EDITORIALES: Después de las declaraciones de los 'tedax', las víctimas confían en reabrir el juicio del 11-M
Después de las declaraciones de los 'tedax'
Las víctimas confían en reabrir el juicio del 11-M

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Japón o cómo la Naturaleza nos aplasta
No es todavía posible hacer un balance de las víctimas del tsunami, pero todo indica que podría haber causado miles de muertos que fueron arrastrados por la fuerza imparable de esas gigantescas olas. Una extensa zona de la isla de Honshu, la principal del archipielago japonés, quedó dañada por el desastre: carreteras destruidas, edificios hundidos, incendios y redes eléctricas y de telecomunicaciones seriamente dañadas. En Tokio, a casi 400 kilómetros de Sendai, se vivieron también escenas de pánico y el seísmo, de una magnitud de 8,9 puntos según la escala de Richter, dejó sin suministro eléctrico a cuatro millones de hogares y obligó a paralizar los transportes públicos y a cerrar sus dos aeropuertos, algo sin precedentes.
Si todavía no es posible calcular las víctimas humanas, tampoco ha habido tiempo suficiente para evaluar el coste económico de la destrucción, que puede resultar astronómico, ya que estamos hablando de una de las mayores catástrofes naturales en los últimos 100 años.
Japón es un país con infraestructuras preparadas para resistir terremotos, lo que hasta ahora había servido para minimizar los daños. Pero lo que vimos ayer es la devastación en estado puro, resultado de una combinación imparable de las fuerzas naturales del mar y la tierra. Ninguna acción humana podría haber detenido esa gigantesca ola que se llevaba, según mostraron las imágenes de televisión, un gran barco atracado en Sendai como si fuera una pluma.
El tsunami en el Océano Índico de 2004 fue también espantoso, ya que perecieron casi 200.000 personas. Pero como se trataba de zonas subdesarrolladas, había pocas imágenes grabadas, simples fragmentos de la tragedia, que tardaron días en ser difundidas por los medios de comunicación. Ayer pudimos ver en tiempo real cómo el agua arrasaba una aldea, escenas de incendios y destrucción e imágenes que nunca habían sido contempladas por el ser humano, que parecían mucho más una película de ficción que la realidad.
Pero la lección más terrible de lo sucedido es que nada se podía haber hecho con anterioridad para paliar las consecuencias de este desastre, que demuestra que no existen medios materiales ni tecnología para contener a la Naturaleza cuando se desborda.
Japón es el país más industrializado del mundo, con inmensos recursos técnicos y humanos, con unas infraestructuras envidiables y una renta per cápita muy superior a la de España, pero nada de ello ha servido para amortiguar las consecuencias de un desastre que ha arrasado la mayor de sus islas, cuyo aspecto recordaba ayer el de sus ciudades devastadas por la Segunda Guerra Mundial.
Todo ello refrenda la fragilidad de la vida humana en un planeta a merced de catástrofes que son imposibles de prever y que pueden causar daños a una escala todavía mayor de lo que hemos presenciado en Sendai. No deja de resultar una paradoja que esa gran aldea global unida por internet que es hoy nuestro mundo pueda verse amenazada por fuerzas tan primarias como las de la tierra y el mar, que son capaces de acabar con la más sólida construcción humana. La tragedia de Japón es, entre otras cosas, una plasmación de la fragilidad de nuestro mundo.



















