A FONDO31/03/2012 CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO Presupuesto político
El Presupuesto de 2012 aprobado ayer por el Consejo de Ministros tiene una prioridad máxima: alcanzar el 5,3% de déficit público. Eso supone, según reza el propio documento del Ministerio de Hacienda, «el mayor esfuerzo de consolidación fiscal de la democracia». En total, el ajuste, entre ingresos y gastos supone 27.300 millones de euros. Casi el doble de lo que calculó Rajoy en su discurso de investidura y para lograr un déficit superior al que, en principio, estaba comprometido.
Para dar una idea de lo que supone este hachazo al gasto público baste decir que el ministerio inversor por naturaleza, Fomento, baja su presupuesto un 34,6%: de 8.937 millones en 2011 pasa a 5.843 en 2012. En Exteriores, el recorte llega al 54,4%. Como decía ayer un alto funcionario, «hasta los bolígrafos Bic los vamos a tener que traer de casa».
Esa sensación de economía de guerra se corresponde bastante bien con lo que reflejan las cuentas públicas para este año. Sin embargo, el Gobierno ha hecho un Presupuesto muy político. Es decir, ha dejado fuera de la criba partidas de enorme repercusión social. Se mantiene la revalorización de las pensiones, no se toca el subsidio de desempleo y se congela, pero no se recorta, el ya raquítico sueldo de los funcionarios.
Los mayores ingresos vendrán, fundamentalmente, por la vía de la subida del IRPF, la mayor recaudación del Impuesto de Sociedades al eliminar muchas de las deducciones que existían hasta ahora y de una inesperada regularización fiscal.
Ésa es seguramente la medida más polémica de las aprobadas ayer por el Gobierno.
La repatriación de dividendos tributará al 8% y la renta aflorada se gravará en Patrimonio al 10%. En total, el Gobierno espera recaudar con esa medida unos 2.500 millones de euros. Es decir, que Hacienda espera que afloren entre 25.000 y 30.000 millones de dinero negro.
La izquierda y los inspectores fiscales clamarán contra esta medida, que supone primar a los que no han cumplido su deber con el Fisco. Es decir, que castiga a los que hemos pagado nuestros impuestos.
En el anterior Gobierno, Miguel Sebastián era firme partidario de esta medida, ya que supone blanquear un dinero con el que se puede, además de recaudar impuestos, financiar el déficit público. Pero Zapatero no se atrevió a hacerlo porque es una medida impopular. La verdad es que, hasta ahora, las dos regularizaciones fiscales llevadas a cabo en España las han hecho ministros socialistas. Primero fue Boyer y después Solchaga. Así que ésta es la primera vez que un Gobierno de derechas perdona el fraude fiscal. A la fuerza ahorcan.
Esa medida, más que ninguna otra, demuestra que éste es un Presupuesto realista. Si hay que recaudar, se recauda como sea. Lo importante es el objetivo final, ese añorado 5,3% de déficit público que Bruselas exige por encima de todo. Ayer precisamente el Eurogrupo dio el visto bueno a las cuentas que presentó Luis de Guindos. La UE se fía de la Administración central, pero no de las autonomías. El esfuerzo que tendrán que hacer este año las comunidades es muy similar al que hará el Estado: deben recortar su déficit en un 1,4%. La indisciplina ahora no es una opción. Si no lo hacen, habrá intervención.
AJUSTE DE CUENTAS31/03/2012 JOHN MÜLLERPragmatismo
Los Presupuestos Generales del Estado presentados ayer por el Gobierno son extremadamente pragmáticos. Sí, es verdad que son austeros, pero sobre todo son pragmáticos, porque la enorme dificultad que presenta la coyuntura económica ha obligado a Cristóbal Montoro a tragarse los calificativos que vertió el Partido Popular en junio de 2010 cuando rechazó en todas las tonalidades existentes -«injusto», «antisocial» e «impresentable»- un plan de regularización fiscal que el Gobierno de Zapatero nunca llevó a cabo.
Aquel plan se inspiraba en la amnistía realizada en Italia en 2009, donde la Hacienda transalpina recaudó en torno a 5.000 millones y consiguió la repatriación de más de 100.000 millones que volvieron a incorporarse a su economía. Montoro ha sido más modesto en sus predicciones y cree que podrá ingresar 2.500 millones en concepto de blanqueo de rentas no declaradas, lo que supone reintroducir al sistema unos 25.000 millones, y otros 750 millones por la vía de gravar dividendos de fuente extranjera, lo que supondría recuperar unos 10.000 millones más. En total, 35.000 millones que se esperan como agua de mayo en nuestra economía.
Lo malo de todo esto es, como dicen los inspectores de Hacienda, que se puede provocar «un derrumbe de la conciencia fiscal de los contribuyentes honestos». Sin embargo, la medida también trasluce al exterior la gravedad de la situación. Tragarse los calificativos vertidos en 2010 contra los planes del Gobierno socialista equivale, en menor medida, a romper la promesa de no subir impuestos. Es una bobada, pero a los mercados les encanta ver a los políticos traicionar sus promesas, sobre todo si estas los hacen más impopulares.
Los presupuestos también han acertado al reconstruir la base del Impuesto de Sociedades, un tributo que iba camino del despeñadero gracias a las mutilaciones que Zapatero y Salgado introdujeron en él para contentar a las grandes empresas. No se trata de una subida del impuesto, sino de una limitación de las deducciones. El tipo sigue siendo muy alto (entre el 30% y el 20% para pymes), pero se trata de acercar lo que está escrito en la ley con la tributación media real que es del 9,9% para las grandes empresas y de poco más del 12,5% para la generalidad de las mismas. Al final, las pymes y los asalariados pagan mucho más que algunas multinacionales que después se quejan de lo mal que funciona «la marca España».
El lunes pasado Montoro tuvo una reunión bastante tormentosa con las grandes empresas para explicarles estas medidas. Al final, las compañías pasaron por el aro y se comprometieron a no alterar sus ya escasos planes de inversión por este cambio de tributación.
El Presupuesto deja muchas incógnitas sobre las comunidades autónomas. No es raro que el Eurogrupo quiera datos y más datos de las mismas. Las comunidades están rehaciendo sus cuentas con el cuadro macro que les autoriza un déficit máximo del 1,5% para 2012. Todas han presentado Planes Económicos Financieros de saneamiento que Hacienda está evaluando porque o incumplieron los objetivos de 2010 o los Presupuestos de 2012 desbordaban las previsiones de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. En Hacienda creen que con esta nueva Ley, las normas de Transparencia y Buen Gobierno, y el sentido común, los números saldrán bien. Y sobre las corporaciones locales, el manguerazo del crédito ICO para pagar a proveedores ha permitido recopilar una cantidad abrumadora de información sobre sus economías que le facilita a Montoro un mapa bastante exacto de lo que está sucediendo.
john.muller@elmundo.es
LAS CUATRO ESQUINAS31/03/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOSSu cuarta derrota en Andalucía
Fiasco del PP: Javier Arenas ni gana ni se va 
Tras convencer a casi todo el mundo de su victoria por mayoría absoluta, Javier Arenas condujo este domingo al PP a una nueva derrota en las elecciones andaluzas, su cuarta como candidato.
La situación desesperada del PSOE se salvó por un fenómeno que prueba la falsedad de la teoría arriolista y centristona según la cual el voto de la derecha es seguro, cautivo y entregado, así que, para ganar, sólo hay que templar gaitas con la izquierda y no discutir.
Pues bien, nada menos que 441.000 votantes del PP en las generales se abstuvieron de votarlo cuatro meses después, en las autonómicas, o sea, que de derecha incondicional, nada. Más del 21% del voto a Rajoy se quedó en casa o se fue a la playa en las grandes ciudades de la costa, que debían cimentar la mayoría absoluta de Arenas. Y, efectivamente, con esos votos la hubiera conseguido.
Pero el perfil bajísimo de la campaña y su ausencia del debate de Canal Sur frente al desvaído Griñán, amén de la subida del IRPF por Montoro, lograron lo imposible: que el ERE no se lo hicieran al PSOE sino al PP.
Arenas no se va. A la quinta o la sexta irá la vencida.
Día del 'matonismo' callejero
El jueves negro del sindicalismo
Si UGT y CCOO no hubieran perdido el seso, la fracasada Huelga General del 29 de marzo marcaría el fin de una época. Era la primera vez que se enfrentaban a un Gobierno del PP que no llegaba a los 100 días de ejercicio, pero a Rajoy le bastó sacar la Policía a la calle, sin emplearla, para que la maltrecha sociedad civil, el pequeño comercio o las pymes con el agua al cuello se enfrentasen abiertamente a esas bandas de la porra que se hacen llamar piquetes informativos y que tienen de informativo lo que el Ministerio de Información de Corea del Norte, o sea, nada.
Para muchos jóvenes criados en internet y acostumbrados a Twitter, el 29-M ha supuesto el descubrimiento del matonismo sindical, la cobarde agresión pandillera al individuo que se gana la vida trabajando honradamente y se niega a obedecer a unos sindicatos que hace un siglo podían ser un ejemplo de sacrificio personal y hoy son modelo de trinque y petulancia. No han vacilado en hundir la imagen de España, sumida en una crisis gravísima de la que son corresponsables. Y han fracasado. Si no cambian, se extinguirán como los tiranosaurios.
Apostaba por la victoria del PP
Arriola o el fracaso de las encuestas
Nadie ha ganado más dinero que Arriola adivinando la intención de voto y escrutando las vísceras de las urnas, así que al día siguiente del chasco de Arenas, se esperaba con enorme interés su explicación del fracaso en las predicciones del PP en su anunciada comparecencia en el Fórum Europa-Tribuna Andalucía.
La argumentación arriolesca fue clara: «Un alto porcentaje de andaluces se ha negado en todas las encuestas a decir que votaban al PSOE». Lo que no supo explicar el que en los orígenes del aznarato bautizaron en Génova 13 Profesor Bacterio, (homenaje a Mortadelo y Filemón), es por qué en unas se negaron más que en otras.
La de EL MUNDO, por ejemplo, situó a Arenas al borde de la mayoría absoluta, lejos de la apoteosis, antes y después de votar, de las encuestas del PP. Otro tanto pasó con Canal Sur, que dio al PP 53-55, el único trato de favor que le ha hecho en un cuarto de siglo.
Pero Arriola y su señora, Celia Villalobos, estuvieron convenciendo a los militantes populares de que la mayoría absoluta era segura, hasta escrutar el 70% del censo.
O sea, que lo creyeron. Y lo cobraron.
Escandaloso viaje del Papa
Ni un minuto con la oposición
Hasta los más devotos hijos de la Iglesia Católica han quedado escandalizados por el viaje del Papa a México y Cuba, en especial a la isla-cárcel de los hermanos Castro. Las heroicas Damas de Blanco y los familiares de los presos políticos cubanos habían pedido a Benedicto XVI «un minuto nada más» para contarle sus penas y sentirse tratados como personas, es decir, como no los trata la tiranía comunista desde hace más de medio siglo. Sin embargo, el contubernio del secretario de Estado vaticano Bertone y el cardenal castrista habanero Ortega impidieron que, a cambio de un seminario, una escuela de negocios y un trato benigno a centros de enseñanza católicos, el Papa negara incluso ese minuto de caridad a los que día a día dan heroico testimonio de su Fe y su amor a la Libertad.
Para más INRI, Benedicto XVI dedicó horas a Raúl Castro y al resucitado Fidel, del que se rumorea que habría vuelto a la fe católica. Más bien parece que el Vaticano se ha rendido a la superstición castrista. Ortega incluso permitió que la policía detuviera disidentes encerrados en las iglesias.
EL CORREO CATALÁN31/03/2012 ARCADI ESPADAAusencia de incidentes
Querido J:
Habrás visto los sofisticados esfuerzos que hace el periodismo para determinar si en España hubo una huelga. La cifra objetiva, el nuevo metro patrón, es el consumo de energía, que estuvo en torno al 14,84%, ¡una o dos décimas superior! al de la última huelga. No puedo discutir la objetividad del medidor y comprendo bien que los medios acudan a cualquier clavo eléctrico cuando los sindicatos son capaces de decir que la actividad laboral, ¡ayer en España!, no pasó del 23%. Pero el problema es más profundo y desagradable. Me parece inmoral que el periodismo se aferre a la delicada objetividad del consumo de energía. Esos titulares son orquídeas: decoración, color, como dicen en el oficio.
No: el periodismo no debe medir esta huelga ni ninguna de su estilo. El nivel de adhesión a cualquier objetivo colectivo no puede calibrarse si media violencia. Nadie debe tomar en serio los referendos de una dictadura. La huelga general fue un acto de violencia y parece mentira que los periódicos le concedan el beneficio de la aritmética, tan sosegada y democrática. La violencia de una huelga se exhibe casi siempre en su propio origen. En esa votación seminal que los guerrilleros sindicales dicen, con cándido orgullo, que fue a mano alzada. La primera violencia suele ser la intimidación del grupo, la vergüenza. De ahí que, frente a la turba del brazo alzado, la democracia procure la cabina individual del voto, casi religiosa.
Dicen los periódicos, y no se pellizcan, amigo mío, que el paro fue mayor en la industria y en los transportes. Las causas no se detallan. El lector puede mecerse así en las fantasías sobre la clase obrera y el paraíso: la pureza de mármol de esos trabajadores no corrompidos por la insolidaridad. Ahí: en las grandes fábricas, en los grandes mercados: ahí reina el músculo, la firmeza. ¡Quia!: sólo es intimidación. Y la disolución del gesto individual. Pero, por si fuera poco, están los piquetes. Haciendo una barrera de fuego a la entrada de Mercarbarna. Pinchando ruedas en Carabanchel. Ésa es la superioridad moral del obrero industrial frente al comercio pequeño burgués: el piquete. ¿Cómo pueden evaluar los periódicos con su lavaje de manos aritmético una conducta que se ha producido en condiciones de violencia? Allí donde quema un solo neumático, donde se silicona una verja, donde se empuja a un trabajador, allí donde no se garantice la libertad de ser insolidario, traidor y cobarde no hay sumando. Los sindicatos se han llenado históricamente la boca con las intimidaciones de la patronal ante el huelguista que quiere y no puede. (De acuerdo: ésa solo es un razón más para que los periódicos no se dediquen a la aritmética en condiciones de violencia, ni siquiera simbólica.) Pero los sindicatos sólo han sabido responder con sus propias intimidaciones.
No sólo la aritmética. Todos los periódicos utilizan este mantra: la ausencia de incidentes. (Salvo en Barcelona). ¿Pero cómo es posible que el eufemismo actúe de una manera tan provocadora? Una huelga es en sí misma un incidente de la democracia. Pero ni siquiera es necesario creparse (ojo, linotipista, que así lo dicen en las peluquerías). Que le pregunten por la ausencia a Carmelo Jordá, periodista de Libertad Digital, que ayer, en una calle de Madrid, y ante el acoso de la turba, a un tris estuvo de cantar La Internacional en ucraniano. A los dos viejillos humillados detrás de la persiana metálica de su comercio, mientras la perra juventud los señala con el dedo. ¡Ausencia de incidentes!: ese hombre en la estación de Sants: primero, y dado que parece muy quemado con los piquetes, lo rocían con el extintor; y luego lo derriban de un buen puñetazo, que para eso ven series. Y, en fin, esos valientes del supermercado de Sagunto: mierda para cada uno.
Podría listar una decena, ciento, un millón. ¿Recuerdas cuando a primera hora de toda noche electoral sale el ministro del Interior, y dice aquello tan retórico y sabido y banalmente feliz, aquella «ausencia de incidentes y la absoluta normalidad de la jornada»? Pues así se deduce que vivió ayer España la huelga general: en paz, orden y libertad.
Caso aparte es lo de Barcelona. Los periódicos extienden hasta allí una cierta excepción. ¡Al fin y al cabo se quemaron 300 cubos de basura! Aunque era para que se entendiera bien lo que quería decir Pujol con las aguas podridas. Pero Barcelona no fue una excepción, sino la formalización más brillante y detallada de la regla. Mira: cuando el sindicalista jefe advierte al Gobierno de que el conflicto se recrudecerá si no atiende al chantaje, las imágenes de Barcelona son su mejor argumento. Una proyección muy útil de lo que significa recrudecer. Así es como los incidentes sirven a los sindicatos, aunque los condenen para servirse de ellos doblemente.
Sabes que todas las noches de victoria deportiva, manifestación o juerga suponen actos de barbarie en Barcelona. Actos silenciados, sistemáticamente, por el establishment político y mediático catalán. Es maravilloso ver a los paniaguados, ésos que viven de explicar cómo un hombre muerde a un perro, justificar su silencio en los periódicos para no dar protagonismo, dicen, a lo excepcional. ¡Lo excepcional! Uno tras otro, los encargados del orden catalán han fracasado a la hora de identificar, detener y extirpar la criminalidad por sistema.
Entre las razones que añadir a su incompetencia está el aflojamiento de la vigilancia mediática que en una democracia nos defiende de los abusos. De todos: de los abusos de los despachos y de la calle. Es casual, desde luego; pero la imagen de la huelga es la de esa treinteañera barcelonesa cuya cara con lágrimas es la pedrada más brutal que ha recibido el escaparate de su tienda. Durante años ha habido caras como ésa en las calles de Barcelona: abandonadas por sus autoridades y su prensa, ese personal retorcido, canalla, cansino, sombrío, paranoico, cretino, amargado y cobarde. Adjetivos todos, menos el último, que tomo de mi corresponsal Pinco Pallino, que le ha escrito una carta abierta a Álvaro de Marichalar, otro apedreado.
Celebremos, a pesar de todo, estos inexorables ritos de paso de la juventud testosterónica. Mejor el gas lacrimógeno y sexy de las ciudades que el gas de las buenas viejas guerras y su flor tronchada. ¡Ha estallado la paz!, decía el profético Gironella. Pero que no se conceda a sus ceremonias el beneficio de la normalidad contable. Los estudios indican que a esta edad el cerebro es aún muy plástico. Mira si no ese Willy Toledo, que por no actuar a tiempo ya no distingue entre la farsa y la vida, y ha habido que encerrarlo.
Sigue con salud.
A.
31/03/2012 PEDRO G. CUARTANGOEstrategia suicida
F. ÁLVAREZ-CASCOS / PUBLIO QUINTILIO VARO
Escribe Suetonio que la desesperación de Octavio Augusto por la derrota del bosque de Teutoburgo le llevó a exclamar mientras golpeaba la pared con sus puños: «Vare, legiones redde» («Varo, devuélveme mis legiones»).
No era para menos, ya que en aquella sombría jornada del año 9 después de Cristo más de 30.000 legionarios romanos perdieron la vida frente a las tropas del caudillo germano Arminio. Varo era el comandante de las cuatro legiones romanas que se vieron atrapadas en una bolsa por el enemigo.
La jornada del 25 de marzo ha debido ser para Álvarez-Cascos casi tan amarga como la hecatombe de Teutoburgo para Varo. Igualmente, el líder de Foro embistió con sus disciplinadas legiones contra sus adversarios para luego verse metido en su propia trampa. Ha perdido un montón de votos y es incluso dudoso que pueda gobernar.
Varo ordenó a las tropas internarse en un bosque desconocido contra toda lógica y desoyendo el consejo de sus lugartenientes. Cascos hizo lo mismo al disolver la Cámara, confiando en aumentar su mayoría y en doblegar a sus enemigos. La maniobra ha sido un desastre.
El error estratégico le causó a Quintilio Varo su muerte, ya que, herido en la batalla, optó por suicidarse. Su cabeza fue enviada por Arminio a Marbod, el rey de los marcómanos, que la remitió a Roma, donde fue enterrada en el panteón familiar.
Cascos ha salido mejor librado, pero probablemente ha puesto fin a su dilatada carrera política. Eso sí, como Varo, ha combatido hasta el final.
El líder asturiano guarda un extraordinario paralelismo con el jefe militar romano tanto por su biografía como por su talante personal.
Cascos fue durante muchos años la mano derecha de Aznar en el partido y en el Gobierno, al igual que Varo, que estaba casado con una hija de Agripa, lo fue de Octavio Augusto, que confiaba ciegamente en sus virtudes militares.
Es bien conocido que Cascos tiene un carácter duro y difícil, al igual que Varo, calificado por uno de los líderes germanos como «un lobo hambriento», según testimonio de Dión Casio.
Años después, las legiones al mando de Germánico volvieron al bosque de Teutoburgo, que estaba lleno de huesos y restos de armas de los legionarios romanos en medio de los altares bárbaros donde habían sido sacrificados los prisioneros.
Sería exagerado decir que éste es el final que le espera al Foro de Cascos, aunque no es descartable que una iniciativa tan ligada a una persona acabe por desaparecer.
La historia sirve de magister vitae, como decían los latinos y nos enseñaba el padre Carrera en los jesuitas de Burgos. Le recomiendo a Cascos que lea a Gibbon para que aprenda cómo se desploma un imperio.
BREVETE 31/03/2012 SECONDATEn espera del inglés
Si damos crédito a ciertas declaraciones públicas, la huelga del día 29 ha sido un éxito para sus convocantes. Si atendemos, por el contrario, a otros testimonios también hechos públicos, la pretendida huelga general fue un fracaso. Los dos comunicados fueron expresados en español, la lengua oficial de todos. Al mismo tiempo, algunos medios de comunicación informaban de que aumenta en España el interés por conocer la lengua inglesa, y que algunos políticos reciben clases con urgencia, ya que en las relaciones internacionales es imprescindible saber conversar en inglés. Tal vez en unos años las informaciones sobre posibles huelgas en España se realicen en inglés, con menos discrepancias que ahora. En la lengua de Cervantes basta con que uno afirme algo para que el adversario político lo niegue. Esperemos, pues, la venida del inglés como idioma común.
LA POLÉMICA NACIONAL31/03/2012 VÍCTOR DE LA SERNAResaca tolerable, con viacrucis a la vista
>DESPUÉS DE LA HUELGA GENERAL, ANTES DE LOS PRESUPUESTOS
Desaparecido el periódico que mantenía enhiesta la bandera de la izquierda radical, no ha habido mañanas que cantan tras una huelga general cuyo impacto directo nadie considera importante. Pero, ante las medidas severas de austeridad anunciadas ayer, la prensa advertía de nuevos choques sociales. De telón de fondo, subía la Bolsa...
Resultaba sintomático lo de El País, templando gaitas en un editorial prudentísimo: «El seguimiento fue escaso en el comercio y en la Administración pública. No se cumplieron los augurios de los que pronosticaban que esto iba a acabar 'como en Grecia' y de ello no cabe sino felicitarse y pedir a los que no paran de echar leña al fuego que actúen con más responsabilidad. Más allá de los incidentes y de los que pronostican finales apocalípticos, la cuestión de fondo es que ni la economía ni la confianza de los inversores necesitaban este paro. Menos aún otras posibles huelgas venideras. Negociar es mejor que empeñarse en la prueba de fuerza y por eso las partes implicadas deberían ponerse a la tarea de atajar el empeoramiento del clima social».
Al menos, los columnistas del diario de Prisa resucitaban algo de la fiereza de antaño. Fiereza más bien inconexa la de Fernando Vallespín, eso sí, ya que pedía que el Gobierno gobierne... y no gobierne: «Gobernar en tiempos difíciles es hacer política, no limitarse a la administración de las cosas. Y hacer política, en su sentido más noble, es decidir cómo queremos vivir juntos. Entre todos».
El Periódico, lo más izquierdista que parece quedar, concluía un blando editorial de aliño, lleno de sí, peros: «Los sindicatos no sólo tienen derecho a defender los intereses de los trabajadores, sino también los suyos propios, cuyo papel está reconocido en la Constitución, como ocurre con los partidos políticos. No deben avergonzarse, por tanto, de manifestarse contra los crecientes intentos de menoscabarlos. Pero a la vez, las dos grandes organizaciones -CCOO y UGT- tienen la responsabilidad y el deber de velar para que no se produzcan algaradas y agresiones callejeras de los antisistema y vándalos que se amparan en sus protestas para actuar como delincuentes». Para menoscabo, Hermann Tertsch en ABC: «Es el previsible principio de su final como organizaciones con pretensión de influencia política. Su pérdida de poder con la reforma es inevitable. E irreversible».
También en ABC, Ignacio Camacho hacía de pitoniso al evaluar la huelga... y lo que llegaba después: «Estaba condenada de antemano a la infecundidad y al desengaño. Y no sólo porque la reforma laboral permanecerá intacta en sus grandes y dolorosas líneas, sino porque hoy mismo el Gobierno presentará a las Cortes un presupuesto agónico, de economía de guerra. La famosa motosierra que los socialistas veían en manos de Rajoy va a funcionar sobre el gasto público al ritmo siniestro de La matanza de Texas. Y no puede ser de otro modo porque bajo la presión del déficit late una amenaza de intervención europea que no va a remitir por mucho que el sindicalismo prefiera ignorarla. Los piquetes informativos temibles de verdad no son los huelguistas, sino los de Bruselas».
P. S. La semana pasada atribuíamos aquí a Santiago Abascal una tribuna crítica con Francisco Álvarez-Cascos en La Gaceta, pero no fue él el autor: por un error en la confección de la versión electrónica del diario consultada, su firma aparecía sobre un texto escrito por el analista Miguel Ángel González Rodrigo. Que conste esta rectificación.
A DIESTRA Y SINIESTRA31/03/2012 DAVID TORRES'Apocalypse yesterday'
LA MADRUGADA del jueves me despertó un zumbido continuo, un estertor celestial que me hizo pensar en invasiones extraterrestres o en si Andorra nos lanzaba un ataque preventivo. Abrí la ventana y vi la noche de Madrid hirviendo de helicópteros; pensé, con un punto de aprensión, si se habría declarado una epidemia zombi y yo allí, con sólo un par de yogures en la nevera. Entonces caí en la cuenta de que hacía unas horas que había empezado la huelga general y que el Gobierno había decidido minimizar riesgos al estilo del coronel Kilgore en Apocalypse Now. Sólo faltaba que los pilotos pusieran Wagner a todo volumen para ir acorralando a los charlies.
También pensé que si Gobierno, Policía y jueces hubieran dedicado la mitad de celo a perseguir corruptos que a localizar piquetes, no quedarían muchos políticos sueltos por las calles. Por otra parte, si los sindicatos hubieran logrado movilizar a tan solo una pequeña fracción de los cinco millones de parados, no habría quedado apenas sitio para pancartas. En cualquier caso, hay que respetar la huelga porque es el único día del año en que Toxo y Méndez trabajan, y también el primer día en que Fátima Báñez, la ministra de Empleo, se estrena en esta cosa extraña y folclórica del curro. La mujer es uno de esos funcionarios criados en cautividad que, igual que Zapatero y tantos otros, llevan toda la vida a la sombra de la Administración Pública, y no ha visto un contrato laboral ni en las películas.
La huelga, en efecto, es una forma de lucha decimonónica para conservar una actividad -la de trabajar- que ya está prácticamente extinguida. Toda la ingente casta de diputados, senadores, alcaldes, concejales y liberados sindicales demuestran que se puede vivir sin dar golpe, como en los platós de Telecinco. Entre la enorme rebanada de políticos y la inmensa rebanada de parados, estamos los de en medio, el jamón, la mortadela, los que hacemos posible todavía el bocadillo. No obstante, la sociedad europea tiende cada vez más al modelo pan duro y hay que salir a la calle, con pancarta o sin ella, para irse haciendo una idea de la que nos espera.
Subsistimos en un modelo obsoleto, el Estado del Bienestar, que hace tiempo que se fue a tomar por culo, pero seguimos manteniendo firmes los cuatro palos del sombrajo (sanidad, educación y poco más) quizá porque aún conservamos la ilusión de que no nos han estado robando tantos años sólo para levantar aeropuertos en la nada y para que Urdangarin se lo lleve crudo. Ahora se lleva más el Estado zombi, como en Grecia, y ocupar las calles bien como huelguista, bien como mendigo.
PASADO MAÑANA31/03/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA No será fácil
Estamos ante una situación de emergencia nacional, pero los españoles la vemos como esos jubilados que se entretienen mirando cómo desescombra y comentando la maniobra del operario, para criticarlo. Uno trabaja y 10 miran. Dicho de otra manera en el Consejo de Ministros se nos anuncian tiempos de sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo, y los que pueden huyen de vacaciones, incluidos los que plegaron las pancartas de una huelga general que sólo sirvió para que los sindicatos se justificaran, la izquierda hiciera caja política y la imagen de España fuera vapuleada en los periódicos extranjeros, haciendo de la anécdota y los incidentes aislados, fotos de portada y exagerados titulares.
No tenemos arreglo. Somos discutidores, peleones, rebeldes de boquilla, bocazas de bar y oficina, intolerantes cuando alguien disiente. Este estupido arquetipo se forjó durante siglos y cada cierto tiempo alguna mente perversa, con poder, lo realimenta. Sí, en España es necesario tener dos bandos permanentemente enfrentados, como si fuera una fatalidad. Y en ello se esmeran unos más que otros.
Ahora gobierna la derecha. Tiene una situación económica desesperada heredada del equipo socialista más mediocre que jamás haya gobernado nuestro país. Los juniors de Zapatero han sido relevados por los seniors de Rajoy, que llegaban cotizados a la política y pueden encontrar trabajo y dinero en el sector privado en cuanto dejen sus carteras ministeriales. Tienen la mayoría absoluta de las urnas para llevar adelante un plan de saneamiento económico y la obligación de aguantar el tirón de las críticas interesadas de quienes buscan como objetivo quitarles del poder en el menor tiempo posible.
No será fácil. Nadie dijo que fuese a serlo. Ni siquiera contárselo a los ciudadanos. Los medios de comunicación de la izquierda se encargan de las descalificaciones y la crítica con acierto en sus objetivos y apareciendo como adalides de la libertad repartiendo estopa con la naturalidad de quien se cree poseedor de la verdad absoluta y sin posibilidad de equivocarse. Los malos, los que están en el error, siempre son los otros, a los que se les descalifica sin el menor pudor, muchas veces desde la mentira interesada y obscena. Aquí la izquierda es sectaria, agitadora y hace caja en euros mientras que la derecha se pierde en gilipolleces mirándose a su ombligo. Y sí, como todos, es redondo.
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