PREGUERÍAS 24/03/2012 VICTORÍA PREGOCautela y miedo
Si hubiera que medir las posibilidades de victoria por el grado de entusiasmo que exhiben los asistentes a los mítines de los partidos, mal iba a ir la cosa, porque el fervor que desprenden los ciudadanos que acuden a estos actos políticos es casi idéntico en todos los casos.
Así que, para calibrar u olfatear el futuro tal como lo viven desde dentro los aparatos de los partidos hay que fijarse en otros detalles. Uno, el número de asistentes y las trampas que hacen los organizadores para disimular los huecos que se abren en las gradas. Y otro, y éste definitivo como termómetro de las previsiones electorales, el grado de virulencia de los discursos de los dirigentes. Cuanto más cerca están de la victoria, más templadas son sus palabras, más contenidos son los eslóganes gritados y menos son los decibelios. Lo contrario de lo que ocurre entre quienes dan por hecha -o, sencillamente, temen- una posible derrota.
En ese caso las intervenciones llegan a ser incendiarias, se anuncian grandes catástrofes, se amenaza al ciudadano con todas las plagas sociales, físicas y morales que se puedan imaginar y se apela, desde luego, a lo que se ha llamado con cierto esquematismo el voto del miedo. Todo lo anterior se vio ayer en los mítines de cierre de campaña de los dos grandes partidos, PSOE y PP, en Andalucía.
Aquí los socialistas han perdido ya un río de votos en las elecciones locales y en las generales. Pero la militancia sigue acudiendo a aplaudir a sus líderes con energía y con un eterno ribete de fe y de alegre entrega que resultan al final conmovedores. Es como si los andaluces que apoyan al PSOE no quisieran tomar conciencia de lo que se les ha venido encima y de lo que ahora mismo se les puede venir. O como si, sabiendo bien el panorama que les rodea, estuvieran dispuestos a sostener la moral de sus capitanes a base de inyectarles con gritos y aplausos el entusiasmo y la entereza que saben que en estos momentos a ellos les falta.
En puro y duro contraste con el ambiente festivo que rodeaba el atril de los oradores, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba,y su antecesor en el cargo Felipe González hicieron ayer dos discursos tenebrosos. Mejor y más florido y vibrante el de Rubalcaba. Más aburrido y repetitivo el de González -que está empezando a deslizarse con demasiada frecuencia por la rampa de la tentación de contar una y otra vez las mismas batallas vividas por él hace ya décadas-, pero ambos coincidentes en anunciar una auténtica hecatombe si gana «la derecha» en Andalucía. «¡No les deis las llaves de vuestras escuelas, ni las de vuestros hospitales, porque se las entregarán a quienes quieren hacer negocio con ellos!», clamaba Rubalcaba, que no tuvo empacho en volver a decir eso de que, estando el Gobierno en manos del PP, a las mujeres que aborten les espera la cárcel.
Al final, el mensaje fue uno, lo transmitió Rubalcaba y estuvo cargado de angustia: hay que ir a votar, es mucho lo que está en juego. Y es verdad: una derrota del PSOE en la Andalucía que les ha apoyado desde el mismísimo comienzo de la democracia sería para ellos la hecatombe que anuncian para los demás.
Lo del PP fue el envés de la misma hoja. No por lo que se refiere al entusiasmo del público, que estuvo a la misma altura de lo visto en el mitin del PSOE, sino por el tono de las intervenciones. Por la cuenta que les tiene, todas ellas apuntaron al futuro mucho más que al pasado. Sobre todo porque, al contrario que en el caso del PSOE, pueden sacar al atril a un presidente en activo que, además, tiene un enorme poder en el país.
Felipe González fue un líder indiscutido en su día, pero hoy habla en pretérito perfecto. A Mariano Rajoy nunca se le reconoció esa cualidad -ahora sí, claro- pero hoy habla en presente de indicativo y desde la cúspide del poder, lo cual tiene una fuerza imposible de ignorar. Por eso, en el mitin del PP, nadie habló de las tinieblas sino de los preciosos horizontes que esperan a los andaluces si, como sus dirigentes esperan, los electores entregan la victoria a su partido y se olvidan del miedo que el PSOE insiste en inocular en el ánimo colectivo.
Éste de ayer en Sevilla fue un mitin alegre, contenido en las formas, y donde lo más ácido que se dijo, sin llegar a decir nada, fue la banderilla de fuego que Rajoy lanzó al candidato Griñán de quien tan pobre opinión tienen González y Rubalcaba.
El PP ha tardado muchos años, es verdad, en alcanzar en Andalucía la posición que hoy tiene. Eso lo recordaron todos. Pero también hay que decir que, llegados al punto en el que está, ya lo tiene fácil. No necesita más que recordar los últimos episodios del caso de los ERE, cocaína incluida, lo que le da un toque especialmente sórdido al asunto, y las cifras de paro y de fracaso escolar, para hacer en un par de minutos una enmienda a la totalidad a los 30 años de gobiernos socialistas. Ese dato, el de las tres décadas de poder en Andalucía, va a poner al PSOE en una difícil tesitura, porque, como ya avanzó Javier Arenas ayer, tras cada reclamación que planteen, cada propuesta que hagan, cada proyecto que presenten, les será preguntado por qué no lo llevaron a cabo durante los muchísimos años en que tuvieron la oportunidad.
Los populares, por el contrario, tienen ahora mismo la gran ventaja de que su gestión al frente de la Junta no existe, es inédita. La temida enmienda a la totalidad está para ellos aún muy lejos en el horizonte.
LA POLÉMICA NACIONAL24/03/2012 VÍCTOR DE LA SERNA Con la corrupción de telón de fondo
>ELECCIONES REGIONALES EN ANDALUCÍA Y ASTURIAS
Una cita electoral más, por decisiones de Griñán y de Cascos, nos llega en plena tormenta financiera, en pleno colapso del consumo y cuatro días antes de una huelga general. La prensa de izquierdas contempla el largo hundimiento del PSOE, la de derechas espera que al fin actúe con decisión Rajoy, y ambas insisten en la corrupción.
Con un editorial acompañado de una encuesta desoladora para el PSOE andaluz, El País no hacía sino dar a entender su irritación con el juego sucio conservador: «Arenas acaricia así la presidencia de la Junta de Andalucía, después de tres intentos fallidos. Y Rajoy ha hecho cuanto ha podido para ayudarle, conservando sus planes presupuestarios bajo reserva absoluta hasta que pasen los comicios».
Pero, en las mismas páginas, Jordi Gracia, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Barcelona, sí que se desataba abiertamente contra el ascenso de la que ve como la más negra reacción: «La impunidad judicial de un puñado de políticos mangantes, el cepo reaccionario que atrapa a la derecha en el poder, la bochornosa complicidad del fiscal cinéfilo con la derecha mediática y chantajista, la obediencia irrestricta e incondicional al poder bancario, la rebaja de derechos sociales y la indulgencia con el pasado franquista como nueva ley histórica han desempeñado el papel de los rayos y truenos en medio del calabobos de una derecha invasiva y peligrosamente segura de sí misma. Esa retahíla de retrocesos y alguna indecencia más sólo confirma en la depresión a la izquierda, que ya no está melancólica siquiera, sino directamente huérfana y expósita».
A Carlos Boyero, mientras tanto, le daban «arcadas» porque todos son malos: «Diógenes podría resucitar muchas veces en compañía de su farol y seguiría teniéndolo crudo para encontrar una persona honrada entre los que han dispuesto o disponen de poder en la cosa pública».
También trascendía las fronteras partidistas la crítica de Carlos Elordi en El Periódico: «Quienes hacen negocios en España, sean grandes o pequeños, saben que el caso Matas, los ERE de Andalucía, las comisiones del gallego Dorribo, Gürtel y los otros muchos escándalos que se han venido destapando son sólo puntas de icebergs, que los políticos y funcionarios públicos que practican formas de corrupción más o menos graves son legión y están en todas partes. (...) Las elecciones no sirven para revertir esa situación. Porque los que ganan a costa de los corruptos no están libres de sospecha. Lo único que está por ver es si la crisis y el drástico recorte de los gastos del Estado van a reducir las posibilidades de actuación de los ladrones».
Pues J. A. Gundín, desde otra orilla, la de La Razón, reflexionaba de forma bien semejante: «Es muy probable que Arenas gane las elecciones y justo será celebrarlo como un cambio de higiene democrática. Pero, si los votantes le otorgan la mayoría absoluta, no es para cambiar de collar sino de conducta, de forma que donde han medrado la golfería, la corrupción y el fraude se cultiven virtudes cívicas vulneradas como la honradez, la lealtad y el respeto al bien común. Si Rajoy logra sacar a España de la crisis, habrá demostrado ser un gran gobernante, pero, si consigue rescatarla de su postración moral, se ganará el reconocimiento de gran estadista».
¿Y Asturias? El durísimo ataque de Santiago Abascal a Cascos en La Gaceta ha sido lo más notable.
BREVETE 24/03/2012 SECONDAT El carácter andaluz
Afortunadamente mañana se clausura una etapa negra en la que se ha desfigurado y desprestigiado el auténtico modo de ser de los andaluces. Se ha destacado mucho tantos abusos e irregularidades que pareciera que la corrupción fuese un componente del carácter andaluz. Frente a esta imagen negativa esperamos que pronto se recupere la auténtica forma de ser de los andaluces. Los testimonios de esta otra imagen son abundantes. Por ejemplo, Luis Bello escribió: «Condición de los andaluces es el despejo, el natural talento y una manera de educación espontánea que hace pensar en razas muy antiguas, trabajadas por la obra lenta de los siglos». Es la simpatía andaluza de raíces milenarias
LAS CUATRO ESQUINAS24/03/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS 
Pena de seis años de cárcel
La primera condena contra Jaume Matas
A nada menos que seis años de cárcel ha sido condenado el ex presidente de la comunidad autónoma de las Islas Baleares, Jaume Matas, por haber pagado irregularmente 600.000 euros al prestigioso periodista mallorquín Antonio Alemany por sus servicios como speechwriter o redactor de discursos de Matas. Tampoco Alemany se ha ido de vacío: tres años y nueve meses de cárcel como beneficiario económico de favores políticos. ¿Cuántos años, entonces, deberían caerles a González y Zapatero por sus multimillonarios favores a Prisa y a Roures?
Por de pronto, ya han hecho las cuentas sobre otro de los casos, una veintena, que le quedan a Matas: el de las suculentas dádivas a Urdangarin. Si a Matas le ha caído un año de cárcel por cada 100.000 euros, al yerno del Rey le caería una condena de 23 años y un día.
Si se le aplica la tarifa periodística, la de Alemany, la condena a prisión se limitaría a unos 15 años, que tampoco es pena leve.
No obstante, lo que llama la atención es la diferencia del trato judicial dispensado a Matas y a socialistas de gran patrimonio de dudoso origen, como el ex presidente manchego Bono.
No era la primera opción
Zapatero se hace conferenciante
Nada menos que 80.000 dólares, unos 60.000 euros, cobrará José Luis Rodríguez Zapatero en su estreno como conferenciante en Caracas, Venezuela. Al parecer, Zapatero no era la primera opción de Consecomercio, la patronal venezolana, que había pensado en el ex presidente brasileño Lula da Silva. Cuando Lula declinó la oferta, le ofrecieron la charla a otro ex presidente brasileño, Henrique Cardoso. Pero tampoco éste podía ilustrar a los empresarios venezolanos, y entonces alguien -se dice que Javier de Paz- ofreció los servicios oratorios del ex presidente español. Sorprende que estos presuntos empresarios venezolanos hayan recurrido para mejorar su capacitación teórica -o, al menos, retórica- al gobernante que ostenta la peor gestión económica de toda Europa. Y aún sorprende más lo abstruso del motivo de su disertación: Nuevos modelos de desarrollo económico relacionados con la inclusión social. Naturalmente, los empresarios menos bolivarianos de Venezuela se muestran escandalizados y han preguntado a Consecomercio si la inclusión se refiere a los 5,3 millones de parados que ha dejado ZP.
Merah sembró el terror
36 horas en la vida de nuestro país vecino
Mohamed Merah era un ciudadano francés de 23 años y religión musulmana que, como otros hijos de inmigrantes en los barrios periféricos de las grandes ciudades, cultivó un odio salvaje a todo lo francés, enjaezado con citas del Corán. En sólo siete días, asesinó a tres militares y a un rabino-profesor, sus dos hijos y otro niño a las puertas de una escuela judía de Toulouse, crímenes que grabó y amenazó con subir a internet.
Merah, identificado como terrorista islámico en España, EEUU y Francia, había sido encarcelado por poner bombas en Kandahar pero huyó con otros 500 talibanes en Afganistán. Tras detener a su hermano, se localizó y cercó a Merah, atrincherado en un piso con un verdadero arsenal. Toulouse no es Leganés y la policía francesa no se apresuró. Día y medio duró el cerco armado y psicológico del terrorista.
Pero tras fingirse muerto, Merah esperaba a los policías para matar a cuantos pudiera. Una treintena de tiros y tres policías heridos precedieron al disparo certero de un francotirador que lo abatió cuando huía.
Increíblemente, en la campaña electoral francesa nadie ha llamado asesino a Sarkozy.
Elecciones en Andalucía
¿La caída del imperio PSOE?
Mañana puede ser un gran día para los andaluces. Según las encuestas, el PP de Arenas podría conseguir la victoria por mayoría absoluta, acabando con tres décadas de asfixiante dominio del PSOE en todos los ámbitos de la vida pública. Si la batalla del domingo es la Otumba del socialismo andaluz y Griñán repite, sin heroísmo, la noche triste de Hernán Cortés, los andaluces con 30 años cumplidos vivirán por primera vez con un Gobierno del PP. La posible caída del imperio sociata llega precedida por signos funestos. EL MUNDO ha revelado que el jefe de la Udyco (Unidad contra la Droga y el Crimen Organizado) denunció a Piedrabuena, jefe de la Policía Judicial, por ordenarle hacer «una faena de aliño» en la investigación sobre Iván Chaves, hijo del ex presidente de la Junta y ex vicepresidente del Gobierno, que parece la cabeza visible de un verdadero emporio del trinque y el tráfico de influencias. También han robado en el Instituto de Toxicología 30 kilos de heroína. Antes fueron 150 kilos de cocaína en la Jefatura Superior de Policía de Sevilla. Vamos, que no están dejando ni para vicios.
DE CUERPO PRESENTE24/03/2012 RUBÉN AMÓN Siete franceses muertos
FUE UN acierto la portada de Libération el pasado martes por la cautela informativa y porque el diario parisino reflejaba los nombres de las siete víctimas a semejanza de la esquela de una parroquia vecinal. Habían muerto siete franceses, con un nombre y una edad, pero la descripción eludía los pormenores identitarios, asumiéndose que la raza, la etnia, la religión y el oficio desempeñan una restricción discriminatoria en lugar de considerarse un «bagaje impresionante», por utilizar la expresión de Camps en la barca de Caronte.
Siete franceses habían muerto sin aparentes diferencias jerárquicas, pero los detalles relacionados con la matanza del imitador alqaedista introdujeron el discurso fragmentario de la identidad y la correspon-diente amalgama carroñera. Empezando por el vaivén informativo de los militares difuntos, cuya reputación fluctuó de la indiferencia a la consternación cuando vino a saberse que no habían sido sacrificados en cuanto musulmanes, sino como patriotas curtidos en el frente de Afganistán.
Es una lógica desquiciada desde los prejuicios. Que explica la repercusión de la matanza escolar no tanto por la politesse de salón hacia la comunidad judía como porque nos impresiona la ejecución a quemarropa de unos niños bastante parecidos a los nuestros. Acaso con la nariz más larga, el violín en la funda y un padre de coletas estrafalarias.
Que fueran judíos debería considerarse un detalle marginal, pero las condolencias inme-diatas del premier Netanyahu demostraban que la legítima y urgente preocupación hacia el antisemitismo también puede instrumenta-lizarse desde la demagogia. La prueba está en que la simpatía y la condescendencia que declaramos a la comunidad judía no responde a la sensibilidad ni a la empatía , sino al oportunismo de un cortafuegos que oponemos al temor y la aprensión de los invasores musulmanes. He llegado a escuchar en boca de un tertuliano cavernícola que Israel es nuestra Castilla en el avispero infiel, más o menos como si no hubiera sido castellana la reina que desmanteló Sefarad e introdujo el pecado original de la xenofobia en la nueva España.
No, no han muerto siete franceses. Han muerto cuatro judíos y tres militares, del mismo modo que el autor de la matanza no se describe como francés, sino como franco-argelino. Un sarcasmo de la Historia que se presenta en el 50 aniversario de la fallida guerra magrebí y que sorprende a Sarkozy en el laberinto del propio conflicto identitario: seis bisabuelas extranjeras, un padre húnga-ro, un abuelo sefardí y una mujer italiana.
>Vea el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Hoy: El tiempo que nos queda
AJUSTE DE CUENTAS24/03/2012 JOHN MÜLLER Transparencia y compañía
España es el único país europeo importante que no tiene una ley de transparencia. El Gobierno, decidido a remediarlo, presentó ayer un anteproyecto cuyo texto será sometido a discusión desde el lunes. La ley, sin embargo, nace marcada por la crisis económica y eso supone un lastre en varios aspectos.
Primero, porque al objeto propio de la norma, que es la transparencia, se le han añadido dos apellidos oportunistas: el acceso a la información y el buen gobierno. Se reúnen así en un mismo cuerpo legal tres conceptos que corresponden a momentos históricos diferentes. El acceso igualitario a la información se consolidó en la década de 1960, pese a que se venía hablando de él desde el fin de la II Guerra Mundial. La Freedom of Information Act fue promulgada por el presidente Johnson en EEUU en 1966. La transparencia, en cambio, es más moderna. Las normas se empezaron a elaborar de manera generalizada a partir de la década de 1980. El buen gobierno, en cambio, es el más antiguo de los tres y las reglas del mismo han existido en las sociedades con rasgos democráticos desde la antigua Grecia.
Curiosamente, la vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, se ha detenido mucho en este capítulo final para destacar la relevancia penal que van a adquirir determinadas conductas de las autoridades que han contribuido al agravamiento de la crisis.
Esto, sin embargo, es muy discutible. No porque no sea necesario castigarlas, sino porque ya están sometidas a sanción. En un artículo reciente en la revista La Ley, Pilar Jiménez Rius, letrada del Tribunal de Cuentas, planteaba que «en nuestro ordenamiento hay (...) suficientes instrumentos jurídicos para castigar la gestión deficiente de los fondos públicos». De hecho, existen sanciones de carácter disciplinario, disposiciones de la Ley Presupuestaria, normas del Tribunal de Cuentas y hasta del Código Penal que permitirían perseguir conductas como el ocultamiento de facturas y otros. El problema es que quien debe aplicarlas no lo hace y se queda tan ancho.
La misma Jiménez Rius lo afirma: «En mi opinión, el principal obstáculo que encontramos para reprimir y castigar estas conductas en el sector público (...) no es la falta de normativa o de tipificación penal, sino que en la práctica no se persiguen (...). Ello ha provocado una sensación de inmunidad e impunidad en los gestores y autoridades que manejan fondos públicos».
El segundo aspecto que menoscaba esta ley es que no crea un organismo público independiente -una authority, dirían los ingleses- que promueva la transparencia y dirima las disputas, sino que se limita a reformar la Oficina de Conflictos de Intereses ampliando sus atribuciones. Serán cruciales las garantías que se establezcan para que ésta pueda actuar con auténtica independencia del Estado.
Es preferible una norma sobre transparencia radical, profunda y moderna, homologable a las que exigen los inversores extranjeros en todos los países del mundo, en vez de incrustarle a ésta un capítulo de buen gobierno cuya justificación, existiendo un arsenal legal inaplicado, no entiendo muy bien.
john.muller@elmundo.es
EL CORREO CATALÁN24/03/2012 ARCADI ESPADAPederastas y terroristas web
Querido J:
Uno de los mantras más vacuos de la llamada cultura digital es el que hace referencia a la libertad en internet. No he encontrado un antídoto más razonable que el artículo de un profesor de la Escuela de Derecho de Brooklyn Derek Bambauer, cuya traducción cuelga de un página oficial del Departamento de Estado norteamericano. Te anoto sus conclusiones: «Es posible que, en definitiva, sea mejor dejar de usar la palabra libertad al hablar de internet, dado que la amplitud de su alcance la convierte en un término inútil. En lugar de ello, los países, culturas y usuarios deberán tomar más en cuenta aquello que deberán sacrificar para alcanzar otros logros en la comunicación por la red. La red hace posible que se divulguen escritos panfletarios, pero también la pornografía. La comunicación anónima puede servir para denunciar la corrupción política, pero también puede vulnerar la propiedad intelectual sin que se pueda detectar su procedencia. La agregación de datos puede personalizar la experiencia informática, pero también diseña un perfil de las actividades y las comunicaciones de una persona. Es por ello que el reconocimiento franco de los compromisos que asumimos y el respeto de los valores subyacentes que impulsan las diferentes acepciones de la libertad en internet nos serán más útiles que el uso de la palabra libertad para crear, en este contexto, un falso sentido de consenso». Me parecen palabras radicalmente iluminadoras. Habría que añadir a los ejemplos de esa inexorable dualidad una circunstancia vinculada con el asesino de Toulouse. Es probable que Mohamed Merah usara internet para sus actividades criminales, pero la más sólida pista policial, y la que procuró al cabo su identificación y localización, fue la dirección IP de su ordenador. Internet tiene la misma doble cara que la vida.
La reacción política del presidente Sarkozy después de los sucesos de Toulouse afecta de lleno al uso de la palabra libertad y a los compromisos que asumimos respecto a nuestros valores. El presidente ha anunciado que una nueva ley francesa castigará penalmente las visitas reiteradas a páginas web que hagan apología del terrorismo. Como era de esperar, se le han echado encima de inmediato. Con dos argumentos iniciales: el realismo y el relativismo. El del realismo es un viejo aliado de los parásitos digitales. No les parece realista promulgar leyes cuya aplicación sea dificultosa. Lo que, trasladado al terreno, precisamente, de lo real, viene a significar que, como el crimen no puede extirparse, mejor que la policía se disuelva. El segundo argumento pone el énfasis en la ambigüedad del concepto terrorismo, y en la discrepancia a la hora de señalar el carácter terrorista de algunas organizaciones. Y no deja de ser cierto, en efecto, que los gánsteres se consideran a sí mismos personas cargadas, incluso demasiado cargadas, de humanidad. Pero supongo que, por la misma razón, los Estados también deben tener el derecho de trazar límites morales y establecer los mecanismos para su protección.
La iniciativa de Sarkozy supone un cambio importante respecto de la legislación vigente contra la apología del terrorismo. Hasta ayer, el delito era el del apólogo escritor: a partir de ahora, será también el del lector aficionado y reincidente. No tengo claro lo que tú piensas, pero ya te adelanto que a mí me parecen un grave error los planes del presidente. La razón es que la actividad punitiva se aplicará, de modo inevitable, tras un mero juicio de intenciones. Los motivos por los que alguien puede visitar una página que incite al odio y al crimen son múltiples: y el Estado de Derecho legisla sobre los actos y no sobre las intenciones. Cierto que leer es un acto; pero un poco más interpretable que asesinar a una niña judía en el patio de su escuela.
Sin embargo, lo más interesante del asunto es que el presidente Sarkozy se ha limitado a aplicar al terrorismo el criterio que ya se aplica a las páginas pedófilas. En el año 2007 se modificó en términos inequívocos el artículo correspondiente (227-23) del Código Penal francés. Dice este párrafo: «El hecho de consultar habitualmente un servicio de comunicación on line que ponga a disposición pública tales imágenes o representaciones [pornografía infantil], o el hecho de poseerlas por cualquier medio, está penado con dos años de cárcel y 30.000 euros de multa». O sea, que acceder a páginas pedófilas es un delito en Francia, sean cuales sean las intenciones del visitante. Y es sorprendente que las almas bellas no hayan aplicado a la pedofilia el mismo beneficio de duda que ahora pretenden que se aplique al terrorismo. El terrorismo ha causado un número de muertos y un daño social mucho más importante que las minoritarias prácticas pederastas. La relación entre el terrorismo y la acción, por una parte, y la pornografía pedófila y la acción pederasta, por otra, es también incomparable. La visita a una web pornográfica (un lugar, no cabe olvidarlo nunca, donde se exhiben víctimas) puede ser, con su añadido masturbatorio, toda la acción. Por el contrario, la web terrorista pierde gran parte de su sentido si no conduce al estrago y a la muerte. Y aunque el terrorista, y ya no digamos terroristas como Merah, pueda ser calificado como un enfermo, no creo que nadie discuta que semejante condición es más sencilla de aplicar al pedófilo. Piensa en el portentoso beneficio social que se obtendría si al terrorista en ciernes o confeso se le pudieran aplicar los inhibidores de la actividad que se aplican, y con creciente éxito técnico, a la libido de un pederasta.
La comparación entre los crímenes del pederasta y los del terrorista y las reflexiones sobre la exhibición de su respectivo material docente son pertinentes por completo. Pederastas y terroristas están en la cúspide del rechazo y el temor de nuestra época. Son el Mal. Pero la comparación ilumina, sobre todo, la sorprendente benevolencia social y el indiscutible prestigio que sigue inspirando el crimen político. El realismo, el relativismo (sobre todo histórico) y la recta imposibilidad del juicio de intenciones podrían haberse aplicado críticamente a la ya antigua decisión francesa contra los sitios pedófilos. Pero nadie habló. Es meditable que, en nuestra época, cualquier ciudadano tema más el verse acusado de complicidad con los pedófilos que con los terroristas. Aunque la evidencia no deja de celebrar, ciertamente, la victoria tradicional de la noble política sobre el sucio sexo.
Sigue con salud
A.
A DIESTRA Y SINIESTRA24/03/2012 DAVID TORRESAsesinos de niños
ANTES hablábamos sólo de libros, luego ampliamos la conversación al cine, ahora vienen las series de televisión. Desde la aparición espectacular de Los Soprano, la ficción televisiva ha ido alcanzando la mayoría de edad hasta producir maravillas deslumbrantes como The Shield, Hermanos de sangre o A dos metros bajo tierra. Una gran teleserie de seis o siete temporadas equivale a unas 100 horas de narración, una magnitud que permite a los guionistas desarrollar tramas y personajes a niveles de complejidad inalcanzables para un largometraje. La diferencia es más o menos similar a la que existe entre el cuento y la novela. Antes las teleseries parecían todas Cuéntame; ahora cuesta horrores dar con alguna película que contenga la emoción y la belleza de un solo capítulo de Breaking Bad.
La penúltima joya televisiva se llama Homeland, una angustiosa y milimétrica pesadilla en que una analista de la CIA aquejada de trastorno bipolar debe gestionar su paranoia ante la sospecha de que un sargento de los marines, prisionero durante ocho años en la frontera iraquí, se ha pasado a Al Qaeda y planea un atentado en suelo estadounidense. Los personajes están tan vivos y sus acciones tan matizadas que en buena medida la serie puede verse como uno de los análisis más serios y radicales sobre el fenómeno del terrorismo islámico y sobre la política exterior norteamericana en el Cercano Oriente. Desde los títulos de crédito (en que a ritmo de jazz se superponen fragmentos de discursos de diversos presidentes junto a imágenes de atentados y bombardeos barajados con fotografías de infancia y juventud de la protagonista), al espectador no le queda más remedio que admitir que él también ha pasado las últimas décadas de su vida en medio de este fregado monumental en que unos fanáticos barbudos destruyen rascacielos llenos de inocentes mientras otros fanáticos rapados arrasan poblaciones inermes.
He pensado a menudo en el sargento Brody mientras resonaba en mi cabeza el contrapunto entre Mohamed Merah y Robert Bales, dos asesinos de niños, uno en Toulouse y otro en Kandahar, cada uno con su coartada, su bandera y su locura. Brody se convierte en musulmán porque, en el pozo de su desesperación, no encuentra más esperanza a mano que el islam, pero su cambio de bando no tiene que ver con la religión sino con una atroz masacre de niños a la que asiste entre aterrado e incrédulo. Hay que ver Homeland para ir haciéndose una idea de que en la guerra contra el terror, la verdad y la mentira, el bien y el mal, la luz y la oscuridad combaten en nuestro propio, tenebroso corazón.
24/03/2012 DAVID GISTAU Salvad el vodka
El gin-tonic es una repetición del gótico flamígero: la degeneración retórica de un estilo que ya no tiene nada más que decir. Debimos sospecharlo cuando un trago seco, casi un personaje líquido de Somerset Maugham o Kipling, se convirtió en un ornamento hortofrutícola para Carmen Miranda. Cualquier diletante del demi-monde ya se da pisto recitando más marcas de ginebra que futbolistas de una alineación titular.
El azúcar y los adornos nunca han atraído a los lobos de bar, que encontraron en el vodka un santuario de sencillez y de predominio del verbo sobre el adjetivo. Respiración vodka a vodka. El querido Stolichnaya, al que uno puede llamar Stoli porque le tiene confianza, igual que Pacino llamaba Jackie al Jack Daniel's.
El viejo vodka que inflama nuestra tundra interior, que no se hiela en el congelador, que no deja rastros de olor, y al que la tónica recibe como a un Belmondo de la Nouvelle Vague. Dicen que los pollos de barra vienen ahora a volvernos flamígero el vodka. ¡Jamás! Los santos bebedores impediremos su feminización, ya que no supimos evitar la domesticación del gin-tonic.
LA BALSA DE lA MEDUSA24/03/2012 MANUEL HIDALGOContra el cine
Contra el cine español, naturalmente. En mi blog de elcultural.es, comentaba a propósito de La defensa de Madrid, el buen material que hay en otro libro de Manuel Chaves Nogales (A sangre y fuego) para hacer una excelente película sobre la Guerra Civil. Un ponderado -¡gracias a Dios!- comunicante dejó escrito su comentario. Había leído el libro, decía, y coincidía conmigo, pero -¡vaya por Dios!- me apostillaba: una excelente película, sí, siempre que la hagan los americanos, y no los españoles. Tranquilo, no hay cuidado, a este paso todas las películas las van a hacer los americanos.
Cada vez que se publica en un digital una entrevista con un director español, allá van los desocupados a toda hora, a dejar anónimamente una vaharada de desprecio e insultos. Que si el cine español está subvencionado, como si no lo estuvieran -y bastante más- la casi práctica totalidad de industrias, actividades y entidades en las que se desempeñan -o se tocan el muelle, cuando paran para escribir sus insultitos con faltas- esos opinantes. Que el cine está obsesionado con la Guerra Civil, contra la evidencia de que no llegan ni al 2% del total las películas sobre nuestra tragedia inmanente que se han hecho en los últimos 10 años. El bien alimentado odio al presunto rojerío -tomar la parte por el todo- desde aquello del No a la guerra. Que…
El problema es otro. Y de una parte del problema -al no dar solución- tiene culpa la gente del cine español por no haber sabido poner en valor -libros divulgativos, educación básica, periodismo cultural- 100 años de películas españolas.
Pero el verdadero drama es la secular falta de empatía y de aprecio de los españoles hacia la cultura en general y hacia la cultura española en concreto, un mal profundo que se disimula con una mirada afable, siempre retrospectiva -nunca en presente-, elogiando a los grandes pintores, músicos o escritores, sí, a ser posible del Barroco, o más atrás. Los arquitectos de las catedrales, esos sí que eran artistas. ¡Y vaya que sí lo eran! El artista bueno es el artista muerto. O en trance de morir pobre, tuberculoso y jodido, según la imaginería romántica.
Fuera de las minorías ilustradas que atraviesan nuestra Historia con el alma en vilo, los españoles tienen rencor hacia los artistas. Creen que son personas distintas, que van a su aire, que viven vidas privilegiadas respecto al común, que escapan al comportamiento impuesto a casi todos, que no paran de divertirse licenciosamente y que, sobre todo, no trabajan. ¡Encima hay que estudiarlos en el colegio, y sus obras no son gratis!
Eso de que escribir, pintar, componer, bailar o hacer cine sea trabajar es algo que al personal no le cabe en la cabeza. Trabajar es la oficina, la fábrica, la tienda, el andamio. Lo que hacen los artistas es pasar el rato, no hincarla, ser como niños y vivir a su bola. Y eso -que es mentira- no se perdona, como es normal, en el país de la siesta, los puentes, los bodorrios, las cuchipandas, la baja médica y el paro -a veces- fraudulentos. El atraso puede cifrarse en 200 años, por arrimarnos a la malograda Pepa, otra muerta maravillosa -por muerta- hasta para el sucesor de Fraga.
PASADO MAÑANA24/03/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGAFrases tontas
Tengo suficiente experiencia en los medios de comunicación como para saber que las bobadas que escucho un día en la radio siempre quedarán superadas al día siguiente. Tomen nota. El que fuera presidente de Andalucía Manuel Chaves, en la borrachera populista de un mitin, se queda tan ancho al decir que «la calidad de la democracia peligra si el PP gana las elecciones del día 25». Probablemente quiso decir que la democracia peligra con la corrupción continuada de los ERE falsos, donde se robaba a los parados para dar ese dinero a amigos, militantes y simpatizantes, según el auto de la juez Alaya. En este episodio vergonzoso, frase redonda la del director general de Trabajo del actual Gobierno andaluz y nombrado por Griñán, Daniel Rivera, que dice a su asesora: «No cometas gilipolleces o te despido, piénsate lo que haces». La amenaza para que no cuente a la Guardia Civil la reunión secreta en la consejería para limpiar hasta las tazas y modificar y destruir expedientes.
Volviendo a la senda del mitin, la número dos del PSOE, Elena Valenciano, se pasó de frenada al decir que «si gana la derecha corren peligro la libertad de la mujer, su desarrollo y su felicidad». ¿Feminismo? No, una rotunda bobada. Supongo que las mujeres andaluzas tendrán un buen mosqueo. Al menos las de derechas. En este capítulo de sectarismo irracional entra como un toro el líder de IU, Cayo Lara: «La derecha lleva a votar gente aunque esté tetrapléjica». Sin comentarios.
Pero no crean que sólo a los políticos que van a perder elecciones se les va la olla. Perlas sindicales. Líder de CCOO en León, Ignacio Rodríguez: «Soy el piquete, formo parte del comité de huelga y estoy identificado. Si me hacen una foto se van a comer la cámara. Yo me hago responsable». ¿Sindicalismo? No, matonismo barriobajero. No vale todo y menos amenazar. Por eso me quedo con esta otra frase del líder de UGT, Cándido Méndez, que han repetido otros líderes sindicales: «Para la huelga general, tengan en cuenta que hay que proteger el derecho a la huelga. El derecho al trabajo no debe ser prioritario».
Sorprendente. Ahora los sindicatos han descubierto que los derechos son cuestión de prioridades en función de sus planteamientos. Pues no. Y miren si soy generoso. No es más prioritario ni menos que cualquier otro derecho, incluido el de ir a trabajar.
24/03/2012 PEDRO G. CUARTANGO Hacedores de césares
JAVIER ARENAS / MARCO EMILIO LÉPIDO
Javier Arenas lo ha sido todo en el PP. Fue una pieza clave de Aznar en sus ocho años de gobierno. Y luego desempeñó un papel esencial para que Mariano Rajoy pudiera consolidarse como líder del partido. Los sajones dirían que el político andaluz es un kingmaker o hacedor de reyes.
Acaso su destino estaba prefigurado en aquella famosa fotografía en la que un limpiabotas le pulía los zapatos en un hotel. Han pasado más de 20 años y Arenas aspira mañana a convertirse en presidente de Andalucía, un retiro dorado para quien pudo haber sido el número uno.
Hace años, le comparé en estas páginas con Marco Antonio, el poder en la sombra, pero el paso del tiempo asemeja más su figura a la de Marco Emilio Lépido hijo, cónsul de Roma y fiel aliado de Julio César.
Tal vez el emperador no hubiera llegado tan alto sin el apoyo de Lépido, al igual que Rajoy logró sobrevivir a la derrota electoral de 2008 gracias al respaldo de Arenas.
Lépido, hijo del famoso conspirador contra la República del mismo nombre, fue designado gobernador de Roma por Julio César mientras él combatía contra Pompeyo en Oriente. A su vuelta, Lépido organizó un suntuoso recibimiento y proclamó al general victorioso dictador de Roma. Fue el punto final de una República tocada de muerte desde la dictadura de Lucio Cornelio Sila.
Julio César quedó muy agradecido por los servicios de Lépido, al que confirió los máximos honores -entre ellos, Pontifex Maximus-, pero muy poco poder.
Durante los últimos años, hemos visto cómo Arenas allanaba todos los obstáculos en el partido para que Rajoy pudiera desalojar de sus feudos al PSOE y derrotar a Zapatero. Ahora le toca a él dar el último paso: derrotar al PSOE en Andalucía.
Si lo logra, seguirá los mismos pasos que Lépido, que, tras el asesinato de César, fue enviado a gobernar Hispania y el norte de África. Allí hubiera acabado tranquilamente sus días si no fuera porque cayó en la tentación de aliarse con Marco Antonio en la batalla por el poder contra Octavio.
Lépido, que formó parte del ignominioso segundo triunvirato que ordenó el asesinato de cientos de senadores y nobles romanos, murió en su cama en el destierro por orden de Octavio, que nunca se fió de él.
No creo que Arenas se meta en más líos. Le veo como a Fraga, terminando su vida política como virrey de Andalucía. ¿Acaso cabe mejor final para este ilustre miembro de la aristocracia política sevillana?
Nadie como Lépido conocía los entresijos del poder en la etapa cesariana, al igual que Arenas sabe muchas cosas que jamás contará. Escondido tras mil caras, es un personaje en busca de una biografía imposible. Mezcla de Maquiavelo y señorito andaluz, Arenas siempre ha sabido olfatear el bando de los vencedores. Mañana veremos si los dioses le limpian los zapatos.
Etiquetas: Firmas