COMENTARIOS LIBERALES07/12/2011 F. JIMÉNEZ LOSANTOS Un título para Zapatero
PARECE que el presidente del Gobierno en funciones quiere un título nobiliario, como el de Suárez o Calvo Sotelo, para inmortalizar, o sea, para rematar, sus casi ocho años de Gobierno. Sin embargo, ese afán no halla correspondencia en Zarzuela, que bastante tiene con lo que urdangatiene. No le reprocharé a Spottorno que no agilice los trámites, ni a la Diputación de la Nobleza que no se alboroce pensando en esta nueva criatura blasonada. Ahora bien, por si el Rey tiene humor de celebrar el Día de los Santos Inocentes concediéndole su deseo a ZP, la sociedad civil debe irse preparando. Agatha Ruiz de la Prada podría ir diseñando un atuendo para el noble ZP, entre infantil y mendicante. Sugiero estameña con bodoques y paño de moho, con un molinillo -«la tierra sólo pertenece al viento»- ajustado al cogote, como la coleta falsa de los toreros. En los pies, un borceguí de color rosa en el pie izquierdo y una media verde en el derecho, con el agujero preciso para que asome el dedo gordo y salude al personal. También podría hacer una versión del espadín en círculo del uniforme de la Academia Francesa, adaptada al pacifismo de opereta del estadista: una espada sin hoja, por ejemplo, sólo mango y gavilanes.
Los expertos en heráldica deberán ir trabajando en el escudo del neonoble. Su creatividad es enorme y no necesita ayuda, pero sugiero que lo corone un yelmo de cruzado con un turbante moro encima, a modo de plasta, para evocar su formidable Alianza de Civilizaciones. Una bolsa vacía boca abajo podría ocupar el campo derecho del escudo y un faisán con un teléfono de montera, el izquierdo. Abajo, como la granada del escudo de España, cabría la cruz del Valle de los Caídos en 36 pedazos. ¿La divisa? Semper Nihil, Crisis et crisis, o mejor: Crisis eta Crisis.
El título en sí debe exaltar sus hazañas, así que, en el ámbito económico, podría ser Marqués de la Quebrada, Duque del Déficit, Conde del Descubierto, Barón de Sinfondos o Vizconde de la Deuda. Lo político doblaría lo económico, y así el Marqués de la Quebrada podría ser Señor de Bildutarra; y el Conde del descubierto, Baronet de Claudicatio y Finisterrae. No sé si está vacante el título de Conde del Real Agrado o lo reservan para Felipe González, pero lo merecería, junto al de Archiduque del Destrozo o del Descuartizamiento Nacional. Más castizo y antiguo: del Espiazamiento o Espiece, que es lo mismo y parece otra cosa. Como ZP.
>Vea de martes a sábado el videoblog de Carlos Cuesta La escopeta nacional. Sólo en EL MUNDO en Orbyt, hoy:El constitucionalismo de Merkel
TIEMPO RECOBRADO07/12/2011 PEDRO G. CUARTANGO La gran mentira

ESCRIBÍA el poeta Alexander Pope que «el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar muchas más para sostener la certeza de esta primera». Así es como ha actuado el Gobierno de Zapatero al negar durante mucho tiempo que estuviera negociando con ETA. Mintió al afirmar que había roto con la banda tras el atentado de Barajas y luego nos ha seguido mintiendo hasta hoy.
Decir que Zapatero es un mentiroso ya no es un insulto. Es una constatación: las informaciones periodísticas publicadas estos días y las declaraciones de Jesús Eguiguren despejan cualquier duda sobre el hecho de que el presidente del Gobierno nos engañó a todos los españoles.
Yo siempre había defendido en líneas generales la política antiterrorista del Gobierno. Asumí como una opción realista la negociación con ETA tras la última tregua y creí que el cambio de actitud de la izquierda abertzale creaba una ventana de oportunidad para la paz. También acepté un eventual acercamiento de presos si ello servía para que la banda renunciara a las armas y se disolviera definitivamente.
Pero a la vez creí también las palabras de Zapatero de que el Gobierno no estaba negociando con ETA tras el atentado de Barajas y que, por lo tanto, la banda no obtendría un precio político por dejar de matar. Las últimas revelaciones corroboran que Zapatero empezó a negociar nada más llegar al poder y que lo ha seguido haciendo hasta hoy, a espaldas de todos los ciudadanos.
Normalmente la mentira es un instrumento de los regímenes totalitarios para justificar sus acciones. Stalin negó cínicamente la matanza de Katyn en Polonia y se la atribuyó a los nazis. Hitler desmintió públicamente sus programas de eugenesia cuando algunos obispos denunciaron su existencia. Pero resulta insólito que un gobernante democrático mienta con tanto desparpajo.
El político que miente sobre las grandes cuestiones de Estado no dudará en no decir la verdad sobre las pequeñas cuando le conviene. Por lo tanto, y según las palabras de Pope, es lícito preguntarse cuántas mentiras han salido de la boca de este hombre.
En cualquier país democrático de nuestro entorno, una mentira como ésta resultaría un gran escándalo y supondría el final de la carrera de un político. Pero aquí se busca una docena de justificaciones para no exigir explicaciones a un Zapatero que nos ha engañado a todos, eso sí, con talante.
La mentira en política supone que el fin justifica los medios. Y eso es lo que ha hecho este Gobierno: supeditar la verdad a una estrategia que, al parecer, ha llevado al «cese definitivo» de la violencia por parte de ETA. Esto sería muy bueno si fuera creíble, pero desgraciadamente no lo es porque resulta imposible confiar en un acuerdo fraguado sobre el engaño. El futuro no se puede edificar sobre una gran mentira.
A CONTRAPELO07/12/2011 SANTIAGO GONZÁLEZ La fiesta nacional
«Hoy es la fiesta nacional en España», dijo el presidente del Congreso en funciones para abrir su discurso. «Una vida sin fiestas se asemeja a un camino sin posada. Así lo escribió Cervantes».
La primera en la frente. La sentencia no es de Cervantes, sino de Demócrito de Abdera, filósofo y matemático griego nacido en el siglo de Pericles y la cita que Bono cuelga a Cervantes dice exactamente: «Hay hombres que trabajan como si fueran a vivir eternamente. La vida sin fiestas es como un largo camino sin posadas».
Fue una lástima, porque el discurso de Bono estuvo lleno de intención y de aires nuevos, cargado de futuro, habría escrito Gabriel Celaya. Empezó mal, pero terminó bien, poniendo por testigo a los retratos que adornan el salón de los Pasos Perdidos: «Castelar, Bravo Murillo,Figueras, Calatrava… ¿Quién de ellos era de izquierdas? ¿Quién de derechas? Si pudieran hablar nos dirían: ¡Caminen juntos, pónganse de acuerdo!».
Era un discurso adecuado para un tiempo en que el asunto más tratado por los columnistas ha sido qué hacer con los huesos de un dictador muerto en su cama, ay, hace 36 años y 17 días. Zapatero y sus afines llamaban a los suyos «a frenar a la derecha extrema». ¿Quién de derechas? Naturalmente, el PP: «España tiene la derecha más a la derecha de Europa». Hace muy escasas fechas, Chacón y Rubalcaba, precandidatos a sustituir a Zapatero, avalaron con su presencia la presentación de un libro recopilatorio de la zafiedad de la caverna, firmado por un tuerto, un hombre que todo lo mira por el ojo izquierdo. Es lo que pasa con los tuertos. Primero, que dan mal fario: «Parece que te ha mirado el tuerto». Segundo, que, al carecer de visión estereoscópica, tampoco tienen profundidad de campo ni sentido de las distancias. Su contagiado presentador, Iñaki Gabilondo, no parecía coincidir con las palabras de Bono, a juzgar por lo que dijo entonces: «La extrema derecha habita en el PP».
Salimos de dos legislaturas marcadas por la exclusión del otro definida en el Pacto del Tinell. Por lo demás, en la fiesta de ayer, Rajoy atrajo toda la atención de los corrillos, anunció su primera ley y desveló la intervención de Zapatero en la cumbre del día 9, con ese aplomo que proporciona el mando en plaza.
Con «todos juntos» no se refería Bono sólo a las derechas y las izquierdas, sino también y principalmente a las CCAA. En la fiesta sólo estuvieron seis de los 17 presidentes autonómicos. No acudieron, por supuesto, los nacionalistas, pero tampoco Patxi López, que no ha organizado acto alguno, por simbólico que fuera, para festejarla, ni acudió al que se hizo el pasado viernes en la Delegación del Gobierno en el País Vasco. Bono alertó contra la tentación de que alguna Comunidad crea que puede correr más en solitario: «Sólo juntos llegaremos a la meta». En realidad, lo que él y el presidente del Senado se temen es que el PSC y el PSE se pongan al frente de esa manifestación. La víspera se había celebrado otra, ésta real, de miles personas a favor de la III República y en los corrillos se hablaba con preocupación del caso Urdangarin.
ZOOM07/12/2011 CARMEN RIGALT Fiestas sí, puentes no
DESDE QUE comenzó la semana, el tiempo transcurre silencioso y desparramado, blando, como si hubiera desbordado sus propios cauces. Es una sensación que me recuerda a los relojes blandos de Dalí, y no estoy fumada. Hablo del efecto puente: la vida se para y en nuestras manos, el tiempo es plastilina. El lunes no hubo atascos durante las horas punta y hoy, cuando escribo, la luz está asombrosamente suspendida y la atmósfera se puede tocar con los dedos. Las espantadas traen estas cosas: desciende la neurosis urbana y desde cualquier punto de la ciudad las perspectivas son más abiertas. Tambien el tiempo tarda más en pasar. La idea del tiempo, sobre todo del tiempo festivo, me ha perseguido desde que empecé a escribir redacciones. Entonces lo decía de otra manera, pero lo pensaba igual. Vivo en una ciudad densa y cargada de rutinas, como todas las grandes ciudades de occidente. La superposición de las prisas, el fenómeno del tráfico, los sucesivos bullicios en las distintas horas del día, todo me mata. Salgo de noche, pero siempre procuro que el atardecer me pille recogidita en casa. Creo que ya lo he escrito alguna vez. No me gusta la caída del sol, sobre todo en invierno, cuando cae en picado. Además tengo una relación dificil con la ciudad, por eso recibo con agrado la calma de las fiestas. Yo nunca salgo de puente, pero me encanta que se vayan los demás porque despejan el ambiente. Sin embargo, confieso que esta vez el fenómeno me ha sobrepasado. El puente, el dichoso puente que nos mece, ha disparado mi indignación a cotas insospechadas. De ser cierto que la economía toca fondo y el euro está a punto de reventar, no entiendo qué hacemos puenteando a todas horas. Algo no cuadra. O no estamos tan mal como dicen los gobiernos (empezando por el de Merkel, que es el que manda) o lo estamos y hemos perdido el juicio. Este país se da a los puentes con la misma alegría con que se da a las protestas cuando algo no funciona mínimamente. Un puente lo resuelve todo o, al menos, lo aplaza. Del puente a la alameda, todos felices. Si algo malo tiene el Estado del Bienestar es que crea mentalidades dependientes, ciudadanos infantiles que descansan toda la responsabilidad en el Estado. Por una vez los empresarios van a tener razón. Hay que racionalizar los tiempos festivos. O sea, acabar con la picaresca castiza. Europa no quiere puentes. Ni caspa
ZONA FRANCA07/12/2011 GINA MONTANERNadie escuchaba el clamor popular
¿Acaso la política no es nada más que una gran escenografía con huecos gestos teatrales? Algo de eso hay. No hay otra manera de explicarse los resultados de la primera cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que concluyó este sábado en Caracas.
No cabía esperar demasiado de un encuentro impulsado por dos agitadores de la región, Hugo Chávez y Rafael Correa, ambos con agendas muy concretas: invitar al resto de los mandatarios latinoamericanos a crear un club excluyente y enfrentado a los vecinos del norte, Estados Unidos y Canadá. Escapar a la obligación de rendir cuentas en materias de violación a los derechos humanos, libertad de expresión y cumplimiento de las reglas democráticas. Por último, conseguir sumar a la treintena de países que se congregaron en la capital venezolana al proyecto antiimperialista del socialismo del siglo XXI. La reunión contaba con la bendición desde el más allá de Néstor Kirchner. Chávez, propenso a resucitar a los muertos, invocó el espíritu del desaparecido ex presidente argentino.
Pero hay muertos que todavía tienen la apariencia de estar vivos, como es el caso de Fidel Castro. El líder bolivariano también lo invocó por su «contribución a la integración latinoamericana». El guateque de la Celac había comenzado con mal pie. A fin de cuentas, allí estaba como invitado de pleno derecho Raúl Castro, el sucesor de la dinastía familiar. Sin el menor bochorno, el hermano menor de Fidel forma parte de la troika que preside el foro junto a Chile y Venezuela. O sea, en 2013 Cuba será anfitriona de este fallido invento.
Nada bueno puede esperarse de un encuentro en el que los 33 dignatarios presentes firmaron, sin que les temblara el pulso, una declaración sobre «la defensa de la democracia y el orden constitucional para actuar en caso de ruptura democrática en cualquier país de la región». Documento que cuenta con la rúbrica manchada de sangre de disidentes de Raúl Castro. La de Chávez y sus atropellos contra la oposición. La de Correa y su caza de brujas contra la prensa independiente. La de Daniel Ortega y las acusaciones que pesan sobre él por presunto fraude electoral. Un papelucho para tirarlo a la basura por tóxico y falaz.
De esta cumbre en la que sobró la palabrería retórica, el documento con mayor relevancia fue uno que todos suscribieron sobre el embargo de Estados Unidos a la dictadura castrista. De esta denuncia destaca el siguiente apartado: «El bloqueo está concebido a impedir a los cubanos que ejerzan su derecho a decidir, por su propia voluntad, sus propios sistemas políticos económicos y sociales». Ni el más ligero temblor a la hora de garabatear firmas, a pesar de que lo único que le impide a los cubanos decidir libremente su destino es una satrapía que desde hace más de medio siglo ha convertido a la isla en una inmensa cárcel.
Mientras en el encuentro de la Celac se apelaba al discurso patriotero de un continente lastrado por el complejo de inferioridad y el síndrome del victimismo, afuera se organizaban cacerolazos en contra del chavismo. Desde el exilio los periodistas perseguidos por Correa denunciaban el acoso a la prensa libre en Ecuador. Y en la localidad cubana de Palma Soriano la policía política reprimía a golpes una marcha de disidentes. Era el clamor del ruido que, como el título de un documental sobre la represión castrista del gran Néstor Almendros, nadie escuchaba. Mal comienzo para un club tan selecto.
AJUSTE DE CUENTAS07/12/2011 JOHN MÜLLER Rajoy hereda el cargo de presidente-tutelado
El 19 de octubre de 2010 se debatía en las Cortes el proyecto de Presupuestos para 2011. Mariano Rajoy le reprochaba con dureza a Zapatero sus errores económicos de los que se derivaron las medidas de ajuste. Como remate de un párrafo añadió: «...Lo peor [es] que la política económica española haya pasado a ser tutelada por la UE, algo que no había ocurrido en España en muchos años».
Irritado, el socialista Fernández Marugán le interrumpió desde el escaño. «Sí, se lo voy a explicar...», repuso Rajoy que acto seguido recordó cómo el 5 de mayo de 2010 le pidió al presidente un mayor control del déficit, pero éste se negó. Tan sólo 48 horas después, Zapatero cambió de opinión. «No es que camino de Bruselas se cayera del caballo, es que lo tiraron de muy mala manera», añadió Rajoy.
Tanto en ese momento como en otras ocasiones que Rajoy utilizó la figura del Gobierno tutelado o hipotecado por la UE, esa imagen me chirrió. Me parecía una crítica más propia de Llamazares, Tardá o de cualquiera que no entienda que la construcción europea es un toma y daca, una asociación de intereses que demanda cesiones importantes. Pero lo peor, es que me parecía un error estratégico, porque suponía dar carta de naturaleza a una línea de crítica que tarde o temprano alguien le acabaría aplicando a él mismo, porque como bien debe intuir, hasta la más mínima trasposición de una directiva le va a convertir a partir de ahora en el lacayo de Bruselas y de los mercados.
Y ayer, cuando en el Congreso las lanzas se convirtieron en cañas (de cerveza), Rajoy dejó el mensaje de que él va a ser un disciplinado heredero de ese Zapatero tutelado por Bruselas que él criticó, porque no hay más alternativa. Reiteró que el cumplimiento del déficit es una línea roja y que la Ley de Estabilidad Presupuestaria (que desarrollará la reforma constitucional del verano) será su prioridad. No le preocupó mostrarse radical e insolidario: apostó por una reforma acelerada de los tratados, sin importar si afecta a 27, 15 u ocho países, con el fin de imponer la gobernanza económica que propugnan Merkel y Sarkozy. El mensaje es que no le importa cuántas velocidades existan en Europa, él quiere que España esté en la primera.
Es difícil pensar que Rajoy hubiera podido decir otra cosa. Ahora no tiene más remedio que arrimarse a Merkel como lo hace Sarkozy. Y durante muchos meses no va a poder jugar otro papel en Europa que el de presidente-tutelado.
Hay dos vías para liberarse de la tutela: la fácil, que es que la economía española vuelva a crecer fuertemente (cosa que parece imposible), y la difícil, que consiste en compensar con una máxima habilidad política la falta de fortaleza económica.
En ese camino siempre hay que tener un as en la manga, como lo hacían González o Aznar, y que básicamente debe consistir en hacer ver a los alemanes que España hará los sacrificios necesarios, pero que si hubieran existido las sanciones automáticas que ahora ellos propugnan, Berlín habría caído 15 veces en falta y París 14, mientras España lo habría hecho sólo cinco. Este dato, que publicamos hace días, sorprendió a muchos lectores, por lo que ofrecemos el gráfico completo, extraído del proyecto de presupuestos de Holanda.
Hay que hacerles ver también que, aunque ellos han hecho reformas y sacrificios, prácticamente toda Europa comprendió y contribuyó a que cumplieran su objetivo nacional de reunificarse. Y que el proyecto europeo quedó gravemente desnortado cuando el resto de la Unión aceptó que se incorporaran 12 países de Europa del Este con tanta rapidez como poca preparación. Probablemente fue un acierto geopolítico, pero provocó un desmadre institucional.
A estas alturas, Rajoy ya se habrá dado cuenta de que «lo peor» no es estar tutelado por la UE, lo peor es que no haya UE.
john.muller@elmundo.es
DECADENCIas07/12/2011 LUIS ANTONIO DE VILLENA Bukowski, el viejo indecente
Charles Bukowski, se llamó a sí mismo «viejo sucio», «viejo indecente» y otras cosas pareciadas. Ahora que acaba de salir una magna antología de su poesía (aparecida en EEUU en 2007), donde se recoge lo mejor de su abundante obra poética y aún algún inédito -y eso que ya se publicaron poemarios inéditos tras su muerte- el prologuista y traductor de Los placeres del condenado (Visor), Federico Arbós, se pregunta si en Bukowski no hubo pose literaria, es decir la construcción de un personaje que avalara su propia literatura.
Charles Bukowski (1920-1993) nació en Alemania, hijo de una alemana y de un norteamericano de origen polaco, pero sus padres ya estaban en América cuando él era muy niño.
Feo, grandón, tímido, amigo de las putas, de las borracheras y defensor de toda marginalidad, nos enteramos que la juventud de Hank -como le llamaban sus amigos- sí fue turbulenta, viajando unos pocos años (pocos) por algunos Estados de la Unión. Pero enseguida volvió a Los Ángeles, ciudad de la que apenas se movió en toda su vida, donde llevó una vida bastante regular -trabajó muchos años en Correos- pero eso sí, de borracho, ajeno a los medios literarios (aunque fue un gran escritor de vocación), aficionado al hipódromo, casado varias veces, muy amigo de lo marginal (siempre vivió en «malos barrios») produciendo la imagen de un feroz solitario que suele sorprender: un apartamento desastrado lleno de latas de cerveza vacías, en el que un hombretón solo, feo y avejentado oye música clásica -su gran pasión- fuera Wagner o Bach.
Bukowski tardó en tener éxito pero lo tuvo luego con enorme fuerza, considerándosele el padre del realismo sucio, cosa que parecía tenerle sin cuidado. Escribió novelas y sobre todo relatos de sexo duro y vidas agrias, y muchos poemas (a menudo espléndidamente construidos) donde deja ver plenamente cómo el sabio manejo del lenguaje cotidiano -y el recuento de vidas desesperadas y sórdidas- puede convertirse en refinado lirismo.
Dice el traductor: «su lugar en la Historia de la Literatura es el de un hondo y afinado poeta». El aserto choca un poco, pues Bukowski escribió muchísimo, pero por lo demás la afirmación es verdad. Los gustos del solitario y marginal Chinasky (como se autollama en sus ficciones) son peculiares pero no malos: le gustaban Céline, Hemingway, John Fante -al que ayudó a redescubrir- y el haiku japonés. Odiaba a Scott Fitzgerald.
A veces sus poemas (en esta muy abundante antología) nos parecen triviales en su horror, a veces descubrimos pequeños rastros surrealistas, pero otras más, nos impactan por la fría y terrible verdad con que el poeta que apenas salió de Los Ángeles cuenta no sólo lo que ha vivido sino más frecuentemente lo que le han contado o ha visto.
Hay un supermercado y una chica que hace un mohín desdeñoso al viejo que sale de comprar. Bukowski narra eso y este final: «este es un mundo solitario/ de gente asustada, / como siempre ha/ sido». ¿No es verdad? ¿No es el más descarnado existencialismo, sin adornos? Oye a Wagner y describe esa música. Termina: «hay hombres que nunca /mueren/ y hay hombres que nunca/ viven / pero todos estamos vivos/ esta noche». Por Wagner evidentemente. Solitario, arisco, tierno, desengañado del mundo, hay que resituar a Bukowski.
EL RUIDO DE LA CALLE07/12/2011 RAÚL DEL POZOLas tertulias
Me explica un sociólogo con catarro y novia en Guadalajara, que la opinión de los tertulianos no influye tanto como se piensa en la intención de voto; sólo convence a los convencidos, fija y da esplendor a las propias paranoias, aunque en este instante de la absolutísima, volverán a ser imprescindibles las tertulias, como lo fueron en la otra aplastante mayoría socialista. Cuando no rechista ni Dios, la agitación se esconde en las tertulias de bar. En el café Lorenzini de la Puerta del Sol se cantó por vez primera el Himno de Riego y en las Cuevas de Sésamo se tarareaba La Internacional, por lo bajini, porque el dueño y creador de los premios literarios, Tomás Cruz, natural de Cuenca, había sido aviador republicano.
Los filósofos, cuando aún no se habían inventado las tertulias, denunciaron la opinión como la reina del debate, porque cuando se enfrenta a la razón, ésta siempre pierde la batalla. Hoy hierve la opinión en las tertulias de la radio y la televisión, en los blogs, en las llamadas de los oyentes, aunque los revolucionarios no salen de los cafés, ni de las tertulias, sino de los cibercafés, donde los adolescentes tuitean en las redes sociales, que no se parecen en nada a la Botillería de Pombo, de Ramón, o la Granja de Henares. De Ortega y Gasset.
En las tertulias de hoy producimos tanta opinión como basura y exhibimos más creencias que razones. Las discusiones son menos elitistas que las que estallaban en los cafés. Incluso en las Cuevas de Sésamo, donde iban los primeros demócratas, contradiciéndose a sí mismos, identificaban al vulgo con la mayoría. Siguiendo una tradición literaria que nace en los clásicos pensaban que lo que decían no agradaba a la plebe y lo que le agradaba no lo sabían.
Los tertulianos de hoy, tan necesarios otra vez, han sustituido a los predicadores como la política sustituyó a la religión. Hablan como políticos y no tienen nada que ver con los tertulianos de los cafés. Yo me he pasado media vida en las tertulias donde se reunían, en cada rodal del café, del día y de la noche, escritores, actores, gallegos, asturianos, toreros, pintores abogados, generales, poetas malditos. Pasaron por allí sin dar bola a nadie Orson Welles y Truman Capote. A la tertulia de los burlangas, iba un matón muy elegante y cuando llegaba advertíamos a los novatos: «Cuidado que éste es un asesino».
Dijo Antonio Espina que entre lo que la catolicidad debe a la musulmanidad, se encuentra el café como bebida y como diván. «Los espejos y las mesas de mármol las puso enseguida Venecia, los músicos, Viena y las cortesanas y los literatos, París». Le faltó decir que Madrid puso tertulianos de café que sustituían a los diputados cuando no había Parlamento y al Lyon se le llamaba banco azul, porque de él salían ministros.
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