FIRMAS: Luis María Anson,D Gistau, V Prego, Secondat, Luis Oz, C Rigalt, L Méndez

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO
Alfredo Sáenz es un hombre de bien

Querido presidente…
Apenas conozco a Alfredo Sáenz. Nunca he tenido relación con él, ni personal ni profesional. A lo largo de mi dilatada vida periodística he seguido con atención, eso sí, su actividad empresarial y financiera. Siempre he admirado su honradez personal, su sabiduría profesional, su permanente acierto en la gestión de bancos y empresas. «Hay que subirse en la bicicleta y pedalear» es su frase tantas veces repetida. Poca verborrea y mucho trabajo ejecutivo. En todos aquellos sitios donde ha gestionado, Alfredo Sáenz se ha dedicado a aumentar los ingresos y a reducir los gastos. No parece mala fórmula. A ti te la ha restregado cien veces Ángela Merkel.
Me ha parecido un gesto generoso y, sobre todo, de justicia profunda, el indulto que tu Gobierno ha concedido a Alfredo Sáenz para lavar una sentencia, muy liviana, por cierto, que es necesario acatar pero con la que no estoy de acuerdo. Alfredo Sáenz no ha hecho otra cosa que defender los intereses del Banco que le había contratado. Es, además, lo más lejano al tiburón bancario. Siempre se ha mostrado solidario con los desfavorecidos. Tiene la mano tendida para ayudar a cuantos lo necesitan.
En un ecuánime editorial de este periódico se escribía ayer que «Zapatero no cosechará precisamente aplausos». Ayudar a un banquero como tú has hecho o escribir positivamente sobre su gestión como estoy haciendo yo, no es, en estos momentos, con la que está cayendo, políticamente correcto. Así es, mi querido presidente, que te criticarán la decisión, que con tanto sentido de la equidad, has tomado. Yo te escribo estas líneas públicas, sin embargo, para felicitarte, consciente del riesgo de hacerlo. Abraham Lincoln dijo en el Congreso de los Estados Unidos de América que «la más estricta justicia no es siempre la mejor política». A mí me parece que aquel presidente histórico tenía razón. El arte de gobernar no es la organización de la idolatría como creía Bernard Shaw, como creen algunas de las púberes canéforas que te rodean a ti y, por supuesto, también a Mariano Rajoy. Hay veces en que resulta necesario sortear los andamios de las instituciones.
CRISTINA LÓPEZ SCHLICHTING
Exprimiste a Aznar como a un limón en tu entrevista de televisión
Querida Cristina
«El periódico impreso, el hablado, el audiovisual y el digital son compatibles. Cada uno tiene su espacio. La tecnología está modificando algunos soportes y el periódico convencional camina ya aceleradamente a que se lea impreso en una pantalla. La sagacidad de Pedro J. Ramírez ha sabido anticiparse en España con la aventura que deslumbra de Orbyt. Demostraste tu maestría profesional, querida Cristina, en el periódico impreso. Tus reportajes sobre el terrorismo y en defensa de la dignidad de la mujer en Irán, Yemen y tantos países, no se olvidan. Supiste enfrentarte también a las mafias de la prostitución y los malos tratos. Te jugaste literalmente el pellejo con tus informaciones. Fuiste siempre la más valerosa y consecuente. Luego te trasladaste al periódico hablado y tu éxito tiene pocas fisuras. Te has colocado a la cabeza de las periodistas radiofónicas. Durante largos años llenaste las tardes de la Cope de objetividad, de sentido de la realidad, de coherencia ideológica. Tu programa diario ha sido la referencia más certera de una cadena con aristas especialmente vidriosas».
Con estas palabras abría yo la carta que te escribí hace un año. Ahora, mi querida Cristina, caería en la cicatería, a la que siempre he procurado ser ajeno, si no destacara la espléndida entrevista que le hiciste a José María Aznar en el canal 13 TV. Alejandro Samanes y José Pablo López están haciendo una excelente gestión empresarial al frente de este canal que, día a día, va despejando los horizontes que tenía cerrados. Su audiencia crece y su interés también, a través de un ejercicio audiovisual mesurado y respetuoso, al servicio del entretenimiento y la información.
Cercaste a Aznar de forma sutil e implacable y conseguiste de él que se pronunciara sobre asuntos mantenidos en la discreción o el silencio. Está claro que el expresidente se muestra encantado de convertirse en alcalde-consorte. Considera que Ana Botella reúne todas las condiciones que el cargo exige. Aunque algunos barones populares pugnan por encerrar a Ruiz-Gallardón en el redil de la presidencia del Congreso, está por ver lo que va a ocurrir en la formación del anhelado Consejo de Ministros. Hace dos años, en un artículo en estas páginas, me adelanté a vaticinar que Ana Botella sería alcaldesa de Madrid. Está ya a punto de sentarse en la silla curul del despacho de Cibeles, allí donde la suntuosidad de Gallardón ha explosionado. «La expectativa de vida ha crecido de forma espectacular -te dijo entre otras muchas cosas Aznar-. No se puede jubilar a alguien a los 55 años y cobrar su pensión hasta los 85 o más».
Enhorabuena, pues, querida Cristina, enhorabuena por tus éxitos profesionales conseguidos sin estridencias ni provocaciones, éxitos multiplicados en Prensa, radio y televisión. Que los idus del periodismo continúen señalándote el camino del trabajo serio y del triunfo.
ISABEL GÁLVEZ
Éxito al interpretar a Paloma Pedrero 'En la otra habitación'
Querida Isabel…
Paloma Pedrero está instalada desde hace muchos años en el pelotón de cabeza de la dramaturgia española. Ha escrito una docena de comedias de gran calibre intelectual. Noches de amor efímero conmocionó al mundo teatral. Cachorros de negro mirar, certeramente interpretada por Natalia Garrido, abrió ventanales de modernidad en la sala vanguardista La cuarta pared. Caídos del cielo electrizó al sector más desfavorecido de la vida madrileña. Y El color de agosto, tal vez su comedia más destacada, lanzó a dos intérpretes de especial calidad: Marta Larralde y Celia Freijeiro, finalista del premio Valle-Inclán, considerada como la mejor actriz joven del teatro español. Se comprende el éxito internacional de Paloma Pedrero en las principales capitales de Europa y América.
Acudí a contemplar En la otra habitación con curiosidad. Salí del teatro especialmente satisfecho porque en esa comedia está la mejor Pedrero. La arquitectura teatral resulta eficacísima Los silencios hablan en cascada. Los diálogos están calcados del lenguaje cotidiano. Paloma Pedrero ha puesto un espejo delante de la sociedad para reflejar la fractura generacional adolescente. La colisión entre la madre y la hija da ocasión a la autora a reflejar la psicología profunda de la mujer en el ácido choque de los celos, la pasión, la envidia y la generosidad.
La crítica ha destacado la interpretación de las cuatro actrices que se alternan sobre el escenario. Yo te escribo estas líneas públicas porque, sin desmerecer a nadie, me cautivó tu calidad de actriz, la credibilidad que das a tu personaje, los contrastes expresivos, tu voz cautivadora, también el gesto contenido y la expresión corporal. Te recuerdo en La Gaviota de Anton Chéjov y en De cerca nadie es normal, de Aitana Galán. Pero ha sido Paloma Pedrero la que te ha dado ocasión de consagrarte en un papel lleno de matices con el que has traspasado la batería y emocionado al público en ese milagro del teatro que hoy, como en tiempos de Aristófanes, está por encima de las técnicas y los efectos especiales. Es la magia de la palabra en boca de las actrices y los actores transformados en personajes de la vida real.
Unidos en la derrota
Bien pensado, era del todo imposible que en la reunión de ayer alguien se atreviera a pedir explicaciones. Zapatero y, sobre todo, Rubalcaba podían estar tranquilos porque la totalidad de los compañeros que un día tuvieron mando en las plazas españolas llegaban al Comité Federal con una mano detrás y otra delante en lo que al poder político se refiere. Es más: en la mayoría de los casos existían fundadas dudas de que la voz que fueran a levantar durante la reunión contara con el respaldo de la mayoría de los militantes de su región. De modo que todo allí fue prudencia y un sí es no es lleno de cautela y las voces discrepantes se limitaron a una sola y las propuestas innovadoras no pasaron de un par.
Era una reunión de perdedores y los perdedores no están nunca en condiciones de pedir explicaciones a nadie. Todo lo más pueden lanzarse, como se lanzaron, a llamar a la unidad y a formular las jaculatorias de siempre: democracia, participación, pluralidad y más democracia. Pero, sobre todo, unidad, porque eso es lo que necesita un ejército derrotado: que no se le rompan las filas de supervivientes porque una dispersión tras el fracaso significa inevitablemente la muerte.
¿Cuántos de entre los presentes habría podido tener la osadía de afear al ex candidato sus desastrosos resultados? Ninguno, porque la caída peñas abajo de los apoyos socialistas ha estado muy repartida por toda España, como la lotería del Niño. Nadie podía exhibir ayer más que fracasos en los comicios del domingo. Y no sólo eso: es que antes del 20 de noviembre ya tuvimos el 22 de mayo y cada uno de los presentes ya venía de los comicios de la primavera con la cabeza gacha.
Todos estaban heridos, todos eran convalecientes. Ni una voz más alta que otra, ni una palabra de más. Con una sola excepción: la intervención rotunda del ex presidente extremeño Rodríguez Ibarra quien, como ya se esperaba, hizo una enmienda a la totalidad y pidió a todos que se fueran a su casa, por fracasados, y pusieran el partido en manos de una gestora. «Gracias a que previamente el partido estuvo en manos de una gestora», vino a decirle a Zapatero, «tú llegaste a la secretaría general del PSOE». Independientemente de que el todavía líder socialista le recordara modestamente que, hombre, él había ganado un Congreso, lo cierto es que su intervención estaba más que descontada y no hizo la menor mella en el público por un motivo: porque Ibarra ya está fuera del circuito de poder político y también del orgánico. Así que su voz, poderosa, clara y con razones de peso, pasó sin efecto alguno entre los asistentes.
De entre los barones efectivos, quizá Tomás Gómez, secretario general del socialismo madrileño, fuera el más combativo y el que, ante los micrófonos de los medios, hiciera notar con mayor fuerza su discrepancia. Pero la suya era también una apuesta ciega: quería un modelo casi a la francesa y su propuesta fue inmediatamente desechada por el andaluz Griñán, que ahora mismo tiene muchas cosas que decir a los suyos.
En el caso de Gómez se explica su leve disidencia porque en este momento, y después de lo sucedido en el PP de Madrid con la fulminante expulsión de la secretaría regional del partido de Francisco Granados a cargo de la presidenta Esperanza Aguirre, Gómez piensa que dentro de los populares madrileños puede abrirse un espacio de fuerte controversia que le permita a él asomar la cabeza e ir abriendo para el PSOE el hueco político del que ahora mismo carece. Gómez destacó no sólo por su atildada indumentaria sino por ese deje de rebeldía innovadora que defendió con más convicción que éxito.
Durante las primeras horas de ayer existió la duda de saber si algunos de los barones vencidos, que son todos, iban a atreverse a aprovechar este Comité Federal para sacar los pies del plato y, lanzándose a amarrar su futuro personal y la tranquilidad de sus cuadros medios, iban a empecinarse en apostar por Alfredo Pérez Rubalcaba como el nuevo secretario general que había que elegir en el próximo Congreso. Ese intento, esbozado a lo largo de la semana, había sido interpretado como un intento inadmisible de cegar la libre intervención de las bases y de condicionar sus apoyos a las decisiones inaceptablemente prematuras de sus dirigentes.
Pero no sucedió así. Los que habían enseñado antes la patita la habían recogido ya cuando llegaron a la calle de Ferraz y se abstuvieron muy mucho de avanzar sus apuestas. Todo quedó en nada, al menos formalmente. Y, aunque resultó evidente que Rubalcaba tiene el respaldo de gran parte de los barones - y seguro que también de los militantes- no se rompieron la formas. Rubalcaba hizo un discurso propio de quien da por hecho que va a dirigir el camino del PSOE. No concretó nada en ese sentido pero el lenguaje y el mensaje fueron meridianos. Que fuera él quien pronunciara el discurso de cierre es más que significativo. La incógnita ahora es si Carme Chacón, que estuvo mohína y muy envarada durante toda la sesión,va a atreverse disputarle la Secretaría General y si tendrá el respaldo de ZP para hacerlo .
José Antonio Griñán, el primero de los barones en tomar la palabra, fue cauto pero se mostró partidario de abrir el abanico y de que haya una cierta variedad en la pelea por el liderazgo del PSOE. Una cosa presentable que acabe bien. «Necesitamos ir a las elecciones con esto cerrado y enseñando algo sólido porque, si no, ¿qué enseñamos, los resultados del 20-N?», decía irónico uno de sus próximos.
El secretario general de los socialistas andaluces ha recibido un monumental revolcón en las elecciones del 20-N pero aún conserva ante los suyos la confortable categoría de incógnita porque aún no se ha medido en las urnas autonómicas. Y como Andalucía es la única tabla de salvación política que le queda al PSOE para no entrar en una profunda crisis que, hoy por hoy, sus dirigentes siguen orillando, lo que Griñán necesite, lo que pida, será atendido con toda prontitud.
Y lo que necesita es tener a su partido mínimamente enderezado y con un liderazgo claro antes de marzo, cuando él va a convocar unas elecciones que los sondeos dicen que va a perder pero que él espera, si no ganar, al menos alcanzar los escaños suficientes como para pactar con IU y conservar el poder. A él era al que menos le interesaba que este Comité Federal acabara atado por Rubalcaba porque, a la menor rebelión de los cuadros medios y no digamos ya de las bases, el PSOE estaba condenado a acudir al Congreso abierto en canal y en medio de las mayores trifulcas.
Por eso, y porque lo último que le faltaba ya a Zapatero para cerrar del peor modo posible su ejecutoria era dejar como herencia un Congreso amarrado en favor de Rubalcaba, las cosas transcurrieron ayer de buena manera. Como Dios manda, que diría Rajoy.
Desinstalando la Corona
EN SU DECADENCIA, para nuestra monarquía es una suerte que el concepto republicano se haya quedado enquistado en una izquierda montaraz, de inspiraciones anacrónicas. Es una consecuencia de la propaganda que simplifica España, con el pretexto de la Guerra Civil, como un choque entre democracia republicana, izquierdista por definición, y la derecha toda, fascista por naturaleza y hasta por unidad de destino en lo universal. El caso es que sólo eso permite a la monarquía acogerse a sagrado todavía en la coacción de que sólo una corona impide que España sucumba a inestabilidades latentes a las que, sin un padre tutelar, estaríamos abocados por costumbre histórica.
Siempre he pensado que el impulso hacia otro régimen pasaría necesariamente por desligar el anhelo republicano del Frente Popular y la tricolor, de la fuerte caracterización sectaria. Y manejar una noción de República liberal, sin carga ideológica fundacional, en la que el jefe de Estado es elegido por sufragio universal entre partidos de izquierda y de derecha, como en Francia. La monarquía perdurará mientras la palabra República, como en un reflejo de Pavlov, evoque checas y milicianos, pasado podrido. Cada vez que un tarado saca una tricolor junto a otra bandera con la hoz y el martillo, concede a la monarquía una renovación de la simpatía popular, pues la Corona vuelve a ser vista como la vacuna contra el 36.
Estoy anticipando algunas reflexiones livianas que se volverán vigentes dentro de no mucho tiempo, cuando esta monarquía termine de autodestruirse. Sin duda habrá un repunte de afecto y adhesión por la dignidad de los años postreros del viejo rey, el último que se creyó su oficio, y que ya aparece con unas gafas como las de José Feliciano para suavizar estragos y relatos de torpeza. Pero después, en un país que, si termina de evolucionar, no tendrá ya una relación gregaria con su corona, la tarea dependerá de un pijo convencional con pinta de calzonazos del que algunas decisiones de vida demuestran que sólo se cree su oficio en la parte de los privilegios. Y la monarquía culminará un proceso que se acelera propiciado por el final de la omertá periodística: el de degeneración hacia lo Grimaldi. No sé si Carmen Rigalt me aprobará grimaldización, que no puede decirse con un polvorón en la boca. Yernos que salen en carretilla del museo de cera, caraduras que se lo llevan crudo, especulaciones anoréxicas, cuñadas que no se hablan, malvadas de cuento, osos borrachos, intrigas. Sólo falta que alguien se vaya a vivir con un guardaespaldas o un trapecista. Mientras, y por si acaso, que la izquierda espectral vaya devolviendo, para que sea compartida y modernizada, la aspiración republicana, Vive la France!
¿Sobramos la mitad?
«Sobran la mitad de los periódicos, de las emisoras de radio, de las cadenas de televisión y, aunque sea muy duro, sobramos la mitad de los periodistas», decía el jueves Bieito Rubido, director del diario ABC, en el Foro de la Nueva Comunicación. «En Madrid se quedarán, como mucho, dos periódicos: uno de centro-derecha y otro de centro-izquierda».
No es normal, advirtió, que «la media de cabeceras en Europa sea de 72, mientras que en España seguimos teniendo más de 120 (en Italia y Francia sólo 45)», mientras los ingresos por publicidad han caído de 1.900 millones de euros en 2007 a 1.120 millones en 2010.
A diferencia de EEUU, donde han desaparecido 160 cabeceras en los últimos tres años, en España se cuentan con los dedos de una mano, pero la procesión va por dentro. Según el Informe Anual de la Profesión Periodística 2011, el octavo de la serie, editado por la Asociación de la Prensa de Madrid y presentado hace unos días, en las redacciones españolas trabajan hoy entre 27.000 y 28.000 de los más de 50.000 licenciados del país.
«Sólo alrededor del 50% de los licenciados vive del periodismo», reconoció Fernando González Urbaneja, presidente saliente de la APM, que el día 30 elige nueva directiva. «Hemos podido contabilizar 9.937 periodistas en paro», explicó Pedro Farias Battle, director del anuario. «Nos faltan datos, pero el 44% de periodistas hoy en paro perdió su empleo en el último año».
En la primera edición del informe, en 2004, se apreciaba «un inquietante deterioro de la profesión», pero se reconocía que «nunca ha habido tantas oportunidades, tanta oferta y demanda». Se denunciaba la pérdida de respeto entre los profesionales y se pedía más distancia del poder.
Este año se reconoce un deterioro generalizado. «En lo único que crecemos, y mucho, es en el número de parados», afirmó G. Urbaneja. «Y en el número de matriculados en periodismo», añadió Farias, lo cual no deja de ser preocupante.
La reforma de la Ley Electoral, las últimas dos campañas y el debate televisado entre Rubalcaba y Rajoy prueban, en opinión del presidente saliente de la APM, que «los periodistas no interesamos ya a casi nadie ni para el atrezo».
¿Alguna solución en el horizonte? «Sí», responde. «Hemos caído tan bajo que sólo nos queda la esperanza. Pero, además, creo que el desarrollo de los países y la madurez de las democracias se mide también por la densidad y madurez de los medios informativos».
El hombre sin lectura
A algunos chicos los miramos como a los muebles isabelinos, deslizamos la mirada por su superficie.Los hombres con esmoquin no tienen lectura. Sólo la pajarita nos dice algo sobre su personalidad.Jaime de Marichalar me puso una vez a Xabi Alonso por las nubes: «Es encantador y educadísimo».
Que no salga de aquí: soy una adicta a las fiestas, pero me aburro mortalmente en ellas. Voy a una fiesta como podría ir a una exposición itinerante o a un funeral, y que el lector me perdone por meter el funeral y la fiesta en el mismo lote, pero así es la vida.
Funerales y fiestas son las convocatorias que arrojan mayor número de negritas. Mi interés es, pues, material. Este curso, sin embargo, he decidido declinar los funerales, porque no quiero poner en riesgo mi estado de ánimo, propenso de por sí a la necrofilia, de manera que ahora me concentro en las fiestas de puertas abiertas (a las otras no me invitan para que no largue).
Los patrocinios condicionan la puesta en escena de las fiestas, hasta el punto de que todas acaban teniendo la misma atmósfera. No hay nada más parecido a una fiesta patrocinada que otra fiesta patrocinada. Si me tapara los ojos como la gallinita ciega, adivinaría (sin margen de error) qué famosos hay entre los invitados a una cena/fiesta. No lo tomen como una proeza. La realidad es tramposa, y casi todos los personajes que desfilan por los photocall de España pertenecen a las distintas cuadras de famosos controladas por las agencias de comunicación que dominan el negocio de los eventos (ya salió la palabra).
Esta semana tocaba la fiesta de los hombres del año (revista GQ). Una cena algo fría, distante, apresurada (las fiestas maduran con los años, como todo, y los hombres GQ son todavía jóvenes). Era mi debut en el sector y estaba dispuesta a no perder detalle (desgraciadamente perdí muchos, porque me tocó cenar casi en la cocina). A mi lado, una dinámica compañera de Telecinco tuiteaba frenéticamente, contando los pormenores de la cena. Por suerte no fui ninguna vez al baño y ella no se vio en el brete de tener que retransmitirlo.
A la altura de los postres subió al estrado Quim Gutiérrez (hecho un pincel) y comenzó la función. Para entonces yo había oteado ya el horizonte en busca de posibles hombres del año, fueran o no premiados. No vi ninguno. Mejor dicho, vi tantos que no alcancé a diferenciarlos. La presencia masculina era superior a la habitual en las fiestas que frecuento, donde la densidad de modeluquis (y no digamos la de gays) resulta abrumadora.
Me gustan los hombres que despiertan una mirada, y no me refiero a la mirada que despiertan los guapos, tan previsible. Hay chicos a los que miramos como si fueran un mueble isabelino, deslizando los ojos por su superficie, pero sin llegar a más. Antes me ocurría con los metrosexuales, esos señoritos heteros que mimetizaban la estética gay. El metrosexual era un descendiente del chulo playa que se refinó para entrar en sociedad. El chulo metía tripa y el metrosexual se machacaba los abdominales; el chulo marcaba paquete y el metrosexual, culo; el chulo llevaba cadena de oro y el metrosexual, diamantes en las orejas. Y así todo.
Pero la otra noche no vi metrosexuales y mucho menos, chulos. Eran simplemente hombres, caballeros enfundados en un esmoquin negro a juego con distintos modelos de pajaritas. Un hombre en esmoquin no tiene lectura. Sólo las hélices de la pajarita alcanzan a decirnos algo de su personalidad y su sex appeal. En este sentido los gays van un poco más allá y amplían el repertorio de guiños. Algunos incluso tienen doble lectura.
Ya sé: no debería extraer conclusiones partiendo de la condición sexual de las personas, pero es que la condición sexual de las personas determina el mundo que las rodea. Yo me muevo en un mundo codificado por los gays, y con eso está dicho todo.
En estas vi a Xabi Alonso, que no es homosexual porque no quiere, ni metrosexual porque no debe. Llevaba un esmoquin de terciopelo y una pajarita que amenazaba con echarse a volar sola. Xabi era un hombre del año, como Mark Vanderloo (por cierto: ¿qué ha sido de Esther Cañadas?), Antonio Catalán (un clásico), y Manu Carreño, que empezó a hablar y parecía que había resucitado Alberto Oliveras con Ustedes son formidables. Es lo que tienen las voces de la radio con perfume amaderado. Te transportan al hombre que vuelve (y que nunca acaba de llegar, dicho sea con impaciencia).
Rubalcaba quiere ser Mariano Rajoy
CONFIESO que durante mucho tiempo creí a Rubalcaba cuando decía que estaba de salida porque ya era muy mayor y había colmado el vaso de sus ambiciones. Su planteamiento tenía toda la lógica. Ya entrado en los 60 y con su cuerpo algo averiado, merecía un descanso. El retrato mefistofélico que trazaban sus enemigos era una caricatura tan tosca que no podía ser cierta. Rubalcaba parecía un hombre lo suficientemente listo y experimentado como para darse cuenta de que su candidatura a las elecciones generales no era una buena idea. Y tampoco parecía conveniente ser elegido por aclamación, sin la legitimación de unas elecciones primarias que él mismo dinamitó. Ni su imagen, ni su dilatada trayectoria, ni su perfil político tenían el menor atractivo para los desanimados votantes socialistas. No había razones, ni políticas ni emocionales, para votar a Rubalcaba. Los jóvenes se fueron a UPyD, los electores más a la izquierda votaron IU y el resto se quedó en casa porque el relato político del ex vicepresidente no les inspiraba lo más mínimo.Pero hay que reconocer que la capacidad de resistencia de Rubalcaba es como para sorprender a cualquiera. En eso sí que ganaría cualquier competición. Los politólogos tendrán que acudir a líderes providenciales -no elegidos democráticamente- para encontrar un precedente de alguien que después de perder cuatro millones de votos y quedarse por debajo del 30% quiera seguir en el puesto como si no hubiera pasado nada. Ni el general Custer en Murieron con las botas puestas.
La película que Rubalcaba está rodando estos días es la segunda parte de la Operación Aclamación -subtitulada «estoy dispuesto a sacrificarme por vosotros si me lo pedís»- que ya rodó los pasados meses de mayo y junio. Entonces, la película tuvo éxito y ahora rueda la segunda parte. La puesta en escena es arrolladora, gracias a un aparato propagandístico formidable. Rubalcaba transmite la sensación de poderío en el PSOE. Tiene totalmente hipnotizado a Zapatero, todavía secretario general, y actúa en su nombre, sin haber dicho aún que quiera optar al puesto. Es parte de su estrategia. Cuando anuncie que se presenta lo hará porque no le queda más remedio que volver a ceñir la corona de espinas, en un postrer sacrificio, ya que sus compañeros no encuentran a otro líder.
Al mismo tiempo, los autores intelectuales del relato van escribiendo el guión para justificar una actitud que choca con el sentido común. Rubalcaba es como González, Aznar y Rajoy, que perdieron dos veces y a la tercera ganaron. Según esta tesis, a él le queda aún la segunda derrota, lo cual quiere decir que ganaría las elecciones con 68 años. Menos que Adenauer, a quien Fraga citaba siempre como ejemplo, que fue líder de la CDU hasta los 90 años. Otra tesis que los autores intelectuales de la candidatura han puesto en circulación es que Rajoy caerá dentro de dos años porque la crisis lo engullirá. El análisis conduce a esbozar una sonrisa piadosa.
Puede que Rubalcaba logre su objetivo, aunque también es posible que los militantes que acudirán al Congreso decidan darle un corte de mangas y votar a cualquier alternativa que se presente, hartos de que los mismos se resistan a dejar paso a otros.
Etiquetas: Firmas





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