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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

sábado 29 de octubre de 2011

FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, PG Cuartango, Erasmo, S González, Secondat, A Espada, V de la Serna, ESde Buruaga, A Lucas,

  • 29/10/2011
  • LAS CUATRO ESQUINAS

    Un (ex) gran país en ruinas

    De cómo una nación se paró del todo

    Rubalcaba embusteroApenas cinco millones de habitantes tenía la Corona de Castilla cuando a finales del siglo XV recobró Granada y terminó la Reconquista, venció a Francia en Italia y descubrió, colonizó y evangelizó casi toda América.

    Cinco siglos después, España tiene tantos parados como toda la población que tenía entonces Castilla y va camino de alcanzar a los que sumaban la corona castellana y aragonesa, unidas por los Reyes Católicos, que alcanzaban los seis millones de intrépidos habitantes. Pues bien, según la EPA de este trimestre que se conoció ayer viernes, España arrastra hoy 4.978.300 parados.

    Andalucía supera el 31% y la brecha entre el Norte y el Sur aumenta cada vez más. Un millón y medio de hogares carecen de ingresos de cualquier tipo. La educación es una farsa carísima que impide a España competir a largo plazo en un mercado global. La justicia depende del juez que te toque. La seguridad corre peligro a manos del Ministerio del Interior. Y así todo.

    Diez millones de españoles separan la gloria del XVI y la ruina del XXI: los cinco que no paraban ayer y los cinco parados de hoy.

    Interior, ministerio 'sobrenatural'

    El domicilio de Aguirre, asaltado

    El subministro del Interior Camacho -nadie duda de que el ministro sigue siendo Rubalcaba- declaró el jueves en Telecinco: «Soy juez y fiscal, tengo una capacidad un poco superior al ciudadano normal», un rapto de vanidad que lo asemeja a Rubalcaba pero que desmiente su actuación en el caso Faisán. Un «ciudadano normal» no habría avisado a los etarras de que llegaba la policía y un juez para detener a su aparato de extorsión. Para eso hace falta, sin duda, una capacidad para la traición «algo superior».

    Pero tras presumir el subministro con García Campoy, hete aquí que, sin salir de Telecinco, el programa de Ana Rosa Quintana emitió en exclusiva las imágenes del asalto a la casa de Esperanza Aguirre grabadas por una cámara de seguridad, y, tras verlas, Camacho ha quedado como 'Cagancho' en Almagro, donde el torero estuvo tan mal que, según la leyenda, quemaron la plaza. La versión de Camacho se ha revelado, para variar, un poco falsa. De borrachos madridistas, nada. De complicidad policial con los asaltantes, prácticamente todo. ¡A ver si en vez de ultrasur eran ultrafaisanes!

    La peor herencia imaginable

    La misión casi imposible de Mariano Rajoy

    Mientras el paro va camino de convertirse en la primera profesión de los españoles, la Unión Europea obligaba en la noche del miércoles al Reino de España a una clara depreciación del 2% de la deuda y a doblar la provisión de fondos de los bancos, llevándola al 9%.

    Mariano Rajoy dijo melancólico al día siguiente que era injusto el trato a la banca española que, a diferencia de la alemana, holandesa o francesa, no está expuesta a la deuda griega. Y es verdad. Pero a cambio el Gobierno ha hecho comprar a nuestros bancos una cantidad indeseada e indeseable de deuda española que nadie quería.

    El resultado de la severidad europea, según coinciden estudiosos como Recarte y Velarde, es que en los próximos meses el ya escaso crédito bancario, sencillamente, desaparecerá. No es que vaya a ser poco y caro. Es que no hay ni va a haber por algún tiempo dinero para prestar. Muchas empresas tendrán que cerrar y cientos de miles de trabajadores engrosarán la inmensa legión de parados.

    La herencia que Rodríguez Zapatero deja a Rajoy es la peor que haya recibido un gobierno en la democracia. Y no sólo en democracia.

    Si les pillan, niegan la evidencia

    En Andalucía, alguno se lleva los pupitres

    Los socialistas andaluces se pusieron como panteras -o jaguares- contra Ana Mato por denunciar que había clases en las que los niños se sentaban en el suelo por falta de pupitres. Pero era verdad. Y la razón última de que -como denunciaron los padres- una profesora y sus alumnos empezaran el curso sentados en el suelo era la de siempre: la corrupción. Una empresa muy favorecida por el PSOE que ostenta el poco castizo nombre de Mac Puar, asociada con otra de transportes llamada Lorenzana, se hizo con un contrato de mobiliario escolar de unas aulas prefabricadas en Málaga.

    Hizo una oferta más barata que otras, pero tenía el pequeño problema de no poder o no saber cumplirla. Además de no llegar a tiempo los pupitres a los barracones escolares, la empresa de amigos del PSOE-A puso los inodoros para niños de tres años a 45 centímetros de altura. Y como si la incitación al desaseo infantil fuera poca, colocó los lavabos a la escandinava altura de 85 centímetros. Mientras las empresas del sector quebraban, las favorecidas por Griñán prosperaban. Y cuando las pillan, niegan la evidencia.

  • 29/10/2011
  • Una indiscreción (I) EL CORREO CATALÁN

    Querido J:

    José Luis Guerín vive en una clásica manzana del Ensanche de Barcelona. Es un paisaje urbano muy comunitario y proclive a la indiscreción, porque las andanzas de los vecinos en sus habitaciones son, como mínimo, translúcidas. No es preciso que te remita al clásico de Hitchcock para subrayarte la seducción y los beneficios del paciente escrutinio vecinal. Yo mismo, un lento mediodía de sábado de hace muchos años, en el cuadrado interior de las calles Gerona, Bailén, Consell de Cent y Diputación, evité un robo con escalo debido a mi afición, puramente profesional, al fisgoneo. Es probable que se trate de algo mal hecho, pero la verdad es que yo no puedo dejar de poner el ojo en cualquier cerradura prometedora. La vida de los otros me parece la forma más sofisticada de la fantasía. Hasta el momento, y excepto en el caso del frustrado escalo, creo que mi afición, por lo demás ya muy limitada desde hace años por razones técnicas, no ha perjudicado a nadie. Pero sé también que no es por completo inocente.

    Es probable que Guerín la comparta en alguna medida. Y de una forma también profesional, aunque algo más arriesgada. Guerín hace cine y alguna vez ha filmado a sus vecinos, al menos cuando estos se han aventurado en la dudosa zona de penumbra entre lo privado y lo público. Esa es la confesión inicial de Recuerdos de una mañana, su última e invisible película, que arranca con unas imágenes de diversos vecinos en sus balcones barceloneses. Entre ellas aparece el borroso fotograma de alguien que está tocando el violín en el interior de su casa y que la cámara vislumbra a través de la ventana abierta.

    Meses después, el hombre del violín se mataría tirándose ventana abajo.

    El suceso dio un valor dramático e inesperado a las imágenes que Guerín guardaba. Supongo que durante bastante tiempo estuvo preguntándose si haría algo con ellas hasta que se decidió por la película. El argumento de lo que ha acabado haciendo es simple. Simplicísimo. Una onomatopeya. El eco de un cuerpo al caer desde una ventana. Una caída reconstruida por los vecinos. Los vecinos son gente muy peligrosa. Ya he hablado de mí. Los vecinos son los otros, el infierno del que hablaba Sartre. Los más repulsivos son los que posan ante la cámara de Guerín en el plan de testigo-interpelado-por-la-tele y cubren con sus estúpidas sospechas psicologistas, con su lengua de plasma, el cuerpo del muerto. Pero hay alguno que conmueve. El saxofonista, por ejemplo, que sopla por costumbre junto a la ventana, mirando a la calle, y que más de una vez se sintió acompañado por el violín de la otra esquina. Luego, en algún otro vecino, está el hecho descrito con palabras, mucho más terribles e hirientes que la exhibición de cualquier anatomía convulsa: la mujer que explica cómo al oír el ruido salió a la calle y acompañó al hombre, solos los dos entre la gente, en el trance de hacerse cadáver.

    La película lleva por título Recuerdos de una mañana, que es el subtítulo de Contra Sainte-Beuve, el importante libro de Proust. Más allá de la banal coincidencia horaria, y la tópica tentación proustiana que acompaña a toda indagación sobre el paso del tiempo, yo no veo relación entre ese libro y la película. Es más: como es sabido, el libro es una requisitoria de Proust contra el principal crítico de su tiempo, Sainte-Beuve, y contra cualquier intento de vincular la vida corriente (el «ser social» lo llama Proust) con la obra de un artista. Una condición que se incumple en este caso, porque la película no solo es el resultado del ser social de Guerín, de su vecindario, sino que yo diría que es un ser social en sí misma. Un rasgo que, por supuesto, no afecta a la calidad de la película, porque, entre otras cosas, Sainte-Beuve era el que llevaba la razón, tal como la propia obra de Proust demuestra violentamente. Para pensar en un francés yo escojo de inmediato a Georges Bernanos, en aquella paráfrasis de Claudio Magris que tantas veces te he citado: «Hay que seguir viviendo, se dice después de cada muerte: y Bernanos se preguntaba si no era eso precisamente lo horrible». No solo lo horrible, sino también lo inexplicable: cómo un hombre puede seguir andando por una calle después de que delante de él haya caído otro hombre fulminado. Este es, a mi juicio, el tema de la película, en el que Guerín escarba con precisión, a veces con una punta de amaneramiento literario y siempre con dignidad y belleza. No va a ser nada fácil que veas esta película.

    Hace algunas semanas, un familiar de la víctima escribió una carta a un diario local, anticipando su decisión de ponerse entre abogados: «Mi hermano fue filmado reiteradamente por este director de cine desde el otro lado de la calle, mientras tocaba el violín junto a la ventana, y además en ropa interior. Tras su suicidio, Guerín montó una auténtica lavandería vecinal para comentar lo que había ocurrido. Algunos vecinos que conocieron a mi hermano pudieron informarle sobre el suceso. Otros van soltando calamidades delante de la cámara: «Era un fracasado», «Me cayó a medio metro», «Tocaba fatal» [...] Todo el documental está hecho de mentiras y difamaciones sobre alguien a quien Guerín nunca conoció y a quien debería haber respetado desde el principio, sobre todo cuando violó su intimidad con su cámara digital sin pedir permiso».

    Cualquier espectador de la película haría algunas precisiones a este párrafo. Es probable que el hombre del violín fuera filmado reiteradamente, pero la película sólo lo muestra durante un segundo, prácticamente irreconocible para cualquiera que no forme parte de su entorno. En una ropa interior que en lo exterior podría pasar por traje de baño. La lavandería vecinal no la montó Guerín, desde luego, sino que es un fenómeno humanísimo e inexorable cada vez que un suceso, como se dice en las novelas, perturba el vecindario, y uno de los méritos de la película es reflejarlo contenidamente. Puede que haya mentiras: la vida va llena y en ningún caso se alienta al espectador a creer los comentarios vecinales. Hay en este punto algo sumamente importante, y querría ser preciso al explicártelo: la película no es un telediario, sino lo que se ve en un telediario. Por lo demás, creo que con dificultad alguien podría demostrar que hay difamaciones. Por el contrario, el párrafo lleva razón en algo: Guerín no pidió permiso.

    Se me ha echado la carta encima, como me pasa cada vez que encaramos estos asuntos. La semana próxima continuaremos. Pero ve rumiando. ¿Debió Guerín pedir permiso?

    Sigue con salud

  • CONJETURAS
  • 29/10/2011
  • Berreas II

    TEMPESTAD de cuernas en la berrea en Cabañeros (Ciudad Real). Erasmo (12-10-2011) ya recordó a Carlos de Hita, sus micrófonos direccionales, gran perito en trinos, gorjeos, bramidos, pláticas de machos Alfa, como corresponsal político en el 20-N Véase. En el calderoniano sainete del mundo de la política española, donde nada es inocente ni es lo que parece; y lo que es, no lo parece. G. Peces Barba, uno de los siete padres (ponentes) de la Carta Magna evoca los bombardeos sobre Barcelona. Y Joan Tardà (ERC): es un «enorme hijo de puta». Dice. Y
  • 29/10/2011
  • Últimos naufragios

    Una de las principales aportaciones del libro El Primer Naufragio, del director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, es la demostración de cómo los jacobinos se inventaron la amenaza de una derecha que, configurada como partido, de hecho ni existió, para justificar en 1793 su golpe de Estado totalitario y sangriento contra el primer parlamento democrático. Es la vieja estrategia de la izquierda. La aprendieron a usar sembrando Francia de terror y muerte, y desde entonces han ido perfeccionando la siniestra maquinaria y la han exportado al mundo entero.

    Dice poco en favor de la libertad de prensa que hay en Cataluña que exista algo llamado Asociación de Mujeres Periodistas. Es una manera como otra de ir a por el que escribe. No es la primera ni la última hoguera que quema en nombre de las obsesiones del izquierdismo. En Cataluña hay tantas hogueras encendidas que, al final, no quedaremos herejes para tanto arder. Primero se inventan la amenaza y luego la usan para aniquilarnos. Reconozco que me da morbo adivinar qué va a ser lo próximo de lo que me acusarán.

    La presidenta de las Mujeres Periodistas es una habitual del pútrido submundo del sectarismo. Se llama Carme Freixa y dijo el otro día en televisión que a Jaime Mayor Oreja no le ha gustado el comunicado de ETA porque ha hecho «grandes negocios con el miedo de los demócratas que ahora se le van a terminar».

    En Cataluña ha existido siempre esta izquierda jacobina, de inspiración totalitaria y de corte sectario, que ha basado su estrategia en criminalizar al adversario, en presentarlo como a un monstruo y como una amenaza inconcebible, para poder justificar los peores golpes contra la democracia. El PSC y su entorno político, mediático e intelectual han vivido de acusar al PP de cualquier atrocidad, y de agitar el miedo entre los sectores más ignorantes de la sociedad, entre los que se encuentran la mayoría de sus votantes.

    A Aznar le llamaron genocida por participar en la Guerra de Irak. Cuando Ernest Lluch fue asesinado, la manifestación de condena contra el atentado, más que contra ETA, fue contra el PP porque se negaba a dialogar con los asesinos.

    La izquierda española, y sobre todo la catalana, se ha pasado la democracia intentando echar al PP del tablero de juego. La comparación con el franquismo es constante y los insultos son de una gravedad tan repugnante como la de acusar a una de las personas que más ha sufrido la persecución de ETA de no estar interesada en su fin porque le conviene electoral y económicamente que el crimen continúe.

    Son los que luego dicen estar preocupados por la calidad de la democracia, cuando son los primeros que se la cargan con su odio. ETA ha matado, ha secuestrado y ha extorsionado a los que no compartían sus ideas. El paso siguiente, que es negarle la dignidad a un hombre para que así sea mucho más fácil convertirlo en objeto de desprecio, es ya lo que ha hecho la izquierda con sus adversarios: con Aznar, con Esperanza o con Mayor Oreja.

    Por mucha alegría que el final de ETA provoque, dudar de la palabra de unos asesinos es siempre razonable y conveniente. No sería la primera vez que nos engañan. Cuando definitivamente nos libremos de la amenaza de los tiros en la nuca, tendremos que librarnos de tantos navajeros de saldo y esquina que no nos matan, pero que nos querrían igualmente muertos.

  • A DIESTRA Y SINIESTRA
  • 29/10/2011
  • Destrucción más IVA

    EN UN ZULO subterráneo de Nevada o de por ahí, los científicos están desmontando un monstruo nuclear capaz de dejar la bomba de Hiroshima convertida en un petardo de feria. Por lo visto alguien ha caído en la cuenta de que la Guerra Fría ya se enfrió y ahora esos artefactos increíbles con los que americanos y rusos jugaban a ver quién la tenía más larga no sirven ni como macguffin en una película de 007. Las bombas H, los misiles intercontinentales y toda la parafernalia atómica han ido a parar al museo del ejército junto con el máuser, la bombarda de pared, la maza y el sable de caballería.

    Esos explosivos infernales ilustran la estrategia de terror que mantuvo en vilo al mundo durante décadas. Fueron los ases en la manga con que Kennedy y Kruschev jugaron al póquer, pero el tiempo pasa, ahora la partida va por otros barrios, se llevan otras cartas, aviones lanzados estilo tirachinas, bombas en trenes, virus de laboratorio, en fin, el progreso. En la guerra ya no se juega al póker sino al parchís (mato uno y cuento 20) y si hasta el ejército ha tenido que modernizarse, sustituyendo el apocalipsis por la gripe, cuesta entender que la banca no haya sabido adaptarse a los nuevos tiempos y que mantenga las mismas armas de destrucción masiva con que acojona al personal desde el siglo XIX.

    Lo cierto es que a la banca no le hace falta inventar nada porque funcionan los mismos miedos que siempre han funcionado. ¿Se acuerdan de la bomba de neutrones? Era una patente de la Guerra Fría que podía matar a toda la población pero dejando los edificios intactos. Parecía algo impresionante pero Benny Hill apostilló: «Bah, los ingleses conocemos esa bomba hace mucho. Se llama hipoteca». En efecto, la hipoteca sigue ejerciendo su terrible poder de destrucción, centrifugando vidas, echando familias enteras a la calle, dejando las casas vacías en poder de los banqueros.

    Hoy que la posibilidad de una destrucción nuclear da risa, como ya advirtió Kubrick, la amenaza de que las finanzas engullan el mundo no es una amenaza: es un hecho. Países y gobiernos han caído en manos de los bancos, que se los juegan al Monopoly con la frialdad de un Fu Manchú con gomina. John Steinbeck podría escribir otra vez Las uvas de la ira sin cambiar una coma y también quedaría intacta la pregunta de aquel granjero desesperado que lo ha perdido todo y al que explican que la culpa no la tiene nadie: «Entonces, ¿a quién hay que matar?».

  • 29/10/2011
  • Condecoraciones de latón

    FRANCISCO CAAMAÑO / ANDREI VICHINSKY

    El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, va a condecorar a los jueces con la gran cruz de San Raimundo de Peñafort por su labor contra el terrorismo de ETA.

    Caamaño convocó a la magistratura el pasado jueves para transmitir «el afecto» a quienes «tanto han hecho en este país en defensa de la libertad».

    Salvando las distancias, el gesto me recuerda mucho al de Andrei Vichinsky cuando condecoró a los fiscales del proceso de Moscú por su contribución a la condena de Zinoviev, Kamenev y Bujarin, que fueron presentados como traidores a la causa soviética.

    Vichinsky, fiscal general del Estado, se jactaba de ser un fiel estalinista que velaba por hacer de la Justicia un instrumento al servicio del partido y, más concretamente, de su líder.

    Hay mucho de esa actitud en Caamaño, que cree también que los jueces han de ser premiados si hacen lo que les dice el Gobierno, como si fueran funcionarios al servicio del poder ejecutivo.

    Sorprende que un profesor de Derecho Constitucional y autor de una notable obra no se haya enterado todavía de que una democracia se basa en el principio de separación de poderes, teorizado por Montesquieu.

    Los jueces están para controlar la legalidad de las acciones del Gobierno y, por ello, resulta muy feo que un ministro les condecore, les invite a comer o les otorgue una pensión.

    La complicidad del poder ejecutivo y el judicial sólo se produce en los sistemas totalitarios como el nazi o el soviético, donde el derecho se convierte en instrumento para alcanzar fines políticos.

    Pero es que, además, el mensaje de Caamaño es muy ambiguo al dar por finalizada a ETA, teniendo en cuenta que los jueces tienen que perseguir a quienes hayan cometido delitos en nombre de la banda.

    He leído las actas del juicio de 1936 contra Bujarin, un histórico dirigente bolchevique que fue rehabilitado por Gorbachov. Vichinsky dice en el proceso que «la maleza crecerá en la tumba de este aborrecible traidor mientras avanzaremos al comunismo guiados por nuestro líder y maestro Stalin».

    Caamaño no ha cometido ninguna infamia, pero sí se ha equivocado al utilizar a los jueces como un medio para hacer propaganda y escenificar ese final de ETA que todavía no se ha consumado.

    Vichinsky fue premiado por Stalin y ascendido a presidente de la Academia de Derecho de la URSS y a ministro de Asuntos Exteriores. Esa trayectoria prueba su servilismo.

    Aquí estamos demasiado acostumbrados a que la Justicia sea un instrumento del Gobierno, de suerte que el gesto de Caamaño puede parecer hasta natural. Pero sería mucho mejor que el ministro dejara a los jueces ocuparse de sus asuntos, como sucede en los países donde sí existe una separación real de los poderes del Estado

    AJUSTE DE CUENTAS

  • 29/10/2011
  • 5 millones de razones para hacer reformas

    Me han contado la siguiente historia que explica muy bien lo que nos pasa: un empresario, propietario de la fábrica X, tiene dos centros de trabajo, uno en Estados Unidos y otro en España. En esos centros fabrica cinco productos distintos. Cuando llegó la recesión de 2008, dos de sus productos perdieron rápidamente demanda y dejaron de ser rentables, un tercero quedó tocado y dos permanecieron casi intactos.

    Nuestro hombre tomó una serie de decisiones en su planta de EEUU: primero, reorganizó todas las subcontratas que tenía, suprimió la mayoría y sólo mantuvo las esenciales para poder reunir toda la manufacturación de sus productos en sus propias instalaciones.

    En segundo lugar, reorganizó las líneas de producción para que sus empleados se concentraran en los tres productos que aún tenían acogida en el mercado. Y tercero, recortó todos los gastos suntuarios.

    El resultado fue que la mayoría de los empleos situados en EEUU sobrevivieron a la caída de las ventas.

    Veamos lo que pasó en el centro situado en España cuando se aplicaron las mismas medidas. Primero, el plan de reducción de las subcontrataciones no se pudo llevar a cabo porque el Estatuto de los Trabajadores le transfiere al empresario contratante todas las obligaciones salariales que el subcontratista no pueda cumplir. En fin, el coste de romper esos contratos era tan oneroso y el horizonte judicial tan tenebroso, que esa medida no se pudo aplicar.

    Cuando nuestro empresario intentó reconfigurar las líneas de producción se encontró con que cualquier cambio en la movilidad funcional tenía que recibir la aprobación sindical y había que encuadrarlo en la negociación del convenio colectivo. En fin, que las conversaciones podían tardar meses. Al final, la única medida factible era recortar en gastos suntuarios, pero éste era un ahorro muy limitado, y en ella no se podía incluir a los liberados sindicales. Ante la tesitura de tener que seguir perdiendo dinero fabricando unos productos que ya nadie quería, el empresario cerró el centro en España y se perdieron todos los empleos.

    Es verdad que EEUU sufre una de las mayores tasas de desempleo de su historia (el 9,1% en septiembre), pero nada es comparable al récord alcanzado ayer en España. Nunca tantos españoles estuvieron sin trabajo.

    Esta máquina de destruir empleo está perfectamente descrita en el Estatuto de los Trabajadores. Los principales responsables de que la trituradora esté en marcha son el timorato Gobierno, que hizo reformas laborales inútiles e incompletas y los sindicatos que le hicieron el juego y siguen cuidando sus privilegios.

    La escalada del paro no se ha detenido en esta nueva fase de la crisis económica que estamos encarando. Probablemente el futuro Gobierno, aunque acierte en todo lo que haga, verá cifras que superen los 5,3 millones de desempleados en el segundo trimestre de 2012, que es cuando probablemente alcancemos el peak del paro. Una de las pocas reformas audaces y con sentido sería que en todas aquellas empresas de menos de 100 o de 50 trabajadores, el pacto entre empresarios y trabajadores prevalezca sobre la paralizante regulación laboral.

    john.muller@elmundo.es

  • 29/10/2011
  • La tarta

    Los payasos, cuando yo era niño, solían terminar sus actuaciones con una tarta en la cara. La escena me provocaba siempre la risa. Pero esta vez no eran payasos. Eran gentuza. Y la cara elegida era la de la presidenta de la Comunidad Foral de Navarra, Yolanda Barcina. Los matones de barrio nunca me han hecho gracia. Bildu protege a los suyos y no condena una acción que avergonzaría a cualquiera menos a estas hienas que sonríen estos días detrás de un comunicado. Pero no hay duda de que nunca ocultan su verdadero rostro.

    La tarta en la cara de la presidenta es una humillación no sólo a los navarros, sino a todos los ciudadanos. La eligieron en las urnas, donde ellos quieren blanquear sus crímenes. De la democracia sólo utilizan sus ventajas, las que obligan a tratar como iguales a los que ni lo son ni quieren serlo en el juego de las libertades. Si no les gusta la alta velocidad, sacan las capuchas. Si no hay capuchas, las tartas. Sólo se ríen ellos con la complacencia de quienes envuelven en celofán el hacha y la serpiente. Son totalitarios, dictadores. No saben convivir. Sólo imponen sus ideas y su violencia. Porque violencia es la humillación de estrellar en público una tarta en la cabeza, violento es contemplar la imagen, violencia es imponer sus ideas a golpe de amenazas.

    Siempre me ha caído bien Yolanda Barcina. Desde el tartazo, su cara, entre bizcocho y merengue, me mueve a la ternura. A sentir el vacío que debió de pronto invadirla sin entender lo que pasaba. A figurarme cómo se recompuso con la dignidad personal y la que conlleva el cargo para volver como si nada hubiera pasado. Su imagen me duele.

    Bildu y ETA tienen su estrategia diseñada. El final de la violencia es una buena noticia si viene sin trampas. Dos partes han pactado entre bastidores y los de la pistola, aunque la guarden en el cajón, como bien señaló el preso Otegi, no darán por resuelto su conflicto -esa guerra peculiar donde sólo mueren los inocentes- hasta que consideren que el Estado respeta los derechos civiles y políticos de Euskadi. Es decir, hasta que ellos lo decidan. Las víctimas, tan nombradas estos días como marginadas, piden hoy en las calles de Madrid recuerdo, dignidad y justicia. Faltan 21días para el 20 de noviembre.

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