PREGUERÍAS
21/04/2012 VICTORIA PREGO
La vara de Moisés
Y, entonces, Moisés levantó su vara, extendió la mano sobre el Mar Rojo y sus aguas se abrieron. Y así fue como los hebreos pudieron cruzar el mar a pie y lograron escapar de la persecución de los soldados egipcios.
Aquí en España ha pasado más o menos lo mismo estos días. De pronto, y ante el mar infranqueable de unas cuentas de las comunidades autónomas con déficits inasumibles, la ley de Estabilidad Presupuestaria recién aprobada por el Gobierno ha tenido potencia taumatúrgica y ha obrado el prodigio.
Porque hete aquí que, atrapadas entre la obligación de cuadrar sus cuentas, perseguidas por los números y enfrentadas a una posible intervención por parte del Estado central, las autonomías españolas han empezado, no ya a aceptar, sino directamente a pedir, que el Gobierno adopte decisiones que les permitan tomar inmediatamente medidas de ajuste que hasta ahora no habían ni siquiera considerado.
Léase por ejemplo, el aumento de las tasas universitarias, la obligación de las universidades públicas de acabar con su déficit; la centralización en la compra de medicamentos y de vacunas; la unificación para toda España de la oferta de servicios sanitarios básicos y, atención, la posibilidad de deshacerse de las televisiones autonómicas - un agujero por el que se escapan todos los días miles de euros- por la vía de la privatización, de la gestión privada del servicio público o, directamente, de su cierre.
Lo nunca visto hasta hoy. Y todo por obra y gracia de esta Ley que ha dejado pequeña a la vara de Moisés y que ha abierto la senda del equilibrio presupuestario por el que todas, incluida Andalucía -que inevitablemente ha sido la más crítica pero que no se ha rebelado- han cruzado hacia la Tierra Prometida de los números negros. Un ataque sobrevenido de responsabilidad presupuestaria. Bienvenido sea.
Otra situación muy distinta es la que se plantea en torno a RTVE, que está sin presidente desde este verano y sobre la que el Gobierno anunció ayer el cambio por decreto de la ley que regulaba hasta ahora ese nombramiento. A pesar de las críticas socialistas, no se entiende por qué en la ley de 2006, gobernando el PSOE, se preveía elegir por mayoría absoluta al primer presidente de la corporación en caso de que no se lograra el acuerdo por dos tercios de la Cámara, y ahora ese mismo principio es visto como un «golpe institucional».
Y a la indignación del PSOE, que niega rotundamente que ellos hayan estado bloqueando el pacto que requería la ley, se opone ahora la afirmación de fuentes cercanas al Gobierno según las cuales el propio Rajoy ha puesto sobre la mesa nombres - en singular o en plural, eso no está claro- que han sido rechazados de plano por los socialistas. «¡Y nombres muy presentables!» remachan esas fuentes. Bien. Dado que esas negociaciones han sido secretas -aunque parece que puede existir algún testigo, más oral que visual, de tales encuentros- estamos ahora mismo en una situación de palabra contra palabra, que obliga a una apuesta de fe nada deseable.
Pero, puesto que el decreto lo contempla así, están a tiempo el PP y el PSOE de proponer nombres y hacerlos públicos para que los ciudadanos calibren si existe o no voluntad de acuerdo en cada uno de estos partidos. No valen ya las acusaciones ni las negociaciones secretas en este punto. Pongan ambos las cartas boca arriba. Y ya diremos los demás.
21/04/2012
'Pecunia non olet'
JUAN IGNACIO WERT / VESPASIANO
Vespasiano, como Rajoy, se encontró al llegar al trono con las arcas vacías. El despilfarro de Nerón y la guerra civil desatada tras su sucesión dejó al emperador sin un sestercio.
Fue entonces cuando Vespasiano aprobó un impuesto sobre la orina, que tenían que pagar los usuarios de las letrinas públicas. La orina era entonces algo valioso porque se aprovechaba para curtir el cuero.
Su hijo Tito, futuro emperador, expresó su disconformidad con la nueva tasa y le reprochó a su padre haber recurrido a este indigno medio para aumentar la recaudación.
Suetonio transcribe literalmente la respuesta de Vespasiano: «Pecuniam ex prima pensione admovit ad nares, sciscitans num odore offenderetur...». Palabras que han quedado resumidas para la posteridad en el célebre dicho «Pecunia non olet», el dinero no huele.
Aquí las necesidades presupuestarias están forzando al Gobierno a cobrar por todo. Sólo nos falta un impuesto por mear. Pero no quiero dar ideas.
La crítica situación de las finanzas autonómicas ha llevado al ministro de Educación, Juan Ignacio Wert, que ha estudiado latín y ha leído a Suetonio, a subir las tasas universitarias hasta un 50%, lo que equivale a unos 500 euros.
No sé si habrá un Tito que se oponga a esta decisión, pero lo que es seguro es que se va a armar una buena en las próximas semanas en los campus universitarios.
A mí la medida no me parece mal si sirve para mejorar la degradada calidad de la enseñanza universitaria, cada vez más corporativa y burocratizada.
Veremos si el nuevo ministro y su competente secretaria de Estado, Montserrat Gomendio, son capaces de realizar una reformas como las que hizo Vespasiano.
El emperador fue un gran reformador de las costumbres y un legislador notable y también impulsó la modernización de la ciudad de Roma con grandes obras como la construcción del Coliseo en el lugar donde se hallaba la suntuosa Domus Aurea de Nerón.
Wert ha heredado un legado tan malo como el que recibió Vespasiano tras la guerra civil que devastó Roma. La enseñanza secundaria es deficiente tras el desastre de la Logse, pero la universidad funciona todavía peor. Sobran carreras, erasmus, bolonias y masters y falta una formación integral básica que brilla por su ausencia.
Universitas viene de universal y esa es precisamente la principal carencia de una institución absorbida por los particularismos y la mediocridad del profesorado. Aquí lo que nos hace falta es más latín y más humanidades para que los estudiantes aprendan a pensar. Menos ordenadores y más libros, más conocimiento y menos información.
Pero he acabado por los cerros de Úbeda. Vuelvo a lo de las matrículas y a lo de Wert, al que recomiendo que lea Adiós a la universidad, el libro de Jordi Llovet, que sabe bien de lo que escribe.
DE CUERPO PRESENTE
21/04/2012
San Genaro y San Martín
EL DISCURSO de la expropiación se resintió de un inquietante delirio fetichista. Cristina mostraba un tubo de ensayo con la primera extracción petrolífera de Argentina, razón por la cual los colores de la bandera albiceleste revestían la reliquia y se proclamaba la legitimidad original y originaria de la nacionalización de YPF.
Repsol no sería sino un vientre de alquiler circunstancial en el programa de fertilidad de la energía argentina, de forma que Cristina ha decidido evacuarlo en beneficio del derecho natural, invocando a propósito la excentricidad del colonialismo.
Necesita el populismo de los mitos fundacionales y de la dramaturgia sentimental. Así se explica la necrofilia hacia Eva Perón y se entiende que Cristina pretendiera convertir la primera ampolla de petróleo en una metáfora delirante del plasma de San Genaro. Me refiero al decapitado mártir de los napolitanos -que no escasean en Buenos Aires- y al milagro de la licuefacción. Se produce el 19 de septiembre con ocasión de la muerte del santo, a saber, cuando la sangre sólida y oscura alojada en la probeta se transforma inexplicablemente en caudal líquido para regocijo de los feligreses.
Es inútil disuadirlos con la explicación científica del fenómeno -hay fluidos que cambian de densidad en función del movimiento o del esfuerzo-, como es inútil rectificar la expropiación de YPF desde presupuestos convencionales.
Cristina ha agitado a los pies de Santa Eva la ampolla sagrada del petróleo tan consciente del tesoro telúrico descubierto como de las represalias que el ascético/patético ministro Soria había expuesto en su discurso a las naciones.
De hecho, el alfil canarión de Rajoy interpretó la nacionalización de YPF en clave paternalista como un ataque al Gobierno y a los españoles (¿?), de modo que Cristina tenía a huevo enjaezar el caballo de San Martín y recrearse en la superstición del antiimperia-lismo. Igual que sucedió recién con el exorcismo de la guerra de las Malvinas.
Es posible que se haya urdido una internacional bolivariana contra España en un ejercicio coral de sugestión edípica, folclórica y demagógica, pero también es probable que la sobreactuación patriótica de los medios afines a Rajoy pretenda ocultar la fragilidad de nuestra diplomacia y de nuestra ascendencia en ultramar, haya cambiado o no el Gobierno. Más aún cuando la referencia totémica de la economía y de la geopolítica latinoamericanas consiste en China, cuya sed de petróleo relativiza la prosaica seguridad jurídica y sobrentiende que todos los días son 19 de septiembre.
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: ... Y el paro hacia el 26%
EL CORREO CATALÁN
21/04/2012 ARCADI ESPADA
Bula singularis
Querido J:
Como sabes llevo una vida dura. Leo periódicos. Diez al día como mínimo. Y hay semanas que debo doblar. Esta última, por ejemplo, debido a los asuntos de caza del Rey. Ha sido un momento grande para disfrutar de ellos. De sus pactos con la realidad. De sus eufemismos. Del sobreentendido. De su lengua de madera. Es una lástima que tu fatigado desdén te aleje de todo esto: aún se viven días extraordinarios con la prensa. La ceremonia mediática de expiación de nuestro Rey ha tenido momentos sublimes. Este asunto, por ejemplo, de un Rey que pide perdón por un pecado que no ha descrito ni confesado. Pero deberé centrarme en un aspecto de la cinegética. Mira este párrafo, no importa de quién ni de dónde, publicado después de que el Rey abandonara la clínica: «Don Juan Carlos mantendrá una mayor discreción con respecto a las amistades personales que le acompañan en sus actividades particulares y desplazamientos. No obstante, añaden fuentes oficiales, el Rey no renunciará a sus amistades, que incluyen la que mantiene hace años con la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, empresaria y organizadora de safaris, que también acompañaba al Monarca en la cacería de Botsuana».
En este párrafo, que aspira a la Historia, destacan palabras como «amistad, discreción, renuncia, actividades particulares» y hasta «desplazamientos». No fue sino después de leerlo muchas veces cuando comprendí que este párrafo cabía relacionarlo con el mantra ampliamente divulgado por muchos políticos y publicistas durante esta semana crítica: hay que modernizar la Monarquía.
Algunos de los actuales problemas del Rey no van más allá de una canción de Perales. El tiempo libre. Lleva una temporada enamorado de otra y correspondido. El Rey tiene 74 años y mi madre y yo mismo diríamos que a la vejez viruelas, si fuera asunto nuestro. Pero, en fin, la vida lleva hoy muchas vidas. Este enamoramiento topa con el habitual problema del hombre casado, y ha dado como consecuencia que nuestra Reina ya no viva prácticamente en palacio y que incluso la novia alemana pase allí algún día que otro con sus noches. A esta situación cabe añadir los problemas que han traído las hijas, con sus amores frustrados y sus negocios dudosos. Por tanto, la familia borbónica es hoy una más de los miles de familias rotas y vueltas a pegar y tal vez para siempre cojeantes que es, por así decirlo, la familia tipo en España. A ti no tendría ni que decírtelo, pero este desorden me horripila. La pareja, su adorable estabilidad y sus fascinantes rutinas, su redondo y creativo aburrimiento, fue inventada para que el varón dejara de pensar obsesivamente en mujeres y pudiera dedicarse ¡a la caza! sin que el león se lo comiera. La pareja es la condición, asimismo, de cualquier productividad que se precie. Como decía aquel gran cazador de leones que es imposible escribir mientras se está enamorado, baboso, quería decir Hemingway. Pero, como es natural, el que a mí me horripile el desorden y hasta me parezca de una inconveniente debilidad este noviazgo de anciano, no tiene más importancia que la derivada de que yo sea el amo y señor de mi crónica como lo es el Rey de su casa. La cuestión clave, ya digo, es la modernización. Se puede modernizar un rey que fusile elefantes. Mire, señor, la gente no lo ve bien: cace perdices o vaya a los toros, donde al menos la muerte tiene su tomate. Pero para qué modernizar a un Rey infiel, que ya ha hecho decir a sus voceros que no piensa renunciar a hablar de lo que pudiera callarse (¡a ver si voy a ser el único wittgensteniano de la semana en España que no va a darse un desahogo!). ¿Modernización? Lo que yo creo es que la Familia Real, en relación con las de su clase, es extraordinariamente moderna. Para empezar ya no es una familia, con lo que cumple la modernidad cardinal. Por el contrario yo creo que las familias reales y, en general, toda familia que viva de dar ejemplo, más que a la modernidad debe optar al clasicismo. Es decir, a una cierta costumbre decantada y probada. De vez en cuando uno puede casar con el Príncipe de Gales una corbata amarillo limón (y nuestro Rey suele); pero sólo para reafirmarse de inmediato en los formidables valores de la costumbre gris.
Esta semana, amigo mío, para relajarme un poco en el fragor, me dediqué a hojear de nuevo mi ejemplar de Los Borbones en pelota, que me regaló poco antes de morir el inolvidado republicanote Mariano de la Cruz. Ya sabes que el libro recoge una serie de acuarelas de los hermanos Bécquer, depositadas en la Biblioteca Nacional, que reproducen la licenciosa vida íntima, supuesta aunque muy comentada, de la tatarabuela de nuestro Rey, la reina Isabel II, y sus más próximos, entre los que destacaban el rey consorte Francisco de Asís, el favorito Carlos Marfori, el primer ministro González Bravo, el benemérito Padre Claret y la piadosa Sor Patrocinio. Todos ellos actúan, por ejemplo, en la sincrética acuarela número 40, introducida, como suele ser habitual, por una letrilla cañera: «Pio nono agradecido/a los dones de Ysabel/la da bula singularis/para que pueda joder». La historia de esas acuarelas, pintadas entre 1868 y 1869, al aire libre de La Gloriosa, y un ejemplo canónico de sicalipsis política, es realmente interesante y está llena de enigmas. Entre ellos la compatibilidad de la militancia conservadora de los Bécquer, fieles a Narváez y protegidos por el propio González Bravo, con estas acuarelas disolventes y gozosamente amorales. Luego está también el enigma más convencional: cómo aquel espíritu alado (golondrinas sus nidos a colgar) pudo revolcarse en el fango sicalíptico: pero eso sólo es un enigma para los que no han entendido que un día da para mucho. El libro tiene también curiosidades contemporáneas: no conozco su historia editorial (fue editado en 1991), pero sospecho que ha sido azarosa y que algún día deberá contarse; lo significativo es el rastro que ha dejado en las hemerotecas: apenas tres o cuatro alusiones menores después de 20 años, aunque este periódico donde te echo las cartas puede enorgullecerse de haber dado la noticia más larga entre los de su clase e influencia.
Como podrás comprender me shocka que las fantasías en torno a la tatarabuela hayan sido veladas por un establishment que ahora nos anuncia la inexorable decisión real de seguir con las dos. A mi humilde modo de ver, la vida sentimental de un rey debe dar pábulo a toda clase de leyendas y hasta de sicalipsis. Pero, francamente, no creo que sus contornos, exactamente sus contornos, deban llevarse, empujados por el afán modernizador, al Boletín Oficial del Estado.
Sigue con salud
A.
BREVETE
21/04/2012 SECONDAT
Respuestas provisionales
Se están cuestionando los límites de la vida privada del Rey. Y no resulta fácil la respuesta. ¿Podemos sostener, acaso, que los reyes se comportan, en determinadas ocasiones, como personas privadas, realizadores de actos de una vida privada? Probablemente, no. El Rey es siempre el Rey y sacrifica la privacidad de sus actos a los privilegios que permanentemente le acompañan. Otro asunto. Se está cuestionando el alcance del perdón. Y aquí nos ayuda Benjamin Franklin: «La injuria te coloca por debajo del enemigo; la venganza te iguala a él; sólo el perdón te coloca por encima». Pero son respuestas provisionales. El mundo evoluciona tan rápidamente que mañana puede ser todo distinto, incluso nuestras respuestas a cuestiones importantes
LA POLÉMICA NACIONAL
21/04/2012
Por encima del bien y del mal, ¿o no?
>DESPUÉS DE UNA CACERÍA, UN ACCIDENTE Y UNAS AMISTADES PERSONALES
La institución monárquica ha conocido una semana sin precedentes históricos en España, con un accidente del Rey que revelaba, uno tras otro, aspectos de su vida hasta ahora soslayados en los medios informativos, y con el primer debate serio y hasta enconado sobre el futuro de la corona y de Don Juan Carlos.
Para Carlos Herrera, en ABC, se ha sometido al Rey a un acoso y a unas exigencias que en esta sociedad extrañan «En un país en el que nadie pide perdón, va el Rey, el único que es inviolable e inescrutable, y pide perdón por haberse ido invitado cuatro días de vacaciones a cazar a un país lejano. No acabo de tener claro si la falta cometida es cazar elefantes, aceptar viajes de gañote, marcharse en una semana delicada, no decírselo a Rajoy o todos a la vez, pero sí me apercibo de la excitada sensibilidad de la sociedad española que considera pasajes como el narrado como una especie de traición histórica, como una suerte de ofensa intolerable».
Y Antonio Burgos hacía una enumeración nacional («los que se hicieron tan amiguitos de Castro y de Hugo Chávez que la Kirchner nos expropia») y sevillana («los que se pegaron la mariscada y nos han dejado esto como en el chiste de esta Feria: '¡Niño, tráete un pincho de tortilla y 48 tenedores!'») para concluir: «Con lo bonito que es pedir perdón, que pides perdón y quedas como un Rey...».
En EL MUNDO, Federico Jiménez Losantos citaba esta información de El País anunciando «mayor discreción» (bueno, discrección, según el diario independiente) sobre sus «amistades personales»: «Añaden fuentes oficiales [que] el Rey no renunciará a esas amistades, que incluyen la estrecha relación que desde hace años mantiene con la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, empresaria y organizadora de safaris, que también acompañaba al Monarca en la cacería». Y Jiménez Losantos se mostraba boquiabierto ante la nueva estrategia de La Zarzuela: «Ojo: 'fuentes oficiales'. O sea, que lo que podía ser un secreto a voces pero nunca aireado por respeto a la Reina, acaba de proclamarlo la Zarzuela. Encomiable discreción».
En El Periódico, Enric Hernández alababa la petición de perdón, pero con muchas reservas: «La foto del Monarca rifle en mano ante un paquidermo abatido, inevitablemente yuxtapuesta al caso Urdangarin, constata a ojos de los súbditos una evidencia letal para la Corona: que, con o sin crisis, la familia real ha vivido por encima de nuestras posibilidades».
Pero José María Marco, en La Razón, negaba la mayor: «Como representante de la Nación, tampoco está sometido al plebiscito de los nacionales. Salvo en casos extraordinariamente graves, el cargo no puede ser separado de la persona. Por eso no es de recibo hablar de la abdicación del Rey. (…) La democracia frailuna que últimamente parece haberse adueñado otra vez de los espíritus de algunos de nuestros compatriotas parece exigir que el Rey cumpla ese papel con modestia e igualitarismo. Por mucho que el Rey pida perdón (...) ¿de verdad alguien se cree que eso es posible?».
Finalmente, días después de haber anunciado poco menos que el fin de la Monarquía, José Antonio Zarzalejos se contentaba en La Vanguardia con pedir: «Es exigible que la norma sustituya al siempre subjetivo carisma del jefe del Estado y la Corona adquiera una arquitectura jurídico-política sólida, proscribiendo el voluntarismo de su titular como criterio último de actuación y comportamiento».
LAS CUATRO ESQUINAS
21/04/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Juan Carlos I ha igualado ya los años de Franco como jefe del Estado en tiempos de paz (el gallego, de 1939 a 1975; el romano, de 1975 a 2012), pero la Corona, reinstaurada por Franco y refrendada por una abrumadora mayoría de los ciudadanos en el referéndum sobre la Constitución de 1978, no había pasado en estos 36 años una semana tan aperreada como esta última.
El accidente del Rey en un safari en Botsuana no ha sido explicado con claridad pero sus consecuencias fueron visibles: repatriación apresurada, operación inmediata por estallido de la cabeza del fémur y fuerte artrosis de cadera, implantación de una prótesis, y lo que se recordará más del accidente: esta foto del Rey cazando elefantes en ese mismo lugar de África, que pese a no pertenecer a este safari -de hecho, tiene unos cuantos años- produjo una verdadera conmoción en la opinión pública.
Unos por cazar al papá de Dumbo, otros por gastar un dineral en plena crisis, otros por dejarse invitar por un sirio saudí y otros por no avisar al Gobierno, casi todos pusieron el grito en el cielo.
Pero lo del elefante, en realidad, fue sólo el comienzo.
Equivocaciones reales
Disculpas del Rey sobre algo
El runrún nacional e internacional fue a más, y los partidos de izquierda, especialmente el PSOE, dijeron que el Rey debía pedir disculpas. Rubalcaba dijo que iba a hablar con el Rey y que «sabía que le iba a escuchar». Seguramente es la primera vez que Rubalcaba no ha mentido, porque, en efecto, al salir de la clínica, tras una pregunta pactada con TVE aunque previamente anunciada por elpais.es, el Rey dijo: «Lo siento. Me he equivocado. No volverá a pasar». No sabemos qué es lo que sentía, ni en qué se había equivocado ni, por tanto, qué es lo que no volvería a pasar: ¿cazar elefantes, viajar con Corinna, no informar al Gobierno de sus viajes?
Pero en los medios de comunicación se aplaudió muchísimo el gesto del Rey, al que, eso sí, cada uno atribuyó un significado. Hasta un experto en lenguaje no verbal aseguró en EL MUNDO que el Rey era sincero al disculparse. Sabia ingenuidad, basada en los gestos del que hablaba bajo efecto de fuertes analgésicos, y que sería más creíble de no haber tantísimos precedentes de policías y delincuentes que han superado la prueba del polígrafo y, sin embargo, mentían.
Desaire comprensible de Sofía
La Reina le pasa factura a Don Juan Carlos
Tras el accidente de caza de su nieto Froilan y el continuo goteo de datos sobre el escándalo de Urdangarin, cuyo socio Diego Torres ha remitido al juez tres correos en los que el yernísimo habla con absoluta nitidez sobre la mediación del Rey y de su esposa la Infanta Cristina en turbios negocios de saqueo de fondos públicos en la Comunidad Valenciana, el caso del elefante, siendo de por sí enorme, alcanzó otra dimensión cuando la Reina tardó tres días en visitar al ilustre enfermo. Y cuando lo hizo, tras celebrar la Pascua ortodoxa en Grecia, apenas pasó un cuarto de hora en el hospital, donde habló con los médicos y seguramente ni siquiera vio a su marido.
Al día siguiente, tras el revuelo montado, volvió al hospital y pasó tres horas comiendo y charlando con el Rey, aunque, una vez más, no hay fotos ni testimonios que acrediten la duración y circunstancias de la visita.
Pero todos entendieron y justificaron el desaire porque el Rey estaba en el safari de Botsuana acompañado por Corinna Zu Sayn-Wittgenstein, su pareja habitual, que no matrimonial.
Y la prensa europea pasó de contar colmillos a comentar cuernos.
Un lío regio y morrocotudo
Corinna 'über alles'
Pero, al final, lo más aireado por la prensa internacional, en especial la alemana, no ha sido la caza del elefante ni la veracidad de las disculpas del Rey, sino Corinna Zu Sayn-Wittgenstein. Nadie valoró que, frente al apoyo en los medios serios a las disculpas del Rey, todas las revistas del corazón españolas, con la única excepción de ¡Hola!, llevaban largos reportajes con fotos de Corinna y de la Reina. Para colmo, el Rey hizo saber a través del jefe de comunicación de La Zarzuela que no pensaba «renunciar a las amistades que le acompañan frecuentemente en actos privados» y, sobre todo, según «fuentes oficiales» citadas por El País, que no renunciaría a «la estrecha relación que mantiene con la princesa Corinna Zu Sayn-Wittgenstein desde hace varios años y que le acompañaba en Botsuana». O sea, en el regio trompazo.
Para colmo, el periódico Bild publicó ayer fotos del Rey, con Corinna tras él en el aeropuerto de Stuttgart en 2006, compartiendo alfombra roja. Parece que Corinna recibía al Rey y no compartía honores militares con él, pero, a estas alturas, ya casi da igual. El lío, en todos los sentidos, es morrocotudo.
A DIESTRA Y SINIESTRA
21/04/2012
Nombres chungos
CREÍA QUE el viejo Jung exageraba cuando hablaba de un fenómeno psicológico denominado «compulsión del nombre», mecanismo que explica cómo ciertos apellidos pueden influir o determinar el destino de algunas personas. Atribuí al azar el hecho de que un banquero omnipotente extendiese cheques con la firma de Botín o de que el más belicoso de los jerarcas socialistas respondiese al grito de Guerra. Pero la cosa empezó a inquietarme cuando un día, al abrir el periódico, me tropecé con un asesino que había violado y matado a navajazos a una muchacha y descubrí que se llamaba Manuel Rajo Rodríguez. De ser cierta la teoría onomástica de Jung, no parece muy buena idea poner al frente del Ministerio de Sanidad a una señora apellidada Mato.
Que la Sanidad española padece de mala salud ya lo sabíamos. En España no sólo hemos estado viviendo décadas por encima de nuestras posibilidades sino que también hemos enfermado más de la cuenta y no nos hemos muerto tanto como debíamos. Dicen que somos unos hipocondríacos incorregibles que nos pasamos el día del ambulatorio a la farmacia y de vuelta al ambulatorio. Además nuestro espíritu derrochador nos empuja a invitar a marroquíes, peruanos y alemanes para que no dejen el país sin ir gratis al quirófano, con lo que antes éramos el paraíso de las playas soleadas y el tinto con Casera y ahora el no va más del ibuprofeno en camilla -salvo Ibiza, donde los ingleses siguen yendo por la música-.
Como hipocondríaco profesional me siento amenazado por tanta competencia desleal y tanto aficionado a la caza. Nunca estuvo muy claro que tuviéramos derecho a una vivienda digna ni a una plaza de hospital; lo único que garantiza la Constitución en su artículo 56 es que el Rey siempre podrá hacer lo que le dé la real gana, de manera que nunca le falte un cirujano para curarle sus percances cinegéticos. El consejero de Sanidad José Ignacio Echániz ha dicho que el copago de los pensionistas no es para tanto, que equivale tan solo a «cuatro cafés», una unidad de medida sumamente útil en alta política y cuya equivalencia en euros depende. También podía haber dicho que el copago sanitario equivale a un aeropuerto en Castellón, a tres o cuatro urdangarines, a varias visitas del Papa o a las prejubilaciones e indemnizaciones de una docena de presidentes de cajas de ahorros lastimosamente sanos, jóvenes y hambrientos.
Echániz no quiere decir nada pero si Rajoy se apellidase de segundo Mato, no habría nada más que explicar y para sacarnos de la crisis, en vez de presupuestos, el Gobierno pondría en marcha un plan general de eutanasia. Menos mal que el ministro de Economía sólo se llama De Guindos.
FRANCAMENTE
21/04/2012
¿Un cambio de rumbo en Europa?
Llama la atención que París y Berlín hayan acordado suspender a su propio arbitrio el tratado de libre circulación europea cuando una de las partes del pacto, la francesa, tiene hipotecada la validez del compromiso a la victoria en las elecciones presidenciales.
Quizá es la manera con que Merkel y Sarkozy han pretendido escenificar la sintonía geopolítica, de tal modo que los electores galos deberían apreciar la importancia que implica alojarse en la locomotora comunitaria. Más aún cuando se trata de exponer la prioridad de la seguridad fronteriza respecto a la amenaza de la inmigración.
De esta manera, Merkel asiste y reivindica una de las sorpresas del programa de Sarkozy -la suspensión cautelar de Schengen- para redundar en la pedagogía del liderazgo y para introducir una variedad electoralista al modelo del consenso económico que podría malograr la victoria de François Hollande en la segunda vuelta del 6 de mayo.
Sobre todo porque el líder socialista, a diferencia de Sarkozy, discrepa de la doctrina de austeridad, de recorte del gasto y del control presupuestario que recomienda la Cancillería alemana y que ha acatado Mariano Rajoy con la sumisión de un monaguillo.
Así se entiende la repercusión comunitaria de la victoria hollandesa. No sólo porque Merkel pierde a su escudero del sidecar. También porque la eventual resurrección de la socialdemocracia, vapuleada en España, Grecia y Portugal, apostaría por la subida de impuestos, cuestionaría el dogma del déficit y promovería la prioridad del crecimiento, cuestionándose de fondo y hasta de forma la holgura del matriarcado berlinés.
Semejante cambio de rumbo ha sido relativizado por Sarkozy como un «experimento estrafalario» y ha sido caricaturizado desde los antecedentes del socialismo español, de forma que el presidente francés sacrifica siete años de plena sintonía con Zapatero -así la definió Sarkozy antes de iniciarse la campaña- al propósito desesperado de su victoria en las urnas.
Tan desesperado que el candidato del UMP se ha desentendido de sus responsabilidades de jefe de Estado en la refriega electoral, precisamente porque sus alusiones a la catástrofe de una victoria del PS socavaría la propia credibilidad de Francia en el supuesto de que Hollande fuera designado su heredero dentro de apenas 15 días.
No, no es el elefante socialista un temerario ni un euroescéptico. Lo son, en cambio, Marine Le Pen (Frente Nacional) y Jean-Luc Mélenchon (Frente de Izquierda), cuya pujanza electoral se antoja inquietante en la patria del racionalismo porque demuestra la envergadura del movimiento antisistema. Provenga de la ultraderecha al hilo los resabios patrióticos. O provenga de la izquierda en la canonización de Robespierre.
De cumplirse la tendencia de los sondeos, resultaría que un tercio de los votantes franceses abominaría de la UE tal y como la conocemos. Mélenchon abjura del Tratado de Lisboa, del Banco Central y del pacto de estabilidad, mientras que Marine Le Pen se atrinchera en la aldea, en el franco y en el proteccionismo porque «Francia es para los franceses».
AJUSTE DE CUENTAS
21/04/2012 JOHN MÜLLER
La cocina de Moncloa
El lunes pasado se cumplió un mes desde que el Gobierno anunció su plan de reestructuración y racionalización del sector público empresarial. En aquella ocasión, la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría puso especial énfasis en que era muy «curioso» que el Estado siguiera ostentando una participación minoritaria en la sociedad Carmen La Comida de España 1992, S.A.
«Yo creo -dijo la vicepresidenta- que ya, para esto de la cocina, no estamos y hay grandes cocineros en este país... la vamos a enajenar».
Cómo llegó el Estado a convertirse en socio de la poderosa familia Ferrer, propietaria de Freixenet, en Carmen es un misterio, porque nada justifica la presencia de capital público en una actividad como la hostelería y restauración que perfectamente puede y ha sido ejercida en España por el sector privado.
Carmen fue fundada en 1991 y su objeto social es la promoción y explotación de toda clase de negocios de hostelería. Cuenta con 84 trabajadores. Y aunque la vicepresidenta dijo que la participación estatal es minoritaria, la verdad es que el Estado controla directa o indirectamente el 45% de Carmen. Un 36,03% a través de la empresa estatal Comercial del Ferrocarril SA (Comfersa), que el Gobierno de Mariano Rajoy decidió en ese mismo consejo de Ministros del 16 de marzo extinguir, y el resto a través de la sociedad Arco Duplo que tiene el 27,27%. Esta última sociedad, donde el Estado también ha decidido desinvertir, está participada en un 70% por el grupo Areas, mientras que el 30% restante es del Estado. Los demás socios de Carmen son la familia Ferrer con un 26,8% y el Grupo Fundosa, de la ONCE, con un 9,9%.
El grupo Areas no figura entre los fundadores de Carmen. Se incorporó a ella mucho más tarde. Sus responsables creen que se trata de una empresa viable y están interesados en adquirir la participación del Estado si éste decide marcharse.
El problema es que las decisiones de palacio van despacio. Según una versión recogida por nuestra compañera Maite Coca en Barcelona, el actual estado de cosas puede prolongarse cuatro o cinco meses más porque aún no se ha decidido si Renfe, que es la propietaria de Comfersa, va a enajenar su participación en Carmen o simplemente va a liquidar Comfersa y se va a quedar directamente con la participación, lo cual no sería más que un maquillaje de la situación tan «curiosa» que llamó la atención de la vicepresidenta. Y tampoco está claro qué va a ocurrir con la venta de la participación en Arco Duplo. En fin, que los abogados del Estado y los ejecutivos de Renfe siguen dándole vueltas al asunto.
Lo que el Ejecutivo anunció es que Comfersa se extinguirá y que el Estado desinvertiría en Carmen y en Arco Duplo. No tendría ninguna lógica que ahora Renfe liquidara Comfersa y se quedara con las participaciones en Carmen o en Arco Duplo. Sería una burla. Y si realmente existen tantos obstáculos legales para enajenar esas participaciones, sólo quedaría de manifiesto que Carmen salió de la cocina antes de estar a punto.
john.muller@elmundo.es
PASADO MAÑANA
21/04/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA
Malas noticias
Hay días en que, segundos antes de que arranque nuestro programa en la radio, tengo la tentación de decir a nuestros oyentes: «Buenos días, después de escuchar lo que les cuento, vuélvanse a la cama». Me controlo, respiro a fondo y busco alternativas. La que me parece más apropiada, es contar las cosas que pasan tratando de explicarlas con sus matices, un punto de optimismo y sabiendo que no se acaba el mundo. Que hay vida más allá de los problemas que nos complican la vida. No crean que siempre es fácil. Sube el IRPF, la gasolina, el transporte, la alimentación, la luz, el gas y alguna que otra cosa no menor a la hora de hacer cuentas en las economías familiares.
La banca apenas da créditos, nos costarán más las medicinas, las matrículas en la universidad, y el presidente Rajoy nos recuerda cada semana que es tiempo de sacrificios y que esto no ha hecho más que empezar. Luego, damos una vuelta por las bolsas que se desploman, las previsiones del FMI sobre España, que cada semana son peores, o las previsiones del paro, que apuntan a un 26% de la población activa con nombres y apellidos, angustias y desesperación.
Todavía no he mencionado a las comunidades autónomas que tienen que controlar el gasto, pagar a los proveedores y, si no las gobierna el PP, oponerse por decreto a lo que aprueba el Consejo de Ministros. De la cacería de elefantes ni hablamos, porque quienes hacen ruido van de cacería mayor.
Y con este panorama me acerco a la carnicería y me pregunta Segundo, mi carnicero, algo tan simple como esto: ¿por qué los políticos no se ponen de acuerdo y sacan el país adelante? Y toda la información que puedo manejar se queda vacía junto a las chuletillas de cordero. A los ciudadanos les importan un bledo las disputas políticas. En el mostrador, Segundo ve pasar la vida. Sus clientes lo que piden es que les solucionen sus problemas. Entienden que hay que hacer sacrificios, pero exigen que les expliquen las cosas sin demagogia y sin mentiras.Y que los políticos vayan un paso por delante y no por detrás.
Por eso no se entiende que primero se busque en los bolsillos de los españoles, en lugar de en la caja común que pagamos con nuestros impuestos. Por eso se pide que den ejemplo y que se note. No nos obliguen a que en casa comamos patatas sin chorizo y sus aperitivos sean de caviar.
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