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sábado, 28 de abril de 2012

DIOS NOS LIBRE DEL SOCIALISMO: Néstor Kirchner no habría actuado como su viuda en el caso repsol



  • RAMY WURGAFT
  • 28/04/2012 OTRAS VOCES

  • EL MUNDO QUE VIENE

    « Néstor Kirchner no habría actuado como su mujer, él habría negociado con Repsol » LAURA DI MARCO

    Parar la bola de la quiebra socialista puede retrasar la remontada hasta el 2.016 .La presentación de su obra en la Feria del Libro de Buenos Aires fue para Laura Di Marco la justa recompensa a un año de intenso trabajo. La Cámpora vio la luz en febrero, dos meses antes de que el movimiento homónimo saltara a la portada de los diarios por el protagonismo que ha cobrado Axel Kicillof, uno de sus dirigentes, en la expropiación de YPF. Muchos de los que asistieron al evento se preguntan si, más allá de su talento literario, Di Marco posee el don de la clarividencia. Porque, ¿cómo pudo anticipar que el viceministro de Economía argentino, Kicillof, se convertiría en la estrella del momento y que todo el mundo querría saber más acerca del patilludo político y de sus misteriosos camaradas?

    La Cámpora es ya un bestseller y su autora en una de las personas más solicitadas por la prensa argentina y extranjera. Nadie antes había logrado desvelar los secretos de la juvenil cofradía que rodea a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner -como los caballeros de la Mesa Redonda al rey Arturo-, haciéndola inmune a las intrigas palaciegas y ahora a las presiones diplomáticas que recibe de España por haber expropiado YPF a la petrolera Repsol. Pero el éxito de su libro le ha acarreado a Laura consecuencias inimaginables.

    Pregunta.- ¿Es cierto que ha recibido amenazas tras la publicación de La Cámpora?

    Respuesta.- Pues sí, en la sala donde se hizo la presentación había muchísimo público y también muchos agentes de seguridad. En vísperas de la presentación del libro, la propia Cámpora, la agrupación peronista kirchnerista, hizo circular un comunicado interno llamando a boicotear la publicación y a no referirse a ella ni para bien ni para mal, para no hacerle publicidad. Al mismo tiempo comencé a recibir amenazas a través de Twitter y de Facebook. Mensajes muy graves que no querría reproducir.

    P.- La logia secreta persiguiendo a quien ha logrado traspasar su blindaje. Parece una versión argentina del Código Da Vinci…

    R.- [Muy seria] Lo que más les enoja son mis revelaciones acerca del trágico final de Iván Heyn, el principal adversario de Axel Kicillof dentro de la organización. Su muerte en un hotel de Montevideo en 2011 fue atribuida a la asfixia que sufrió mientras practicaba un juego erótico. Pero mi hipótesis es que fue un suicidio encubierto. Iván, al igual que Axel, era un brillante economista. Pero se diferenciaba de éste y del resto de los camporistas por ser una persona abierta al mundo. La prueba está en que fue uno de los principales informantes para mi libro. Además, criticaba la orientación dogmática del grupo y la ambición de sus miembros por acceder a los cargos más apetecibles del aparato estatal. En un escrito al que tuve acceso tras su muerte, dejó plasmada esta frase: «La revolución avanza a golpe de contratos». Por ese tipo de ironías, sus camaradas le sometieron a un juicio simbólico, parecido a los juicios de verdad que los Montoneros [grupo guerrillero de los años 70] organizaban contra los delatores y los cobardes. Yo sostengo que Iván Heyn no fue capaz de soportar esas presiones.

    P.- Le pido que hagamos un paréntesis para opinar sobre la expropiación de YPF.
    R.- Yo comparto la medida de fondo. Me parece razonable que el Estado argentino tenga el control de un área estratégica como la de los hidrocarburos. Pero no estoy de acuerdo con que la expropiación se llevara a cabo sin tratar de llegar a un acuerdo con los socios españoles. Sucede a menudo que uno comparte las ideas del kirchnerismo pero rechaza sus métodos. Tampoco veo que el Gobierno de Cristina Fernández haya elaborado una política energética de largo alcance. Poco ganan con nacionalizar una empresa como YPF si no saben cómo la van a utilizar.

    P.- En todo caso, no hay nadie en Argentina que defienda públicamente a Repsol.
    R.- Ciertamente, no. Incluso entre los que critican duramente a Cristina Fernández por su forma de proceder, nadie piensa que la empresa española haya actuado como es debido en Argentina. Pero a eso hay que agregar un matiz importante: Néstor Kirchner habría resuelto las cosas de otra manera. Él habría negociado con Repsol. La intransigencia era una máscara que el ex presidente usaba para intimidar a sus adversarios.

    P.- ¿Cree que Axel Kicillof ha sido el promotor de la expropiación? Hay quienes sospechan que se ha sobredimensionado su papel en el conflicto y que él sigue la corriente para fomentar su imagen de niño terrible.

    R.- Error. Desde la muerte de Néstor Kirchner, Axel es la persona que más influye en la política económica del país. Si conversas off the record con miembros del Gobierno, te dirán que la presidenta le consulta dos o tres veces al día. Hace tiempo que en Argentina no se daba un vínculo laboral tan estrecho en las altas esferas. Kicillof extiende su influencia a otras áreas de la economía. En octubre de 2008, Cristina nacionalizó las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP); los directores estatales de esos fondos obedecen religiosamente a Kicillof.

    P.- Seguramente muchos funcionarios kirchneristas se preguntan qué tiene este Axel que no tengan ellos. Él mismo se jacta ante sus amigos de haber hechizado a Cristina.

    R.- A la presidenta le gusta rodearse de jóvenes brillantes y antes que Axel hubo otros que lograron esa cercanía. Ahí tenemos al actual vicepresidente Amado Boudou, ministro de Economía entre 2009 y 2011, que también la deslumbró antes de caer en desgracia por un supuesto enredo financiero. En realidad el precursor de Axel fue el también joven y apuesto Martín Lousteau, titular de la cartera de Economía entre 2007 y 2008. Pero Martín tuvo la mala suerte de ocupar el cargo en vida de Néstor Kirchner. El ex presidente lo opacaba y no le dejaba influir sobre su esposa. Lousteau tampoco contaba con el respaldo de una organización tan potente como La Cámpora… Las credenciales de Axel como economista de vanguardia no le hubieran valido de nada sin ese trampolín. En realidad, La Cámpora vino a llenar el vacío que dejó Néstor en la vida de Cristina.

    P.- ¿Cuál es el origen de este grupo que da tanto que hablar?
    R.- La Cámpora surgió de las protestas callejeras que estallaron en 2001 a raíz del colapso de la economía. Ellos fueron precursores de los indignados que veríamos más tarde en España y en Estados Unidos. Néstor Kirchner, que tenía un ojo clínico para sumar apoyo, supo encaminar la energía de ese descontento a su proyecto. No hay que olvidar que el ex presidente fue elegido en 2003 por un escuálido margen de votos. Él apadrinó e institucionalizó La Cámpora, inició a sus outsiders en las artes sibilinas de la política y ellos sacaron provecho de sus enseñanzas.

    P.- En el libro menciona usted el montonerismo light de La Cámpora. El propio Kicillof es un estudioso del marxismo. ¿Cómo se traducen esas propensiones revolucionarias en los hechos?

    R.- Es muy difícil que Axel aplique esas ideas en el ámbito capitalista en el que se mueve. Él es un keynesiano que cree firmemente en la intervención del Estado como planificador de la economía. Tiene una soberbia increíble, como puso de manifiesto al defender la nacionalización de YPF en el Senado. En cuanto a los otros miembros de la cúpula directiva, algunos son hijos de ex miembros del grupo de los Montoneros o hijos de detenidos desaparecidos por la Dictadura que fueron dados en adopción a familias postizas, a veces a los propios torturadores de sus padres. Hay mucho dolor, mucho trauma y confusión en La Cámpora. Y también un fuerte deseo de emular, aunque en el plano simbólico, la gesta de los padres. De ahí que la hagan funcionar como si fuese una organización guerrillera. Tiene una estructura compartimentada y hermética. Nada de lo que se habla se transmite al exterior [de ahí el mérito de su libro]. Los camporistas se autoproclaman «soldados de Cristina» y libran «una cruda batalla» contra el «enemigo», que son los diarios críticos con la gestión del Gobierno. Pero no creo que estén dispuestos a renunciar a los sueldos que reciben para empuñar las armas de la revolución. Una cosa es el relato sobre combatir a muerte a las corporaciones y ahora al colonialismo español, y otra, echarse al monte, escopeta en mano, como sí hicieron sus padres.

    P.- ¿No ha sido escandalosa la gestión de Kicillof en Aerolíneas Argentinas?
    R.- Bajo el mandato de Mariano Recalde como presidente y de Axel como gerente, la empresa nacionalizada llegó a perder dos millones de dólares al día sin que nunca presentara un balance de sus cuentas. Kicillof iba cada cierto tiempo al Senado a prometer que al mes siguiente taparían el agujero para luego volver al mismo foro a pedir nuevos fondos del bolsillo de los contribuyentes. Que Aerolíneas sea la compañía aérea más deficitaria de América Latina, una ruina con alas, no impidió que Recalde y sus amigos fletaran un avión para ver el partido de la selección de fútbol en Uruguay y que volvieran a Buenos Aires con Maradona a bordo.

    P.- Es raro que los argentinos, con su fama de apasionados, toleren tanto abuso sin echarse a las calles, como hicieron en 2001.

    R.- La sociedad está anestesiada con el opio del relativo bienestar económico que, por lo menos, tenía hasta el año pasado. En las elecciones de 2011 Cristina obtuvo el 54% de los votos, pero no porque todos los votantes recibieran paquetes de ayuda ni por amor a ese modelo K que pocos entienden. Sino porque la crisis de 2001 trituró a los partidos políticos y los que quedan en la oposición no son capaces de articular un proyecto alternativo al de Cristina y sus jóvenes espadachines. Lo que percibe el votante medio argentino es un barullo de voces discordantes frente al discurso sólido de la presidenta. A diferencia de Néstor, ella es consecuente con sus ideas; una peronista de izquierda sin ambages ni rodeos. Dice lo que piensa y hace lo que dice.

    P.- ¿Es posible que para el 2015 Argentina tenga un presidente de La Cámpora?
    R.- No creo que para entonces puedan ir más allá de designar, junto con Cristina, a un candidato de su preferencia pero no propio. Es cierto que la velocidad con que acumulan poder da vértigo. En cinco años han logrado colocar a un viceministro en el Ministerio de Economía y a otro en el de Justicia. Tienen un bloque de 10 diputados nacionales y controlan los medios estatales de comunicación. Los 7.000 contratos que tuvo para ofrecer el Estado en el 2011 quedaron en manos de camporistas o de personas recomendadas por el movimiento. Sólo en Aerolíneas Argentina metieron a 500 militantes. Pero la presidenta aún no puede prescindir de la vieja guardia kirchnerista y ellos no claudicarán sin dar batalla.

    P.- ¿Cuál es el papel de Máximo Kirchner en el movimiento que creó su padre?
    R.- El hijo de los Kirchner aborrece la política como sólo la puede aborrecer un niño a quien sus padres dejaron de lado para dedicarse de lleno a esa actividad. La vida le puso en el papel que desempeña ahora, como quien tiene la llave de la intimidad política de Cristina. Máximo no puede deslumbrar al público con la buena pinta o con la inflamada oratoria de Kicillof. Pero ojo, el actual favorito de la presidenta no habría llegado muy lejos sin la venia de ese muchacho sosegado y taciturno.

    P.- ¿En qué lugar del mapa político se ubica Laura Di Marco?
    R.- Me considero socialdemócrata, aunque en Argentina no exista ese casillero. Y soy partidaria de una república en la que prevalezca el Estado de Derecho y el respeto a las instituciones. Noruega me parece un modelo a seguir, pero ¡qué lejos queda Argentina de ese país escandinavo!




  • RAMY WURGAFT BUENOS AIRES CORRESPONSAL
  • 28/04/2012
  • 26
  • MUNDO

  • Cristina 'nacionaliza' el cariño del pueblo

    La presidenta se autopromociona con un multitudinario acto en un estadio de fútbol
    Más de 90.000 personas ovacionan el legado de su difunto marido, Néstor Kirchner

    La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, saluda a sus enfervorizados seguidores, ayer en Buenos Aires. / REUTERS
     A eso de las 16.00 horas, los oficiales de la policía que sobrevolaban la zona en un helicóptero advirtieron que el estadio estaba a tope y que las tribunas no resistirían el peso de tanta gente. Sobre todo de los que saltaban al son de los bombos y de las cornetas, tratando de espantar el frío de la tarde otoñal.

    Faltaba más de una hora para dar comienzo al acto, y las columnas de las organizaciones sociales y políticas, afectas al Gobierno, seguían desfilando hacia el estadio de Vélez, en Buenos Aires, donde un zepelín con la imagen de Cristina Kirchner se mecía al viento.

    Más de 90.000 personas se congregaron en el coliseo deportivo y en sus inmediaciones para manifestar su apoyo a la expropiación de YPF y al resto de las decisiones que se han tomado desde que Néstor Kirchner llegó a la presidencia, en noviembre de 2003.

    Un muñeco inflable, hecho a semejanza del ex presidente emergió del túnel por donde salen los futbolistas y fue llevado hasta el palco principal, donde Cristina Kirchner, vestida con un jersey negro, se aprontaba pronunciar su discurso. Un discurso vibrante con el que llamó al público a mantener viva la imagen de su difunto marido.

    El mayor mitin que haya convocado el oficialismo desde que Cristina ganó las elecciones del 2011 fue en homenaje a su antecesor Néstor, al cumplirse nueve años desde que asumió el poder. Pero más allá de esa consigna, lo que se pretendía era fortalecer el ánimo de la presidenta, ante las amenazas que recibe de España y de la Unión Europea, por haber expropiado las acciones que tenía Repsol en YPF. Muchas de las pancartas que se agitaban, hacían referencia a la «recuperación de nuestras riquezas» y a la expulsión de la «empresa colonialista y explotadora (Repsol)».

    Los que se quedaron afuera no se resignaron a ver a su heroína en la pantalla gigante que instalaron los organizadores en el aparcamiento. Los militantes del movimiento Evita Perón forzaron las puertas e irrumpieron en la cancha, donde los militantes de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) enarbolaban un lienzo con el rostro del Che y de Cristina y la consigna de «Patria o Muerte, venceremos».

    Haciendo un repaso del camino transitado desde que su marido se ciñó la banda presidencial, Cristina dijo: «Quien hubiera pensado que finalmente nos íbamos a sacar de encima a ese Fondo Monetario Internacional que sigue esgrimiendo sus añejas recetas, pero ya no para rescatar a los países emergentes sino a los desarrollados. A lo que se jactaban de tener la fórmula de la dicha eterna y que ahora sucumben bajo el peso de la cesantía y de sus déficit».

    Para sorpresa de todos, la oradora sólo hizo una escueta mención de la ya nacionalizada YPF. «Me enorgullece el consenso que hemos alcanzado para la recuperación de YPF. La empresa petrolera no es del gobierno; es de todos los argentinos», exclamó antes de hacer una pausa hasta que el público dejó de aplaudir y de gritar consignas patrióticas e insultos contra el ex socio español de la compañía. «Era nuestra obligación recuperar la conducción de una de nuestras empresas emblemáticas. El Estado ni puede declinar las responsabilidades políticas e institucionales que le caben, en el aprovechamiento de nuestros recursos naturales», continuó la inquilina de la Casa Rosada.

    Al finalizar su discurso, el público entonó el himno nacional, plegó las banderas y se dispersó por las calles aledañas al estadio.
    Más información en páginas 20 y 21

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