28/07/2012
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
LAS CUATRO ESQUINAS
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El BCE relaja la prima de riesgo
Mario Draghi y sus 'Divinas Palabras'
Sucedió este jueves pero como probablemente no sucederá más, conviene reseñarlo. El presunto jefe del Banco Central Europeo dijo esta frase: «El BCE está preparado para hacer todo lo posible para proteger el euro. Y, créanme, será suficiente». Aún no había dicho «suficiente» y ya lo era: más de un 6% subió el IBEX, el alza mayor en más de dos años, y la prima de riesgo bajó 51 puntos. La afirmación parece uno de esos revólveres que sólo tienen una bala y diríase que ya la ha disparado Supermario, pero, por de pronto, ya ha dado la razón al Gobierno español, que culpaba al silencio del BCE de casi todos nuestros males.
Era inevitable recordar la obra de Valle Inclán Divinas palabras en la que un clérigo salva a una señora de morir apedreada por la plebe hablándole en latín, lengua que desconocen pero con el aura mágica del culto religioso. Valle, genial, no la transcribe, pero se supone que es la frase de Jesús que salvó a la adúltera: «Qui sine peccato es vestrum, lappidam mittit», o sea, «El que de vosotros esté libre de pecado, tire la primera piedra». Ojo, que parece que se agacha Merkel.
Concesiones ilícitas en Cataluña
Oriol Pujol no pasa la ITV
Es posible que Oriol Pujoll´hereu político de S.M. Jordi I, tenga uno o varios coches carísimos. Lo que va a tener difícil es explicar la forma de financiarlos si el llamado caso ITV sigue por el mismo camino judicial que ahora transita. Por lo hasta ahora sabido, se trataría de una asociación delictiva que mediante favores político-administrativos se haría con ese rico botín llamado ITV, cuyas concesiones son auténticos cheques al portador. ¿Pero quién era el portador, quién abría paso a los cheques? Pues el gran conseguidor sería Oriol Pujol, el sucesor de Artur Mas, el Josué que verá la independencia soñada por Moisés Pujol.
Y un demoledor informe de la Agencia Tributaria lo señala como «cooperante necesario» para lograr ilícitamente las concesiones. La imputación ya está en marcha. Y la bandera cuatribarrada para tapar su responsabilidad, seguramente también. Pero lo peor es que los trincones llamaban a Oriol Pujol en clave telefónica O.P y Zumosol. A Felipe le llamaban Dios y el One, pero es de Sevilla. Zumosol es un españolismo condenable.
Siguen las dudas con Bankia
MAFO ensucia y Rodrigo Rato no aclara
El caso Bankia (que es también el caso Bancaja y cuatro caja-casos más) hizo volver al Parlamento a uno de los mejores y más temibles oradores de las dos últimas décadas: Rodrigo Rato. También a uno de los más penosos colaboradores de la SER, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que probó suerte en las ondas en un programa de economía con Ontiveros y fracasó. MAFO habló primero y dijo que nadie podría haberlo hecho mejor que él. Tanto, que uno no se explica por qué hubo que nacionalizar Bankia, echar a Rato y poner 23.000 millones de euros del bolsillo del contribuyente.
El obsceno trato de favor del PP a MAFO le hizo flaco favor al PP, porque se suponía que era a cambio de tratar bien a Rato, pero cuando llegó el Vicepresidente Económico de Aznar no necesitó favor ninguno. Su minuciosa exculpación leída consistió en la inculpación de MAFO, que le «conminó» a fusionarse con Bancaja, mintiéndole sobre su ruina.
El poderío, no los argumentos, de Rato fue tan enérgico que recordó el caso Gescartera, cuando el PSOE fue a lincharle y él solo casi los ahorca a todos. Pero lo de Bankia sigue por explicar.
Una compra cara e inútil
Pepiño jugaba a los trenes
«A perro flaco, todo son pulgas», se dirá el otrora todopoderoso maquinista del PSOE y ministro de Fomento José Blanco, popularmente conocido como Pepiño. EL MUNDO ha destapado que Blanco compró -ejecutando tal vez un plan de Magdalena Álvarez- cuatro trenes para dos líneas de ferrocarril de vía estrecha, en León y Asturias. El coste fue de 18'5 millones de euros y sólo ha topado con un problema: no hay vías por las que los cuatro flamantes trenpepiños puedan circular.
El Gobierno del PP dice que el tendido de ambos trayectos es un despilfarro inasumible en plena crisis y que una compra tan cara e inútil debería acarrear consecuencias patrimoniales y no sólo penales al ex ministro. Esta vez no se le acusa de trinque energético -vulgo, comisiones de gasolinera- sino de mala gestión. Pero el problema de fondo es que nadie lo defiende bien. Simancas, el pre-Tomás Gómez, lo hizo de forma tan dura contra el PP que el popular Ayala atacó por la responsabilidad patrimonial, con lo que duele. A este paso, se queda sin el doble ático en Villa PSOE.
LA ESCOPETA NACIONAL
28/07/2012 CARLOS CUESTA
Salvar el euro
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PRIMA DE RIESGO en máximos, un bono disparado, temor ante un hipotético rescate global, declaración de apoyo a España del BCE, respaldo de Merkel y Hollande a Draghi y, por fin, respiro de los mercados. Muchas cosas han ocurrido esta semana. Demasiadas como para no ser conscientes de que la tensión que soporta la economía ha llegado a su punto máximo. Un punto en el que, o hay un avance definitivo en las soluciones, o el colapso puede estar cerca.
¿Por qué? Pues porque las palabras de Draghi de apoyo al euro pueden ser tan poderosas para calmar el pánico, como demoledoras si no se materializa en nada real. Y tan tranquilizador puede resultar su mensaje en caso de ser comprendido en por nuestros gobernantes, como fatal si provoca el relajo de las economías deficitarias.
Draghi fue muy claro: haría lo necesario «para salvar el euro». Exactamente el mismo mensaje que ayer lanzaron Merkel y Hollande, pese a las reticencias del Bundesbank. ¿Pero cómo se salva el euro? Todos debemos entender que ni se salva permitiendo que los países que recortan el déficit queden a merced de la recesión, ni ayudando a economías que se desentienden de su responsabilidad en el control del déficit y la deuda, como ha ocurrido con Grecia. Y es ahí donde España debe dejar claro a lo largo de este decisivo mes de agosto que, como le acaba de pedir el FMI, es capaz de hacer más. Que es capaz de apuntalar la positiva tendencia interanual de reducción de un 5,5% del empleo público que ha marcado la EPA (con reducción de 63.000 empleos públicos entre abril y junio). Que es capaz de aprovechar la petición de rescate de Valencia y Cataluña para desbaratar, no sólo las bases de su endeudamiento (62.000 millones), sino el eje estructural de un derroche autonómico que alcanza los 150.000 millones de deuda global. Y que es capaz de convencer a Bruselas, Draghi y Merkel de que España no es Grecia
Europa ha dejado entrever que está dispuesta a dar el paso. No lo desaprovechemos. Porque no habrá más oportunidades.
>Vea el videoblog de Carlos Cuesta.Hoy: El verano económico que nos viene
Oráculos y dioses
MARIO DRAGHI / APOLO DE DELFOS PEDRO G. CUARTANGO
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Dice la leyenda que Apolo tocaba la lira junto a las musas en unos manantiales cercanos a la ciudad de Delfos. Allí el hijo de Zeus mató con sus manos a Pitia, la gigantesca serpiente que habitaba en el lugar y la enterró en un sarcófago. Apolo se apoderó de su sabiduría y creó un templo para guardar los restos, que fue desde entonces un recinto sagrado. Los griegos, tanto los reyes como la plebe, acudían a Delfos para que Apolo les predijera el futuro.
Salvo que Europa quiere echar a Grecia del euro, los tiempos no han cambiado mucho. El nuevo Apolo se llama ahora Mario Draghi, Supermario, al que se le otorgan los mismos poderes mágicos que al favorito de los dioses, del que se decía que podía curar con las manos y viajar con tanta velocidad como los rayos solares.
No hay duda de que Draghi supera al divino Apolo, que jamás habría podido devolver la euforia a los mercados con tan sólo 15 palabras: «El BCE utilizará todos los medios necesarios para defender el euro. Créanme que será suficiente».
Pero en lo que sí guardan una extraordinaria similitud las intervenciones de los dos es en las formas. Las palabras de Apolo a través de las pitonisas que moraban en la sima de Delfos eran siempre ambiguas y admitían todo tipo de interpretaciones. Por eso, era infalible. El único problema era determinar el sentido correcto.
Draghi ha tomado el ejemplo de Apolo y se expresa en unos términos abiertos a cualquier interpretación. Ello le permite decir unas cosa y su contraria, tan sólo unas semanas después.
El presidente del BCE aseguró a primeros de julio que su misión no era intervenir para ayudar a los países con problemas de financiación como España y ahora afirma lo contrario: que va a hacer todo lo posible para salvar el euro. Por ello, las descalificaciones de Margallo y otros dirigentes populares se han tornado en elogios hacia Supermario.
Algunos suspicaces pensarán que Draghi es poco fiable y se contradice demasiado, pero eso es un error porque, como acontece con Apolo, los dioses nunca se equivocan. Lo que sucede es que no sabemos interpretar su voluntad, que sólo queda acreditada con el transcurso del tiempo.
Yo creo que Draghi tiene tanto poder que ni siquiera necesita ser coherente. Es la realidad la que tiene que acomodarse a sus designios y no al revés. Por eso, los mercados -¡o tempora, o mores!- le reverencian tanto.
El poder consiste en mucho más que en mandar. Reviste al que lo tiene de un aura de infalibilidad e incluso de la capacidad de hacer milagros. En esto, Supermario supera al gran Apolo.
28/07/2012 VÍCTOR DE LA SERNA
Pura frustración
LA POLÉMICA NACIONAL
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Hastío, escarnio, frustración e indignación son las reacciones más generalizadas en los medios tras el desfile de responsables bancarios y políticos por la pasarela parlamentaria para dar explicaciones (léase: lavarse las manos) sobre el caso Bankia.
Un editorial de El Periódico favorecía más a Rodrigo Rato que al Gobierno: «Unos argumentos equidistantes, neutros, evitando el choque frontal con su sucesor, José Ignacio Goirigolzarri, y con la desastrosa voladura de Bankia que éste y Luis de Guindos han pilotado. Rato pudo moverse en este terreno, como si él solo hubiera pasado por allí, gracias a un formato de comparecencia más parecido a un paseo que a una rendición de cuentas». Y más, esta vez por Joan Tapia: «¿Por qué el plan del antiguo vicepresidente económico de Aznar fue desechado por su antiguo subordinado, el ministro de Economía de Rajoy? No puede ser un secreto de estado porque ha tenido serias consecuencias. Parece claro que la nacionalización -juzgada muy negativamente por Mario Draghi, presidente del BCE- ha forzado a España a pedir el rescate bancario. (…) La versión de Rato -detallista y racional aunque quizás parcial- casa bastante mal con lo que se espera de un Gobierno diligente. Guindos tiene que explicarse en el Congreso. Con la máxima urgencia».
Más severa con Rato era La Vanguardia: «¿Sugirió indebidamente la anterior cúpula del Banco de España su integración para formar un gran grupo? Tras indicarlo, Rato matizó que nadie impuso nada. La idea del tamaño seguía atrayendo y el resultado fue que en vez de tener dos entidades con problemas alumbramos un Frankenstein que aterrorizó al mundo. El realismo se ha impuesto por esa vía».
En ABC, todos igual de mal para Ignacio Camacho: «Seis meses de tropiezos, contradicciones y titubeos le han bastado al Gobierno para malbaratar la reputación de solvencia gestora que el PP conservaba desde el final del aznarismo. (…) Rato, que sigue pensando como el gran político que es, cometió pecado de soberbia al afrontar el problema de Bankia como si aún fuese el responsable económico del Gobierno y ninguneó a Guindos con actitud bastante parecida al menosprecio. El ministro, por su parte, reaccionó con resortes de orgullo herido y, presionado por las prisas de Mario Draghi, sufrió un ataque de pánico que arrastró a Rajoy a una resolución tan fulminante como improvisada. El resultado y su puesta en escena fueron muy mejorables y desgastaron por igual a todos los actores metiéndolos en un enredo catastrófico».
Por su parte, el editorialista de El País también reclamaba muchísima más información: «Fernández Ordóñez asegura que no forzó la fusión Bancaja-Caja Madrid en Bankia; y (...) Rato afirma que fue conducido a ella por el supervisor. De sus declaraciones se deduce que aquél fue más activo que simplemente tolerante; y que éste, ya autoencaminado a la configuración de Bankia tras la fusión fría, asumió mucho más la decisión de lo que deja entrever al enarbolar el apoyo de diferentes auditoras en distintos momentos. Este es sólo un pasaje -aunque clave- de la crisis: sirve para demostrar la necesidad de más detalle. (…) Porque el interés de los ciudadanos no es contemplar cómo se tiran los trastos a la cabeza unos a otros, sino saber con certeza qué ocurrió y por qué, en su calidad de contribuyentes, les toca deshacer los entuertos dejados por otros».
ZONA FRANCA
28/07/2012 GINA MONTA NER
Sostiene Ofelia Acevedo
Tarde de bochorno que anticipa tormenta de verano. Coincide con la borrasca el anuncio en la televisión cubana de que el suceso en el que murieron los disidentes Oswaldo Payá y Harold Cepero se debió a una combinación de exceso de velocidad del conductor, el español Ángel Carromero, y las malas condiciones de la carretera por las que viajaban el pasado domingo en la provincia de Granma.
De ese modo la dictadura castrista daba carpetazo al trágico incidente que le segó la vida al opositor más importante de Cuba. Desde el momento en que se supo que Payá y Cepero habían muerto cuando acompañaban en un auto alquilado a Carromero y al sueco Aron Modig, dos jóvenes políticos, se disparó la voz de alarma en el Movimiento Cristiano de Liberación, el grupo de resistencia pacífica que Payá y su esposa Ofelia Acevedo fundaron en los años 80.
Horas después la propia Acevedo y su hija Rosa María se negaron a calificar el hecho de «accidente» porque, han afirmado desde entonces, habían recibido un par de llamadas desde Europa en las que les informaron que los dos supervivientes habían mandado sms desde sus móviles, advirtiendo de que les seguían y habían sido embestidos por un vehículo.
Lo cierto es que desde que se precipitaron los acontecimientos el pasado 22 de julio, sólo se conocen las versiones del Gobierno cubano. Ofelia Acevedo no ha gozado de las garantías de un estado de Derecho ni el principal imputado, Carromero, y el otro superviviente, Modig, han hecho declaraciones algunas a la prensa. En todo momento el portavoz en el exterior del MCL, Regis Iglesias, ha insistido en la veracidad de lo que sostienen la viuda de Payá y su hija, que, además, no aceptan declaraciones formuladas bajo presión, exigen que se les devuelvan los efectos personales y la cámara de vídeo que siempre portaba el líder del MCL y claman por que se realice una investigación independiente que esclarezca lo que sucedió en una carretera próxima a Bayamo.
Cualquiera que conozca bien la naturaleza perversa del castrismo podría aventurarse a conjeturar un escenario más que posible: el domingo 22 de julio los disidentes Oswaldo Payá y Harold Cepero acompañaban a los extranjeros Ángel Carromero y Aron Modig en un viaje que los llevaría al epicentro de la epidemia de cólera que se ha desatado en la región oriental de la isla. La seguridad del Estado vigilaba los movimientos de los disidentes y los dos políticos. Acaso quienes los seguían recibieron instrucciones de «intimidar» a los visitantes y a sus anfitriones, pisando el acelerador y embistiendo el auto alquilado. Pudiera ser que en ese momento el conductor, atemorizado por el acoso, perdiera el control. Luego se hizo la oscuridad. Payá y Cepero no sobrevivieron para contarlo.
En el sinuoso camino en el que perecieron dos valerosos disidentes se han ocultado y eliminado las pruebas que pudieran determinar las circunstancias en las que se precipitó el siniestro. A estas alturas a Ofelia Acevedo, que ahora dirige el Movimiento que encabezó Payá, sólo guarda la esperanza de que se le permita un encuentro cara a cara con los dos supervivientes de la tragedia. Que sean ellos quienes le desmientan que alguna vez hubo móviles, sms y una cámara de vídeo.
PASADO MAÑANA
28/07/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA
Pulseras rojas
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Confieso que estoy enganchado, en la noche de los lunes, a las peripecias de un grupo de chicos ,enfermos de cáncer, que forman la banda de los pulseras rojas. La genialidad de Albert Espinosa basando la serie de TV en sus propias vivencias sacan lo mejor de mis sentimientos hasta el punto de querer ser de un grupo donde todo tiene sentido en medio de un sufrimiento brutal e inhumano.
Albert, su creador, es un ejemplo de supervivencia. Le dieron semanas de vida, una vez detectado el cáncer, se empeñó en llevar la contraria a la ciencia y ahí sigue dando guerra a pesar de que le falten algunas cosas que para nosotros serían básicas y para él perfectamente prescindibles en su organismo. Sus chicos hacen bueno el título de su última novela, si tú me dices ven lo dejo todo...pero dime ven. Vivimos en un mundo de turbulencias donde parece que todo se reduce a la economía. El bienestar tiene cuenta bancaria. La felicidad se mide en tener más o tener menos. Y estos crios nos devuelven a la realidad. Se han hecho a la necesidad y la han transformado a su medida. Su hospital es su casa y como tal la utilizan más allá de las habitaciones y el rigor hospitalario. Nadie esta solo, sueñan juntos, sufren juntos, ríen juntos y si alguien muere los demás quieren vivir su ausencia.
Sorprende la crudeza de sus conversaciones y la emotividad que transmiten sin rebuscar situaciones de lágrima fácil y vacías de contenido. Sorprende la búsqueda de un espacio creado por ellos para vivir en un mundo que hacen a su medida sin perder la cara a su enfermedad. Se unen para consolarse, defenderse, motivarse, ayudarse, protegerse sin dar la espalda a su realidad por dura que sea. Son capaces de recordarnos que la vida es más importante que la economía. Que pasa por cada uno de nosotros. Por lo que deseamos y lo que podemos hacer sacando lo mejor de nosotros mismos. Albert nos devuelve su sufrimiento en forma de vida. Tal vez en la misma idea que su última novela: «Dedicada a todos los que siguen queriendo ser diferentes y luchan contra aquellos que desean que seamos iguales». Seamos diferentes.
DE CUERPO PRESENTE
28/07/2012 RUBÉN AMÓN
Adriana mater
Recuerdo haber entrevistado en los aledaños de Pompeya a una mujer primeriza, Michela Ingenito, que decidió alumbrar a sus gemelos contradiciendo la opinión de los médicos y respetando las bendiciones del arzobispo de Nápoles. Padecían una gravísima enfermedad, la acrania, que les condenaba a la muerte nada más nacer porque las ecografías probaban que uno y otro nascituro carecían de corteza cerebral.
El diagnóstico no la disuadió del parto. Pensaba que Dios se apiadaría inextremis reconfortándola con un milagro. Y admitía, rosario en mano, que la carcomía un cálculo egoísta: «No quiero que la decisión de abortar me persiga toda la vida. Mejor sufrir ahora que sufrir siempre. No podría soportar haber cometido un pecado imperdonable».
Tenía sus razones Michela Ingenito. Como las tenía Adriana, protagonista de una ópera de Kaija Saariaho donde desempeña el papel de una mujer bosnia violada por un paramilitar. Decide parir en la clandestinidad. Y trata de ocultar a su hijo, Yonas, la identidad del padre y los motivos escabrosos de la concepción, pero el chaval termina descubriéndolo y promete vengarse ejecutando al violador. Al menos hasta que lo desautoriza el consejo de su madre: «Él se merece la muerte. Tú no te mereces matarlo».
Me he acordado de sendas historias -realidad y ficción- a propósito de la reforma del aborto que promueve Gallardón. Y no para darle argumentos al ministro de Justicia -todo lo contrario-, sino para significar hasta qué extremo resulta inexcusable la sensibilidad y el criterio de la madre en el trance de abortar o de no hacerlo. Especialmente cuando pretende legislarse con el catecismo o cuando se introduce la figura de un perito revestido de insólita autoridad para discernir las tribulaciones que pujan en las entrañas de la mujer y valorar en un informe terapéutico los eventuales trastornos psíquicos de la gestación.
Saariaho estaba embarazada cuando compuso la ópera, Adriana Mater. Michela Ingenio sobrellevaba su embarazo descomunal con el orgullo de una penitente. La creí víctima del fanatismo y rehén de la cólera de Dios, pero no me atreví a recomendarle el aborto. Ni se me hubiera ocurrido mandarla a la cárcel por haberlo cometido.
28/07/2012 DAVID GISTAU
PASTORAL OLÍMPICA
POR LA CALLE DE FUERA
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Danny Boyle ingresó en la memoria del olimpismo con una estupenda ceremonia. La ciudad de Londres no se ha inflamado precisamente de ambiente olímpico. Sólo los atascos ya alimentan un fastidio que ha recluido el evento en Stratford. Pero ahí, en el estadio levantado junto al mirador de Kapoor, que parece hecho con los carriles de una montaña rusa, los Juegos encontraron en Boyle un heraldo capaz de redimir a la ciudad de todos sus desdenes con una narración coral llena de sentido histórico, sensibilidad, imaginación, humor, hallazgos creativos y, por encima de todo, amor a Gran Bretaña.
El propósito de Boyle fue concentrar en el estadio, además de a símbolos de la cultura popular como Bond, Bowie, Queen, los Beatles, Amy Winehouse -cuya tumba me he comprometido a chupar para ver si ocurre los mismo que cuando lames ciertos sapos alucinógenos-, los Stones, The Who o Mike Oldfield, todo un muestrario de la historia inglesa, como en el parque temático urdido por Julian Barnes para la novela Inglaterra, Inglaterra. El repaso a la cultura y contracultura populares fue tan extenso, incluyendo a Lady Di, que sólo se echó en falta a los hooligans. Desde mucho antes de que Bradley Wiggins, patilludo a lo mod, tañera esa campana que recordaba a la de los conciertos de AC/DC cuando suena Hell's Bells, la campiña artificial, semejante a las falsas praderas de las venationes en el Anfiteatro Flavio, evocaba todos los bucolismos perdidos. Entre ocas y molinos de agua, los campesinos hacían picnics, o ensayaban los rudimentos del fútbol, o jugaban al bádminton, despreocupados, casuales. Rodeados por los graderíos, parecía una escena pastoral metida en una bola de cristal. Hasta que la Revolución Industrial arrasó con todo.
Kenneth Branagh, al declamar unos versos de La tempestad, anticipó la apabullante percusión que se abatió sobre la campiña. Inglaterra era de pronto arrastrada a otro siglo por chimeneas fabriles que emergieron como periscopios, por obreros con la cara tiznada, por deshollinadores dickensianos que desmontaron la inocencia campestre. Luego vinieron las sufragistas, los soldados caídos, representados por un campo de amapolas. Por fin, el público inglés disfrutó con el sentido del humor de su reina, debutante cinematográfica con nadie menos que Daniel Craig como partenaire para saltar en paracaídas con James Bond. A la aparición de Isabel en el palco la siguió una versión del God Save The Queen más entrañable que épica, cantada por niños en pijama, recordatorio de tantos desvalimientos.
Este país que acoge los Juegos puede estar muy orgulloso de lo que hizo ayer. Como de tantas otras cosas que ha hecho siempre.
El desfile de los atletas, jóvenes, pletóricos, obliga a pensar en lo bien que va a pasarlo esta gente consumiendo los 150.000 preservativos repartidos por la organización. Las deportistas españolas parecían zíngaras con ese traje con el que la reina, al vestirlo, ha demostrado su disposición al sacrificio por España. A Gasol no le encontraron calzado del oficial, paseó la bandera con unos zapatos marrones de vestir, pero aun así lo hizo con galanura. Hermosa fue la salida de la delegación británica, para la que sonó el Heroes de Bowie. Becks trajo la llama en lancha, como un agente en misión especial. Pero a este cronista se le terminó de ablandar el corazón con la visión de una de sus estampitas religiosas: nadie menos que The Greatest, Ali, tan pavorosamente desvalido detrás de sus gafas que apetecía saltar al césped para sostenerlo. Imponente remate de una magnífica noche británica.
APUNTE LEGO
28/07/2012 JULIO MIRAVALLS
Los juegos biónicos
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Es poco probable que se refleje en el medallero, pero los Juegos Olímpicos de Londres son un salto al futuro. Son los primeros Juegos Biónicos de la historia, en los que compite un hombre que integra en su anatomía artefactos tecnológicos en sustitución de elementos orgánicos. No son unas gafas para ayudar a los ojos, sino un atleta que correrá con piernas artificiales. ¿En desventaja?
El sudafricano Oscar Pistorius, 25 años (Blade Runner para la prensa internacional), no usa maquinaria de alta tecnología. Sus piernas son prótesis construidas con láminas de fibra de carbono en forma de J invertida. Miden 41 centímetros y pesan algo menos de medio kilogramo, cada una. En la planta del pie incorporan suela antideslizante.
Las piernas aportan cierta flexibilidad y un efecto muelle en el apoyo, para suplir el trabajo de músculos gemelos y articulación de tobillos. Pero es incuestionable el mérito de Pistorius en adquirir una mecánica de equilibrio en el movimiento en carrera, sin la percepción directa del contacto de sus pies con la pista. El profesor Hugh Herr, del MIT, lo ve en desventaja. La fuerza está en sus muslos. Y a fin de cuentas es un atleta: otros usan las mismas prótesis y no corren como él. Su registro en 400 metros se queda a dos segundos del récord mundial.
La polémica es ética y tecnológica. Expertos biomecánicos le dan ventaja en el consumo de energía y corrección de movimientos, por el menor peso de sus piernas. ¿Quién determina que la longitud de las prótesis es justa, en la relación entre peso, zancada y empuje muscular? ¿Y si se alterase la composición de la fibra de carbono?
Pero el debate se encierra en otra pregunta: ¿Y si gana? «Si gana algo será lo peor. Lo atribuirán al rendimiento de sus cuchillas», argumenta el ingeniero David James, de la Universidad Sheffield Hallam. Para el profesor de Ética y Tecnologías Emergentes de la Universidad West Scotland Andy Miah, autor de un libro sobre atletas modificados genéticamente, todo esto es irrelevante. «Lo importante es que deja de existir una barrera entre atletas normales y discapacitados», me dice. «Lo histórico es que Pistorius puede competir en igualdad frente a los otros atletas». Se abre la caja de Pandora.
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