El pintor venezolano Jesús Soto (Ciudad Bolívar, 1923- París, 2005) vino a Europa a inventar unos espacios privados y únicos donde se encuentra el punto exacto para enlazar la belleza y el movimiento. Vi, a finales del siglo pasado, una muestra de su obra -de la mano de mi amigo Iván Vivas- en una casa que tenía el maestro en Bailadores, en el techo de Tovar, en Mérida.
Es la gran figura del arte cinético de América y, para demostrar que en París seguía cerca de la ciudad donde nació, fundó allí, hacia 1973, el Museo de Arte Moderno Jesús Soto. Y lo abrió con 700 piezas creadas por él y 130 de otros artistas internacionales.
El Museo es el centro cultural más importante de Ciudad Bolívar porque, además de las exhibición de las obras, es la sede de numerosos encuentros, charlas y debates sobre otras disciplinas artísticas. Unos 40.000 visitantes recorren sus salas cada año.
Pues bien: hace unos días, mediante un decreto del Gobierno de Hugo Chávez, se dispuso la intervención de la institución. Un funcionario del Estado de Bolívar declaró a la prensa que la medida se debe a la detección de algunas irregularidades administrativas «argumentadas a la no rendición de cuentas de los aportes recibidos en años anteriores».
La ofensiva comenzó, en realidad, el 30 de junio pasado cuando, según una carta dirigida por Cristophe Soto, hijo del artista, al gobernador del Estado, el general Francisco Rangel Gómez, «un grupo de más de 20 hombres... [incluido] el director de patrimonio, todos bajo las órdenes del ciudadano Teodardo Porras, secretario general de Gobierno, ingresaron de manera abrupta a los alrededores e instalaciones del museo, se desplegaron en los diferentes espacios y vociferaron que se trataba de una intervención y ocupación del inmueble».
No se sabe dónde va a desembocar el conflicto. Hay, por el momento, una especie de tiempo muerto. Un silencio sobre el que cae como una piedra este otro párrafo de Cristophe Soto: «Nos abriga el temor de un secuestro del inmueble y de las obras de arte de mi padre y de todos los artistas venezolanos y extranjeros que generosamente han accedido a intercambiar obras para realzar el museo y enriquecer el acervo espiritual del estado Bolívar y de la República».
>Jueves
Opio, arroz y olvido
Es necesario sacar de las sombras a Rafael Bernal (Ciudad de México, 1915-Berna, Suiza, 1972) y darle el certificado de fundador de la novela negra en su país. Y, como de paso, volver sobre toda su obra, su labor periodística y su vidita llena de ausencias y laberintos.
El complot mongol (Joaquín Mortiz, 1969) es el libro que hace la convocatoria a esta resurrección y desagravio, una obra que lo lanzó a la fama y, al mismo tiempo, contribuyó a que sus otros trabajos se quedaran apagados sin ni siquiera el reconocimiento del resorte del trampolín.
El libro, que marca el inicio de la novela negra mexicana, se reedita periódicamente y, en el apogeo de su éxito, se publicó un cómic con la historia de espionaje, crímenes y amor que mueve al personaje principal, Filiberto García, por lugares peligrosos de la ciudad. Allí, donde suelen reunirse a conspirar y a preparar su planes diabólicos gánsters y espías asiáticos delante de grandes fuentes de arroz frito, bajo un cobertizo de opio y contraseñas, tenía que estar el héroe de Bernal.
Críticos y nuevos lectores desempolvan a un intelectual que halló unos focos de la realidad mexicana del siglo pasado que continúan encendidos. Para tener una visión completa del panorama que describió Bernal se recomiendan libros como Un muerto en su tumba (1946), Su nombre era muerte (1947), Gente de mar (1950), Caribal (1955) y una obra de teatro titulada Antonia.
Escribió mucho, con estilo de nervio disparado y un humor oscuro y ácido. Estaba contagiado de un virus itinerante y desesperado que le permitía pasar del poema al reportaje televisivo, del relato a la novela y del cuento al ensayo con los mismos grados de pasión y celeridad. La falta de un asiento en la primera clase literaria mexicana se atribuye a que publicó en editoriales pequeñas y vivió lejos.
El investigador y crítico Vicente Francisco Torres escribe sobre la diversidad de la obra de Bernal, y deja claro que, además de su inclinación y, quizás, predilección por los temas policiales, el hombre trabajó temas de la Historia, la revolución, los piratas y la selva.
Una de las notas que he leído en la prensa sobre la delicada operación de rescate del intelectual está firmada por Xavier F. Coronado y dice esto: «Rafael Bernal, por la calidad de su trabajo, debería estar entre los escritores mexicanos más reconocidos, porque su obra es una de las más completas de la literatura mexicana en el siglo pasado. Una producción de vanguardia, prácticamente desconocida, que se debate entre el reconocimiento y el olvido».
Bernal, como viajero al fin, debía tener una idea de la tendencia de la memoria a levantar el vuelo. Era un experto en despedidas y dejó entre sus papeles un verso donde dice que alzar el ancla es iniciar olvidos.
>Viernes
Pintar en Lima
Parece que va a comenzar en el Perú el fin de los concursos literarios que exigen el anonimato y la distancia. Se inicia la retirada del viejo estilo de los debates del jurado en salones solemnes y secretos. Empieza, al menos eso se proponen los organizadores, la agonía de los nombres falsos y de las claves para identificar las obras que aspiran a los premios. Hay que detener el suplicio de los aspirantes que deben sufrir en soledad la espera del día de la apertura de los sobres sellados. Se va a inaugurar en Lima, en el Café La Cia, del barrio de Barranco, ahora en agosto, el primer Campeonato de Lucha Libro.
La competencia entre escritores se hará frente a frente, como en un ring de boxeo, a talento limpio, sin contactos físicos, sin golpes bajos, auxiliados por un teclado y con la certeza de que las palabras son más poderosas que los puños.
Van a participar 32 concursantes y en octubre se conocerá el nombre del ganador. El torneo se realizará cada miércoles por la noche frente a un jurado abierto de escritores, artistas, críticos, periodistas y público en general. Los dos combatientes se pondrán frente a frente con el rostro cubierto por un capuchón. Tendrán cinco minutos frente a un ordenador para escribir un cuento de una cuartilla. El texto se proyectará en directo en unas pantallas gigantes para que el jurado y los espectadores sigan la evolución de la historia.
Los autores podrán elegir un tema libre, pero deberán aparecer de todas formas unas palabras propuestas hechas por los organizadores de la lucha. Por ejemplo, plancha, gato chino de la suerte y hombre ciego.
El que gane pasará a la batalla del miércoles siguiente y podrá retirarse del café con su rostro oculto por el capuchón. El perdedor, en cambio, deberá descubrir su identidad inmediatamente después de terminado el combate y queda eliminado definitivamente.
El premio para el vencedor será la publicación de un libro de cuentos. La idea se le ocurrió al escritor y publicista Christopher Vázquez. Él se propone presentar la literatura como espectáculo. Si para Mario Vargas Llosa la literatura es fuego: para ellos, la escritura es pelea, dijo Vázquez.
La Lucha Libro es la versión posmoderna y en prosa de las viejas controversias en vivo de los poetas repentistas. Ellos se fajan acompañados por guitarras y con los octosílabos de las décimas que viajaron desde Ronda hasta el continente americano.
Vamos a esperar a que suene el primer campanazo en Lima
ernesto sáenz DE BUruaGA
23/07/2011
Paridas
PASADO MAÑANA
Todos estamos de acuerdo en que el tiempo se ha terminado. En los minutos de la basura el balón corre sin sentido a la espera de que el árbitro pite el final y la grada lo celebre alborozada. Pero ni en esto el desgobierno de ZP cumple con el guión fiel a la letra de su irresponsabilidad en los últimos meses. De vez en cuando se toma un respiro con oxígeno ajeno y envenenado. Porque Camps ha sido abatido con sus trajes en el armario, pero los socialistas cierran el suyo con llave ante el escándalo de los ERE fraudulentos en Andalucía.
Dinero público para amigos, militantes y conocidos sin que nadie se escandalice, sin una dimisión, sin asumir la menor responsabilidad política. De los faisanes ni hablamos aunque haya quien justifique el chivatazo por la tan noble causa del proceso de paz. Mejor la paz, dicen, que un etarra detenido. Curioso mensaje que tiene a la cúpula policial de Rubalcaba con un pie en el banquillo.
Estamos en la nadería más absoluta a la espera de que el nuevo patrón del PSOE, de gira por España, convoque elecciones, y dibujando paridas como forma de entretenimiento.
La paridad nos lleva a la risa. A no conceder un premio nacional porque en el jurado hay más hombres que mujeres o la insistencia en que la cuota tiene que estar por encima de la preparación o del talento. Estoy contra cualquier tipo de cuota y de que el Estado controle mi vida y mis decisiones.
Si hablamos de tráfico, nos dejan en este fin de ciclo otra perla. Las imprudencias tendrán pena de cárcel. ¿Se han dado cuenta de que somos personas y no máquinas de precisión?
¿Y qué decir del uso de la corbata en el Congreso? Sus señorías y señoríos, por aquello de los géneros y la estupidez, tienen tiempo para estas memeces. Les ayudo un poco. Yo cada día cuando me levanto en función de adónde voy y con quién tengo que relacionarme ya sé cómo debo ir vestido. Ir a un colegio de pago tiene estas cosas. Le sugiero al ministro que si tiene calor se quite la corbata, la chaqueta y sustituya la camisa por una camiseta blanca de tirantes. Lo siento por el señor Bono, que tendrá que permitir indumentarias similares a ujieres, invitados y visitantes