LAS CUATRO ESQUINAS11/02/2012 FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS Sanción y mofa de los guiñoles
'Caso Contador': la injusticia sobre ruedas
La semana de la justicia y de la injusticia, más lo segundo que lo primero, se inició con la condena de Alberto Contador a manos del TAS, tras año y medio demorando kafkianamente la sentencia sobre el clembuterol hallado en un análisis del ciclista.
Sin embargo, la cantidad que se encontró era tan mínima y tan pocos los picogramos que no ayudarían ni a cruzar un paso de cebra, mucho menos a ganar un Tour y un Giro. La AMA, otro tinglado burocrático-circense, apoyó al TAS e insultó a Contador llamándolo «tramposo»; y un tal Lissavetzky, que representa a España en la AMA y que es el mismo politicastro del PSOE que lleva naufragando olímpicamente dos décadas, ni defendió a Contador ni tuvo el decoro de dimitir de su puesto en esa oficina siniestra, pese a que la sentencia en ningún momento prueba, ni pretende probar, el supuesto dopaje de Contador.
Tras este Alpe d'Huez de la injusticia, medios franceses como Le Monde y Canal + han iniciado una campaña contra los deportistas españoles más famosos -Iker, Gasol, Nadal- acusando a todos de ganar gracias al dopaje. Ya tarda en presentarse la querella contra esta gentuza.
Imputado real y desigual
Urdangarin o la 'justicia arrugadita' Mucho galleaba y muchos elogios recibía el juez Castro, encargado del caso Palma Arena-Duques de Palma, más conocido como caso Urdangarin, cuando llamó a declarar como imputado al yerno del Rey. El cúmulo de presuntos delitos es tan gigantesco y tan desvergonzado que ha producido un tremendo daño a la Corona. Sólo la firmeza del Príncipe sacó a la Casa Real del marasmo soponcial e hizo que el jefe de prensa de Zarzuela calificara de «no ejemplar» la conducta de Urdanga y que el Rey, en el mensaje de Navidad dijera que la Justicia debe ser igual para todos.
Menos para su chica la pequeña y su yerno el grandullón, claro. Porque el juez ha cedido a las presiones oficiales y oficiosas, del imperio prisaico y la propia Zarzuela, y primero aceptó no llamar a declarar como imputada a la Infanta, luego tragó la petición del abogado urdangarinoso de que no se le grabaran imágenes como a los demás imputados, y ahora se le quiere evitar incluso la entrada a pie a los juzgados, por si le tiran tomates. Dice la portavoz del CGPJ que «no todos los imputados son iguales». Ni todos los jueces valientes.
11 años de inhabilitación
'I caso Garzón': condena por prevaricación El que fuera juez estrella de los GAL, luego número dos del PSOE por Madrid en 1993 y, tras sentirse engañado por el One (González), de nuevo rutilante juez galicoso para vengar sus chascos políticos, ha sido condenado a 11 años de inhabilitación, que suponen su expulsión de la carrera.
Se le ha condenado por un delito de prevaricación, tras espiar ilegalmente las conversaciones de abogados y clientes en el caso Gürtel. Y pese a todas las recusaciones y presiones callejeras, siete jueces votaron por unanimidad que el comportamiento de Garzón era «propio de regímenes totalitarios» o de otras épocas en España «felizmente superadas». Si se refieren al TOP franquista, bastante. Si se refieren a las checas de los partidos del Frente Popular en la Guerra Civil, no.
Sin leer la sentencia, socialistas y comunistas se han lanzado de cabeza a defender el tipo de justicia de Cuba o Corea del Norte.
Tranquilos: ahora llega el tercero de sus juicios: el presunto cohecho impropio y la presunta extorsión a bancos y empresas que podían pasar por su banquillo. Garzón de los Bosques no se iba por las ramas.
El gran borrón del 11-M
'Caso Manzano' o la eterna cloacaLa campaña de vejaciones e injurias, profesionales y personales, de El País contra la juez Coro Cillán no ha logrado impedir que la jueza fuera enmendando los terroríficos yerros del juez Del Olmo y la fiscal Olga Sánchez 'Valeyá', instructores de la causa por el mayor atentado terrorista de la historia de Europa occidental: el 11-M. La investigación de la juez atendía las denuncias de la Asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, la AVT, dos sindicatos policiales y la agrupación de oficiales y suboficiales de la Guardia Civil.
El objeto estaba claro: la destrucción de pruebas verdaderas (los trenes) y la invención de pruebas falsas (la mochila de Vallecas) por unos cuantos policías que, encabezados por el jefe de los TEDAX Sánchez Manzano, mintieron a todos los jueces y se saltaron todas las leyes sobre custodia de pruebas en atentados terroristas. La excusa técnica del juez Trujillano es que Alternativa Española presentó un año antes una denuncia contra Manzano y se rechazó, así que «cosa juzgada» y carpetazo. Ni Garzón se atrevió a tanto. Esperemos que el Supremo se atreva a borrar este borrón.
AJUSTE DE CUENTAS11/02/2012 JOHN MÜLLERDespido y flexibilidad
Las claves de la reforma están en la nueva redacción de las causas económicas del despido procedente (cuya indemnización es de 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades) y en la flexibilización de la vida interna de las empresas. Más del 80% de los despidos de la crisis ha sido improcedente, con indemnización de 45 días por año. Para los empresarios era cómodo y evitaba largas batallas judiciales. Pero era caro. Ahora será más barato despedir. Eso implica un riesgo, pero también una oportunidad.
Hay medidas de flexibilidad interna que son de sentido común y que el Gobierno confía que permitirán salvar algunos puestos de trabajo y ajustar costes con más eficacia. Por fin se pone coto a la absurda rigidez de las categorías laborales, que impedía que los limpiadores de pasillos barrieran las habitaciones. El convenio de empresa prevalecerá sobre otros, como manda la lógica. Y el descuelgue por fin parece posible. Es tímida, en cambio, la regulación de la ultraactividad. Dos años de prórroga de un convenio que ha expirado se puede llevar por delante una empresa.
Una de las medidas que me parece más justa es la desvinculación del absentismo individual del de la plantilla a la hora de plantear el despido de un trabajador por este motivo. Me resulta incomprensible la defensa que los sindicatos han hecho de una medida enmascarada en falsos tecnicismos que lo único que ha hecho es que prosperen trabajadores flojos e insolidarios.
En esa línea, la idea de que quienes cobren la prestación por desempleo retribuyan en algo a la comunidad prestando servicios de interés general también me parece acertada.
Uno de los temas clave de la reforma es la formación, de donde patronal y sindicatos obtienen importantes recursos. Se estima que sólo en formación continua obtienen unos 4.000 millones. Y después está la formación de parados, que pueden ser 2.000 millones más.
La ministra de Empleo ha sido muy escueta a la hora de precisar lo que va a ocurrir. Se reconoce el derecho del trabajador a la formación, se habla de un futuro cheque-formación y se anuncia un diálogo con los agentes sociales para reorganizar la cuestión sobre tres principios: transparencia, concurrencia entre quienes ofrecen cursos y evaluación de los mismos. Dudo mucho de que los programas de capacitación existentes superen estos tres criterios. Se anticipa una dura batalla, porque estos recursos son clave para los sindicatos.
Tal como se preveía tras la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso el miércoles, donde pidió a Bruselas que impulse la implantación de la mochila austriaca en toda la UE, esta idea que permitiría crear un fondo de capitalización individual para los trabajadores que sustituiría los costes de despido, quedó aparcada una vez más.
john.muller@elmundo.es
A FONDO CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO11/02/2012Arriesgada reforma
La clave de la reforma laboral aprobada ayer por el Gobierno es que facilita a las empresas ajustar sus costes y que, además, dicho ajuste se podrá hacer de una forma más rápida.
Al objetivar el despido procedente (aquel que conlleva una indemnización de 20 días por año trabajado) estableciendo como una de sus causas la reducción de las ventas durante tres trimestres seguidos y, al mismo tiempo, al eliminar la autorización previa para los ERE, facilita a las empresas adaptar sus plantillas a su evolución económica de una forma menos costosa y más eficaz.
Hasta ahora, las complicaciones legales y burocráticas para realizar un expediente de regulación daban como resultado que los despidos se negociaran como si fueran improcedentes: es decir, con 45 días por año trabajado. Y, además, que ese proceso durase mucho tiempo, con lo que eso supone para el deterioro de las empresas.
A partir de la aprobación del decreto (el próximo lunes), las empresas podrán recurrir a despidos con indemnización de 20 días si su facturación lleva cayendo durante nueve meses. Eso evitará que muchas compañías cierren. Porque lo que ha ocurrido en España en los últimos cuatro años es que muchas empresas que podrían haberse salvado si hubieran dispuesto de una regulación más flexible para adaptar sus plantillas a la evolución de su negocio, han tenido que cerrar porque no han podido hacer frente al coste del ajuste, o bien porque la lentitud en la aplicación de las medidas ha hecho que la solución llegara demasiado tarde.
La objetivación del despido y la prioridad de los convenios de empresa sobre los convenios de sector o provinciales hará que las pymes españolas sean mucho más competitivas. De hecho, la reforma lo que hace es aproximar la regulación laboral española a la que está vigente en la mayoría de los países de la UE.
A destacar también las medidas antifraude que incluye la reforma, por una doble vía. Los llamados contratos de emprendedores (aquéllos que permiten a los parados seguir cobrando el 25% de la prestación) permitirán aflorar una buena parte del empleo sumergido que existe actualmente. Por otro lado, al obligar a los parados a realizar trabajos sociales se limitan las posibilidades de que haya desempleados trabajando sin estar dados de alta porque están cobrando el subsidio.
La reducción de la indemnización del despido improcedente de 45 días a 33 no va a tener mucha repercusión. Si acaso, contable. Pero no creo que los empresarios vayan ahora a hacer más contratos fijos sólo porque se puedan ahorrar 12 días de indemnización por despido.
Las bonificaciones para contratación de jóvenes y de parados de larga duración son un aliciente, aunque mientras la economía siga en recesión resultarán poco efectivas.
El Gobierno ha limitado la posibilidad de concatenación de contratos temporales a dos años. Pero sigue manteniendo la actual maraña contractual. Ello induce a pensar que, al menos a corto plazo, más del 90% de los contratos seguirán siendo temporales.
Ésta es la reforma más importante llevada a cabo por Rajoy. Con ella se la juega. Habrá movilizaciones. Tal vez, una huelga general. Pero si logra frenar la destrucción de empleo, habrá valido la pena.
EL CORREO CATALÁN11/02/2012 ARCADI ESPADAVerdad y justicia
Querido J:
Un párrafo de la sentencia del Tribunal Supremo que condena a Baltasar Garzón dice: «La pretensión legítima del Estado en cuanto a la persecución y sanción de las conductas delictivas sólo debe ser satisfecha dentro de los límites impuestos al ejercicio del poder por los derechos que corresponden a los ciudadanos en un Estado de Derecho. Nadie discute seriamente en este marco que la búsqueda de la verdad, incluso suponiendo que se alcance, no justifica el empleo de cualquier medio. La justicia obtenida a cualquier precio termina no siendo justicia».
El párrafo alude a las escuchas ilegales de las conversaciones entre los letrados y los acusados del caso Gürtel que el juez Garzón ordenó. La orden vulneraba un importante reducto de secreto: el que vincula a un acusado con su defensor. Hace algunas noches, en el Tirsa y en una de las impagables conversaciones sobre la justicia y la vida que mantengo con él desde hace años, el abogado Javier Melero decía que, en el ordenamiento jurídico español, donde un acusado no puede defenderse por sí mismo, un abogado sólo es alguien que articula (exactamente) la versión que el acusado tiene de unos hechos en los que ha participado. «Yo diré lo que el acusado me dice que diga, con los artículos del Código», concluía mi amigo. Por lo tanto, interceptar este tipo de conversaciones debe de ser como meterse en un soliloquio: una violación del derecho a la más profunda intimidad concebible. Tú tienes buen oído y no se te habrá escapado el sutil cambio de melodía que se advierte en el párrafo de la sentencia. Rebobina y oigamos juntos cómo empiezan hablando de la verdad, de la búsqueda de la verdad, y terminan hablando de la Justicia, en mayúsculas. Imagínate ahora que el magistrado hubiese escrito así la frase final: «La verdad obtenida a cualquier precio termina no siendo verdad». Nadie suscribiría esa proposición. Lo que vale para la justicia no vale para la verdad, y ahí se sitúa la durísima discrepancia entre los jueces que han condenado a Garzón y la opinión política y mediática que lo defiende.
Antes de seguir, quiero hacerte una salvedad. No siempre la opinión socialdemócrata ha estado en contra de los procedimientos. ¡Depende de los fines, como le es propio! Lee el fino trocito editorial de nuestra prensa que incluía ayer el comentarista González en su blog: «Ningún fin, ni siquiera el de conocer toda la verdad sobre los GAL, justifica pasar por encima de los procedimientos. El principio de que no todo vale rige tanto en la lucha contra el terrorismo como en la investigación de los delitos cometidos a su amparo». Entonces era octubre de 1995, y Garzón instruía el sumario del atentado al bar Monbar.
Pero el doble rasero no debe desviarnos de lo nuestro. Ahora lo nuestro es el supuesto enfrentamiento entre verdad y justicia. Como sintetizaba profesoralmente Melero, «la justicia sólo es un procedimiento reglado para obtener la verdad». Las reglas, naturalmente, tienen que ver con el respeto a los derechos individuales. Pero, a mi juicio, tienen que ver, sobre todo y al fondo, con la verdad. La necesidad de que un reo y sus abogados puedan hablar libremente no sólo se sustenta en la moral, sino también en la técnica. Todo el escenario jurídico, incluido el derecho a la defensa, tiene por misión facilitar la búsqueda de la verdad. Ciertamente, el objetivo primero del abogado no es la verdad de los hechos, sino la defensa de su cliente; pero suponer que su presencia en el escenario no contribuye al establecimiento de la verdad sería como negarle a las mentiras su paradójica capacidad de convicción sobre lo que es verdadero. Ahora bien: que el derecho a la defensa sea, genéricamente, una garantía más de acierto en la búsqueda de la verdad no presupone que en circunstancias particulares no pueda entorpecerlo. El sistema trata de asegurar su eficacia genérica, pero, lógicamente, no es perfecto; a veces, astutamente, las mentiras dejan de servir a la verdad y la sustituyen.
Garzón se saltó las reglas para tratar de llegar a la verdad. Los propios abogados defensores del caso lo reconocieron cuando declararon que, a partir de la intervención ilegal de sus conversaciones, y desveladas así las estrategias de la defensa, el juez empezó a manifestar una clarividencia y sagacidad instructoras realmente notables. Por desgracia, el problema de saltarse las reglas en la justicia no tiene las mismas consecuencias que las de saltárselas en el fútbol. Un gol en fuera de juego no es un gol, pero la verdad obtenida ilícitamente sigue siendo verdad. Sí, oigo a Melero: «El precio que una sociedad habría de pagar por usar estos procedimientos en la búsqueda de la verdad sería inasumible». Lo oigo. Y tiene razón. Como el precio es inasumible, la condena de Garzón me parece justa.
Hay otro precio. El sistema no es perfecto. Los beneficios generales no impiden perjuicios particulares. Así pasa con todo. También con el periodismo. Para obtener la verdad, el periodismo no sólo tiene que acudir a la inmoralidad -el periodismo es una inmoralidad ontológica, copyrightJanet Malcolm-, sino también a la ilegalidad. Éstos son los dramáticos inconvenientes de un mundo imperfecto. No sólo la verdad; incluso el bien puede quedar afectado. Es probable que los protagonistas del caso Faisán persiguieran, con sus reglas torcidas, objetivos dignos. Como quizá sepas, el sistema jurídico contemporáneo incluye las llamadas causas de justificación: la previsión de que se utilicen procedimientos abyectos para fines nobles. Cuando se invoca esta causa, el juez debe examinar si el beneficio obtenido por la consecución del fin era mayor que los perjuicios causados por el quebrantamiento de las reglas. Un asunto muy complicado. Yo echaré mi cuarto a espadas. ¡Sólo faltaría! No en la fijación de esa objetividad, sino en una llamativa cuestión subjetiva.
El otro precio. No querría negarle a Garzón sus buenas intenciones. Su íntima creencia de que la desarticulación de la trama Gürtel justifica el quebrantamiento del derecho a la defensa. Pero habría contribuido a convencerme si, una vez impuesto el precio del desajuste entre la verdad y la justicia, Garzón lo hubiese aceptado con sobriedad y acatamiento. (Tristemente, no hay mayor diferencia entre lo que el juez ha dicho y la espumosa carta que escribe su hija en su defensa). En esa frustrada madurez de respuesta habría yo visto al hombre que sabe que la verdad tiene un precio y que es el hombre y no el sistema el que ha de pagarlo. Y habría percibido con total y jubilosa claridad la diferencia entre un héroe y un ventajista.
Sigue con salud
A.
LA POLÉMICA NACIONAL11/02/2012 VÍCTOR DE LA SERNA Héroe o villano según para quien: lo esperado, vamos
>TRAS LA INHABILITACIÓN DEL JUEZ GARZÓN
Nadie ha suscitado mayor división social e informativa en España en los últimos años que el juez Baltasar Garzón. Su inhabilitación por un delito de prevaricación ha sido acogida con reacciones tan polarizadas como se podía esperar. O quizá con algo menos de convencimiento del previsto desde la izquierda: ha hecho mella la contundente sentencia.
El epitafio político del juez está aún por escribir, pero José María Carrascal ya ofrecía un adelanto en ABC: «La frase que le define la pronunció en el primero de los tres juicios contra él, éste por el que ha sido condenado: 'Yo creí que ...'. Un juez no tiene que creer o no creer. Tiene que limitarse a aplicar la ley».
En el mismo diario, un editorial cargaba con dureza contra el juez: «Garzón creyó que el fin justificaba los medios y que en un clima social de repugnancia contra la corrupción se le disculparía cualquiera exceso. Pero con la orden de grabar aleatoriamente y sin indicio alguno a los abogados de la tramaGürtel Garzón rompió una regla sagrada del Estado de Derecho, convirtiendo la investigación en un proceso inquisitorial, y en una práctica totalitaria». Y su columnista Hermann Tertsch agregaba: «La violación del derecho era incontestable. Que pese a ello ayer se incendiaran en sacrosanta indignación los medios de la izquierda española no debe sorprender a nadie. (...) Esos defensores de los regímenes de Cuba y Corea del Norte que exigen que también aquí las leyes han de someterse al dictado de una ideología y unas (bellísimas) intenciones, que son por supuesto las suyas».
Lamentos y sorna, pero menos vigor y menos nitidez argumentales, se observan en las reacciones contrarias en la prensa socialdemócrata. El País, en un editorial quejumbroso en el que aludía, sin mencionarlo expresamente, a una amplia confluencia de intereses para acabar con Garzón, recordaba que otros habían respaldado al juez: «Si la actuación de Garzón merece tales reproches, estos alcanzan al ministerio fiscal que avaló las escuchas, al juez Pedreira que las prorrogó cuando se hizo cargo de la instrucción del caso Gürtel, y al magistrado del Tribunal Superior de Madrid que discrepó de su anulación». Pero el Supremo escogió la interpretación «que servía para alcanzar el objetivo buscado: anular a Garzón como juez».
¿Un caso de conspiranoia, quizá?
En Público, tipografía llamativa aparte, protestas con más sordina. Así, Marco Schwartz: "Los siete del Supremo han intentado difamarlo equiparando su orden de las escuchas a 'prácticas de regímenes totalitarios'. No les da la menor vergüenza". Y las de Isaac Rosa, hablando del juez «con más luces y sombras de la Historia», acababan en una declaración de desconcierto: «El juez que sólo unas horas antes denunciaba los 'tiempos ya superados' y nuestro 'régimen totalitario' ante el Supremo, es condenado por el mismo tribunal por retrotraernos a esos tiempos y devolvernos al totalitarismo. Buf, casi me parece más sencillo lo del filete de Contador».
De la reacción de la izquierda se ocupaba un editorial de La Razón: «Con el fanatismo de los hooligans, se ha presentado a Garzón como gran azote de la corrupción y debelador de dictadores (salvo Fidel Castro y adláteres), alguien por encima del bien y del mal. (...) Ha sido tan grotesca la puesta en escena, tan de ópera bufa con banderas republicanas y sindicalistas decimonónicos en procesión, que aparte de perder ante la Ley, Garzón también ha perdido el respeto del ciudadano sensato y el beneficio de la duda».
A DIESTRA Y SINIESTRA11/02/2012 DAVID TORRESJusticia para Garzón
IGUAL QUE el Barça es más que un club, Garzón es más que un juez: con él no caben equidistancias ni tonterías ni medias tintas. O lo amas o lo odias. O lo quemas en la plaza pública o lo llevas al hombro, como los costaleros a la Virgen del Rocío. En esto Garzón saca el lado más hispánico de la tribu, ese «español de puro bestia», que decía Vallejo, cuando no se cuestiona a alguien por motivos ni conductas sino por la camiseta, ese y tú de quién eres que uno escucha recién desembarca al pueblo.
Puesto que hablamos de justicia, justifiquémonos, porque con un preámbulo como éste ya sé que me van a llover hostias de todos lados, empezando por quienes consideran a Garzón poco menos que un superhéroe global capaz de enjuiciar a criminales cósmicos e incluso de dar marcha atrás al reloj universal para dejar el marcador de la Guerra Civil otra vez a cero. Y aunque siento una enorme simpatía por ese magistrado que puso a Pinochet a desfilar con pañales, y más aún por el hombre que intentó airear las inmundas fosas del franquismo, hay algo en el personaje que me da mucho repelús, no ya la altanería ni los tecnicismos legales sino la simple certidumbre de que un juez no puede dedicarse a escuchar las conversaciones entre el acusado y la defensa. Encharcado en la infecta podredumbre del caso Gürtel, Garzón actuó al estilo de Quinlan, aquel policía gordo interpretado por Orson Welles, que fabricaba pruebas cuando la investigación se le quedaba corta.
La gran ironía de la película es que Garzón, al igual que Quinlan, va a llevar razón, y la sensación que emana al cierre de los títulos de crédito es la de una sentencia correcta, irreprochable desde el punto de vista del Derecho pero maloliente a más no poder, es decir, una injusticia tremendamente justa, cuando en España estamos acostumbrados más bien a lo contrario. Sin embargo, a nadie se le puede reprochar ese fracaso más que al mismo Garzón, que dejó que su lado Hyde se impusiera a su lado Jekyll, y tiró por la calle de en medio.
No habrá justicia para Garzón hasta que no protagonice una teleserie de la HBO, cuatro o cinco temporadas donde se exploren todos los resquicios de un personaje desmesurado por donde se lo mire, complejo, cuajado de matices y claroscuros. Aquí nos pilla demasiado cerca y además estamos acostumbrados a las historias en blanco y negro, los tebeos para niños, las peleas entre buenos y malos, donde los malos son siempre los demás y los buenos llevan las manos limpias, por supuesto.
PASADO MAÑANA11/02/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGAGuiñoles
En una España en crisis, meterse con los deportistas españoles que triunfan por el mundo es, más que una provocación, una llamada a las armas. Los guiñoles de Canal+ Francia han conseguido resucitar a la mismísima Agustina de Aragón. Se han cebado en cuatro iconos de un país como Rafa Nadal, Iker Casillas, Pau Gasol y Alberto Contador, que representan intensas emociones, recuerdos imborrables, pasiones desatadas, orgullo nacional y unas señas de identidad que llevan a envolverse en la bandera de España, tararear nuestro himno y gritar a los cuatro vientos: «Yo soy español, español, español». La sátira recoge insinuaciones de periódicos y deportistas franceses que no entienden el éxito del vecino, al que miraban no hace mucho por encima del hombro. Era cuando Europa se acababa en los Pirineos.
Pero la historia hoy es distinta. La gran Francia de antaño se ve eclipsada por esta España que brilla en los deportes de masas y de una forma especial en sus competiciones emblemáticas. Tour de Francia y Roland Garros no serían lo mismo sin los españoles y lo saben. Los guiñoles han conseguido que de nuevo seamos una piña, que defendamos a los nuestros, que sintamos que atacan a los que representan lo mejor de una España con pedigrí. Los políticos piden explicaciones; los ciudadanos, que a los franceses les zurzan, y los deportistas aprietan los dientes y esperan que llegue su momento. Soy español: ¿a qué quieres que te gane?
Que sigan sacando burlas en los guiñoles. El Tour tendrá otro ganador español. Y en junio en las pistas de Roland Garros, cuando el público francés anime, como siempre, al adversario de Nadal, nuestro campeón les dara una nueva lección de grandeur sonriendo, agradeciendo al público su presencia y ganando. Sin un mal gesto, sin una mala cara. Los guiñoles tienen como objetivo prioritario a Nadal. Viene de lejos porque no pueden soportar que en París haya ganado cinco veces. Y a Rafa, como diría la tía Pascualina de Luis del Val, que no me lo toque nadie.
Que se lo pregunten al embajador de Francia, Bruno Delaye, seguidor de Nadal y del deporte español, que ha confesado en la Cope que le gustaría que los deportistas españoles fueran franceses. Ya empezamos. Tras esta declaración hemos firmado un alto el fuego. Quiere la paz y le tendemos la mano. A cambio, el brindis con champán. Un buen trato.
11/02/2012 PEDRO G. CUARTANGOPecado de 'hybris'
BALTASAR GARZÓN / CALÍGULA
Leyendo anteanoche la nota en la que Garzón deslegitima al Supremo y se coloca por encima de la ley, me vino a la memoria el retrato de Calígula que hace Albert Camus en su conocida obra de teatro.
Camus no se fija en el carácter corrupto ni en los excesos sexuales del emperador, que en ello no existe paralelismo alguno con Garzón, sino en en su concepción del poder. Presenta al joven Calígula como un gobernante que se sitúa por encima de la ley y que decide y juzga a los hombres en función de una voluntad personal sin límites.
Al ser cuestionada una orden por un intendente de su Corte, responde Calígula: «He decidido ser lógico y como tengo el poder, veréis lo que va a costaros esa lógica. Acabaré con contradictores y contradicciones. Y si es preciso, empezaré por ti».
Es la misma actitud que siempre ha mantenido Garzón, un juez que creía que su poder era más fuerte que el de la ley, que su voluntad estaba por encima de la Constitución y que los buenos fines justificaban cualquier medio malo.
Garzón nunca ha visto contradicción alguna en sus acciones con la norma porque ello era imposible: él encarnaba la legalidad, como Calígula, y, por tanto, sus resoluciones eran justas.
En la obra de Camus, el emperador dicta un decreto que obliga a todos los ciudadanos romanos a legar sus bienes al Estado. La norma castiga con pena de muerte a quien se niegue a acatar ese edicto.
«Escúchame bien, estúpido. Una vez admitido que el Tesoro tiene importancia, la vida humana deja de tenerla», razona Calígula. Garzón podría haber dicho esas palabras, sustituyendo el vocablo «Tesoro» por el de «ley».
El superjuez ha demostrado en sus numerosos autos que los derechos de las personas tienen que estar supeditados a una norma jurídica, de la que él es el máximo intérprete por encima de cualquier otra instancia. Lo deja meridianamente claro en su nota cuando califica el fallo del Supremo de «aberración» y afirma que su condena estaba «predeterminada».
Si Garzón niega al Supremo su potestad para condenarle mediante un juicio de intenciones, cabe preguntarse qué no habrá hecho este juez ante acusados indefensos y sin influencia.
Como Calígula, Garzón eleva la ley a la condición de un poder sin límites del que él es sumo sacerdote. «Id a anunciar a Roma la buena nueva. Por fin, se ha devuelto su libertad», señala el emperador. Y esa libertad a la que se refiere es la obligación de acatar una voluntad sin contrapeso alguno.
«El destino no puede entenderse y por eso yo me he erigido en destino. He adoptado el rostro de los dioses». Garzón lleva muchos años creyéndose ese rostro de Dios en la Tierra y pensando que podía cambiar el destino con la ley -su ley- en la mano.
Ha pecado de hybris, como Dédalo, y el astro rey ha fundido la cera de sus alas en su intento de volar más alto que nadie.
DE CUERPO PRESENTE11/02/2012 RUBÉN AMÓN 'Pas à deux' en el Elíseo
MERKEL no se conforma con haber ganado las elecciones alemanas. También quiere imponerse en los comicios presidenciales franceses como avalista de Sarkozy y como piloto del biplaza con que la pareja lidera a su antojo el circuito de la Unión Europea.
La implicación de Merkel pretende demostrar que el eje París-Berlín garantiza a Francia una posición hegemónica frente al experimento perturbador de Hollande, pero la canciller abusa de su interés y subestima los efectos contraproducentes que implican la injerencia en términos de susceptibilidad patriótica y de acusado euroescepticismo.
Fueron Kohl y Mitterrand quienes se die-ron «fraternalmente la mano» en el cemente-rio de Verdún en 1984. Pretendía escenificar-se la reconciliación plena entre dos países sistemáticamente enfrentados, pero la solem-ne fotografía de los gobernantes en acto de contrición comprendía una distancia cautelar a la que Merkel y Sarkozy han puesto remedio con la coreografía de un pas à deux.
Tan estrechas son las relaciones que cada país tiene un enviado con rango de oyente en el consejo de Ministros ajeno y que se ha necesitado compilar un glosario de neologis-mos geopolíticos -Merkozy, Alefrancia- del que se desprende la posición gregaria de Nicolas el primero (¿y el último?) respecto al liderazgo de Angela.
Es la razón por la que Marine le Pen critica con voraz oportunismo nacionalista la sumi-sión a Berlín y el motivo por el que Hollande amenaza el protectorado germano de la UE con una revisión del Tratado, aunque el gran problema electoral de Sarkozy estriba en la crisis de repulsión plebiscitaria.
La promesa de la República irreprochable se ha degradado en la opulencia, el autorita-rismo, el delirio identitario y la coacción mediática, sin olvidar que los vaivenes de la crisis han caricaturizado el eslogan triunfal de 2007 -«Trabajar más para ganar más»- y han provocado la mayor tasa de desempleo conocida en los últimos 12 años.
Así se entiende la ventaja de 18 puntos que las encuestas otorgan a Hollande y se explica que Sarkozy haya recurrido a la telegenia y a la pedagogía para intentar convertir una subida de impuestos -el IVA- en una medida popular. Su mensaje no consistía en apretar fiscalmente a los compatriotas, sino en demostrarles que un gobernante responsable antepone el bien del Estado al interés propio. Se antoja un ardid excesivamente sofisticado cuyas ambiciones sorprenden a los franceses en el hastío y convierten a Merkel en una valquiria que ha aprendido a bailar el cancán mediante un cursillo por correspondencia.
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: Garzón, el privilegiado.
Etiquetas: Firmas