EDITORIALES: Esperanzas e incertidumbres para Egipto

Esperanzas e incertidumbres para Egipto
Todo indica que Mubarak se salió del guión pactado con el ejército en el discurso en el que anunciaba que cedía parte de sus poderes al vicepresidente Omar Suleimán, pero que continuaba en su cargo para pilotar la transición.
La población egipcia reaccionó con indignación, viendo en la negativa de Mubarak a dimitir un gesto para seguir dirigiendo el país desde la sombra. Ayer el ejército le obligó a dejar el cargo, en lo que podría ser considerado como un golpe de Estado blando, acogido con euforia por el pueblo que espera que los militares cumplan su promesa de convocar elecciones.
Nadie podía haber previsto este desenlace hace 18 días cuando comenzaron las manifestaciones en la plaza Tahrir para protestar por la carestía de los alimentos. Lo que era en principio una expresión espontánea de malestar popular se convirtió en un movimiento nacional contra Mubarak.
Igual había sucedido hace menos de un mes en Túnez cuando el general Ben Ali tuvo que dimitir tras 24 años en el poder como consecuencia de otra revuelta popular muy semejante. En ambos casos, lo que se ha producido es una revolución de carácter laico, en la que los ciudadanos han salido a la calle para pedir elecciones, libertad y democracia. Ni en Egipto ni en Túnez los elementos islamistas han jugado un papel importante en unas revueltas que les han desbordado.
Lo sucedido pone en evidencia el error de muchos ideólogos como los neocons estadounidenses, que habían previsto que el cambio en estos países vendría de la mano de una revolución religiosa, como aconteció en Irán con la caída del Sha a finales de los años 70.
El gran interrogante es qué va a pasar ahora en Egipto con los militares en el Gobierno. ¿Cumplirán su promesa de convocar elecciones? ¿Asumirán que lo mejor que pueden hacer es transferir el poder cuanto antes al vencedor de unas elecciones limpias?
No está del todo claro, aunque parece que la enorme presión popular les va a obligar a ello. Nadie entendería que millones de egipcios hubieran salido a la calle para remplazar al rais por una dictadura militar.
EEUU, principal aliado político, ha jugado un importante papel en la salida de Mubarak, al que al final ha empujado hacia la caída ante la magnitud de la repulsa que suscitaba. Obama va a presionar ahora al Ejército egipcio para la convocatoria de unas elecciones cuyo resultado, por otro lado, es una gran incógnita.
El único partido organizado y con implantación nacional son los Hermanos Musulmanes, que se han visto totalmente sobrepasados por las movilizaciones. Puede que una figura moderada como El Baradei pudiera atraer el voto de un amplio sector de la población, que quiere estabilidad y democracia. En cualquier caso, hemos asistido estos días a un cambio histórico que necesariamente ejercerá una influencia en los países de la zona, donde podrían repetirse experiencias similares. Argelia, donde hay convocada para hoy una gran manifestación de protesta, es un polvorín que puede explotar en cualquier momento. Egipto se ha convertido en una esperanza para muchos ciudadanos árabes que quieren la misma libertad de la que disfruta Occidente.
El fiscal del Gobierno le pide 41.000 euros por un «delito continuado de cohecho»
EL ESCRITO de acusación de la Fiscalía Anticorrupción del Gobierno socialista contra Francisco Camps, Ricardo Costa y otros dos ex altos cargos es un salto cualitativo en la causa que instruye el juez Flors, en la que el presidente valenciano tiene todas las posibilidades de acabar sentado en el banquillo. El fiscal del Gobierno socialista pide para Camps una multa de 41.250 euros por un «delito continuado de cohecho» al aceptar entre 2005 y 2008 doce trajes, según el fiscal del Gobierno, cuatro americanas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas por un valor total de 14.000 euros. Si esto quedara acreditado, estaríamos ya ante una cantidad muy superior a los usos sociales del regalo. Tanto el presidente como el resto de los acusados «aceptaron esos regalos sabedores de que les eran entregados en reiterada consideración al cargo público que ejercían y desde el que podían tomar decisiones o desplegar su personal influencia», según el escrito del fiscal del Gobierno socialista. Pero no es el aspecto cuantitativo el que aquí importa, sino el cualitativo. El proceso judicial sigue su curso y resulta casi impensable que Rajoy y la dirección nacional del PP vayan a designar a un candidato a la Generalitat valenciana que va a ir a juicio acusado de cohecho. En este sentido, el propio Camps debiera ahorrar a su comunidad y a su partido el bochorno que supone tener que sentarse en el banquillo como presidente. Él mismo debería renunciar a presentarse a las elecciones de mayo, y si en el juicio resultara absuelto, bien podría ser recuperado para la vida política con su honorabilidad restituida.
Blesa y su equipo pretenden imitar a los socialistas de Caixa Catalunya
DESDE 2006 hasta 2010 el beneficio de Caja Madrid ha pasado de 1.062 a 256 millones de euros. Es decir, ha caído un 75%. Por esta inefable gestión, Miguel Blesa y nueve directivos tienen derecho a un bonus de 25 millones de euros gracias a un programa de fidelización firmado en enero de 2007, como anticipó ayer Expansión. Se trata de un complicado plan de incentivos ligado a los beneficios por el que la caja tenía que desembolsar cada cuatrienio una cantidad que los selectos ejecutivos irían cobrando al cumplir 65 años. Los 25 millones son la primera parte de esos compromisos que la nueva dirección de Caja Madrid -encabezada por Rodrigo Rato- se ha visto obligada a adquirir, aunque todavía no los haya desembolsado. Lo sorprendente es que Blesa y sus nueve compinches tengan la desfachatez de reclamarlos. Porque aquel equipo dejó la caja en una situación tan ruinosa que la única salida de Rato para sanearla ha sido una fusión fría. Una operación que, con todo, ha formado el grupo con la mayor exposición al sector inmobiliario del sistema financiero y uno de los pocos que no alcanza el ratio del 8% del capital. Todo ello después de haber recibido 4.465 millones de dinero público a través del FROB. Rato propondrá al consejo la supresión en el futuro de este bonus indecente. Y con buen criterio ha decidido no hacer frente al pago de los 25 millones debidos hasta que Caja Madrid devuelva al FROB el dinero prestado. Pero lo lógico sería que los ex directivos renunciaran a cobrar.





















