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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

jueves 26 de enero de 2012

FIRMAS: Luis María Anson, A Espada, Secondat, J Müller, R del Pozo, JL Gutiérrez, S Sostres

  • ¡QUIA!
  • 26/01/2012 ARCADI ESPADA
  • La politización de la Justicia

    EL PROPÓSITO del Ministerio de Justicia de devolver a los jueces la capacidad de autogobernarse es un acierto. Cualquier insistencia en desvincular la relación automática de la Justicia con la soberanía popular es positiva. Por desgracia esta medida es condición necesaria, pero no suficiente para acabar con la politización de la Justicia. España ha tenido una Justicia subordinada a la política cuando el Parlamento ha elegido a los miembros del Consejo General del Poder Judicial y también cuando los han elegido los jueces. Los responsables principales de esta situación han sido los propios jueces y uno de los aciertos de esta devolución prevista es que deja en sus manos la solución del problema y los subraya con el dedo de la responsabilidad.

    Pero no será fácil. Los jueces españoles están inmersos en un sistema cultural donde la objetividad de las decisiones está arruinada. Donde nadie, ni jueces, ni historiadores, ni periodistas ni políticos, y ni siquiera algunos científicos, se muestran dispuestos a reconocer la huella de lo real fuera del rígido zapato de sus convicciones. El problema no es sólo español, pero no conozco otro paisaje epistemológico donde el desprecio a la objetividad sea tan evidente y ofensivo. No es una u otra decisión política la que nos ha llevado hasta esta situación, sino una cultura. Una cultura y, sobre todo, una pereza.

    La objetividad es difícil. Exige más gasto cerebral. Y también económico. Cuanto más precarias son las comunidades más es el grupo un garantía de supervivencia. Y la politización de la Justicia sólo es un intento de buscar la protección del grupo. Obviamente esa protección implica no contrariar las decisiones colectivas, y no contrariar las decisiones colectivas supone muchas veces renunciar a las propias. Cuando alguien se asombra de que en los partidos políticos no existan voces disonantes el asombrado soy yo: la voz disonante requiere de una cierta disponibilidad económica. No sólo en los partidos políticos: en cualquier institución poderosa. Cuando se dice, e incluso con ínfulas intelectuales, que la objetividad no existe, lo que se está diciendo en realidad es que no podemos pagarla. También les pasa a los periódicos: las opiniones son baratas. ¡Los jueces se politizan porque tienen que vivir!

    En la politización hay, por último, poderosas razones psicológicas: la objetividad da soledad y frío.

    >Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy: Saquemos la bola de cristal
  • CANELA FINA
  • 26/01/2012 LUIS MARÍA ANSON
  • Las agencias de calificación manipulan a favor del dólar


    «LA TRILATERAL es el verdadero gobierno del mundo». Esta afirmación era un lugar común en los años setenta del siglo pasado. Un día, Carlos Ferrer Salat nos reunió a almorzar a Pedrol Rius y a mí y nos propuso la incorporación a la Trilateral. Aceptamos su invitación. A mí me podía la curiosidad periodística de conocer aquello por dentro y ver cómo se manejaban en la Trilateral los jefes y exjefes de Gobierno y los presidentes y expresidentes de naciones muy relevantes, así como los personajes de los sectores clave de los principales países del mundo. Presidía yo por entonces la agencia Efe y la Asociación de la Prensa y viajé a menudo para asistir a las reuniones de la Trilateral. Mi decepción fue considerable. La Trilateral no gobernaba el mundo. Era un lobby de influencias manejado en gran parte por Rockefeller. Después de varios años, Pedrol Rius y yo nos pusimos de acuerdo y presentamos nuestra renuncia. La Trilateral, en efecto, no era el gobierno del mundo pero mi experiencia en ella me permitió darme cuenta de hasta qué punto resulta decisiva la posición del gran capital estadounidense y la vertebración en él de los financieros judíos.

    Las tres agencias de calificación norteamericanas Standard & Poor's, Moody's y Fitch son, en primer lugar, un suculento negocio y están después al servicio de los altos intereses de las finanzas de su nación o de una parte de ellas. Gracias, tal vez, a mi experiencia en la Trilateral, desde hace más de un año he dedicado media docena de artículos a denunciar la manipulación de las tres agencias para fragilizar el euro que compite o competía abiertamente con el dólar como moneda internacional de referencia. Eso no lo explica todo pero sí una parte sustancial de lo que está ocurriendo.

    Y, claro, me han complacido mucho las declaraciones de Antonio Tajani, vicepresidente de la Comisión europea y comisario de Industria. Este sagaz italiano, que se ha entrevistado con Mariano Rajoy, ha afirmado sin Cameron en la lengua: «No me gusta el trabajo de las agencias de calificación porque no lo hacen con transparencia y han cometido muchos errores. Es necesario un cambio. Estoy a favor de que se les impongan reglas».

    A continuación, Antonio Tajani ha acusado explícitamente a las tres agencias norteamericanas de «trabajar a favor del dólar y en contra del euro» con su permanente chantaje al degradar la deuda de los países que forman la zona de la moneda única. El vicepresidente de la Comisión propugna la creación de una agencia europea de calificación, «que no trabaje al servicio del partido de la especulación ni lance ataques con precisión de relojería».

    «Lo que sufrimos ahora -ha puntualizado Tajani- es un ataque global contra el euro pero la vuelta a nuestras antiguas monedas no resolverá nada. Esa no es la solución. Sería un desastre». Por cierto que el vicepresidente europeo coincide con Mariano Rajoy en que una directiva europea obligue a los Gobiernos «a pagar a las pymes en un plazo máximo de 60 días». Según informa Georgina Higueras esa directiva será obligatoria el año próximo.

    Los lectores de estas canelas finas han leído reiteradamente en el último año lo que ahora ha declarado Antonio Tajani con precisión rotunda e inquietante sagacidad para que se enteren los tiburones norteamericanos que condicionan la economía mundial y que están en campaña contra la solidez del euro como moneda internacional en competencia con el dólar.

    Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
  • BREVETE
  • 26/01/2012 SECONDAT
  • Reformar no es ahogar


    No se pone en duda que es necesario reformar las estructuras y el funcionamiento de la economía de los países europeos. Pero una cosa es mejorar las distintas situaciones, con las revisiones que sean oportunas y convenientes, y otra cosa distinta es aplicar una regla general de sumisión, que en algunos casos puede suponer un ahogo. Debe preocuparnos lo que se ordena desde Berlín. La canciller Merkel carece de sensibilidad mediterránea. Y, por lo que se ve, se muestra muy dispuesta a olvidar las ayudas recibidas para la recuperación de su país tras la derrota de la guerra. No debe recordar que hubo que organizar, en las cercanías de Londres, unos seminarios, bajo el rotulo 'Wilton Park', que tenían por objeto, al estilo de los ejercicios espirituales de San Ignacio, formar en la doctrina democrática a los futuros dirigentes de Alemania. Los hijos y sucesores de los que entonces fueron salvados no deben ahora despreciar a los herederos de los liberadores
  • JAZZ AGE
  • 26/01/2012 JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ
  • Religión y cultura


    La ponderación de este atribulado instante podría explicarse con una aproximación al poeta: García Lorca revisitado. Se apagaron los faroles -acaso los de la ex vicepresidenta Elena Salgado y aquella atolondrada seguridad suya con la que se enfrentaba al aterrador déficit- y se encendieron los cirios. Gobierna la derecha y vuelven otras señas de identidad a los escenarios políticos de España: un murmullo de enlutadas feligresías en catedrales aromatizadas de incienso y botafumeiros, obispos y basílicas reaparecen y no sólo para dar cobijo a las honras fúnebres de Manuel Fraga. Ahí está ese adorable arzobispo Blázquez -«un tal Blázquez», Xabier Arzalluzdixit-, presa de un súbito y vallisoletano furor tridentino, como si su arzobispado fuera una agencia de rating para los mercados del Cielo, rebajando la calificación ortográfica de Soraya Sáenz de Santamaría, de SSS a XXX, casi un satánico artefacto de sexshop, total por un inofensivo matrimonio civil. (Por cierto, tras la Justicia, los juicios de Soraya sobre la prensa son cada vez más acertados. Ahora, a esperar a los hechos).

    Los españoles, tan incorregibles, con su recalcitrante y famoso péndulo: siempre detrás de los curas, o con un cirio o con una estaca. Ahora toca cirio. Se verá pronto el cambio de los sexólogos y su Punto G, al Punto Omega y la noosfera del jesuita Teilhard de Chardin, tan utilizados por cierto por J. Cameron en la luna Pandora de su teilhardino Avatar.

    Aún más: el contenido eurodiputado Jaime Mayor Oreja aconseja a Mariano Rajoy para hacer frente a la crisis «que sufra» (sic). Desdeñaré la hipótesis de la parafilia de cueros, látigos o muñequeras con tachuelas y remaches. Pero ahora que se ha culminado la Obra Completa de Tierno Galván con la aparición del Tomo VII y último -crestomatía colosal compilada por Antonio Rovira, de las que nadie parece ocuparse, salvo Ruiz-Gallardón, el que suscribe, la revista Leer y pocos más-, recordaré su breve ensayo sobre el sadismo -hoy se habría ocupado de sus variantes financieras- incluido en su obra El miedo a la razón. Sin embargo, conocida la condición de archidemocristiano del bueno de Jaime Mayor, habrá que pensar que tras su exhortación a Rajoy, a ese «sufrir», se oculta una opción menos trasgresora, más expiatoria y cercana a disciplinas, cilicios y otros artefactos de penitencia teológica, tan utilizados antaño por los seguidores de Iñigo de Loyola, que evocan a aquel juvenil y festivo montaje teatral de la Transición: Los Diez Mandamientos o la historia de un sufrir.

    Otra historia de un sufrir, la de la Cultura con el nuevo Gobierno. Un acertado Vargas Llosa ha rechazado presidir el Cervantes. En el desaparecido Ministerio de Cultura hablaban en voz baja de «esa bomba a punto de estallar» -cuya responsabilidad atribuían a la ex vicepresidenta Fernández de la Vega- sectario Monipodio de todas las corrupciones, corruptelas, amiguismos y despilfarros, con algunos directores de centro cercanos al analfabetismo técnico, desconocedores incluso del idioma y la cultura del país que les acoge. A sufrir.
  • MASADÁ
  • 26/01/2012 SALVADOR SOSTRES
  • Las acelgas


    MI ABUELA fundó el negocio y al principio dormía en un habitáculo dentro de la cocina, porque una vez pagado el alquiler de la tienda no le llegaba para pagarse una vivienda. Se sacrificó, sufrió y resistió, y lo hizo sin solicitar jamás un crédito y pagando siempre el precio. Conozco a pocas personas que hayan pagado más que mi abuela, en todos los sentidos de la palabra y del concepto.

    Todo nos lo pagó cuando éramos niños: la casa y el colegio, la ropa y el alimento. Les regaló a mis padres la casa donde vivimos hasta que se divorciaron, y a mi hermana y a mí un piso a cada uno. Mi madre siempre se ha quejado de ella, la ha culpado de sus fracasos y de sus miserias, pero siempre ha trabajado con ella, siempre ha cobrado de ella, a pesar de que mi abuela le pagó -también- una carrera para que pudiera volar por su cuenta.

    Hace años, pocos, se retiró. El negocio sigue siendo suyo pero lo lleva mi madre. Mi abuela es hoy una bisabuela adorable y cuida de un pequeño huerto en su finca de Alella. Un huerto que a pesar de ser pequeño produce una notable cantidad de excelentes acelgas. Guarda las que necesita para su consumo y el resto las manda a Semon para que puedan venderlas. El otro día las vi, simplemente hervidas, en el bufé. Radiantes, espléndidas.

    Mi abuela compraba dos raciones de ellas porque se le había terminado su reserva. El dependiente le dio el paquete con el correspondiente tíquet. Antes, cuando mandaba ella, a la familia nos hacía siempre benéficas, y ahora mi madre nos lo hace pagar todo, más que por lo que gane o pierda con nosotros, para demostrar el alcance de su poder y que ella hace las cosas de otro modo.

    «Tenemos que ser profesionales, mamá», le alecciona mi madre. «Tenemos que tener talento, imbécil», responde balbuceando ella, sin que casi nadie pueda entenderla.

    Hay una generación, que es la de mi abuela, que sufrió mucho para podernos procurar una vida dulce y tierna. Nunca se quejaron de nada, nunca ninguna excusa, y todo lo han pagado. Luego vinieron los jóvenes del 68 como mi madre, que tuvieron todas las oportunidades y ningún resultado, nada se les negó y por nada dieron las gracias, antifranquistas de un antifranquismo que Franco se les murió en la cama, agnósticos para acabar creyendo en videntes, energías y dietas. Y ese yo inflamado que llena el corazón pero vacía el alma.

    Mi abuela en la cola de su propio negocio pagando sus propias acelgas es la metáfora de que la bondad es un don infinito y pervive por mucho que quieras pisotearla. Un día me dijo: «Los que van detrás del dinero siempre fracasan. Tú hazlo bien y el dinero vendrá solo, y nunca te faltará nada».
  • AJUSTE DE CUENTAS
  • 26/01/2012 JOHN MÜLLER
  • El problema es la falta de capitalismo


    No falla. La mayoría de las veces que políticos y periodistas arremeten contra el mercado, lo que más falta hace es precisamente mucho más mercado.

    Estamos en temporada de pago de bonus a nivel mundial y lo que aquí calificamos como «excesos del capitalismo» también está siendo criticado en el Reino Unido. El domingo pasado, Dominic Lawson hacía una provocadora reflexión en The Sunday Times que titulaba «el problema es que no tenemos un auténtico capitalismo». El razonamiento de Lawson es el siguiente: el principal crítico del capitalismo, Carlos Marx, sostenía que los dueños del capital eran los malos de la película que robaban a los obreros una riqueza que sólo podía atribuirse a sus esfuerzos: ellos se quedaban con la famosa plusvalía del trabajo por la vía de pagarles salarios bajos.

    Ahora, dice Lawson, lo que se describe como un exceso del capitalismo es exactamente lo contrario: se trata de altos empleados (presidentes, consejeros y directivos), pero asalariados al fin y al cabo, que toman de los propietarios del capital (los accionistas) una cantidad que sobrepasa con creces la plusvalía marxista atribuible a su trabajo.

    «Esto no es capitalismo, es anticapitalismo», dice Lawson.

    Este anticapitalismo ha sido devastador en la banca y en las grandes corporaciones. Los reguladores han intentado que, con medidas de transparencia, los gestores dejen de asignarse sueldos obscenos. Pero ha sido peor, se ha abierto una competencia para ver quién gana más. Y cuando el reproche moral funciona, se disimulan los beneficios bajo la forma de planes de pensiones o stock options.

    Lawson, nada sospechoso de izquierdismo, dice: «En toda la industria privada -y no sólo en los servicios financieros- se ha producido una gran usurpación de los derechos de los verdaderos propietarios en la forma de opciones sobre acciones». Muchas personas que han aportado sus ahorros a diversas empresas están descubriendo que sus legítimas ganancias han sido expropiadas por los más altos gestores que se han repartido generosas regalías con la excusa de que «hay que remunerar el talento».

    Dominic Rossi, jefe de inversiones en Fidelity, decía hace unas semanas que «los modelos de remuneración han llegado a ser demasiado generosos y están desalineados con los intereses de los inversionistas».

    El problema es que en las grandes corporaciones, burlar al dueño es fácil. El capital suele estar fragmentado y el poder del accionista es difuso y puede ser seducido de mil formas. La democracia interna suele ser un farsa y no existen contrapesos al poder ejecutivo empresarial. Éste se comporta como el protagonista del famoso relato de Fernando PessoaEl banquero anarquista y parece querer destruir el sistema con su ilimitada avaricia.

    Finalmente han sido los políticos, los mismos que inventaron el capitalismo sin ruina a través de la desgraciada idea de que «hay entidades demasiado grandes para quebrar», los que están metiendo en cintura los sueldos de los gestores allí donde el Estado se ha convertido en accionista o prestamista principal. En el Reino Unido, Cameron redujo ayer a la mitad el bonus del primer ejecutivo de RBS. Aquí existe la misma intención. Pero esto no es un exceso del capitalismo. Como mucho es el abuso de unos pocos.

    john.muller@elmundo.es
  • HOJEANDO/ZAPEANDO
  • 26/01/2012
  • ¿Es posible un servicio público?


    Lleva más de un mes en el poder el PP, y la transición en RTVE, el famoso Ente Público, sigue sin hacerse. Quizá por eso asistimos a emisiones tan sorprendentes como la de Informe Semanal, en TVE, convirtiendo a Baltasar Garzón en mártir de las libertades, o la de Siglo XXI, en Radio 3, en la que se vituperaba de una tacada a Manuel Fraga y a Vaclav Havel, recién fallecidos.

    Algunos dirán que eso es prueba de la admirable independencia lograda durante los años socialistas y que los populares aún no han tenido tiempo de destruir, al no haber cambiado la cúpula del Ente; otros, que es signo de que el PP quiere mantener tan admirable statu quo. En realidad, nada de ello es cierto.

    El mito de la autonomía de RTVE desde 2004 no se sustenta más que en la fe de los partidarios de la fórmula socialista, como el vocal del PSOE Miguel Ángel Sacaluga, que en El País escribe sobre «el actual modelo de RTVE de servicio público de calidad, independiente, mayoritario, gratuito y sin publicidad». En realidad lo que ha sucedido es que al tradicional sistema, tanto con el PSOE como el PP, de utilización de los informativos para propaganda propia le ha sucedido la fórmula del menosprecio o la censura de la información negativa: mucho sobre Gürtel y poco sobre la corrupción en Andalucía, por ejemplo. O mucho sobre la versión oficial del 11-M y poco sobre Sánchez Manzano. Pero información equilibrada, de genuino servicio público, bien escasa antes y después de 2004.

    Ahora, con motivo de los recortes de gastos que se avecinan, llegan quejas como las de Sacaluga, que ven amenazado ese modelo tan ejemplar. Pues bien: no es eso. Sería más bien la oportunidad, no sólo de racionalizar unos costes que siguen siendo excesivos para lo que se puede permitir este país, sino de redefinir de verdad, sin trucos dialécticos, lo que es una radiotelevisión pública. Porque, francamente, para muchos de los programas que acaban emitiéndose no existe justificación si el dinero de los contribuyentes tiene que ser el que los sufrague.

    Sin duda es lícito el escepticismo considerando que la tarea le va a incumbir al PP, cuya incomodidad ante la comunicación es ya inveterada y que se siente tan atraído por el uso partidista de las radios y televisiones públicas como el PSOE. Pero la oportunidad la pintan calva, y la oportunidad es suya. Si no sólo recorta, sino que promueve una reforma del Estatuto de RTVE que la libere -como la BBC, por ejemplo- de la dictadura de facto de la mayoría parlamentaria, para garantizar una gestión profesional y una verdadera independencia informativa, el servicio público quedaría por fin asegurado. Y el contribuyente lo agradecería.
  • EL RUIDO DE LA CALLE
  • 26/01/2012 RAÚL DEL POZO
  • Corte a Doña Letizia





    Hubo un tiempo en el que el pueblo creyó que los reyes curaban las escrófulas; aquí en España, los enlutados monarcas desencadenaban pavor. Felipe II, el primer rey que se dejó llamar Majestad, pedía calma («sosegaos») a los embajadores que llegaban a El Escorial hasta el trono donde el Demonio del Mediodía, con la pierna podrida, miraba fijamente al sagrario entre los destellos del jaspe. El jaspe es esa piedra parecida a la ágata que colocaban en los tabernáculos y en los tronos para acojonar a la gente basándose quizá en el Apocalipsis: «Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, de murallas de jaspe, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo».

    El poder necesita piedras hipnóticas pero, a veces, el protocolo se rompe, como cuando Curzio Malaparte fue recibido por Mussolini en Palazzo Venezia. «Hablaba para espantarme. Yo no respondía, mirando a un punto fijo de su mandíbula; de pronto, asombrado por mi silencio preguntó: ¿puedes decirme qué estás mirando con tanta insistencia? Yo le dije: Duce, su corbata es horrible».

    Los palacios están sujetos a la etiqueta. «Demonio del protocolo», decía La Chata en el landó de yeguas alazanas en el Madrid de la horchata, cuando el rey se iba de putas y de tascas. Pasadas las cortes de los milagros, los reyes se convirtieron en funcionarios del Estado que venden trenes, aunque los ritos continúan. A veces, al protocolo lo rompen la naturaleza o la anarquía, como anteayer cuando el representante del Congo, Oscar Matondo, le dio un corte a Doña Letizia en el Palacio Real. El diplomático saludó al Rey, a la Reina, al Príncipe y al llegar a la altura de Doña Letizia hizo ademán de darle la mano y luego la retiró como si estuviera de cachondeo.

    Parece que todo se debió a un malentendido con el idioma y que alguien le había advertido que no hay que dar la mano a los Príncipes si ellos no te la ofrecen antes. Entiendo al congoleño porque algo parecido me ocurrió a mí la primera vez que fui a ver al Rey. Un vecino me había dicho que al Rey no hay que preguntarle nada y estuvimos el Rey y yo, como dos besugos, unos minutos sin hablar mientras nos alanceaba el sol por las rendijas de las cortinas.

    En el gag del africano, la Princesa reaccionó bien, ha aprendido a soportar el protocolo. «Si no estuviera enamorada de mi marido, no aguantaría esto», dijo una vez. Han pasado años desde que la casamos y la vestimos de pava real con un inmensa cola de Pertegaz, a ella, que rompió la patológica anacronicidad endogámica y hemofílica. No surgió de una rana sino de una botella de sidra y ha aprendido a comportarse en la corte, como una modelo en la pasarela rodeada de cocodrilos.

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