guillot, la indiscutible reina del bolero, ese torbellino de mujer que derramó todas las lágrimas negras por la Cuba a la que ansió volver. O el propio Bebo Valdés, a quien tuve el honor de conocer en una cena en Madrid el año en el que le concedieron a Cabrera Infante el Premio Cervantes.
En toda la estatura de este formidable pianista al que Fernando Trueba y Andy García contribuyeron a rescatar del olvido para deleite de los amantes de la música, no cabía la nostalgia por la patria. Una nostalgia que también habita en los acordes del saxofón del gran Paquito D'Rivera.
Por no hablar de artistas más jóvenes como Gloria Estefan y Willy Chirino, que llegaron a Miami siendo chicos y en la capital de la diáspora supieron nutrirse de las raíces de la música cubana y combinarlas con los ritmos de fusión de EEUU, la hospitalaria nación que acogió a sus familias. Gloria y Willy han aprovechado su fama para interceder por la libertad en Cuba ante gobiernos republicanos y demócratas. Ambos han reiterado a las autoridades cubanas su deseo de actuar en su país, siempre bajo la condición de cantar temas que en la isla sólo han circulado de manera clandestina.
Me refiero, por ejemplo, a la canción más representativa que ha compuesto Willy Chirino, Nuestro día ya viene llegando. Basta con que el lector busque en YouTube la actuación de Willy en 1994 en un campamento de balseros que arribaron a Panamá huyendo de la dictadura. Aún hoy, viéndola de nuevo para refrescar en la memoria la letra de una de las mejores composiciones del más querido y popular salsero de Miami, comulgo con la profunda emoción de esos jóvenes, dispuestos a lanzarse al mar en las más precarias de las embarcaciones con tal de librarse del infierno totalitario. Ellos, que nunca antes habían visto en directo a Willy, cantan a coro y lo hacen a lágrima viva. Desterrados, quemados por el sol de la travesía, hijos rebeldes de una tiranía que no les permitía disfrutar de la música inteligente y libre de Willy Chirino.
A los Castro les conviene conceder a sus vasallos cautivos el eco refrescante de la música de artistas que hasta ayer fueron condenados al mutismo o al descrédito. ¿Será, Willy, que se cumplen los designios de tu bella canción profética? «Nuestro día ya viene llegando. Ya todo el mundo está esperando». Ojalá
TIEMPO RECOBRADO
11/08/2012 PEDRO G. CUARTANGO
Bayona y la niebla
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UNA franja de niebla cubre Bayona, que parece una gran nave varada en el océano. Escucho el sonido de las gaviotas, pero no puedo ver el mar ni la bahía, cubiertos por una gigantesca sábana gris. Sólo los mástiles de los veleros emergen de una bruma que lo envuelve todo.
El verano pasado me sucedió lo mismo al llegar a esta villa, tal vez poseída por meigas y trasgos que juegan caprichosamente con la meteorología. De repente, todo cambia y el sol ilumina el gran escenario que dibuja un gran arco desde la antigua fortaleza convertida hoy en parador hasta el puerto pesquero de Panxón, tan magistralmente descrito en su novela por Domingo Villar.
Aunque se disipe con rapidez, la niebla siempre vuelve como un enorme sudario que tapa la bahía e impregna las casas de granito, a las que se sube desde el paseo marítimo por tortuosas callejuelas de piedra. Bayona mira al mar y el mar se adentra en lejanías ignotas.
En unos momentos en las que la Península sufre una insoportable ola de calor, la niebla que envuelve estos parajes estimula un descanso placen- tero e invita a ese placer solitario de la lectura.
Las brumas y las lluvias me hacen sentir esa saudade del que no tiene prisa y se pasa el día mirando las musarañas. Mi principal quehacer en estas horas es no hacer nada, o mejor observar las siluetas que emergen de la niebla y desaparecen como un fantasma.
Suelo decir a mis amigos en broma que Galicia es la reserva espiritual de Occidente. Pero cuando paseo por sus bosques o topo con un monasterio en una aldea desconocida, siento que estas tierras guardan un legado que en otros sitios se ha perdido.
Escritores como Cunqueiro y Torrente Ballester, que vivía muy cerca de Bayona, han reflejado en su obra ese carácter mágico de estos lares, en los que nadie se sorprendería de la aparición de un duende en un crucero.
Los latinos creían firmemente en el genius loci o espíritu del lugar. Aquí reside el del viejo pueblo celta que nos sigue transmitiendo el gusto por los antiguos misterios y la reverencia a las sutiles fuerzas de la niebla.
DE CUERPO PRESENTE
11/08/2012 RUBÉN AMÓN
Jackpot en La Habana
RESULTA sorprendente e indignante que ciertos rapsodas de la progresía mediática hayan relativizado la ferocidad de la dictadura castrista con el pretexto de la aversión que les procura Ángel Carromero. La prueba está en que ha adquirido forma un extravagante perfil oficioso del cachorro pepero del que se resalta peyorativamente el linaje aznarista -sería Carromero en términos políticos una especie de sobrino segundo del ex presidente- y en el que se destaca su incompetencia al volante.
Ayer mismo la Dirección General de Tráfico hizo efectiva la retirada del carné del muchacho a cuenta de las 47 infracciones que ha cometido en el último lustro, pero semejante escarmiento adquiere un valor pintoresco y oportunista que otorgaría la razón a la versión cubana de la escandalera diplomática: Carromero, peligro público, será juzgado por su negligencia al volante.
Se trata del argumento del que se han apropiado Cayo Lara y los secuaces de la caverna ibericomunista a quienes tanto emociona la inmortalidad del tito Fidel en el sudario de Adidas. Reivindican la soberanía cubana y elogian la independencia de la justicia caribeña, de forma que el caso Carromero carecería de connotaciones políticas, naturalmente si nos atenemos a un ejercicio olímpico de cinismo y si despojamos al asunto incendiario del criterio democrático de la proporcionalidad.
No, no existe proporción entre el accidente y las represalias. De hecho, la ambigüedad del delito que se le atribuye a Carromero tanto implica una condena de un año de cárcel como supone una década entre rejas, razones por las cuales el porvenir del colono del PP -¡resulta que va a misa y que se declaró partidario de la Guerra de Irak!- depende del pulso diplomático de España y Cuba, asumiendo ambas partes que no está en juego el código de circulación ni el compendio de las multas, sino la coartada subversiva y revolucionaria con que el diario Granma definió las intenciones del convoy que transportaba a Oswaldo Payá y Harold Cepero en un meandro de asfalto.
Ni siquiera el Mosad hubiera conseguido tamaño jackpot de habérselo propuesto. Un accidente de tráfico depura a la oposición, convierte al conductor en pelele de la guerra fría y alivia las presiones internacionales con el regreso entrañable a casa de un sueco que se hacía el suecoEtiquetas: Firmas