OBJETIVO EL MODELO EDUCATIVO DE FINLANDIA: En las antípodas de Finlandia

En las antípodas de Finlandia
Su modelo escolar y el peso que la sociedad da a la educación no encajan en España
El afán por reformar el sistema educativo español con el que ha entrado el actual Gobierno ha venido acompañado de nuevas referencias al éxito escolar de Finlandia y a la lejanía de los resultados españoles en los marcadores internacionles.Muchos cambios tendría que hacer el actual Gobierno si se acoge a Finlandia como paradigma de buena enseñanza. Nuestra sociedad y la suya, nuestro sistema educativo y el suyo, son como la noche y el día.
Allá, al norte del norte, donde el invierno tiene apenas seis horas de luz mortecina, el 95% de los alumnos continúa estudiando tras la Enseñanza Obligatoria, en Bachillerato o FP. Aquí, en las antípodas, sólo sigue en las aulas el 72%.
En la evaluación internacional PISA, Finlandia está abonada al podio. El reciente liderazgo de Shanghai la ha desplazado al bronce, pero se mantiene como campeona de Occidente. España está 30 puestos más abajo en comprensión lectora y matemática, y 35 en Ciencias.
Con la discreción de su pequeñez y su latitud extrema, sin Harvard ni Oxford, Finlandia, un país poblado por bosques y nieve primero y cinco millones de habitantes después, se ha erigido como potencia educativa. Su excelencia está en la educación básica. Y pública. Y mixta. Y gratuita: incluido el material escolar y la comida, hasta las mismas puertas de la Universidad. El Estado también financia las actividades extraescolares matutinas y vespertinas.
Su enseñanza privada queda en un residual 4%; en España alcanza el 36%, y la apelación constante a la libertad de enseñanza y de elección por parte de la Administración hacen augurar a algunos que vaya a crecer ese porcentaje.
Mientras que los resultados finlandeses de PISA son similares en colegios públicos y privados, en España son notablemente superiores en los segundos (la diferencia va de los 30 a los 46 puntos).
Jarkko Hautamäki, catedrático de Pedagogía Especial en la Universidad de Helsinki, es experto en desgranar los entresijos del complejo examen internacional. En conversación con EL MUNDO cita a España como uno de los países del «grupo simpático», esa nebulosa de mediocridad que no destaca ni por la excelencia ni por el subdesarrollo. Pero no es alarmista. Aunque España está por debajo del promedio de la OCDE, «está en la mitad», sostiene, y como tal, «puede decirse que el vaso está medio lleno o medio vacío».
«PISA no dice toda la verdad», asegura, pero admite que es «una vara de medir, útil para comparar» y que ha ayudado a algunos países, como Alemania, a mejorar mucho.
El experto finés en evaluación se sorprende de la disparidad de resultados que encierra nuestro mapa. Si se analizan los resultados por comunidades, mientras los alumnos de Castilla y León entrarían en el grupo de países excelentes, los de Andalucía y Baleares bajan hasta los peores puestos. «Ahí habría que hacer algo», sugiere Hautamäki.

«Para un finés resulta muy raro». En su país no hay diferencias entre regiones. Allí, la gestión de las escuelas depende de los municipios, que financian al 55% sus escuelas (el 45% lo aporta el Gobierno). Pese a esa autonomía, tampoco hay grandes diferencias entre los resultados de unos y otros. El Estado establece el «currículum nacional» -contenidos y competencias a adquirir- y el horario escolar. Pero los centros son plenamente autónomos para elaborar los planes de estudios.
Por el contrario, en España, la autonomía de los colegios es mínima, y la financiación estatal a programas específicos de los centros, muy limitada: el Gobierno socialista dio tímidos pasos en ese sentido, pero van a ser revisados por el actual.Aquí el Estado fija sólo el 65% del currículum -sin mucha concreción- y la gestión depende de las comunidades autónomas, que elaboran el resto del plan de estudios y sus propias leyes educativas.
Pero por encima de gestiones, currículos y horarios, está el peso de la sociedad, y la finesa está profundamente comprometida con la educación. Las escuelas y sus profesores son considerados un bien público sobre el que se asienta todo lo demás.
Su historia del siglo XX lo explica. «El profesor llevó la civilización al bosque», explica Hautamäki. «Cuando Finlandia se independizó, fueron los pueblos los que construyeron los colegios; entonces llegó la pareja de profesores y de su mano llegaron la biblioteca, el primer periódico, la primera emisora de radio... La escuela era del pueblo y para el pueblo, independientemente del nivel económico de sus habitantes».
El papel de los docentes tiene tanto peso, que no puede serlo cualquiera. Cada año hay un cupo de acceso muy limitado a los estudios de maestro; por ejemplo, la Universidad de Helsinki admite a 120 anualmente. Para entrar, además de tener una buena nota en Selectividad, los candidatos deben pasar una prueba escrita, y lo verdaderamente determinante, una entrevista personal.
En lo que respecta a los niños, Hautamäki apela a la premisa de que «deben aceptar que la escuela tiene derecho a exigirles y que ellos tienen que hacer cosas que a veces no les gustan».
En el aula, se distingue la figura del «auxiliar»: jóvenes ayudantes al servicio del profesor que acceden al puesto sin una formación específica, pero con la motivación de que es necesario contribuir a la labor docente.
He aquí algunos otros contrastes:
Hasta el comienzo de la enseñanza obligatoria (de 7 a 16 años), la preescolar, basada en el juego y el desarrollo de habilidades sociales, depende del Ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales. La Secundaria Superior (Bachillerato o FP) se desarrolla de los 16 a los 19; en España, de los 16 a los 18 y el Gobierno la va a adelantar a los 15 años.
Los fineses tienen una prueba al final del Bachillerato; nosotros no. Sus universidades hacen sus propias pruebas de selección de estudiantes; las nuestras se rigen por la nota de Selectividad.
La ratio de alumnos por aula es similar a la nuestra, pero la presencia de inmigrantes aquí es muy superior: 9% de media por clase.
El Gobierno finés no hace inspección. La función de control la ejercen los municipios mediante evaluaciones a los estudiantes.
Y un gran contraste. La aportación presupuestaria estatal de los finlandeses a la educación es el 6,2% del PIB. La de España, el 4,74%.





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