Quiere Ratzinger que todos seamos santos, y al quererlo cumple con su deber. Sabido es que no existe camino más directo hacia la santidad que el del martirio. ¿Será ésa la verdadera razón por la que han organizado semejante lío en una ciudad tan incómoda como lo es ésta en el ápice de la canícula de agosto? Lo de San Lorenzo sentó un precedente. De él se acuerda el cronista cuando sale de su casa, junto a la calle del Pez, camino de la parrilla que ya humea en Cibeles.
Son las 16.00 horas. Estoy en el Madrid Oriental, separado del Occidental no por un telón de acero, sino por la línea Maginot, blindada e infranqueable, que va de Colón a Neptuno. ¿Cómo llegar al teatro de los acontecimientos y encontrar un cauce de acceso a él? Resignación cristiana. Si no lo consigo, haré lo que Homero: contar la guerra de Troya vista desde el campamento de los aqueos.
Aún no he perdido las gafas -¿me comprarán unas nuevas en el periódico? Es un accidente laboral-, pero ya voy al tuntún.
A la altura del Palacio de la Prensa me topo con los primeros jóvenes. Van todos (y todas) muy ligeritos de ropa. En la Sagrada Familia no los dejarían entrar. Rouco Varela, por la mañana, ha dicho que de este encuentro saldrán 500.000 matrimonios. No sé si tal cálculo es motivo para que repiquen las campanas de Roma, porque dos terceras partes, atendiendo a las estadísticas, terminarán en divorcio. Los del Orgullo Gay aducirán, con razón y retranca, que algunas de esas bodas lo serán entre personas del mismo sexo.
Dice el refranero que la que mucho sanjuanea en marzo marcea. ¿Mayearán las que en la JMJ agostean? Alguna habrá. El sábado por la noche dormirán o velarán todos juntos en Cuatro Vientos.
¿Cuatro Vientos? El aire atiza el fuego de los sexos cuando el diablo sopla. Lo dice otro refrán. Quien quita la tentación…
Reflexiones inoportunas. No es el momento de hacerlas. Algo pasa en la calle, y todo lo que pasa es gentil, decente y luminoso. Madrid, después de la noche de cuchillos largos vivida en Sol, es una ciudad alegre y confiada. Ni Homero ni Juan de Mairena: Benavente y Crispín… ¿Quién podrá vencerlos si es suyo el amor?
Intereses creados, y no por Dios, los hay, seguro, en una jornada como ésta, en la que tantos millones de personas y de euros se mueven, pero enojoso sería traerlos hoy a colación. Tiempo habrá.
El cronista se para a charlar en una esquina de la plaza de los cines Luna con los agentes de tres coches de la Policía allí estacionados. Son amables, simpáticos y casi tan jóvenes como los peregrinos, pero andan un poco despistadillos. Uno de ellos le pregunta:
-Hoy, ¿qué es lo que hay?
-¡Pero hombre de Dios! Si usted no lo sabe…
El cronista se lo explica. El poli asiente, bañado y aliviado por la luz del conocimiento, y reincide:
-Oiga, y eso de Cuatro Vientos, ¿cuándo es?
Voy bajando por la Gran Vía o, mejor dicho, braceando en el oleaje del río de juventud, cada vez más caudaloso, que desde Callao, sin un mal gesto pese a las apreturas, fluye hacia la fuente de una diosa pagana a la que Ratzinger convertirá hoy, y aún más el viernes, con el vía crucis, en cristiana.
Casa del Libro. No es la Biblia, a la que llaman Libro de los Libros, lo que campea en uno de sus escaparates, sino el libelo ¡Indignaos! ¡Caramba! ¡Por mucho que se venda podrían los de Planeta haber tenido un detalle! Peccata minuta. El Papa absolverá, en el Domingo del Perdón, a los gestores de la librería.
Esquinazo de la Red de San Luis. ¿San Luis? ¿Sabrá Ratzinger lo que en esa zona se cuece? Allí, por cierto, sí que están indignados los vecinos, pero el Santo Padre podría y debería explicarles que Magdalena fue prostituta. No es eso óbice para ir al cielo.
Decenas y docenas de peregrinos se agolpan en el interior de la McDonald's o, sentados en el suelo, al arrimo de su fachada, se atiborran de hamburguesas industriales y zumos endiabetados. ¡Nenes, caca! Amigo Ratzinger, dígales usted a sus pupilos que eso no se come. De sobra sé que no sólo de pan vive el hombre, pero tampoco, digo yo, es cosa de alimentarse con basura.
El cronista, curioso, pero también temeroso, porque su índice de inseguridad ciudadana, después de lo que escribió ayer, es alto, cumple con su deber y tuerce hacia Sol. ¿Habrá laicos? No, no los hay. Irán por la noche.
¡Qué alivio! La plaza está casi vacía. Esa gente -«¡Yo soy / pecador / pecador / pecador!»- no madruga. Los anticlericales son nocturnos; los peregrinos, diurnos. ¡Con la paliza que llevan!
Bajo por Alcalá. En la terraza del Círculo han creado, a fuerza de ventiladores y humidificadores, un microclima -¡Horror! ¡Cambio climático! ¡Seguro que la culpa es del Papa!- y de él, tomándose tan ricamente una cervecita o un café con hielo, se benefician los privilegiados que nos ven pasar a los de a pie desde el fresquito de una barrera de sombra. ¡Injusticia social!, clamaría el perroflautista del nuevo Hamelín.
Banco de España. El cronista está a punto de perecer en loor (¡y olor, qué diantre!) de multitud y pierde las gafas. Ya no podrá escribir la crónica, como era su intención, desde el graderío de la tribuna de la prensa, suponiendo que se las apañe para acceder a ella.
¡Ah! Porque, encima, va cargado con un ordenador, lo que dificulta notablemente su tentativa de hendir la impenetrabilidad de los cuerpos apiñados.
No es, sin embargo, el único que va con la casa a cuestas. Lo precede o lo flanquea, según el fluctuar de la marejada, una señora metida en carnes que tira de un maletón con ruedas. Sabido es que hay gente pa tó. ¡Vaya si la hay! Las neveras portátiles también abundan y las mochilitas de los peregrinos son a veces mochilones que frisan en el suelo.
Ahorro pormenores. ¡Milagro habemus! El cronista, con un ordenador inútil y sin gafas, pero no gafado, ha conseguido llegar a la tribuna y hacerse un huequecito en ella.
Son las 18.00. Falta un buen rato para que Ratzinger -¡Benedicto, Benedicto, Benedicto, ésta es la juventud del Papa!- ocupe su sitial a los pies de la Virgen, la gente se transfigure, el acto llegue a su clímax y la Cibeles levite. Cunde el griterío. Los altavoces imparten consignas. La más reiterada e inquietante dice: ¡manos arriba! Y zas: todos la obedecen…
No, no es un atraco, pero el cronista piensa, sorprendido, que ése es el mismo gesto al que recurren los del 15-Mu. Y su sorpresa crecerá cuando el Papa, apeándose de su vehículo de alienígena, cruce la Puerta de Alcalá y reciba las llaves del Reino de los Borbones -se las entrega un descendiente de la emperatriz Eugenia de Montijo- mientras la orquesta desgrana los compases de una coplilla rescatada por García Lorca a la que los comunistas cambiaron la letra en son de loa al Quinto Regimiento: «Yo me subí a un pino verde / por ver si Franco llegaba / y sólo vi el tren blindado / lo bien que tiroteaba».
Paralelismos. Son lógicos. Los del 11-Mu, a hostias no consagradas, y los de la JMJ, en nombre de la paz y del amor, gritan lo mismo que Pétain en Verdún, y la Pasionaria en el Madrid de las checas y los paseos: ¡no pasarán!
Los primeros cumplen una función similar, aunque antagónica, a la de la quinta columna que en el 36 anunciase Mola. Los segundos son centenares de columnas desarmadas -muchas más de cuatro- que convergen hacia una ciudad, un país y, en menor medida, un mundo en el que las personas de buena voluntad sufren una persecución larvada. El laicismo no sólo acusa, sino que acosa.
Lo dirá Ratzinger, que ya llega. Sobra reiterar lo que otros han contado. Aquí, con un estrambote, termina la crónica.
Buenas noticias, Santidad. Madrid, el jueves, fue, a partir de su advenimiento, una apotheosis (subráyese lo de theos), un carnaval sin lascivia, una macumba sin diablos, un auto sacramental en el que los enemigos del alma -mundo, demonio y carne... O sea: superficialidad, consumismo y hedonismo- hicieron mutis por los bastidores del Foro, un colosal espectáculo de impecable ejecución que parecía dirigido por Cecil B. DeMille y la visible, tangible, audible y olfateable demostración de que, en contra de lo que dijo Ortega, un millón de personas puede reunirse sin hacer masa ni perder su identidad. Cada una era, y siguieron siéndolo, de su padre y de su madre. ¡Viva la familia!, gritaban todos. ¡Benditos sean los que a su tronco salen!
JOSÉ MANUEL VIDAL / Madrid
20/08/2011
Un cardenal en pleno esplendor
Rouco Varela celebra su cumpleaños arropado por millón y medio de peregrinos y, en presencia del Papa, corona su carrera al frente de la Iglesia española
Un cumpleaños feliz entonado por millón y medio de jóvenes católicos y la posterior felicitación personal de Su Santidad, Benedicto XVI. Un sueño sólo al alcance de la crema de los elegidos y que va a conseguir uno de ellos, el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela (Villalba, 20-08-1936). Su apoteosis de purpurado único, jefe y señor, desde hace dos décadas, de la Iglesia española. El sueño cumplido del vicepapa. El triunfo total del cardenal listo, que corona su carrera a los 75 años.
Porque Rouco nunca fue brillante ni carismático, ni siquiera un gran intelectual. Pero sí listo, el más listo de la clase desde la época del seminario en Mondoñedo. Un gallego fino. Tan fino que, a pesar de su escaso carisma personal, consiguió el control más absoluto en los anales de la Iglesia católica española contemporánea. Ni Tarancón, el cardenal de la Transición, con su arrolladora personalidad, ni Suquía, su maestro y padrino, con su sagacidad camaleónica, llegaron a detentar la décima parte del poder (real y efectivo) del actual arzobispo madrileño.
Amén de listo, Rouco es un consumado estratega. Dicen que nunca da puntada sin hilo. Y, de hecho, cuando el Vaticano le concede la celebración de las Olimpiadas de la fe en Madrid en 2011, él ya sabe que van a ser del 15 al 21. En pleno Ferragosto. Y en la semana en que cumple los 75, la edad prescrita en el Código de Derecho Canónico para que los obispos presenten su renuncia al Papa. Y, desde entonces, empezó a montar la JMJ como un regalo para el Papa: una de las mayores fiestas de la fe de la Historia con millón y medio de jóvenes. Sólo superada por los cinco millones de Filipinas (Asia es otra cosa en cuanto a gente) y por los tres de la Jornada del 2000 (el año mítico, en el que se volcó el papa Wojtyla personalmente) en Roma.
Vacaciones y turismo
Para situarse entre las tres primeras, la Jornada de Madrid tenía que celebrarse en agosto, el mes de las vacaciones estudiantiles y del tirón turístico. ¿Y las elevadas temperaturas, que podrían afectar al Papa anciano? Al Papa se le protege con un árbol gigante que crea un microclima en torno a él. Ni el tiempo puede con este cardenal lleno de tesón. Contaba, además, Rouco con la experiencia de haber sido ya organizador de la JMJ de Santiago en 1989. Será, pues, el único obispo del mundo que habrá organizado dos Jornadas.
Aquella primera, la del aprendizaje, ya consiguió reunir medio millón de jóvenes, en una época en la que los Papa-boys todavía no se habían consolidado como las juventudes papales de los movimientos neoconservadores. Desde entonces aprendió a manejar casi a la perfección los resortes del poder clerical. De hecho, va a cumplir los 75, la edad de la jubilación eclesiástica, pero no para él. A Rouco le quedan por delante al menos tres años como presidente de la Conferencia Episcopal y, por tanto, como arzobispo de Madrid.
Tiene todos los hilos de la Iglesia española en sus manos. Nada se le escapa. Domina la CEE a través de la larga mano de monseñor Martínez Camino, el secretario del Episcopado y su obispo auxiliar. Nada se cuece en Añastro que no pase por sus manos. Un control tan estrecho que, hace cuatro años, provocó la reacción de más de la mitad de los obispos que se levantaron contra el amo y votaron, por escaso margen, al bueno de don Ricardo Blázquez, entonces obispo de Bilbao.
Pero ni así dejó de mandar Rouco y dirigió siempre el timón de la Iglesia desde bambalinas. Hacia adentro y hacia afuera. Por ejemplo, con su innata habilidad estratégica convirtió a Zapatero en una especie de Nerón de la fe de los españoles y, después, decidió hacerle frente. Con mano de hierro y guante de terciopelo. La mano de hierro para salir a la calle y manifestarse públicamente, por vez primera en la historia del Episcopado, contra una ley, la de los matrimonios homosexuales, aprobada por el Parlamento y promovida por el Gobierno socialista.
El guante de terciopelo, para conseguir, por medio de los buenos oficios del cardenal Cañizares, entonces arzobispo de Toledo, el mejor acuerdo financiero de la Iglesia con el Estado de los últimos lustros.
Y la estrategia le funcionó. Tanto y tan bien que la Iglesia sigue conservando todos sus privilegios y la raíz de los mismos (los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979), mientras su gran enemigo, Zapatero, está de retirada. Rouco ganó, pues, la batalla externa y le paró los pies al laboratorio laicista y descristianizador zapateril que, además, amenazaba con contagiar a otros países católicos, especialmente latinoamericanos.
Salió también vencedor en la lucha interna, más difícil aún que la externa. Más de la mitad del Episcopado es de su cuerda y le debe la mitra. Rouco decide los traslados y los ascensos episcopales e impone su modelo de Iglesia neoconservadora en todo el país. Por las buenas o por las malas. Por las malas aupó a obispo de San Sebastián a José Ignacio Munilla, cuyo nombramiento fue rechazado públicamente por el 80% de los curas donostiarras.
Pero quizás la muestra máxima de su poder absoluto sea, como denuncia el sacerdote-catedrático gallego Xosé Alvilares, el nombramiento de su propio sobrino, Alfonso Carrasco Rouco, como obispo de Lugo. «Es un acto superlativo y público de nepotismo», dice el cura en su libro Penitencia pública.
Salvador sostres
20/08/2011
Jesús vs. Karl

La presidenta
Aguirre dijo ayer que los valores de igualdad, libertad y solidaridad vienen del cristianismo y no de
Karl Marx como creen algunos. Los de siempre -porque son los mismos ignorantes de siempre- pretendieron hacer burla de ella, pero tiene toda la razón del mundo. El Dios cristiano es amor y su gran don es la libertad. Costaría identificar estos valores en el marxismo y el comunismo, las dos ideologías más sanguinarias de todos los tiempos, y las que más férreas y crueles dictaduras han inspirado.
Esperanza Aguirre hizo también referencia a los valores de la igualdad y de la dignidad como aportaciones del cristianismo, y bastaría un poco de cultura general -sólo un poco- para saber que Jesús es el primero en tratar a todos los hombres por igual y en anunciar que Dios no les juzgará por sus actos, sino por su condición. La idea, tan fundamental en nuestra sociedad, de la igualdad de oportunidades, parte del cristianismo, parte de las enseñanzas de Cristo.
Lo que el marxismo y el comunismo pretendieron fue el igualitarismo. No la igualdad de oportunidades, sino la igualdad de resultados, y eso ha destruido cualquier sociedad donde se haya intentado aplicar. La competencia es el sistema que tiene la Humanidad para mejorar. La competencia con los demás y la competencia con uno mismo, con nuestras propias limitaciones, para mejorar.
Nada hay que aniquile más la voluntad y el espíritu de superación que el igualitarismo atroz. Sólo hace falta ver lo deprimidos y hundidos que han quedado los países que han tenido que soportar esta lacra. Si hablamos de dignidad, quien primero reconoció la vida como valor sagrado, por ser un regalo de Dios, y quien primero afirmó que sólo Dios podía arrebatarla, fue también su hijo.
Igualmente, los mandatos esenciales del cristianismo, de respeto y de amor al prójimo, son los mejores consejos para que la dignidad del hombre aflore y perdure, mucho más que la Stasi, la Securitate y las checas, que han sido los tétricos estandartes del comunismo.
No hay mayor fuente de dignidad que la libertad y el amor, los dos emblemas del cristianismo. No hay mayor muestra de respeto a la dignidad del hombre que afirmar que ha sido creado a la imagen y semejanza de Dios.
Hay una proporción casi matemática entre los sistemáticos insultos que recibe la presidenta de Madrid por parte de los periodistas orgánicos y lo más abultada que cada vez es su mayoría absoluta, en tanto que la mayor penitencia de los barriobajeros es que se ponen en evidencia ellos mismos sin que haga demasiada falta responderles.
Pero sí que convendría resaltar que, más allá de la fe de cada cual, el cristianismo es la base moral de nuestra civilización, y que nuestra civilización es la única que existe, porque fuera de los valores cristianos no se ha dado ninguna otra civilización sino simplemente distintas formas de barbarie.
El comunismo se cargó la Historia y el socialismo no comprende el alma. No hay plenitud sin tensión trascendente, ni habría libertad sin Dios, ni ha habido ninguna teoría política ni social que incluyera a los más desfavorecidos en un principal mensaje de amor: «Los últimos serán los primeros». Como recordó el papa Ratzinger en el título de su primera encíclica, Deus caritas est.
Resulta inconcebible que en nombre del laicismo nos hayamos vuelto un país tan zafio e indocumentado como para acabar desconociendo nuestras raíces más elementales. El relativismo no es una forma de conocimiento, sino de ignorancia
DIARIO DE UNA PEREGRINA
XISKYA VALLADARES / Madrid
Especial para EL MUNDO
20/08/2011
Ser peregrino no es tan fácil
Duelen los pies, arde el cráneo, en algunos momentos pasamos sed, y olemos mal Los católicos no somos ni cuatro gatos ni bichos raros Nos sentimos universales y agradecidos
>>> dolor y ánimos. El cansancio y el calor empiezan a hacerse notar. Ser peregrino no es tan fácil como puede parecer. Duelen los pies, arde el cráneo, en algunos momentos pasamos sed, y con todo lo que sudamos, a mediodía ya hasta olemos todos mal. Sin embargo, la fuerza se manifiesta en esta debilidad. Juntos podemos, nos animamos, y también, de vez en cuando, buscamos la sombra de un árbol donde descansar. El calor es abrasador.
Dormir en el suelo con esterillas y sin ventilador después de cinco noches seguidas empieza a pasar factura; a veces duele la cabeza. Pero también nos ayuda a sintonizar con las miles de personas que en estos tiempos de crisis pasan tantas necesidades. Hoy lo comentábamos: no nos vamos a quejar. A fin de cuentas, somos peregrinos: gente de paso cuya casa es el mundo, cuya fe es su fuerza y su alegría es la fraternidad.
>>> sONRISA DE ILUSIÓN. Con todo, hoy en el Metro dice una señora: «La sonrisa nunca se les va de la cara». Es la ilusión de aquello por lo que hemos venido que nos mantiene en pie (y de rodillas, o inclinados hacia otro y hacia los demás). Es verdad, el cansancio para nada está reñido con la alegría.
Y para nada nos detiene. Esta mañana desde muy temprano ya había peregrinos rezando el vía crucis ante las imágenes del paseo de Recoletos. «Esta tarde habrá mucha gente y no podremos rezar con tranquilidad», me explicó uno. A las tres ya los jóvenes invadían la zona hasta el museo del Prado. El infierno del calor no nos vence.
Había también muchos de adultos y mayores visitando los pasos. Estaban familias enteras. Todos admiraban las tallas y también la energía de la juventud del Papa. Hay grupos con guitarras, otros que regalan estampas de sus Vírgenes y Santos. Hoy un grupo me han dado una a mí, pero nada más dármela ha venido una señora a pedírmela.
Unos chicos argentinos me pidieron hacerse una foto conmigo y que les firmara el sombrero de la JMJ. En general, todos, siempre al despedirse, me dicen: «Que Dios te bendiga». Y yo, que no estoy acostumbrada a ello, ahora ya lo digo también.
El Metro, la miniciudad de la JMJ, sigue colapsado. Yo lo siento sinceramente por los que se vean afectados por ello. Pero también, honestamente, me alegro de que por una vez en la vida sea tan claramente visible a todos que los católicos no somos cuatro gatos, ni bichos raros, ni unos amargados reprimidos. Claro que quien no quiera verlo, no lo verá. Pero para cualquiera que tenga limpia la mirada creo que es evidente, lo están viendo: «Ésta es la juventud del Papa».
>>> ACOGEDOREs. Los madrileños, de verdad, siguen mostrándose acogedores en todo momento. Al menos aquellos con quienes nos hemos cruzado. Un señor, que dijo ser empresario, se acercó a una compañera y le dijo: «Hoy es un día muy crítico para mi empresa, por favor, rezad por mí». Otra señora nos dio las «gracias por estar en Madrid y hacer la ciudad más alegre». No sé si es que hemos tenido suerte, pero de verdad que los madrileños nos sonríen mucho. O quizás es que la gente normal suele responder según se le da, no lo sé. Nos sentimos universales y agradecidos. Y todo esto es peregrinar: el cansancio, el compartir, el camino sin fin.
OORBYT.es
>Testigo directo de Xiskya Valladares
PALOMA DÍAZ SOTERO / Madrid
20/08/2011
¿Cómo comulga un millón de fieles?
La misa del Papa en Cuatro Vientos será posible gracias a una meticulosa organización
La eucaristía que mañana presidirá Benedicto XVI en el aeródromo de Cuatro Vientos será una hipérbole de cifras y un prodigio de organización. Es como si en una inauguración de Juegos Olímpicos participaran los espectadores.
Podrá ser seguida in situ por un millón de fieles. Una alfombra de un millón de metros cuadrados, equivalente a 48 campos de fútbol, se extiende al pie del altar para acoger al medio millón de peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud y al esperado medio millón más de espontáneos.
El millón de metros cuadrados está dividido en 57 parcelas, con capacidad para entre 1.000 y 3.000 personas cada una, explica Manuel Muñoz, uno de los responsables de organizar la misa. Cada peregrino sabe qué área le corresponde y la ocupará esta tarde, saco de dormir en mano, para pasar la noche de vigilia. La proximidad del altar depende del momento de la inscripción.
Durante la noche podrán confesarse en cualquiera de las 17 capillas de campaña instaladas en los flancos de la base, donde también están ubicados los bares, los servicios y los puntos de reparto de comida.
«Y si vienen más, pondremos los medios», asegura Muñoz.
Cada uno de los cuatro accesos tiene 150 metros de ancho, lo que facilitará la entrada y haría posible una evacuación. «La seguridad está garantizada», afirma Manuel Muñoz, encargado concretamente de la representación escénica.
«El escenario», cuenta, «probablemente sea lo más grande en arquitectura efímera que se ha construido». Obra del arquitecto Ignacio Vicens, mide 200 metros de largo por 30 de ancho y 20 de alto, y tiene cabida para 2.050 personas; sólo 500 se las lleva el coro y la orquesta de la JMJ. También habrá 900 religiosos entre obispos, arzobispos y algunas monjas. Aparte, el séquito del Papa, de unas 40 personas. Y además, los Reyes, encabezando la delegación de autoridades políticas.
El escenario está presidido por un árbol gigante que, como metáfora del árbol de la vida, dará sombra al altar y al Pontífice.
La ceremonia durará tres horas. Aunque será «una misa convencional», con la liturgia de siempre, su carácter extraordinario -por ser oficiada por el Papa y participada por un millón de personas- hará que se alargue desde las 9.00 horas hasta las 12.00. Medio centenar de pantallas de 100 metros cuadrados cada una harán posible que todos puedan ver al Papa en el altar.
El momento más importante y complicado será el de la eucaristía. Podrán comulgar todos los que lo deseen. Se encargarán de garantizarlo 12.000 sacerdotes que, en su debido momento, saldrán de los pies del altar y de las 17 capillas con sus cálices repletos de formas sagradas. Se distribuirán por las cuadrículas de la base conducidos por equipos de voluntarios que les abrirán paso hasta el punto que les corresponde para administrar la comunión.
Cada sacerdote irá acompañado de ayudantes y de una persona que lo cubrirá con un paraguas blanco para que la multitud sepa adónde dirigirse para comulgar. Si se le agotan las formas, hay preparado un dispositivo para reponerlas rápidamente.
El Papa dará la comunión al grupo más cercano de religiosos y continuará la misa mientras los sacerdotes siguen su tarea entre la masa.
Muñoz no se encarga sólo del escenario en la misa, sino durante toda la tarde del sábado -que también contará con la presencia del Papa- y la noche de vigilia: más de 12 horas de intervenciones y actuaciones para mantener a los peregrinos entretenidos y activos, además de momentos de oración.
Este joven licenciado en Imagen y Sonido de 36 años llegó a la JMJ echando el currículum. Se valoró su experiencia en organización de grandes eventos para multinacionales. Es laico. Como el máximo responsable de la ceremonia, Joaquín Díaz, coordinador de todos los equipos que durante tres meses han trabajado para hacer posible la misa para un millón de personas