LAS CUATRO ESQUINAS03/03/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
Violencia en las manifestaciones Rubalcaba, una 'oveja antisistema'
Las imágenes de salvajismo en Valencia han sido superadas con creces en los violentos disturbios de Barcelona, otra vez con más heridos de la Policía que de los manifestantes. Para un país en entredicho económico como España, es letal la imagen de «helenización» que la Izquierda ha confesado buscar y que, incluso de no hacerlo, habrían acreditado las calles con los contenedores ardiendo, el asalto al rectorado, al Banco Popular y, sobre todo, al congreso mundial de operadores de móvil.
Pero sin duda lo peor es que el PSOE se proclame socio de los violentos manifestantes contra las reformas económicas que la calamitosa gestión del Gobierno anterior hace necesarias.
PérezRubalcaba se ha investido caudillo callejero y dice que el PP estuvo ocho años manifestándose con la Conferencia Episcopal -algo totalmente falso-, y que ahora el PSOE se manifestará con los sindicatos, haciendo así real lo de «cada oveja con su pareja».
Pero las manifestaciones contra el Gobierno de Zapatero y Rubalcaba -sobre todo por su negociación con la banda terrorista ETA-, fueron totalmente pacíficas. No así las de los vándalos socios de Rubalcaba, primera oveja antisistema.
Hubo obstrucción a la Justicia
El hallazgo milagroso de un vagón
Este martes, Libertad Digital descubría algo oficialmente inexistente: un vagón de tren en el que estalló una de las bombas del 11-M. La parte afectada por la explosión fue seccionada y sustituida por otra para rehacer el vagón. Pero alguien puso esos restos, donde se halló pelo de las víctimas, bajo unas chapas, como improvisado cobertizo. Y así ha estado ocho años, hasta que la quiebra de la empresa Tafesa y el inventario para el concurso de acreedores han llevado a identificar los restos. Tanto tiempo a la intemperie y sin vigilar habrán borrado restos químicos (no físicos) y roto la cadena de custodia (aunque no más que la mochila de Vallecas, origen de la «pista islámica», que nunca estuvo en los trenes). Pero prueban que el juez instructor -que ocultó su existencia en el sumario-, la Policía y la Renfe obstruyeron la acción de la Justicia. En especial, la pericia científica para saber qué estalló en los trenes, porque se negó a los peritos la existencia de esta prueba de la explosión que compensaba los exiguos restos no destruidos. Ocho años después, los muertos del 11-M siguen pidiendo justicia.
Las víctimas, indignadas
Gran parada sindical para el 11-M
El plutócrata José RicardoMartínez, secretario de la UGT de Madrid, que sólo por el sueldo del consejo de Bankia cobra 180.000 euros (y no es el sindicalista que más cobra), presentó la jornada del 11-M contra las reformas económicas como «un gran homenaje» a las víctimas de la masacre.
Pero las asociaciones que agrupan a la mayoría de las víctimas del 11-M, la de Ángeles Domínguez y la AVT, han reaccionado muy indignadas, diciendo que en ocho años jamás les han ayudado los sindicatos, sino todo lo contrario, y que se ahorren homenajes y no ofendan a sus muertos.
Y el homólogo de Martínez en CCOO ha confesado la verdad: lo hacen el 11-M porque el domingo siguiente, día 18 de marzo, está dentro del puente de San José y, claro, ¿cómo van a perderse el solecito del puente por una manifestación?
¿Y el domingo siguiente? Es 25, elecciones andaluzas y asturianas, y da una imagen muy fea una izquierda que se echa a la calle contra las urnas.
¿Y después? Es 1 de mayo y ya no ayudarían al PSOE e IU en Andalucía y Asturias. Se les perdonaría a cambio de desfilar tras una pancarta pidiendo «Justicia para el 11-M». No caerá esa breva, aunque tienen ocasión.
Manzano no es 'cosa juzgada'
Torres-Dulce, entre la Ley y la trampa
Tres días después del hallazgo de Luis del Pino y Sáenz de Roda, el Fiscal General del Estado ordenó que se abrieran diligencias para custodiar los restos y entregarlos al juez que pudiera investigar ese asunto. Pero pocos días antes, Torres-Dulce declaró a EL MUNDO que el archivo de la denuncia de las víctimas del 11-M contra SánchezManzano como «cosa juzgada» era insostenible; que, de juzgada, nada. Pero añadió, para consternación de las víctimas, que no recurriría tamaña injusticia.
La AVT había anunciado recurso ante el Supremo y el hallazgo de los restos del vagón, prueba ocultada por el juez instructor, la Policía y la Renfe, que demuestra la falsificación sistemática de pruebas, uno de cuyos exponentes sería Manzano.
El foco de explosión encontrado y las declaraciones ante la juez Cillán son novedades para abrir pieza aparte, según la Ley. Pero ojo a la trampa: el fiscal encargado sería Escribano, un izquierdista partícipe en la operación contra la juez Cillán que difícilmente trabajará para esclarecer lo que proclama esclarecido. ¿No hay otro menos significado?EL CORREO CATALÁN03/03/2012 ARCADI ESPADACiencia de la nostalgia
Querido J:
Hace un par de semanas volví a pasar por la experiencia, a través de dos hechos distintos, pero que evocaban el mismo tiempo perdido. El primero fue el proyecto del cineasta Iñaki Arteta de rodar una película sobre la peor época de la democracia española frente al terrorismo de ETA, aquel 1980, donde mataban a un hombre cada 70 horas. El segundo, la ritual evocación (aunque más moderada este año, de número puntiagudo: se ha cumplido el 31 aniversario) del intento de golpe de Estado del 23 de febrero. A medida que esos años van alejándose de mis años se hace cada vez más patente el estallido de una bomba de neutrones sentimental que se lleva la mugre, la fealdad y los malos recuerdos de entonces para dejar un paisaje dorado, armónico y de un considerable poder de seducción. Verás hasta qué punto llegan la bomba y sus efectos, si te confieso que me descubrí embobado sobre la fotografía que reproducía este periódico donde te echo las cartas, y que mostraba a su director en el momento que la autoridad, militar, por supuesto, lo expulsaba del juicio de Campamento: guapo y frágil, pensé, o sea que te insisto sobre la potencia de la explosión.
Obviamente, la experiencia en sí nada tiene de singular; forma parte de la conciencia más elemental de los hombres y ha ido dejando marcas en la lengua: los buenos viejos tiempos y la certeza refranera de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Un asunto interesante y algo más específico es el avance gradual de los neutrones sentimentales sobre el territorio del pasado. Hace años, el poeta Pere Gimferrer, en una agradable conversación sobre la literatura y la vida, daba ya casi por personalmente amortizada la luz complaciente de su memoria sobre el territorio de los años 70, mientras me subrayaba que los 70 pata de elefante empezaban a situarse bajo su foco meloso. Aunque no lo explicitó, era evidente que eso significaba que aquellos años empezaban a estar dispuestos para que la literatura, tal vez liberada de la crónica, empezara a extender su dominio. La literatura, y en especial la ficción, parece ser la beneficiada principal de este indeleble rasgo humano, que ha utilizado de todas las maneras posibles. Incluidas las puramente ridículas, como esa Midnight in Paris, cuyo guión acaba de recibir un Oscar. Una discusión pendiente es si esa característica de la mirada retrospectiva, al margen de las emociones que procura, ha aportado conocimiento sobre los hechos del pasado y sobre el propio sujeto que los evoca. Pero ahora no me interesaba la discusión literata, sino la propia materialización del fenómeno. Amígdalas, lóbulos prefrontales, cortezas cinguladas, ¡la nueva poesía de la experiencia!
Una de las características de la búsqueda intelectual en nuestro tiempo es que las expectativas siempre se ven colmadas. A los pocos pasos de empezar la búsqueda ya me había topado en la Red con una ciencia de la nostalgia, en la que trabajaban médicos, psicólogos, neurocientíficos. Descubrí que un Petr Janata estaba especializado en una investigación sobre la música y los recuerdos: al parecer hay una región cerebral que entrelaza específicamente la banda sonora con los hechos de nuestra vida. Como mediante ese entrelazamiento la música permite ver caras, y como además esa región es una de las últimas que resultan afectadas por la pisada del monstruo del Alzheimer, el doctor Janata sugiere que a las terapias convencionales contra la enfermedad se añadan reproductores mp3. Leí también que la doctora Laura Carstensen, de Stanford, se había especializado en el llamado positivity bias, que explica por qué los ancianos eligen, en sus recuerdos pero también en sus experiencias presentes, los hechos amables. Esto me interesaba específicamente. No pude localizar a la doctora Carstensen, pero sí a un colega de Duke, el doctor Roberto Cabeza, que conoce bien sus estudios y ha añadido algunos propios en un sentido parecido. Le pregunté a Cabeza si podía verse la explosión cerebral de los neutrones sentimentales:
- Lo que hemos encontrado, a medida que las personas envejecen, es un incremento de las conexiones funcionales entre la amígdala, asociada a las emociones, y el lóbulo frontal, que se asocia al control de los fenómenos cognitivos. Esto concuerda con las ideas de la doctora Carstensen de que los ancianos usan procesos de control para evitar las emociones negativas.
Es decir, que el lóbulo frontal filtra las emociones negativas de la amígdala, dejando el recuerdo bañado de la luz característica de las películas del cineasta Garci. Un fenómeno de protección, de pura estrategia de supervivencia, como era de esperar. Lo sorprendente, según el doctor Cabeza, es que no es asunto sólo de viejo:
-Estudios con personas más jóvenes, afectadas real o imaginariamente por enfermedades fatales, sugieren unas interacciones similares entre la amígdala y el lóbulo frontal.
Es interesante pensar que sobre esa aduana emocional se haya escrito buena parte de la Historia de la Literatura. Más inquietante es que no se trate sólo de la literatura. El pasado áureo, convertido en emoción colectiva, está enquistado en las ideologías más dañinas, singularmente en el nazismo, y ni que decir tiene que cualquier forma de nacionalismo se funda en ese territorio mítico. Y también tiene una derivación más inesperada, como la que atañe a la llamada memoria histórica.
El periodista David Rieff, muy conocido por haber escrito una crónica sobre la muerte de su madre Susan Sontag, es el autor de Against Remembrance, un librito que no ha sido traducido al castellano y del que sólo tengo noticias indirectas a través de dos comentarios, uno de Fernando Savater, en El País, y otro de Sebastiaan Faber en FronteraD. Pero bastan esas noticias para lo que ahora me interesa. Este párrafo concreto de Savater, que explica uno de los rasgos de la crítica a la memoria histórica que hace Rieff: «La historia no es un menú del que se pueden incluir los platos sabrosos y excluir los indigestos, pero la memoria colectiva selecciona, sacraliza y mitifica de acuerdo con el narcisismo del grupo y sus ambiciones del momento». Es tentador observar en ese movimiento del grupo el mismo mecanismo que actúa en la memoria individual. Y concluir que, como en el caso del hombre individual, las naciones, los partidos políticos y cualquier otro músculo colectivo acuden a él también para sobrevivir.
Sigue con salud
A.
LA POLÉMICA NACIONAL03/03/2012 VÍCTOR DE LA SERNA Manifestaciones y violencia pero nada de política
>INCIDENTES EN VALENCIA Y BARCELONA, 11-M Y POSIBLE HUELGA GENERAL
Mientras el Gobierno se mantiene distante, los periódicos conservadores no dudan en atribuir al PSOE un papel decisivo como muñidor de una estrategia de deterioro de la paz social que se vislumbra tras las manifestaciones por los 'recortes' educativos, la sindical del 11-M y la intuida huelga general. En la izquierda se desmiente, más o menos.
En la prensa conservadora, escepticismo ante las múltiples proclamas sobre los motivos de las manifestaciones: educación, derechos laborales, nada de acoso político. Lean tres firmas de ABC. Ignacio Camacho daba el tono: «La izquierda ha decidido reagruparse a la intemperie. Nada que objetar; la calle es un ámbito de expresión democrática mientras se respeten ciertas reglas de convivencia. Sólo que la reforma laboral y los recortes constituyen más un pretexto que un motivo; (...) esta movilización en ciernes obedece en primer lugar a una estrategia política». Hermann Tertsch reprochaba al PP su abulia ante ello: «La izquierda sabe lo que es la comunicación y la emoción y su manipulación en el mensaje. Y la derecha se cree tan estupenda que no necesita la comunicación». Y Manuel Martín Ferrand se dirigía a Rubalcaba: «¿No es capaz de entender que el PSOE será el primer beneficiario de una nueva situación más corta en desempleo, déficit y deuda, las tres des del drama nacional? Sin recuperación económica será muy difícil que el socialismo recupere su turno en la alternancia».
Enfrente, un editorial de El País, pese a expresar preocupación por la violencia, cubría de reproches al PP por sugerir la connivencia del PSOE y reproducía sin empacho ni la menor matización la curiosa reacción de Rubalcaba: «Ha recordado el apoyo que el PP brindó a las movilizaciones del episcopado, defendiendo el de su partido a las sindicales ('cada oveja con su pareja'). Lo cual no debería ser incompatible con una recomendación de prudencia a los dirigentes a la hora de sumarse a demostraciones callejeras». (¡Qué violentas, las de los obispos!).
La Gaceta ha ido más lejos que nadie a la hora de atribuir al PSOE la autoría de la nueva estrategia callejera: «Se encuentra más cómodo ejerciendo de oposición desleal que gobernando. Lo suyo, más que crear riqueza, es crear broncas callejeras que desgasten al Gobierno de turno. (...) Esta estrategia poco ética les funcionó: Prestige, No a la guerra, 11-M... y ahora creen que tomando de nuevo la calle podrán mejorar su imagen». No muy atrás se quedaba La Razón: «Nada hay que objetar a que la oposición salga a la calle. (...) Otra cosa es la naturaleza y el objeto real de las protestas. (...) Todas ellas, pese a su heterogeneidad, responden a una estrategia de la izquierda para lograr dos fines: volver a ocupar las calles tras siete años de vacaciones mientras el paro se disparaba y crear un clima de conflictividad social que neutralice la mayoría absoluta del PP en el Congreso».
Dolido, el editorialista de La Vanguardia exclamaba: «España, digámoslo cuanto antes, no es Grecia. Ni Barcelona es Atenas». Pero Xavier Campreciós, previsible analista de El Periódico, prefería matar a los mensajeros: «La demagogia partidista y la falta de ética periodística de La Gaceta, La Razón y ABC se ganaron ayer con creces ser lo más debatido y vilipendiado de la mañana en las redes sociales. No les salió gratis presentar la Barcelona y la España del miércoles como si fueran el Beirut de la guerra civil del Líbano y a los estudiantes como unos títeres». Twitter, testigo imparcial de lo que aquí acaece.
A DIESTRA Y SINIESTRA03/03/2012 DAVID TORRESEsquiroles por amor
TIENE que haber gente pa tó, decía el torero, incluso jubilados nostálgicos de la vida laboral que se aburren en casa y piden más curro igual que San Lorenzo, mientras lo asaban a la parrilla, pidió que le dieran vuelta y vuelta. Se ve que toda una vida de explotación les supo a poco y echan de menos los madrugones, el látigo, la tartera. También hay presos que, después de dos o tres décadas de condena, se asustan de la vida en libertad y lo primero que hacen para regresar cuanto antes a la rutina del trullo es romper un escaparate de una pedrada.
La gran mayoría de estos héroes sexagenarios trabajaba en bibliotecas, en escuelas, en sitios así. Ninguno, que se sepa, ha querido volver al azadón, al volante de un camión, a la noble mecanografía del pico y la pala. Algunos de entre los cinco millones de parados creen que muchos de estos esquiroles por amor podían haber calmado sus ansias dándose con una piedra en los tobillos o acarreando agua en cubos del Ebro al Duero. Ellos argumentan que están ahí para ayudar, que no hacen daño a nadie. Qué tiempos tan revueltos éstos, en que los muertos de hambre reclaman trabajo en lugar de justicia y son los esquiroles quienes forman sindicatos.
Si se trata de no perjudicar el ecosistema laboral, lo mejor que se podría hacer con estos vejetes hiperactivos es enviarlos al Senado, al Congreso, a las alcaldías, diputaciones provinciales y gobiernos autonómicos, lugares todos donde el trabajo brilla por su ausencia y no hay peligro de que se lo quiten a nadie. Allí, además, entre escaños vacíos y despachos dedicados a la meditación trascendental, aprenderían los placeres del dolce far niente, los deleites de la pereza, el difícil arte de la papiroflexia.
Para que un jubilado se resigne al ocio, a la lectura, a mandar mensajitos por el móvil o a charlar con el vecino, ningún maestro supera a un diputado, que ya cobra un sueldo de por vida y es como un jubilado pero cum laude.
El mundo (o al menos España, ese taurino trozo de civilización) está construido de tal modo que unos cobran sin trabajar, otros trabajan sin cobrar, otros viven sin trabajar y otros trabajan sin vivir. Para compensar estos curiosos desbarajustes estaba el más allá, que es ese lugar paradisíaco donde se aplanarían todas las desigualdades sociales y todos viviríamos como ex presidentes o como liberados sindicales. Pero la crisis llega a todas partes y se calcula que a los más tontos les tocará currar hasta después de muertos. Algunos ya se van entrenando.
AJUSTE DE CUENTAS03/03/2012 JOHN MÜLLER Rajoy decidió gobernar
Ayer Rajoy gobernó. Bien, mal o regular, pero tomó una decisión importante que tendrá consecuencias. Anunció que el déficit será del 5,8% y no del 4,4%. De cara al exterior, escogió un mal día para abandonar el rigor, porque en Bruselas se suscribió precisamente ayer un nuevo tratado que intenta restaurar el prestigio fiscal perdido por la UE.
Ninguno de sus ministros dejó entrever la más mínima preocupación de que, más allá de unas admoniciones, Bruselas vaya a encenderse contra nuestro nuevo objetivo. Y si lo temen, el Gobierno ha decidido correr el riesgo de ser corregido, cosa que podría ocurrir en abril o mayo cuando Eurostat y la CE dictaminen sobre los presupuestos y el nuevo plan de consolidación fiscal. Entonces, las elecciones andaluzas serán historia.
Dos cifras nos ayudan a enmarcar este asunto. En 2009, cuando se presentó el primer programa de estabilidad, prometimos a Bruselas que en 2012 nos situaríamos en un déficit del 3%. Esa promesa ya se aplazó un año. Y ahora, anunciamos que en 2012 sólo vamos a mejorar en dos décimas el objetivo de 2011: el país ha perdido otro año entero.
La decisión tiene una gran ventaja para el Gobierno: el objetivo es durísimo (29.000 millones de ajuste este año), pero realista, se puede cumplir. No como las previsiones de Zapatero, que después se descubría que eran puramente nominales. Eso tendrán que valorarlo los mercados en su justa medida.
La decisión también tiene una lectura interna. La mayor parte del ajuste recae sobre las comunidades autónomas. No sólo porque la Administración Central se reserva un déficit del 4% y a ella les atribuye apenas un 1,5%, sino porque la mayor parte del ajuste en la Administración ya se hizo el 30 de diciembre con la no disponibilidad de casi 9.000 millones. Grosso modo, con este planteamiento, las comunidades tendrán que ajustar unos 12.000 millones y casi puedo adelantarle a Cristóbal Montoro que su reunión del martes con los consejeros autonómicos no será un jolgorio por mucho que intente aplacarlos con 35.000 millones para pagar a proveedores.
El ajuste autonómico se está revelando extraordinariamente complejo. Cataluña, por ejemplo tenía un objetivo de déficit del 1,3%. Lo desconoció y dijo que llegaría al 2,6% tras descubrirse el pastel financiero del tripartito. La pugna por las famosas disposiciones adicionales llevó al 3,2% y finalmente el déficit ha sido del 3,7%. Esta desviación pone de manifiesto lo difícil que es el ajuste autonómico en las actuales condiciones, porque no se puede criticar al conseller AndreuMas-Colell por no haber hecho recortes impopulares. Pero si el poder central no apoya estas medidas con normas generales de obligado cumplimiento y sigue encomendándoles obligaciones onerosas, es imposible. Un ejemplo claro son las tasas universitarias, que deberían subir considerablemente, pero que están topadas desde el nivel central.
john.muller@elmundo.es
apunte lego03/03/2012 JULIO MIRAVALLS Tecnófobos, a la horca
El 27 de febrero de 1812, hace 200 años, un joven Lord Byron, con los 22 sin cumplir, debutó como orador en la Cámara de los Lores, a la que pertenecía desde tres años antes. El discurso del poeta pidió clemencia y suavizar las leyes tories contra un grupo de tecnófobos levantiscos, que ya se había visto envuelto en algún suceso sangriento. Con la ley promulgada contra los luditas, causar daños a una máquina industrial podía costar la pena de muerte.
No hay mucho que contar de los luditas. La Britannica los despacha con dos párrafos: surgieron a finales de 1811, en Nottingham y luego se extendieron a otros condados. Seguían a un líder -real o imaginario- al que llamaban «rey Ludd», en referencia a un mitificado personaje, Ned Ludd, que nunca fue capturado ni identificado por la policía.
Actuaban de noche, enmascarados. Evitaban hacer daño a las personas. Atacaban y destruían la maquinaria de las nuevas fábricas textiles. El movimiento clandestino lo inició la frustración de pequeños artesanos del gremio de tejedores. Tuvo ímpetu hasta 1813. Un juicio masivo en York acabó con más de una docena de ahorcamientos y decenas de deportados a las remotas colonias de Oceanía. El ludismo repuntó en 1816, en plena crisis económica provocada por las guerras napoleónicas, y luego se desvaneció.
La tecnología, el maquinismo industrial, había causado tres grandes cambios muy bruscos, que los gremialistas ludditas no entendieron:
-El demográfico, con la migración masiva de pobladores rurales a la ciudad, en busca de un empleo y una vida menos dura y azarosa.
-El sociológico. En el mundo de los oficios, la fabricación artesana era una carrera de toda la vida, en la que la calidad y valoración de sus productos dependía de acumular años de sabiduría y experiencia. De repente, cualquiera aprendía en dos tardes a controlar una máquina en una fábrica que producía lo mismo. Era una involución: la industria pasó de ser cosa de homo sapiens, a una rutina para meros homo habilis.
-Y el económico. La fábrica producía tejidos de mejor o peor calidad (o ambos), pero su capacidad y costos permitían saturar el mercado y desplomar los precios. La competitividad de los artesanos se desplomó radicalmente. Y los compradores cambiaron necesidad por consumo.
Con la perspectiva de 200 años se ve el ingenuo egoísmo de los luditas, tratando de parar el progreso y defender el privilegio de su bienestar y relevancia de siglos, sin asumir que se había roto el statu quo y la estructura social y la urdimbre económica sobre las que se asentaba se habían, sencillamente, desintegrado.
Cualquier parecido o analogía de los hechos relatados con situaciones actuales no es pura coincidencia. La Historia es un saco de esparto que cada cierto tiempo se da la vuelta.
LA BALSA DE lA MEDUSA03/03/2012 MANUEL HIDALGO Falta de fe
Leo en el digital de este periódico un reportaje de José Manuel Vidal en el que se constata y, por tanto, se afirma que España está importando curas. Son ya más de quinientos, y me parecen pocos. Seguro que necesitamos muchos más. Varios miles. Proceden, sobre todo, de Latinoamérica, aunque también de África y de donde sea necesario.
Hay un paralelismo curioso. Está admitido que los trabajadores inmigrantes ocupan los sectores que los trabajadores españoles van rechazando: hostelería, construcción, obra pública, servicio doméstico, vendimia... El sector eclesiástico no cuenta con vocaciones suficientes en España ni tampoco parece ser -un sueldo magro, muchos sacrificios y renuncias- una salida pragmática para el desempleo.
De modo que tenemos que importar curas para abastecer las necesidades del mercado de la fe, que, a su vez, va menguando, pero que tiene una demanda más o menos estable -aunque sea a la baja- en el servicio de bautismos, comuniones, bodas, funerales e, incluso, misas dominicales.
También, tengo observado, importamos muchas monjas -latinas, africanas y asiáticas-, que buscan una vida mejor -incluso una vida eterna mejor- en los menguados y envejecidos conventos, en los aledaños de las sacristías.
Dice el reportaje que tenemos por ahí varios miles de misioneros, que, digo yo, forman parte de esos españoles por el mundo que salen por la tele, gente que no encuentra aquí salidas, pero que, saliendo de su país, acaba por encontrar de forma natural -e incluso sobrenatural- un quehacer.
Si tenemos aquí carencias, habría que recuperar a esas monjas y misioneros, pues, en contra de las situaciones precedentes, España y Europa son ahora tierra de misión, tan tierra de misión como otra cualquiera y alejada. Lo dice el Papa.
Según el reportaje, algunos de estos curas importados se sorprenden con la falta de fe que notan en España. Sobre todo, dicen, entre los jóvenes.
Los europeos de la Reforma -en contra de lo que nos fue explicado- pensaban que en España no había precisamente fe. Que lo nuestro era otra cosa. Llámale como quieras: fanatismo, una fe sin fe auténtica, una simulación de fe. Imponíamos la fe a espadazos y con hogueras, pero -pensaban ellos- impostando tanto la fe, resultaba que no nos lo acabábamos de creer.
Ahora hay un mal momento para las virtudes teologales. Es un efecto del cientifismo, el racionalismo, el liberalismo económico y, por supuesto, la crisis. Hay poca fe, poca esperanza y poca caridad. La caridad la habíamos delegado en el Estado -bajo el nombre de igualdad y solidaridad-, y han venido los recortes. La esperanza ha sido sustituida por la desesperación. Y la fe es cosa de los políticos, sus votantes y las colas del Cristo de Medinaceli, que lo resumen todo sin resumir nada. Y, dentro de un mes, la Semana Santa: la fe española tiene más que ver con la muerte que con la vida.
PASADO MAÑANA03/03/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA La calle
Cuando era niño, y tal vez ya no tan niño, ir a la calle era un concepto tan genérico, previsible y ambiguo como quedar con los amigos y dar una vuelta. En la calle siempre pasaba algo. Pasaba la vida. La calle era el escenario natural en el que nos movíamos cuando las play station y los ordenadores no habían llegado a nuestras casas. Cuando los parques eran sitios para citas adolescentes y el tiempo transcurría sin prisas para crecer, y sin traumas por no alcanzar lo que no teníamos. Cuando las bicicletas eran para el verano, porque las sacábamos de los trasteros al terminar las clases, si acompañaba el buen tiempo. Cuando se nos caía el chocolate al suelo, los recogíamos, lo limpiábamos y lo comíamos sin remilgos y no teníamos que ir corriendo al pediatra, como vamos ahora con nuestros hijos o nuestros nietos, para que no pase algo. Cuando los padres delegaban tranquilamente en el ángel de la guarda, que de vez en cuando se despistaba, y llegábamos a casa llorando y con alguna brecha.
La calle tenía su magia porque era el escenario de lo cotidiano, el tontódromo de las miradas y las complicidades, de los formalismos, de los juegos, de las vanidades, de las apariencias, de la coquetería, del conocimiento del factor humano y de los humanos, esos seres con nombres y apellidos, unos más conocidos que otros, pero que son parte de nuestro cuéntame, de una época y de un lugar. El escenario de ese bar Acuario, o la peluquería de Matilde, o la tienda de ultramarinos Julia adonde íbamos sin dinero, porque nos fiaban.
La calle de hace años ya no es mi calle. Es parte de las infraestructuras. Ha perdido el alma que le daba vida. Ahora se conforma con ser un sitio de paso, pero de paso rápido. Ahora la calle se ocupa. Estos días de marzo, días de una primavera nada árabe, aunque se disfrace con encapuchados y violencia, será el reclamo para las protestas que dividen, como casi siempre, a una España que nos necesita a todos.
Hay quien quiere tomar la calle como muestra de su fuerza, quien quiere incendiarla como muestra de su estupidez, quien quiere utilizarla como muestra de su intolerancia, quien quiere ocuparla legítimamente para evidenciar su protesta ante lo que no le gusta. Esa no es mi calle.
03/03/2012 PEDRO G. CUARTANGOEstrellas apagadas
BALTASAR GARZÓN / JAVIER GÓMEZ BERMÚDEZ
Baltasar Garzón vivió su último minuto de gloria anteayer cuando fue aclamado por el Parlamento argentino. Le sucede al revés que a Leo Messi, que triunfa en España y fracasa en su país.
Fue una forma de hacer más digerible el último varapalo del Supremo, que, aunque le absuelve en el caso de los crímenes del franquismo, le tacha de incompetente e ignorante.
El cierre judicial del caso Garzón coincide con la defenestración de la otra gran esperanza de quienes quieren lograr por vía judicial lo que no consiguen en las urnas: Javier Gómez Bermúdez.
Después de rendir grandes servicios a Rubalcaba, el pobre Gómez Bermúdez se ha visto traicionado por sus compañeros, que han votado al juez que representa lo contrario de lo que era él. ¡Qué gran humillación ha debido ser la derrota ante Grande-Marlaska!
Garzón y Gómez Bermúdez son dos estrellas que se apagan para convertirse en nebulosas, grandes masas de polvo y gas que flotan en el firmamento como testimonio de un viejo esplendor.
Ambos superjueces soñaron con encarnar el rostro de la Justicia, con pasar a la posteridad como paladines de la lucha contra el mal, pero se han quedado como el símbolo de una etapa caracterizada por la politización del poder judicial. Jugaron a eso y salieron malparados.
Ahora sólo les queda, como a los viejos pistoleros de las películas del Oeste, pasear su fama por poblados de mala muerte en los que algún nostálgico todavía recuerde que fueron los más rápidos con el colt.
Los dos fueron encumbrados por los políticos y los periodistas y ahora descubren que son un estorbo: el mundo ya no necesita héroes. Lo más significativo de su caída es que no han sido derribados por molestar a los de arriba, sino por el hartazgo de sus compañeros, los jueces, que se han cansado de parecer tontos al lado de estos dos genios.
Garzón y Gómez Bermúdez se presentan ahora como víctimas del sistema, pero lo cierto es que ambos lucharon por subir hasta la cima de ese Olimpo del que han sido expulsados.
Algunos como Llamazares intentan hacernos creer que Garzón ha perdido su puesto por combatir el establishment y luchar contra la corrupción, cuando la realidad es que ha caído por su propia ambición y su desprecio a la ley. ¿Acaso no figuró como número dos de las listas de un Felipe González salpicado por la corrupción cuando ya era perceptible la implicación de la cúpula de Interior en los GAL? ¿Acaso luego no fue el juez mimado por Mayor Oreja? ¿Acaso no intentó meter a la cárcel a los que habían sido hasta hace muy poco sus aliados políticos? ¿Cuánto dinero ha ganado en sus giras estelares mientras sus compañeros se dejaban las pestañas en los juzgados?
Y es que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.
BREVETE 03/03/2012 SECONDATCorrupción agobiante
Hace unos días, el comentarista de una emisora de radio aseguraba que en España ya no caben más tontos. Según él, hemos alcanzado el límite de las personas carentes de luces. Sin embargo, yo pienso que de lo que no cabe uno más es del cupo de los desvergonzados. Sean éstos más o menos listos, más o menos tontos. La convivencia se está haciendo difícil en el presente clima de manipulaciones y corrupciones. Probablemente en otras épocas también se cometían atrocidades semejantes, pero no se conocían con los detalles que ahora se divulgan. Raro es el día en el que no se descubre algo inconfesable. Ni un tonto más, ni un sinvergüenza más. / SECONDAT
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