PRIMAVERA REVOLUCIONARIA EN ORIENTE PRÓXIMO: Todo listo para apresar a Muamar Gadafi

FRANCISCO CARRIÓN / El Cairo
Especial para EL MUNDO
22/08/2011
Cuenta atrás para Muamar Gadafi
Explosión de júbilo en el bastión opositor
Hasta que se derrame la última gota de sangre y se pierda el último centímetro de tierra. En mitad del caos, el coronel rechazó ayer cualquier rendición, afirmó que no huirá y exhortó a los suyos a que protegieran con sus vidas Trípoli, el corazón de un régimen apuñalado por la llegada de los rebeldes hasta la simbólica plaza Verde de la capital. «No nos daremos por vencidos. Nunca entregaremos Trípoli a colonialistas o traidores. (…) Gracias a Dios saldremos victoriosos», proclamó a través de la televisión estatal en la segunda de las tres alocuciones sonoras que ofreció en menos de 24 horas.
El líder de la moribunda Yamahiriya instó a sus acólitos a marchar en miles hacia el distrito oriental de Tajura, en manos rebeldes desde última hora de ayer pese al hostigamiento gadafista. «Aquellos que no tengáis armas debéis venir y recibiréis una (…) Doy la orden de abrir a las masas todos los arsenales», agregó inquieto por el trágico destino de la ciudad. «Trípoli se derrumbaría y sería destruida. Se quedaría sin agua, luz, estaciones de emisión, sin libertad y tú vivirías con miedo», dijo.
Pero el coronel, cuyo paradero se desconoce, ya no tenía quien le siguiera. El régimen empezó a desmoronarse como un castillo de naipes. El júbilo de los tripolitanos estalló ante el avance de los rebeldes, que aseguran controlar ya varios distritos de la capital. Además, tomaron el cuartel general de la Brigada Jamis, dirigida por Jamis Gadafi, uno de los hijos del coronel. La Guardia Presidencial se rindió ante el avance del ejército opositor. Y los insurgentes arrestaron a dos vástagos del dictador, Saif al Islam y Saadi. «Hemos confirmado la información de que nuestros hombres capturaron a Saif al Islam. Hemos dado instrucciones para que sea tratado bien y pueda enfrentarse a juicio», dijo el presidente del Consejo Nacional Transitorio (CNT), Mustafá Abdeljalil, a Al Yazira.
La batalla por el control de la capital se inició el sábado tras el iftar, la comida que rompe al atardecer el ayuno del mes de Ramadán. Un intenso tiroteo y varias explosiones sacudieron los barrios céntricos y orientales de uno de los últimos bastiones en poder del coronel. El avance rebelde, logrado en apenas una semana, había colocado a las tropas opositoras a 50 kilómetros de la capital desde el sur y el oeste y a 150 kilómetros desde el oeste. Los enfrentamientos, reconocidos incluso por el propio régimen, se prolongaron toda la noche. La bandera de la vieja monarquía de Mohamed Idriss, desempolvada por los alzados, ondeó sobre algunos edificios mientras la población buscaba refugio en sus hogares. «Se te requiere para que tomes las plazas y calles y elimines a los traidores», reclamaba un mensaje de móvil enviado por el Gobierno a sus últimos súbditos. «Responded a la llamada de Dios, del deber y del país», concluía.
Las fuerzas leales al dictador llegaron a emplear ametralladoras y morteros para acallar el clamor popular que se extendió por la geografía tripolitana. La operación Amanecer de la sirena o Novia del mar (en alusión al apodo con el que los libios conocen su capital) partió de los residentes en varias aéreas de la ciudad. Después, el alzamiento fue respaldado por la llegada a través del mar de rebeldes procedentes de Misrata.
Según explicó Fathi Baja, encargado de seguridad del CNT, la ofensiva contó con el apoyo de los aviones de combate aliados, que hicieron posible el avance. «No es fácil controlar una ciudad de más de dos millones de habitantes, pero estamos en Trípoli y nuestros planes funcionan como estaba previsto», aseveró.
La operación tuvo un éxito tan fulminante que algunas fuentes rebeldes aseguraron que la caída de la capital, donde controlarían ya hasta cuatro distritos, podría ser cuestión de horas. El régimen aseguró que 1.300 habían fallecido en las últimas 24 horas. La OTAN subrayó que la situación es tan «cambiante» que se hace cada vez más difícil identificar los objetivos desde el aire. «El régimen se está derrumbando», admitió el secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen, quien declaró que trabajaría con los rebeldes para reconstruir el país sobre la base de la reconciliación nacional.
Extramuros de Trípoli, los rebeldes también conocieron la victoria. El mayor progreso se registró en el flanco occidental, donde avanzaron hasta Yanzun, a menos de 20 kilómetros de la capital.
OORBYT.es
Videoanálisis
de F. Carrión.Las explosiones de júbilo en el bastión rebelde de Bengasi no se hicieron esperar. Bastaron unos pocos minutos desde que llegaron las primeras noticias de combates en Trípoli para que la gente se echara a la calle. Miles de personas se concentraron en la Plaza Tahrir de esta localidad del este para celebrar el avance de los insurgentes y el esperado asedio a la capital. Líderes insurgentes se apresuraron a hacer las primeras declaraciones demostrando su optimismo ante la próxima caída del régimen. «Nuestros revolucionarios están controlando varios vecindarios y otros están llegando desde fuera de la ciudad para unirse a sus hermanos en este momento», comentaba eufórico a Reuters el vicepresidente del Consejo Nacional de Transición Libio, Abdel Hafiz Ghoga
ANÁLISIS
ROSA MENESES / Túnez
Enviada especial
22/08/2011
Los rebeldes, ¿listos para el 'día D'?
Tras meses de lucha, los rebeldes libios ven cerca su objetivo final. La anunciada caída de un dictador que hacía décadas que había perdido el contacto con su pueblo (y con la realidad) es inminente. Y en estos días de incertidumbre y espera todos se hacen una pregunta inevitable: ¿son los rebeldes libios capaces de gobernar? ¿tomarán las riendas del país de una forma competente?
Éste es el temor de las potencias occidentales, que han apoyado a los rebeldes desde que iniciaron sus manifestaciones pacíficas, en febrero -al calor de la primavera árabe-, hasta que los acontecimientos y la feroz represión del coronel Muamar Gadafi encerró a los libios en una dinámica que pronto se convirtió en un conflicto bélico a gran escala. Anoche, incluso, la OTAN se comprometía en un comunicado a «trabajar con el Consejo Nacional de la Transición (CNT), que ostenta una gran responsabilidad». Según Anders F. Rasmussen, secretario general de la Organización, ahora el deber del CNT es asegurar que «el futuro esté basado en la reconciliación y en el respeto por los derechos humanos».
Una de las sombras que persigue a la insurgencia y a sus comandantes es su pobre experiencia democrática. Obviamente, después de vivir bajo una dictadura tan brutal como absurda desde 1969, los libios tienen una nula cultura democrática. Al contrario de otros países -Túnez y Egipto son ejemplos paradigmáticos a la hora de construir tesis sobre el mundo árabe postrevolucionario-, Libia no ha gozado de una sociedad civil activa.
Aquellos que se opusieron destacadamente al régimen fueron liquidados sin miramientos por Gadafi o encarcelados. En consecuencia, no hay figuras independientes que tengan prestigio internacional. Los principales líderes políticos del CNT eran antiguos ministros de Gadafi. En concreto, su presidente, Mustafa Abdel Yalil, y su primer ministro, Mahmud Yibril, que ocupaban puestos ministeriales (Justicia e Interior) a las órdenes del coronel.
La carencia de líderes con incuestionables caminos vitales de oposición al líder libio puede lastrar al CNT a la hora de construir un sistema con instituciones democráticas elementales. A esto ha contribuido la imagen que ha difundido Gadafi de que los rebeldes son radicales de Al Qaeda y que su acenso al poder convertirá Libia en otro Irak.
Todos tenemos en la cabeza las imágenes del caos, los saqueos y la violencia que se adueñaron de las calles de Bagdad tras la caída del régimen de Sadam Husein. Los rebeldes libios también. Y por eso ya se han puesto manos a la obra para que en Occidente nadie tenga que llevarse las manos a la cabeza cuando Gadafi se vaya.
El plan del CNT confía la seguridad de Trípoli en los días siguientes al vacío de poder en una brigada de milicianos insurgentes, en su mayoría de la capital, entrenados por las fuerzas especiales de Qatar. Ellos protegerán los lugares estratégicos, la infraestructura y los yacimientos arqueológicos de la capital -verdaderos tesoros de la Antigüedad- y sus alrededores. El ejemplo de Bengasi, sede actual del CNT, sirve para tranquilizar a los adalides occidentales de la rebelión: allí reina cierta calma y los periodistas trabajan con libertad.
Los rebeldes aseguran que están preparados para el día D. Ya han expresado a Naciones Unidas su intención de celebrar elecciones democráticas en ocho meses, según un documento que han difundido varias agencias de noticias. «Estamos completamente listos para tomar el poder», afirmó Abu Oweis, fundador de la brigada que protegerá Trípoli, al diario The Washington Post. «Todos estarán felices en Trípoli», añadió anticipándose a las celebraciones que sin duda festejarán en la capital la caída de Gadafi.
Aun así, una de las dudas que se ciernen sobre el futuro de Libia sin Gadafi es si los insurgentes serán capaces de mantener al país cohesionado. El propio CNT se enfrenta a las fuerzas centrífugas de la fragmentación interna. Hace pocas semanas, con el asesinato del jefe del Estado Mayor, Abdel Fatah Yunes, el Gobierno alzado expuso las fuertes divisiones que afectan a su seno.
No hay que olvidar que Libia es un país con fuertes tradiciones tribales y que cada familia pugnará por poner a uno de los suyos en puestos clave. Esto podría avivar las fuertes tensiones tribales que se remontan a tiempos ancestrales y puede dar lugar a enfrentamientos como los que casi desata el asesinato de Yunes, cuyo clan, los Obeidi cuenta con destacadas personalidades en ambos bandos.
En medio de todo no falta el temor de las organizaciones humanitarias de que la insurgencia desate su sed de venganza contra los partidarios de Gadafi, aunque el CNT dice haber instruido a sus milicianos en las reglas internacionales que regulan los conflictos
LUKE HARDING / Maya (Libia)
The Guardian / EL MUNDO
TESTIGO DIRECTO
LUKE HARDING / Maya (Libia)
The Guardian / EL MUNDO
22/08/2011
Los rebeldes asaltan Trípoli
Ha gobernado Libia durante 42 años, pero el desafiante régimen de Muamar Gadafi vivió anoche sus últimas horas. Al cierre de esta edición, los rebeldes alcanzaban la plaza central de Trípoli y el júbilo estallaba cuando las tropas insurgentes llegaban al centro de la capital.
A lo largo de la jornada, habían muerto al menos 1.667 personas, según el portavoz del Gobierno, Musa Ibrahim. En torno a la una de la madrugada, en el tercer mensaje de audio difundido por la televisión estatal, Gadafi instaba a sus compatriotas a «combatir a las ratas y a los traidores».
Para entonces, sin embargo, tres de sus hijos, Mohammed, Saadi y Saif Al-Islam, ya habían sido capturados y la OTAN anunciaba el fin inminente del régimen libio tras seis meses de bombardeos.
Ayer al caer la noche, uno de los frentes de batalla se situaba en la aldea de Maya, a un tiro de piedra del bastión oficialista. El canto del cisne del régimen gadafista tenía como escenario un atractivo paisaje verde de naranjales y olivares, donde las tropas del coronel seguían combatiendo para frenar el imparable avance de los rebeldes. El propio dictador llamaba a «todos los patriotas de Libia» a defender la capital. Pero la caída de Trípoli era sólo cuestión de horas.
«Están cada vez más débiles, tienen mucho miedo», dijo el rebelde Ahmad Gaid en alusión a las tropas de Gadafi, que ayer se vieron obligadas a replegar más allá del «Puente 27», a menos de 30 kilómetros de la capital. Gaid, de 25 años, se estaba refugiando con un equipo médico en una casa situada al borde de la carretera, mientras los francotiradores del régimen seguían disparando contra las milicias opositoras.
Desde una furgoneta, los rebeldes respondían a los tiros con artillería antiaérea. También contaban con un tanque, que sin embargo se averió. «Algo no funcionó con su recámara», explicaba con calma Mohamad, un voluntario libio con nacionalidad estadounidense de 25 años.
Los vehículos de los rebeldes iban y venían del frente de batalla. Algunos combatientes se encontraban en un estado hipnótico. Uno de ellos sorprendió a sus compañeros contando cómo su vehículo se salió de la carretera después de que las tropas oficialistas dispararan contra su neumático y una bala impactara en la cara de uno de sus compañeros. «¿Qué pasó con él?», le preguntaron. «Murió», dijo Mohamad, antes de contar que su objetivo es liberar a su padre y su hermano, ambos educados en Estados Unidos y que en la actualidad se encuentran en una cárcel de Trípoli tras ser detenidos por las fuerzas del régimen gadafista.
Los rebeldes no cuentan con un buen armamento. Pero tienen una gran ventaja: los bombardeos aéreos de la OTAN. Un ataque de los aviones de la coalición internacional destruyó un restaurante turco situado en la carretera entre Zawiya y Maya, un establecimiento que las huestes del coronel libio utilizaban como cuartel. El bombardeo convirtió el edificio en una ruina esquelética.
Cerca de allí, los milicianos rebeldes estaban avanzando a través de un denso bosque de cipreses. Detrás de ellos se encontraba Zawiya, definitivamente capturada por los opositores el sábado, tras una batalla de una semana que convirtió la ciudad libia en un gran cúmulo de escombros. En una imagen surrealista, dos maniquíes de plástico se encontraban ayer en una calle de la urbe. La mayoría de los edificios de la plaza central no eran más que ruinas de una ciudad que, eso sí, por fin ha podido encontrar la paz.
El drama de seis meses de revolución está a punto de acabar. Los rebeldes avanzaban ayer hacia Trípoli desde tres direcciones. En la carretera que llega a la capital desde el sur, decenas de voluntarios de la Brigada Trípoli se concentraban cerca de la ciudad de Aziziya, controlada por los gadafistas y a 40 kilómetros del bastión oficialista. Estaban acampados en una escuela primaria a la espera de recibir órdenes. Más adelante, aviones de la Alianza Atlántica bombardeaban los lugares desde los que las tropas de Gadafi habían imprudentemente lanzado misiles Grad contra las huestes revolucionarias.
«Vamos a ganar esta guerra», declaró Mohamad, un estudiante de derecho de 24 años de edad. ¿Por qué? «Porque creemos en Dios. En Dios y también en la OTAN». Su fe no estaba fuera de lugar, ya que cada pocos minutos los aviones de la coalición internacional bombardeaban posiciones oficialistas cerca de la carretera. Después de cada ataque los rebeldes celebraban la ayuda occidental con gritos de «Dios es grande». Mohamed aseguró que «la moral está muy alta» .
El sábado por la tarde un canal de televisión opositor libio proclamó que Gadafi y dos de sus hijos habían abandonado el país. No dio ninguna prueba y el régimen negó tajante que su líder hubiera escapado. Pero el rumor disparó una insurrección bien coordinada en varias partes de la capital, así como celebraciones en Bengasi, Misrata y Zintan. Según Isam Mohmed Shebani, fuerzas leales al coronel combatían con dureza en la capital para frenar la insurrección popular. Shebani, hijo de un destacado exiliado, dijo que al menos 133 civiles habían perdido la vida, citando fuentes opositoras. Nabil Nasar dijo que había podido hablar con su familia atrapada en la capital. «No han parado los combates desde el alba. La mayoría de las familias tiene un arma y busca munición». Según los familiares de Nasar, la oposición dentro de Trípoli estaba levantando sus propios puntos de control





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