ETA GOBIERNA por la acción criminal del PSOE: San Sebastián, capital de la indignidad/ Víctimas y verdugos

«¿Celebraste el asesinato de mi marido?»
Desde mayo hasta hoy, 10 víctimas de ETA han tenido un cara a cara en privado con otros tantos terroristas presos
Cuando el terrorista entra en la sala para el encuentro, la víctima de ETA lo recibe de pie.Uno y otro se sientan luego frente a frente, en ocasiones sin mesa separadora de por medio. Apenas hay un metro de distancia entre la mujer que no olvida y el asesino que le reventó la cabeza a su esposo.
Antes de empezar a hablar ya coinciden en una cosa: los dos tienen las manos sudadas. Se dan cuenta cuando se las estrechan.
En tres horas de cara a cara, hay lugar para confrontar fantasmas.
- Tú me robaste la adolescencia. ¿Quieres saber cómo me quedé yo cuando matásteis a mi padre?
- Sí.
(Silencio)
- Pues ahora te cuento yo... No sólo lo matásteis a él. Sino que me vaciasteis entero... Yo era alegre y ahora soy una persona triste. Yo era vital y ahora vivo sin fuerzas... Yo ya no soy yo. Soy otro. Y te digo una cosa...
- ¿Qué...?
- Que no me gusto.
En tres horas de conversación, hay espacio para ajustar cuentas.
- Prefiero ser hija de asesinado que madre de asesino.
En tres horas de respuestas, caben todas las preguntas.
- Respóndeme con sinceridad. No es por morbo. ¿Celebraste el asesinato de mi marido?
- Sí.
- ¿Y estás orgulloso?
EL MUNDO ha tenido la oportunidad de conversar con uno de los mediadores penales que estuvo en ocho de las 10 citas confidenciales habidas hasta la fecha entre terroristas y víctimas de ETA, bajo el denominado programa de encuentros restaurativos autorizado por el anterior Ministerio del Interior. La única condición es preservar el anonimato de los interlocutores de uno y otro lado y también el suyo propio. Ésta es la historia de una experiencia única por la que han pasado ya un secuestrado, dos viudas, cinco hijos de otros tantos asesinados, un herido y el hermano de un muerto.
«A unos y otros les preparamos durante meses y la cita es al final. Víctima y terrorista se dicen hola. Les presentamos. Se dan la mano. El recluso suele empezar con la mirada gacha. La primera que habla es la víctima, que es la que obviamente tiene la posición de dominio moral; empieza planteándole infinidad de cuestiones. Están reunidos hasta tres horas horas», señala. «Les preguntamos antes de la cita por el grado de nerviosismo. Tres presos nos comentaron curiosamente lo mismo: que estaban igual de nerviosos que el día de cometer un atentado».
El programa se fraguó después de que un grupo muy determinado de presos de Nanclares de la Oca (Álava) le hiciera saber al director de la cárcel su deseo de conocer a personas que hayan sufrido la barbarie de ETA. Interior dio el visto bueno y la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco puso a trabajar a un equipo de mediadores penales que allanó el camino y facilitó los encuentros, la mayoría de ellos en la propia prisión. Los cuatro primeros fueron en mayo de 2011. Un quinto cara a cara tuvo lugar en julio. En noviembre hubo cuatro más. El décimo y último de los encuentros es del pasado 11 de enero.
«En la primera reunión previa les advertimos a los internos que participar en esto no supondría ningún tipo de beneficio penitenciario. Que el beneficio sólo sería personal. Eso lo tenían que tener claro y efectivamente lo tenían claro con anterioridad. Los resultados han sido sorprendentes».
Una sala de 16 metros cuadrados. Una ventana con rejas. Dos sillas duras de plástico. Y todos los imposibles del último medio siglo juntos: un secuestrado departió con su secuestrador; una herida en Hipercor se reunió con uno de los responsables de la matanza; una viuda compartió dudas y certezas con el hombre que le destrozó la vida...
«¿LO HUBIESES MATADO IGUAL?». Al marido se lo mataron al cuarto intento. Las otras tres veces anteriores paseaba con ella y no hubo manera, no. Todo eso lo supo después.
Así que la viuda anduvo siempre rumiando lo que hubiera pasado si hubiera estado presente. Si no habría sido ella su paraguas y se escudo, su blindaje y su amuleto. Ese día iba a salir de dudas.
- ¿A que si yo hubiese ido con él no lo hubiéseis matado?
- Sí lo habríamos hecho. Las tres veces anteriores no lo dejamos de matar porque estuvieras tú. Sino porque había vigilancia policial.
«La mujer sintió un alivio tremendo. Como quitarse un peso grande de encima», señala. «Cuando les cuentan la vivencia personal, el terrorista no puede sostener la mirada. Acaba cayendo en la cuenta del dolor generado».
«ME HAS JODIDO LA VIDA». La hija del guardia civil asesinado tomó aire y se atrevió.
- Ahora quiero que me contestes de verdad. ¿Has matado a civiles?
- Sí.
- ¿Y a guardias civiles?
- Sí.
- ¿Te duele lo mismo haber matado a unos que a otros?
- Ahora sí. Ahora veo que sólo maté a personas.
«La humanidad que muestran las víctimas los descoloca», cuenta a este periódico el testigo de estos encuentros. «No se esperan eso, muchos imaginan que les van a desear la muerte».
- Me has jodido la vida, me has destrozado la vida -le dijo al terrorista que tenía delante, que se iba haciendo pequeño a medida que escuchaba.
- Lo siento.
- ¿Con qué frecuencia te acuerdas de las víctimas?
- Me acuesto y me levanto con ellas. Ese dolor me lo voy a llevar a la tumba.
- Sí, pero ese dolor lo elegiste tú. El quedarme sin padre no lo elegí yo.
«ME VAS A MIRAR A LOS OJOS». Cuando fue herida en un atentado con bomba, iba con su hija de dos años de la mano, a la que sólo le estalló el bollycao en el pecho. A causa de la explosión, la madre quedó sorda. De tanta luz, le queda una imagen obsesiva y muda: la de una mujer ardiendo al lado, como una antorcha, a la que no pudo ayudar.
Ese día tenía delante al hombre que hizo volar todo por los aires.
- Me quitaste la vida.
- En el comando lo sentimos y...
- Me vas a mirar a los ojos y me vas a hablar de lo que hiciste tú. No me hables más del comando.
«¿QUÉ SIENTES AL MATAR?». Una constante entre las víctimas es saber lo que se le pasa por la cabeza al terrorista a la hora de amartillar una pistola y matar a alguien. El hijo de un asesinado lo describió como tener «un ataque de gula» y «querer comerse todas las preguntas» a la vez. «¿Qué edad tenías al entrar en ETA?». «¿Qué piensa uno cuando le ordenan la primera muerte?». «¿Qué se siente al matar?». «¿Qué siente uno al llegar al lugar del crimen?». «¿Cómo te vistes ese día?»...
«Todos contestan que la primera noche les cuesta dormir. Y que las siguientes ya no... Esta persona en concreto primero escuchó las respuestas. Luego se lanzó: 'Después de 15 años es el día en que puedo estar aquí sentado. Ahora te voy a decir cómo lo viví yo...'. Y dio señales de todo. De que iba en el coche, de cómo oyó la noticia, de la sangre en la zona, del entierro, de la vuelta al colegio... El terrorista quedó marcado por el relato del otro».
«NO TE VOY A DECIR SI TE PERDONO». «Las víctimas que han participado salen satisfechas con la sinceridad y el arrepentimiento. El perdón les sirve para cerrar el duelo. Les ayuda oír decir que ETA no ha servido para nada. Los dos ganan, pero emocionalmente la víctima sale mejor de la cita».
- Perdóname. He sido un monstruo aniquilador -le pidió muy al final el terrorista.
- No te voy decir si te perdono o no -le dijo la viuda-. Es algo muy privado... Pero una cosa sí te digo: te agradezco que me lo hayas dicho.
MARÍA DEL CARMEN HERNÁNDEZ
«Me dijo que no podía dormir»
La viuda de Pedrosa (PP) habla de su cita por primera vez: «Le conté mi triste historia»
Después de toda una vida en el pueblo -desollándose las rodillas de crío o chateando con la cuadrilla de mayor-, el concejal del PP Jesús Mari Pedrosa había dejado dicha una frase lapidaria y premonitoria. Fue durante aquellos dos años antes de que lo asesinaran en que había salva de fusilería, un día tras otro, a la puerta de su casa: «No sé si iré al cielo o al infierno. Una cosa sé: vaya donde vaya, lo haré desde Durango».
Desde Durango se fue. Lo hallaron muerto el 4 de junio de 2000. Eran las 13.30 horas y Mari Carmen estaba haciendo una sopa que se quedó helada cuando puso la radio. Una persona muerta. De un tiro en la nuca. Justo por donde él volvía. Era Jesús Mari seguro. Desde Durango se fue.
Fue una de las cosas que le dijo la viuda al terrorista que tenía delante y que hizo que se removiera en el asiento como un niño al que le cuesta tragar el puré.
-Lo que más siento es no tener a mi compañerito del alma conmigo; que ahora me falte.
Más tarde vendría el momento en que ella, la víctima, le descerrajó un abrazo al ex etarra.
«A mí lo que me mueve es mi fe. Soy muy devota del Sagrado Corazón de Jesús. Pensé: 'Ese chico ha sido muy malo. Si ahora quiere ser bueno, le tengo que ayudar'. Le dije: 'Con esa carita, nadie diría que tienes el haber que tienes'. Gracias a mi fe, el odio no está en mí. Puedo haber sentido rabia, impotencia, puedo haberme hecho preguntas sin respuesta... Pero odiar, no».
El terrorista no era el violador Matthew que interpretara Sean Penn en Pena de muerte ni Mari Carmen era la religiosa Helen de la película, pero hubo algo en la escena aquella del abrazo que trascendía la realidad e invitaba a frotarse los ojos.
Lo protagonizó Mari Carmen Hernández, que lo cuenta por primera vez y sabe del oprobio como pocos. Mejor que nadie se lo dijo una señora del pueblo: «Ahora le han matado, antes no le dejaron vivir».
Salía de casa y la escalera estaba empapelada de dianas. Bajaba a la calle y había una pintada en el portal: «Serás el próximo». Llegaba el recreo en el instituto de enfrente y le venían todos los adolescentes a la puerta con pancartas de presos. Cuando le dispararon en la nuca, la calle estaba llena de gente.
Con toda esta carga fue Carmen a su encuentro con el terrorista. Dejó el fardo en la puerta. Allí quedó.
«Me sorprendió lo joven que era. Como una de mis hijas. Le conté mi triste historia, él me contó la suya... Me preguntó por cómo lo habíamos vivido. Le dije que en mi cabeza no entraba cómo se podía asesinar. Me contestó que en aquel entonces era un objeto... Nunca había estado con una víctima», narra. «Le pregunté por qué se sentaba frente a mí. Me dijo que quería pedir perdón, mostró un profundo arrepentimiento. Me habló de que algún día tendría que contárselo a sus hijos, que no podía dormir. Le pareció increíble que no fuera dura con él».
«Estoy a favor de hablar, otra cosa es negociar», explica. «Toda esta gente irá saliendo. Si salen arrepentidos, mejor. Sin más odios... ETA tiene que disolverse, los presos tienen que cumplir sus condenas. Pero ¿qué tiene esto de malo? Al que te pide perdón de verdad hay que escucharlo. Eso me enseñó mi fe».
Casi 12 años después, la viuda continúa yendo una vez al mes al psicólogo. La hija mayor aplaudió su encuentro con el ex etarra. La pequeña se lo reprochó. Y allí sigue el otro Durango, el de siempre, con sus imágenes de los presos ondeando como viento helado al bies. «Dice la alcaldesa que esas fotos no hacen daño a nadie. A mí sí».
Es curioso verlo escrito: dice Mari Carmen que el abrazo aquel que recibió el terrorista le desarmó.
IÑAKI GARCIA ARRIZABALAGA
«Mi padre estaría orgulloso de mi encuentro»
Al hijo de García Cordero, delegado de Telefónica asesinado, le pidieron perdón
Le contó que aquel 23 de octubre de 1980 llovía y que el padre le dijo que si quería le llevaba a la universidad en coche. Le explicó que prefirió ir en bici, y que se dijeron un agur que a la postre fue un amén.
- Entre las nueve y las 10 entró mi hermano en clase y me llamó, ¿sabes? Que aita no había llegado a trabajar -le recordó-. Luego telefoneó la Policía, durante la espera. Había un cadáver en el Monte Ulía.
Todo eso le contó a un metro de distancia y a solas.
- Fuimos hasta allí. Lo habían secuestrado, interrogado, como se dice en vuestra jerga, y luego recibió un tiro en la cabeza -le dijo mirándole a los ojos-. Estaba tumbado, apoyado en un árbol y con una manta encima. No nos dejaron verlo.
Recuerda cómo al terrorista le costaba levantar la cara.
- Muchas veces me he preguntado qué habría pasado si yo hubiera ido con él aquel día. No me atormento, pero pienso en ello.
Hubo más -dos horas largas frente a ese espejo quebrado-, pero el resumen que la víctima le hizo al terrorista que tenía en frente sonó así.
- Ya ves. Vuestra contribución a la «liberación nacional de Euskal Herria» fue dejar una viuda y siete huérfanos...
El hijo de Juan Manuel García Cordero, delegado de Telefónica en Guipúzcoa asesinado por los Comandos Autónomas Anticapitalistas (una escisión de ETA), salió de aquel encuentro como un costalero que pudiera soltar una carga después de 30 años. «Salí, bajé a la calle y lo primero que hice fue sentarme en el bordillo del portal, bufff… Con una sensación de haberme quitado un gigantesco peso de encima, con bienestar, sorprendido del arrepentimiento y de la autocrítica». Se lo dijeron después: al terrorista lo que le sorprendió es que Iñaki no le diera «unas hostias».
El encuentro fue a finales de mayo en una «sala kafkiana e inhóspita, con escasa luz», en Vitoria, durante un permiso del terrorista. Cuando al principio este profesor de Márketing en Deusto estrechó aquella mano, la sintió flácida y presa.
«Tras la muerte de mi padre, mi primera fase fue la del odio, un odio nítido, con deseos de venganza, arrancaba carteles, no eludía el enfrentamiento… El odio te destruye, te hace daño, lo impregna todo, es terriblemente militante, hay que estar odiando las 24 horas del día, durante años. Así que me di cuenta de que ese odio me estaba destruyendo a mí».
Treinta años después, con el odio ya enterrado, llegaba aquella posibilidad insólita. «Tuve dudas, me preguntaba si estaría haciendo bien. Pensaba en mis hijas, en mi familia y, por supuesto, en mi padre. Le he dado muchas vueltas a esto. Creo que él estaría orgulloso de lo que he hecho», comenta. «Me aseguré de que no tendría ningún beneficio penitenciario por estar con una víctima, no quería ser un tonto útil… Finalmente acudí».
Y allí que estaban, frente a frente, dos tipos de edad similar, en un encuentro extraño e intimísimo que dejó conversaciones como éstas.
- ¿Por qué entraste en ETA?
- El entorno, las amistades… [el terrorista se extendió diluyendo su responsabilidad individual]
- Déjate de monsergas.
(…)
- ¿Duermes el día que matas?
- Sí. Es más la inquietud de que te detengan que el haber matado a alguien.
(…)
- He tirado mi vida por la borda -señaló el preso.
- No sólo la tuya, sino la de otros también.
- Te pido perdón por todo lo que os hemos hecho.
- Primero se lo tienes que pedir a todos los familiares… Porque pedir perdón es revolucionario: cambia el escenario.
(…)
La víctima Iñaki ha vuelto a hablar dos veces por teléfono con el terrorista que lleva 20 años en la cárcel. Dice (o al menos lo sintió así) que el apretón de manos del final fue distinto. Más fuerte.
«No se le puede pedir a las víctimas que perdonen, pero sí es obligación del terrorista transitar esta vía… Aunque el mundo abertzale crea que pedir perdón es una humillación», concluye. «Tengo dos hijas pequeñas que, desde luego, saben que su abuelo no murió de un infarto, sino que fue asesinado por pensar diferente… Pero uno hace esto para que los que vengan detrás no tengan la mochila tan pesada como yo».
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el testimonio de Iñaki García y Carmen Hernández
«San Sebastián sólo puede optar a capital de la indignidad»
Consuelo Ordóñez desmerece a la ciudad por respaldar a los presos de ETA
Cuarenta y ocho horas no fueron suficientes para atemperar y amordazar la indignación de Consuelo Ordóñez. Una hermana coraje que observó con impotencia cómo el alcalde de Bildu y una parte sustancial de la sociedad donostiarra convertían la tradicional Tamborrada en un acto de exaltación de aquéllos que apretaron el gatillo contra su hermano Gregorio Ordóñez, concejal del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián, el 23 de enero de 1995. Una estampa demasiado cruel para una mujer que no dudó en renegar públicamente de su ciudad y desposeerla simbólicamente de su ya de por sí polémico título de Capital Europea de la Cultura 2016.«Una ciudad que homenajea a los asesinos en serie en vez de a las víctimas no puede optar más que a la capitalidad de la indignidad europea», señaló Consuelo Ordóñez ayer, al término de una emotiva ofrenda floral con motivo del 17º aniversario del asesinato de Gregorio. En el cementerio donostiarra de Polloe todos los presentes honraron la memoria del concejal, incluso la incesante lluvia que encharcó San Sebastián y que cesó justo cuando el sacerdote jesuita Alfredo Tamayo comenzó a oficiar la ofrenda floral en honor a su amigo y referente de la lucha por la libertad.
La hermana de Gregorio Ordóñez no dio crédito cuando observó el pasado jueves cómo Bildu institucionalizaba y politizaba la festividad del Día de San Sebastián para convertirla «en un acto de apología al terrorismo». Desde aquel día, su indignación fue creciendo al mismo ritmo que EL MUNDO destapaba en sus páginas la colaboración necesaria de Juan Karlos Izagirre en la organización de ese festival pro amnistía para los presos de ETA.
«La Tamborrada siempre había sido un acto reivindicativo de presos en el que Elorza había mirado hacia otro lado, pero es que este año Bildu se ha encargado de institucionalizarlo y de convertirlo en una fiesta municipal», explicó Consuelo Ordóñez horas después de versar su homilía política durante un homenaje que contó con la presencia, entre otros, del portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Alfonso Alonso; la presidenta del Parlamento vasco, Arantza Quiroga; la ex líder del PP vasco María San Gil; el representante de UPyD, Toni Cantó, y la viuda de Gregorio Ordóñez, Ana Iríbar.
Consuelo Ordóñez, que emigró a Valencia, lamentó que después de 17 años del asesinato de su hermano gobiernen en San Sebastián «quienes no han condenado todavía ni su asesinato ni ningún otro de los cien asesinatos de esta ciudad».
La viuda de Gregorio Ordóñez, Ana Iríbar, aprovechó la presencia del fiscalizador del caso Faisán y ahora director general de la Policía Nacional, Ignacio Cosidó, para abordarlo personalmente y exigirle que su presencia en el homenaje fuese más allá que una mera pose política.
«Le he pedido que su participación en el homenaje se traduzca en un compromiso para que haya justicia en este país, para que los terroristas que están cumpliendo condena en las cárceles las cumplan», explicó Iríbar.
La viuda del ex concejal de San Sebastián reclamó, en pleno debate sobre la necesidad o no de flexibilizar la política penitenciaria, la imposición de un filtro más de exigencia a aquellos terroristas que reclaman medidas de gracia: la colaboración de los terroristas para esclarecer los más de 300 asesinatos pendientes.
«No se tiene que hablar tanto de perdón, sino de colaboración. El arrepentimiento de un terrorista sólo puede tener esa traducción, la colaboración con la justicia y que se resuelvan todos los casos pendientes de ETA», señaló Iríbar, que también lanzó un mensaje a aquellos representantes de la justicia que legalizaron Bildu y ni siquiera examinaron las candidaturas de Amaiur. «A Ordóñez le asesinaron porque molestaba al plan político de ETA y no nos parece en absoluto ético ni moral que quienes defienden ese proyecto tengan derecho a presentarse a unas elecciones cuando a Gregorio ETA le quitó esa oportunidad».
El acto volvió a demostrar el valor de la figura de Gregorio Ordóñez para unir por un día a la ex líder del PP vasco María San Gil y a sangilistas confesos como Regina Otaola, con los actuales populares vascos de claro perfil renovador y con quienes siempre han mantenido una fría distancia. Llamó la atención entre los asistentes la animada charla entre San Gil y Alfonso Alonso, que también quiso hacer su reconocimiento a la figura de Ordóñez.
«Gregorio nos diría ahora que la lucha por la libertad no ha terminado y que tiene que continuar porque ETA sigue estando aquí, porque ETA pretende tutelar una especie de proceso hacia la impunidad y porque nosotros tenemos que reivindicar permanentemente la memoria de las víctimas del terrorismo para que nadie olvide lo que ha sucedido», espetó Alonso, que aseguró a EL MUNDO que el Gobierno popular va a trabajar para impedir que se produzcan actos de exaltación de los presos de ETA como el acaecido en San Sebastián.
La memoria de Gregorio Ordóñez será también honrada en Madrid, donde su esposa buscó asilo para evitar que su hijo creciese en San Sebastián. El jueves se celebrará una ofrenda floral ante el roble de los Jardines de Gregorio Ordóñez y una misa en la iglesia de la Concepción en memoria de las víctimas de ETA.
Otegi sostiene que el Gobierno cederá con los presos de ETA
Usabiaga y él han dicho a sus allegados que consideran determinante el apoyo socialista y del 'lehendakari' López
Los dirigentes abertzales Arnaldo Otegi y Rafael Díez Usabiaga están convencidos de que el Gobierno del PP acabará cediendo a la presión de las campañas a favor de los presos. Consideran que será determinante la posición adoptada en este sentido por el PSE y por las declaraciones del lehendakari.
Los socialistas vascos y Patxi López llevan casi desde las pasadas elecciones generales apostando por que el Ejecutivo de Rajoy consolide la situación creada por el «cese definitivo de las acciones armadas» anunciado por ETA, modificando la política de dispersión e iniciando el acercamiento de los reclusos de la banda a las cárceles vascas, y así lo han manifestado.
Las declaraciones de los socialistas vascos y su posicionamiento han coincidido en el tiempo con la campaña emprendida por la izquierda abertzale, uno de cuyos puntos más importantes fue la manifestación organizada el pasado 7 de enero.
El entorno de Rafa Díez y Arnaldo Otegi -que fueron condenados a mediados de septiembre a 10 años de prisión por su participación en el proceso Bateragune- se ha hecho eco de sus cálculos políticos y sostiene que los dos dirigentes asumen que el PP, en un primer momento, intentará bloquear el proceso -con la ayuda del sector del PNV al que no interesa el independentismo-, pero que este bloqueo se verá superado por motivos de táctica política.
Según los cálculos de los radicales, el Gobierno se mostrará inicialmente reticente porque sabe que, una vez que dé pasos en el asunto de los presos, la izquierda abertzale invitará al resto de los partidos a entrar en una discusión política sobre el marco jurídico y ése es un punto en el que el Ejecutivo se sabe en desventaja.
Los dirigentes batasunos reconocen que públicamente le van a tender la mano a Mariano Rajoy, pero que van a presionar con campañas de desobediencia civil.
El presidente, siempre según la izquierda abertzale, cambiará de posición, en cualquier caso, por distintos motivos. En primer lugar, por la postura de los socialistas. En segundo lugar, porque las próximas elecciones son las autonómicas vascas y los populares del País Vasco están empezando a sentirse muy «incómodos» ante una sociedad que está resultando muy receptiva a los pasos dados por ETA y por la izquierda abertzale. Y en tercer lugar, porque, según piensan, el PP es consciente de que en la medida en la que no introduzca cambios y no intervenga en el proceso, Amaiur va a adoptar la actitud de víctima del Estado y esta situación puede acabar encumbrando a este partido.
Otegi y Usabiaga creen que los populares van a ir «dosificando» los pasos en los próximos cuatro años. A su parecer, el intento de resolver la situación económica va a ser su inquietud principal, pero van a necesitar ir modelando a la opinión pública del Estado para que los populares vascos no sufran un descalabro en los próximos comicios autonómicos y van a realizar una política de «gestión por la paz».
Por ese motivo, calculan que van a ir resolviendo el asunto de los presos, la legalización de Sortu y su propia situación personal, la de ellos dos.
De hecho, Otegi y Usabiaga, creen que su comportamiento de los últimos años a favor de «parar», merece su salida de prisión y se muestran optimistas al respecto. Están convencidos de que el Tribunal Supremo resolverá el recurso sobre su situación de prisión en tres o cuatro meses. Sus abogados les han hecho llegar su sorpresa por lo rápidas que estaban haciéndose las gestiones en el Alto Tribunal y su confianza en que su decisión, dada la coyuntura, les será favorable.
Los dos dirigentes de la izquierda abertzale están en prisión por haber intentado poner en marcha, por enésima vez, una formación continuadora de la ilegalizada Batasuna por orden de ETA, según la sentencia de la Audiencia Nacional. Pero ambos se consideran los artífices de la situación de «paz» a la que se ha llegado, piensan que los jueces de la Audiencia no calcularon bien, que se les fue la mano, y que ellos dos han de ser recompensados por su labor; también, que su situación carecerá todavía más de sentido cuando empiecen a adoptarse decisiones sobre el resto de los reclusos de la organización.
Asimismo, son optimistas respecto a los resultados que van a obtener en adelante. Al margen de las bromas de su entorno sobre la posibilidad de Otegi de ser elegido lehendakari, el ex portavoz de Batasuna hizo llegar a los suyos un análisis político tras los últimos comicios en el que les participaba que, dados los resultados, pueden empezar a aspirar «a todo».
Usabiaga y él consideran que las manifestaciones de Rajoy pidiendo otro gesto, como el reconocimiento de las víctimas y del sufrimiento provocado, son una excusa, una manía para no dar los pasos adecuados; una estrategia que se verá diluida por el movimiento social, por la presión a la que van a estar sometidos los populares en el País Vasco.
No quieren pedir perdón
El optimismo de los dirigentes de la izquierda 'abertzale' contrasta con el pesimismo expresado a los suyos por Ana Belén Egües, una de las portavoces del llamado Colectivo de Presos que hace unos meses aseguraba que bajo ningún concepto lo iban a dejar a cambio de nada. Egües no entiende cómo se les puede pedir arrepentimiento y exigirles que pidan perdón. Añade que los suyos les transmitieron la idea desde antes de las elecciones de que los presos estaban ya prácticamente fuera de prisión.
La portavoz etarra desconfía porque, según dice, «los españoles», a diferencia de los ingleses, nunca cumplen aquello a lo que se comprometen. Se lamenta de que los suyos hayan preferido estar en el Parlamento español, donde por su escaso número no pueden influir, en vez de volcarse en el trabajo con las bases en todos los pueblos.
Egües se queja de que «los españoles» les llamen asesinos y nieguen la existencia de Euskal Herria cuando, en primer lugar, desde su punto de vista, ésta existe y es el Estado el que ha sometido a su pueblo. No se explica cómo se puede estar tan ciego para no verlo.





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