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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

sábado, 10 de septiembre de 2011

FIRMAS: Isabel San Sebastián, PG Cuartango, Erasmo, FJ Losantos, A Espada, V de la Serna, E S de Buruaga

ISABEL SAN SEBASTIÁN

10/09/2011

Elogio de los audaces

SI PELAYO se hubiese conformado con su cueva del monte Auseva o Fernando e Isabel con la ciudad de Granada, España no sería hoy la gran nación occidental que todavía es, ni nuestra lengua y cultura habrían dado forma al continente americano. Afortunadamente para nosotros, Pelayo inició la Reconquista, pese a su manifiesta desventaja, y los Reyes Católicos se mostraron ambiciosos. De todo lo cual se deduce que el mundo pertenece a los audaces, a no confundir con los visionarios.

Viene esta introducción a cuento de la polémica desatada por Esteban González Pons dentro y fuera de su partido. Estima la inmensa mayoría de los partidarios del PP que el portavoz ha cometido un grave error al declarar que «aspira» (subrayo el verbo) a que un gobierno popular cree tres millones y medio de puestos de trabajo, mientras sus adversarios manipulan sus palabras hablando de promesa o compromiso, con evidente regocijo. En esta España en la que el poder se ha convertido en un fin en sí mismo que legitima cualquier actuación conveniente para conseguirlo (Rubalcaba), sincerarse constituye un pecado imperdonable, similar en gravedad a decir lo que se piensa, todo lo que se piensa y nada más que lo que se piensa (Aguirre), aferrarse a la verdad (Pizarro) o actuar con espontaneidad. Salirse del guión marcado por los tecnócratas de la demoscopia y hacer política, lo que antes se entendía por política, está mal visto. Todo ha de ser meticulosamente medido, calculado en función de su rentabilidad, pesado en términos de riesgo/beneficio y pasado por el tamiz de la ambigüedad, pues no se trata de contagiar ideales o principios, ni tampoco de insuflar ilusión, sino de conseguir votos y evitar críticas. O sea, de asegurar la gruta asturiana y afianzar la capital de Al Ándalus, sin aspirar a más.

Pues bien, consciente de nadar contracorriente, yo prefiero ponerme del lado de los que aspiran y se mojan. Me atrevo a creer que es posible crear las condiciones necesarias para que la iniciativa privada renazca de las cenizas del zapaterismo y obre el milagro que vivimos durante los ocho años de Aznar, en los que el índice de paro pasó del 22 al 10%. Considero indispensable saber con exactitud a qué aspiran unos y otros antes de elegir papeleta. Admiro la valentía muy por encima de la prudencia, y estoy convencida de que la mayor parte de los españoles comparte mis puntos de vista. Precisamente por ello el poder, dentro de cualquier partido, es cosa de una minoría.

Pelayo, Isabel o Fernando nunca habrían llegado a encabezar una candidatura en esta España

ARTUR MAS / IAN PASLEY

10/09/2011

Un enemigo y una fe

VIDAS PARALELAS / pedro G. cuartango

El nacionalismo necesita siempre para prosperar dos cosas: un enemigo externo y una fe. Esto lo hemos visto esta semana con meridiana claridad en el nacionalismo catalán, que se niega a cumplir las sentencia de los tribunales en materia lingüística.

«Que no nos toquen las narices con el catalán», dijo el presidente de la Generalitat, Artur Mas, que habló de «líneas rojas» que CiU no va a permitir que se traspasen.

Sus palabras me recordaron mucho a las del reverendo y líder británico en el Ulster, que en los años 80 declaró: «Ni el papismo ni los irlandeses nos van a tocar las narices».

El enemigo de los nacionalistas británicos en el Ulster eran los irlandeses, a los que querían enviar al sur de la isla. La fe era el anglicanismo, asociado a un profundo odio a la Iglesia católica, «a los papistas», como decía despectivamente Pasley.

Los mismos tics de Pasley quedan reflejados en las declaraciones de Artur Mas, que dijo literalmente «que la lengua de Cataluña es el catalán». O sea, que el castellano, aunque lo hable la mitad de la población, no es un idioma de Cataluña.

Para Mas, el enemigo externo es España y el castellano. Y la fe es la lengua catalana, que es lo que define el hecho de ser catalán. Sólo se puede ser catalán y trabajar para la nación catalana si se impone el catalán y se relega al castellano a lengua marginal, propia de inmigrantes que no se integran.

Mas no puede ceder en el tema de la inmersion lingüística porque para él la lengua es un hecho político, unas señas de identidad que separan el «nosotros» del «ellos». Es exactamente lo mismo que sentía Pasley, al que apodaban Doctor No, cuando demonizaba el catolicismo. Para él, los patriotas del Ulster eran anglicanos y amaban a la Reina Isabel y ésa era la frontera entre los buenos y los malos.

Mas utiliza el catalán para clasificar porque es nacionalista, al igual que Pasley lo hacía con la religión, los nazis lo hacían con la raza aria y el comunismo, con la clase social.

El nacionalismo es esencialmente antigualitario porque define a los hombres en función de sus características sociológicas y los clasifica en tribus. «Que no nos toquen las narices», a los nuestros, a los que son como yo, a los que militan en mi causa. Que se las toquen a los que hablan el castellano no le importa nada a Artur Mas y los suyos.

Mas no entiende que la opción de estudiar en castellano es un derecho básico, lo mismo que Pasley no entendía que los papistas también tenían derecho a vivir en el Ulster.

CiU y ERC han convertido la lengua en el instrumento de la construcción nacional, por lo que la hegemonía del catalán es un objetivo esencial al que jamás renunciarán. El catalán ha dejado de ser una lengua para convertirse en una obsesión

ERASMO

10/09/2011

'Mou'

NUNCA antes había sufrido ataques tan brutales. Dice. Normal. Es objetivo político, prioridad estructural del Gobierno y su apoyo tramposo, desvergonzado al Barça. Goteo, cartas en diarios, árbitros, Cruyff ahora, uefas, Federación. Su perfil firme, indoblegable, es temido; diana obsesiva de quienes diseñan la acción política con la ética, la estética, la estática del Catch: acoso y derribo. Prueba del nueve totalitaria: lo bestial de su asedio, la desproporción soez entre estímulo y respuesta. Su error: indignarse. Su riesgo: que en vez de Mou le digan Mahou. (Conn).
Galardón por su 'catalanismo'

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

10/09/2011

Entronización de Pep I

RubalCARA, embustero y payasoEl hecho de que a Pep Guardiola le concedan una medalla no es noticia, ni tan siquiera cuando se la concede Valdano, con orquesta y coro. Pero su discurso de aceptación de la medalla de Oro de Cataluña, que le fue solemnemente impuesta en el Parlamento catalán, ha derivado en un verdadero terremoto en la opinión pública.

El descrédito absoluto del que gozan todos los políticos y el crédito total del que el Barça de Guardiola disfruta en Cataluña han conseguido que Pep sea no sólo el catalán más admirado, adorado y venerado, sino una de las pocas figuras del nacionalismo con verdadera proyección política.

Una frase de su discurso ha cautivado: «si nos levantamos bien pronto y nos ponemos a trabajar, somos un país imparable». La frase, vulgarota, delata que Guardiola cree que en la Cataluña actual se madruga poco y se trabaja menos. Y anuncia que, cuando sea rey de Cataluña, S.A.R. D. Josep I de Sampedor le pedirá al Rey de España la extradición de Mourinho.

Pero que no se confíe el melifluo y solapado genio azulgrana: el Viriato madridista no está solo. Y en esa contienda sin balón, al primer rey de Cataluña no le van a ayudar los árbitros

Ineficiencia absoluta del tribunal

10/09/2011

La Audiencia 'pasa' del 11-M

Más de tres meses lleva esperando la juez Coro Cillán a que la Sala Segunda de la Audiencia Nacional le conteste a una pregunta bien sencilla: ¿ordenó el juez Del Olmo el desguace y destrucción de los trenes del 11-M?

La pregunta, lejos de resultar insignificante, tiene mucho sentido, ya que ni siquiera en la sentencia de Gómez Bermúdez consta un solo dato que acredite la autorización legal para destruir los restos del atentado. Y además esto es algo que, por otra parte, está radicalmente prohibido por la Ley.

La respuesta a esta pregunta es también esencial, ahora que el 11-M no significa nada en la lucha por el poder. La destrucción de los trenes empezó casi inmediatamente después de la masacre. Si se hizo ilegalmente, demostraría la actuación desde el principio de una trama organizada para borrar huellas y sembrar pistas falsas, y obligaría a iniciar una verdadera investigación policial.

Y si el juez lo autorizó sin constancia ni amparo legal, debe explicarse hasta que todos los cabos sueltos queden perfectamente atados. Lo vergonzoso es que un tribunal especializado en delitos de terrorismo se niegue a colaborar con la Justicia en la investigación de la peor masacre terrorista de nuestra Historia

Por causa de una ley 'sexista'

10/09/2011

Dos víctimas de la Justicia 'de género'

No es la primera vez que desde el propio estamento judicial se advierte de la tendencia generalizada a admitir las denuncias por acoso o malos tratos en parejas, sobre todo con la custodia de los hijos de por medio, pero siempre que la denunciante sea la mujer.

La anticonstitucional -por sexista y liberticida- Ley de Igualdad ha alfombrado esa proclividad a la injusticia. Y pocos casos lo demuestran como el de Sebastián Martínez, que cuando devolvía la niña a su madre tras una fiesta, discutió con ella y fue tan brutalmente golpeado por su nueva pareja que quedaron secuelas de por vida.

Para compensar la denuncia de Sebastián, su ex lo denunció por acoso. Y aunque la Policía dijo que no había la menor prueba, una juez lo ha tenido cuatro años sin poder ver ni hablar con su hija. Sebastián ha sido declarado inocente y su excónyuge, culpable por denuncia falsa. Confiaba Sebastián tan poco en la Justicia que, entrevistado por Luis Herrero, dijo: «Es como si jugara aquí Liechtenstein contra España y me dijeran que ha ganado 0-9». ¿Qué juez le devuelve ahora lo que otro juez le quitó?

Duda si ir a las generales por IU

10/09/2011

Llamazares amenaza con ser médico

Marginado por Cayo Lara, su sucesor en Izquierda Unida, el veterano comunista Gaspar Llamazares ha manifestado esta semana, según los días, dos apetencias sobre su futuro: los días pares se muestra dispuesto a aceptar la responsabilidad que el partido le confíe (o sea, que quiere ir en las listas como sea) y los días impares anuncia que no pasa nada por volver a su profesión, que es la de médico. Aunque, refrendada por un máster antañón allá en La Habana, lo más prudente sería llamarle matasanos.

¿Peligra Llamazares si vuelve a la bata blanca? No. ¿Peligran los pacientes? Sí. Pero tan inseguro está don Gaspar sobre su capacitación que, tras revelar la posibilidad de honrar de nuevo a Hipócrates, que siempre será mejor que a Lenin y a Castro, ha dicho que debería pasar una temporada de reciclaje. Suponemos que pagará él, dado el mullido patrimonio que ha declarado en el Congreso. Abonado ese gasto, podrá comprobar si las cosas -el páncreas, el colon, el apéndice o el hígado- están como las dejó. Después de tantos años en la política, mejor que no busque el corazón: no lo reconocerá

ARCADI ESPADA

10/09/2011

El algoritmo de la vanidad

Querido J:

Google ha comprado Zagat. Zagat es la gran guía de comer y beber de América. Quizá más Gault Millau que Michelin; pero, en cualquier caso, uno de esos fantásticos baedekers que vertebran la nación. Zagat es el nombre de familia de Tim y Nina, un matrimonio neoyorquino que en 1979 la empezó a publicar. En 30 años se ha convertido en un éxito evaluado en torno a los 200 millones de euros, aunque no se ha hecho público lo que Google ha pagado por ella. Google, que vive de la transparencia de los otros, no tiene interiorizada la costumbre. Zagat empezó como publicación analógica. A diferencia de la Michelin, sin embargo, su adaptación digital ha sido exitosa. Es interesante examinar el porqué.

Según es fama, las primeras guías, circunscritas a la ciudad de Nueva York, se hicieron a partir de las opiniones de amigos de la pareja. Esto suponía un cambio respecto al procedimiento de Michelin, donde una autoridad profesional calificaba los restaurantes. El matrimonio declaró hace un tiempo al Times que su modelo produjo rechazo entre los editores: «Lo que la gente quiere son opiniones de expertos y no de gente como ellos», les decían. Como ellos mismos subrayaban, el diagnóstico provoca hoy una gran perplejidad. Zagat anticipaban el modelo de usuario que se instaló cuando la superficie digital lo hizo técnicamente posible. Pero con una diferencia importante: se trataba de usuarios fiables. Al principio, ya digo, los puros amigos de la pareja. Nada que ver con la web asocial.

La expansión digital ha provocado la aparición del nuevo Campeador, es decir, el llamado usuario. El modelo de su hegemonía puede ser Trip Advisor, una página que puntúa a hoteles y restaurantes en razón de comentarios indiscriminados, cuyos autores, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en Booking, ni siquiera deben ser clientes reales del establecimiento. Para saber la utilidad prescriptora de Trip Advisor me permitirás una fachendería. De su top ten actual de restaurantes barceloneses sólo he estado en uno. ¡Uno y no más! Esta lista debe de simbolizar el esplendor de lo que los parásitos business llaman el criterio social. Entre la autoridad pontificia, seca y sola de la Michelin (que yo aprecio profundamente, aunque solo sea porque, en caso de error, se puede echar la culpa a alguien y no al alien) y el criterio devastadoramente cuantitativo, Zagat eligió un modelo mixto: un lado de la web, abierto para que desoven los transeúntes; y un modelo de pago (barato: 25 dólares al año) que da acceso a servicios de calidad. Entre ellos, las 30.000 reseñas que los editores han ido cribando a lo largo de todos estos años. La autoridad que convierte en razón la muchedumbre, al revés de lo que patrocinan tuentis y parásitos.

Por lo que respecta a Google, la compra supone una novedad. El discurso oficial de la compañía es que se trata de potenciar la llamada geolocalización. Un término que trata de redimir el doloroso momento del viaje en que uno ha ido hasta el suburbio, a ver un jodido edificio de Koolhaas, y se ha echado encima la hora de comer, y el sol y el cansancio, y uno coge el iPhone para ver dónde puede ir, dando por sentado que uno, como el difunto Montalbán, no pertenece a la despreciable cofradía del vamos a comer cualquier cosa. Uno deja entonces que el iPhone vaya presentando los restaurantes cercanos. Los robots de Google no tienen dificultad en ordenarlos por proximidad; pero para ordenarlos en función de su interés objetivo no bastan los comentarios, a veces inevitablemente suburbiales, de los usuarios. El necesario orden de autoridad es el que aporta Zagat. La novedad es que Google no ha comprado esta vez robots o masa de masa o algoritmos. Ha comprado contenido seleccionado. Valor. Google ha hecho un trabajo épico con las arquitecturas. Su buscador, sus mapas, su traductor. Siempre ha trabajado con contenido de algún modo cedido. Su más nítida producción propia es Street View, esa inmensa fotografía del mundo, para cuya realización ha tenido que vencer tantos absurdos problemas judiciales. Entre el contenido cedido destacan, claro, las noticias que alimentan Google News. Inmediatamente pensé en esas noticias, cuando lo de Zagat. Imagínate que Zagat hubiese cedido su contenido a Google, en vez de cobrarle 200 millones. Lo que, de algún modo, hicieron los periódicos en los albores de internet. No sólo con Google. También con sus lectores.

Las explicaciones sobre el pacto con el diablo de los periódicos son múltiples. Muchas de ellas poco interesantes y perfectamente interesadas. La más profunda que conozco se la leí a Frédéric Filloux este agosto, en el Guardian, en una reseña sobre un libro de Robert Levine, de largo título que traduzco al volapié: Por la cara: cómo internet está destruyendo la industria de la cultura y cómo la industria de la cultura puede defenderse. En un contexto de elogio general sobre el libro, Filloux le discutía algunos olvidos. Este, en especial: «Levine tiende a olvidar la complacencia general de los creadores de contenido con todas las formas de saqueo digital; cómo los editores -cegados por el atractivo a corto plazo de la visibilidad- consintieron convertirse en víctimas de los agregadores». No lo he visto mejor dicho. No sé si fue todo lo que pasó. Pero eso pasó. No sólo editores. Hasta el más altivo columnista: la ilusión, muy magnificada, del eco y del feedback. Después de décadas de sobriedad analógica donde la respuesta de los lectores se reducía a una mortecina página de cartas al director, advino la explosión del comentario. La visibilidad, como eufemísticamente llama Filloux a la vanidad. Los editores, y no digamos los columnistas, tardaron en entender que la pieza más irrelevante para el comentarista tipo era lo que había suscitado su comentario, es decir, la noticia o la columna; y que lo que había emergido de pronto no era una oleada de lectores, sino de opinadores hasta aquel momento frustrados por los numerus clausus analógicos y a los que importaba un comino las características de la pizarra donde fueran a garabatear. Los editores no tuvieron inconveniente en asumir el nuevo paradigma: «Noticia es lo que se escribe en el espacio que dejan libre los comentarios de los usuarios».

De ahí, querido amigo, que me haya encantado el ejemplo de los Zagat. Hoy bordean los 80 años. Durante mucho tiempo se resistieron a hacer gratuita su página, y a ponerla, en consecuencia, al servicio de Google. Hasta que Google ha tenido que comprarla. Irresistible moraleja.

Sigue con salud

A

VÍCTOR DE LA SERNA

10/09/2011

¿Importante lo que tienen, o cómo lo consiguen?

LO más notable del despliegue informativo sobre los parlamentarios y sus fortunas fue ayer la parquísima información, apenas una página pese a presentar la firma de cinco redactores, de El País. Y opinión, ninguna. Eso, sobre lo que se presenta como importante lema electoral, en el periódico de cabecera de Alfredo Pérez Rubalcaba, es bastante inexplicable. Y no representativo de la actitud de la prensa de izquierdas. Así, en Público, la portada, seis páginas detalladísimas y opiniones como las del habitualmente indignado Ignacio Escolar (esta vez, con los importantes «sobresueldos» del PP) y del director, Jesús Maraña, que tiraba con bala, más o menos, a la derecha: «La cuestión no se limita al sueldo, del que siempre se dice que es tan moderado que aleja de la política a la gente más preparada y capaz. Cambiar un registro de la propiedad por el servicio público no impide sostener una familia y llegar a ser propietario de una casa, tres apartamentos y una oficina, sin hipotecas, y acumular 600.000 euros en cuentas, fondos y acciones de Bolsa. Rajoy lo ha conseguido. (...) Es razonable que un parlamentario perciba una ayuda para completar su pensión, pero no tiene explicación posible que ex políticos que siguen ejerciendo en prestigiosos bufetes». Un editorial de El Periódico, por su parte, contemporizaba: «El notable patrimonio de muchos parlamentarios -superior al del español medio- puede azuzar la demagogia sobre la política como modus vivendi, pero no hay que confundir las cosas: los parlamentarios españoles no están especialmente bien pagados y sus bienes personales son plenamente legítimos mientras nadie demuestre lo contrario. Aunque en algunos casos quepan dudas sobre si lo que declaran es todo lo que tienen».

A la derecha, La Gaceta -azote de José Bono- hurgaba por ahí: «La relación de bienes y activos de cada diputado y senador supone meramente un punto de llegada: nos sirve para conocer cuál es su patrimonio actual. Sin embargo, no nos informa acerca de cuál era su punto de partida ni, sobre todo, cómo ha podido pasar de una situación a otra. A la postre, que un político sea rico y posea numerosas propiedades no es por sí mismo significativo ni mucho menos reprobable; al revés, puede ser una manera de refrenar sus ansias de enriquecerse aprovechándose de su posición. Lo llamativo, lo que podría despertar razonables dudas entre los ciudadanos y entre la prensa independiente, es que un mandatario fuera rico habiendo entrado en política sin ninguna posesión».

Y La Razón exigía más información: «Para ganarse plenamente la credibilidad del ciudadano deben disipar cualquier sombra, duda o sospecha. Todo el mundo sabe que la ingeniería fiscal y financiera obra grandes prodigios, a los que nada hay que objetar si se ajustan a la legalidad. Pero un parlamentario está obligado a dar un paso más e informar no sólo del patrimonio que está a su nombre, sino también de aquel que disfruta habitualmente por razones conyugales, familiares o empresariales». Si no, «será difícil que el ciudadano crea a pies juntillas las cifras publicadas ayer»

ernesto sáenz DE BUruaGA

10/09/2011

Torres Gemelas

PASADO MAÑANA

Era un día como cualquier otro. En la redacción, Gescartera se dibujaba como el tema de apertura en el telediario de las 15.00 horas. No había prisas. En el control de realización se trabajaba con intensidad cerrando las crónicas, hasta que en una pantalla aparecieron las imágenes de una de las Torres Gemelas de Nueva York de la que salía una columna de humo. A partir de ahí carreras, prisas, conexiones y la oportunidad de asistir en directo a lo que Jesús Hermida definió con una frase rotunda: «Es la guerra».

Matías Prats enlazaba aviones que se estrellaban y los tres contábamos, sobrecogidos y boquiabiertos para los espectadores de Antena 3, la historia de una guerra mundial que sigue abierta contra el terrorismo internacional. Nos parecía ciencia ficción lo que debíamos contar y analizar. Un primer avión, luego otro. «Dios santo, es otro avión», exclamaba Matías. Y un tercero en el Pentágono y un cuarto que se estrelló. EEUU estaba siendo atacada. Jesús evocaba Pearl Harbor.

Caía una torre, luego la segunda. En los dos edificios habíamos visto gente atrapada. Asomados a las ventanas de las últimas plantas con columnas de humo anunciando la muerte, sacaban pañuelos blancos pidiendo ayuda. Muchos optaron por terminar la agonía tirándose al vacío ante los ojos del planeta, convertido en una pantalla de televisión. Sobrecogedor. Después supimos que unos pocos, ejemplo de entereza, pudieron dejar mensajes en los contestadores del teléfono de sus familiares. «John, te quiero», decía entre sollozos una mujer. Palabras de amor en una despedida brutal. En las escaleras de las torres, los que pudieron, intentaban salir al exterior. Nadie hablaba, apenas se veía. Fotos en blanco y negro en una nube de polvo que avanzaba por las calles como si fuera un hongo nuclear.

El mundo se detuvo esa tarde. Los políticos, en reuniones de emergencia. Los ciudadanos, impresionados por lo que les ofrecíamos desde las pantallas de una televisión que se reivindicó como servicio público. Esas imágenes son parte de nuestra historia. Diez años después seguimos en guerra. Algunas cosas no han cambiado. Hoy quiero recordar a las víctimas, sus familias y sus amigos. El destino les hizo protagonistas de una sinrazón que podemos encontrar a la vuelta de la esquina. Esa noche, al volver a casa recuerdo que lloré

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