FIRMAS: Arcadi Espada, LM An son, S Sostres, C Toro, E Mendicutti, D Gistau

Cuando va mal, va mal
AHORA imagine el agostado lector que una vez solicitado el préstamo y concedido España le dijera a Europa que acepta su dinero, pero no sus condiciones. ¡Gallarda España! Exactamente eso es lo que pretende decirle ahora la región catalana al Estado: págame las deudas y dame plena libertad para seguir contrayéndolas. Se trata, obviamente, del último capítulo de la alienación nacionalista, de ese vivir fuera del mundo, maceradamente ensimismado, que ha caracterizado su práctica política. Y define su fracaso fundamental: durante más de treinta años Cataluña se ha obsesionado en llegar a ser algo distinto a España. Pero por desgracia para sus intereses Cataluña es hoy mucho menos distinta de España de lo que lo fue en el alba nacionalista decimonónica. Ni en sus virtudes ni en sus calamidades. El hecho diferencial catalán no va más allá de la expansión vigorosamente subvencionada de una de las dos lenguas de sus ciudadanos, y de los domingos libres de los tenderos. Esto ha sido todo. Ni en la educación ni en la salud ni en su cohesión social ni en el sometimiento de su economía al sector público; ni en sus aeropuertos y estaciones desoladas ni en la corrupción de sus políticos ni en la protección del medio ni en sus cajas caciquiles, Cataluña es distinta. Hoy comparte con el resto de España graves problemas económicos. Y para desesperación del nacionalismo delirante (cada vez más un pleonasmo) la venerable sentencia sigue más activa y verificable que nunca: «Cuando España va bien Cataluña va bien», con todos sus viceversas.El nacionalismo catalán se enfrenta a una evidencia desalentadora. Ha acumulado deudas que solo puede pagar Europa. Pero Europa no la reconoce ni siquiera como deudor. Los préstamos europeos irán al Estado español y él decidirá. Los ilusionados días de la Europa de las regiones, de la voz catalana en Europa, acabaron sin empezar apenas. Las cosas se han puesto definitivamente serias. Se comprende que en esta circunstancia el nacionalismo catalán acentúe su gesticulación, sus pactos fiscales, sus patéticas amenazas de reescribir la Historia, mientras niega dinero a sus viejos y a sus minusválidos. Una gesticulación, por supuesto, con una sola mano, como es ley en el autoerotismo, máxime si la otra es la mano de pedir.
Se trata de un momento decisivo para los nacionalistas catalanes. Amenazados por la ruina y la irrelevancia tienen que mantener prietas las filas y tratar de convencer a sus fieles de que el nacionalismo es algo más que un capricho burgués en tiempos de derroche.
González, Zapatero y el papel del BCE
.COMO lo cortés no quita lo cavanillas, me parece obligado resaltar la importancia del artículo publicado por José Luis Rodríguez Zapatero en este periódico. Hace 50 años, los apellidos de uno de nuestros periodistas célebres, bellísima persona por cierto, Julián Cortés-Cavanillas, daba lugar a un divertido juego de palabras. Encabezo con él este artículo después de leer detenidamente a José Luis Rodríguez Zapatero, primero con recelo, y después con abierto reconocimiento a la claridad del expresidente para resumir algunos aspectos de la crisis económica.Está claro que «la estabilidad monetaria es competencia del Banco Central Europeo, y si ésta se ve perturbada por las primas de riesgo de los Tesoros nacionales, el BCE estaría compelido a actuar en los mercados de deuda soberana». Exacto. La Reserva Federal en Estados Unidos y el Banco de Inglaterra en el Reino Unido han asumido su papel de bancos centrales y al operar como prestamistas de última instancia, «han sido decisivos para la recuperación de la liquidez, la estabilidad monetaria y la capacidad de financiación de sus Tesoros». Y añade Zapatero: si el BCE «hubiera desplegado desde el principio la misma energía que la Reserva Federal, no sufriríamos la crisis de deuda soberana que hoy sufrimos».
Para el expresidente, corresponde al Banco Central Europeo estabilizar las primas de riesgo de España e Italia en una horquilla en torno a los 200-300 puntos básicos. Se puede decir todo esto más alto pero no más claro. Me alegra que José Luis Rodríguez Zapatero haya elegido EL MUNDO para expresar, desde su siempre respetada independencia, lo que piensa sobre la realidad actual de una crisis que él conoce a fondo y que, con no pocos errores, trató de afrontar.
Coincide, por cierto, el expresidente, punto por punto, con Felipe González. «Si el BCE -ha declarado el veterano líder socialista- anunciase que en cuanto la prima de riesgo pase de 200 puntos básicos en España o Italia, me hago cargo de la deuda, se acabó la fiesta especulativa». Recuerda Felipe González que «España tiene unas cifras de déficit y de deuda inferiores a las de Gran Bretaña, pero Gran Bretaña se financia a través del Banco de Inglaterra con tipos de interés muy bajos y España con intereses insoportables. ¿Por qué? Porque el Banco Central Europeo no actúa como banco central pero sí impide que los bancos centrales nacionales actúen como tales, lo cual beneficia a Alemania».
Ahí está la madre del suculento cordero. A Merkel le favorece pagar su deuda al 1% números redondos y que España se abrase en el 7%. La canciller alemana lleva muchos meses jugando al ratón y al gato con España e Italia. Pero la situación se ha hecho tan insoportable que da la sensación de que Alemania ha comprendido que debe terminar su juego y permitir a españoles e italianos que respiren. José Luis Rodríguez Zapatero cree que, hoy jueves, el Banco Central Europeo anunciará un programa de adquisición de deuda soberana en el mercado secundario. Las primas de riesgo de España e Italia quedarían estabilizadas y los horizontes borrascosos de la crisis económica comenzarían a despejarse.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
Demasiado relajado
LOS ASESORES de Rajoy trabajan estos días a destajo para organizarle una escapada sin que se note, sin que le puedan fotografiar «demasiado relajado». En realidad siempre que se está relajado se está demasiado relajado, porque lo que hay que hacer es trabajar y no esta horterada del descanso. Rajoy dijo que no haría vacaciones pero querría pasar unos días tranquilo en Pontevedra. Todos a su alrededor están urdiendo los más ridículos planes para que estos días no parezcan lo que en realidad son. El mayor temor en el PP es que su líder sea abucheado o increpado en su tierra y quieren a toda costa evitarlo escondiéndole de las masas.
Si Rajoy no quiere dar la imagen de que está de vacaciones, lo más fácil y lo más honesto es que no haga vacaciones. Si los asesores de Rajoy no quieren que el presidente aparezca «demasiado relajado» en los toros o en la playa, lo más sincero y útil es que no se relaje y que haga de una vez por todas su trabajo. Incluso en nuestra era de la imagen hay algo mejor que aparentar, y que da mejores resultados a largo plazo. Y es ser. Cuando uno es, y es de verdad, no le hace falta aparentar porque la verdad se proyecta sola.
Pero los asesores de Rajoy son los primeros que saben que los grandes esfuerzos no van con el carácter de su líder, y por eso necesitan que aparente lo contrario. Los asesores de Rajoy son los primeros que saben que su hombre le ha fallado a España no tomando las duras pero imprescindibles medidas, de modo que le tienen pavor a cualquier imagen que dé a entender lo que en el fondo es cierto, y es que tenemos a un presidente débil y pastoso que viendo una etapa del Tour se olvida de todo.
Si Rajoy fuera trabajador y estuviera comprometido con el futuro de España, no tendría ninguna necesidad de aparentarlo y podría irse un fin de semana con su familia donde le diera la gana. Si Rajoy se hubiera sacrificado por el bien común, podría fumarse un puro en los toros y saldría a hombros de cualquier plaza. Pero como lo único que intenta es no quemarse, no meterse en líos y que los días pasen, sus asesores van locos intentado transmitir de él cualquier otra imagen.
Si no quiere dar la sensación de que está de vacaciones, que se quede en La Moncloa trabajando. Aunque sólo fuera por la rareza del evento, muchos querrían fotografiarle.
EL SEXTO ARO
02/08/2012 CARLOS TORO
POR LA CALLE DE FUERA
02/08/2012 DAVID GISTAU
Si Rajoy no quiere dar la imagen de que está de vacaciones, lo más fácil y lo más honesto es que no haga vacaciones. Si los asesores de Rajoy no quieren que el presidente aparezca «demasiado relajado» en los toros o en la playa, lo más sincero y útil es que no se relaje y que haga de una vez por todas su trabajo. Incluso en nuestra era de la imagen hay algo mejor que aparentar, y que da mejores resultados a largo plazo. Y es ser. Cuando uno es, y es de verdad, no le hace falta aparentar porque la verdad se proyecta sola.
Pero los asesores de Rajoy son los primeros que saben que los grandes esfuerzos no van con el carácter de su líder, y por eso necesitan que aparente lo contrario. Los asesores de Rajoy son los primeros que saben que su hombre le ha fallado a España no tomando las duras pero imprescindibles medidas, de modo que le tienen pavor a cualquier imagen que dé a entender lo que en el fondo es cierto, y es que tenemos a un presidente débil y pastoso que viendo una etapa del Tour se olvida de todo.
Si Rajoy fuera trabajador y estuviera comprometido con el futuro de España, no tendría ninguna necesidad de aparentarlo y podría irse un fin de semana con su familia donde le diera la gana. Si Rajoy se hubiera sacrificado por el bien común, podría fumarse un puro en los toros y saldría a hombros de cualquier plaza. Pero como lo único que intenta es no quemarse, no meterse en líos y que los días pasen, sus asesores van locos intentado transmitir de él cualquier otra imagen.
Si no quiere dar la sensación de que está de vacaciones, que se quede en La Moncloa trabajando. Aunque sólo fuera por la rareza del evento, muchos querrían fotografiarle.
GUERRA EN EL PACÍFICO
Como sustitutivo incruento del enfrentamiento bélico entre naciones o sistemas políticos, el deporte está entrando en una nueva Guerra Fría. El escenario principal se ha trasladado de Europa a Asia. Del Atlántico al Pacífico. Uno de los actores no ha cambiado: Estados Unidos. El otro ya no es la Unión Soviética, sino China.
¡Es el Pacífico, estúpido! Ese océano ocupa una superficie mayor que la de toda la tierra firme existente. En esa inmensa zona que reúne a las tres cuartas partes de la población del planeta. En esa vastedad que genera o consume un porcentaje parecido de los recursos y por la que circula el 70% del transporte mundial. En ese descomunal tablero geográfico, demográfico, económico se está jugando ya el futuro del mundo.
El deporte es una de las armas esgrimidas por las actuales dos superpotencias para perseguir la hegemonía y lanzar a la humanidad un mensaje fácilmente comprensible de superioridad ideológica y excelencia nacional. Encabezar el medallero olímpico significa dominar desde el punto de vista propagandístico una parte significativa de la partida general. Bajo la impoluta bandera de los cinco aros unidos por la hermandad y la concordia se gruñen y enseñan los dientes quienes se sopesan y miden en otros campos menos risueños y más trascendentes.
Aparte del escenario general de los Juegos, en el que las fichas se mueven simultánea e incansablemente, la piscina representa, como una rectangular maqueta de agua dulce, las saladas oceánicas. En ella manda Estados Unidos, con 16 medallas (ocho de oro, seis de plata y dos de bronce) frente a las siete de China (tres, dos, dos). Ningún otro país se les acerca. Bueno, ya que estamos en el Pacífico, el Japón que se rearma también tiene siete. Pero todas de bronce. Un símbolo de que sigue existiendo como potencia visible de la zona, pero relegada a un papel secundario y tangencial.
El deporte es una de las armas esgrimidas por las actuales dos superpotencias para perseguir la hegemonía y lanzar a la humanidad un mensaje fácilmente comprensible de superioridad ideológica y excelencia nacional. Encabezar el medallero olímpico significa dominar desde el punto de vista propagandístico una parte significativa de la partida general. Bajo la impoluta bandera de los cinco aros unidos por la hermandad y la concordia se gruñen y enseñan los dientes quienes se sopesan y miden en otros campos menos risueños y más trascendentes.
Aparte del escenario general de los Juegos, en el que las fichas se mueven simultánea e incansablemente, la piscina representa, como una rectangular maqueta de agua dulce, las saladas oceánicas. En ella manda Estados Unidos, con 16 medallas (ocho de oro, seis de plata y dos de bronce) frente a las siete de China (tres, dos, dos). Ningún otro país se les acerca. Bueno, ya que estamos en el Pacífico, el Japón que se rearma también tiene siete. Pero todas de bronce. Un símbolo de que sigue existiendo como potencia visible de la zona, pero relegada a un papel secundario y tangencial.
Mientras Estados Unidos y China libran esa guerra no inocente pero al menos incruenta en la que las banderas ondean para celebrar victorias sin sangre y los himnos saludan el paso de tropas no violentas, una muchacha de Badalona se ha convertido en la persona más famosa de España a causa de una medalla, la primera y más deseada por nosotros, que premiaba un heroísmo sin víctimas. Mireia -si le queréis escribir, ya sabéis su paradero- es nuestra madrina de guerra, de nuestra guerra. Mireia, encajada entre una china y una japonesa. Ellas, las de los ojos rasgados, combaten en el Pacífico. Nosotros, los de los ojos redondos, en el Mediterráneo.
LAS DOS PROMESAS
La muerte de Mike HunterI, ocurrida en 2006 en una calle de L.A., todavía es incomprensible para su familia. Es cierto que este peso pesado de los 80/90, que fue patrocinado por el actor JamesCaan e hizo de sparring para Mike Tyson y Lennox Lewis, había cumplido condena por atraco y anduvo un tiempo perdido en las adicciones. Pero se había estabilizado y trabaja como entrenador en un gimnasio de Hollywood, por lo que nadie entiende que, en plena noche, desenfundara un arma de juguete ante dos policías, como si deseara hacerse abatir.
Mike Hunter II, 22 años, natural de Las Vegas, se había propuesto dedicar a su padre la medalla de oro de los pesados -«Era mi misión»-, como si quisiera triunfar por ambos. Ya no podrá. Ayer cayó en octavos, en una pelea trabada, fea, contra el ruso Beterbiev, con el que igualó a 10 después de tres asaltos, por lo que los jueces deshicieron el empate con un criterio subjetivo que no impidió a Hunter aceptar el resultado con elegancia y elogios al contrincante. Cuando salió del ring, sangraba con abundancia por la nariz.
En los días anteriores, Hunter fue uno de los vocingleros muchachos del Boxing Team que, con vistosos auriculares rodeando el cuello y pañuelos con las barras y las estrellas anudados en la cabeza, animaban desde la grada a los compañeros que peleaban. Estuvo a punto de emular a su padre en las incursiones en el lado oscuro, pues viene de cumplir una sanción de tres meses por consumo de marihuana que casi le aparta de los Juegos y que él atribuyó a las malas compañías que puede llegar a frecuentar un muchacho deprimido, golpeado por la vida. Tal vez por eso, Hunter está arropado en Londres por familiares que visten camisetas en las que puede leerse: Hunter Team. USA. Sobre todo, por un hermano pequeño que le dice «bro» y está convencido de que conseguirá cumplir la otra promesa que le hizo a un muerto: convertirse, algún día, en campeón del mundo de los pesados, una vez salte al profesionalismo. Hunter ya ha hecho guantes con los hermanos Klitschko, y se ve capaz: «Es hora de pasar a la fase siguiente de mi carrera».
Habrá que estar atentos al porvenir de Hunter, pues a él se refieren como a la gran promesa del boxeo americano, pese a esta eliminación prematura en los Juegos. Es el mejor peso pesado surgido en el circuito amateur desde los 90, y ahora tendrá que adaptarse a la distancia de los 12 asaltos y que aprender a sobrellevar con más fluidez la tensión de los grandes combates. Su derrota dejó mudo a su equipo, que ayer no logró ninguna victoria y perdió hombres lo mismo en pesos ligeros como el gallo que en el superpesado (más de 91 kilos), donde DominicBreazeale, pese a sus hechuras de Foreman, recibió un castigo durísimo del ruso Omarov, que a punto estuvo de sacarlo del ring por encima de las cuerdas. Hay un cierto aroma de decadencia en el equipo norteamericano, que no resiste los cruces con los magníficos púgiles cubanos, lo cual es tradición olímpica. Pero tampoco el auge de púgiles del Este, rusos e incluso uzbecos o azerbayanos, que están demostrando ser unos tipos duros, a los que no movería el impacto de un autobús de dos pisos, y unos pegadores tremendos: en los superpesados, Medzhidov arreó tal derechazo al congoleño Mwanba, de un enorme parecido con el gladiador nubio de Espartaco, que le arrancó el protector de cabeza, que salió volando fuera del ring.
02/08/2012 EDUARDO MENDICUTTI
En los Juegos no todo es carne.Hay mucha, claro, y de primera. «Pero también hay otras cosas, nena», me digo a mí misma. Hay belleza, armonía, elegancia, finura. Y espiritualidad, bonita, mira lo que te digo. Ahonda tu mirada, mujer. Llega más allá del mero envoltorio. Obvia la musculatura, y algún que otro detalle que no es exactamente musculatura. Elévate un poco, por dios. Trasciende, cariño, trasciende, que llevas unos días más salida que el pico de una mesa.
Hay, por ejemplo, un deporte delicadísimo que se llama esgrima. En la esgrima todo es refinamiento, quiebro de cintura, giro de muñeca, minué de pies. Es un deporte que contagia ligereza, flexibilidad, precisión exquisita, caballerosidad unisex. La esgrima es un deporte escueto, limpio, estilizado. Y soso que te mueres. La esgrima es la Nieves Álvarez de los deportes.
El otro día, una surcoreana que se llama Shim Lars acabó bañada en lágrimas porque los jueces, injustos ellos, la eliminaron. La pobre Shim, llorando a lágrima viva durante hora y media, era como un sauce mojado por la lluvia, como un velero anegado por las olas, como un chal de seda empapado junto a un estanque. La imagen de la pobre Shim tiritando por la llantera era talmente la de una jarrita de porcelana china -bueno surcoreana- sacada antes de tiempo del friegaplatos. Un deporte como la esgrima, capaz de provocar imágenes así de poéticas, es el chantillí de los Juegos Olímpicos. Eso sí, a mí, cuando veo esgrima, me pasa lo mismo que cuando veo mucho rato a Kate Middelton: me baja la tensión y me acaba dando la lipotimia.
La esgrima es al resto de los deportes como la voz de Angela Gheorghiu a la de Mila Ximénez. O como la gimnasia de antes era a la gimnasia de ahora. Ahora, a propósito de la enorme cantidad de medallas olímpicas que ya acumula mi Michael Phelps, todo el mundo ha recordado a la gimnasta rusa que ganó 18 medallas, una detrás de otra, en tres Olimpiadas casi seguidas de los años catapún. Se llamaba Larisa Latynina y flotaba, la tía. Aquello sí que era finura y no lo que hacen las gimnastas de ahora, que parece que han salido todas del Kung Fu. Las gimnastas de antes parecían salidas de una enorme tarta de vainilla y nata. Con lo que eso engorda, qué horror.
Vale, habrá que reconocer que un exceso de dulzura convertiría los Juegos en Paloma Cuevas. Pero es que, además de la esgrima, en los Juegos hay, o debería haber, otras formas de espiritualidad. Y no me refiero ya a mi Carlos Ballbé, ese jugador catalán de hockey hierba con carita de santo antiguo -que son los de fiar, se diga lo que se diga- y que, en cuanto salga de los Juegos, va a meterse a cura. Me refiero también a la espiritualidad que cada uno y cada una, atletas y no atletas, aporte desde su interior. Es algo que a cada uno de nosotros y nosotras debe salirnos de dentro para compensar los arrebatos puramente carnales que nos entran cuando vemos, por ejemplo, a John Orozco, el gimnasta norteamericano, cambiándose de calzones a la vista de todos y de todas, y marcando en el minislip la estatua de la Libertad. Yo, para que sirva de guía y ejemplo, he aportado este artículo, que es pura espiritualidad. ¿O no?
Mike Hunter II, 22 años, natural de Las Vegas, se había propuesto dedicar a su padre la medalla de oro de los pesados -«Era mi misión»-, como si quisiera triunfar por ambos. Ya no podrá. Ayer cayó en octavos, en una pelea trabada, fea, contra el ruso Beterbiev, con el que igualó a 10 después de tres asaltos, por lo que los jueces deshicieron el empate con un criterio subjetivo que no impidió a Hunter aceptar el resultado con elegancia y elogios al contrincante. Cuando salió del ring, sangraba con abundancia por la nariz.
En los días anteriores, Hunter fue uno de los vocingleros muchachos del Boxing Team que, con vistosos auriculares rodeando el cuello y pañuelos con las barras y las estrellas anudados en la cabeza, animaban desde la grada a los compañeros que peleaban. Estuvo a punto de emular a su padre en las incursiones en el lado oscuro, pues viene de cumplir una sanción de tres meses por consumo de marihuana que casi le aparta de los Juegos y que él atribuyó a las malas compañías que puede llegar a frecuentar un muchacho deprimido, golpeado por la vida. Tal vez por eso, Hunter está arropado en Londres por familiares que visten camisetas en las que puede leerse: Hunter Team. USA. Sobre todo, por un hermano pequeño que le dice «bro» y está convencido de que conseguirá cumplir la otra promesa que le hizo a un muerto: convertirse, algún día, en campeón del mundo de los pesados, una vez salte al profesionalismo. Hunter ya ha hecho guantes con los hermanos Klitschko, y se ve capaz: «Es hora de pasar a la fase siguiente de mi carrera».
Habrá que estar atentos al porvenir de Hunter, pues a él se refieren como a la gran promesa del boxeo americano, pese a esta eliminación prematura en los Juegos. Es el mejor peso pesado surgido en el circuito amateur desde los 90, y ahora tendrá que adaptarse a la distancia de los 12 asaltos y que aprender a sobrellevar con más fluidez la tensión de los grandes combates. Su derrota dejó mudo a su equipo, que ayer no logró ninguna victoria y perdió hombres lo mismo en pesos ligeros como el gallo que en el superpesado (más de 91 kilos), donde DominicBreazeale, pese a sus hechuras de Foreman, recibió un castigo durísimo del ruso Omarov, que a punto estuvo de sacarlo del ring por encima de las cuerdas. Hay un cierto aroma de decadencia en el equipo norteamericano, que no resiste los cruces con los magníficos púgiles cubanos, lo cual es tradición olímpica. Pero tampoco el auge de púgiles del Este, rusos e incluso uzbecos o azerbayanos, que están demostrando ser unos tipos duros, a los que no movería el impacto de un autobús de dos pisos, y unos pegadores tremendos: en los superpesados, Medzhidov arreó tal derechazo al congoleño Mwanba, de un enorme parecido con el gladiador nubio de Espartaco, que le arrancó el protector de cabeza, que salió volando fuera del ring.
EL ESPÍRITU TAMBIÉN HACE DEPORTE
LA SUSI EN LOS JJOO
En los Juegos no todo es carne.Hay mucha, claro, y de primera. «Pero también hay otras cosas, nena», me digo a mí misma. Hay belleza, armonía, elegancia, finura. Y espiritualidad, bonita, mira lo que te digo. Ahonda tu mirada, mujer. Llega más allá del mero envoltorio. Obvia la musculatura, y algún que otro detalle que no es exactamente musculatura. Elévate un poco, por dios. Trasciende, cariño, trasciende, que llevas unos días más salida que el pico de una mesa.
Hay, por ejemplo, un deporte delicadísimo que se llama esgrima. En la esgrima todo es refinamiento, quiebro de cintura, giro de muñeca, minué de pies. Es un deporte que contagia ligereza, flexibilidad, precisión exquisita, caballerosidad unisex. La esgrima es un deporte escueto, limpio, estilizado. Y soso que te mueres. La esgrima es la Nieves Álvarez de los deportes.
El otro día, una surcoreana que se llama Shim Lars acabó bañada en lágrimas porque los jueces, injustos ellos, la eliminaron. La pobre Shim, llorando a lágrima viva durante hora y media, era como un sauce mojado por la lluvia, como un velero anegado por las olas, como un chal de seda empapado junto a un estanque. La imagen de la pobre Shim tiritando por la llantera era talmente la de una jarrita de porcelana china -bueno surcoreana- sacada antes de tiempo del friegaplatos. Un deporte como la esgrima, capaz de provocar imágenes así de poéticas, es el chantillí de los Juegos Olímpicos. Eso sí, a mí, cuando veo esgrima, me pasa lo mismo que cuando veo mucho rato a Kate Middelton: me baja la tensión y me acaba dando la lipotimia.
La esgrima es al resto de los deportes como la voz de Angela Gheorghiu a la de Mila Ximénez. O como la gimnasia de antes era a la gimnasia de ahora. Ahora, a propósito de la enorme cantidad de medallas olímpicas que ya acumula mi Michael Phelps, todo el mundo ha recordado a la gimnasta rusa que ganó 18 medallas, una detrás de otra, en tres Olimpiadas casi seguidas de los años catapún. Se llamaba Larisa Latynina y flotaba, la tía. Aquello sí que era finura y no lo que hacen las gimnastas de ahora, que parece que han salido todas del Kung Fu. Las gimnastas de antes parecían salidas de una enorme tarta de vainilla y nata. Con lo que eso engorda, qué horror.
Vale, habrá que reconocer que un exceso de dulzura convertiría los Juegos en Paloma Cuevas. Pero es que, además de la esgrima, en los Juegos hay, o debería haber, otras formas de espiritualidad. Y no me refiero ya a mi Carlos Ballbé, ese jugador catalán de hockey hierba con carita de santo antiguo -que son los de fiar, se diga lo que se diga- y que, en cuanto salga de los Juegos, va a meterse a cura. Me refiero también a la espiritualidad que cada uno y cada una, atletas y no atletas, aporte desde su interior. Es algo que a cada uno de nosotros y nosotras debe salirnos de dentro para compensar los arrebatos puramente carnales que nos entran cuando vemos, por ejemplo, a John Orozco, el gimnasta norteamericano, cambiándose de calzones a la vista de todos y de todas, y marcando en el minislip la estatua de la Libertad. Yo, para que sirva de guía y ejemplo, he aportado este artículo, que es pura espiritualidad. ¿O no?
Etiquetas: Firmas





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