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domingo, 25 de diciembre de 2011

CRÓNICA: Soraya Sáenz de Santamaría, los ojos que todo lo ven, la mujer que acumula más poder en la Historia de la España moderna: Soraya Superwoman



  • GRACIANO PALOMO
  • 24/12/2011 CRONICA
  • Su frágil cuerpo ha sido un pilar básico en el liderazgo de Rajoy. Soraya es una mujer práctica


    Soraya Sáenz de Santamaría, la Superwoman del Gobierno RajoySoraya Sáenz de Santamaría, la Superwoman del Gobierno Rajoy
    Treinta y uno de marzo de 2008. 10:30 de la mañana. Planta séptima de Génova 13, cuartel general del PP. Despacho del presidente nacional.

    -¿Qué tal Soraya, eeeeh?- inicia la conversación Mariano Rajoy al mismo tiempo que da profundas caladas a un puro habano de grandes dimensiones marca Cohiba-. Esto está duro, ¿eeeh? Pero vamos a dar la cara… Creo que te voy hacer una putada... ¿eeeh?

    -¡Qué me dices, Mariano! Ya sabes que yo empecé contigo y acabaré contigo... ¡Nunca te agradeceré lo suficiente que me hayas dado una oportunidad así de aprender contigo!

    -Sí, Soraya pero tú sabes cómo estamos…Una parte del partido nos quiere mandar a casa, en fin, me dan por todos los lados y apenas unos cuantos confiáis en mí. Quiero que sepas que yo voy a dar la cara. Tengo, creo, una mayoría del partido y un plan para ganar las elecciones en el que entras tú…

    -¡Por supuesto, ya lo sabes, no puede quedarte ninguna duda!

    -Bien, pues mira, te voy a mandar al grupo parlamentario, que es el lugar clave en estos momentos... Te van a recibir a escobazos... ¡pero tienes que hacerte con las riendas!

    Éste es el momento clave en la rutilante carrera de la vicepresidenta de 40 años, que ahora acaba de ser madre y asumir más poder ejecutivo del que nunca tuvo mujer alguna por estos lares desde aquella otra castellana, de Ávila, muy cerca de Valladolid, que respondía por el nombre de Isabel la Católica. Ésta optó por la unidad nacional y por Fernando, el práctico, diplomático y desconfiado aragonés; aquella, por Rajoy y por una cierta idea del centro y la moderación política.

    Porque en lo único que la menuda pucelana no es moderada es en el trabajo. Una estajanovista sin horas hasta el punto de haber convertido a Iván Rosa, su marido, en el amo de su casa. Por cierto, lo que une a los dos jefes de Soraya, Rajoy e Iván, es curiosamente la retranca. Una estrictamente galaica; otra netamente extremeña. Pocos conocen que esta recalcitrante empollona se suele poner el mundo por montera con enorme sentido del humor que padece a diario Pico (la arandina María González Pico, la leal y eficaz jefa de su gabinete) y relativiza el éxito y el fracaso tratándoles como lo que son: dos impostores.

    Soraya fue captada por Rajoy en León cuando cumplía de oficio como abogada del Estado en el gobierno civil. Tenía 27 años y era su primer destino profesional. Su espectacular curriculum académico fue lo primero que llamó la atención del registrador-ministro, que al igual que Fraga da mucho valor a los altos funcionarios del Estado que han conseguido un puesto por oposición. Pero la política es otra cosa; sobre todo, la alta política.

    todo a una carta

    Rajoy ordenó a Francisco Villar, entonces jefe de su Gabinete y recientemente fallecido, que incorporara a Soraya como asesora. La nueva zarina del gobierno Rajoy ha tenido que currar mucho para ganarse la confianza de su comandante en jefe. Y jugárselo todo a una carta. Por ejemplo, tras la pérdida de las elecciones del 2008, cuando el liderazgo del presidente era tan seguro como el agua en una cesta, Soraya fue la única mujer, junto con Carmen Martinez Castro y Ana Mato, que hizo vigía permanente junto a su despacho. Estos días de gloria, cuando no le cabe más poder en las manos, recuerda que en las elecciones del 2004 se tuvo que conformar con el puesto 18 en las listas por Madrid y que si ocupó escaño fue porque Rodrigo Rato dimitió para irse al FMI.

    Rajoy le hizo pasar por todo y tuvo que tragarse muchos papeles. «Devora los informes, se lee todo, lo revisa todo, lo memoriza todo», subraya uno de sus colaboradores más próximos durante su etapa como portavoz parlamentaria sobre desarrollo autónomico o emigración durante su etapa en Interior.

    El gran salto estaba por producirse. En esos dramáticos meses que van desde el 9 de marzo del 2008 al congreso de Valencia (junio), el gobierno del grupo parlamentario, todavía en manos del aznarismo de los corbatas negras (Eduardo Zaplana), era lo que quitaba el sueño a Rajoy. Y decidió colocar a Soraya en el puesto más importante, vistoso y decisivo para una formación política en la oposición.

    «Mariano decidió jugar muy audazmente, venía obligado por su propia necesidad política en aquellos momentos, colocando a Soraya en lugar tan preferente, porque además de tener una persona de su absoluta confianza en el primer escaño ejecutivo en el Congreso necesitaba también mandar un mensaje de renovación…», admite un dirigente del círculo marianista.

    Eran los días en los que el nuevo presidente tenía que recordar urbi et orbi que Aznar ya no estaba en política y que España y el PP habían «cambiado». Era la prueba del carbono para saber a ciencia cierta si, además de memoria, culo para calentar silla y tragarse los libros, firmeza para mantener su propio rol y riesgo para subirse al carro rajoniano, Saénz de Santamaría tenía madera de líder político.

    Los más antiguos de la bancada popular la recibieron de uñas. Especialmente los zaplanistas que veían cómo su estatus peligraba en el grupo parlamentario y específicamente en el decisivo y decisorio comité de dirección. El primer día que iba a intervenir en el pleno del Congreso, minutos antes de interpelar a la vicepresidenta De la Vega, uno de esos diputados a sus órdenes la animó con estas palabras:

    -¡Bueno, Soraya, a ver si nos demuestras lo que vales ahoras… Que sepas que te estamos vigilando..!

    En realidad, quien de verdad la estaba vigilando era su jefe, amigo y descubridor. Sabía que si superaba esa prueba habría acertado.

    Algunas fechas después, durante una larga conversación con este periodista, Soraya reconocía la «dureza de los primeros tiempos como portavoz... Fueron momentos extraordinariamente complicados para el partido y, naturalmente, el grupo parlamentario era un reflejo de esa situación». Era consciente de que se jugaba su carrera y de que de su acierto en el Parlamento dependía también el propio futuro de su comandante en jefe.

    Una niñata dando órdenes a políticos con muchos espolones en la derecha... Incluso ordenando el trabajo a nombres tan señeros como el de Manuel Pizarro, que lo había sido todo en la sociedad civil y profesional... Con el turolense hubo sus roces pero terminaron entendiéndose como «buenos abogados del Estado» que esto une mucho.

    Soraya se rodea de un equipo de su generación (40 años) que conoció en Génova durante su etapa como secretaria de política territorial: José Luis Ayllón, José María Lasalle, Fátima Báñez, Alvaro Nadal… sin dejar de utilizar la veteranía. Esa generación de dirigentes que, curiosamente, se fogueaban mediáticamente en La Sexta, el invento catódico del zapaterismo. Incluso deja a Cayetana Álvarez de Toledo (en la actual legislatura excluida del comité de dirección), que era una reminiscencia del zaplanismo. Porque ese comité, hay que recordar, se constituyó antes del decisivo congreso de Valencia.

    nada de líos

    Soraya Sáenz de Santamaría, la Superwoman del Gobierno Rajoy

    Soraya abre el grupo a todo el que trabaja. Es su obsesión. Pero, claro, teniendo presente la estrategia que el jefe quiere implementar: centro, reformismo, trabajo, nada de líos y subiéndose a la chepa de lo que realmente preocupa a los españoles. Ella se encuadra en el más puro Rajoy style. Esto es, mujer práctica, moderada y con vitola centrista. Odia el talibanismo, incluido el de su propia formación política. Se puede escribir y escribo que más que conservadora stricto sensu, tiene un perfil ideológico mucho más cercano a la extinta UCD que a la antigua AP, con ribetes fuertemente socialdemócratas en lo social. Para instalarse definitivamente en el discurso del mérito. Ella misma es un claro ejemplo.

    Lo ha puesto de manifiesto en numerosas ocasiones ante sus colaboradores. «A mí no me interesa la adscripción concreta de cada cual dentro del PP. O si pertenece a este u otro clan… Me interesa el trabajo, la lealtad personal y los resultados», le espetó recientemente a uno que ahora, posiblemente, será secretario de Estado bajo su mando. No está donde ha llegado por sus aditamentos ideológicos. Rajoy prefiere a los que saben sumar, y lo han demostrado, que a los guardias de las esencias, que en la derecha cada vez son menos.

    «Respeto profundamente a Soraya... Creo que este respeto se ha extendido entre todos aquellos que hemos sido testigos de su trabajo en el grupo», afirma Carlos Floriano, secretario de comunicación del PP y fiel colaborador de Esteban González-Pons. «Es una mujer de una sólida preparación intelectual, buena compañera de partido, trabajadora enorme, a la que cualquier responsable político quisiera tener a su lado porque da confianza. Su elección como vicepresidenta no ha sorprendido a nadie».

    Otros diputados populares, incluso los que no la recibieron con palmas, reconocen que estableció «rigor», disciplina y «curre» en el grupo; dio cancha a quien lo perseguía. «Pero exigía trabajo, lealtad y dedicación... No perdonaba la conspiración, ni el enredo, ni el pasilleo, ni las filtraciones…». Su informe sobre los diputados hizo que algunos de ellos no repitieran. Ese informe fue un elemento decisorio para Rajoy al confeccionar las listas y jubilar a una serie de mamuts que venían calentando el escaño sin comerlo ni trabajarlo.

    Cuando el sábado 17 de diciembre, tras asistir a la boda de Aznar Jr. , Rajoy se encierra a última hora de la noche en el sótano de su casa donde tiene su despacho personal a repasar su discurso de investidura e introducir algunos datos económicos, pone también encima de su mesa la lista de pre-ministros. Hay más nombres que ministerios, que no pueden llegar en ningún caso a 15. Tiene que compatibilizar los nombres de Montoro y De Guindos en la decisiva área económica, dar satisfacción a Ruiz-Gallardón, no olvidarse del canario Soria, utilizar la juventud de la onubense Báñez, acompañarse de dos personas que llevan muchos años tras su estela (Fernández Díaz y Pastor), amén de adornarse con el contrapunto Wert.

    Pero a esas alturas ya nadie duda de que Sáenz de Santamaría era el pivote esencial del equipo meritocrático con el que iniciar un camino sin retorno. La única persona que sabe que besará moqueta es la vallisoletana. Hasta el punto de que también ha influido en la cooptación de algunos ministros y, desde luego, será clave a la hora de habilitar la enormidad de cargos en los segundos niveles de la administración central, algunos de gran importancia y poder fáctico.

    Mariano, que tiene como principal galón su «independencia», venía sufriendo presiones de todo tipo a la hora de confeccionar su primer equipo. Especialmente en el terreno económico-financiero. Unas sibilinas, otras brutales e incluso algunas conminatorias. Y la actitud de Mariano siempre imperturbable: «¡A mí con ese hueso!».

    Con esa memoria prodigiosa con la que la naturaleza dotó al gallego recordaba todos los desplantes, desprecios y hasta insultos con los que le agasajaron durante sus años en la oposición algunos de esos prebostes del jurdó que hasta intervinieron para tirarle por la ventana. Recordaban, por ejemplo, que Cristóbal Montoro era su bicha porque nunca se plegó a sus intereses (los de los banqueros). Ni cuando era ministro de Hacienda ni después. Y, además, contaba con el apoyo total del barón de barones por antonomasia, Javier Arenas.

    presión interna y externa

    Pero no sólo presionaban los empresarios amigos que le sirvieron de asesores externos durante su larga marcha, sino también sus compañeros del PP, presidentes de CCAA que querían ser ministros o colocar a hombres o mujeres de su confianza. ¡Más que nada por presumir en sus territorios de lo mucho que mandan en Madrid! A decir verdad, sólo Javier Arenas parece tener la puerta expedita. Por el momento.

    Sobre la única que no cabía duda alguna era sobre Soraya. Dentro y fuera. «Hay dos elementos en Soraya que para el presidente no tienen precio», afirma un nuevo ministro. «El primero es que es una persona "competente", muy preparada intelectual y técnicamente, sistemática, con gran capacidad de análisis y a la vez con decisión ejecutiva».

    Luego viene la discreción. Este es un valor al que Rajoy coloca en el frontispicio de toda actividad política y humana. La discreción. Odia a los indiscretos. Le repelen. «El presidente sabe que a Soraya le puede dar la espalda, le ofrece seguridad y eso en una personalidad tan desconfiada es un elemento fundamental», señala un ex ministro de Aznar ahora relativamente integrado en el proyecto marianista. Por eso confía tanto en ella y por eso, por ejemplo, ha decidido entregarle el control directo del CNI. Discreción. Cree la misma fuente que la pituitaria de Elvira Viri Fernández ha jugado un papel fundamental a la hora de entregar tanto poder a Soraya. Porque Viri viene asesorando a su marido a la manera galaica sobre personas de su entorno. No deja de resultar llamativa también la fuerza que tiene Carmen Martínez Castro, persona que huye de las conspiraciones de salón y del chau chau tan habitual entre la clase política.

    En este sentido, el hecho de que Soraya se dedique full time a sus tareas, preservando su tiempo de las conspiraciones y del falso compadreo entre compañeros, es otro dato de primera magnitud para entender el formidable poder que el presidente ha puesto en sus manos. Rajoy siempre repudió el navajeo madrileño (y gallego); ahí está el secreto de que nunca acepte cenas en casas particulares, por muy importantes que sean las invitaciones (que las recibe desde hace tiempo).

    Parece evidente que el nombramiento de Alfonso Alonso al frente del grupo parlamentario no se entiende sin la mano de su predecesora. Ni de Fátima Báñez en Empleo, ni de Álvaro Nadal en la Oficina Económica de Moncloa. A partir de ahora en esos segundos niveles se podrá notar aún más. De ella depende Presidencia, la Portavocía (se supone que con mando en plaza en RTVE, Efe…) y el CNI.

    ¿Cómo es Soraya Sáenz de Santamaría Antón?

    «Es una mujer castellana, muy castellana, que te dice las cosas mirándote a los ojos, cuyas principales preocupaciones son su trabajo y su familia, su familia y su trabajo, e intenta comprender a todo el mundo, porque al fin y al cabo viene de una familia modesta…», subraya una amiga de toda la vida a orillas del Pisuerga, que prefiere mantenerse en el anonimato pero que sigue con entusiasmo el carrerón de su paisana. «Siempre fue la lista de la clase…». Dice que le cuesta mucho recordar alguna vez en la que Soraya haya hablado mal de alguien. «Si tiene algún problema contigo te lo dice por corto y punto… Si te gusta bien si no te aguantas… No sé a partir de ahora pero nunca ha ido de nada. Es una tía muy normal».

    Sus colaboradores sostienen que muchas veces cuando llegan al despacho ella ha encendido las luces. «Ahora menos porque tiene un niño, pero se exige y nos exige mucho… Es una perfeccionista total, una trabajadora de sol a sol, sobre todo cuando prepara papeles para el jefe, lo quiere todo muy exacto».

    ¿Broncas? Sí, claro que las echa, pero ahí queda todo. Es una mujer que habla.

    En esta hora la vicepresidente habrá puesto ya en su despacho monclovita aquella frase tan descriptiva de Wyse: «A los hombres se les enseña a pedir perdón por sus fallos; a las mujeres por sus éxitos».

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