ETA GOBIERNA por la acción criminal del PSOE:

La izquierda 'abertzale' equipara a sus 'víctimas' con las de ETA
Dice que «el origen de la violencia sufrida» no convierte a nadie en «más o menos»

Dos pasos adelante, uno atrás. La izquierda abertzale volvió a hacerlo, a quedarse a medio camino. Dos meses después de que lograra que el Palacio de Ayete acogiera la Conferencia de Paz que precedió al cese definitivo de ETA, ayer los firmantes del Acuerdo de Guernica -que en septiembre de 2010 dio comienzo al proceso de desmarque de la violencia del entorno radical- eligieron el mismo escenario, la misma sala -Gandhi- para dirigirse directamente a las víctimas. A las de ETA y a lassuyas, a las de «todas las violencias». En un medido comunicado incorporaron manifestaciones desconocidas hasta ahora en su discurso, pero sin olvidar los viejos lastres de su particular dialéctica. Con un lenguaje menos ambiguo que en ocasiones anteriores y con un mensaje más conciliador, el entorno radical se dirigió por primera vez a las víctimas de la violencia etarra. Entre los avances, el traslado de su «pesar a los familiares de las víctimas mortales» provocadas por los atentados de la banda y su disposición expresa a «reparar el daño» causado y a «colaborar, participar e incentivar la convivencia y la reparación de todas las víctimas».
Pero tras los pasos adelante, llegaron los viejos lastres. La izquierda abertzale y el resto de organizaciones firmantes del manifiesto volvieron a equiparar a los asesinados de la banda terrorista con las víctimas provocadas «por las estrategias represivas y de guerra sucia de los estados español y francés». Más aún, subrayaron que todas ellas deben ser tratadas «por igual, sin distinción ni categorías». En su mensaje afirmaron que «el origen de la violencia sufrida» no convierte a nadie en «más o menos» víctima.
El texto, leído en castellano por el representante de la izquierda abertzale, Rufi Etxeberria, y la portavoz de Alternatiba, Amaia Agirresarobe, acumula a partes iguales pequeños avances dialécticos y de contenido con flagrantes y medidos olvidos. Entre ellos, la autocrítica. En sus palabras no hubo ni una sola petición de perdón, ni mención alguna al papel jugado por la izquierda abertzale en todos estos años de violencia etarra o de su silencio ante el sufrimiento de las víctimas durante décadas de terrorismo. Tampoco incorporó una condena expresa de la acción terrorista de ETA ni exige su disolución definitiva.
El manifiesto sí supone un cambio en algunos posicionamientos ambiguos mantenidos hasta ahora por el entorno radical ante las víctimas. Así, admite que para lograr una paz justa y duradera «es crucial» reconocer previamente el sufrimiento padecido por este colectivo y mostrar un compromiso «y una voluntad clara por cicatrizar las heridas abiertas». Los firmantes subrayan que en su caso este compromiso es «firme».
Otra de las novedades del manifiesto se refiere a las llamadas a trabajar la reparación «del daño causado» que hizo Rufi Etxeberria. Una petición para la que reclamaron iniciativas individuales y colectivas «orientadas a restituir los derechos vulnerados de las víctimas».
Las víctimas expresaron su rechazo al manifiesto denunciando su intento por equipararles con los terroristas. La AVT calificó de «paripé» la declaración y subrayó que la reparación que reclaman pasa porque ETA se someta a la ley y quienes le han apoyado le exijan «entregarse para ser juzgados y cumplir íntegramente sus condenas». El presidente de Voces contra el Terrorismo, Francisco José Alcaraz, considero «esperpéntico» su intento por «equiparar a víctimas y verdugos».
>Vea hoy en Orbyt el análisis de Mikel Moreno.
'Guía etarra' para cobrar 680 euros al mes
El documento da pautas a los presos para acogerse a ayudas tras su salida de prisión
El colectivo Harrera Taldea [Grupo de Recibimiento], englobado en el Movimiento Pro Amnistía, presta orientación legal a los presos de ETA que salen de la cárcel para que se aseguren el cobro de hasta 680 euros al mes con cargo a las arcas públicas. Es la suma del Subsidio de Excarcelación, que sufraga el Estado, y la Renta de Garantía de Ingresos, de la que se ocupa el Gobierno vasco. El autodenominado Colectivo de Presos Políticos Vascos (EPPK), compuesto en la actualidad por 616 personas -de las que aproximadamente medio millar cumple condena en cárceles españolas-, cuenta con una nueva guía de bienvenida para reinsertarse en la sociedad una vez que sus miembros abandonen las cárceles. El librito, de 23 páginas tamaño cuartilla, lleva por título Ongi etorri, lagun! [¡Bienvenido, amigo!] con el subtítulo Guía para l@s compañer@s recién ex carcelad@s. Primeros trámites tras salir de prisión, y está fechado en noviembre de 2011.
El Subsidio de Excarcelación es un derecho con el que cuentan todos los presos que han estado durante más de seis meses en la cárcel. Consta de una ayuda de 455 euros durante seis meses, prorrogable dos veces por el mismo periodo. La guía -publicada íntegramente en castellano, al menos la que pudo revisar EL MUNDO- advierte de que «hasta el momento no ha habido problemas para cobrar durante los 18 meses. Lógicamente, si el ex preso empieza a trabajar cotizando a la Seguridad Social, no recibirá la ayuda».
La segunda ayuda que la Guía recomienda tramitar es la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), para la que subraya que es necesario estar empadronado en un municipio del País Vasco al menos un año, y advierte de la modificación legal que exigirá tres años de empadronamiento «próximamente».
La guía remarca que «hoy en día algunos pres@s no están empadronados, sobre todo quienes fueron encarcelad@s o escaparon cuando vivían fuera del domicilio de sus padres, y los que han estado años en el Estado francés. Por ello es importante empadronarse cuanto antes, sobre todo aquellos a los que les queda poca condena», insiste la guía. Recomienda que todo preso se empadrone «en algún municipio de la comunidad autónoma vasca», para que cuando quede libre cumpla con el periodo exigido por la RGI, y que «al salir en libertad no se empadrone en casa de los padres o familiares próximos».
Además de esas dos ayudas, se nombra una tercera, la de Emergencia social. Los ayuntamientos hacen la convocatoria una vez al año, es una cantidad fija -«1.500 euros como mucho»- para «gastos determinados: por ejemplo, arreglos de dentadura -no implantes-, compra de colchón, determinados electrodomésticos, etcétera».
En el texto de introducción, Harrera Taldea felicita al preso por su excarcelación, le da la bienvenida a Euskal Herria y le indica que el manual ha sido escrito «por ex pres@s». El primer punto en el que se fija la Guía es en el de si el ex recluso tiene un lugar donde vivir. Si no es así -«ha pasado, y es inaceptable, que algún pres@ se encuentre sin casa, sin tener a dónde ir», indican-, los autores del texto se ofrecen a ayudar.
Otro de los consejos lo dedica al DNI. Los autores advierten de que «es decisión personal sacar el carné de identidad español o no hacerlo. No obstante, es innegable que ese papel resulta imprescindible para realizar muchos trámites».
Después de indicar el teléfono y la dirección de internet donde solicitar la cita previa, los autores advierten de que en las comisarías suelen formarse dos colas: una para los que tienen la nacionalidad española y otra para los que no. «A pesar de ser vasco, tendrás que colocarte en la primera», indican.
Bombones de arsénico
Siempre hacen lo mismo los terroristas y quienes les secundan. Lo hacen con cada cambio de Gobierno: el lobo le enseña al recién llegado por debajo de la puerta la pata de cordero y espera a que el incauto del otro lado se trague el anzuelo y acabe cayendo en sus fauces. Cuando Zapatero ganó las elecciones en 2004 le enviaron al poco una carta en la que le decían que él estaba destinado a ser el Gran Pacificador de España. Sólo tenía que creerse que ETA estaba dispuesta a renunciar a las armas sin condiciones y que sus delegados en la vida política, Otegi y otros, eran en realidad unos apóstoles de la paz.El presidente del Gobierno cayó en la trampa y así fue como, tragando y tragando y volviendo a tragar, llegamos hasta las conversaciones de Loyola en las que todas y cada una de las exigencias eternas de la banda terrorista fueron puestas sobre la mesa. Se negoció todo lo que ETA quería. Y claro que aquello fracasó: ni siquiera aquel Gobierno, tan bien dispuesto a ofrecer antes que a exigir, estaba capacitado para aceptar someterse al nivel del chantaje que se le requería.
Y ahora los proetarras están intentando dorar la píldora a los demócratas, especialmente al Gobierno del PP, un partido al que ni siquiera en la campaña electoral llegaron a acusar de lo que el PNV y hasta el PSOE le acusaron: de constituir una potencial amenaza para la paz. Ayer salieron con esta especie de pésame a los familiares de «todas las víctimas, sin excepción», en una declaración de intenciones que, si nos fijamos con detalle, es en realidad un bombón relleno de arsénico. Y lo es porque, entre tanta disposición de reparar el daño causado y tanta voluntad por «cicatrizar las heridas abiertas», se cuela la eterna versión que los terroristas y sus apoyos siguen dando de estos 50 años de asesinatos: la existencia en el País Vasco de un «conflicto político» que ha provocado un «conflicto armado». Nada nuevo, pues, bajo el sol. Aquí lo que hay es una estrategia distinta para cumplir un programa idéntico. Y ése es precisamente el peligro: que muchos no se van a fijar -o, por razones distintas, no se van a querer fijar- en lo que hay bajo la pata del cordero.
Unos no van a querer verlo porque están agotados. Otros no van a querer verlo porque necesitan justificar su desastrosa y fracasada apuesta por la negociación política con la banda. En el primer caso, el de los agotados, está la mayoría de la sociedad vasca que ya no desea otra cosa que ésta que empieza a tener ahora: tranquilidad. El mero hecho de que los terroristas no asesinen supone un mundo para quienes han vivido sometidos al miedo durante toda su vida. También es un mundo para los demás demócratas. En esto sí vamos ganando. En lo demás vamos perdiendo, y habrá que tener mucho cuidado para no llegar demasiado tarde a esta conclusión.
Y el riesgo ahora mismo es grande. Si, además de la instalación de la tranquilidad y la ausencia de miedo, los ciudadanos ven cómo los mismos individuos que hace nada amenazaban a cara descubierta a todo aquél que se enfrentara a la dictadura del terror empiezan ahora a decir que quieren reparar el dolor causado, es del todo comprensible que acepten de buena gana la mano tendida. Y pueden empezar a creer que, de verdad, los que hoy siguen negándose a condenar a ETA van aceptando su error y van entrando por la senda de la legalidad y la decencia política.
Lo que sucede es que esa simple esperanza en el ánimo de los demócratas resulta ser un paso gigantesco para la estrategia de los radicales. Les permite ablandar la resistencia y el rechazo de la opinión pública y, sobre todo, obtener una cierta mayor respetabilidad ante sus potenciales votantes en lo que es su gran objetivo, su máxima apuesta: las próximas elecciones autonómicas vascas.
Ésta es la cuestión: que estamos asistiendo a la exhibición de un buenismo insólito que busca prestigiar la opción proetarra ante los votantes vascos. Al mismo tiempo, se intenta colocar al Gobierno ante un duro dilema: rechazar la rama de olivo que se le tiende ante la vista de todos y convencer a quienes observan la escena de que eso que parece una rama de olivo es, en realidad, la mecha de una carga de dinamita política.
Nunca se vio, por ejemplo, una reacción tan angelical como la de Amaiur, un partido al que la Mesa del Congreso ha negado la posibilidad de formar grupo propio. Ninguno de los grupos parlamentarios que han pasado por la Cámara y se han visto perjudicados en sus intereses por decisiones de la Mesa se ha portado nunca así. «Lo que pasa es que el PP no se ha acostumbrado todavía al nuevo escenario vasco» vino a decir, comprensivo y bondadoso, el diputado Errekondo. Compárese eso con lo dicho por Rosa Díez en los días precedentes para comprender que en lo de Amaiur hay gato encerrado. «Es que ahora están dedicados al blanqueo de su mercancía», diagnostica un diputadovasco.
Ardua tarea, por tanto, la del nuevo Gobierno y la de su presidente, Mariano Rajoy, que mañana mismo va a empezar a fajarse en esta tarea. Porque mañana en el Congreso de los Diputados no sólo se va a hablar de economía. El PNV va a pedir con toda seguridad a Rajoy que haga realidad lo que las organizaciones de apoyo a los presos etarras dan ya por hecho: la excarcelación de los condenados por terrorismo. Y ya veremos si el PSOE no trata de amortizar en su favor el anuncio de la banda de renunciar a los asesinatos y no emplaza al nuevo presidente del Gobierno a no «estropear» lo logrado manteniendo posiciones de dureza que, dirán muchos, no harán sino proporcionar argumentos victimistas a los radicales y favorecer sus posiciones. «A partir de ahora va a haber mucho tonto útil que le va a facilitar el trabajo a esta gente» pronostica este diputado vasco.
El debate de investidura que empieza mañana será la primera ocasión en que se midan las dos interpretaciones de esta nueva estrategia política del mundo proetarra. Lo que ya se ha comprobado es que desde la izquierda próxima al PSOE se apuesta claramente por aceptar como regalo la mecha de la carga de dinamita política y colgarla en el balcón del Congreso como si fuera una auténtica rama de olivo. Detrás de esa posición está la esperanza de que, de verdad, los radicales estén avanzando hacia un escenario de paz y de concordia. Pero la experiencia demuestra que en este asunto resulta muy peligroso trabajar a base de deseos. Mejor será amarrarse firmemente a los hechos y actuar después de haberlos contrastado. No vaya a ser que después de las autonómicas vascas nos encontremos con un plan Ibarretxe en su versión más virulenta y con el respaldo, además, de una aplastante mayoría de votantes que se hayan tragado los bombones pensando que los buenos son los batasunos y los malos, los demás.
victoria.prego@elmundo.es





Links to this post:
Crear un enlace
Home