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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

lunes 28 de noviembre de 2011

FIRMAS: Carlos Cuesta, Federico Jimenez Losantos, FS Dragó, CG Abadillo, S González, J Müller, R Rivero, R del Pozo




  • COMENTARIOS LIBERALES
  • 28/11/2011 F. JIMÉNEZ LOSANTOS
  • 'La Noria' y La Cheka


    SEGÚN he leído, este sábado María Antonia Iglesias, directora de los servicios informativos de TVE en el felipismo, en cuyo haber destaca la apertura de un Telediario desde la cárcel por Julián San Cristóbal, se refirió a mí en La Noria diciendo que es «imprescindible barrer de la faz de la tierra a gente como ese señor que habla de navajas, cuchillos, en un talante absolutamente chulesco, guerracivilesco». La sutil tertuliana se refería a unos comentarios míos en esRadio sobre el «navajeo» desatado en el PSOE tras la derrota del 20-N y la lucha por el liderazgo del partido.

    Confieso que yo pensaba que lo del «navajeo» era metáfora común para referirse a las querellas internas en los partidos que estaba al alcance de todos los periodistas. Por lo visto, ese día faltaron a clase los comisarios. Pero por si «barrer de la faz de la tierra» resultaba demasiado abstracto, añadió que lo que yo hacía es «una cosa infame y si los partidos democráticos tienen dignidad deberían hacer pedagogía para eliminar a esas personas que no hacen más que daño y son absolutamente inmorales».

    Tras este homenaje a la Inquisición y a la Cheka, que «relajaban al brazo secular» a sus víctimas ideológicas, quemándolas en los autos de fe, pegándoles un tiro en la nuca o despellejándolas vivas como a Nin en una checa del PCE y la GPU, Jordi González dio paso a la publicidad. Palabra.

    Pero alguien debió advertir a la jefa de informativos de la TVE del PSOE en los tiempos del GAL (antes lo fue Sopena) de que debía moderar sus ímpetus. Lo malo de la estrella de La Noria y de ABC Punto Radio, es que su rectificación se convirtió en otra forma de agresión. «Para que este señor encima no pueda hacerse la víctima, cuando digo eliminarlo lo digo en el sentido metafórico y democrático, que la gente de alguna manera le dé la espalda. A ver si va a decir que yo le he amenazado».

    Hombre, pedir respeto, no parece. Y «eliminar democráticamente» a alguien no tiene nada de metafórico. Es lo que los terroristas, ayudados por los comisarios socialistas y nacionalistas, hacen desde hace años en nombre de la democracia. Lo intolerable, dice Iglesias, es que «encima», los «eliminados» «se hagan las víctimas». Jordi acotó: «Es fácil, se desintoniza y ya está», pero lo dudo: él ha dedicado varias norias a eliminarme. No voy a invitarles a la presentación de El Linchamiento, aunque es lo suyo. Porque ya se lo saben y por si acaso.

  • LA ESCOPETA NACIONAL
  • 28/11/2011 CARLOS CUESTA
  • Aquéllos que rieron a Zapatero


    Iglesias, Blanco, Chaves, Zarrías... La foto de la primera fila del Congreso Federal del PSOE, en Ferraz, se convirtió el sábado en un revival de las últimas portadas de los periódicos. Desde las concesiones (durante el mandato de Iglesias en Aragón) por valor de casi 400 millones de euros investigadas por la Fiscalía del Tribunal de Cuentas, hasta el caso Campeón y sus gasolineras; pasando por las interminables acusaciones que han rodeado tanto al propio Chaves como a sus hijos; y llegando a la más que laboriosa -eso sí, siempre en lo público- familia de Zarrías; la foto impedía a cualquier persona ajena al entorno socialista no ver lo que, por lo visto, siguen sin ver los líderes del partido: la órbita de descomposición en la que el mandato de Zapatero ha sumido no sólo a España, sino también al PSOE.

    ¿Es coincidencia que el mismo presidente que ha retorcido las leyes y el Constitucional para colar a los proetarras en las instituciones, el mismo que ha multiplicado la desunión legislativa, fiscal y sentimental de los distintos territorios españoles, y el mismo que delegó en los sindicatos las decisiones económicas en plena crisis, haya acabado sumiendo a su propio partido en una de sus mayores crisis de identidad? En absoluto.

    Una seña ha dejado para la historia el periodo de Gobierno de Zapatero: el absoluto relativismo. Un relativismo desde el que es posible evadirse del hedor de Bildu, con tal de anotarse un ficticio fin de ETA; desde el que es posible seguir alardeando en campaña de la defensa de los obreros, mientras cinco millones de personas se sumergen en el paro; y desde el que, incluso, resulta fácil olvidarse de la inercia soberanista en la que han entrado Cataluña y el País Vasco.

    Y un relativismo que permitió a Zapatero creer que su partido sería capaz de vender al mismo tiempo nacionalismo desde la Generalitat y centralismo en Andalucía; levantar el puño en Rodiezmo y conceder ayudas e indultos a los banqueros; amnistiar de sus inspecciones fiscales a las sicav de grandes fortunas y luego alardear de ser el enemigo de los ricos por subir el IRPF.

    Ni uno solo de quienes vieron, rieron, compartieron y respaldaron esa locura -presentes todos en Ferraz- pueden seguir engordando sus nóminas a costa de un partido que tiene el mandato constitucional de ejercer la oposición. Un mandato que, sería bueno que recordásemos, en absoluto defiende a los líderes de los partidos, sino la salud del sistema democrático español.

    A Mariano Rajoy, el hijo del juez

    JUSTICIA / JAVIER GÓMEZ DE LIAÑO


    Rajoy Presidentesr. d. mariano rajoy brey: Aunque en las instancias el tratamiento que se da al destinatario suele ser distinto, aquí, para demostrar que nada solicito, utilizó esta otra fórmula menos administrativa y protocolaria. Tras la aclaración, le ruego que sepa disculpar la licencia que me tomo.

    En primer lugar, reciba usted mi enhorabuena por la victoria electoral obtenida, aunque, para ser sincero, después de verle en el balcón de la sede de su partido me pareció que el júbilo del momento no le impedía pensar en las muy difíciles condiciones en que va a gobernar. A estas alturas, nadie ignora que la situación es muy complicada y usted sabe que la democracia no es la panacea que todo lo resuelve. Le deseo, pues, señor Rajoy, que en su nueva tarea y en esta hora de dificultades y de esperanza, tenga los mayores y mejores aciertos en beneficio de una España que, con usted al frente, aspira a un futuro próspero y estable. Cuenta con un indiscutible respaldo mayoritario del pueblo español y pese a que nunca me gustaron las victorias absolutas, pues pueden obnubilar el entendimiento del político más sensato, en este caso y en el presente trance histórico, aparte de la siempre deseable frescura, la renovación total que espero se produzca en ciertos aparatos de poder terminará con un buen número de políticos arterioescleróticos, como sinónimo de gastados, y permitirá poner de patitas en la calle a otros tantos aficionados a prácticas que siempre se tuvieron por vergonzosas.

    En mi introducción y como usted de forma tan elegante hizo, no quiero que me falte el recuerdo de quienes en la otra orilla, en la del señor Rubalcaba, sobre las actas del resultado electoral puede que hasta hayan llorado por lo que consideran una debacle. En especial hacia el señor presidente del Gobierno en funciones que estará sufriendo en su despedida al contemplar el divorcio entre la España que él quería y la España real. De humanos es errar, nos dejó dicho Séneca y yo, que no soy nadie para juzgar a nadie, no entró ni salgo en las razones que el señor Rodríguez Zapatero tuvo o pudo tener para llegar hasta donde hemos llegado. En todo caso, quizá no venga mal copiar las palabras de Cicerón en su Filípica: «Cualquiera puede errar pero sólo los incapaces perseveran en el error».

    Dicho lo cual, quisiera sugerirle que al trazar las líneas maestras de su futuro como jefe del Poder Ejecutivo no se olvide de aquella piedra donde el Gobierno precedente y otros anteriores, incluido los del Partido Popular, tropezaron antes. Me refiero al escaso interés por la Justicia. De ahí que confíe en que en sus tareas inmediatas dedique a esta cuestión toda la atención que merece y precisa. No olvide que en el mar de la Justicia hay rompientes que podrían hacerle naufragar.

    Señor Rajoy, con respeto, pero debo serle sincero. No termino de comprender cómo en su campaña electoral y más concretamente en el debate que mantuvo con el candidato a la presidencia del Gobierno por el PSOE, la Justicia ocupó tan poco y pobre espacio. Sí; ya sé que el programa del partido que preside, bajo la rúbrica de «Una democracia ejemplar», contiene una docena de medidas que van desde el cambio de modelo de oficina judicial hasta la promesa de garantizar la independencia del Ministerio Fiscal, pasando por reformas procesales que propicien una mayor agilidad en la tramitación de los procedimientos. E, incluso, se habla de modificar el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, el CGPJ. En este sentido, sí podría emitir una opinión acerca de lo que su Gobierno se propone hacer y que ya le anticipo no es que me guste del todo, pues además de omisiones de gran calado, como una regulación cabal de la prisión preventiva, algunas de las reformas anunciadas, verbigracia, la pena de prisión permanente revisable o el cómputo a la baja de los beneficios penitenciarios, no merecen mi aplauso. Pero aparte de las divergencias respecto a propuestas concretas, lo que no puedo evitar es la interrogante machacona de si con usted vamos a tener esa Justicia que preludia y exige la Constitución. Se lo digo de todo corazón. Amo mucho a la Justicia para permanecer callado ante algunos silencios. Voy a decirle algo más. A mí me hubiera gustado oírle repetir aquello que dijo en febrero de 2008, cuando en plena campaña electoral, con tanta convicción como energía, soltó: «Yo quiero una Justicia eficaz, rápida e independiente; no quiero bermejos ni condespumpidos (…)». Aquellas palabras me parecieron que podían ser fruto de la pena y del dolor que le producía ver cómo nuestra querida Justicia estaba en manos de gente que la arrinconaba en el desván de los trastos inservibles. Entendí que no era tanto una intención política la que le guiaba decirlo, sino el sentimiento de un hombre de ley, capaz de pensar que sin jueces y fiscales realmente independientes, un país se va al garete sin remisión. Porque usted sabe que los ciudadanos no gozarán de libertad ni podrán soñar con la Justicia, ni con jueces de verdad, mientras los políticos sigan manipulando las herramientas del Poder Judicial. Lamento decirlo, pero tengo para mí que algunos políticos son enemigos naturales de la Justicia. Me refiero a aquellos a quienes nada importa abdicar de los más nobles propósitos en prosecución del poder. Fíjese, por poner un ejemplo, en algunas instituciones judiciales y parajudiciales, empezando por el CGPJ, al que, por cierto, pertenecí, donde abundan representantes o embajadores de los partidos.

    No sé si recuerda un artículo suscrito a finales de 2008 por varios jueces de Andalucía y que se titulaba ¿Por qué protestamos los jueces? En él, sus señorías se quejaban del sesgo descaradamente partidista de los nombramientos de los vocales del CGPJ, de las injerencias públicas y notorias de los partidos políticos en los nombramientos del presidente y vicepresidente de ese órgano y lamentaban el desencanto de una judicatura que se sentía poco valorada y, lo que es mucho peor, atosigada por un Poder Ejecutivo que, según los firmantes del documento, «mete la mano sin complejos en el Poder Judicial». Pida a sus colaboradores que le faciliten la publicación que cito. Difícilmente tendremos una Justicia de calidad con unos jueces desmotivados, desbordados e impartiendo justicia a la defensiva, cuando no a la ofensiva, que es más grave.

    En relación con el Ministerio Fiscal, usted sabe y le consta que la mecha del proceso de devaluación de esta institución se encendió hace tiempo, aunque es verdad que en los últimos años ha llegado demasiado lejos. Conozco bastante bien el escalafón de la carrera fiscal y sé que hay gente de independencia sin fin. Sin embargo, al lado de estos, destaca la triste figura del fiscal obediente, el fiscal uncido al carro del político o del zascandil de turno. Busque usted y nombre fiscal general del Estado, que no del Gobierno, a un personaje recto e independiente que a nadie tema ni nada espere, que los hay. Es hora de acabar con el fiscal político que antepone el fin a la norma y el resultado al procedimiento. Cuando un fiscal se siente depositario de los intereses de un partido político, el Ministerio Público cruje, aunque peor que el partidismo, si cabe, es el servilismo, para mí el más abyecto de todos los vicios. La politización es una aberración, el servilismo, una vileza.

    Créame. Yo no quiero ser un aguafiestas, pero me parece que hace tiempo, quizá demasiado tiempo y si no eche usted un vistazo a las últimas encuestas, que el problema de la Justicia se encuentra en la disyuntiva de que si queremos que sea eficaz, hay que hacer una cirugía casi de hierro, o, por el camino inverso, lo que tendremos seguirá siendo una Justicia mezquina y estancada, situación que, sin duda, va en contra de su idea. No es que la Justicia no marche, señor Rajoy; es que, o ponemos manos a la obra, o se nos marcha. Admito que me diga que la solución no está cerca, que la justicia no es una ciencia exacta, pero, como nos anunció el otro día, al igual que otras cuestiones de Estado, ésta merece el esfuerzo de todos para mejorarla. Y como sé que no le sobra ni un minuto, le recuerdo aquello que Menéndez Pidal nos advierte en el Tomo I de la Historia de España, con una frase merecedora de llamarse sentencia: «En la vida histórica, todo período de auge se distingue por una vigorización de la Justicia y por lo contrario en épocas de decaimiento».

    estoy seguro de que cuenta usted con buenos asesores en materia de Justicia. Unos, internos, de plantilla. Otros, externos; voluntarios y hasta espontáneos. Pero, por favor, hágame caso. Tiene bien cerca a quien mejor y más desinteresadamente puede aconsejarle. Hablo de su padre, al que conocí en 1977 cuando ingresé en la carrera judicial. No en persona, sino por su obra. Él, don Mariano Rajoy Sobredo, era uno de esos magistrados que a los jueces alevines nos prestaba ayuda cuando teníamos necesidad de encontrar sentencias que resolvieran un asunto civil enrevesado y que se publicaban en recopilaciones semestrales de las resoluciones judiciales dictadas por las Audiencias Provinciales. Además, se daba la circunstancia de que mi padre, que también se llamaba Mariano y que había sido juez en Bande, provincia de Orense y que era cinco años mayor, me habló siempre de él como un gran juez y no menor experto en Derecho Civil.

    Pregúntele a su padre, señor Rajoy, por el estado de nuestra Justicia. Él es hombre que siempre cultivó la prudencia y la mesura. Estoy convencido de que nada dirá que perjudique el buen nombre de los tribunales, como lo estoy de que a menudo le habrá oído decir que el muy digno oficio de juez, al margen de consideraciones sociales, a lo que obliga es a trabajar mucho, hacerlo con la ley y, a ser posible, con fina inteligencia. Recuerdo que en una entrevista que le hicieron hace un par de años afirmaba que la Justicia no siempre se hace con la ley, pues también estaba la conciencia del juez, pero que para aproximarnos a ella y procurar dar a cada uno lo suyo, la ley era imprescindible. El lunes pasado le vi en una fotografía del día anterior cuando se disponía a votar. Su estampa de nonagenario en perfecto estado de conservación me recordó la imagen de aquel juez de Placer Country, en California, al que sus vecinos llamaban el Salomón centenario. Deseo que don Mariano redondee su larga vida y que apoyado en su claro y elemental concepto de lo justo y de lo injusto, llegue a los cien años con un corazón que siga latiendo por la Justicia.

    Acabo, señor Rajoy, hijo. Tras agradecerle la atención que pudiera haber prestado a estas palabras, reciba cordiales saludos. Al tiempo, sólo le ruego que tenga muy presente que mientras su vida de presidente del Gobierno ruede, sobre los asuntos de la Justicia jamás deje de consultar a ese hombre con el alma y la cabeza blancas, que se llama igual que usted y que siempre será juez. Don Mariano, el buen juez, sonreirá de gozo al contemplar a su hijo tratando de poner paz y orden en la Justicia.

    Javier Gómez de Liaño es abogado y magistrado excedente.

  • A CONTRAPELO
  • 28/11/2011
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    El Comité Federal del sábado fue una prolongación de la noche electoral, en la que el presidente del Gobierno y secretario general declinó asumir la responsabilidad en terreno de los hechos y comparecer ante los ciudadanos. El presidente tomó el olivo y no se le debe reprochar incoherencia: era lo que correspondía después de la espantada electoral, en la que escudó en el candidato a quien había asignado la tarea de perder las elecciones. Así las cosas, tenía una cierta lógica el hecho de que el candidato demediado asumiera las tareas del secretario general esquivo y cerrara el turno de intervenciones en la sesión del Comité Federal que había inaugurado Zapatero. Debe de ser la versión laica del misterio de la transustanciación. Al fin y al cabo, los fieles, fe, toda la que les pidas, pero nunca han sabido distinguir el vino de la sangre de Cristo.

    El diputado Guerra dijo algunas cosas sensatas en la Ser, curado ya de los mítines de campaña: «Todo el mundo quiere saber quién es el líder y no le preocupa a nadie el programa, cómo hacer las cosas…». Algo tengo escrito sobre el cambio que se introdujo en el congreso que eligió a Zapatero en julio de 2000: los congresos no empiezan con la aprobación del informe de la Ejecutiva saliente; ahora se elige a la dirección entrante, en la lógica del cocido maragato: atacar antes las carnes y chacinas y dejar la discusión, la sopa de letras, para el final. Nadie protestó por ello.

    Es muy notable que el diputado socialista más longevo del Congreso denuncie ahora la voluntad secuestrada del partido y del colectivo nacional, poniendo como ejemplo la modificación de la Ley del Aborto en la que «que las chicas menores de 16 años que quieran abortar lo podrán hacer sin informar a sus padres».

    El problema es que no se oyó ni una sola voz en el partido para protestar por ello o señalar que sería preferible cumplir lo escrito en el programa electoral que incorporarle obligaciones nuevas. Tampoco la de Guerra, que la avaló con su voto. Ya había pasado con el Estatuto de Cataluña. El rezongar por lo bajini consumió todas las energías de los disidentes y, cuando llegó el momento de la verdad, al hoy huidizo Pepe Blanco le bastó preguntar: «¿Queréis que os aplauda la bancada popular puesta en pie?», para que aquellos míticos 40 escaños votaran que sí como un solo hombre (o mujer, claro).

    Se queja también Guerra de la extraña teoría de los impuestos. Bajar los impuestos es de izquierdas, dijo Zapatero. Subirlos también, señaló Chaves poco después. Sostuvo el candidato la necesidad de cobrar un impuesto a la banca y exigir responsabilidades a los banqueros, y esto era compatible con indultarles por sus condenas y reponerlos en los cargos para los que les inhabilitó el Supremo.

    Zapatero ha dejado tras de sí tierra quemada. Los dirigentes más jóvenes y también los más antiguos, porque todos ellos callaron con tanta aplicación como Guerra. Ahora, lo que le toca es acelerar el traspaso de poderes y mientras, que cumpla con aplicación, lealtad y esmero el encargo de Mariano Rajoy para la cumbre del día 9. También don Quijote necesitó la paliza del Caballero de la Media Luna para volver a la razón.
  • EL LOBO FEROZ
  • 28/11/2011 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
  • Idus de marzo





    RUBALCABA: sea patriota. Le suplico, por el bien del país al que tanto dice amar, que se haga con el control del PSOE. No permita que un advenedizo avalado por la militancia o por las conjuras palaciegas lo desplace. No se fíe de los mimitos de la Chacón, que quiere hacerle la cama, no deshacérsela, pues así enredó Nausica a Ulises y Cleopatra a Marco Antonio, e inmólese en el altar de la patria. Ningunee a Alfonso Guerra e ignore las insidias de su revista. Tomás Gómez, ese Gladiator que sobrevive, pese a sus derrotas en el circo de Sol, gracias al pulgar de Zapatero y al ¡Hala Madrid! de los cortesanos ambiciosos, quiere que haya primarias. No sea usted primo, Rubalcaba. No entre a ese trapo, que igual lo torean con él y se lo llevan de la plaza las mulillas. Pida árnica al emperador ahora destronado que en sus últimas voluntades lo nombró heredero. Dígale que corone la tarea emprendida para destruir el partido que destruyó España parando los pies a los secuaces de Bruto Gómez. Señor Chaves: ¡candidatura única! ¡No traicione al Delfín! La daga asesina se esconde ya en los pliegues de los insensatos que quieren sacar de la UCI a un moribundo revitalizándolo y renovándolo con la respiración asistida de las primarias o el debate. ¡Lo que nos faltaba! ¡Una resurrección del PSOE -engordar para morir- precisamente ahora, cuando Rosa Díez, avalada por más de un millón de firmas y la crema de la intelectualidad (Vargas Llosa, Boadella, Arcadi, Federico, Pombo, Savater, Escohotado y yo mismo, ¡qué carape!), se dispone a llenar el inmenso vacío dejado en la oposición por el partido agónico que, gracias a usted y a su jefe, bien pudiera por fin hincar el pico! Remate la labor, Rubalcaba. Okupe la secretaría general. Durará en ella desde el congreso de febrero hasta que bajo su dirección vuelva a suceder en las andaluzas lo que acaba de pasar en las generales. Le alcanzarán entonces los idus de marzo, pero tendrá el consuelo de haber contribuido a la salvación de la patria. ¿No dijo en los mítines que el PSOE siempre ha antepuesto los intereses de ésta a los propios? ¡Pues sea coherente y no tire la toalla! España le necesita al mando de su partido. Luego… Quizá haya en él, como de Bruto, no de Gómez, dijo Antonio, un hombre honrado capaz de enderezar las cosas. Dios no lo permita. A usted, en todo caso, siempre le quedará, manque pierda, el autobús del Real Madrid.
  • AJUSTE DE CUENTAS
  • 28/11/2011
  • La deuda y el suicidio demográfico de España


    Cada vez que EEUU debate el problema de su endeudamiento público sale a relucir el tema de las futuras generaciones. Porque cuando un gobierno se endeuda, en realidad está admitiendo que se ha quedado sin efectivo en el presente y no tiene más remedio que comprometer la capacidad financiera de sus hijos. La última vez que esto se discutió con intensidad, cuando se rescató a la banca norteamericana a finales de 2008, el premio Nobel Paul Krugman sostuvo que era mejor endeudar a las generaciones del futuro que quedarse sin éste.

    Bien, ¿y qué pasa con los países que no tienen futuro? ¿Qué ocurre con los que, como España, no tendrán hijos que paguen su deuda? Éste es el problema que aborda, en un documentadísimo libro, el ingeniero de telecomunicación Alejandro Macarrón Larumbe, que acaba de publicar El suicidio demográfico de España (Editorial Homolegens).

    La demografía fue una de las primeras facetas de la evolución humana a la que los economistas prestaron atención. Bien conocidos son las teorías de Thomas Malthus (1766-1834) respecto al divergente crecimiento de la población y de los alimentos, y de su continuador, el entomólogo Paul Ehrlich (The population bomb, publicado en 1968), inspirador de varias ramas ecologistas. Por contra, Karl Marx, con su pertinaz fe en la idea del progreso, pensaba que Malthus era un impostor y un plagiario.

    En ésta y otras materias que conciernen al hombre no se pueden establecer leyes inmutables porque hay factores de cambio, pero es innegable que, permaneciendo todo igual, Macarrón tiene razón en que España se encamina a un suicidio demográfico. Los números son muy elocuentes:

    >Desde el año 2009, mueren más españoles nativos que los que nacen. En el primer trimestre de 2011, por primera vez desde 1939, España perdió población.

    >Debido al agujero demográfico causado por los niños que no hemos tenido desde 1977, cuando empezó a retroceder

    la natalidad, necesitaríamos nueve millones de inmigrantes menores de 34 años para que nuestra inexistente pirámide poblacional se convierta al menos en un rectángulo (que hubiera la misma gente a todas las edades).

    >La media de edad de una quincena de provincias españolas sobrepasa ya los 44 años. En Orense, Lugo y Zamora es de 48 años. En León, Asturias, Soria y Palencia es de 46 años.

    >En 2010 ya había un 30% menos de jóvenes españoles con edades entre 18 y 25 años que hace sólo una década.

    >El Banco Internacional de Pagos de Basilea calcula que el valor real de las casas en España podría descender un 75% entre 2010 y 2050 por nuestro déficit demográfico.

    El asunto es preocupante. Tanto que el famoso Jim Rogers, cofundador con George Soros del fondo Quantum, cree que «el problema del euro o de la deuda gigantesca [que tiene Europa] son grandes problemas, pero el demográfico es el más importante. Si tienes una buena demografía, puedes superar la deuda. Pero no habrá italianos ni españoles en 100 años, ¿y hacéis algo?».

    john.muller@elmundo.es
  • DIARIO LIBRE
  • 28/11/2011 RÁÚL RIVERO
  • Angelote ha vuelto

    MARTES

    Un regreso triunfal

    El libro que se busca hoy en Ecuador, el que los lectores quieren tener como un recuerdo o quieren exhibirlo como un cuchillo afilado en las tertulias y los salones de quienes lo sacaron a plumazos de sus catálogos, se llama Angelote, amor mío. Es un clásico y su autor es Javier Vásconez (Quito, 1946). Circula en edición ilustrada de la casa Doble Rostro con un prólogo del poeta Luis Antonio de Villena.

    Se trata de un cuento escrito en 1980 que recorrió decenas de editoriales del continente pero no tuvo suerte. La historia dramática y oscura de un homosexual y la resaca de su muerte en el luto y el dolor de su amante, no tenía cabida ni para los santurrones conservadores ni para la izquierda hipócrita y machista.

    Angelote, amor mío formaba parte de Ciudad lejana, un libro de cuentos de Vásconez. La pieza también hace estremecer todos los altares religiosos quiteños con una escrupulosa desacralización.

    Javier Vásconez ha publicado las novelas El hombre de la mirada oblicua, El viajero de Praga, El secreto, Un extraño en el puerto, El retorno de las moscas, Jardín capelo y La piel del miedo. Una selección de sus cuentos, preparada por Horacio Vázquez Rial, apareció en 2009 con el título de Estación de lluvia.

    Cree que Angelote, amor mío ha tenido un viaje desigual y con sobresaltos. Ha sido prohibido en algunos colegios ecuatorianos. Vásconez le rebaja la llamarada al asunto y dice que prefiere otros cuentos suyos como La carta inconclusa y El resplandor en la ventana.

    La escritora Juana Neira Malo (Cuenca, 1963) opina que el manejo extraordinario del lenguaje barroco ya no está presente en el oficio de Vásconez. Y recuerda que en el tiempo en que se escribió ese texto fue una verdadera revelación dentro de la literatura de Ecuador y de América Latina.

    Lo importantes que el cuento está de vuelta. Luis Antonio de Villena lo presenta con esta líneas: «Angelote, amor mío, narración sin narración, relato por evocación, es una pequeña joya de la gran tradición, tan nuestra, del Barroco hispánico».

    MIÉRCOLES

    Vivir es eso

    La misma firma que Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936) ha puesto desde su adolescencia al pie de sus poemas para certificar que es suya la emoción, la sabiduría y la música que ofrece. La misma firma que, asentada al final de otras hojas, lo convirtieron en un hombre peligroso, en un perseguido, un enemigo que merecía la cárcel o el destierro.

    Una de esas hojas fue el acta del jurado (en el que estaba también José Lezama Lima) que le dio a Heberto Padilla, en 1967, el Premio Nacional de Poesía por su libro Fuera del juego. La otra, una estrujada papeleta rayada que el poeta suscribió en 1991 en la que se reclamaba cambios y reformas en el país. El documento circuló bajo el título de Carta de los diez y lo encabezaba la escritora María Elena Cruz Varela.

    Pocos días después de estampar ahí su nombre y su apellido, el poeta tuvo que irse. Y vino a España, regresó a la tierra de su familia y se instaló en Las Palmas de Gran Canaria, donde vive y trabaja, que es una manera de amargarle el gesto represivo a los burócratas porque trataron de alejarlo y lo dejaron muy cerca, en su otra isla, donde sólo hay un suave sobresalto en las esferas de los relojes y Manolo puede ver el sol y sentir el aire desde la ventanilla de la misma guagua a la que se subió de niño en las inquietas Villas, su provincia natal.

    Su poesía completa, los versos de medio siglo de trabajo, aparecen ahora bajo el título de Objetos personales en la colección Biblioteca Sibila. En esas páginas están las huellas claras del recorrido de Díaz Martínez con sus prisas por distanciarse de la complicada maquinaria verbal del grupo de Orígenes y lanzarse a la calle, a buscar -pienso yo, como el bolero-, una sensibilidad que vive (siempre en peligro) en las conversaciones cotidianas, en el compás de la palabra que necesita ser rescatada del aire.

    Los críticos, los expertos y los profesores que usan mapas levantados a mano, podrán poner la poesía de Manuel a vivaquear en cualquiera de esos patios cercados donde suelen esperar la gloria los poetas que merecen, al menos a juicio de algunos, aparecer en una lista preventiva para que nadie se olvide de olvidarlos.

    Lo que pasa es que la vibración, la ironía, la alegría contenida en los mismos temblores de su tristeza, todo lo que ha cantado y sufrido este hombre, no se puede medir ni inventariar. Ahí está esa canción, libre y abierta en la memoria de su país, en la de Hispanoamérica y en el espacio que le toca en la lengua española

    Manuel es un escritor que prefiere las impurezas. Sus versos conversacionales tienen el respaldo de su gran dominio del idioma, las lecturas de los clásicos y una manera de andar por la vida recomendada en Cuba para estar alerta y no subir a las nubes y olvidar la tierra. Un filosofía que le ha servido para contar la vida (y vivirla) con fuerza y honradez.

    En los poemas que aparecen en su libro uno puede hallar destellos y honduras de la más reciente historia de Cuba. Son pasajes marcados por el ritmo del corazón del poeta. Una máquina escondida y grave que ha tenido serenidad y valor para recibirlos o provocarlos. Y talento y pasión para sacarlos de su envoltura cotidiana.

    Aquí hay unos versos de Manuel Díaz Martínez: Son lo que son: minúsculos insectos/ quemados por la llama de la lámpara./ Todos pardos, inmóviles, iguales./ Descansa, que ya es buena recompensa/ por toda la penumbra que esquivaron/ y por toda la luz que pretendieron.
  • EL RUIDO DE LA CALLE
  • 28/11/2011 RAÚL DEL POZO
  • 'Trending topic'

    ¿Qué es trending topic? El desnudo de Terelu, el cardenal del Rey, el rollo verborreico de Punset y los pedos de Blanca de Borbón. Los políticos raramente conquistan los trending y menos la gente digna de ser respetada. Sólo lograron destacar los candidatos del debate; después, sus discursos no han llegado a copar la nata. La gente quiere ver el culo de Scarlette Johansson antes que la cara de susto de Rajoy. Sólo los periódicos hacen protagonistas a los políticos.

    La Red va por otro lado y quizá volverá a arder cuando se descubran los tapados del PSOE; por ahora sólo se adivina la efigie de Emilio García Page, alcalde de Toledo, uno de los pocos socialistas que ha quedado con vida, si se tiene en cuenta que en política, según Mitterrand, sobreviven los políticos con votos. Otro de los supervivientes es Juan Ávila, que ganó la alcaldía de Cuenca. Tal vez cuando llegue el momento de la escapada, Ávila y Page, se irán turnando hasta el instante del sprint, sin fijarse que ya se ha fugado José Bono.

    Además de los culos y los chismes hay un aire común que baña el globo y alguien despierto para contarlo. Google ha abierto su espacio para dar información caliente de millones de periodistas voluntarios. Los periódicos son imprescindibles, solventes, pero se comen noticias importantes; hay libertad, pero como en los viejos tiempos, lo que no puede decirse, no debe decirse y así los reporteros sin fronteras tienen espacio ilimitado y se configura un nuevo periodismo donde lo que no debe decirse, se dice. Junto a calumnias y equivocaciones, lo que es posible saberse, se sabe a través de anónimos redactores que cumplen los mandamientos del oficio de informar: síntesis, rapidez, valoración instintiva y caiga quien caiga.

    Estamos ante una nueva galaxia bajo la protección de Mnemosine, la hija de la memoria, la que sabe lo que ha sido y lo que será: la victoria sobre el olvido que es la muerte. Los trending de los últimos meses, desde la muerte de Bin Laden, al encoñamiento de Piqué y Shakira, o el estado de excepción de la deuda, han llegado, por el cielo a la terminal de la azotea de millones de personas. Las redes han sido la chispa que provocó el incendio de la libertad; ya empieza a formar una nebulosa de conciencia, una mirada exigente al poder. Quizá está surgiendo un nuevo mester de juglaría, realizado por escribas que no utilizan alejandrinos, sino la métrica irregular de 140 caracteres. En los tiempos antiguos no había periódicos, las grandes culturas griega y romana no salían en los suplementos culturales. Los reyes y los héroes solían ser ágrafos, con las excepciones de César, Marco Aurelio, Alfonso X o Cristóbal Colón, y surgieron , como ahora panfletistas y poetas satíricos. El bloguero y el que envía mensajes, son los nuevos juglares, que además de contar historias, entretienen.

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