FIRMAS: Luis María Anson, V Prego, D Gistau, L de Oz, C Rigalt, D Torres

MARIANO RAJOYAciertas al disminuir un 20% las subvenciones a partidos, sindicatos y patronales
Querido presidente…
Solo por el sacrificio de hacer manitas con Ángela Merkel te mereces el aplauso encendido de los ciudadanos españoles. No creía yo que fueras capaz de tanta abnegación. La verdad es que, tras la visita a Berlín, podrías rotular el Palacio de la Moncloa con el lema que Zapatero suprimió en los cuarteles de la Guardia Civil: «Todo por la patria».
Tu arriólica política del avestruz nos impide saber exactamente dónde estás. Pero como ya no eres el jefe de la oposición sino el presidente del Gobierno, si no empiezas a dar la cara, como el ciudadano exige, te dejarás jirones de prestigio en las alambradas del desencanto popular.
No te digo todo esto porque tenga yo el día un poco cabrón. Al revés, te escribo esta carta pública por el valor que has demostrado al meter el bisturí en el cuerpo de los partidos políticos, las centrales sindicales y las organizaciones empresariales. Unos y otras derrochan a manos llenas, y lo hacen a costa del dinero público que sufraga el 90% de sus gastos. A través de subvenciones directas o indirectas, partidos, sindicatos y patronales viven como duques del siglo XVIII. Estamos ante un escándalo permanente que enerva al ciudadano medio, sangrado hasta la extenuación por el fisco voraz. Y, claro, las propias encuestas que hacéis desde el Gobierno sitúan a la clase política en el tercero de los diez grandes problemas que agobian a la ciudadanía.
Has anunciado con dos dídimos, mi querido presidente, que reducirás en un 20% las subvenciones a los partidos, a los sindicatos, a las patronales. Estupenda medida. Insuficiente, pero estupenda. Nadie se había atrevido a recortar las prebendas con las que os habéis dotado los partidos y los sindicatos, convertidos ya en un suculento negocio y en generosas agencias de colocación. El camino que has emprendido es el correcto. No te oculto que, desde hace muchos años, para mí las cosas están claras y así lo he publicado de forma reiterada.
De lo que se trata es de aprobar una ley de financiación de partidos, sindicatos y patronales en la que se establezca que sus ingresos se reducirán a lo que recauden a través de las cuotas de los afiliados. Y, tal vez, se pueda sumar el 0'7 que los contribuyentes especifiquen en su declaración de la renta en un casillero creado al efecto. Es decir, lo mismo que se ha hecho con la Iglesia Católica. Se terminaría así con el escandaloso despilfarro de los partidos y los sindicatos, cada vez más evidente en los mítines y en la parafernalia de las manifestaciones públicas, por no hablar de otros aspectos menos conocidos pero más hirientes.
En todo caso, aplauso sin reservas, querido presidente, para esa reducción del 20% en las subvenciones con que se benefician partidos, sindicatos y patronales. Has acertado de lleno.
FRANCISCO CAMPS
Mariano Rajoy debe reintegrarte a la vida política
Querido presidente…
El pasado 24 de julio te dirigí en esta misma sección una carta en la que te decía:
«Pudiste, en fin, tras arrollar en las elecciones autonómicas, tras citarte el Tribunal, apelar a la voluntad del pueblo y organizar un referéndum en la Comunidad con esta pregunta: '¿Francisco Camps debe seguir como presidente de la Generalidad?'. Creo no equivocarme al afirmar que hubieras ganado esa consulta popular. Pero has hecho bien en dimitir porque los españoles nos estamos jugando terminar con las ocurrencias zapatéticas y Mariano Rajoy necesita el camino despejado de escollos partidistas internos».
También te decía hace seis meses que «si el Jurado popular y el juez dictan tu inocencia retornarás a la vida política por la puerta grande y recuperarás la Generalidad valenciana o te incorporarás al Gobierno de Mariano Rajoy». Fuiste elegido de forma abrumadora por los valencianos y son muchos los que creen que debes cumplir el mandato popular. No son pocos, sin embargo, los que opinan que es ya tarde y que las aguas del río nunca vuelven atrás. Tu retorno a la presidencia de la comunidad autónoma no parece fácil y está lleno de escollos circunstanciales. Parece claro, en todo caso, que Mariano Rajoy tiene la obligación moral de ofrecerte un puesto concorde con el nivel político en el que te mueves para que cristalice la reparación de tu honor cuestionado.
Pedíamos todos, al explosionar tu caso, que hablara la Justicia. Ya lo ha hecho. Ha proclamado tu inocencia. Lo menos que puede hacer tu partido es celebrar el éxito y ofrecerte la reparación que la gestión política coherente exige. Ojalá tengas suerte y no se ceben en ti los políticos miserables que tanto abundan en todos los partidos y que corren hoy como cucarachas bajo las gaviotas del PP.
JOSEP GUARDIOLA
¿Dónde, dónde están las fotografías de la mano machacada de Messi?
Mi querido Pep Guardiola…
Pedro Escartín asistió a todo el fútbol internacional español desde 1920 hasta fin de siglo. Afirmaba de forma rotunda que nuestro mejor jugador de todos los tiempos es Ricardo Zamora, el divino, cuyo récord roza lo inalcanzable: 17 años internacional indiscutido. Ahora se juegan muchos partidos internacionales y por eso las cifras significan poco. La verdadera estadística es el número de años en que se ha mantenido la internacionalidad.
Decía también Pedro Escartín que, tras Zamora, el mejor jugador español del siglo XX fue Piru Gaínza. Pues bien, un día, mi querido Pep, alineé en el comedor del ABC verdadero a la delantera de fuego del Athletic de Bilbao, que es mi equipo, entre otras razones porque estamos ante el único club de primera en el que juegan siempre once españoles. Me senté frente a Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza, que estaban ya retirados, y disfruté como un enano escuchando cómo hablaban de fútbol. Recuerdo muy bien que Gaínza, un sabio del deporte rey, afirmó: «En la inmensa mayoría de los partidos, el factor suerte supone el 50% del resultado». No le faltaba razón. La experiencia así lo demuestra. Si el disparo de Ozil que zarandeó la escuadra azulgrana llega a convertirse en gol, tal vez tu equipo estaría hoy eliminado de la Copa del Rey porque el soberbio Madrid que ha construido Florentino Pérez, el mejor presidente del mejor club del mundo del siglo XX, por encima incluso de Santiago Bernabéu, jugó mucho más que el Barcelona en el Camp Nou pero no le acompañó la suerte y solo consiguió empatar.
Has colocado a tu equipo, mi querido Pep, a la cabeza del mundo. Nadie lo discute. No se pueden tener más ni mejores éxitos. Enhorabuena. Entrenas, entre otros, a dos genios del balón: el asombroso Iniesta y el eficaz Xavi. Y, además, al mejor jugador del mundo: Leo Messi. Por cierto, Pep, tú que eres el Noi de Santpedor, ¿me puedes explicar por qué no hemos visto fotografías de la mano machacada de Messi? Pepe es un jugador demasiado brusco y la afición, toda la afición, condena sus violencias. Pero me dice un traumatólogo, catalán por más señas, que si hubiera tenido intención de hacer daño, un jugador de su peso y envergadura habría destrozado la mano de Messi al pisarle. Las fracturas hubieran resultado inevitables y el genio argentino andaría hoy con la mano escayolada. El caso, es que hemos visto docenas de veces el pisotón de Pepe y ni una imagen, ninguna fotografía de la mano destrozada de Messi.
En fin, mi querido Pep Guardiola, si eliminas al Valencia, te esperaremos, con permiso del Mirandés, en la final de la Copa del Rey, te esperaremos, sí, los atléticos, los herederos de Chirri y Gorostiza, de Zarra y Gaínza, y te vas a enterar de lo que vale un peine.
Euskadi 2013
Eran pocos, un centenar apenas, los que se concentraron ayer ante la prisión de Logroño para testimoniar su apoyo a Arnaldo Otegi y pedir el fin de la política penitenciaria que se aplica a los condenados por terrorismo.
Tienen prisa los radicales proetarras por lograr la salida de unos presos que han asesinado a muchos inocentes. Y tienen prisa porque, antes de que se celebren las elecciones autonómicas vascas de 2013, pretenden haberse cobrado todas las piezas políticas antes de pagar el precio debido, que es que ETA anuncie su disolución y entregue las armas.
Y tienen razón en pretenderlo: si consiguieran cobrar la parte que reclaman sin haber abonado la que deben, lograrían alcanzar ante los electores una posición política de indiscutibles vencedores en lo que llaman ellos «el conflicto». Una victoria así les proporcionaría ante los ciudadanos vascos un rédito electoral gigantesco que les situaría en posición de alcanzar el gobierno autonómico vasco. Ésa es la apuesta, ése es el órdago.
Por eso hay que analizar en términos puramente electorales la batalla política y mediática que se está librando desde hace meses pero que, desde que ha quedado claro quién gobierna en España, se ha intensificado.
En el caso de Bildu y los suyos, la estrategia es muy clara: van a intentar vencer políticamente antes de acudir a las urnas. Tienen a punto su mensaje, sus reivindicaciones y sus apoyos sociales. Todo está muy claro ahí.
Lo del PNV es mucho más complicado. Apoya sin dudar la opción soberanista, pero no quiere que se le confunda con Batasuna. Sabe que arriesga mucho en la cita de 2013. Es muy consciente de que, con ese nuevo traje de no violencia, ETA está buscando fortalecer a Bildu a costa del PNV. Por eso el líder peneuvista, Iñigo Urkullu, tiene tanto interés en que el presidente del Gobierno, llámese Zapatero o llámese Rajoy, le trate en público como el líder político natural de todos los vascos, como su lehendakari nato. Pero esa jugada, ensayada con mucho éxito con Zapatero, no le va a salir bien con Rajoy. El próximo martes, cuando Urkullu visite al presidente, tendremos ocasión de comprobar cómo no consigue cumplir su anhelo.
Y, aunque parezca mentira, es el Partido Socialista el que tiene más problemas para encontrar un espacio nítido de mensaje y de actuación que le permita conquistar un hueco en el gobierno vasco. Eso lo vimos anteayer en el palacio de La Moncloa.
El presidente vasco, Patxi López, vino el viernes a Madrid con uno de esos mensajes multiusos donde caben todas las posiciones pero no dejan claro cuál es la posición real de quien lo formula. Lo que sí se vio es que en materia de presos su posición era muy parecida a la de los de Logroño. López buscaba el compromiso del presidente del Gobierno para aplicar una política penitenciaria más -digamos- amable. Y cualquiera que le escuchara hablar en La Moncloa habría jurado que, efectivamente, había conseguido de Mariano Rajoy una decidida aproximación a sus posiciones. «Estoy convencido de que, antes o después, el Gobierno de España acabará aplicando una política penitenciaria que yo no llamaría flexible, porque entra dentro de la legalidad», dijo convincente y sonriendo.
Menos, menos. Según fuentes del PP, la verdad es que el lehendakari llegó ante los periodistas bastante más lejos de lo que había llegado en su entrevista con Rajoy. Es verdad que el encuentro fue cordial y que abordaron el tema, pero ni López planteó la cuestión de los presos en los términos rotundos que luego formuló, ni tampoco dijo nada sobre su deseo de que se legalice Sortu, como luego contó ante la prensa.
Sin embargo, desde Presidencia de Gobierno se guardó silencio, algo muy poco habitual. La razón es que Mariano Rajoy no desea entrar en esta clase de polémicas con López. Primero, porque no quiere enredarse en esa madeja, y después, porque no está dispuesto a hacer la campaña electoral al PSE, un partido que tiene un serio problema de ubicación política y de nitidez en su mensaje.
Y como siga así, sumándose a la agenda política de los radicales, el lehendakari se va a encontrar con que a las manifestaciones en favor de la salida de los presos van a acudir no los 15 o 20.000 vascos que tanto le preocuparon a comienzos de enero, sino 200.000. Pero la culpa será suya por no haber establecido la frontera entre lo que hay y no hay que hacer y, sobre todo, cuándo hacerlo.
Porque ésa es precisamente la cuestión capital: que no es lo mismo antes que después. Es decir, que acercar y sacar a la calle a los presos condenados por asesinato antes de que la banda terrorista anuncie su disolución es una cosa radicalmente diferente a que se haga después de que ETA se haya desintegrado oficial y públicamente y haya cumplido las mínimas condiciones exigibles.
Es la diferencia entre la noche y el día, entre el vencer y el ser vencido. En este pulso que va a durar un año se juegan las elecciones vascas que, en caso de equivocar la estrategia, podrían acabar con un lehendakari de Batasuna, lo mismo que la ciudad de San Sebastián ha acabado, por culpa de la inconsistente estrategia del PSE, en manos de Bildu.
Por lo que se refiere al PP vasco, cuenta con el plus político que proporciona el hecho de ser del mismo partido que el que gobierna España; tiene asegurado el voto no nacionalista; y aspira a conseguir, además, que el Congreso apruebe una modificación de la Ley Electoral que permita votar en los comicios autonómicos a los vascos que tuvieron que abandonar su tierra víctimas de la extorsión y de la amenaza a sus vidas. «Aquí todos piden el acercamiento de los presos, pero nadie se acuerda de pedir el acercamiento de los desterrados», se lamenta amargamente un diputado vasco del PP. Y argumenta algo más, difícil de rebatir: «¿Cómo es posible», dice, «que pueda votar un hijo de exiliados vascos en Argentina o Uruguay y no pueda votar un vasco desterrado en Madrid o en Málaga víctima de la amenaza terrorista?». De hecho, el portavoz adjunto del grupo popular en el Congreso, Leopoldo Barreda, está ahora redactando esa propuesta de modificación de la Loreg. Una iniciativa parlamentaria que parece de justicia y que, desde el punto de vista político, daría votos, caso de prosperar, a los partidos no nacionalistas. Ésta es una de las armas que el PP quiere emplear para tratar de asegurar la imbricación estable del País Vasco en España.
La otra es una mera esperanza: la de que las pretensiones independentistas de Escocia acaben siendo resueltas por la UE en el sentido de que, quien quiera la secesión, deberá ponerse a la cola de los aspirantes a ingresar en la Unión. E incluso que el país del que el territorio se haya desgajado tenga derecho de veto sobre su ingreso. Pero eso sí que ya pertenece al súmmum de sus sueños.
victoria.prego@elmundo.es
Gente joven
Felipe González desmochó ayer cualquier pretensión dinástica de la que no hace tanto tiempo fue «la niña de Felipe». Que Carme Chacón se dé por emancipada, le han cambiado hasta la cerradura de casa. Porque, aun queriéndola como a veces se quiere lo que se destruye, González la condenó a no poder blasonar en Sevilla de otro linaje que el de Zapatero, y ése es tóxico.
Por el contrario, de un invernadero que recordaba a aquél de El sueño eterno cuyo calor manchaba de sudor la camisa de Bogart, Rubalcaba salió ungido como la única candidatura de continuidad histórica. Entroncada no ya con el felipismo, sino con el mismísimo Pablo Iglesias, con quien le vinculó Patxi López, a quien sólo le faltó sacar una tabla oui-ja para que el fundador arrastrara el vaso hasta el Sí a Rubalcaba. El lehendakari, que trata de imprimir un timbre épico incluso a la lista del supermercado, se refirió al congreso de Sevilla como un nuevo Suresnes, igual de determinante en términos de refundación y proyección al porvenir. También abundó en un argumento reiterativo, el de rebajar recelos por las ambiciones personales de Rubalcaba agradeciéndole que en realidad haya elegido librar por el partido peleas perdidas de antemano. Un mensaje a los delegados para que se sientan en deuda con quien muere, por todos, agarrado al banderín. De creer a Micaela Navarro, lo que el partido debería ver en Rubalcaba es una «seguridad» ajena a experimentos y ocurrencias de las que habrían quedado escarmentados después de las acrobacias de Zapatero: cualquiera diría que no gobernaron con él ni le adularon durante los siete años de poder repartido.
El contenido de los discursos fue de importancia menor, comparado con el hecho de que González haya basculado hacia la candidatura de Rubalcaba, como si pudiera entregarle la llama original. Ahora que todo socialista es un ex alto cargo, que vuelve a vestir casual como si estuviera adaptándose de nuevo a la ordinary people, González, que no quiere que el PSOE sucumba a una rebatiña por los residuos del poder, ya sólo mantiene vigente el cargo de Felipe. Pero éste irradia un carisma por el que los militantes le miran como si se dispusiera a curar leprosos. Fuera será el del GAL. Pero, dentro del partido, es la eterna llegada de los Beatles a Las Ventas, y su favor pesa lo que un designio. Jugueteó en su discurso, ya liberado para gustarse, con que aquello era un acto «intergeneracional», y no un bucle gerontocrático como el politburó. La única baza que Rubalcaba aún debe neutralizarle a Chacón es la de la juventud. Para ello, no sólo González inventó una juventud que depende antes de la actitud que de la edad, sino que llevan a todos los mítines a María González, y hasta ella ha dicho en alguna reunión que está harta de no ser sino «la joven», la coartada «intergeneracional».
Honor se escribe sin H
SI VALERY tenía razón y la sintaxis es una cualidad del alma, entonces quizá la ortografía se corresponda con el bajo vientre. Leer las actas del jurado que absolvió a Camps (un campo minado de burradas y anacolutos) no sólo produce flatulencia sino que resulta un absorbente ejercicio de masoquismo, algo semejante a mirar el pecio del Costa Concordia encallado en un arrecife. La culpa la tuvo una piedra que no salía en los mapas igual que lo del Gürtel fue cosa de un sastre. Ha quedado suficientemente probado que el jurado popular, más popular no podía ser.
Lo que quería decir la pobre gente que redactó tal monumento al analfabetismo es que no se sabe ni se sabrá jamás si Camps compraba los trajes o le caían del cielo hechos. Los atentados gramaticales y semánticos cometidos por el jurado son algo más que la punta del iceberg: son la correspondencia lógica a las irregularidades y fallas de un lastimoso espectáculo legal donde Camps le faltó el respeto al tribunal, cuchicheó, hizo carantoñas, mandó mensajitos por el móvil y, en suma, se carcajeó del juez y de la justicia con el mismo desparpajo adolescente que un chulo de barrio.
Camps siempre tuvo pinta escurridiza y pecó de sobrado muchas veces, por eso se le fue un poco el párpado cuando le guiñó el ojo a un jurado, un gesto que repitió al conocer la sentencia pero lanzado al cielo, como si le dijera a Dios que ya estaba hecho, que luego se tomaban unas cañas. Más que un juicio, esto ha sido un tongo teledirigido, un auto de fe donde Camps metió la mano en el fuego apelando a la misericordia divina y salió con el traje intacto y todos los dedos chamuscados. El milagro es que muchos sigan creyendo en un político que se rodeó durante años de delincuentes profesionales y que ha dejado una Comunidad Autónoma arrasada. Hace falta tener cuajo para seguir apelando al honor de un sujeto que llamaba «amiguito del alma» al jefe de una banda de cuatreros. ¿Cómo expresar todo esto sin que se te caiga la mano del asco? Retorciendo el español hasta que parezca chino, saboteándolo de faltas, escurriéndolo en una prosa imperdonable. Más que una absolución, las actas del jurado son una blasfemia.
En cuanto a la inocencia textil, seamos serios. «De lo que no se puede hablar, hay que callar», decía Wittgenstein, que, por suerte para él, no conoció a Camps ni de lejos, pero que de haberlo conocido, cambia la frase final del Tractatus: «Callar, cerrar la boca y taparse la nariz, que aquí huele mucho a muerto».
Los bebés, ese otro público
Señoras y señores: Es todo un fenómeno, que hay que verlo para creerlo. Bebés de pocos meses, en brazos de su mamá o su papá, asistiendo en religioso silencio a un espectáculo teatral de casi media hora. No pocos padres y madres lo conocen ya, es el Teatro para bebés, que se puede contemplar en el Teatro Fernán Gómez.
La experiencia en España la ha capitaneado CarlosLaredo, que en su día fundó y dirigió en la capital de España el festival internacional de teatro infantil y juvenil Teatralia. Hace 10 años dejó el festival, en pleno apogeo, y se lanzó a la empresa de crear espectáculos, como buen actor y director que es, no para niños y jóvenes, sino para bebés. Y por medio mundo.
Hasta hoy (pero volverá del 28 de febrero al 11 de marzo), tiene Laredo en Madrid la primera de las dos piezas que presenta en ésta su séptima temporada, Desayuno fácil, ante la que los bebés se quedan fascinados, guiados por el talento y la ternura de ClariceCardell. De una maleta van saliendo, como si de cajas chinas se tratara, otras seis maletillas. Serán siete apetitosos desayunos, con sus cucharas, tazones y platos, que los pequeños identifican con su mundo de papillas y cariños.
Del 4 al 26 de febrero, se representará ¿Quién era yo antes de ser yo?, con dos actores experimentados, FernandoSotuela y PatriciaGorlino. En la obra, el milagro de cómo estas criaturas que casi acaban de nacer pueden moldear a los mayores. Si nos dejamos...
Un teatro fascinante, para hacer espectadores de la vida y, también, del teatro. Pero de un teatro que no es el ya conocido, como el que se estila entre nosotros, los mayores, con obras de Chéjov o del propio Valle-Inclán, a las que vamos con nuestro pre-juicio, pero sin excesivos riesgos. Estos bebés, no; se enfrentan a lo desconocido.
Son los nuevos espectadores, que no van a ver teatro de repertorio o de franquicia. En el Clásico está estos días una función de Calderón que no está en el repertorio ni es una franquicia, En la vida todo es verdad y todo mentira. Estos bebés, desde esta propedéutica, la entenderían mejor que muchos adultos, más acomodaticios que resabiados
JAVIER AGUIRRESAROBE DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA
«Desde el cine no se ve lo que sucede en la vida»
Es un vasco con la risa a punto. La cara de cartabón. El rostro de ángulos fuertes. La mandíbula pretoriana. La cabeza con algo de diseño siderúrgico. Recuerda su testa a la de Chillida. Por la rotundidad. Por esa condición de piedra bien labrada. Es de esos hombres que tienen en el rostro el engranaje limpio de sus acciones. Habla con un entusiasmo moderado de todo lo que habla. Con esa pasión de los convencidos que no dan importancia a su entusiasmo. Si le dices lo que es, uno de los mejores directores de fotografía del cine, suelta una carcajada tras la que se esconde hasta que el halago escampa. Y entonces explica lo suyo, su oficio, sus obsesiones, encendido de mansedumbre con un timbre de confesión, con una música de agua de arrayán. Se detiene por un rato en los maestros de la pintura. Lanza después una soflama de modales exquisitos contra la escasez de solidaridad... O se descuelga con la entonación de un texto sobre Sorolla escrito a 12.000 pies de altura, en el trayecto entre Londres/Los Ángeles... Todo esto lo delata como uno de esos hombres que se esfuerza en comprender.
Hace tres o cuatro años decidió instalarse por temporadas en EEUU. «Aquí puedo hacer, al menos, dos películas por año. En España no tengo esa posibilidad. Me han aceptado sin problemas. Pero Hollywood no es un sitio fácil. Te obliga a empezar de cero, con humildad», explica. Javier Aguirresarobe está en Los Ángeles. Allí ultima un nuevo rodaje. Del otro lado de la pantalla del ordenador le ves moverse hacia delante y hacia atrás. Habla meciéndose, como un barbudo de madrasa. Su primera película fue ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?, en 1978. Y levantó el vuelo. Después llegaron trabajos con Almodóvar (Hable con ella), Trueba (La niña de tus ojos), Víctor Erice (El sol del membrillo), Amenábar (Los otros, Mar adentro...), Montxo Armendáriz, Imanol Uribe, Milos Forman (Los fantasmas de Goya), Woody Allen (Vicky, Cristina, Barcelona), John Hillcoat (La carretera)... Siempre con un único demonio dentro: entender la luz. Con la edad sabe que una luz gana mucho cuando le sumas las sombras correspondientes. La vida tal cual.
- ¿Y esa fascinación?
- Desde pequeño. Aunque al cine me dediqué de una manera quizá accidental. Mi hermano mayor, que tiene 10 años más que yo, de joven fue fotógrafo. A los 9 o 10 años comenzó explicarme los rudimentos de la profesión y comencé a familiarizarme con cámaras, lentes, fotómetros y demás... Eso me gustaba. Eso y las películas que veía en el Cine Coliseo de mi pueblo. Poco a poco fui enganchándome y llegó la hora de elegir algo que hacer. En principio, opté por ser óptico, porque mi hermano me iba a pagar los estudios...
- ¿Y qué pasó?
- Pues que tuve la suerte de venir a Madrid... Y claro, en Madrid había de todo... Me matriculé en Óptica, saqué la diplomatura, pero después empecé Periodismo y luego me fui a la Escuela de Cine. Ahí es cuando tomé la decisión de hacer películas...
- ¿Cómo fue el inicio?
- Duro. No tenía amigos ni familia vinculada a esto. Estaba solo. Lo intenté en Madrid, pero sin suerte. Me tiré siete años sobreviviendo con distintos trabajos: fotógrafo, colaborador de revistas especializadas, en un laboratorio... Y opté por volver a San Sebastián. Allá monté una cooperativa y empezamos a funcionar con cosas de publicidad, cortometrajes, lo que salía... Hasta que me llamó Colomo para ¿Qué hace una chica como tú...? y regresé a Madrid. Me dio mi primera oportunidad. Y eso no lo olvido.
- ¿Qué es la luz?
- La vida. Aquello con lo que uno es capaz de crear espacios, de abrir mundos. La luz pone muchos retos a quien la quiere mirar.
Javier Aguirresarobe sigue balanceándose frente a la pantalla del ordenador, como si memorizara lo que dice, como si recitara lo que piensa. Es un vasco de Eibar, del 1 de enero de 1948. Hace frases que llegan al otro con esa caída blanda del gorrión en las aceras. Informa del mal día que amaneció hoy en Los Ángeles. Una luz hermética, como ala de urraca, lo cubre todo. Frío y lluvia. Pero esta mañana, paseando, ha alucinado con un momento en que el sol salió por entre dos nubes y a su paso fue definiendo a unas criaturas rubias en la acera. Aguirresarobe es feliz así: cazando instantes con algo de inocencia preternatural.
- Nosotros, los directores de fotografía, somos como dioses.
- No está mal...
- Es que llegamos al plató, que es un lugar oscuro, sin alma, y con un juego de luces vamos levantando los universos que nos convienen. Nosotros buscamos con el artificio acercarnos un poco a la verdad. La luz es otra forma de oxígeno. Yo estoy siempre observado sus momentos.
Dicho así dan ganas de encargarle un escenario para los próximos 20 años, hasta que el desastre de ahí afuera se disipe.
- ¿Y el sol?
- El sol es muchas veces mi enemigo.
- Eso no lo esperaba.
- Es que a mí no me gusta la luminosidad directa del sol. Tiene momentos muy agresivos... Aunque hay una película extraordinaria, El árbol de la vida, de Terrence Malick, que está rodada íntegramente con luz natural y resulta prodigiosa. El artífice de esa luz es Emmanuel Lubezki, alias El Chivo, que este año opta al Oscar. Esa obra es de una belleza inconcebible, siempre al límite. Estarás de acuerdo conmigo.
- Dices que en los maestros de la pintura está todo...
- Ellos son la clave. Nos han enseñado composición e iluminación. Y no sólo Velázquez. Pienso también en Ribera (La Piedad, que conserva el Thyssen), en Goya... Ahora estoy preparando una película de atmósfera mediterránea y al director le he hablado de la importancia de Sorolla para esta aventura. La historia del arte es un generador de energía, son las fuentes de mi gramática.
- ¿Y el cine te deja ver la realidad?
- Estoy informado, claro. Leo los periódicos... Y es curioso, cuando uno está lejos de casa como que siente más las cosas que suceden allá. Es muy desalentador el panorama. Me sobrecoge. Los valores están adulterados. Las ideologías se contradicen. Los imperios se resquebrajan... Aunque es cierto que en el mundo del cine se vive a veces en una burbuja donde no se percibe bien lo que sucede alrededor, lo que pasa en la vida.
Es fácil imaginar que Javier Aguirresarobe acumula por dentro 1.000 saberes, pero él no alardea. No es de aquellos que se adornan de excentricidad para estar a la altura de sí mismos. Al revés. Habla de su aventura en EEUU con la sencillez del que se busca la vida. Otros bobos, por menos, llegan a su pueblo diciendo que tienen América a sus pies (donde en verdad no hay lugar para nadie) mientras posan con cara de alcohólico neoyorquino en el capó de la arrogancia.
- ¿Sabes? Tengo la sensación de empezar de nuevo. Y eso ilusiona y da energía. Limpia la mirada. Quita vicios adquiridos. Aquí no puedes vivir de las rentas. Tu prestigio se renueva a cada trabajo. Cuando uno explora caminos nuevos a cierta edad está obligado a ser más humilde, más cauto. La autocrítica es superior; la autoexigencia, increíble... Hollywood es una palabra engañosa. Nunca te permite sentirte seguro.
Javier Aguirresarobe ha dejado de balancearse sobre el Corán de la pantalla. En el cristal de las gafas le rebota el brillo del ordenador y es como si habláramos de película a película. Allá, en Los Ángeles, es casi noche abierta. Aquí, de amanecida, hay una luz de bala caldeada. Muy ceñida a las noticias que escupe la radio del salón.
El robo de niños
No es fácil explicar en menos de media hora un escándalo como el de los niños robados en España en hospitales desde los primeros años de la dictadura hasta los años 90, pero la BBC ha hecho un excelente trabajo.La investigación de Katya Adler, emitida el 18 de octubre y retransmitida esta semana echa por tierra cualquier esfuerzo del Estado, gobierne quien gobierne, para mejorar la imagen de nuestro país mientras no se haga justicia, por difícil que parezca, a las víctimas de dicho crimen.
Ángel Núñez, elegido por el Ministerio de Justicia del Gobierno saliente para dar la cara, reconoce que los afectados fueron muchos. Los abogados de las víctimas hablan de «unos 300.000 mil».
Adler se ha metido en las casas de varias de ellas con desigual fortuna -las pruebas de ADN de Mar y Manoli Pagador, y de Randy Ryder, afincado en Austin (Texas) dieron negativo-, pero las confesiones de algunas de las monjas que participaron sin saberlo, como enfermeras, en la trama, el testimonio y las imágenes que obtuvo para Interviú el fotógrafo Germán Gallego, y, sobre todo, la entrevista que, haciéndose pasar por madre embarazada, Adler hace a uno de los principales sospechosos, el doctor Eduardo Vela, en su despacho indican que en España se ha cometido un gravísimo crimen de forma continuada y que la Justicia, en la dictadura y en la democracia, ha preferido mirar para otra parte.
«¿Qué yo he vendido o comprado niños?», pregunta el doctor cuando Adler le plantea lo que se dice de él. «No, por descontado (…) Proporcionaba un servicio a madres que no podían o no querían quedarse con los niños. Había una ley de adopción y yo me limitaba a aplicarla».
Lo que no dice y, sin embargo, dejan muy claro tanto mujeres cuyos hijos fueron dados por muertos como mujeres que recibieron niños en adopción es que lo que pudo empezar como una trama ideológica acabó convirtiéndose en un negocio, pues por cada niño adoptado el doctor Vela se embolsaba en algunos casos más de 10.000 pesetas y su enfermera principal, la llamada hermana María, otras 50.000 mil.
«Eso son historias periodísticas», insiste el doctor. Sospechando lo peor, pregunta a Adler: «¿Y usted no será periodista?». «Sí, soy madre y periodista de la BBC», responde la autora del reportaje. «Me está engañando y no quiero saber nada más. Nunca me han denunciado y nunca he estado en la cárcel ni he tenido un juicio», añade.
Ahí está el problema. Casi todas las pruebas, cadáveres incluidos, han desaparecido.
Chicas altas, caballeros tristes
Susanna Griso es una 'top model' que jamás ha pisado una pasarela; ella desfila por la vida. Cualquier día, Guti y Belluscio contraen matrimonio en una discoteca, entre copa y copa. Lydia Bosch, actriz sin obra, sigue peleando con su ex por unos metros de hogar conyugal.
Perdonen que vuelva a las andadas, pero el burbujeo me llama. El jueves se entregó el Premio Espejo Público, así que di gracias a Dios por enviarme un evento y allá que me fui, en pos de Susanna Griso, el rostro televisivo de José Manuel Lara. La vi de lejos. Antes de llegar a ella percibí la misma frescura que percibo cuando la contemplo desde el otro lado de la pantalla: una bocanada de colonia floral, madrugadora y blanca.
Susanna es una top model que jamás ha pisado una pasarela. En realidad no le hace falta: ella desfila por la vida. Tiene facha y es buena periodista, pero no me pidan que me regodee en ese extremo, pues bastante hago con proclamar su condición de mujer bandera. Una también tiene su corazoncito envidioso. Griso pertenece a la categoría de las flacas pero contundentes, proteínicas, altísimas y, encima, con zancos que las elevan a la estratosfera.
Ejercía Griso de sacerdotisa en la ceremonia del premio. Le di un beso (no fue así exactamente: primero saqué del bolso la escalera plegable, me encaramé a ella y entonces sí, le di un beso en la mejilla). Me contó que el premiado era Pablo Motos y matizó que había llegado a la final en reñida pugna con la duquesa de Alba. Fue un alivio. Si después de atravesar Madrid con la escalera a cuestas, resulta que el premio es para B&B (Borja y Blanca), soy capaz de recoger los bártulos y largarme con la escalera a otra parte.
Y es que alguna gente se repite demasiado, como B&B o como la propia duquesa de Alba y su caballero andante, hoy en claro descenso de popularidad. El culebrón de la boda nos mantuvo en vilo, pero la secuencia final, con las sevillanas coreadas por el clero, nos dejó la libido por los suelos. Hasta hoy.
Pablo Motos, el niño bonito de la cadena, declaró que nunca ha trabajado tan a gusto como en Antena 3. No es obligado creerlo, pero podría ser. Aplaudió Romina Belluscio, florero de profesión y novia de ese cadáver futbolístico llamado Guti que en su día imitaba a pezoncillosBeckham. Hizo bien Belluscio en acudir sola a la fiesta. Desde que se echó al currículo de Guti la chica ya tiene un cupo de paparazzi adjudicados. Guti y Belluscio montan el número a todas horas. Cualquier día de éstos contraerán matrimonio en una discoteca, entre copa y copa.
Espiando a Belluscio estaban las señoras y señores allí congregados. Políticas y políticos, periodistas y periodistos, gente de la cadena amiga (¿o es la triste?) y aficionados a la copa. Yo también espiaba, y no sólo a Belluscio sino a los espiadores. Fue así como llegué a Esteban González Pons y a TomásGómez. Ninguno de los dos está en su mejor momento político, pero no me importó: huyo de los caballeros arrogantes y crecidos.
De Tomás me salió al encuentro su pecho lobo (él no deja de hacer gimnasia ni en los peores días), pero su gesto tristón se me antojó nuevo. Está el hombre descorazonado por la visión de un pesoe exánime, asolado, con desperfectos profundos. A González Pons seguramente le gusta mantener la compostura cuando habla con desconocidas, pero también él me pareció humanizado. Habló de Fraga, de su familia (la suya propia, no la de Fraga) y pensé que su guión de vida tiene una comedia (por entregas) de Antonio Resines, una versión actualizada de aquellas películas en las que salía Alberto Closas rodeado de hijos. Políticamente, Pons está en el limbo. Por si acaso, yo no le pregunté nada, no fuera a ser que el feliz encuentro se echara a perder.
Cerca andaba la injustamente tratada Leire Pajín, a la que ZP quiso convertir en Juana de Arco poniéndola en la pira de un ministerio. Ahora, Leire está de regreso en la vida civil y en los eventos. El otro día iba vestida de casi noche con la espalda entre rejas, un modelo que pedía a gritos un comentario en algún blog de Yo Dona.
Gloria Lomana me habló de su felicidad con Josep Piqué. Arturo Fernández (CEIM) y Jordi Gutiérrez ponían buena cara al mal tiempo reinante. Saludé a Gabriela Bravo, la cara amable del CGPJ, a Pilar Cernuda, Ignacio Camacho, José María Calleja, Julio Ayesa, etc. La cabeza de Griso ya no asomaba entre el resto de los mortales. Había desaparecido cual Cenicienta.
Etiquetas: Firmas





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