GOBERNANDO:El Gobierno limitará los sueldos en los bancos que tengan ayudas

El Gobierno limitará los sueldos en los bancos que tengan ayudas
La medida afectará a los directivos de las 7 entidades que han logrado créditos o inyecciones de capital del FROB / El tope salarial podría rondar los 500.000

El Ministerio de Economía dará en breve instrucciones al Banco de España para que fije una limitación a las retribuciones de los directivos y consejeros de las cajas (ahora convertidas en bancos) que hayan recibido ayudas o créditos del FROB.
Ya en el mes de diciembre, el Banco de España instó a dichas entidades a hacer públicos los salarios y otro tipo de emolumentos de sus directivos. Pero un total de 60 altos cargos se acogieron a la Ley de Protección de Datos para desobedecer la orden del banco central.
Ahora, Economía quiere dar una vuelta de tuerca y poner un poco de orden en un sector en el que, con contadas y reseñables excepciones, se ha conjugado la mala gestión con retribuciones multimillonarias. La CAM ha sido el ejemplo más escandaloso de esas malas prácticas.
Según los datos hechos públicos a finales de diciembre, el ejecutivo que más gana en el sector es Rodrigo Rato (Bankia), con 2,3 millones de euros, seguido por el consejero delegado de la misma entidad, Francisco Verdú, con 2,2 millones de euros. Después, le siguen el destituido José Luis Olivas (Banco de Valencia), con 1,6 millones; Adolf Todó (Catalunya Banc), con 1,5 millones. Jordi Mestre, al frente de Unnim cobra 963.000 euros y los copresidentes de Banca Cívica, Antonio Pulido y Enrique Goñi ingresan 900.000 euros. Los dos primeros ejecutivos de Caixanovagalicia Banco, José María Castellano y César González-Bueno, tienen también un sueldo de 900.000 euros.
No se sabe nada de los 36 consejeros y ejecutivos de España-Duero, porque ninguno de ellos hizo públicos sus datos. Naturalmente, el Banco de España sí conoce lo que gana cada uno de ellos.
En las cifras antes referidas, no se incluyen blindajes ni planes de pensiones.
La situación tampoco es homogénea. Bankia, por ejemplo, no ha recibido dinero a fondo perdido, sino créditos del FROB (al 7,75% de interés), mientras que otras cajas, como Catalunya Banc, Unnim o Novacaixagalicia tuvieron que ser nacionalizadas.
En todo caso, llama la atención que en un mismo sector haya diferencias tan importantes en los sueldos de sus ejecutivos. Por ejemplo, el presidente de BMN, el ex presidente de Caja Murcia Carlos Egea, tiene una retribución de 456.000 euros.
Economía espera que el Banco de España le remita en las próximas dos semanas un informe sobre sueldos, bonus y planes de pensiones de ejecutivos y consejeros de las cajas para, posteriormente, tomar una decisión sobre el tope que debería aplicarse a las entidades que hayan recibido algún tipo de ayuda.
No sería descabellado pensar que ese límite salarial quedara fijado en torno al medio millón de euros, lo que para algunos directivos supondría un sustancioso recorte sobre sus actuales retribuciones anuales.
Esta medida se enmarca dentro del proceso de reestructuración financiera que el Gobierno pondrá en marcha a partir del mes de febrero.
El objetivo de la reforma es transformar el sector bancario para dar lugar a un mapa con menos entidades y más solventes. La herramienta fundamental para forzar la consolidación será la obligación de provisionar al conjunto del sector un total de 50.000 millones de euros para cubrir las pérdidas potenciales provenientes del mercado inmobiliario.
Algunas entidades (los grandes bancos y alguna caja) podrán asumir su parte sin necesidad de ayudas y sin entrar en pérdidas. Otras, por el contrario, no podrán hacerlo y se verán forzadas a unirse a alguna de las más saneadas.
El Gobierno quiere que la reestructuración financiera esté concluida antes del tercer trimestre este año. El saneamiento del sector obligará a dar menores beneficios, pero, según fuentes del Ejecutivo, también eliminará las dudas sobre la solvencia del mismo en su conjunto.
Las entidades podrán financiarse con menos tensiones y a precios más baratos y eso facilitará que el crédito fluya al sector privado.
En el Gobierno preocupa la situación actual; la inyección de liquidez del Banco Central Europeo, junto a las nuevas exigencias de capital, están llevando a que algunas entidades hayan disminuido el crédito a empresas y familias a una tasa del 10% anual, algo desconocido hasta ahora.
Por otra parte, el Gobierno ha decidido dar un voto de confianza a Miguel Ángel Fernández Ordóñez, quien seguirá en su cargo hasta mediados de junio, fecha en la que concluye su mandato. Por tanto, será MAFO el hombre que pilotará desde el Banco de España la segunda ronda de reestructuración financiera, a pesar de las presiones de algunas entidades y de un sector del PP.
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el videoanálisis de Vicente Lozano.
El año que viviremos peligrosamente
Abróchense los cinturones. Comenzamos el año probablemente más difícil del último medio siglo para la economía española.
No me llamen exagerado. Sólo quiero que piensen que en 2012 van a confluir un fuerte ajuste fiscal con una dura recesión. Y, a diferencia de lo que ocurrió en otras crisis (la de principios de los años 80 o la de principios de los 90), ahora el Gobierno no tiene el arma de la devaluación para ganar competitividad de manera automática, aunque fuera a costa del empobrecimiento súbito del país.
Ya sabemos la cifra del ajuste: unos 40.000 millones de euros que provendrán del recorte del gasto público (el mayor de toda la historia de la economía española) y de una dolorosa subida de impuestos, de la que ya hemos tenido noticia, pero que puede tener una segunda parte aguardándonos para el verano.
El Fondo Monetario Internacional dio la semana pasada su particular ducha de agua fría a las expectativas sobre el crecimiento: este año el PIB caerá un 1,7% y el año 2013 sufrirá otro recorte del 0,3%. Eso podría suponer la destrucción, este año, de otro medio millón de empleos. O sea, que España podría rondar los seis millones de parados. No me digan que no es como para apretarse el cinturón.
Algunos ponen en duda las congeladoras previsiones de la institución presidida por la elegante y decidida Christine Lagarde.
El FMI, evidentemente, no tiene el monopolio de la verdad y ha tenido que desdecirse más de una vez de sus pronósticos. Esas críticas a la falta de fiabilidad de la que se supone debería ser la institución financiera más reputada del mundo me recuerdan una anécdota que contó Thomas Friedman en su libro The Lexus and the Olive Tree.
El columnista de The New York Times cuenta que en sus comienzos como corresponsal de la United Press International en Oriente Medio pasó varios meses en Beirut, durante 1979, en plena guerra civil. Al margen de su labor como narrador de los sucesos bélicos y políticos, tenía que hacer para la agencia la reseña del tiempo a última hora del día. Es decir, tenía que transmitir por teletipo la temperatura de la ciudad. Pero, claro, en esos momentos, en la televisión de Líbano (cuando funcionaba) no había hombre del tiempo. Así que tenía que apañárselas. ¿Cómo lo hacía? Sencillo: bajaba al piso de abajo y preguntaba al azar a compañeros de otros medios: «¿Tú que temperatura crees que hace?». «Pues entre 20 y 22 grados». Repetía la pregunta a otro par de improvisados meteorólogos y luego sacaba una media. Sorprendentemente, nadie se quejó nunca de sus estimaciones.
El propio Friedman, cuando ya trabajaba para la sección financiera de The New York Times, se sorprendía de que siempre hubiera analistas que, en el mismo día en que ocurría alguna subida o bajada por encima de lo normal en el Dow Jones, tuvieran la capacidad para responder con precisión a las causas de la inesperada sacudida bursátil. Y, maliciosamente, apunta Friedman, siempre le venía a la mente lo que él hacía con la estimación de la temperatura cuando era corresponsal en Beirut ¿Harán lo mismo algunas agencias de rating o incluso el propio FMI?
Aunque ahora sea casi políticamente incorrecto decirlo, yo les doy bastante más crédito. Los técnicos que hacen esas previsiones lo hacen basándose en datos objetivos y suelen ser expertos de muy alto nivel. Por tanto, pocas bromas.
Sin embargo, no lo olvidemos, se trata de previsiones. Es decir, de señalar lo que sucederá si todas las variables analizadas siguen una pauta. Por eso mismo, el FMI revisa sus previsiones periódicamente. En este último caso, para desgracia de España y del conjunto de los países de la zona euro, las perspectivas son de un parón económico muy brusco.
Hoy, precisamente, se hará público el Informe del Banco de España con las previsiones de su servicio de estudios para este año. El Banco de España estima que la economía española sufrirá una caída del entorno de 1,5% en 2012, muy parecida a la deprimente previsión del FMI. Según parece, la intención de este último era dar un decrecimiento aún más pronunciado, pero, tras consultar con el Gobierno, la cosa se moderó y finalmente salió ese -1,7%, que no desentona mucho con la cifra que dará hoy nuestro banco central.
Yo suelo fiarme del Banco de España, porque su servicio de estudios es el mejor que existe en este país y está entre los más prestigiosos de Europa.
Así que, en espera de que el Ejecutivo haga público su cuadro macroeconómico, lo que está previsto para finales de febrero, daré por buena la previsión del Banco de España. Aun con todo, como decía al principio, es como para poner los pelos de punta.
Algunos nostálgicos reclaman ahora políticas keynesianas para salir del atolladero. Es decir, más gasto público para insuflar un poco de alegría a este depresivo panorama.
Pero no hay caso. El ajuste hay que hacerlo. De hecho, las pocas noticias buenas que hemos tenido últimamente provienen de los efectos positivos de los recortes llevados a cabo por el Gobierno. La buena colocación de la deuda a largo plazo del pasado jueves es una prueba de ello.
Entonces, ¿qué hacer? ¿Cómo se puede pelear contra ese negro pronóstico que llevaría a una subida insoportable del desempleo durante este año, e incluso el próximo?
No cabe otra que tratar de ganar competitividad reduciendo costes empresariales. La mejor forma de hacerlo es emprender una reforma laboral que permita moderar salarios, elimine rigideces internas y acabe con la obligatoriedad de sujetarse a los convenios de sector. Eso y un nuevo contrato de trabajo que haga más fácil y menos gravoso para las empresas la creación de empleo fijo.
El contrato para jóvenes que propuso Luis de Guindos en The Wall Street Journal es una fórmula adecuada. Pero no olvidemos que lo que influiría más rápidamente en la ganancia de competitividad es la ruptura del esquema actual de negociación colectiva. No sólo los sindicatos, sino también algunos grandes empresarios, prefieren el modelo actual porque, en el primer caso, garantiza su poder y, en el segundo, evita que pueda surgir una mayor competencia en precios.
Este año es crucial. El Gobierno tiene la gran oportunidad de hacer de la necesidad virtud. Si no, será un desastre.
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