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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

lunes, 26 de diciembre de 2011

FIRMAS: Carlos Cuesta, FS Dragó, CG Abadillo, A.Romero, C G-Abadillo, V Pregro, J Müller, R Rivero, R del Pozo

  • LA ESCOPETA NACIONAL
  • 26/12/2011 CARLOS CUESTA
  • Unidos en el sacrificio

    PESE A que los mensajes pronunciados por el Rey en Nochebuena no suelen albergar grandes diferencias de unos años a otros, éste no ha sido el caso del que pudimos escuchar y ver el pasado sábado. Don Juan Carlos quiso anticiparse a la labor que va a tener que realizar el Gobierno y dedicó buena parte de sus palabras a explicar a la población la realidad de nuestra situación económica, política e institucional.

    No se trató de un mensaje de revancha frente a nadie. Sino, simple y llanamente, del anuncio de la actitud de «sacrificio» que todos deberemos adoptar a partir de ahora si de veras queremos remediar las enormes dificultades económicas y sociales ocasionadas por la política devastadora a la que se ha sometido a España a lo largo de los últimos años.

    La palabra «sacrificio» no dejó de aparecer en el discurso. Unas veces hilada con la palabra «esfuerzo»; otras con la de «Justicia»; y siempre con un mismo sujeto «todos». Mejor dicho, «todos unidos». Porque el discurso acabó de forma irremediable en una defensa de la unidad española, tan necesaria hoy día como combatida en los últimos tiempos por la amenaza nacionalista.

    El arrinconamiento de las víctimas del terrorismo, mártires de la defensa del Estado del Derecho que los españoles hemos votado; el fraccionamiento de la unidad legislativa y comercial provocado con los Estatutos; la voladura del derecho de cualquier persona a utilizar la lengua española; la pelea por el control del agua; o la lucha permanente por saquear las arcas comunes con un absoluto desprecio por la situación del resto de regiones; no son, en su conjunto, sino la prueba más evidente de una política autodestructiva que ha acabado irremediablemente en una carrera hacia el derroche al grito de «tonto el último», en la extensión de la corrupción y en el olvido de aquellos resortes que hacen de una nación, un gran país y de un área económica, un mercado próspero.

    Hoy necesitamos volver a esa unidad. No por cuestiones sentimentales. Sino por la evidencia de que sin el impulso de sentirnos unidos en la construcción de un país común resultará difícil pedir a los catalanes que renuncien a los 759 millones adicionales que Zapatero prometió en el Estatuto; será imposible pedir a los trabajadores de mayores rentas que estén dispuestos a soportar el esfuerzo fiscal; o a los empleados de cualquier empresa, que asuman la moderación salarial; o resultará complicado pedir a los futuros pensionistas que renuncien a parte de sus actuales derechos. España debe levantarse desde la ruina. Un reto imposible de superar sin la lucha de todos. Sin excepciones.
  • A FONDO
  • 26/12/2011 CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
  • Transformar el país


    Cuando Soraya Sáenz de Santamaría (a la que hemos bautizado como la «consejera delegada de Rajoy») se dirigía el viernes a su primera reunión de Consejo de Ministros, ya había echado una ojeada a los periódicos del día. La frase que encabezaba la portada de EL MUNDO, extraída de la obra de Víctor Hugo A propósito de Shakespeare, era breve y rotunda: «Todo poder es deber». «Esa frase la llevo grabada a fuego», me dijo la vicepresidenta, en una especie de juramento que parece impregnar a todo el equipo elegido por Rajoy para afrontar meses de sangre, sudor y lágrimas.

    El presidente sabe que no tiene mucho tiempo. El periodo de gracia que los ciudadanos conceden a los gobiernos no es muy largo. Más aún cuando ya están cansados de promesas incumplidas. La eficacia, la fuerza de un Gobierno recién llegado está en relación inversamente proporcional al tiempo de ejercicio de sus funciones.

    Rajoy lo sabe y por ello, en su discurso de investidura, fijó para sus primeros 100 días la puesta en marcha de las tareas más duras de su mandato.

    En una situación tan difícil, es necesario claridad de ideas y liderazgo. Decir la verdad, como se comprometió Rajoy en la investidura, es la primera condición para que los ciudadanos acepten y asuman los sacrificios que nos esperan.

    El liderazgo no tiene que ver con el carisma, sino con la capacidad para marcarse unos objetivos y cumplirlos. Eso supone que el presidente va a tener que implicarse en la tarea más ardua, enderezar la situación económica, personalmente. Por eso, su decisión de presidir la comisión delegada para asuntos económicos, más que una garantía para armonizar los macroministerios de Economía y Hacienda, es un compromiso frente a los ciudadanos: «Yo me voy a ocupar personalmente del asunto».

    Lo que exige esta situación no es sólo determinación, sino capacidad para vencer la resistencia al cambio, e incluso la contestación en la calle.

    En un documento que ha servido de guía a algunos miembros del Gobierno, elaborado por Mckinsey y Fedea, se recoge una frase del ex primer ministro sueco Göran Persson, que resume bien esa filosofía: «Tienes que dejar absolutamente claro que estás arriesgando tu puesto; que estás preparado para convocar nuevas elecciones o, si tu grupo parlamentario no te respalda, dimitir... Cualquier señal de duda o debilidad en tu compromiso condenará el programa al fracaso».

    Es verdad que Rajoy no tendrá problemas en su grupo parlamentario, que le apoya como una piña, pero el presidente no debe descartar resistencia en las comunidades autónomas, o huelgas convocadas por los sindicatos, o manifestaciones encabezadas por la izquierda.

    Para que la mayoría de los ciudadanos comparta su programa, éstos tienen que visualizar que las cargas se reparten de una forma justa. Es decir, que no va a haber grupos o minorías que eludan su cuota parte de esfuerzo.

    Lo que nos espera ahora es una tarea de todos. Ese mensaje debe transmitirlo el presidente. Parece claro que los miembros del Gobierno tienen grabada a fuego la frase de Víctor Hugo. Es necesario, pero no suficiente. El Gobierno tiene que asumir que su tarea debe ser más ambiciosa y gratificante: es la hora de transformar el país.
  • A CONTRAPELO
  • 26/12/2011 SANTIAGO GONZÁLEZ
  • Costilla de ' Olentzero'





    La concejal de Cultura de San Sebastián, la bildutarraNerea Txapartegi, ha tomado una decisión de las que justifican un mandato. No podía ser que el Olentzero, esa tradición de fraguado rápido que el 24 de diciembre de cada año baja de las montañas para repartir juguetes entre los niños vascos, siguiera siendo un mal ejemplo.

    Olentzero es un carbonero gordo y borrachín, siempre con la pipa entre los dientes, un solitario. Cómo ha conseguido el nacionalismo sustituir a los Reyes Magos, que amén de magos, como su propio nombre indica, vienen de un Oriente lejano y misterioso, por un carbonero como el descrito, es un misterio.

    No lo ha conseguido del todo, porque en las ciudades los Reyes tienen su tirón y los niños son asombrosamente eclécticos a la hora de recibir regalos, pero están en ello. Ya los han ruralizado al sustituir los caballos por bueyes, es decir, las carrozas por carretas.

    La concejalTxalaparta ha puesto el freno: le ha quitado la pipa para someterlo a la ley antitabaco; si bien no le han impuesto de momento la ley seca, no es improbable que le desaparezcan de la cara las trazas de su afición y le destiñan los pómulos y la nariz enrojecida, atributos, sin embargo, de un hábito cultural con mucho arraigo en el país, centenario, podríamos decir.

    En febrero de 1908, Unamuno y Salaverría cruzaron sus opiniones en la efímera revista El Coitao. Mal llamao sobre un asunto que ambos consideraban seña de identidad de sus paisanos, y que titularon Por qué se emborracha el vasco.

    Quedaba otro asunto: no es bueno que el Olentzero esté solo, se dijo la concejal y en un soplo le adjudicó una novia, Mari Domingi, que le hará compañía en el monte, lo pondrá a dieta y le ayudará a repartir los regalos entre los niños vascos. Lo del tabaco tiene un pasar. La ley antitabaco ha arraigado hasta un punto difícilmente predecible entre nosotros. Algunos de ustedes recordarán cuando hace algo más de 20 años venían de EEUU las primeras noticias sobre la proscripción social del tabaco en las oficinas y ¡hasta en los bares! Luego fue muy notable que a Lucky Luke le cambiaran la colilla que llevaba colgada de la comisura por un hierbajo. No es improbable que algún cerebro de Hollywood esté pensando en un remake de Casablanca, eliminando ese insoportable vicio del personaje que encarnaba Humphrey Bogart, reminiscencia de un bárbaro tiempo en el que estaba bien visto. «No me gusta fumar», decía Woody Allen, «pero me encuentro tan irresistiblemente guapo con un cigarrillo entre los dedos».

    Pero lo de la novia no tiene un pase, por mucho que lo cuelguen de la paridad. Cuando habíamos acabado con la paridad en la única institución que la consideraba obligatoria -el matrimonio-, ahora van y le buscan novia al Olentzero. Ya está bien de actitudes homófobas. Hay que reclamar un novio para el viejo carbonero. Y si hay que visibilizar a la mujer, hágase en buena hora: busquen en Bildu una novia a Mari Domingi y pónganlas a vivir junto al Olentzero y su galán en un adosado, para educar a los niños en la pluriformidad de las familias.

    Queda un pequeño problema: su oficio de carbonero, tan lejos de la civilización, allí en el monte, y con una indumentaria tan inapropiada para un representante cualificado del pueblo vasco.

    El diputado general, que también es ahora de Batasuna, podría vestirlo de kaiku y darle un empleo como funcionario interino en la Diputación Foral. Su perfil lingüístico le bastará para consolidar la plaza.
  • EL LOBO FEROZ
  • 26/12/2011 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
  • Reestreno

    SUCEDIÓ POCO antes de que nuestro rey Juan Carlos, que Dios guarde, se colara en los hogares de sus súbditos por la chimenea de la televisión a horcajadas de la escoba de su tradicional discurso de Nochemala. Andaba yo reunido con mis gentes y crucé una apuesta con mi nieto.

    Le dije:

    -Dentro de un rato habla el Rey. ¿Hacemos karaoke? Apago el sonido de la tele, me siento al lado, sin mirarla, para que no me acuses de to read in your lips, como si fuesen los de Bush, y voy diciendo, no repitiendo, todo lo que el monarca va repitiendo, no diciendo.

    Y lo clavé.

    Me acuso de haber abusado de la inocencia de mi nieto. Jugaba yo sobre seguro. El Rey reiteró, punto por punto, las mismas naderías que desde el año de su coronación, y son ya muchos, desgrana con impostado empaque mientras las papilas gustativas de la audiencia segregan los jugos gástricos de rigor.

    ¡Qué cosa tan cansina! ¿Por qué, Majestad, no nos la ahorra? Le aseguro que no lo digo por malevolencia, pues de sobra sé que esa pantomima le viene impuesta, sino por su propio bien y por el de la institución que representa. ¡Malos consejeros tiene, Señor! ¿Serán republicanos? No los escuche. Déjese, el año próximo, de discursitos. Celebre la Nochemala entre los suyos, incluyendo a Urdangarín, pues es día de perdón y, si quiere endilgarles una prédica, hágalo, pero no coram populo, desde el púlpito de la tele, sino desde el de la misa de Gallo celebrada en la intimidad de la capilla de la Zarzuela. Doy por hecho que la hay, aunque lo mismo ha sido secularizada por la Constitución.

    Y si no sigue mi consejo, Majestad, olvídese de las bernardinas a las que nos tiene acostumbrados y salga a la calle, ¡hombre de Dios! Algo pasa en ella. Ya lo dijo Mairena. No sea, como Zapatero, inspector de nubes. Mejor, en todo caso, de alcantarillas, como Giménez-Caballero,porque España es un albañal y el mundo no le va a la zaga.

    ¿Le refresco la memoria? La corrupción, los indignados, los okupas, la secesión de Cataluña y de Euskadi, la deuda pública, la espantada de Iraq, el fracaso en Afganistán, el desastre de Durban, el fin del euro, el declive de Obama, la irresistible ascensión del integrismo islámico, la avalancha china, el posible corralito… ¡Anda y que no suceden cosas dentro y fuera de su Reino, Majestad!

    La próxima vez háblenos de ellas y díganos cómo depurar tales cloacas. Sería eso más realista, en el doble sentido de la palabra.
  • DIARIO LIBRE
  • 26/12/2011 RAÚL RIVERO
  • Llorar y rugir en Pyongyang





    MARTES

    Oficios y exilios

    El escritor dominicano (hijo de español y puertorriqueña) Juan Bosch (1909-2001) trabajó en un espectáculo de variedades en Barcelona, anunció por las calles las funciones de un circo que tenía como principal atracción un mono tití al que alimentaban con pan viejo y fue albañil y azulejeador en las obras de construcción de un teatro en Curazao.

    Estaba fuera de su país y trataba de vivir y de hacer su obra. Esta franja de la vida del maestro del cuento latinoamericano, desconocida para la mayoría de los lectores de su país y del continente, se revela en un libro del periodista Luis Alberto Mansilla.

    La obra, reeditada ahora en Santo Domingo, se titula Días chilenos de Juan Bosch. Es una investigación sobre los trabajos que realizó del autor de Dos pesos de agua durante su exilio en aquél país sudamericano, pero también recoge los equilibrios del escritor para sobrevivir permanentemente en otros puntos del planeta tierra.

    Mansilla recuerda que en Santiago de Chile Bosch instaló un taller para reparar baterías de automóviles porque quería ser independiente, y dedicarse a la literatura y a defender su ideario político. El hombre vivió un exilio largo, intenso y lleno de peligros y aventuras porque durante un cuarto de siglo dirigió la oposición al dictador Leónidas Trujillo.

    Bosch estuvo también exiliado muchos años en Cuba, en una Habana que fue implacable con el narrador Lino Novás Calvo (As Grañas do Sor, La Coruña, 1903-Nueva York, 1983). Quienes conocen las angustias del escritor nacido en Galicia y que llegó de niño (al cumplir los nueve años) a la isla, lo recuerdan con respeto por su obra como creador, su rigor como traductor y por su coraje a la hora de administrar una ilusión.

    El hombre, considerado por Guillermo Cabrera Infante como el mejor cuentista cubano, fue acogido por un tío materno y trabajó como dependiente de una fonda, mensajero, barrendero, vendedor ambulante de carbón, operario de una fábrica de gorras, ayudante de fontanero, limpiabotas y taxista.

    En ese oficio estuvo todo el tiempo que necesitó para convertirse en una de los periodistas de más renombre de la república. Escribió artículos, comentarios y notas en importantes medios cubanos hasta que la revista Orbe lo envió, en 1931, como corresponsal a España. Al terminar la Guerra Civil regresó a La Habana y desempeñó la jefatura de información del semanario Bohemia.

    Novás Calvo se hizo, además, boxeador. Dijo una vez que iba a entrenar al gimnasio (que estaba en una azotea) para engañar su soledad porque no tenía con quién conversar. Pero se sabe que algunos fines de semana le pagaban unos pesos por enfrentarse a unas boxeadoras enormes que venían a noquear cubanos comecandela y mal entrenados. Juan Bosch se murió tranquilo en su país y Novás Calvo en su cuarto exilio.

    Desde Nueva York, hacia 1963, el escritor gallego le envió a José María Chacón y Calvo estas líneas que hablan de otras agonías y de otros golpes: «Querido Chacón: ¡Cómo me voy a olvidar de usted, el mejor de los amigos! Se que está usted sufriendo mucho. Yo también. Y también otros tantos... Ha sido mi destino que las mareas me llevaran siempre al centro de las borrascas. Usted bien lo sabe: yo no las busqué, ellas a mí me buscaron».

    jueves

    Arte y acero en Corea

    Los escritores de Corea del Norte no firman sus libros porque son obras colectivas. Los músicos y los pintores trabajan también en grupos, unánimes y orondos y bajo las líneas estrictas del Partido Comunista y de la gran idea Suche, que es el pensamiento de Kim Il-sung, el sol de la patria.

    Me lo contó otro artista sin nombre, un poeta que, a principios de los 80, era el máximo dirigente de los escritores de ese país. Estaba sentado frente a mí en una silla enorme, en el medio de un salón que parecía una pista de baile. Tenía sobre su mesa 10 tomos de las Obras completas del Querido Líder y un ejemplar en inglés de un libro titulado Arroz y acero, firmado por el periodista peruano, Genaro Carnero Checa.

    No me miró nunca. Miraba al traductor, un joven ceremonioso y serio que hablaba español con fluidez y que comenzaba a decirme lo que me quería comunicar mi interlocutor sin dejarlo terminar las frases.

    Supe en esa conversación de una hora que Kim Il-sung es el creador de la Ópera Revolucionaria y que sus obras, hermosas y didácticas, están en la memoria y en el corazón de todos los pueblos.

    Le pregunté por qué en el Museo Nacional no había visto documentos originales y me respondió que Corea del Norte era un baluarte en la lucha contra el imperialismo. Quise que me enseñara algunos libros recientes del colectivo de autores y me anunció (creo que en ese momento sonreía) que se me obsequiaría en su momento la colección de volúmenes del máximo jefe.

    Vi su primera muestra de debilidad cuando encendió un cigarrillo inglés. Aproveché para preguntarle si podía reunirme para conocer y charlar con algunos autores de su país. Dijo que los pueblos de Cuba y de Corea eran hermanos.

    Me llené de valor y le pregunté qué autores de América Latina se habían publicado en los últimos años. Ninguno, respondió. Y se bebió de un trago largo un poco de té que le quedaba en el tazón.

    Antes de ponerme de pie y despedirme le dije al poeta coreano que si quería hacerme alguna pregunta sobre la literatura y el arte en Cuba.

    Se dirigió al tercer hombre en el ring y le susurró algo. Pregunta, me dijo el traductor, que si en Cuba hay fieras salvajes.

    Dije que sí, pero que no se preocupara porque allá tampoco el Partido las autoriza a rugir.
  • EL RUIDO DE LA CALLE
  • 26/12/2011 RAÚL DEL POZO
  • Belén





    Colocón de luces y belenes en las calles y plazas de Madrid, el buey muge en la Puerta del Sol y rebuzna el borrucho en San Ginés, donde el mentidero de los espadachines y los carteristas. Discursos del Rey y del Pontífice. A pesar de la lucha de los dos últimos siglos por que acabaran los papas, los reyes y los pobres, ahí siguen, aunque ya estemos desembarazados de teocracia, basada en la moralidad de la obediencia.

    Este año la Navidad fue prologada por un huracán de gaviotas y un gran discurso del Rey con una llamada al consenso y la proclamación de que la justicia es igual para todos. En las redes sociales daban vivas a un Don Juan Carlos en horas bajas, preso de melancolía, antes de que Benedicto XVI diera la bendición urbi et orbi y denunciara, en 65 idiomas, el odio ciego y sangriento de Siria y de Nigeria con baños de sangre en los templos católicos. El Papa da la razón a los ilustrados que dijeron que el fanatismo es el peor enemigo de la humanidad y la fuente de los mayores desórdenes.

    El miedo se abate sobre la tierra y reza mientras en una noche clara de escarcha pudimos experimentar una vez más el bellísimo misterio del nacimiento de Jesús, ovacionado con las zambombas, los almireces gitanos, las estrellas de plata y los muñecos barrocos. Celebramos cada solsticio la historia de una familia del sindicato de la madera, sin papeles, que siempre tiene que refugiarse en una cuadra. No se sabe a ciencia cierta ni el día ni el mes ni el año en que nació Jesús, aunque es seguro que existió como existió Juan el Bautista.

    «Un tal Jesús, si se le puede llamar hombre», se dice en Testimonio flaviano. Hay datos históricos de su biografía en Suetonio, Plinio el Joven, Tácito y Flavio Josefo. Cuentan que fue un rabí que hacía milagros y que fue ejecutado por conspirar contra Roma. Algunos dudan de los textos, sospechan que pudieron ser modificados, pero aunque la Biblia fuera una obra de ficción y Dios, según algunos filósofos, hubiera muerto, lo cierto y seguro es que el hombre, como pensó Burroughs, es un hacedor de dioses y que la poesía derrota a la Historia.

    Hubo dos belenistas sublimes, el que llamó hermano al lobo que devoraba corderos y pastores, el mínimo y dulce Francisco de Asís, y aquel santico de San Juan, de la tribu de Teresa, la que moría porque no palmaba. San Francisco de Asís fue el primero en montar un belén en una montaña con pastores, bueyes y burros de verdad, y cuenta la leyenda que el churumbel del pesebre sonrió y extendió los brazos.

    San Juan de la Cruz elevó el belén al cielo cantando cómo el niño gime en las majadas del otero mientras «los hombres decían cantares, / los ángeles melodías».
  • CABO SUELTO
  • 26/12/2011 ANTONIO LUCAS
  • La 'milupa' del discurso






    HACÍA AÑOS que no se mandaba callar en casa de los padres ante el discurso del Rey. Durante mucho tiempo, cuando sonaba el tiroriro del himno sabíamos que era la señal de meta volante de la noche del 24 y unos iban a la cocina a por birras y otros a la terraza a por aire. No tanto por republicanismo como por el ligero tedio de lo ya sabido. Aunque en ocasiones lo último lleva a lo primero. Ayer, sin embargo, era otra cosa. Había morbo por esa tensión azulenca de las herencias que presienten su final acelerado.

    De Juan Carlos se esperaba lo que dijo. Así que el ansiado crochet del desmarque ante el Urdangarinazo vino muy de carril. Eficaz para convencer sólo a los convencidos. Apenas esto. No conviene entonces poner de extraordinario aquello que no fue más que un fraseo jabonoso por donde la actualidad exige -que no siempre es por entero lo real-. ¿Y ahora? Cierto que el Rey no gastaba el lustre mineral de otras veces. Tenía algo de paracaidista melancólico. Ha perdido su resabor de héroe. Incluso había en su homilía de prompter un eco crepuscular o fantasmagórico, como en esos espectros cansados que se saben ya un acontecimiento demasiado repetido, a la manera de las doce en un reloj de cuco.

    Pero lo que vino a subrayar de fondo es que hay acojone por la imagen de la Casa, por su colapso, y por el hecho de que la corrupción haya entrado en palacio en franca competencia con los deportes náuticos. Lo demás, si te fijas, es lo de siempre: blablablá, profiteroles semánticos y esa «profunda gratitud y satisfacción» por la firmeza, la comprensión, el esfuerzo y no sé cuánto aerobic más del honrado pueblo español ante las putadas.

    El monarca se quiso enmarcar un poco mas de Rey para este año desastroso y cambió el cromo de la familia o de La Roja futbolera del portarretratos de la mesita. Este año la pareja de baile eran Rajoy y Zapatero, subrayando de este modo el equilibrio que en el Estado ejerce la Corona. Pero puede que un día de estos descubramos que nos mantenemos igual sin papuchi. Que sabemos avanzar solos. Y que el Estado no se viene abajo por falta de una voluta protocolaria, de un capitel corintio si prefieren. Quizá es que se pueden corregir algunas tradiciones.

    Eso se avista hoy bien en el ring de este periódico, que denuncia el tocomocho de un consorte real sin miedo a los chacales áulicos ni a los mártires de lo intocable. Aunque esta tangana no desactiva a Juan Carlos, sino que bombea en contra de Felipe, que hereda un suelo movedizo sin militarada que lo legitime. Y si el ungido no llegara, a ver quién nos da en Pascuas la milupa del discurso.

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