CGPJ: Carlos Dívar y el Bicentenario

Frío institucional en el último acto público de Dívar
Don Felipe califica de momento de «reflexión y conmemoración» el bicentenario del TS
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La conmemoración del bicentenario de la creación del Tribunal Supremo unió ayer a la solemnidad del acto la frialdad institucional asociada a la que probablemente será la última intervención pública de Carlos Dívar como presidente del Poder Judicial.
No hubo alegría en la celebración de los 200 años de historia de un tribunal nacido en la Constitución de 1812 para encarnar la separación de poderes. Todas las miradas -circunspectas, curiosas- recalaron en Dívar, que superó el trance con un discurso puramente institucional, de principios generales y sin alusión alguna a su delicada situación como presidente del Consejo General del Poder Judicial. Previsiblemente, Carlos Dívar abandonará el cargo este jueves después de que la mayoría de los vocales del CGPJ le hiciera saber el pasado sábado que ha perdido su confianza en él por la polémica sobre los gastos de viajes cargados al presupuesto público.
Con las tablas adquiridas en la infinidad de actos oficiales en los que ha participado, Dívar recibió al Príncipe, que sustituyó al Rey debido al viaje de éste a Arabia Saudí. Lo hizo acompañado de los miembros de la Sala de Gobierno, que apenas dirigieron al presidente más allá de los saludos formales.
También recibió a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que ostentaba la representación del jefe del Ejecutivo, y al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que subió las escalinatas junto a Don Felipe y a Dívar.
Acudieron, asimismo, la vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos; el presidente del Tribunal Constitucional, Pascual Sala; los magistrados del TC Javier Delgado y Francisco Hernando, que, igual que Sala, presidieron el Supremo; consejeros de Estado como Miguel Rodríguez-Piñero y Fernando Ledesma; los presidentes de la Abogacía y de los procuradores, Carlos Carnicer y Juan Carlos Estévez; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la alcaldesa, Ana Botella. Si existió, no se notó el supuesto plante que iban a protagonizar los jueces del Supremo, la mayoría de los cuales ocupó su lugar en estrados.
En el acto participaron los presidentes de las Cortes Supremas de seis países iberoamericanos. No acudió, entre otros, el de Argentina, que en abril tuvo que afrontar la ausencia de los representantes del Poder Judicial español en la cumbre iberoamericana celebrada en Buenos Aires en nefasta coincidencia con la expropiación de YPF.
Los vocales del Consejo General del Poder Judicial estuvieron presentes en la conmemoración, todos menos Margarita Robles y José Manuel Gómez Benítez, los más beligerantes contra Dívar en el último mes, que manifestaron así su rechazo por que el presidente del CGPJ ayer continuara en su cargo.
Y, finalmente, en el salón de plenos se hizo presente el lejano eco de la protesta de un grupo de funcionarios que, situados en un lateral del palacio de Justicia, profirieron gritos y pitidos contra los recortes y contra Dívar, coreando gritos a favor de su dimisión.
En su intervención, Dívar subrayó que «el Poder Judicial cumple y ha de cumplir su misión de controlar a los poderes públicos. De ahí que un Estado que socave la posición institucional del Poder Judicial dificulta o hace inexistente el Estado de Derecho».
También recalcó que el Tribunal Supremo «ha de tener una posición institucional que le equipare a los otros poderes del Estado» ya que «ostenta la cabeza del Poder Judicial, lo que fue claramente plasmado en 1812 y debe seguir siendo así».
El discurso del Príncipe, con el que se cerró el acto, comenzó con la transmisión de un «afectuoso saludo» de Don Juan Carlos.
Era la segunda vez que Don Felipe visitaba el Supremo, ya que hace años celebró un desayuno con los miembros de la Sala de Gobierno.
Ayer, tras expresar el «especial sentimiento de gratitud y amistad a los representantes de los países iberoamericanos», el Príncipe recordó que la Constitución liberal de 1812 fue «esencial para el establecimiento de un Estado de Derecho moderno en el que los ciudadanos puedan defender sus libertades y derechos ante las eventuales intromisiones de otros poderes del Estado», y calificó el bicentenario del Supremo como «acto de reflexión y conmemoración».
Dívar acudió por la tarde a la presentación de un libro dedicado a los 200 años del Supremo, pero no participará en ningún otro acto de celebración de la efeméride.
ANA ROMERO MADRID
19/06/2012 ESPAÑA
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La conmemoración del bicentenario de la creación del Tribunal Supremo unió ayer a la solemnidad del acto la frialdad institucional asociada a la que probablemente será la última intervención pública de Carlos Dívar como presidente del Poder Judicial.No hubo alegría en la celebración de los 200 años de historia de un tribunal nacido en la Constitución de 1812 para encarnar la separación de poderes. Todas las miradas -circunspectas, curiosas- recalaron en Dívar, que superó el trance con un discurso puramente institucional, de principios generales y sin alusión alguna a su delicada situación como presidente del Consejo General del Poder Judicial. Previsiblemente, Carlos Dívar abandonará el cargo este jueves después de que la mayoría de los vocales del CGPJ le hiciera saber el pasado sábado que ha perdido su confianza en él por la polémica sobre los gastos de viajes cargados al presupuesto público.
Con las tablas adquiridas en la infinidad de actos oficiales en los que ha participado, Dívar recibió al Príncipe, que sustituyó al Rey debido al viaje de éste a Arabia Saudí. Lo hizo acompañado de los miembros de la Sala de Gobierno, que apenas dirigieron al presidente más allá de los saludos formales.
También recibió a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que ostentaba la representación del jefe del Ejecutivo, y al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que subió las escalinatas junto a Don Felipe y a Dívar.
Acudieron, asimismo, la vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos; el presidente del Tribunal Constitucional, Pascual Sala; los magistrados del TC Javier Delgado y Francisco Hernando, que, igual que Sala, presidieron el Supremo; consejeros de Estado como Miguel Rodríguez-Piñero y Fernando Ledesma; los presidentes de la Abogacía y de los procuradores, Carlos Carnicer y Juan Carlos Estévez; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la alcaldesa, Ana Botella. Si existió, no se notó el supuesto plante que iban a protagonizar los jueces del Supremo, la mayoría de los cuales ocupó su lugar en estrados.
En el acto participaron los presidentes de las Cortes Supremas de seis países iberoamericanos. No acudió, entre otros, el de Argentina, que en abril tuvo que afrontar la ausencia de los representantes del Poder Judicial español en la cumbre iberoamericana celebrada en Buenos Aires en nefasta coincidencia con la expropiación de YPF.
Los vocales del Consejo General del Poder Judicial estuvieron presentes en la conmemoración, todos menos Margarita Robles y José Manuel Gómez Benítez, los más beligerantes contra Dívar en el último mes, que manifestaron así su rechazo por que el presidente del CGPJ ayer continuara en su cargo.
Y, finalmente, en el salón de plenos se hizo presente el lejano eco de la protesta de un grupo de funcionarios que, situados en un lateral del palacio de Justicia, profirieron gritos y pitidos contra los recortes y contra Dívar, coreando gritos a favor de su dimisión.
En su intervención, Dívar subrayó que «el Poder Judicial cumple y ha de cumplir su misión de controlar a los poderes públicos. De ahí que un Estado que socave la posición institucional del Poder Judicial dificulta o hace inexistente el Estado de Derecho».
También recalcó que el Tribunal Supremo «ha de tener una posición institucional que le equipare a los otros poderes del Estado» ya que «ostenta la cabeza del Poder Judicial, lo que fue claramente plasmado en 1812 y debe seguir siendo así».
El discurso del Príncipe, con el que se cerró el acto, comenzó con la transmisión de un «afectuoso saludo» de Don Juan Carlos.
Era la segunda vez que Don Felipe visitaba el Supremo, ya que hace años celebró un desayuno con los miembros de la Sala de Gobierno.
Ayer, tras expresar el «especial sentimiento de gratitud y amistad a los representantes de los países iberoamericanos», el Príncipe recordó que la Constitución liberal de 1812 fue «esencial para el establecimiento de un Estado de Derecho moderno en el que los ciudadanos puedan defender sus libertades y derechos ante las eventuales intromisiones de otros poderes del Estado», y calificó el bicentenario del Supremo como «acto de reflexión y conmemoración».
Dívar acudió por la tarde a la presentación de un libro dedicado a los 200 años del Supremo, pero no participará en ningún otro acto de celebración de la efeméride.
El Rey fue el primero en dar el pésame
Abdulá quería honrarlo en las pompas de su hijo, lo que le obligó a salir a las 6.00
. El Rey Juan Carlos no pudo estar ayer en la foto junto a Carlos Dívar porque Abdulá de Arabia Saudí quiso honrarlo recibiéndolo antes que a nadie en las condolencias de su hermano, el fallecido príncipe heredero Nayef.
Don Juan Carlos fue ayer el primer mandatario extranjero y el de más alto rango recibido en Taif (provincia de La Meca) para dar el pésame al rey saudí, de 89 años, y al nuevo príncipe heredero, su amigo Salman, de 77 años. En términos prácticos, este honor significó que al Monarca se le impuso una hora exacta: las 13.30 horas en España.
La Casa del Rey quiso poner fin así ayer a las especulaciones acerca de la ausencia del Rey en el bicentenario del Supremo. Don Juan Carlos tuvo que salir ayer a las 6.00 horas de Madrid para llegar a tiempo a la cita con el rey Abdulá. El Príncipe Felipe, que el pasado octubre dio el pésame en nombre de su padre cuando murió el primer heredero, Sultan, tampoco pudo sustituir al Rey en Arabia porque en la noche de ayer tenía que cenar en Casablanca con Mulay Rachid, el hermano del rey Mohamed VI de Marruecos. De ahí siguió rumbo a Nueva York, donde pasará el resto de la semana de viaje oficial.
Don Juan Carlos tampoco pudo ir el domingo, al día siguiente de la muerte de Nayef, porque el príncipe fue enterrado ese día en La Meca.
Allí, las delegaciones árabes sí comenzaron a ofrecer las condolencias. Por ejemplo, el general egipcio Hussein Tantawi, líder del Consejo Militar Supremo. Pero las delegaciones extranjeras no fueron recibidas hasta ayer en Taif porque, al ser no creyentes, tienen prohibida la entrada en esta ciudad santa del islam. El canon islámico obliga al entierro inmediato del muerto cubierto por una sabana, y a un periodo de condolencias de tres días.
Ningún otro miembro de una Casa Real europea acudió en persona a las condolencias. Los jefes de Estado y de Gobierno occidentales enviaron telegramas.
. El Rey Juan Carlos no pudo estar ayer en la foto junto a Carlos Dívar porque Abdulá de Arabia Saudí quiso honrarlo recibiéndolo antes que a nadie en las condolencias de su hermano, el fallecido príncipe heredero Nayef.
Don Juan Carlos fue ayer el primer mandatario extranjero y el de más alto rango recibido en Taif (provincia de La Meca) para dar el pésame al rey saudí, de 89 años, y al nuevo príncipe heredero, su amigo Salman, de 77 años. En términos prácticos, este honor significó que al Monarca se le impuso una hora exacta: las 13.30 horas en España.
La Casa del Rey quiso poner fin así ayer a las especulaciones acerca de la ausencia del Rey en el bicentenario del Supremo. Don Juan Carlos tuvo que salir ayer a las 6.00 horas de Madrid para llegar a tiempo a la cita con el rey Abdulá. El Príncipe Felipe, que el pasado octubre dio el pésame en nombre de su padre cuando murió el primer heredero, Sultan, tampoco pudo sustituir al Rey en Arabia porque en la noche de ayer tenía que cenar en Casablanca con Mulay Rachid, el hermano del rey Mohamed VI de Marruecos. De ahí siguió rumbo a Nueva York, donde pasará el resto de la semana de viaje oficial.
Don Juan Carlos tampoco pudo ir el domingo, al día siguiente de la muerte de Nayef, porque el príncipe fue enterrado ese día en La Meca.
Allí, las delegaciones árabes sí comenzaron a ofrecer las condolencias. Por ejemplo, el general egipcio Hussein Tantawi, líder del Consejo Militar Supremo. Pero las delegaciones extranjeras no fueron recibidas hasta ayer en Taif porque, al ser no creyentes, tienen prohibida la entrada en esta ciudad santa del islam. El canon islámico obliga al entierro inmediato del muerto cubierto por una sabana, y a un periodo de condolencias de tres días.
Ningún otro miembro de una Casa Real europea acudió en persona a las condolencias. Los jefes de Estado y de Gobierno occidentales enviaron telegramas.





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