Salgado no quiso valorar ayer si el anuncio de Zapatero de no presentarse en las próximas elecciones generales tendría efectos positivos sobre la economía. Tan sólo señaló que «lo que valoran los mercados es la determinación de continuar las reformas que la economía necesita».
El Ministerio de Economía reconoció en la nota de prensa que facilitó en la presentación de la nueva revisión del cuadro macroeconómico por parte de la vicepresidenta, que la recuperación seguirá «amortiguada» por el impacto de las medidas de consolidación fiscal. Es decir, las actuaciones para reducir el elevado déficit, como la subida de impuestos, la reducción y congelación de nóminas públicas y de pensiones, así como el fuerte tijeretazo a la inversión pública, van a impedir que la economía tire y se genere empleo. Esto significa, que la economía va a crecer menos, que aumentará más el paro y que la creación de un 0,2% de empleo, una décima menos de la cifra prevista hace seis meses (sólo 35.000 frente a los 44.000 previstos), es meramente testimonial.
La vicepresidenta intentó desdramatizar la situación del paro pese a que, de nuevo, modificó al alza sus previsiones. Hace un año, cuando presentó el techo de gasto con que su departamento elaboró después los Presupuestos Generales, estimó una tasa media (en los cuatro trimestres) del 18,9%. Cuando presentó los Presupuestos en octubre, elevó la tasa al 19,3%. Y ayer llegó al 19,8%, cinco décimas más.
Salgado descartó que la cifra de parados alcance este año los cinco millones. «La previsión es que no se va a llegar a esto», dijo, aunque reconoció que el número máximo se alcanzará en este primer trimestre.
Según los cálculos realizados, ante el repunte del paro esperado es muy probable que el desempleo se acerque a los 4,9 millones en este primer trimestre. Dependerá del crecimiento de la población activa.
La vicepresidenta argumentó que las nuevas estimaciones de paro «son más realistas». Sin embargo, no prevé mejora alguna ya que para 2012 elevó la estimación de hace seis meses del 17,5% al 18,5%, un punto más. Y la del 2013 pasa del 16,2% inicial al 17,3%. En materia de empleo, además de reducir la previsión para 2011 (en una décima), Salgado también bajó las de 2012 y 2013 (en dos décimas).
Todo esto es consecuencia de que el Gobierno ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento económico para 2012 y 2013. Sin embargo, a un mes de las elecciones locales y autonómicas, mantiene sorprendentemente el PIB previsto para 2011 del 1,3% frente a los cálculos de la mitad de los organismos internacionales e incluso del Banco de España. Salgado recordó a la entidad que preside Miguel Ángel Fernández Ordóñez que el Ministerio de Economía ha acertado más en sus estimaciones de crecimiento.
Sin embargo, la previsión de Salgado para 2011 ofrece muchas dudas. En realidad, para mantener el mismo crecimiento, ha realizado una operación de estética contable. Es decir, ha encajado las perspectivas de los componentes del PIB para que le salga un 1,3%.
Así, confía en que las exportaciones, como consecuencia de que los demás países ya han salido de la crisis, crezcan a tasas del 8,3% frente al 6,4% estimado en octubre (casi dos puntos más). También reduce en una décima las importaciones.
De aquí, que el saldo exterior neto (la demanda externa) aportaría al crecimiento de la economía ese 1,3% previsto (cuatro décimas más de la estimación inicial), ya que la demanda interna entraría en encefalograma plano. Su crecimiento sería nulo.
Según Salgado, «el consumo crecerá menos de lo previsto debido a la caída de la tasa de ahorro». En realidad, se está produciendo otro nuevo fenómeno: ante la subida de impuestos, la desaceleración de los sueldos y la falta de expectativas de empleo, los ciudadanos están rompiendo la hucha para poder aguantar la situación. Así, la ministra reduce a la mitad el crecimiento del consumo previsto de los hogares para 2011, del 1,8% a sólo el 0,9%. El consumo final del conjunto del Estado pasa del 0,9% inicial al 0,4%, medio punto menos. Mientras, la estimación total de inversión seguirá siendo negativa (-1,3%).
Sin embargo, con este esquema de crecimiento cero de la demanda interna, el Gobierno mantiene sus previsiones de ingresos para bajar el déficit al 6% frente al 9,2% de 2010. No hay que olvidar que la mayor parte de la tajada recaudatoria es consecuencia del IRPF -alimentado casi es exclusiva por el empleo- y el IVA -sustanciado por el consumo-. También resulta poco creíble que, sin consumo ni inversión, vayan a crearse esos 34.000 empleos como vaticina Salgado.
La vicepresidenta aseguró que «haremos lo que esté en nuestra mano para mejorar todo». Pero en 2012, año de las próximas elecciones generales, también redujo las expectativas de crecimiento en dos décimas (hasta el 2,3%) y de tres décimas en 2013 (hasta el 2,7%).
Según Economía, el crecimiento se revisa a la baja para los próximos años «debido a que los tipos de interés son más elevados» y los precios de las materias primas «más altos». Esto se traduce en una disminución de la aportación de la demanda nacional al crecimiento en los próximos años «parcialmente compensada por una mejora de la evolución del sector exterior», reflejo de las ganancias de la competitividad que está experimentando la economía.
OORBYT.es
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de Vicente Lozano de las nuevas predicciones de Salgado.
AGUSTÍN YANEL / Madrid
Sólo el 18% cree que la economía mejorará en 2012
El 79,4% está en contra de ampliar la jubilación a los 67 años, según el CIS
Los españoles continúan siendo muy pesimistas respecto a la situación económica, a juzgar por la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Ni siquiera dos de cada 10 personas consultadas -el 18,8%- cree que la economía va a estar mejor dentro de un año, cuando José Luis Rodríguez Zapatero deje el Gobierno. El 42,7% opina que seguirá igual y el 31% afirma que va a empeorar.
Estos datos reflejan que ha aumentado algo el pesimismo respecto a la encuesta de febrero, porque hay más encuestados que vaticinan un empeoramiento en un año (en el mes anterior eran el 30,5%) y menos los que dicen que la situación va a mejorar (antes, el 20%).
La situación económica actual es «mala o muy mala» para el 79,5%, «regular» según el 18,5% y solamente el 1,7% la considera «buena o muy buena».
En concordancia con esa opinión, no es de extrañar que el paro sea, un mes más, el principal problema de España según la encuesta que el CIS realizó en marzo. La preocupación por el desempleo llegó en febrero al récord de la última década, el 83,9%. En un mes ha bajado dos punto, pero es lo más grave en opinión del 81,8%.
Le siguen como preocupación los problemas económicos (51,3%) y los partidos y la clase política, que continúan siendo considerados el tercer problema más importante de España según el 20,2%.
A pesar de ese pesimismo, el 74% de los encuestados ve «poco o nada probable» que vaya a perder su empleo -en febrero, el 76,1%-, frente al 18,1% que lo cree «bastante o muy probable».
De las personas consultadas por el CIS que se encuentran actualmente en paro, el 57,5% dice que es «poco o nada probable» que encuentre empleo en un año, mientras una de cada tres -el 34,5%- lo ve «bastante o muy probable».
El CIS también ha preguntado por la reforma de las pensiones que el Gobierno pactó en enero con la patronal y los sindicatos, y el rechazo a las mismas es muy mayoritario: el 79,9% la valora de manera negativa -sumando las cinco puntuaciones más bajas en una escala de 0 a 10- y sólo el 10,1% da una puntuación «positiva» a esos acuerdos.
Pero donde se muestran más en contra es al preguntar por la propuesta de ampliar de 65 a 67 años la edad de la jubilación: ocho de cada 10 encuestados -el 79,4%- está en contra y el 16,4% a favor.
Además, al 69,2% no le gusta que amplíen a 25 años el periodo de cotización para calcular la pensión, 10 años más que actualmente, frente al 21,5% que lo ve bien.
Por el contrario, los encuestados se muestran mayoritariamente de acuerdo con dos de las medidas acordadas en enero: al 81,4% le parece bien que se reconozcan nueve meses de cotización a las trabajadoras de baja por maternidad y el 75,8% aplaude que las prácticas de los becarios se computen como periodo cotizado hasta un máximo de dos años.
A pesar de esa opinión mayoritariamente negativa sobre la reforma de las pensiones, sólo el 15,3% dice que no era necesario llevarla a cabo ahora, porque el sistema vigente «no corre ningún peligro». El 20,5% cree que había que hacerla y que es mejor que haya sido mediante un acuerdo entre empresarios y sindicatos, y el 46,9% opina que lo pactado por ambas partes no va a resolver el problema y habrá que afrontarlo de nuevo.
Ante el rechazo mayoritario a la reforma de las pensiones que reflejan los datos de la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el diputado Gaspar Llamazares, portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, hizo ayer un llamamiento al Gobierno para que «escuche a los ciudadanos» y paralice «esa medida injusta» del retraso de la edad de jubilación, «por mucho que se la pidan los mercados, el Fondo Monetario Internacional o la Unión Europea», según informa la agencia Efe desde Toledo.
La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, también se refirió ayer a esta encuesta. En Puertollano (Ciudad Real), donde asistió a la presentación de la candidatura de su partido a la Alcaldía, criticó que el Gobierno haya tenido que elevar en cinco décimas su previsión del paro para este año, hasta el 19,8% -«siempre se equivoca en las previsiones», manifestó- y destacó el dato del CIS de que el desempleo es el problema más grave de España según el 81,8% de las personas consultadas.
ANÁLISIS
CARLOS SEGOVIA / Madrid
Corresponsal Económico
Los brotes negros
A punto de cumplir dos años desde que la propia vicepresidenta segunda, Elena Salgado, anunciara «brotes verdes», la economía española se encuentra en el peor momento de tasa de paro desde la llegada de la crisis. Todo apunta a que Salgado y José Manuel Campa -el otro secretario de Estado, Carlos Ocaña no apareció-, tuvieron que ofrecer ayer unas deprimentes previsiones para curarse en salud cuanto antes de los malos datos que se avecinan y no perturbar la campaña electoral. Sus datos son brotes negros de una siembra que no termina de llevar a la economía española a un crecimiento que genere empleo. Hasta el Gobierno, que es el más optimista, se ve obligado a revisar a la baja sus previsiones.
Tras lo de ayer, se puede apostar que la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de este año rozará ya los 4,9 millones de parados con una tasa espeluznante del 21,1% de la población activa. Salgado lo explica, porque la recuperación va animando a la gente a apuntarse al paro a ver si encuentra empleo, lo que engorda la estadística. Pero por esa razón, el paro real en los últimos meses habrá sido mucho mayor de lo oficial. Además, la esperanza no vuelve, según el CIS y las propias previsiones económicas del Gobierno. La revisión de ayer implica 100.000 parados más de lo previsto en este año.
Entre líneas, Salgado dio a entender que así ve la situación: España crecerá menos de lo previsto a medio plazo por culpa de otros, como la subida de materias primas y la decisión de Trichet de elevar los tipos de interés; Portugal será rescatada sin que nos afecte, porque los mercados han valorado que Zapatero va a agotar su mandato haciendo reformas sin que haga falta forzar más a los sindicatos; y todo va encauzado, salvo en Cataluña, cuyo Govern genera irresponsablemente desconfianza en los mercados.
Sobre Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que no se cree las previsiones oficiales, Salgado subrayó sin piedad que el gobernador ya se equivocó en 2010; y reivindicó que «desde 2009» las previsiones que se cumplen son las de ella. Lo malo es que las suyas, que son las más optimistas, son de echarse temblar.
VIRGINIA LÓPEZ / Lisboa
Especial para EL MUNDO
Portugal pide el rescate a la UE
El primer ministro en funciones, José Sócrates, anuncia que solicitará la ayuda después de que los bancos amenazasen con no comprar más deuda soberana

Portugal no ha podido resistir más a las presiones -de los mercados financieros, de los bancos portugueses, y de la oposición- y ha terminado rindiéndose al rescate, una probabilidad cada vez más elevada durante las últimas semanas. Anoche, el primer ministro dimisionario, José Sócrates, comparecía ante los portugueses para explicar las razones por las que al final acabará recurriendo a la ayuda externa, a pesar de haber tratado de evitarla durante los últimos meses.
Ante esta confirmación oficial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmó anoche que está dispuesto a ayudar financieramente a Portugal, mientras que el presidente de la Comisión Europea, el también portugués José Manuel Durão Barroso, dijo que responderá «lo más rápidamente posible».
«El rechazo del PEC (Plan de Estabilidad y Crecimiento), que había conseguido el apoyo de las instituciones europeas, es la señal más errada que el país podía dar a los mercados financieros y a las instituciones internacionales». José Sócrates culpaba así de tener que rendirse a la ayuda al principal partido de la oposición, el Partido Socialdemócrata, que el pasado 23 de marzo decidió rechazar el cuarto plan de ajuste con el que Lisboa quería garantizar la reducción del déficit público al 4,6% este año. El voto en contra de toda la oposición en el Parlamento forzó la dimisión del primer ministro y abrió una crisis política que, según el ministro de Finanzas luso, Fernando Teixeira dos Santos, ha «perjudicado irremediablemente» a la financiación de Portugal.
«Los portugueses han sido testigos de que durante estas dos semanas, el rating de Portugal, de los bancos y de las empresas más importantes, ha bajado abruptamente hasta niveles muy peligrosos», argumentó el primer ministro luso, afirmando que ésta es la situación que ha tratado de evitar a lo largo de todo este último año. Para ello, ha recurrido sucesivamente a la financiación a través de los mercados, a pesar de la subida cada vez más acentuada de los intereses sobre la deuda soberana y cuando había cada vez más voces, dentro y fuera de Portugal, que defendían que era más prudente aceptar la ayuda antes que seguir pagando intereses tan elevados.
Es la opinión del líder de la oposición, el socialdemócrata Pedro Passos Coelho, quien anoche se congratulaba con el anuncio hecho por Sócrates en relación a la ayuda, de la que dijo que, aunque «tardía», servirá para dar garantías de que la financiación para la economía portuguesa, para los bancos y para el Estado se procesa en condiciones de seguridad», ya que, según el conservador, «no se podía dejar al país durante más tiempo en la desesperación por puro orgullo político».
Ayer, el Tesoro portugués subastó 1.000 millones de euros en deuda a corto plazo, por los que tuvo que pagar unos intereses mucho más elevados que hace un mes. «Una señal clara de la creciente dificultad para acceder en condiciones de normalidad a la financiación en los mercados», en palabras del propio José Sócrates, que afirmó que «no tomar la decisión de recurrir a la ayuda traería riesgos que el país no debe correr».
Por su parte, el presidente de la Asociación Portuguesa de Bancos (APB), António de Sousa, anunciaba ayer que las instituciones bancarias del país habían alcanzado un «límite que no podían superar» porque significaría «cortar totalmente la financiación a la economía, a través de familias y pequeñas y medianas empresas», lo que sería «mucho más perjudicial» a largo plazo.
Por ello, los bancos, que ayer volvieron a ver recortado su rating por la agencia de calificación crediticia Moody's -dejándolos a un nivel del bono basura- decidieron no prestar más dinero al Estado e instaron al ejecutivo de Lisboa a solicitar a Bruselas un préstamo con carácter de urgencia con el que poder hacer frente a los reembolsos más urgentes. Los propios bancos estiman el importe de la ayuda en, al menos, 15.000 millones de euros.
Entre los meses de abril y junio Portugal tiene que devolver cerca de 9.000 millones. Al aceptar la ayuda, Portugal se convierte en el tercer país de la Unión Europea, tras Grecia y Portugal, en pedir el rescate. Hace algunas semanas, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, valoró las necesidades de financiación de Portugal en 75.000 millones de euros.
MARÍA RAMÍREZ / Bruselas
Corresponsal
La presión de los dos vecinos doblega la resistencia lusa
España y Francia rechazaron concederle préstamos bilaterales más flexibles
Hace dos semanas, José Sócrates defendía con ferocidad en Bruselas que tenía «dignidad» y «dinero» y no pediría ayuda exterior, pero Portugal se convirtió ayer en el tercer país de la zona euro en solicitar el rescate en menos de un año.
Los ministros de Economía de la UE discutirán mañana en Budapest las condiciones y el calendario de los préstamos, que dependerán de un nuevo recorte de gastos para Portugal. En un intento de evitar la humillación, el Gobierno luso había lanzado una propuesta de petición de préstamos bilaterales a sus socios para conseguir crédito a corto plazo, por una cantidad pequeña y con menos condiciones que las del fondo de rescate de la zona euro. Pero Francia, España y la Comisión Europea, entre otros, dejaron claro ayer que ésa no era la vía.
«No hay posibilidad en este momento de hacer ningún préstamo bilateral», dijo, rotunda, la vicepresidenta Elena Salgado. «Es el fondo de rescate o la catástrofe», explicaba también un diplomático francés. «No creo que nadie quiera dar préstamos con menos condiciones cuando existe un fondo para esto…sería un precedente peligroso», comentaba otro representante británico.
Ante la claudicación de Sócrates, el comisario de Economía, Olli Rehn, felicitó al Gobierno portugués por la decisión «responsable» de pedir ayuda. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, portugués y del partido conservador que ha derribado al primer ministro socialista, confirmó anoche la recepción de la petición de ayuda de manera formal. Barroso prometió rapidez y dijo tener «confianza en la capacidad de Portugal de superar sus actuales dificultades con la solidaridad de sus socios».
En el fondo de rescate, participan los socios del euro, la Comisión y el Fondo Monetario Internacional. Portugal no podrá beneficiarse ahora de las condiciones más suaves que se deberían aprobar en junio para que el fondo preste a un tipo de interés más bajo y pueda utilizar su dinero para comprar deuda del Estado en apuros, una opción menos dramática. Finlandia, que celebra elecciones el 17 de abril, ha retrasado los cambios, que, además, deben ser aprobados por los parlamentos de la moneda única antes de entrar en vigor.
La Comisión insiste en que los préstamos deben encauzarse por el fondo existente que obliga a «un programa de ajuste económico». Lo tendrá que negociar el Gobierno portugués en funciones, que cayó tras el rechazo de los recortes impuestos por Bruselas.
Portugal ha intentando seguir financiándose con tipos de interés superiores a los de Irlanda o Grecia cuando fueron rescatados. Pero el rescate se daba por descontado desde hace meses. En el Consejo Europeo de hace dos semanas, Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, incluso le puso un precio: 75.000 millones de euros. Eso es lo que costaría sacar a Portugal del mercado durante tres años, aunque 15.000 bastarían para las necesidades más urgentes hasta el verano.
JAVIER G. GALLEGO / Madrid
El BCE subirá los tipos en plena crisis de deuda
La decisión de Trichet encarecerá aún más la financiación de los países de la Eurozona
Portugal apuró hasta la última subasta de deuda para reconocer oficialmente que necesita pedir ayuda a sus socios europeos y el FMI. Curiosamente lo hizo durante el único día de las últimas 12 sesiones en el que el mercado dio un respiro a la deuda del país, con una caída de más de 28 puntos en la prima de riesgo. Tal reacción tuvo lugar después de llevar a cabo una exitosa (aunque extremadamente cara) emisión de letras con la que consiguió obtener 1.000 millones de euros.
La demanda de títulos en la subasta que llevó a cabo ayer Portugal -2,4 veces la cantidad ofertada- fue interpretada por el mercado como una buena señal. La reacción de los inversores fue rápida y contundente: la prima de riesgo de Portugal cayó con fuerza hasta los 509 puntos y lo mismo ocurrió con el rendimiento de la deuda soberana en los principales tramos de vencimiento: el bono a cinco años se alejó, al menos de momento, del 10% de rentabilidad que exigía el mercado el martes.
Sin embargo, la petición de deuda puede ser una señal engañosa dependiendo de quién proceda. La banca del país -hasta ahora el principal apoyo para garantizar al Tesoro sus colocaciones- amenazó con no comprar más papel público y, en cierto modo, se convirtió en el principal causa de este desenlace. No obstante, ante esta señal de alarma, fuentes citadas por Bloomberg apuntaban ayer que el fondo de pensiones del país habría vendido parte de su cartera invertida en bonos públicos de otros estados para comprar deuda portuguesa. Esta noticia fue desmentida después por el Ejecutivo luso.
Ahora parece que esta medida de urgencia no va a ser necesaria. Si finalmente Portugal solicita el rescate, recibirá un préstamo lo suficientemente cuantioso como para hacer frente a sus vencimientos más inmediatos, que superan los 16.000 millones de euros en lo que queda de año.
Aunque esto no garantiza que el coste de endeudamiento del país vaya a relajarse. Los dos precedentes que se conocen -Grecia e Irlanda- no han sido capaces de reducir la presión sobre su deuda en el mercado secundario y sus bonos a 10 años cotizan todavía por encima del 12% y del 9%.
Si se tiene en cuenta estas dos experiencias previas, es previsible que las Bolsas europeas abran con pérdidas en la sesión de hoy. Tras el rescate a Grecia, el Ibex cedió un 0,6% en la sesión siguiente. En el caso irlandés, la caída del selectivo superó el 2,6%.
Además, el mercado tiene mañana otro examen crucial que sin duda marcará el ritmo de la renta fija y la renta variable europea. Porque la situación puede empeorarse todavía más si el Banco Central Europeo (BCE) decide en su reunión de este mediodía continuar con su política restrictiva e insinúa una nueva subida de tipos.
En realidad lo que importa no es tanto si Trichet encarece hoy el precio del dinero. Eso ya está anticipado por el mercado, como muestra, por ejemplo, la evolución del Euribor o del bono alemán. Lo verdaderamente importante es si el BCE elevará los tipos oficiales más allá de los 25 puntos básicos que se esperan para hoy.
En ese caso el Euribor podría terminar por encima del 3% en 2011, y, según Daniel Pingarrón, estratega de IG Markets, «el lastre para la economía española (la que tiene un mayor número de hipotecas concedidas a tipo variable) sería evidente». «Además, esto no está descontado en absoluto por la prima de riesgo de la deuda ni por las Bolsas, especialmente por los bancos».
Precisamente la banca española tendrá que lidiar ahora con una incertidumbre añadida: la que generan los más de 70.000 millones de euros que tienen prestados a Portugal, tanto a su sector privado como público, según datos del Banco Internacional de Pagos. Esta cifra convierte a España en el país con mayor exposición a la economía lusa. Sólo en bonos del Tesoro las entidades españolas tienen cerca de 6.500 millones en sus balances.
JOHN MÜLLER
La banca nunca pierde
Si a alguien le cabía alguna duda de que la banca es la que siempre tiene la sartén por el mango en un país, el episodio vivido ayer en Portugal debería permitirle sacar importantes lecciones. Es verdad que el primer ministro en funciones, José Sócrates, se había fijado un objetivo imposible: prometió que haría todo lo que estuviera a su alcance para que Portugal no pidiera ayuda externa.
Ése es el típico desafío autoimpuesto que le encanta a los especuladores. A veces es fruto de un exceso de testosterona o de un subidón patriótico, pero les viene como anillo al dedo a los más listos del mercado. Una promesa así es como decir «no voy a devaluar» o «no voy a adoptar nunca una medida que lesione los derechos sociales de los trabajadores». Comporta la existencia de una postura rígida, la que se convierte en un muro contra el que los mercados te fusilan a gusto. Y se llevan tu dinero, es decir, el de los ciudadanos.
Sócrates está en funciones desde el 23 de marzo, cuando la oposición se negó a convalidar su cuarto plan de ajuste. El presidente, Anibal Cavaco Silva, ha convocado elecciones para el 5 de junio. El primer ministro había convertido la petición de rescate en una línea roja que no quería atravesar. De hecho, todo el mundo da por hecho que Portugal acudirá al Fondo Europeo de Estabilización Financiera en julio o agosto después de que se forme un nuevo Gobierno.
Pero hasta que llegue ese momento, el país necesita financiación. Sólo hasta junio tiene que abonar vencimientos de deuda por 9.500 millones. Ayer, el Tesoro colocó 1.005 millones en letras a 18 meses y tuvo que pagar unos intereses de hasta el 5,9%, tasas que se sitúan levemente por encima de los tipos que tendría que pagar al FMI. De hecho, la jornada de ayer no fue la peor, ya que el diferencial con el bono alemán bajó de los 590 a los 509 puntos.
Pero lo que sí fue un hecho diferencial ayer fue el plante de la banca local que informó al gobernador del Banco de Portugal, Carlos Costa, de que no seguirán comprando más deuda pública de su país porque ya están demasiado expuestos a ella. La banca portuguesa se vio muy perjudicada por una masiva bajada de sus rating por parte de las agencias de calificación.
Lo que Portugal necesita ahora es un crédito puente que le permita superar sus compromisos durante estas semanas. El problema es que Bruselas no tiene un mecanismo suficientemente flexible para atender a esos requerimientos. El portavoz de la Comisión Europea recordó que no pueden facilitar financiación a corto plazo a nadie. Ayer se hablaba de la posibilidad de que sus socios del euro le hicieran préstamos bilaterales, eventualidad que Elena Salgado descartó en el caso español. Hoy, probablemente se despejen las dudas al respecto.
La situación es complicada porque Sócrates ha ido muy lejos en su afán de no dejarse comer terreno por una izquierda que no quiere reconocer la ruina del Estado y que se niega a convalidar cualquier plan de ajuste desarrollado con seriedad.
john.muller@elmundo.es