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miércoles 1 de febrero de 2012

ETA GOBIERNA por la acción criminal del PSOE:

  • FERNANDO LÁZARO MADRID
  • 01/02/2012
  • 10
  • ESPAÑA
  • Interior advierte: «Son muchas las veces que los etarras engañaron»

    Fernández a Amaiur sobre 'presos políticos': «Se le debería caer la cara de vergüenza»


    La renovacion llega a la enseñanzaJorge Fernández compareció ayer por primera vez en el Congreso con su nuevo traje de ministro del Interior. Y fue una sesión parlamentaria de guante blanco, de bienvenida, hasta que Amaiur, por boca de su representante Iker Urbina, aprovechó su presencia para hablar de Estado represor y para exigir el fin de la legislación de excepción contra los «presos políticos de ETA». El titular de Interior, hombre comedido de formas, no levantó el tono tampoco en esta ocasión, pero sí fue contundente en su respuesta: «No les debemos nada, sólo faltaría que les debiésemos algo porque dejan de matar; y en cuanto a lo de presos políticos, España es una democracia y no hay presos políticos, y si hubiera estado usted ayer conmemorando el 14 aniversario del asesinato de Alberto Jiménez Becerril, estoy seguro de que se le caería la cara de vergüenza de hablar de presos políticos. Dejaron a niños huérfanos», sentenció Fernández, arrancando un aplauso casi unánime de los diputados presentes.

    Marcó las líneas maestras de su futura actuación. Y, como no podía ser menos, arrancó con el que aún sigue siendo el problema más importante de su Departamento: el terrorismo de ETA. Alertó de que todo el camino para que ETA acabe no está hecho, «ni se han disuelto, ni han entregado las armas ni han pedido perdón». «Son muchas las veces en las que los violentos han engañado a la sociedad y han frustrado esperanzas. Esto nos obliga a ser prudentes e inteligentes», aseguró el ministro.

    Fernández, que invitó a todos los grupos a empujar en la misma dirección para que el terrorismo desaparezca de España, aseguró: «La verdadera prueba de que los violentos y quienes les apoyaron han decidido terminar con sus actividades de forma definitiva y no meramente táctica es reconociendo el daño que han causado a las víctimas y mostrando el arrepentimiento por haberlo hecho; es decir, pidiendo perdón. Quienes durante tantos años han estado jaleando a los asesinos no pueden pasar de la noche a la mañana a ser demócratas con unas cuantas declaraciones de buenas intenciones».

    Fernández retó al representante de Amaiur a dar pasos democráticos. «Aún no han condenado la violencia, ni han exigido a los terroristas que se disuelvan. Sería un buen momento que aprovechara la ocasión como portavoz de Amaiur para hacerlo en el Congreso». Pero sólo obtuvo silencio ante esta petición. El diputado Urbina insistió en sus argumentos iniciales y el ministro cerró ese debate con un rotundo: «Permítame que le valore más por lo que no dice que por lo que dice».

    El ministro defendió la necesidad de alcanzar consensos frente a ETA. «Es más necesaria que nunca la discreción y la reserva. La política penitenciaria debemos hablarla y discutirla los demócratas fuera de la confrontación partidista». «El Gobierno no quiere vivir contra ETA, sino vivir sin ETA», aseguró el ministro. «Nuestra hoja de ruta para el final del terrorismo será siempre el cumplimento de la ley».

    Insistió en que la banda mantiene aún un férreo control del colectivo de presos. Durante las primeras semanas del año, el 95% de los reclusos de ETA «ha tenido que secundar las directrices de la banda». Por este motivo, el Ejecutivo pretende «impulsar la reinserción de los presos de ETA de forma individualizada». Se trata de una política penitenciaria «inteligente, que aproveche las oportunidades que la nueva situación ofrece y que acabe con la manipulación a la que se ven sometidos los presos y sus familias».

    Quiere políticas de «máximo consenso» y que traten de lograr romper el colectivo y que de forma individualizada «den pasos que permita que la ley se le pueda aplicar con toda la generosidad». «Vamos a luchar contra la impunidad. No podemos permitir que queden asesinatos sin esclarecer cuando ETA desaparezca. Las Fuerzas de Seguridad del Estado van a seguir trabajando para esclarecer todos los asesinatos, para que ningún familiar de esas víctimas quede sin saber lo que ocurrió», dijo.
  • MARISA CRUZ MADRID
  • 01/02/2012 ESPAÑA
  • Urkullu se presta al consenso con el Gobierno para el fin del terrorismo

    El presidente del PNV pide una política de reinserción «humanizada» pero individual



    El presidente del PNV, Iñigo Urkullu, hizo gala ayer de talante y máxima moderación en su primer encuentro con Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Ambos se habían reunido ya en anteriores ocasiones y el clima siempre fue cordial. Ahora el tono se mantiene. Urkullu, de hecho, se prestó a consensuar no sólo la nueva política económica de «sacrificios», sino también «el tránsito hacia la disolución y desarme de ETA». En definitiva, el proceso que conduzca hacia el «cierre definitivo del terrorismo».

    El dirigente nacionalista vasco se mostró «muy satisfecho y muy contento» al término de su larga charla -un almuerzo de dos horas- con el presidente, y su apreciación fue correspondida justamente por el entorno de Rajoy: «La conversación entre ambos fue muy cordial pese a las diferencias lógicas y ya sabidas que existen entre los dos».

    La sintonía y el espíritu de colaboración fueron tales que indujeron al contraste con la entrevista -correcta pero con puntos significativamente discrepantes- que el presidente del Gobierno mantuvo con el lehendakari, Patxi López, el pasado viernes.

    Ayer, Urkullu planteó a Rajoy la necesidad de emprender una política penitenciaria en relación con los presos de ETA «más flexible y más dinámica», pero admitió que siempre debe estar enmarcada en la estrategia de reinserción que contempla la Constitución y, por tanto, que debe responder a una demanda «individual» de los propios penados.

    Además, dijo comprender que el presidente del Gobierno «tiene unos tiempos» y, aún más, se mostró convencido de que «sabrá gestionarlos».

    Urkullu enhebró un discurso conciliador hablando de «un tiempo nuevo» para Euskadi que, en su opinión, debe pasar por una política «humanizada» en relación con los presos y muy especialmente con sus familias, pero al mismo tiempo de «reconocimiento de las víctimas». En este sentido, y en claro mensaje dirigido a los etarras, avisó tanto a la izquierda abertzale como a la propia organización terrorista de la necesidad de «hacer pedagogía» para que cale la premisa de que en la legislación española «no cabe la amnistía».

    El líder del PNV planteó a Rajoy su propuesta encaminada a conseguir para 2015 un «gran acuerdo entre todos los vascos» que permita «un nuevo tiempo en Euskadi». Se trata, según Urkullu, de plantear una «nueva transición» en el País Vasco que permita alcanzar la plenitud de los derechos históricos del fuero. Esto es lo que definiría una Constitución propia del pueblo vasco.

    Urkullu también se mostró dispuesto a pactar la hoja de ruta para superar la crisis. «Creo», dijo, «que merece la pena el consenso sobre las reformas que son necesarias. Somos conscientes de que ésta es una época de sacrificios y hay que ser consecuentes. Ahora toca activar la inversión, la economía y el empleo».

    >Análisis de Josean Izarra.
  • SANTIAGO GONZÁLEZ
  • 01/02/2012 ESPAÑA
  • La Biblia en pasta



    la hora en que terminaba la comparecencia del ministro del Interior, el presidente del Gobierno se sentaba a comer con su invitado, el presidente nacionalista, Iñigo Urkullu.

    No es ésta una buena semana para el lehendakari.Patxi López ya había sido preterido por ese desvanecido personaje de la política española que todavía es secretario general del PSOE. El presidente Zapatero ninguneó a López negociando con la oposición a éste competencias que correspondía pactar al Gobierno central y al vasco. Había precedentes históricos. Uno mal comprende el gesto de Guzmán el Bueno al arrojar al enemigo su cuchillo para el degüello de su propio hijo. Se trataba de salvar la plaza de Tarifa, aunque pudo ahorrarse la chulería. Pero lo de José Luis entregando a Patxi al PNV a cambio de una abstención parlamentaria, no sé, como que pierde épica el asunto.

    Lo malo de que empiecen a faltarte al respeto en casa con publicidad es que ya no te haces con los socios por muy campanudo que te pongas. Y no digamos con los adversarios. Rajoy toreó al lehendakari el viernes en faena de aliño, después del presidente murciano, el encargado de abrir plaza. Ayer a Urkullu lo citó a mediodía y lo invitó a comer. Patxi López no debería perder toda ilusión por esto. Con lo mal que se come en La Moncloa, podría tratarse de un gesto de consideración hacia él y un castigo sibilino a Urkullu.

    Ayer sufrió otro ataque desde su propia retaguardia. Jesús Eguiguren, armado con una Biblia encuadernada en rojo, la Biblia en pasta, compareció en el Fórum Europa, donde abogó: por el derecho a decidir, por una Constitución vasca y por «cerrar el ciclo de colaboración con el PP», si el ministro del Interior no rectifica. No queremos sus 13 escaños; a Patxi le bastan nuestros 25, era el sentido exacto de su reto. Ya puesto, contó que aquella Biblia procedía de la misa ecuménica celebrada tras la toma de posesión de Clinton.

    Su mujer, Rafaela Romero, le enmendó la plana resignadamente: «A este hombre se le va la olla», dijo (a nosotros nos lo va a contar), para añadir que cada día da una versión, pero que aquella Biblia había sido usada en la ceremonia de toma de posesión de Obama. No dijo usada por quién. Es de conocimiento público que Barack Obama juró sobre la misma Biblia que lo hizo Lincoln en 1861, reliquia que volvió a la Biblioteca del Congreso, de donde procedía. Tal vez el de Jesús sea el ejemplar que los clientes de los hoteles de EEUU pueden encontrar en un cajón de la mesilla, por si son muy devotos o no tienen cosa mejor que hacer.

    Mucho más a tono con la narración de Eguiguren sería que la Biblia que lució ayer fuese aquella sobre la que Bill Clinton juró no haber mantenido relaciones sexuales con Monica Lewinsky, notoria becaria, amén de consumada felatriz. El hombre no mentía. Con un relativismo que aún no conocíamos en esta provincia tan alejada del imperio, lo explicó después de aparecer el vestido azul con la firma presidencial: cómo podían equivocar los conceptos los republicanos para llamar relaciones sexuales (sex) a una simple mamada (blow job). La misma palabra lo dice, hombre.

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