GADAFI, OTRO DICTADOR SOCIALISTA MENOS: En cuanto se acabe con Gadafi, a por el siguiente dictador socialista, Bashar al-Assad
ROSA MENESES
Trípoli
Enviada especial
31/08/2011
Ultimátum a los gadafistas para entregar Sirte antes del sábado
El presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafa Abdel Yalil, dio un ultimátum a las fuerzas gadafistas para entregarse. «De aquí al sábado, si no hay indicaciones pacíficas de que las negociaciones avanzan, decidiremos esto de una forma militar. No queremos hacerlo pero no podemos esperar».
Las fuerzas opositoras han circundado Sirte en un movimiento envolvente de este a oeste, pero se han detenido antes de entrar al asalto de esta urbe de casi 80.000 habitantes, con la esperanza de que un acuerdo negociado facilite la rendición de la ciudad. Sirte, a 450 kilómetros de Trípoli, adentrándose en el desierto, es la ciudad natal del coronel Gadafi.
El portavoz militar de los alzados, el coronel Ahmed Bani, afirmó que están negociando con líderes tribales en Sirte y no con los lealistas. Según Bani, la población de Sirte quiere unirse a las zonas «liberadas», pero las tropas gadafistas se lo impiden. «La hora cero está cerca», declaró. La oposición se muestra cada vez más presionada por encontrar a Muamar Gadafi, después de que ayer Argelia confirmara que su esposa y tres de sus hijos habían sido admitidos en el país.
Argel afirmó que había acogido a los miembros de la familia Gadafi «por razones estrictamente humanitarias», pero su gesto ha enfadado a las autoridades de la nueva Libia. El Consejo Nacional de Transición (CNT) se ha apresurado a pedir la extradición de los parientes del dictador libio.
El país norteafricano es el único que no reconoce al CNT como representante legítimo del pueblo libio, pese a que 60 países ya tratan al CNT como la autoridad de referencia. Argelia y Libia son aliados históricos en el Magreb, amistad forjada en torno a su apoyo político al Frente Polisario, que luchó entre 1975 y 1991 contra Marruecos por el control del Sáhara Occidental. Argel votó en contra de la imposición de una zona de exclusión aérea en Libia el pasado marzo.
Después de que la revuelta triunfara en Túnez y Egipto -y ahora en Libia-, las autoridades de Argelia ven cada vez más difícil frenar los vientos de cambio que trae la Primavera árabe. El conato de revuelta de enero y febrero pudo ser amordazado, pero tras el desmoronamiento del régimen libio, la certeza de los militares argelinos es que el país no quedará inmune a la fiebre revolucionaria.
Mustafa Abdel Yalil, presidente del CNT, instó a Argel a entregar a los hijos de Gadafi, en busca y captura por las autoridades opositoras. El CNT quiere juzgar en territorio libio al autócrata y sus hijos.
Solicitud de extradición
Argelia se comprometió ayer a entregar al coronel Gadafi al Tribunal Penal Internacional (TPI), según el diario El Shuruq, pero no se pronunció sobre la acogida de los cuatro miembros de la familia, sobre los que no pesa orden del TPI. Dijo que estaban allí en tránsito hacia otro país. Argelia cerró ayer la parte sur de su territorio que hace frontera con Libia alegando una «precaria situación» en la zona, según informó el diario argelino El Watan.
Los combates se seguían desarrollando en la ciudad de Sebha, a casi 800 kilómetros de Trípoli. Los rebeldes sospechan que Gadafi se encuentra allí, en el otro bastión aún en manos gadafistas. Según un portavoz de la OTAN, la alianza bombardeaba las proximidades de la ciudad. «Nuestra prioridad es el corredor que conduce al extremo este de Sirte», afirmó el coronel de la Alianza Roland Lavoie. También las milicias del CNT enviaban refuerzos a Beni Walid, un fortín gadafista a 140 kilómetros al sureste de Trípoli, del que decían estar a 30 kilómetros.
Con Libia inundada de jóvenes rebeldes que se enseñorean por las calles haciendo alarde de su kalashnikov, empieza a preocupar a las autoridades civiles interinas qué hacer con tantos hombres armados una vez que los tambores de guerra se acallen. «Tenemos un plan para que todos los milicianos se unan a las fuerzas armadas, al nuevo Ejército de Liberación Nacional. Serán entrenados», afirmó el ministro del Interior del CNT, Ahmed Darrat. Es preocupante, sin embargo, que las autoridades opositoras no puedan decir cuántos milicianos tienen exactamente.
Darrat aseguró ayer que la seguridad en Trípoli está bajo control y que la situación en la capital está estabilizada. «No subestimen la seguridad aquí», dijo en un tono enigmático. EL MUNDO pudo comprobar que en la ciudad se respira más tranquilidad. Ayer ya se vivieron los primeros atascos, una imagen que retrotrae a la metrópoli a la normalidad prerrevolucionaria.
Asimismo, afirmó que las autoridades han pedido a los funcionarios de las fuerzas de seguridad que vuelvan a sus puestos de trabajo. Este periódico, sin embargo, no vio ayer a ningún policía patrullando las calles ni dirigiendo el tráfico. Por ahora lo hacen los shabab (los muchachos).
Las autoridades de la nueva Libia trabajan para restaurar los servicios públicos de telefonía móvil e internet, y ayer admitieron, por primera vez, que los cortes del suministro de agua en Trípoli se deben a un sabotaje de las fuerzas gadafistas, que han suprimido el flujo bombeado desde Sirte.
OORBYT.es
> Videoanálisis de R. Meneses
R. M. / Trípoli
Enviada especial
31/08/2011
Un barco bajo el fuego
La tripulación del Sporades, un barco con bandera griega, lleva casi cinco meses llevando ayuda humanitaria por toda Libia. El jueves atracó por primera vez en el puerto de Trípoli, en medio de fuertes combates en la ciudad. «Al llegar al puerto, llamé a la torre de control, pero nadie respondía», cuenta su capitán, John Plessas.
El puerto tripolitano no estaba operativo, pero el patrón del Sporades se las arregló para llegar al muelle. Dentro llevaba un cargamento de ayuda humanitaria de Cruz Roja. «Fue muy difícil, disparaban contra los contenedores», recuerda.
Aun así, volvió a hacer lo mismo el sábado. Cruz Roja le pidió volver a Malta a buscar otro cargamento de ayuda y traerlo a Trípoli. El sábado volvió a atracar en un puerto solitario. Trajo un cargamento de esperanza: kits de higiene personal y ayuda médica de Cruz Roja, además de agua para ser distribuida por Unicef. Este barco es el único con permiso de la OTAN para atracar en puerto. En el mar esperan 22 navíos, aunque no todos con ayuda humanitaria; algunos son simplemente cargueros con diferentes mercancías.
Los 10 tripulantes del Sporades han estado navegando por la costa libia trasladando heridos y médicos de Misrata a Zarzis (Túnez) y han llevado ayuda a Bengasi procedente de Malta y Turquía, arriesgando sus vidas durante toda la crisis libia. «Hemos vivido experiencias muy difíciles bajo los combates. Pero tengo la satisfacción de haber ayudado a mucha gente», cuenta uno de los tripulantes.
En el navío todavía hay material médico empaquetado que un puñado de voluntarios se afana en desembarcar. Caja por caja lo trasladan a camiones para llevarlas a los hospitales. «El problema es que el Ramadán ha ralentizado las labores y dependemos de los voluntarios», esgrime Nina Solke, responsable de logística de Cruz Roja, para explicar la lentitud del reparto de la ayuda.
Abdelrazak Batisi, de 42 años, se afana en cargar cajas con sus compañeros. Son de los distritos de Tajoura y Suq al Yuma -donde la primavera prendió en febrero con garra-. «Soy voluntario porque quiero ayudar a mi país, lo hago por la libertad», afirma Batisi al explicar su motivación.
Es la única actividad que se aprecia en el puerto, totalmente muerto. Los contenedores se arrumban en los muelles y apenas un vigilante de aduanas patrulla el recinto. «No hay nadie», asegura.
En las oficinas centrales del puerto nos recibe Ahmed al Omrani, responsable del Control de Aduanas. «Operamos al 13% de nuestra capacidad», añade. «No tenemos estibadores, trabajadores ni pilotos», añade. «También tenemos problemas de comunicación con los barcos que quieren llegar», señala.
Según sus estimaciones, el puerto no operará normalmente hasta dentro de dos semanas. La falta de mano de obra se ha visto afectada por la huida del país de la mayoría de los trabajadores inmigrantes, que constituían unos dos millones antes de la guerra en Libia (donde los autóctonos no son más de seis millones).
«Queremos que todos los trabajadores vuelvan a sus puestos, incluso los que apoyaban a Gadafi. Queremos olvidar el pasado. Les daremos una lección. Les enseñaremos que podemos hacerlo mejor», insta en un mensaje conciliador
ROSA MENESES / Trípoli
Enviada especial
31/08/2011
La baraja rota de los viejos 'reyes' de Libia
En la antigua Plaza Verde, hoy rebautizada Plaza de los Mártires, han colgado la baraja de los Gadafi. Emulando la colección de cartas que hizo Estados Unidos en 2003 para identificar las personalidades del régimen de Sadam Husein en busca y captura, algún libio con sentido del humor ha asignado una carta de póker a cada uno de los miembros de la familia gobernante libia.
El coronel y sus hijos (Mohamed, Saif al Islam, Hannibal, Mutassim, Saadi, Jamis, Saif al Arab y Aisha) formarían la escalera de color que el gobierno opositor está buscando para ganar esta partida.
Mientras aún se intenta averiguar el paradero del coronel Muamar Gadafi, tres de sus hijos y su esposa se encuentran en la vecina Argelia, donde pidieron asilo. Previamente a la confirmación del Ministerio de Exteriores argelino, se informó de que un convoy de Mercedes blindados había cruzado la frontera entre Libia y Argelia, con varios miembros de la familia.
Ayer se confirmó que la esposa de Gadafi, Safia, y sus hijos Aisha, Mohamed y Hannibal llegaron con sus niños a Argelia. Aisha, la única hija de Gadafi, de 35 años, llegaba en avanzado estado de gestación y ayer por la mañana se anunciaba que había dado a luz a una niña. Se llamará como su abuela, Safia.
Mohamed, hijo mayor del coronel, presidía el Comité Olímpico libio, mientras que Hanibal era famoso por su personalidad problemática y su perfil maltratador, que le había valido la detención en una ocasión en Suiza por abusar de sus empleadas domésticas.
Pero es el as de la baraja el que concita mayor atención de los milicianos del CNT, que sueñan con capturarlo. Las autoridades de la oposición lanzaron hace casi una semana una orden de búsqueda y captura que pedía por la cabeza de Gadafi dos millones de dinares (1,2 millones de euros) e incluso una amnistía si lo traicionaba un miembro de su círculo de confianza.
Muchos lo entregarían por un solo dinar. La cadena Sky News citaba a un guardaespaldas de 17 años de su hijo Jamis que aseguraba que Gadafi había huido a Sebha (a 800 kilómetros de Trípoli), en pleno desierto. Según esta fuente, el excéntrico coronel habría estado en Trípoli hasta el viernes, cuando la caída de la capital en manos de los insurgentes era inminente.
Otras informaciones lo situaban en Beni Walid (a 100 kilómetros de Trípoli, en dirección a Sirte), junto a Saif al Islam y Saadi. El viceprimer ministro del CNT, Ali Tarhuni, reveló ayer: «Sabemos dónde está Gadafi y estamos seguros de que lo cazaremos». Tarhuni dijo que el líder en fuga se mueve «de agujero en agujero».
De los siete hijos varones del Hermano Líder, cinco tenían un perfil público. Saadi albergó el sueño de ser jugador de fútbol e incluso llegó a jugar en un equipo del Calcio italiano con ayuda del dinero de papá. Luego, fue nombrado presidente de la Federación de Fútbol libia y, en estos meses de guerra civil, cambió el deporte por un perfil mucho más político. Saif al Islam es el hijo predilecto del autócrata, la cara amable del régimen con su imagen de político renovador y demócrata. Los insurgentes reivindicaron haberlo capturado el pasado domingo, pero poco después la verdad cayó por su propio peso. Saif al Islam apareció en el Hotel Rixos de Trípoli para afirmar que él no estaba prisionero.
Durante estos seis meses largos de guerra, Saif al Islam se ha revelado como el mejor aprendiz de su padre, llamando «ratas» a los rebeldes y prometiendo luchar «hasta la última bala».
Fruto de la opacidad que ha proyectado siempre el régimen, los rumores son una constante. Es lo que ha ocurrido con Jamis, el menor de los vástagos del dictador. Con 28 años comandaba las fuerzas de élite, la facción mejor preparada del Ejército gadafista. La Brigada 32 se conocía más por el nombre de su cabecilla: era para todos la Brigada Jamis. Dado por muerto varias veces, Jamis siempre ha logrado volver al mundo de los vivos.
Las últimas noticias aseguraban ayer que ha sido liquidado en un enfrentamiento que tuvo lugar el sábado en Tarhouna, a 80 kilómetros al sudeste de Trípoli. Las fuerzas rebeldes afirman que Jamis y Abdulá Senussi -cuñado de Muamar Gadafi y uno de los miembros de su círculo íntimo- murieron en esta batalla, aunque la OTAN no ha confirmado este extremo. En medio de la guerra civil, se difundió la noticia de que Saif al Arab -sexto hijo del prolífico Gadafi- había resultado muerto en un bombardeo de la Alianza Atlántica en Trípoli, el pasado día 30 de abril, junto a varios nietos del coronel libio.
Nacido en el año 1982, fue herido cuando tenía cuatro años en el ataque lanzado por Estados Unidos contra el complejo de Bab al Aziziya. Saif al Arab prefería los Ferraris a la política o los juegos de guerra, aunque en el inicio de la revuelta fue encargado por su padre de liderar la división que asedió Bengasi.
Mutassim, consejero de Seguridad Nacional de Gadafi, y comandante de las unidades que luchaban en Brega contra los alzados, se ha desvanecido en la nada
ILYA U. TOPPER / Estambul
Especial para EL MUNDO
31/08/2011
Prisión, tortura y muerte en la Siria de Asad
Son 88 nombres. 88 veces el horror: quemaduras de cigarrillos, golpes, cuchilladas, descargas eléctricas. Y formas más elaboradas de tortura que mejor no se cuentan, pero que incluyen sillas metálicas, hierros candentes y mutilaciones genitales. El informe de Amnistía Internacional los revela. Reúne datos sobre quienes murieron tras ser detenidos durante las protestas y examina 45 vídeos de cadáveres con huellas de malos tratos. En 52 casos, concluye, la tortura condujo a la muerte.
Los testimonios se repiten: «Fuimos varias veces a las autoridades a preguntar por el paradero de nuestro hijo, pero nadie nos atendió. Un día nos llamaron para que fuéramos a recoger su cadáver», relata el padre de Hussam Ahmed Zu'bi en un vídeo que muestra el cuerpo magullado de su hijo, de 17 años.
Como un tercio de las víctimas era oriundo de Deraa, la región del sur en la que empezaron las protestas en marzo. Otros 40 eran de Homs -la tercera ciudad siria-, 14 de la región de Damasco y el resto de Idlib y Hama.
La muerte no pone fin al calvario: a veces los familiares tenían que firmar una declaración según la que su hijo había sido asesinado por «bandas armadas», la excusa del régimen para explicar las muertes civiles.
Todos los testimonios confirman la conclusión de Amnistía: que en Siria no existen hasta hoy grupos armados contrarios al Gobierno. A otros se les prohibía celebrar un funeral público, acto que suele desembocar en nuevas protestas. Una condición que muchos han desafiado, en una clara señal de que la rabia supera al miedo.
No hay mujeres entre las víctimas, pero sí hay niños -el menor, Hamza Ali Khatib, tenía 13 años- y ancianos -entre ellos, un hombre de 72 años-. Amnistía Internacional tiene los nombres de 1.841 personas que murieron durante las protestas -Naciones Unidas habla de 2.200 muertos- y asegura que hay miles de detenidos sin contacto con abogados o familiares. Pide que todos los gobiernos empleen la jurisdicción universal para sentar en el banquillo al Gobierno sirio, que «está persiguiendo sistemáticamente a su propio pueblo», mediante crímenes contra la Humanidad, y recomienda que el Consejo de Seguridad de la ONU ponga el caso en manos del Tribunal Internacional de La Haya.
Catherine Ashton, responsable de Exteriores de la UE, expresó ayer su «profunda preocupación» y Estados Unidos extendió las sanciones a otros tres altos cargos sirios. Pero la represión no cesó siquiera en la fiesta del Eid, que ayer puso fin al Ramadán: hubo extensas protestas en todo el país y murieron siete personas, seis en la provincia de Deraa y una en Homs. Se suman a los 17 asesinados el lunes. En Banias hubo 30 detenidos, cuyo destino puede ser el infierno que describe Amnistía





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