EL DESASTRE SOCIALISTA DEL AGUA

t; embalses
La reserva hidráulica española está al 61,7% de su capacidad total. Actualmente existen unas reservas de 34.304 hm³ de agua embalsada.
49,6% Los embalses de la cuenca Miño-Sil están a menos del 50% y es la zona con más problemas de agua junto a la cuenca del Ebro que, en esta época del año, tendría que estar repleta de agua y donde se ha restringido en un 80% el riego en el campo.
82,26% era el nivel medio de los embalses hace un año.
> EL MINISTRO
Arias Cañete: «La herencia recibida en política de aguas que nos ha dejado el PSOE es nefasta. Hay que acometer un gran pacto del agua».
> desaladoras
1.664 millones de euros se han invertido ya en el plan de desaladoras de Zapatero. De las 51 planeadas, tan sólo funcionan 17 y al 16% de su capacidad.
15 plantas están todavía pendientes de construcción y se necesitarán 762 millones de euros para poderlas acabar.
> ayudas
En la última década, la Unión Europea ha sido muy generosa con España en materia de infraestructuras para asegurar el agua.
1.000 millones de euros lleva Bruselas gastados en las desaladoras españolas. Además, ha subvencionado con 120 millones de euros el trasvase Júcar-Vinalopó.
50 millones es la cuantía que, previsiblemente, tendrá que pagar España por no cumplir la normativa europea de depuración.
> La promesa
Cristina Narbona: «El plan alternativo al trasvase del Ebro supondrá más agua, de forma más rápida y barata», dijo la ex ministra en 2004.
>El tiempo
-45%. Desde el mes de octubre las precipitaciones han totalizado 565 litros por metro cuadrado un 45% menos que la media de años anteriores.
3 meses. La previsión meteorológica indica que esta primavera será menos lluviosa que en 2011 y el verano seco.
las desaladoras, al 16% de su capacidad
Zapatero proyectó 51 plantas y sólo están en explotación 17. La demanda de los agricultores es mínima por el desorbitado precio del agua, 10 veces superior a la de los embalses y trasvases. Por Carmen LLorente
El próximo mes de junio se cumplirán ocho años de la derogación del trasvase del Ebro. La que estaba llamada a convertirse en la mayor obra hidráulica de España fue reemplazada por un plan que prometía poner fin a los problemas de sequía, gracias a la utilización del agua del mar. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero vendió a bombo y platillo la desalación como la solución más ecológica, moderna, rápida y barata para asegurar el abastecimiento de agua. Nada más lejos de la realidad. Hoy, cuando la amenaza de una gran sequía vuelve a sacudir a buena parte de España, nos encontramos con una costa mediterránea plagada de grandes plantas de desalación que están inacabadas o infrautilizadas, mientras que en el resto de España no se dispone de las infraestructuras hidráulicas necesarias para atajar los problemas de suministro del agua y de riego en el campo, que se agravarán en verano.El plan Agua aprobado por Zapatero en 2004 no sólo supuso el fin del trasvase del Ebro, sino también la cancelación de buena parte de los proyectos del Plan Hidrológico Nacional diseñado por el Gobierno de José María Aznar, que preveía la construcción de embalses, trasvases, mejora de las cuencas y depuradoras de agua.
«Se han perdido ocho años, se han malgastado miles de millones de euros y nos encontramos con que los agricultores no tenemos agua para regar», asegura Andrés del Campo, presidente de Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore).
Si no llueve en abundancia en la cuenca del Ebro en los próximos meses, los agricultores no podrán regar este verano. Una situación que, en opinión de Del Campo, se «hubiera evitado» si se hubiera realizado el trasvase y el embalse previsto en la zona.
Los productores del Mediterráneo también miran con insistencia al cielo y comienzan a rezar a sus santos para que llueva. Aunque hay un buen número de desaladoras, no pueden contar con el agua de estas plantas debido a su alto precio.
El gran plan de desalación del ex presidente Zapatero contemplaba la construcción de 51 plantas -algunas ampliaciones de las ya existentes- de las que sólo están en explotación un total de 17 y otras 15 siguen construyéndose, según los datos del Ministerio capitaneado por Miguel Arias Cañete. El problema es que ya se llevan gastados 1.664 millones de euros en las instalaciones realizadas, suma que se agrandará hasta 2.426 millones si se acaban las plantas que todavía están en construcción.
Las desaladoras operativas sólo funcionan al 16,45% de su capacidad por falta de demanda. Estas plantas fueron proyectadas en algunos casos para dar agua al campo, es el caso de Águilas en Murcia o Carboneras, en Almería. El problema es que los agricultores no pueden pagar ese agua por su alto precio. «La ex ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, me preguntó en su día que por qué no queríamos el agua desalada. Le contesté: Nos sale más barato regar con whisky», afirma el presidente de la confederación de regantes, que indica que, si hace ocho años el coste de desalar era ya inasumible, ahora lo es mucho más, debido al gran aumento de las tarifas eléctricas. El 60% de los costes de la desalación es energético.
El coste de producción por metro cúbico de agua desalada es de 1,1 euros, 10 veces superior al precio que tiene el agua de regadío procedente de otras fuentes alternativas: pozos, ríos e incluso de trasvases como el Tajo-Segura. El agricultor puede afrontar como máximo un coste de agua desalada de 0,30 euros en momentos críticos de falta de lluvia y siempre que combine ésta con otras fuentes más baratas. «Si tenemos que comprar agua desalada es preferible no sembrar ya que los pepinos o tomates saldrían más caros que en el supermercado», explica Pedro Barato, presidente de Asaja.
En otras palabras, los agricultores sólo pueden usar el agua desalada si ésta es fuertemente subvencionada, algo inadmisible en el actual contexto de recorte del déficit público y más cuando el Ministerio de Agricultura ha sufrido un tijeretazo de su presupuesto del 31,2%.
Otras plantas fueron proyectadas al calor del boom del ladrillo y de ambiciosos planes de desarrollo urbanístico. Pero las miles de viviendas proyectadas no se han construido y ahora los municipios que firmaron acuerdos para utilizar el agua desalada no pueden pagar el coste de la misma. Estos son los casos de las plantas de Oropesa y Moncófar en Castellón, a punto de concluir y en las que se ha gastado 100 millones de euros.
Pero sin duda, la situación más llamativa es la de la planta de Torrevieja (Alicante), la mayor fábrica de Europa de agua desalada, con una inversión de más de 300 millones de euros, de los que 55 han corrido a cargo de la Unión Europea y con una capacidad para desalar 80 hectómetros cúbicos al año (80 veces un estadio como el Bernabéu). Tras miles de trabas burocráticas y políticas, esta planta de agua dulce, concebida para el consumo humano y el regadío, por fin está a punto de inaugurarse. Sin embargo, ningún ayuntamiento ni agricultor están dispuestos, de momento, a comprar su agua.
Algunas de las desaladoras que estaban a punto de iniciarse como la de Denia o la de la Costa del Sol en Mijas, ya se han descartado. Pero, ¿qué pasa con las que están en construcción y en las que ya se llevan invertidos más de 600 millones de euros y que requieren otros 762 millones para su finalización? La solución está en el aire.
Las empresas del sector de desalación presionan para que las obras se finalicen. Así, en la Asociación Tecnológica para el Tratamiento del Agua (ATTA), que agrupa a compañías como Acciona, Abengoa y OHL, reconocen que en el plan Agua de Zapatero se erró al hacer desaladoras para regar y proyectar unas instalaciones desmesuradas en base a unos planes urbanísticos irreales. Pero esgrimen que «la desalación es buena y necesaria en algunas zonas de España».
La presión para que las plantas se concluyan y aumente la producción de las instalaciones ya existentes llega también desde Bruselas, que en los últimos años ha gastado más de 1.000 millones de euros en desaladoras en nuestro país. El comisario de Medio Ambiente, Janez Potocnik, pidió el pasado mes de marzo a Arias Cañete, que pusiera en marcha las desaladoras «de lo contrario podría tener un fuerte impacto negativo en la disponibilidad de futuros fondos», avisó.
En Bruselas ya tienen marcada a España en rojo por su política de agua desde hace dos años. Además de las desaladoras infrautilizadas, la UE ha arremetido contra nuestro país por el incumplimiento de la normativa de calidad del agua. Un total de 39 ciudades españolas no depuran correctamente, por lo que nuestro país se enfrenta a una sanción que puede alcanzar los 50 millones de euros.
Por su parte, la confederación de regantes insta al Gobierno a que paralice las obras y que el dinero que tiene que invertir para concluirlas se destine a otras obras hidráulicas más eficientes.
No sería la primera vez que se dejan obras a medio hacer. Tras la derogación del Plan de Aznar, se paralizaron proyectos ya iniciados. El caso más llamativo fue el del trasvase Júcar-Vinalopó, cuyo trazado rediseñó Narbona cuando la obra ya estaba a medio terminar, lo que provocó que la inversión se dispararase hasta los 320 millones de euros -120 millones fueron financiados por la UE-, lo que triplicará el coste del agua, según un estudio de la Universidad de Alicante y Elche. El trasvase, que por fin se ha terminado, está sin utilizar ante la falta de acuerdo entre los usuarios y la Confederación del Júcar por el precio del agua.
De momento, Cañete, tras arremeter contra el plan de desalación de Zapatero y tacharlo de «nefasto», no se ha pronunciado sobre el futuro de la desaladoras heredadas. Sí ha afirmado que es urgente poner de acuerdo a todas las cuencas hidrográficas, partidos y autonomías para hacer un gran pacto del agua y zanjar las guerras políticas y regionales que han llevado al caos actual. Pero es tarde. Las obras hidrológicas no se improvisan de la noche a la mañana y es seguro que España sufrirá graves problemas de abastecimiento este mismo verano, si no llueve en los próximos meses en abundancia.
SIGUE EN PÁGINA 3
VIENE DE PÁGINA 2
la sequía se lleva 1.000 millones
La falta de lluvia y las grandes deficiencias de infraestructuras hidráulicas asfixian a más de cuatro millones de familias
En la cuenca del Ebro tendría que llover abundantemente todos los días y durante los dos próximos meses -algo que las previsiones meteorológicas no contemplan- para paliar el actual problema de sequía. Las restricciones de riego en el Alto Aragón alcanzan ya el 80%, lo que imposibilita la siembra de arroz y maíz en la zona. Y la peor parte puede llegar este verano en la producción de frutales. También se prevén problemas para los regadíos de la Cuenca del Miño-Sil y parte del Duero.
Paradójicamente, las cuencas del sur de España, históricamente las más pobres en agua, tienen una nivel aceptable en sus embalses y no hay temores de restricciones a la vista, pese a que también han sufrido la ausencia de lluvias. Sin duda, el cambio climático tiene parte de culpa en este nuevo mapa de la sequía pero también la mano del hombre. «En el norte se han descuidado las actuaciones hidráulicas en los últimos años y ahora vienen los problemas», afirma Pedro Barato, presidente de Asaja, la primera organización agraria, quien asegura que, «sin infraestructuras modernas de regadío, buena parte del campo español terminará muriendo y se despoblará aún más la España rural».
«Si en Castilla-La Mancha no hubiéramos cambiado los viñedos de secano por regadío, hoy la producción se hubiera reducido a una cuarta parte», asegura Barato, que reclama la urgente puesta en marcha de obras hidráulicas para asegurar el futuro del campo español, un sector integrado por 970.000 explotaciones y del que dependen casi cuatro millones de familias.
Actualmente hay 9,5 millones de hectáreas de tierras cultivadas de secano, cuyo valor productivo es muy inferior al de las 3,1 millones de hectáreas de regadío existentes en la Península. Es cierto que se ha avanzado mucho en los últimos años. Gracias a las nuevas técnicas como el riego por goteo, hoy es posible sembrar naranjos y hortalizas en Huelva e incluso frutas tropicales en Cartegena (Murcia). «Pero queda mucho por hacer, y la modernización del campo español choca con la falta de infraestructuras hidráulicas», aseguran en la asociación de regantes.
«Los agricultores han tirado hasta ahora de pozos pero con la sequía y la falta de regulación de las aguas subterránas, esta fuente de agua corre el peligro de agotarse», explican en la organización agraria Coag, que cifra las pérdidas en el campo por la falta de lluvias de este año en más de 1.000 millones de euros.
Sin duda, los más perjudicados son los ganaderos con producción extensiva, ya que apenas hay pastos y llevan cinco meses alimentando a los 12 millones de cabezas de ovino-caprino y los 2,2 millones de vacuno con unos piensos cada día más caros.
Y la sequía en el campo puede trasladarse a la cesta de la compra en los próximos meses. En la lonja de Toledo, la cebada y el trigo han subido más del 6% en el último mes. El precio de los piensos se ha encarecido un 15%, aumento que puede terminar por incorporarse al precio de la carne de vacuno y ovino.






Links to this post:
Crear un enlace
Home