OTRO DICTADOR SOCIALISTA MENOS: Turismo en el paraíso del dictador socialista Gadafi/ Matan al doble de LLamazares
TESTIGO DIRECTO
ROSA MENESES / Trípoli
Enviada especial
28/08/2011
En la biblioteca del coronel Gadafi
Los libros están esparcidos por el suelo, algunos parcialmente quemados. Otros permanecen intactos en las estanterías del salón de 150 metros cuadrados de la mansión que Muamar Gadafi tenía en el complejo de Bab al Aziziya. Hermosos ejemplares en árabe de filósofos andalusíes, suplementos del Jane's Strategic Digest -una revista de estrategia militar-, publicaciones estadounidenses como Time, un catálogo de Ikea de 2008, libros sobre política internacional, peticiones de entrevistas de una televisión rusa en árabe e inglés... A juzgar por su biblioteca, a Gadafi le gustaba estar al día. Dentro de su retiro se puede encontrar de lo más banal a lo más sesudo para leer.
El salón está a oscuras y es un horno. Todavía está ardiendo después de que fuera incendiado por los opositores que liberaron el complejo presidencial. Hay sofás desmantelados, cintas de vídeo apiladas y aparatos electrónicos de última generación destruidos. Por la puerta sale un hombre acarreando un gran tablero de ajedrez de madera policromado. Otro se lleva una mesita a juego. Los libios han decidido coger lo que es suyo.
En la cocina anexa, que también irradia un insoportable calor y olor a quemado, se adivina un diseño moderno. Por el suelo están los restos de una vajilla pintada a mano hechos añicos. Hay vasos de té de estilo árabe tiznados de negro, portavelas hechos tizón y botes con azúcar, arroz y otros restos de comida.
Un grupo de libios acompañados por sus hijos se maravillan abriendo cajones y curioseando los productos que consumía su dictador, al que llaman «el del pelo rizado».
«¿Dónde está el del pelo rizado?», preguntan entre risas -es una rima en árabe- mientras pululan por las dependencias de la mansión. «Vivía con lujos que los libios ni soñaban. Más que como un rey… como un emperador. Es indignante que alguien viviera así, mientras tantas personas no teníamos trabajo y pasábamos hambre», declara un joven en la oscuridad de la ennegrecida cocina.
La casa está rodeada de césped y tiene varios edificios independientes. Detrás, hay una lujosa piscina en cuyas aguas -ya espesas y verdes por la suciedad- flota un DVD de Pink Floyd y todo tipo de objetos. El edificio de enfrente albergaba los dormitorios y los baños. En uno de ellos, hay ropa interior, toallas y alguna crema por el suelo. Algunos lavabos e inodoros han desaparecido. Una televisión gigante de pantalla plana yace rota en el suelo.
Al suntuoso chalé no le faltaba ni un detalle; está lejos de la imagen de la modesta jaima con la que Gadafi quería hacer creer que vivía de forma sencilla y sin grandes lujos. La jaima solía estar desplegada siempre en Bab al Aziziya, pero Gadafi no vivía allí, sino en este grandioso retiro. La jaima sólo servía para la foto.
Es increíble comprobar que la mansión está apenas protegida por un muro que la separa de la plaza de Bab al Aziziya, dode se situaba la estatua del puño aplastando a un avión norteamericano y la antigua residencia, convertida en museo tras ser bombardeada por Ronald Reagan en 1986.
Los graffitti adornan ahora los muros del museo. Los visitantes han escrito sus nombres y la fecha en la que visitaron el lugar en letras rojas, verdes y negras, los colores de la revolución. La inscripción 17 de febrero está por todas partes. Aquel es el día en el que empezó el levantamiento pacífico que se convirtió en conflicto armado tras la represión sin piedad de Gadafi.
Frente al museo y la estatua -el punto cero del complejo presidencial- se agolpaban durante los últimos meses miles de personas que cada noche cantaban loas al líder libio, hoy en paradero desconocido. Ellos servían de escudos humanos para que los aviones de la OTAN no bombardearan el enclave.
En la plaza se accede -a través de una escalera dentro de abre una escotilla de hormigón- un sistema de túneles laberíntico. Está oscuro, pero en los tiempos en que Gadafi y sus hijos lo utilizaban, estos túneles estaban dotados de un sistema de iluminación. Los pasillos conducían a dormitorios, dotados de aire acondicionado, y una habitación que servía de puesto de control de seguridad. En la puerta se apilan varios teléfonos.
Los túneles tienen varias salidas y una de ellas nos lleva a la mansión. Por allí bajan cada día decenas de personas que se aventuran en el universo secreto de Gadafi, uno de los dictadores más opacos y excéntricos del mundo. Ahora parece un parque temático donde los libios recogen recuerdos de una época que dentro de poco parecerá un mal sueño.
OORBYT.es
> Testigo directo en las entrañas del búnker de Muamar Gadafi en Trípoli por Rosa Meneses
R. M. / Trípoli
Enviada especial
28/08/2011
El CNT prepara su desembarco en Trípoli
El Consejo Nacional de la Transición (CNT) espera trasladarse pronto de Bengasi a Trípoli. El órgano de Gobierno de la oposición quiere reafirmar su autoridad en la capital y restablecer la vida normal cuanto antes para empezar la reconstrucción del país. «El nuevo Gobierno se trasladará a Trípoli muy pronto, de aquí a una semana», aseguró ayer Mahmud Shaman, el ministro de Información de la insurgencia a EL MUNDO.
El CNT es consciente de las limitaciones que tiene su Administración por ahora y admite que el restablecimiento de la seguridad en la capital es «crucial». «Gadafi controló nuestro país durante más de 40 años y Trípoli es una ciudad de un millón y medio de habitantes, así que pensar que ninguna facción gadafista va a causar problemas sería un error», señaló Shaman ayer en rueda de prensa. «Lo que intentamos es hacer este período difícil lo más corto que podamos», afirmó.
El desarme de los gadafistas que se han rendido o han escapado será uno de los problemas que CNT tendrá que resolver con urgencia. «Sabemos que muchas brigadas [como la Jamis -dirigida por uno de los hijos de Gadafi-] tendrán nostalgia del viejo régimen y creerán que si siguen luchando podrán volver al poder», reconoció Shaman.
Los tripolitanos están felices con su recién estrenada libertad, aunque sea precaria por la situación de desabastecimiento e inseguridad en la que vivien. Mohamed Ashur, un empleado de banco de 65 años se mostraba alegre, si bien reconocía que Libia necesita ayuda exterior. «Necesitamos policía, hospitales. Nos hemos perdido muchas cosas estos 40 años. Hay que modernizar el país». El CNT sabe lo mucho que le van a exigir los libios y quiere estar a la altura. «Nuestra preocupación es la estabilización de Libia. Gadafi se ha acabado para nosotros», afirmaba el ministro de Información.
Una de las necesidades más acuciantes después de la seguridad es el abastecimiento de alimentos y la vuelta de los servicios básicos como el agua y la electricidad. «Llamamos a todos los empleados a volver a sus trabajos para que pongamos todo en funcionamiento», añadía Shaman.
Una de las preguntas clave en la nueva Libia es si el Gobierno opositor va a mantener en su cargo a los empleados públicos o hará una desbandada como pasó en Irak en el año 2003. Hay funcionarios que simplemente realizaban su labor porque ése era su trabajo y no porque fueran partidarios del coronel, pero otros desempeñaban puestos más sensibles.
EL MUNDO encontró ayer a uno de los funcionarios del Ministerio de Exteriores que trabajaba en el control de la prensa internacional acreditada en Trípoli durante la guerra. «Sigo en mi puesto y estoy al servicio del nuevo Gobierno. Volveré a trabajar con los periodistas y organizaré sus visitas», comentaba.
En su expresión se advertía el miedo al ser preguntado sobre cómo se las apañó para navegar en aguas turbulentas y poder surfear de un régimen a otro. Pero el funcionario -que no quiso ser identificado- aseguró que iba a trabajar por la nueva Libia. La pregunta ahora es cómo los libios resolverán sus diferencias. Muchos temen represalias y otros ya las han sufrido en los últimos meses. Como Fathi, el jefe de camareros de un hotel de lujo en Trípoli, que lleva desaparecido desde hace tres meses por oponerse al dictador.
Los altos cargos del Gobierno post Gadafi deberán trasladarse de Bengasi a Trípoli. Pero aún tienen una piedra en el zapato: Sirte, la cuna del dictador, a 450 kilómetros de la capital. Esta ciudad corta la ruta del este al oeste. «Hemos intensificado las consultas y las negociaciones con los líderes tribales de Sirte. Nos gustaría negociar antes que tomarla militarmente», señaló Shaman.
Mientras, el régimen sigue dejando siniestras evidencias de su apresurada marcha. Ayer, los rebeldes localizaron 50 esqueletos carbonizados en una pequeña prisión existente en una base militar abandonada en Trípoli, según informa Afp
ANÁLISIS
FRANCISCO CARRIÓN / El Cairo
Especial para EL MUNDO
28/08/2011
Piedras en el camino
«¡Larga vida a la Libia democrática y constitucional y gloria a nuestros mártires!», gritó esta semana un líder rebelde recién llegado a Trípoli. Su voz se elevó por encima del estruendo de disparos y ráfagas de kalashnikov y resonó, entre vítores, en un confín de calles desiertas sin suministro de agua ni electricidad. Extinguir los últimos rescoldos de los nostálgicos de Gadafi será el primer desafío del Gobierno interino. La caza del dictador, infructuosa hasta el momento, ayudaría a liquidar la amenaza de caos y anarquía que sus dardos envenenados lanzan sin tregua.
Los retos, no obstante, empiezan puertas adentro. «Queda mucho por hacer para convertir al órgano insurgente en un Gobierno más representativo y sensible», señala a EL MUNDO el analista estadounidense Ronald Bruce St. John, autor del ensayo Libia: Continuidad y cambio, publicado recientemente. Sobre el Trípoli tomado por puestos de control y barricadas se proyecta el miedo a reproducir el abismo en el que se hundió Irak tras la caída de Sadam Husein en 2003. «Los rebeldes tienen que aprender de la experiencia iraquí y de la purga masiva de leales a Sadam Husein. El programa de desbaazificación, apoyado por Estados Unidos, despojó de trabajo a decenas de miles de funcionarios y contribuyó a años de insurgencia», arguye el experto. A su juicio, la presencia de «tecnócratas» del régimen de Gadafi en el Consejo Nacional de Transición (CNT) envía «un mensaje de unidad nacional». En un país malherido por la muerte de al menos 20.000 personas, el CNT ha llamado repetidamente a evitar el ojo por ojo. «No tomaremos venganza. Entre nosotros y vosotros está la ley», declaró esta semana el ministro insurgente de Petróleo, Ali Tarhuni. Aplacar la sed de vendetta no será sencillo.
«Se necesitan estrategias concretas de seguridad para las jornadas caóticas y decisivas que siguen al fin del régimen de Gadafi», subraya St. John. Turquía ya ha anunciado que formará a las nuevas fuerzas policiales, pero el analista agrega que a «esa preocupación inicial debe suceder rápidamente el establecimiento de un sistema judicial imparcial». Antes incluso de las deliberaciones, los alzados deben mejorar su estructura. «Tiene que aumentar la transparencia. Sus reuniones se han celebrado hasta ahora a puerta cerrada y nadie explica como se gastará el dinero prestado al Banco Central de Libia o donado por el exterior».
«Será un proceso largo e imperfecto, pero es clave empezar ahora», apostilla el académico. Los autores de «la última página épica y heroica de Libia» -como calificó la rebelión rebelde el líder del CNT, Mustafa Abdel Yalil- deben administrar el rompecabezas de las 140 tribus que conforman el país. Tras fracasar en su intento de eliminar su influencia, Gadafi se apoyó a principios de los setenta en su clan Qadhadhfa y las familias Maqarha y Warfalla. Sus miembros ocuparon entonces cargos políticos y militares y la identidad tribal se institucionalizó en 1993 con la creación del Comité Popular de Liderazgo Social, con poder en la concesión de becas o viviendas. «En los últimos meses algunos clanes se unieron a los rebeldes mientras otros permanecieron fieles a Gadafi. La mayoría, sin embargo, optó por la neutralidad esperando ver quien ganaba la partida».
La otra amenaza de la transición es el movimiento islamista, integrado inicialmente por muyahidin (guerreros santos) que regresaron a Libia tras participar en Afganistán en la guerra contra los soviéticos (1979-1989). La dura represión posterior ha debilitado a sus seguidores. Algunos ex reos de Guantánamo colaboraron en la revuelta pero, matiza el experto, «existe poco interés público por una alternativa islamista a la secular y no ideológica de la Revolución del 17 de febrero». Los 42 años de dictadura y los seis meses de levantamiento popular aún humean en una tierra a mitad de camino de dolor y la esperanza. No hay tiempo para las lágrimas. «La comunidad internacional tiene un papel que jugar pero es vital que los libios tomen la iniciativa»
F. C. / El Cairo
Especial para EL MUNDO
28/08/2011
La Liga Árabe bendice al Gobierno rebelde y presiona al régimen sirio
La sede de la Liga Árabe, sita a unos metros de la simbólica Midan Tahrir, tenía previsto albergar desde las 21.00 horas la reunión extraordinaria de ministros de Exteriores. Una cita marcada por el reconocimiento como representante legítimo del pueblo libio del insurgente Consejo Nacional de Transición (CNT), que ocupará el asiento de la moribunda Yamahiriya de Gadafi. La participación libia en la organización panárabe permanecía suspendida desde el pasado febrero.
No se trata de la primera mueca de apoyo a los rebeldes por parte de un organismo célebre por sus largas deliberaciones. El 12 de marzo la Liga Árabe respaldó el establecimiento de una zona de exclusión aérea. Un aval inusualmente rápido y audaz que el primer ministro del CNT, Mahmud Yibril, recordó ayer desde El Cairo como «una posición valiente e histórica que ayudó a salvar a cientos de miles de inocentes».
Además de estudiar la reincorporación de Libia, el encuentro -en el que no participará el titular de Exteriores sirio- podría servir para «enviar un mensaje de que el silencio de los líderes árabes sobre lo que está ocurriendo en Siria ya no es aceptable», señalaron fuentes diplomáticas. En cualquier caso, sería -advierten- una decisión liviana porque la posibilidad de suspender a Siria «no está sobre la mesa».
Su traumática primavera se inició el 15 de marzo. Desde entonces, la salvaje represión se ha cobrado la vida de 2.200 personas, según cifras difundidas por la ONU. En agosto, que ha coincidido con la celebración del mes sagrado de Ramadán, 350 civiles han muerto.
La organización panárabe podría instar a Siria a que ponga fin de inmediato a las operaciones militares contra su población. Ayer, varias marchas recorrieron Damasco en solidaridad con los fieles que permanecen cercados por el ejército en la céntrica mezquita de Al Rifai. En la madrugada del viernes el templo fue escenario de la ira de los acólitos del régimen. Una persona murió acribillada a balazos, otras 10 resultaron heridas y más de un centenar de manifestantes fue arrestado.
El país árabe se desangra mientras la comunidad internacional es incapaz de desatar el nudo gordiano. El pasado viernes el Consejo de Seguridad de la ONU reveló la división que suscita Siria, un cruce de múltiples intereses geoestratégicos. Rusia, su aliado histórico y con derecho a veto, presentó un proyecto de resolución que no incluye las sanciones contra individuos y entidades y el embargo de armas planteados en la propuesta de EEUU y varios países europeos. Ayer, preguntado por la respuesta de la Liga Árabe, el delegado permanente de Siria, Yusef Ahmad, declaró desafiante: «Damasco no teme a nada».
AITOR HERNÁNDEZ-MORALES
28/08/2011
Matan al 'número dos' de Al Qaeda en Pakistán
El número dos de Al Qaeda, Atiyah Abd al Rahman, ha muerto en Pakistán, según anunció ayer un alto cargo del Gobierno estadounidense. El terrorista libio -uno de los más buscados por los servicios de inteligencia norteamericanos- fue durante muchos años el emisario de la red terrorista en Irán. Tras la muerte de Osama bin Laden en mayo pasado, Al Rahman se convirtió en una de las figuras más importantes de la organización, a las órdenes de Ayman al Zawahiri, el egipcio que actualmente encabeza el grupo islamista.
Al Rahman cobró particular fama a principios de 2010 cuando EL MUNDO reveló que los servicios de inteligencia norteamericanos habían utilizado los rasgos del ex coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, para la realización del retrato robot tanto del terrorista libio, como también el de Osama bin Laden. El escándalo provocó un incidente diplomático que llevó al FBI a retirar todos los retratos robots que había emitido esa temporada por «prudencia extrema», según aseguró en su momento el portavoz del buró federal, Ken Hoffman.
Nacido a principios de los años 70 en Libia, Al Rahman disfrutó de una relación notablemente cercana con Bin Laden, quien conoció cuando era apenas un adolescente luchando contra el Ejército Rojo en Afganistán a mediados de los años 80. El libio ascendió dentro de Al Qaeda gracias a su conexión personal con el líder del grupo y su considerable reputación tanto como experto en la teología islámica, como también en la producción de explosivos. A finales de los 90 Al Rahman fue el enviado personal de Bin Laden a Irán, donde se encargó de contactar con las facciones más radicales dentro de la República Islámica. El terrorista se convirtió en un objetivo prioritario de los norteamericanos en 2006, cuando los servicios secretos reconstruyeron una carta que escribió al líder de Al Qaeda en Irak, Abu Musab al Zarqawi, en la que exigía que organizara ataques contra los musulmanes chiítas dentro del país.
Al Rahman ya fue dado por muerto el pasado otoño, cuando un avión no tripulado consiguió bombardear el automóvil del terrorista en Pakistán. Los servicios secretos pakistaníes aseguraron que el islamista había sido abatido, pero posteriormente se descubrió que Al Rahman no viajaba en el coche cuando se produjo el atentado.
Los estadounidenses han evitado dar detalles sobre la manera en la que murió Al Rahman, pero desde Washington un alto cargo del Departamento de Estado aseguró ayer que la muerte del libio suponía «un golpe durísimo a Al Qaeda, ya que se había convertido en un cargo clave en la dirección del grupo desde la muerte de Bin Laden».
«Organizaba las operaciones y la propaganda del grupo... Su experiencia y habilidad en ciertas áreas hace que sea un integrante de la red muy difícil de reemplazar», dijo el oficial norteamericano.
Durante su visita sorpresa a Afganistán el mes pasado, el recién nombrado secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, afirmó que se podría acabar con Al Queda con sólo matar o capturar a unos 20 altos cargos de la red terrorista. De ser así, la muerte de Al Rahman supone un importante paso en dirección a este objetivo





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