FIRMAS: CG Abadillo, A.Romero, C G-Abadillo, J Müller, R Rivero, R del Pozo, A Lucas, M Hidalgo

La reforma laboral, urgencia y cálculo
La reforma laboral que Mariano Rajoy ha encargado a Fátima Báñez, la nueva ministra de Empleo, debería estar presidida por una doble urgencia: la moral, que plantean los cinco millones de parados, y la de los mercados, que si no perciben que España aborda con seriedad su principal lacra nos dejarán secos.
Ahí, como en la efectividad de las medidas que anuncie hoy, el Gobierno se juega su crédito porque falta todo un largo invierno hasta las elecciones andaluzas, y como los mercados presientan que el cálculo político de Javier Arenas supedita las decisiones, Rajoy estrenará el marcapasos de la prima de riesgo.
Hay una gran similitud entre los dos mercados que no funcionan en España: el inmobiliario y el laboral. En ambos hay fuerzas que bloquean su libre desenvolvimiento. En uno son los intereses de la banca los que impiden una bajada del precio de los inmuebles. En el otro, es el combinado patronal/sindicatos el que protege un nivel salarial que, junto con mecanismos como la prestación de desempleo, impiden un ajuste eficaz del mercado del trabajo. La ineficacia se mide en millones de parados.
Este es el nudo gordiano que Báñez debe romper. No es poco desafío para la más joven de las ministras de Rajoy porque el establishment se revuelve contra los cambios. Sobre todo cuando se habla de modificar la negociación colectiva, un resabio del franquismo donde lo que dos pactan obliga a un tercero inocente. A la CEOE este asunto no le entusiasma porque miles de personas de su órbita viven de ella. Y a los sindicatos, lo mismo.
Se retuercen los argumentos por miedo a la libertad. Un prestigioso abogado laboralista soltaba en un diario esta perla contra la reforma de la negociación: «…[Hay empresas] que prefieren contar con un marco general de regulación que no reduzca la sana competencia a una lucha sin cuartel en el precio del factor trabajo...». ¿Lucha sin cuartel? No vaya a suceder que el mercado ponga a cada uno en su sitio y los trabajadores más demandados logren mejores sueldos.
El alcance de la reforma de la negociación colectiva que Rajoy desea lo definió con precisión en su discurso de investidura: «(…) que cada materia se negocie en un ámbito territorial o sectorial óptimo para asegurar la competitividad económica y la sostenibilidad del empleo». Ni más ni menos. Pero esto supone debilitar el mango de la sartén por donde patronal y sindicatos cogen el mercado laboral. El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, conoce bien la fortaleza de la coalición de intereses que blinda la negociación colectiva. En 2001, él y Juan Chozas, el secretario general de Empleo de la época de Aznar, plantearon una reforma de este mecanismo que la patronal tumbó.
La CEOE, CCOO y UGT ya han demostrado que son incapaces de acordar su modificación. Es verdad que Zapatero y sus ministros dejaban que la negociación divagara, dilataban los plazos y, al final, legislaban con agujeros, mientras que con Rajoy los agentes sociales deben hablar sobre cuestiones concretas. El 30 de noviembre les emplazó a llegar a acuerdos en seis aspectos: negociación colectiva, contratación, absentismo, solución extrajudicial de conflictos, empresas de trabajo temporal y formación. Estos días, Báñez les ha sorprendido yendo hasta la sede de CEOE, CCOO y UGT. Un gesto inédito en una ministra del ramo que demuestra que no piensa aguardar pasivamente en su despacho.
Es probable que la patronal y los sindicatos consigan acuerdos en algunas materias. Pero en otras no lo lograrán. Y ahí, Báñez, que quiere llevar las cosas con consenso y espíritu constructivo, tendrá que proponer una reforma.
La reforma no tendrá nada que no esté en el programa electoral o en las 71 enmiendas que presentó el PP a la reforma de Zapatero y ahí no están los minijobs ni el contrato único. Sin embargo, sí están reformas profundas que tocan enclaves superprotegidos por el Estatuto de los Trabajadores, como la negociación colectiva, el derecho de huelga o la multiplicidad de contratos.
Nadie entendería que cuando acabe la primera quincena de enero no esté bien planteada la reforma laboral. España no se merece otra cosa. Descartes decía que «dos cosas contribuyen a avanzar: ir más deprisa que los otros e ir por el buen camino».
john.muller@elmundo.es
Vuelta a Cartagena
Cartagena de Indias, la ciudad más española del mundo, una joya caribeña con el mismo sabor gaditano que Manila, La Habana o San Juan de Puerto Rico, epitomiza en su renacer el futuro de Colombia en particular y de Latinoamérica en general.
Lo que puede ser una nación cuando sus dirigentes -políticos, económicos, sociales- se deciden a «hacer país», como no para de repetir Patricia Ardila, la activa mujer de Carlos Julio Ardila, uno de los mayores empresarios de Colombia.
Regresé a Cartagena este mes de diciembre tras nueve años de ausencia. El cambio físico es notable: los comercios, los hoteles-boutique, las galerías de arte (como la de Nora Haimeh, otra colombiana que ha decidido «hacer país»).
Los datos están ahí. Entre 2002 y 2011, las exportaciones colombianas pasaron de 11.000 millones de dólares a 50.000. La inversión extranjera directa, de 2.300 a 13.000. El Economist Intelligence Unit ha acuñado un nuevo término: los CIVETS, las nuevas potencias emergentes después de los BRICS: Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica.
La política de Álvaro Uribe de acoso total y absoluto a la guerrilla ha dado sus frutos. Ahora debe seguirle Juan Manuel Santos, el hombre que sueña con pasar a la Historia por ser un estadista a la altura de su tío abuelo, Enrique Santos (al mismo tiempo abuelo del periodista Pacho Santos, vicepresidente de Uribe durante estos años de milagro colombiano).
Por no hablar de Brasil, que en los últimos ocho años ha sacado de la pobreza a 40 millones de personas, casi España entera.
Luego están, desgraciadamente, los vecinos que han decidido «cargarse al país». Por ejemplo, la Venezuela de Hugo Chávez, que este año se enfrenta a su prueba (electoral) más dura desde su llegada en 1999.
Y los otros afectados por el mismo veneno populista: Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, donde los líderes acosan sin rubor a la prensa libre. Los hay que comparan a las clases dirigentes latinoamericanas del siglo XXI con la aristocracia europea del XIX: para que éste sea el siglo de Latinoamérica (además de la década) es imprescindible que sus líderes emulen al matrimonio Ardila de Colombia.
¿Ayudará en el empeño la creación de la CELAC? Algunos lo ven como aquella Comunidad Económica Europea en ciernes que ayudó a modernizar, sobre todo, a la Europa del Sur. El año 2012, con la cumbre de la CELAC en Santiago de Chile, será importante para la integración latinoamericana.
ana.romero@elmundo.es
Maldad científica
CUANDO ESTUVO en Norteamérica, Agustín de Foxá se interesó por la cultura popular del héroe, su degeneración al tebeo. Observó que, de igual forma que los prodigios de la tradición europea no necesitan explicarse porque están relacionados con la magia y la intervención de los dioses, los del superhéroe o el supervillano exigen una coherencia científica. Como si los niños de una sociedad tan mecanizada, más racionales y menos mágicos que los contemporáneos de Homero o Mallory, sólo estuvieran dispuestos a aceptar que un ser humano puede tener propiedades prodigiosas si antes le ha ocurrido algo en un laboratorio. Incluso excepciones como Batman, una mezcla de rencor y entrena-miento humanísima incluso en las averías psicológicas, no sería nada sin toda la tecnología que puede comprar su fortuna.
Hugo Chávez tiene una mentalidad Marvel muy parecida a la de los niños norteamericanos a los que Foxá veía fascinados por historias de ladrones de cerebros y radiaciones malignas. No hace falta recordar que, en su maniqueísmo de tebeo, USA cumple el papel de un supervillano que incluso deja olor a azufre -pronúnciese como Celia Cruz dice «¡Asssssúcar!»- en las estancias por las que pasa. Pero resulta definitivamente encantador por ese modo tan infantil de atribuir al malvado superpoderes de explicación científica tales como esa máquina que, a modo de un Doctor No, permitiría al Pentágono provocar el cáncer a diferentes estadistas iberoamericanos con sólo ir apretando botones.
De tomarle en serio, lo cual siempre se hace muy difícil con él, lo primero que cabría preguntar a Chávez es por qué, si dispone de esa maquinita, USA tuvo que enviar a un comando SEAL a que matara a Bin Laden con un estilo mucho más apega-do al pelotón de infantería de Spengler que a los prodigios del superheroísmo, ya sea éste de naturaleza mágica o científica. A menos que Bin Laden fuera inmune al cáncer por su propio origen ultraterrenal y hubiera sido necesario abatirlo con una bala de plata que trajo un hada o con una estaca de Van Helsing. En realidad, la ocurrencia de Chávez es una declaración de admiración supersticiosa. En una época en que USA ha regresado a las guerras menos tecnológicas -las asimétricas, las de las fuerzas especiales pisando el suelo- y se demuestra incapaz de ganarlas, anunciando incluso un declive militar, Chávez le confiesa asombros comparables a los de un totonaca que creyera ver el dios de las profecías ante la visión de su primer Conquistador, a caballo y con la tecnología del arcabuz. Queda otra posibilidad: que su vanidad prefiera inventarse una herida de guerra a aceptar que padece una enfermedad desgraciadamente común.
El héroe perturbado
JOSEPH CONRAD
Gadir publica sus textos sobre el 'Titanic'
En la madrugada del 15 de abril de 1912, a cinco días del comienzo de su travesía y a falta de dos para llegar a Nueva York, su destino, el Titanic, el más grande y lujoso barco de pasajeros (y correo) jamás construido, se hundió al sur de Terranova tras colisionar con un iceberg. Fallecieron, por ahogamiento o congelación en las aguas heladas, 1.517 personas.
A punto de cumplirse el centenario de la tragedia, Gadir edita un librito con los dos extensos artículos de análisis escritos por Joseph Conrad en los meses siguientes al naufragio y publicados en la English Review, textos recogidos por el novelista en Notas de vida y letras (Parsifal).
Y es que Joseph Conrad había sido marino mercante durante más de tres lustros desde los 18 años. Su aprendizaje se inició en Marsella y culminó bajo pabellón británico, alcanzando el grado de capitán de altura. Conrad surcó casi todos los mares en muy diversos buques, especialmente al sur de Asia, sufriendo algunos graves percances, y su retirada, en buena medida, se debió al deterioro de su salud provocado por su remontada del río Congo, en 1890, experiencia que está en la base de El corazón de las tinieblas (1902), tal vez su novela más célebre, aunque no la de mayor éxito en el momento de su publicación.
La ajetreada vida de Conrad comenzó casi desde su nacimiento, en 1857, en un pueblo entonces polaco, ahora enclavado en Ucrania. Su padre, perteneciente a la nobleza, además de escritor y traductor de Víctor Hugo y Shakespeare, era un nacionalista rebelde y conspirador enfrentado a la invasiva Rusia zarista. Ello le valió, en compañía de su esposa y de su único hijo, sufrir penas de exilio y confinamiento que le llevaron a una muerte
Bautismo de porra
Los deslumbrantes bulevares de París fueron diseñados para que los ciudadanos fueran felices, también para impedir las barricadas y permitir el mejor desplazamiento de las tropas. Ahora no se hacen barricadas y las tropas están en los desiertos lejanos, donde Dios se ríe en los manteles de Damasco. Hemos llegado a un siglo después de otro que creyó que la revuelta es creadora de luz y acabó en campos de concentración. Surgen en los fines de semana del botellón chicos aseados, nada piqueteros, que no dicen palabrotas como los viejos progres. Salen a la calle y luego se disuelven. Van despacio, según ellos, porque van lejos.
Sabido es que las revueltas se acaban en épocas de crisis, en las que como ahora nadie duda de la necesidad del ajuste. Lo que quieren los trabajadores es que sigan pagando las nóminas, seguir pagando la factura de la luz, y si están parados, comer un domingo en casa de los padres y al siguiente en casa de los suegros.
En otro tiempo el anuncio de la congelación del salario mínimo hubiera provocado una huelga general. Ahora nadie se atreve a rechistar. Los indignados reaparecen tímidamente y ya hubo bautismo de porra en los saltos contra los antidisturbios del nuevo Gobierno. Celebran asambleas, proclaman que son una legión que no perdona ni olvida y siguen protestando civilizadamente.
La lucha apenas continúa, y sí sigue la presión de la deuda soberana, los recortes, los ajustes, los despidos y los anuncios desoladores de que seguimos en recesión. ¿Hasta dónde aguantará la hucha sin romperse y el acobardamiento de la gente? Hay aún quien piensa que, ante la oscuridad total, la gente busca la luz como los topos. El derecho al pataleo, que antes se llamaba rebelión, fue apoyado por gente tan poco subversiva como Santo Tomás de Aquino, que dijo que cuando no hay camino el pueblo lo improvisa, apoderándose de lo que necesita.
Doscientos años antes de los marxistas, Shakespeare, en Coriolano, su obra más política, para algunos la mejor, diseña la eterna lucha entre los que tienen algo que perder y los que no tienen nada. Coriolano, que desprecia a la chusma, tiene que pedirles apoyo para ser cónsul y los trata como perros. A un lado está la penuria, la escasez, el populacho indócil, los pingajos, y al otro los enemigos del pueblo. La obra empieza cuando se sublevan los plebeyos y se dirigen al Capitolio; el poder envía a Menenio para desactivar la revuelta.
Un indignado habla: «Decían: cuanto más pobres, más humos. Ahora van a ver las llamas». El mediador los ve con palos y garrotes y les pregunta si buscan su perdición: «Imposible, señor, ya estamos perdidos». Menenio les advierte que «igual da pegarle al cielo con las mazas que empuñarlas contra el Estado». Pero ellos siguen peleando y aquella lucha continúa.
La imputación
El auto del juez José Castro eleva el listón de exigencia en la gestión de la Casa Real respecto al caso de Iñaki Urdangarin. Ya no se trata sólo de un problema de «ética» o «ejemplaridad», sino de la investigación de una conducta a la que el fiscal Pedro Horrach atribuye cuatro graves delitos.
El juez ha citado al duque de Palma a declarar como imputado el próximo 6 de febrero. El trabajo realizado por los investigadores en la llamada operación Babel pone de relieve un modus operandi consistente en aprovecharse de la cobertura de una sociedad sin ánimo de lucro (el Instituto Nóos) para desviar dinero, mediante facturas falsas, a sociedades patrimoniales, éstas sí con ánimo de lucro, de Urdangarin y su socio Diego Torres, por una cuantía cercana a los seis millones de euros. Una parte de esa suma (750.000 euros) fue a parar a la sociedad Aizoon, de la que también forma parte la Infanta Cristina.
La Casa Real hizo saber recientemente que en 2006 le exigió a Urdangarin que abandonara Nóos (ya se había iniciado la investigación del caso Palma Arena, de la que la operación Babel es pieza separada). Es decir, que era sabedora ya de sus manejos empresariales «poco ejemplares».
El duque de Palma, sin embargo, siguió operando de forma indirecta con esa sociedad al menos durante todo el año 2007. Y también operó a través de la Fundación Deporte, Cultura e Integración Social.
Es decir, que hizo caso omiso a la petición de la Casa Real. De hecho, Urdangarin no se marchó a Washington, fichado por Telefónica, hasta el verano de 2009.
Hasta el momento, Zarzuela ha manejado bien la situación. Era evidente que el Rey sabía, cuando leyó su mensaje de Navidad, que su yerno iba a ser imputado en breve. El prolongado aplauso que Don Juan Carlos recibió en la apertura de las Cortes fue una clara muestra del apoyo del conjunto de los ciudadanos a la Corona.
Ahora bien, el asunto no ha terminado. La Casa Real tiene que resolver algunas cuestiones sensibles, como la permanencia de Carlos García Revenga en su estructura.
También debe valorar si es suficiente el apartamiento de Urdangarin de los actos oficiales, adoptado hace unas semanas, una vez que se ha producido la imputación.
Por otra parte, aunque la defensa del duque no depende de la Casa Real, ésta sí que debería estar atenta a determinados mensajes lanzados por su abogado y portavoz, Mario Pascual Vives, que no le hacen ningún bien a la institución.
Insistir en que los medios han querido hacer daño a la imagen del duque de Palma, o que el juez ha actuado poco menos que bajo su presión, no sólo perjudica a su defendido, sino que lleva implícito un falso juicio de intenciones. Hasta ahora, los grandes medios han mostrado un respeto y un respaldo sin fisuras al Rey. Pero la Casa Real no debe dormirse en los laureles. La gravedad del caso requiere de una terapia tan atinada como prolongada.
casimiro.g.abadillo@elmundo.es
El año del guacamayo
RESULTA DIFÍCIL creer que lo que vendrá será mejor que lo que hoy tenemos. Nos han programado como a norcoreanos, para considerar los malos augurios Patrimonio de la Humanidad. Este año que agoniza no es como para hacerse la foto con un dálmata junto al calendario. Tan solo es un sucedáneo de la gran estafa que continuará en la próxima hornada del almanaque. Que no nos asesten falsas promesas. Que no adulteren la realidad con sacarina fea.
Si uno tuviera tiempo para los recuentos veríamos que todo eso que nos ha sonado a milonga y a estraperlo político durante el último año no se cierra con 2011, sino que por un rato se anestesia de puntos suspensivos. Este largo y gripado túnel navideño va a traer un baile de navajas en todos los frentes. Empezará por el desmoche definitivo de las frágiles conquistas laborales y seguirá, todo recto, hasta perpetrar un nuevo butrón en el bolsillo asfixiado de la peña. Quiero decir, volveremos al rescate infinito de los bancos. Remataremos ese negocio opaco que es convertir las cajas de ahorros en la tienda de los chinos, donde la misma mierda sale siempre 20 céntimos más cara. Será el nuevo asalto al furgón de la pasta. A mí esta perversión se me hace tan familiar que ya no entiendo un telediario sin ella. Antes me jodía el hambre en África. Ahora me molesta que no haya un representante de los mercados augurando que éste será, probablemente, el último cocido en muchos años. Lo de Urdagarin se me queda corto. Tan sólo es nanocorrupción y los fastos de este calado molan más cuando traen un toque Pyongyang en día de responso.
Veremos al PSOE arder con amarga sonrisa a juego. Especialmente si Rubalcaba, el ajo de este guiso, insiste en ser la grieta del Titanic para el próximo congreso del partido. Esta izquierda jutequera perfumada de burdel ha entrado en recesión y de su vertiginoso desenfreno no saldrá ilesa. Vendieron fantasías y sueños como quien vende un guacamayo viejo. Pero como todo lo suyo fue falso ahora estamos a otra cosa y no contamos con ellos. Dejemos que estos prendas, al revés de lo que intuía Nietzsche sobre las montañas, se comuniquen entre ellos por los desagües.
Ya nos contarán. Su naufragio será también parte del alpiste doméstico de 2012.
Alguien dijo que la monotonía hace que los días resbalen sobre la vida. Puede. El año se acaba con esos de traición y mucho de continuará. A mí me cae sobre la mesa una postal desde Galicia que dice: «¡Ven! Aquí la niebla descifra de otro modo la vida». Y estoy por ir, a ver si entiendo de una vez esa empanada de lamprea que a lo lejos acecha.
Puerta para Roma
CON EL INDULTO de 3.000 mil presos, el Gobierno cubano le pone una cenefa de calidez humana a la alfombra tendida para el papa Benedicto XVI, que visitará la isla en la primavera de 2012. Pero el Vaticano puede dormir tranquilo. El próximo Sumo Pontífice, el que asuma la Jefatura de la Iglesia católica después del cardenal Ratzinger, si quiere viajar a La Habana tiene garantizado también su regalo de prisioneros, porque a las leyes no les han cambiado ni una línea y acaban de mandar a prisión a tres opositores pacíficos.
El Papa y sus acompañantes sabrán que detrás de la endomingada comitiva oficial que les dará la bienvenida en Cuba hay en una pequeña multitud de fantasmas (desgonzados y agradecidos) que recibieron la libertad para potenciar el octanaje del combustible de su avión privado.
El gesto supera en 2.700 hombres encarcelados el obsequio que se le hizo, en 1998, al papa Juan Pablo II. Y se empareja con una absolución, hecha 20 años antes, que incluía sólo a presos por delitos políticos.
La clave para abrir la sociedad y poner al país en la vía del desarrollo y el progreso no es, desde luego, hacer una liberación selectiva y dejar intactos los decretos y resoluciones arbitrarios y surrealistas que mantienen superpobladas en torno a unas 300 prisiones del cabo de San Antonio a la Punta de Maisí.
La gente quiere vivir y decidir su destino. Es difícil amanecer cada día con la pesadumbre de que el porvenir depende de la instalación de un capitalismo de pan con timba controlado por la inepta raza de totalitarios que lleva 53 años instalada en el poder, un largo periodo que le ha servido para especializarse en promesas internas y en funciones de teatro para el exterior.
Los cubanos necesitan libertades para trabajar, pensar, informarse, organizar sus partidos políticos y reconstruir la nación. Lo dicen y lo reclaman los opositores en las cuatro esquinas de la nación, acosados por la represión y las golpizas. Y es el centro del susurro sigiloso en los sitios donde el miedo todavía dirige el tono de la voz.
Ya se publicó en la Gaceta Oficial la lista con los nombres del coro de reclusos que brillará por su ausencia en la recepción del Papa. En la reserva quedan 66 presos políticos y otros 60.000 ciudadanos.
Ellos esperarán el año nuevo en una cárcel.
Etiquetas: Firmas





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