SOCIEDAD y chismorreos en el Discurso de Investidura

Del talante a la flema
Fue Alfonso Guerra quien dijo que después de gobernar el PSOE, a España no la conocería «ni la madre que la parió». Eso mismo puede decirse ya del nuevo Congreso, del nuevo debate político y del nuevo presidente. Ni sombra de la chispeante y creativa etapa política de los últimos siete años. Se acabaron los conejos de la chistera, los anuncios en luces de neón, las réplicas interminables de un presidente que se crecía en la refriega parlamentaria. Lo que va de Zapatero a Rajoy se resume en que el primero respondía a cada portavoz en hora y media, mientras que el segundo los despacha en 15 minutos. El diputado del PP Eugenio Nasarre decía con intención que los diputados echarán de menos las largas lecciones de secundaria de Zapatero, que hoy ya dormirá en su nueva casa, una vez que Rajoy sea elegido presidente.El estilo Rajoy se impone en las formas y en el fondo, en el intercambio dialéctico, en la tribuna -su mujer Elvira Fernández asistió a la sesión flanqueada por Aguirre y Cospedal-, en los pasillos y en el silencio de sus ministrables. Ni siquiera se atrevieron a salir al pasillo para no encontrarse con los incómodos periodistas. Y los que salieron cruzaron la alfombra como una exhalación. Alberto Ruiz-Gallardón,Miguel Arias, Esteban González Pons, Soraya Sáenzde Santamaría, JoséManuel Soria, Ana Pastor, Cristóbal Montoro. Todos ellos y el resto de los que aspiran a un ministerio se ataron al escaño durante la mayor parte de la sesión. Rajoy ha logrado algo que todos los presidentes anteriores quisieron conseguir y nunca pudieron: cortar de raíz las filtraciones de los nombres de sus ministros.
El debate de investidura de Rajoy fue de los más tranquilos que se recuerdan. De guante blanco, suelen decir los cronistas. Ni siquiera Rubalcaba le puso en aprietos. La intervención del portavoz socialista -que improvisó en la tribuna- fue de oposición constructiva. El PSOE está actualmente en otras cosas. Algunos invitados significativos, como los embajadores francés y estadounidense y muchos presidentes autonómicos del PP. Entre ellos, Alberto Fabra, Luisa Fernanda Rudi y José Antonio Monago.





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