25/02/2012Eurovegas, gana la libertad
El proyecto Eurovegas fue ofrecido primero a Cataluña y el entonces presidente Montilla lo rechazó por los prejuicios que siempre han tenido los socialistas con el ocio, el dinero y los empresarios. El resentimiento social y el viejo antiamericanismo. El intervencionismo de querer legislar sobre el ocio de la gente. La asombrosa falta de vista para los negocios y para la posibilidad de crear empleo, que contrasta dramáticamente con su habilidad para destruirlo en cualquier situación o circunstancia. Y como colofón, el recelo esteticista, ridículo y extravagante, en tanto que los terrenos de la localidad de El Prat, donde se podrían instalar los casinos, son actualmente uno de los parajes más feos y sórdidos de Cataluña.
Ante tan inaudito rechazo, Sheldon Adelson probó suerte en Madrid y todo fueron facilidades. Enseguida se entendió con Esperanza Aguirre. Las tres grandes exigencias de Adelson para construir sus casinos son la rebaja de las tasas, el despido libre y que se puedan habilitar zonas para fumadores. Si en los casinos de Las Vegas y de Macao se pagan unos impuestos del 10%, en España se llega a la exageración del 54%. De hecho es una competencia de cada comunidad autónoma y ni Montilla quiso aceptar ninguna excepción ni Mas se ha mostrado dispuesto a hacerlo. Con la presidenta de Madrid alcanzaron en cambio un punto medio satisfactorio para ambas partes.
Lo del despido libre tampoco fue negociable para los socialistas catalanes, ni para los convergentes, y lo del tabaco todavía menos: después de haber estrangulado sin el menor escrúpulo la economía de bares y restaurantes, no iban a ceder ante un empresario nada menos que americano. Con la presidenta ha habido acuerdo inmediato.
Barcelona partía con la ventaja de su marca y de su idilio con el turismo internacional. Madrid lo tenía casi todo perdido, pero tanto la miopía de la clase política catalana como la habilidad de la presidenta Aguirre han hecho que Adelson esté prácticamente decidido a optar por Madrid. La decisión se va a tomar en pocos días.
Tanto Montilla hace unos años como Mas hace dos días han dicho que no a más de 50.000 puestos de trabajo y a un volumen comercial incalculable. Cómo se nota que nunca han tenido una empresa, cómo se nota que no han pagado nunca ninguna nómina y que tienen asegurado su sueldo a fin de mes. El mundo exige otro ritmo, otro paradigma, y se caerá del sistema quien no sea capaz de interpretarlo. El intervencionismo y las tasas abusivas son unos vicios que nos tenemos que ir quitando si queremos entendernos con los empresarios más potentes y participar de los negocios realmente importantes. La regulación es contraria a la creatividad y lo mires como lo mires, está clarísimo que, como concepto, nadie puede quedarse con la mitad de tu trabajo.
No ha habido conspiración del Estado en favor de la capital ni ningún victimismo que pueda practicar Cataluña. Ha habido un empresario americano, judío y con ganas de invertir en Barcelona que ha huido a Madrid porque se ha cansado de negociar con gente inflexible, provinciana, incapaz de darse cuenta de la importancia de lo que se jugaba.
Si no hay novedad de última hora, ganará el empeño, la inteligencia, la flexibilidad y el sentido del negocio: a fin de cuentas, todo aquello en lo que la economía se basa. El prejuicio, el intervencionismo y la rigidez del funcionario acomplejado serán una vez más derrotados.
LAS CUATRO ESQUINAS25/02/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS 
Algarada en Valencia
El indignado estudiante septuagenario
Las violentas manifestaciones dizque estudiantiles de esta semana en Valencia, extendidas luego a Madrid con el violento asalto a la sede del PP, han dejado claras tres cosas: que el PSOE está dispuesto a encabezar lo que sea contra el Gobierno; que hay medios de comunicación dispuestos a difundir cualquier falsedad; y que el Gobierno del PP es incapaz de informar a la ciudadanía, no ya de persuadirla, con datos y argumentos, aunque le sobren.
Días después de la Primavera Valenciana, versión de la Primavera Árabe pero en moros y cristianos, vamos conociendo la realidad de la supuesta rebelión de los alumnos del Luis Vives, sin calefacción tras los recortes de Fabra.
Nunca se cortó la calefacción; sólo un estudiante del Luis Vives estuvo entre los detenidos; fueron profesores los que empezaron las protestas y eran okupas, indignados y antisistema los que agredieron -incluso a mordiscos- a la Policía, abandonada por el ministro del Interior. Una socialista dijo en el Congreso que los manifestantes eran «sus hijos».
Lleva muy bien su condición centenaria: uno de los bachilleres detenidos tiene 72 años.
Hacen frente contra Rosa Díez
Cuando el PP se pasó al PSOE
El Congreso de los Diputados ha vivido esta semana una sesión que las víctimas del terrorismo han llamado «de la indignidad» y la «ignominia». Se votó una moción de UPyD para ilegalizar a Bildu, Amaiur y cualquier otra fachada de la banda terrorista ETA, una promesa electoral que, además del partido magenta, había hecho el partido azul purísima de Rajoy. Pero el PP se pasó al PSOE, hizo suyos los argumentos de Zapatero en su interminable negociación con la ETA y superó en ferocidad verbal a socialistas, comunistas y nacionalistas en sus diatribas contra Rosa Díez.
Leopoldo Barreda, que sirve a Basagoiti y Oyarzabal con entusiasmo parejo al que mostraba sirviendo a Mayor Oreja, Iturgaiz y María San Gil, llegó a acusar a UPyD de que se frotaran las manos los diputados de Amaiur, agrupación electoral en torno a Bildu cuya ilegalización rechazaba el PP.
Al cabo, lo que la semana pasada dejó entrever el ministro del Interior al hablar del problema «político y no policial» de la ETA, se ha confirmado: el PP parece asumir los acuerdos del Gobierno del PSOE con la ETA. Eguiguren le gusta más que Rosa Díez.
Ataque a la libertad de expresión
Un cámara de Intereconomía, pateado
Cuando la izquierda en el Gobierno no los multa porque al ministro de Industria -y no pocas industrias- Miguel Sebastián no le gusta lo que dicen de los gays, la extrema izquierda los agrede en la calle.
Ser periodista de Intereconomía empieza a ser una profesión de riesgo: la misma reportera agredida por los perroflautas de Rubalcaba instalados durante meses en la Puerta del Sol vio cómo su cámara sufría una patada por la espalda cuando retransmitían en directo una manifestación de los estudiantes valencianos que protestaban por la brutalidad policial.
Un representante de Izquierda Unida llegó a decir que la policía «masacraba» a los estudiantes, demostrando que él no estudió nunca el significado de masacre o hacía novillos cuando lo explicaron en clase.
Por supuesto, la brutalidad es la de los agresores, que han perdido el respeto a la Policía hasta el punto de agredir a mordiscos a cuatro agentes.
En cuanto a la libertad de expresión para esta izquierda, un hecho -un patadón- vale por mil palabras.
Otro hecho: los medios de comunicación progres no han condenado la agresión a Intereconomía.
Falso lamento de Rubalcaba
Roures cierra 'Público'
El archimultimillonario Jaume Roures, el gran beneficiario de la política mediática del zapaterismo, por La Sexta que le regaló y los contratos con TVE que le consiguió, ha cerrado el diario Público, cuya ferocidad contra medios y periodistas de ideología distinta a la suya llegó a extremos siniestros. Roures logró superar en sectarismo una cota insuperable: El País, órgano de la facción del PSOE encabezada por Rubalcaba. Naturalmente, Pepunto se ha apresurado a derramar lágrimas de legítimo cocodrilo por la defunción del órgano de su rival, Carme Chacón: «Que cierre un periódico es malo; si es Público, peor». ¿Por qué peor? Por si cuela. Se creyó que Público cerraría apenas celebradas las elecciones del 20-N, pero la enorme fortuna del editor y su proclamada fe comunista hicieron creer a muchos que no permitiría que ocho cochinos millones de euros impidiesen la propagación de sus ideas revolucionarias. Y menos, tras posar con uno de sus cuadros, un Antonio López de cuatro millones de euros. Amén de películas diarias, Roures llegó a regalar El Capital con Público. Como hubiera dicho Umbral, demasié.
PASADO MAÑANA25/02/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA El ejemplo de tres mujeres
A la vida hay que ponerle corazón para no ir como una maleta. En una jungla de intereses, donde el dinero aparece como un dios por el que todo el mundo parece perder la cabeza, hay cosas que hacen parar el tiempo y recordar que no todo tiene un precio. Tres mujeres esta semana han conseguido estremecerme con sus historias en mi programa de la Cope.
En el hospital 12 de Octubre de Madrid Margarita sonreía a su marido, Antonio, que le prestaba un riñón para seguir compartiendo la vida. A través del teléfono transmitía su fuerza. El aplomo de la persona que se siente amada y no tiene miedo al mañana. Reía a dos horas del trasplante y no de nervios sino de felicidad. Tenía a su héroe en casa, a su lado, y juntos como siempre iban a obrar un milagro de la ciencia y de la condición humana, por lo general egoísta.
En la Audiencia Nacional Toñi miraba de frente a los asesinos de su hija Silvia. La pequeña tenía sólo seis años cuando una bomba de ETA se la llevó por delante. Ante el juez recordaba lo sucedido y sacaba toda la angustia que llevaba dentro. Me contaba que escuchaba bajo los escombros a su pequeña gritar: «¡Mamá!». Pero cuando pudo alcanzar su cuerpo ya había muerto. «Hijos de puta», decía una y otra vez. Sí, hijos de puta a los que pudo mirar a la cara sin sentir nada más que pena, la inmensa pena de una madre que siempre llevará a su hija en el corazón.
En su casa de Valladolid Encarna no entendía que los jueces pudieran dejar en libertad al asesino de su hija Olga. Tenía nueve años. Un preso, condenado por delitos sexuales, gozaba de un permiso. Vio a la niña, la secuestró y la destrozó. No entendía que ese monstruo fuera a salir. Pedía justicia. Ayer le contábamos que seguirá hasta el año 2025 en la cárcel. Dio un respingo, tomó aire, sonrió y se quedó tranquila. «Me he despertado hoy», me decía, «con la sensación de que pasaría algo. El día que asesinaron a mi pequeña, también, al despertarme, sabía que había muerto. Me pregunto cada mañana cómo sería la vida con mi hija. La echo de menos».
Tres mujeres, tres historias. Tres ejemplos.
25/02/2012 PEDRO G. CUARTANGO Cruz o espada
JORGE FERNÁNDEZ / CAYO TIGELINO
Era el malo de los tebeos de El Jabato, el personaje de Víctor Mora. Raptaba a la noble Claudia, pero siempre aparecía el caudillo hispano, acompañado por su fiel Taurus, para liberarla de sus garras. Fue también protagonista de la película Quo Vadis, en la que al final era linchado por las turbas. Estoy hablando de Cayo Ofonio Tigelino, hombre de confianza y jefe de la guardia pretoriana de Nerón.
Me parece que Jorge Fernández, ministro de Interior, empieza a parecerse mucho a Tigelino, que fue el personaje más impopular de Roma. Su cargo le convierte en el blanco de la ira de la izquierda, que ha empezado a olfatear la sangre de su pieza tras las movilizaciones en la calle de esta semana.
Dicen algunos historiadores que Tigelino fue el artífice del incendio de Roma para complacer al deprimido Nerón, que había sido abandonado por Popea y buscaba material para componer una oda sobre la destrucción de Troya. Jorge Fernández ha estado a punto de incendiar Valencia, aunque no creo que Rajoy fuera capaz de componer un poema yámbico a las ruinas de la ciudad del Turia.
Si el desconfiado Nerón puso su seguridad en manos de Tigelino, que había sido amante de su hermana Agripinila, Rajoy ha hecho lo mismo con su fiel Fernández, que había sido su número dos en varias de las carteras que ocupó el líder del PP durante la etapa de José María Aznar.
La diferencia reside en que Tigelino era un personaje cruel y sin escrúpulos que no titubeó en desatar la represión tras abortar la conspiración de Pisón, y, en cambio, Fernández duda entre sacar la espada o esgrimir la cruz.
Se avecinan tiempos muy turbulentos en la calle y Rajoy necesita alguien a quien no le tiemble el pulso y que sepa conjugar la contundencia con la diplomacia. Rubalcaba, un político maquiavélico, era perfecto para el cargo, pero ignoro si Fernández, que es inspector de Trabajo, posee esas dotes innatas para ser el jefe de la porra.
Nerón sabía que Tigelino era un matón despreciable y, por eso, le puso al frente de la guardia pretoriana. Pero Fernández no da ese perfil, parece una buena persona y recuerda en muchos aspectos al propio Rajoy. Da la impresión de ser demasiado complaciente para un cargo en el que hay que ser un hijo de puta.
Tigelino, de origen griego, era un advenedizo en la corte del emperador Nerón, donde era despreciado por su carácter plebeyo. Eso ayudó a que no tuviera compasión cuando tuvo que cortar cabezas, entre ellas, las de Séneca y Petronio, a los que indujo a quitarse la vida tras caer en desgracia a los ojos del tirano.
Arcadi Espada sugería en un brillante artículo que Jorge Fernández es «un pastelero». Lo que se necesita en el Ministerio del Interior es alguien que reparta tortas, o sea, un panadero. Todo indica que Rajoy se ha equivocado de hombre.
25/02/2012Rajoy arrebata el relato al PSOE
DESDE UNA inequívoca y desesperanzada militancia de izquierda, el ensayista italiano Rafaelle Simone ha escrito un libro breve, pero provocador, titulado El monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?. El profesor de la Universidad de Roma sostiene que la izquierda puede perfectamente extinguirse como los dinosaurios y otras instituciones, ideales y esperanzas que tenían milenios a sus espaldas. Citando a nuestro Ortega y Gasset, Simone cree que la izquierda tiene en contra el zeitgeist, el espíritu de nuestro tiempo, la globalización. Mientras la derecha es moderna, sabe venderse a sí misma y es atrayente, la izquierda aparece como apolillada y polvorienta.
En España el libro del profesor Simone tiene más actualidad que nunca. El socialismo español está en su peor momento desde la Transición y Mariano Rajoy parece dispuesto a darle la puntilla. El Congreso del PP de Sevilla ha asistido al nacimiento de un nuevo líder. Se llama igual, Mariano Rajoy, pero no es el mismo. Su discurso de clausura -seguramente el mejor que haya pronunciado nunca- inauguró un relato nuevo. Rajoy nunca puso en pie un relato político que no fuera el de registrador de la propiedad. Emociones cero, e ilusiones por el estilo. Como presidente del Gobierno, se había echado a la espalda «un libro de contabilidad con los números en rojo». Pero el domingo habló «de personas, de sueños rotos, de sufrimientos». «La crisis no trata igual a todo el mundo, hay quien puede prestar ayuda y quien necesita recibirla».
Ayudar a los más débiles con medidas de solidaridad y redistribución de riqueza formaba parte del relato socialista. Rajoy ha puesto en evidencia al anterior Gobierno del PSOE. Ha subido más los impuestos a las rentas altas, ha limitado los sueldos de los banqueros y directivos de empresas públicas, y ha dado una esperanza a las personas desahuciadas por no pagar la hipoteca. El PP hace caso así del 15-M. El ex ministro Borrell -que busca la socialdemocracia con un candil como el de Diógenes- ha venido a decir que le duele en el alma que estas medidas las haya tomado Rajoy, y no Zapatero y Rubalcaba. Para mayor escarnio del PSOE, es el ministro Luis de Guindos -más formado en la Escuela de Chicago que en las enseñanzas de Keynes- el encargado de anunciar que el Gobierno ayudará a los que se quedan sin techo.
Rajoy demuestra tener una estrategia política clara, definida y muy estudiada. El zeitgeist del que habla Simone le es propicio. El panorama de medios, también. El diario Público, nacido para dar voz a la maltrecha izquierda, ha sido el último en caer. Su desaparición empobrece el pluralismo informativo y, por tanto, nos empobrece a todos.
DE CUERPO PRESENTE25/02/2012 RUBÉN AMÓNTiempos modernos
LA ESCENA se precipita en Tiempos modernos, cuando el camión que circula a gran velocidad pierde por el camino una baliza roja. El obrero alienado a quien representa Chaplin la recoge inocentemente del suelo y la airea para llamar la atención del conductor, pero nada más hacerlo se encuentra en cabeza de una gigantesca manifestación proletaria.
Es una desgracia coyuntural que sobrepasa a Charlot y que demuestra la accidentalidad de las chispas incendiarias. La prueba está en la espiral valenciana. Unos estudiantes reclamaban calefacción y se han convertido, como Chaplin, en el pretexto de una rebelión heterogénea que pretende restringirse demagógicamente a la pugna de las porras contra los libros. O al enconamien-to de garzonistas contra antigarzonistas.
La misma simplificación concierne al oportunismo con que los rapsodas de cada bando invocan respectivamente la mímesis de la primavera valenciana y el crepúsculo ateniense. Reaparecen en el estrambote del carnaval los hippies contra los grises, y la caricatura resultante de los brochazos cainitas pretende convencernos de que el 23-F de 2012 opone en Valencia legionarios posfranquistas e irreductibles antisistema.
El obrero Chaplin no se habría encontrado con una manifestación a su espalda si no existiera un contexto y unos humores propiciatorios. También los había en Valencia a cuenta de los recortes, de las reformas marianistas y del escupidero del caso Gürtel, pero han sido exacerbados desde la irresponsabilidad. Bien por la extralimitación de la Policía, bien por las contradicciones del ministro del Interior o bien porque los sindicatos y el PSOE han encontrado en la bandera providencial de Chaplin el antídoto a la propia y desesperante vacuidad. Desde la esquizofrenia y el cinismo pretenden distanciarse del problema que ha dado origen al plan «extraordinariamente agresivo» de Rajoy. Me refiero al desempleo y al optimis-mo heredados de ZP, sin olvidar la condes-cendencia que la izquierda ha dispensado al Gobierno saliente y la amnesia con que ahora reconoce el liderazgo de Rubalcaba.
Hay razones para manifestarse. Hay motivos para discutir a Rajoy los extremos de un plan de reformas que mantuvo oculto en su programa y que comporta la subida de impuestos y el despido discrecional. Difícil-mente hubiera sumado 11 millones de votos con semejantes iniciativas, de tal manera que al presidente popular no le conviene abusar de la sumisión inculcada en los compatriotas bajo la amenaza de los tiempos modernos.
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: Dos años para zanjar el naufragio
EL CORREO CATALÁN25/02/2012 ARCADI ESPADA Té con dios
Querido J:
Miles de personas meditaron el jueves acerca de la inexistencia de dios, durante el debate que mantuvieron el zoólogo Richard Dawkins y el obispo de Canterbury, Rowan Williams, en el salón de actos de la Facultad de Teología de la Universidad de Oxford. Los pocos asientos del cálido salón llevaban semanas ya comprometidos; pero la audiencia internáutica determinó que a las cinco de la tarde, hora de España, nuestro mundo pareciera un lugar de estimable refinamiento. Es muy improbable que una discusión de esas características haya reunido nunca tanta audiencia. El mundo puede ponerse globalmente de acuerdo en torno a las convocatorias de algunos artistas, sean Messi, el Papa o Madonna. También en torno a ciertos debates políticos, pero en estos debates la discusión es apenas un liviano velo que oculta la sustantiva lucha por la victoria electoral. Ahora bien, una audiencia semejante para una discusión en sí, sin más premio de importancia que participar en ella, centrada en un asunto sobre el que se sabe con certeza que no habrá brutal novedad ni descubrimiento, es una rareza memorable. Nunca tantos pensaron al tiempo sobre lo mismo, ¡y habrá que ver el efecto que tendrá en la atmósfera esta emisión de CO2!
Otra cuestión novedosa fue la materia concreta del debate. Dawkins y Williams, que estaban formalmente convocados a discutir sobre La naturaleza del ser humano y la cuestión de su origen último, título que probablemente acuñó el moderador, Anthony Kenny, debatieron, como te he dicho, sobre la inexistencia de dios. Un cambio radical de paradigma. Si viste el debate, estarás de acuerdo: lo que de verdad se discutía en el salón oxoniense no era de dios, sino de su desaparición; no de las cláusulas presentadas por el obispo, sino de las presentadas por Dawkins. El zoólogo aludió a una encuesta reciente encargada por su fundación: la mitad de los británicos no se considera religioso. En consecuencia, los ateos empiezan a impugnar ese rol históricamente subordinado que se exhibe en la propia etimología de su nombre. Y el obispo Williams aceptó amablemente, con absoluto fair play, el nuevo estado de cosas. Este periódico donde te echo las cartas, que se hizo eco entusiástico del acto y que, en su difícil escrituración, elevó por vez primera el tweet español a un orden intelectual, permitió acceder a la clave del asunto cuando tituló Darwin versus Dios. Hace siglos habría sido mera blasfemia: hoy es la noticia de un combate que se resuelve por incomparecencia.
Entre los argumentos de Dawkins estuvo, como es lógico, el más dañino y principal: basta mirar el mundo para saber que es fruto de un azar ciego y no del diseño de un dios bondadoso. Por el momento la evolución ha degenerado en una suerte de criaturas que no sólo mueren, sino que saben que van a morir, y lo que es ya completamente estomagante desde una perspectiva teleológica: que no quieren morir. En fin: lo que se llama una programación completa. Incluso en Canterbury es difícil de sostener que sea fruto de la bondad diseñada. El cristianismo de nuestra época, ablandado, humanizado, no tiene posibilidad de respuesta a esta objeción naturalista. Sólo un cilicio sangrante, la canónica invocación del mundo como lugar de obligado sufrimiento, pudiera oponerse con éxito. Pero la iglesia no parece tener mucha clientela dispuesta a morir también en vida, una masa crítica suficiente que sostenga la teoría del mundo como terrible y eficiente rito de paso.
Así pues, el contrincante real de dios en el debate fue, más que cualquier otro nombre propio, el azar. No me dio la impresión de que el obispo utilizara en beneficio de sus argumentos el inexorable sesgo contraintuitivo que tiene el azar como explicación de la vida. Sólo pareció aprovecharse al aludir a la belleza del mundo y recordar, como dice uno de los mandamientos principales de la religión y de la estética, que la belleza nunca puede ser casual. La belleza del mundo (de la que también participa Dawkins, aunque atribuyéndosela en su caso al azar) es un concepto algo pintoresco: decretar la belleza del mundo exigiría convertir la belleza en una categoría previa, extramuros, y haberla proyectado con consecuencias distintas, negativas, sobre otros mundos. En este sentido, el mundo es el que es, como sí dijo sabiamente el de Canterbury en otro instante.
El azar es el rival de dios, sin duda; pero no un aliado de Dawkins a tiempo completo. Nuestro zoólogo suele querer impugnar la existencia de dios subrayando que la hipótesis divina no resuelve el problema del origen porque, una vez aceptado dios, hay que preguntarse qué o quién le dio el origen. Es cierto, pero también con el azar hay que ir a la búsqueda del Azar. El azar funciona estupendamente cuando, deslumbrados ante el mundo, los creyentes dicen que tal belleza o tal complejidad (categorías de operatividad relativa) deben obedecer a un diseño y a un propósito. O sea, el azar funciona para explicar que algo es bello o es complejo. Pero a la hora de explicar que algo es, su eficacia no sobrepasa la de la hipótesis divina.
Así pues, no me pareció buena estrategia el empeño del obispo de tratar de instalar a dios en aquellas zonas de la historia evolutiva que no se comprenden bien (¿qué hay del ADN, señor Dawkins?), siguiendo la estrategia god of the gaps, es decir, la de situar a dios en los sucesivos eslabones oscuros o perdidos de una teoría cuya lógica global es aplastante. Tal vez fuera mejor colocar a dios un poco antes, en aquel lugar donde algo que hay se llama nada.
En realidad, el problema máximo de los creyentes respecto a su dios es sólo la bondad de propósito que le atribuyen y su fervorosa implicación con nuestro destino. Porque, ciertamente, la evolución es incompatible con ese dios previsor y misericordioso. Pero el agnóstico Dawkins debe de saber que la teoría de la evolución no parece incompatible con una inteligencia que hubiera establecido la ley del azar ciego, ¡dios sabe con qué propósito, o a partir de qué fatal error! Ni siquiera debería tratarse, por cierto, de una inteligencia perversa, tan literaria, por otra parte. Bastaría que estuviera poseída de una indiferencia moral, similar a la que el hombre, ¡el buen hombre!, mantiene respecto a la mosca de la fruta. La Humanidad como el experimento de una inteligencia algo indolente e incluso descuidada no creo que pueda despacharse, en resumen, con la misma facilidad con que se despacha el buen dios de las barbas blancas. La única cuestión difícil, en esa hipótesis, es a quién pondríamos a batallar con el zoólogo en la dorada paz oxoniense.
Sigue con salud
A.
LA POLÉMICA NACIONAL25/02/2012 VÍCTOR DE LA SERNA Represión desmedida o asalto violento al poder
>DESPUÉS DE LOS INCIDENTES DE VALENCIA
La actuación policial contra una manifestación de alumnos de un instituto en Valencia ha desencadenado no sólo reacciones de mucha amplitud en las calles, sino un verdadero duelo de pronunciamientos encontrados en las páginas de los periódicos. Qué será cuando empiecen las protestas generalizadas, y anunciadas, contra el Gobierno...
La discrepancia es llamativa. Así, lean lo que Emma Rivarola, con encomiable moderación, escribía en El Periódico: «Esos adolescentes que la Policía ha querido callar a golpes son los hijos de una época. Eran párvulos cuando Francisco Camps subió al poder. Crecieron en la burbuja de la corrupción, esplendor y despilfarro que el Partido Popular insufló en la Comunidad Valenciana. Y, ahora, sus niños no tienen ni calefacción en las aulas. ¡El rey está desnudo!, gritaba el crío del cuento. ¡Nos habéis engañado!, claman los estudiantes en las calles tratando de despertar la conciencia dormida. Y quizá es eso, la desnudez de las mentiras reiteradas, lo que realmente espanta a los que dieron órdenes a los uniformados. Las urnas han dado el poder absoluto al PP. A pesar de ello, su ansia de control, silencio y obediencia despierta un sinfín de interrogantes. Que la respuesta no nos conduzca a las puertas del absolutismo».
Enfrente, Javier Quero respondía en La Gaceta: «La izquierda toma la calle para que la derecha se calle. Tomar la calle no es acudir a una manifestación autorizada. Tomar la calle es organizar concentraciones 'espontáneas' que deriven en disturbios. En la algarada valenciana, que se ha propuesto incendiar la ciudad antes de la cremá, el balance de víctimas es de 16 heridos, de los que 11 son policías. Clara queda, por tanto, la brutalidad policial. Sólo a los antidisturbios se les ocurriría autolesionarse rematando de cabeza las piedras que les lanzan los alborotadores con todo su cariño». Y, en ABC, Iñaki Ezkerra: «La primavera ha venido y todos sabemos cómo ha sido. Viene con un discurso vacuo que es pura y extemporánea pirotecnia fallera, pero cuyos excesos nos suenan de algo. Viene para que tomemos seria conciencia de que el nuevo huésped de La Moncloa es Hosni Mubarak. Viene para derrocarlo».
El País criticaba en un editorial a las fuerzas del orden que «aporrean indiscriminadamente», mientras que F. J. Barroso describía la subsiguiente protesta ante la sede del PP en Madrid, con mucha presencia policial, lo cual «no impidió que algún exaltado lanzara algunas bolas de hierro de un centímetro de diámetro contra los cristales de la fachada». Pelillos a la mar, agregaba: «Los manifestantes siguieron insultando a los policías y a los integrantes del Gobierno, pero nunca pasaron a mayores». También, desde Valencia, informaba, sin mayor comentario: «Los detenidos son 25, seis menores. Dos de ellos poseían antecedentes por hurto y tráfico de drogas». No especificaba cuántos eran alumnos del instituto Lluís Vives...
En La Razón, Joaquín Marco lanzaba desde la derecha una advertencia al Gobierno: «En momentos tan graves como los que estamos soportando hay que evitar cualquier signo externo de fuerza».
Y en Público, el historiador Josep Fontana lanzaba la suya desde la izquierda, asegurando que se están recortando todas las libertades: «Cuatro años de poder indiscutido, apenas iniciados, dan juego para un retroceso que nos va a dejar en muchos aspectos como en los tiempos de ese franquismo que la derecha española parece añorar».
A DIESTRA Y SINIESTRA25/02/2012 DAVID TORRES Atracar un banco
YO SIEMPRE quise atracar un banco, las cosas como son, pero mi padre me lo dejó claro desde el principio: «Hijo, son los bancos quienes te atracan a ti. Así funciona el mundo». Mi madre fue más explícita incluso: «Si quieres ser ladrón, estudia para banquero. O mejor hazte ministro. Y, sobre todo, cambia de barrio». Mi madre tenía razón: en mi barrio no se podía hacer carrera de chorizo de altos vuelos; los más aptos llegaban a yonqui, a navajero en el mejor de los casos.
Mis padres me disuadieron de estudiar para criminal, algo que no les costó mucho esfuerzo teniendo en cuenta que no se me daban bien ni las matemáticas ni las navajas ni las artes marciales. Una vez intenté emular a Bruce Lee ondeando unos nunchakos y conseguí la hazaña simultánea de romperme a la vez varios dientes y golpearme la nuca. Comprendí que nunca tendría arrestos para conducir una furgoneta y empotrarla contra una cámara de seguridad (que muy segura no debía de ser porque un poco más y empotran una bicicleta, los tíos). Menos aún para lucir corbata, colocarme al otro lado de la ventanilla y decirle amablemente a un albañil o a una peluquera que confiara en mí y me diera todo su dinero.
No, señor, yo había nacido para tonto, o sea, para contribuyente u honrado ciudadano, que son los sinónimos básicos de ese rutinario y modélico ejemplar domesticado por las leyes, ordeñado por los bancos y marcado por los capataces con el hierro de las distintas ganaderías políticas: PP, PSOE, IU, CiU, PNV, etc. No sigo, que todas son la misma cochiquera y huelen más o menos igual, qué les voy a contar a ustedes. El caso es que, al quedarse varado en medio de la legalidad, no cabe más consuelo que contemplar impotente la fachada de un banco igual que Alí Babá miraba la entrada de la cueva antes de descubrir la clave de seguridad y entrar a por los collares. De vez en cuando uno envidia los cojones de esos tíos capaces de descerrajar una caja fuerte a tiros. Por algo en las películas los atracadores siempre son los más guapos, los más valientes y, en definitiva, los buenos.
A mí me han atracado tres veces: en una me quitaron el reloj, en otra la peseta y en la última el futuro. La primera le dije a un policía que andaba por allí que corriera a por el malhechor pero me dijo que el médico le había recetado tranquilidad y sacó la libreta despacio, como si fuera a dibujar al caco al carboncillo. Las otras veces preferí no decir nada porque ni en el cine se ha visto a un poli correr detrás de un banquero.
AJUSTE DE CUENTAS25/02/2012 JOHN MÜLLER Salvar al soldado Juan Rosell
Guardando las distancias, la situación creada por la reforma laboral recuerda a la que describe la película Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg. El alto mando decide arriesgar la vida de todo un pelotón en territorio enemigo para salvar a un solo hombre. En mi metáfora, el pelotón que manda Tom Hanks son los trabajadores españoles con contratos indefinidos y el soldado Ryan son los empresarios. Los desempleados obviamente son la madre de Ryan, cuya soledad tras perder a sus otros tres hijos, la convierte en la razón última de toda esta operación.
La misión que recreó Spielberg rompe toda la racionalidad de otros empeños militares, donde sacrificar soldados en pos de un objetivo no plantea más que un dilema de proporciones entre los caídos y el objetivo. Aquí la misión es un hombre solo. La reforma laboral de la ministra Fátima Báñez también incluye una pirueta lógica de este tipo: para dar trabajo a los que están en precario hay que acabar de dejar en precario a los demás.
Para mí, la clave de esta película siempre ha estado en dos frases del guión. La primera, cuando el capitán Miller intenta comprender su objetivo: «Ojalá ese Ryan lo merezca. Más vale que cuando vuelva cure alguna enfermedad o invente una bombilla de larga duración, porque lo cierto es que no cambiaría a diez Ryans por ninguno de los hombres que han muerto bajo mi mando». La otra es cuando el mismo capitán agonizante le dice al soldado que ha sido su objetivo en la escena final: «James, hágase usted digno de esto, merézcalo».
No son los trabajadores los que deben hacerse dignos de esta reforma laboral, sino los empresarios. Hoy, como nunca antes, el balón está en su campo de juego. Depende de ellos que la reforma laboral no se vea deslegitimada en la práctica. Y es en este momento donde todos los defectos y las virtudes de nuestros empresarios van a salir a relucir en toda su magnitud. Ahora es cuando quedará en evidencia si cuentan con la preparación adecuada y la ambición suficiente.
El actual presidente de la CEOE, Juan Rosell, me contó en una ocasión que, hace algunos años, cada vez que sindicatos y patronal se sentaban a negociar algún asunto dedicaban la primera media hora a agredirse verbalmente. Una vez que se habían insultado bien, comenzaban a negociar en serio.
Los europeos del Norte no suelen entender esa insolidaridad, esa enemistad, esa desconfianza, entre empresario y trabajador que se aprecia en España. En otras latitudes, esta relación se basa en un espíritu de cooperación que aquí hay que fortalecer.
Muchos de nuestros empresarios son personas de gran mérito, que entienden que sólo por la vía de asociarse con una fuerza laboral solvente pueden tener éxito. Sin embargo, por las peculiaridades de nuestra economía, muchos de ellos han contado con más instinto que formación, con más voluntad que técnica. Y de ahí derivan una serie de vicios -el fraude, las dobles contabilidades, la negligencia y la corrupción política- que la clase empresarial debe desterrar para siempre.
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apunte lego JULIO MIRAVALLS 25/02/2012Pinchazos de interés con la chincheta digital
Todo el mundo habla últimamente de Pinterest. Bueno, lo de «todo el mundo» es una licencia, pero en este territorio de las redes sociales, la exageración (el hype) y el entusiasmo desmedido son legítimos y pieza institucional del decorado. Y, por otra parte, en pocas semanas mucha gente acaba de descubrir la sensación de originalidad de esta aplicación, que está en la red como beta (versión de prueba) desde hace un par de años. Los cazadores de the-next-big-thing («el próximo gran pelotazo») empiezan a creer que podría ser www.pinterest.com.
La idea vuelve a ser convertir en metáfora virtual algo sencillo de la vida cotidiana: el corcho en el que se clavan recortes, fotos y el décimo de lotería, para tenerlos a mano. Sólo que en la plaza pública. El resto es metalenguaje: compartir, red social, herramientas, colaboración... Y una astucia de sus creadores, Sciarra, Sharp y Silbermann: es otra red social más, pero se pone a rebufo de Twitter y FaceBook y se integra en ellas como un complemento.
«¿Y esto tan nuevo, para qué sirve?», dirá usted, desbordado por el chorro continuo de juguetes tecnológicos, que ya tiene cuentas y aplicaciones para Twitter, FaceBook, Linkedin, YouTube, Flickr, TwitPic, Instagram... Pues, para jugar. O para eso que ahora se le ocurre y no imaginaron los inventores. Las aplicaciones se reinventan con el uso.
Cuentan que los creadores de Twitter pensaron en una herramienta para facilitar la comunicación inmediata entre elementos dispersos de una organización (una empresa). Y ahora resulta que lo usamos 500 millones para soltar ideas, opiniones, noticias, enlaces y chorradas a todo el que quiera seguirnos, sea conocido o no. Lo gracioso es que algunos usuarios jóvenes se preguntan quién quiere usar la mensajería directa de Twitter, si para eso ya está Whatsapp...
¡Ah! Tampoco sabe qué es Whatsapp (el nombre hace una gracia fonética y, en inglés, suena como un «¿Qué pasaaa?»). Pues es una mensajería instantánea, que lleva de cabeza a las telefónicas, porque se está comiendo su gran negocio del SMS. Envía mensajes de texto a otros teléfonos, sin el límite de 140 caracteres y sin pagar: usa la conexión a internet.
Volviendo a los pinchazos de Pinterest, el juego empieza desde la curiosa maniobra para obtener una cuenta: hay que meter los datos en un formulario y pedir ser invitado. En un rato (un par de horas en mi caso) llega un correo con la invitación para completar el enrolamiento y ya están ahí las chinchetas digitales, añadiendo un botón «pínchalo» (Pin It) al navegador. Todas las imágenes o vídeos que aparezcan en pantalla se pueden clavar al corcho, con o sin comentarios. Y cada cual puede crearse tantos tablones, y organizarlos, como le parezca.
Desde hace unos días, La Esfera de los Libros usa Pinterest para ilustrar su timeline de Twitter con sus novedades, catálogos y autores. Parece eficaz. En Pinterest hay escaparates de diseñadores de ropa, fotógrafos y particulares heterogéneos.
«Oiga ¿y puedo yo pinchar cualquier foto o vídeo que vea?» Pues poder, puede. Pero usted sabrá: la tecnología no exime de las reglas del copyright y lo que se pincha se difunde públicamente. Hay spiders corriendo por la red, con rutinas de identificación de imagen, para localizar publicaciones no autorizadas.
Pero hay otras aplicaciones, si lo que quiere es guardar cosas que ve mientras navega. Puede usar Instapaper (www.instapaper.com), que recuerda las páginas web, para verlas en otro momento, con versiones del software para tablets ysmartphones variados. O puede optar por Evernote (www.evernote.com) que es un tablón privado, que se enlaza con el navegador y el correo electrónico, para pinchar, textos propios, páginas web, correos, imágenes, o lo que sea. Y luego verlo desde cualquier otro aparato, por supuesto.
Eso sí, cualquiera de ellas le pedirá abrir otra cuenta. El próximo pelotazo será en realidad una agenda con candado, para contraseñas.
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