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lunes 29 de agosto de 2011

FUERZAS ARMADAS: La guerra del Líbano


MÓNICA G. PRIETO/ Frontera Israel-Líbano
Especial para EL MUNDO

29/08/2011

La misión más sensible del mundo
Un millar de soldados españoles trabajan en la frontera del Líbano con Israel para mantener una frágil tregua, tras la que se esconde la amenaza de una guerra potencial
RubalCARA, embustero y payasoPara visitar la tumba del Sheikh Abbad -un venerado clérigo chií del siglo XVI que se retiró a los montes de Meiss al Jebel, al sur del Líbano, para consagrarse a la oración- no hay que ir a una mezquita ni hacerse acompañar de un religioso. Hay que acudir a la posición UNP 8-33 de Naciones Unidas, una suerte de base militar ocupada por militares nepalíes, y explicar el interés de la visita.

Allí, un soldado se calará una gorra y un chaleco de la ONU y ondeará una bandera de la organización durante el ascenso hacia el sarcófago de piedra, dividido por una alambrada que atraviesa la mitad exacta del mismo y la deja del lado israelí. Porque la tumba del Sheikh Abbad es, para los judíos, el sepulcro de Rav Ashi, un rabino que completó el Talmud Babilónico, y la Línea Azul -la demarcación trazada por la ONU a falta de una frontera real entre ambos países en guerra- pasa justo por la mitad de la sepultura.

La disputada fosa es uno de los puntos calientes a los que se enfrenta la Brigada Multinacional del Sector Este de la FINUL, liderada por España: 4.400 hombres procedentes de seis países implicados en una de las misiones probablemente más sensibles del mundo: «Vigilar el cese de hostilidades entre Israel y el Líbano, firmado tras la guerra de 2006; apoyar el despliegue del Ejército libanés en el sur del país; asegurar el acceso a la ayuda humanitaria de la población y la movilidad de la ONU y las ONG y garantizar que la zona no se emplea en actividades hostiles», como explica el jefe del Estado mayor de la Brigada, coronel Carlos Díez de Diego.

Por encima de todo, el objetivo es custodiar y ayudar a delimitar la Línea Azul para evitar flagrantes violaciones que puedan llevar a una nueva guerra. A otras violaciones, como el continuo sobrevuelo del espacio aéreo por parte de Israel y la temida concentración de armas chiíes al sur del río Litani, invisibles para la FINUL pero admitidas por la ONU, parecen haberse habituado ambas partes.

La situación obliga a la Brigada de la que forman parte 1.004 españoles a emplear toda la astucia posible. «Las operaciones se diseñan para minimizar las consecuencias de cada incidente», subraya el jefe de operaciones, el comandante Luis Sanz Muñoz. «La clave es anticiparse a todo lo que pueda suceder».

No es tarea fácil, como demuestra la tumba del Sheikh Abbad. Desde la retirada israelí del sur del Líbano, en 2000, la sepultura fue un punto caliente. Cuentan que eran fletados autobuses de peregrinos -probablemente azuzados por Hizbulá- no sólo para venerar al santo sino, sobre todo, para provocar a los soldados destinados en la impresionante base militar erigida del lado israelí del sepulcro, una ruda y vasta edificación de cemento frente a la localidad de Kiriat Shmoná. En una ocasión, de los insultos se pasó a las piedras y los militares hebreos respondieron con disparos. Eso llevó a la ONU a trazar un cuidadoso procedimiento de peregrinación que minimiza riesgos: sólo se autorizan visitas de grupos de seis personas y durante un máximo de seis minutos.

«Les dejamos rezar pero sin tocar la valla», explica el comandante nepalí Malla, responsable de la posición de la ONU anexa a la fosa. «Cada fin de semana llegan dos o tres grupos de turistas, les dejamos subir de seis en seis y les permitimos estar no más de cinco minutos para no dejarles tiempo de reacción, porque antes solían tirar piedras al otro lado».

En la misión que cumplen los españoles en el sur del Líbano, una piedra puede degenerar en conflicto. Y una cabeza de ganado, una aceituna, un poco de agua o la rama de un árbol, como demostró el incidente que hace un año costó cinco vidas en Adeisseh, cuando la poda de un árbol que rozaba la Línea Azul por parte de Israel provocó cinco muertos.

Se hacen equilibrios para mantener la neutralidad ante las partes y evitar potenciales violaciones de la Línea Azul pese a que, como explica el comandante Sanz, no resulta fácil. «De 400 puntos, aún hay 230 sin marcar», explica. Es decir, hay 230 lugares donde es imposible decir si se está del lado israelí o del lado libanés hasta que los 13.000 hombres de la Fuerza Internacional de la ONU para el Líbano lo demarquen con pivotes identificativos. Y muchos de esos puntos están sembrados de minas.

Una ciudad dividida

La tensión entre Israel y Hizbulá, el partido milicia chií que controla el sur del Líbano y forma parte del Gobierno, es siempre máxima. El ejemplo último sucedió el 1 de agosto, cuando una incursión israelí derivó en un tiroteo en las proximidades de la ciudad dividida de Ghajar. Si no pasó a mayores fue, probablemente, por la actuación de los españoles destacados en una posición vecina y encargados de vigilar el perímetro de la localidad ocupada por Israel, donde la Línea Azul cruza exactamente por el centro de la villa.

«Una patrulla de las IDF [el Ejército israelí, por sus siglas en inglés] cruzó la valla técnica y se dirigió al río Wazzani», explica el general Miguel Alcañiz, máximo responsable de la Brigada Multinacional y del contingente español de la FINUL. «Una posición de las Fuerzas Armadas Libanesas percibió un movimiento extraño e hizo disparos de advertencia. La patrulla del Ejército israelí volvió a su posición inicial pero contestó al fuego. Nosotros estábamos en la posición de Ghajar, un kilómetro más al norte, y mandamos rápidamente una patrulla para desplegar y calmar la situación. El capitán hizo prácticamente una labor de interposición», resalta el general.

El capitán en cuestión es Juan José Pereda, al mando de 136 hombres dedicados a vigilar todo lo que rodea a Ghajar, uno de los puntos más sensibles del sur del Líbano. Las continuas promesas israelíes de devolver el sector norte han sido incumplidas, pero aunque la Línea Azul lo atraviesa justo por la mitad, más que como una violación en sí a la FINUL le gusta verlo como una «exención aceptada por la ONU», como informa el comandante Sanz.

La carretera que rodea la ciudad está cerrada al tráfico libanés para impedir potenciales enfrentamientos -tres posiciones de las IDF se levantan en su interior- y las patrullas de Pereda suelen vigilar que no haya circulación entre ambos lados. Desde el 1 de agosto, velan porque no haya más tiros. «La ruptura del alto el fuego es algo raro, es la primera vez que pasa prácticamente en un año», tranquiliza el general.

El problema es que cualquier ruptura, por mínima que sea, puede degenerar en un conflicto abierto que se adivina devastador. Ya ocurrió en 2006, cuando a algunos kilómetros al este de Ghajar, en las granjas de Shebaa ocupadas por Israel en 1967, la captura de dos soldados israelíes a manos de Hizbulá derivó en una guerra de 33 días que dejó 1.191 civiles muertos del lado libanés y 44 del lado israelí. Hoy, el punto exacto donde ocurrió es perfectamente visible desde la posición del Ejército indio, que se alza frente a las granjas. Dos barriles azules de la ONU permiten hacerse una idea de por dónde transcurre la demarcación provisional -que, para colmo, divide en dos la única fuente de agua-, pero sobre el terreno es imposible saber si se pisan tierras israelíes o libanesas.

De ahí que haya 15.000 potenciales violaciones de la Línea Azul, tantas como cabezas de ganado acostumbran a pastar en los alrededores. «El sistema para evitar conflictos es fácil», explica el comandante Phuntsok Angchok, de la brigada india, dependiente de los españoles. «Tenemos los números de móvil de los 20 pastores de la zona y les llamamos cuando creemos que se están aproximando demasiado a la marca».

Unos kilómetros más al sur se encuentra Blida, donde el potencial conflicto lo generan 12 olivares que han quedado atravesados en mayor o menor medida por la Línea Azul. Trabajarlos implica violar la Línea Azul, lo cual obligó a buscar un arreglo: cinco de ellos, los más divididos, fueron vallados en 2010 por la FINUL para permitir a los agricultores entrar sin generar suspicacias entre los israelíes. El acuerdo se malogró en 2011.

«En marzo, las IDF decidieron no continuar con el acuerdo porque los agricultores no avisaban de su entrada con una anticipación de 48 horas», explica el comandante Sanz, quien ya tiene previsto un mecanismo de acción en previsión de que uno de los próximos encuentros tripartitos -periódicamente Israel, Líbano y la ONU se reúnen para encontrar soluciones a problemas como éstos- reanude la recogida de la aceituna: un despliegue de soldados internacionales que vigilen que los agricultores no violan la línea.

La relación entre las tropas españolas y los civiles libaneses es más que amable. Ayuda la labor de cooperación cívico-militar -clases de español, alumbrado solar, gestión de residuos y asistencia médica y veterinaria entre otras- y también el hartazgo de un pueblo deseoso de una estabilidad que hoy se la traen los soldados españoles mediante la FINUL.

Sin embargo, todos son conscientes de que la volatilidad de la situación, y la Brigada Multinacional bajo mando español está dispuesta a hacer todo lo posible para mantener el equilibrio. «Somos 4.400 hombres en permanente tensión, conscientes de que el peligro consiste en habituarnos a la rutina», afirma el comandante Sanz. «La estabilidad no nos puede ni debe engañar»

M. G. P. / Frontera Israel-Líbano
Especial para EL MUNDO

29/08/2011

«El ambiente en el Líbano es tranquilo, pero tenso»

Es su segunda misión en el Líbano, y de ahí que conozca bien las extremas sensibilidades a las que se enfrenta la Brigada Multinacional del Sector Este -comandada por España- que él dirige. El general Miguel Alcañiz Comas, de 56 años y jefe de la Brigada Guadarrama XII, resalta la volatilidad de la situación y explica que la rapidez de la intervención de sus hombres es vital para el mantenimiento de la estabilidad en su zona de acción, de ahí que no se deje engañar por la aparente estabilidad del sur del Líbano. «La situación es de tensa calma. Está todo bien, pero hay tensión porque a ambos lados de la Línea Azul hay dos ejércitos desplegados completamente armados», explica desde su despacho del Centro de Operaciones de la Base Cervantes.

Pregunta.- Tropas italianas y francesas de la FINUL han padecido recientes ataques con explosivos cerca de Sidón. ¿Ha cambiado eso el estado de alerta de la tropa?

Respuesta.- Los estados de alerta que hay en la base y en nuestros desplazamientos dependen del riesgo que percibimos. Estos dos ataques son fuera del área de FINUL y ahí no tenemos jurisdicción, pero sí adoptamos precauciones. Hacemos reconocimientos para no encontrarnos con un ataque de IED [artefactos explosivos improvisados] y confiamos en el apoyo que nos dan tanto las LAF [el Ejército libanés] como la Inteligencia libanesa. Nos toca tomar precauciones, pero en estos momentos hay relativa tranquilidad, no se perciben ataques inminentes.

P.- ¿Quién puede querer atacar a la FINUL?

R.- En teoría no tenemos enemigos. En la zona de la FINUL no los hay, pero fuera hemos tenido ataques serios. Pueden ser acciones terroristas de cualquier grupo, pero no es posible aventurarse a decir quién ha podido ser. Obviamente, a alguien le caemos mal o pretende un objetivo político que se nos escapa.

P.- El secretario general de la ONU suele lamentar la restricción de movimientos a la que es sometida la FINUL en Líbano.

R.- La resolución 1.701 nos da libertad de movimientos. Es verdad que en los últimos meses hemos tenido algunos problemas pero en total la FINUL realiza unas 10.000 patrullas al mes. En ellas ha habido siete incidentes, dos han sido en mi área y ninguno con tropas españolas. Se debe a que estamos en verano, vienen muchos emigrantes, son gente joven y parece que les gusta poner dificultades a la FINUL. He instruido a todas mis patrullas para evitar que nada de eso ocurra.

P.- ¿Cuál es el mayor desafío al que se enfrenta la misión?

R.- Vigilar el cese de hostilidades. El 1 de agosto hubo un incidente que consistió en un intercambio de disparos, y el 3 de agosto del año pasado se produjeron cinco muertos que no podemos permitir. Desde 2007 [cuando fue destinado por primera vez al Líbano] he apreciado cambios a mejor, se observa mayor desarrollo, mayor infraestructura... La tensión la he visto mucho más rebajada, por eso me sorprendió el incidente del día 1. Creo que sería bueno que se firmara el cese de hostilidades definitivo, que no se ha hecho.

P.- ¿Puede describir la complejidad de la delimitación y vigilancia de la Línea Azul?

R.- No está bien marcada sobre el terreno porque hay zonas que están minadas. Puede darse cualquier caso de violación no sólo en las zonas minadas, sino en cualquier otro punto. Por ejemplo, la zona bajo control de la India es un terreno muy abrupto y no está marcado del todo. Puede pasar un pastor que cruza de un lado a otro, que lo lleva haciendo toda la vida, y las partes se enfadan, sobre todo la israelí. Así que estamos haciendo un gran esfuerzo, con los zapadores, para desminar y poner los barriles [que delimitan], para que de uno y otro lado haya una buena visibilidad y no haya la preocupación de si se ha cruzado o no la Línea Azul. Es conflictiva en el sentido de que continuamente las partes alegan que uno u otro la ha cruzado.

P.- Este año el Gobierno del Líbano ha cambiado de manos, quedando bajo el control del bloque político liderado por Hizbulá. ¿Ha supuesto cambios para la FINUL?

R.- Hemos estado cinco meses sin Gobierno, lo cual es malo. Es positivo que lo haya, y en el caso de éste, en su primera reunión de trabajo ha apoyado directamente a la FINUL y la renovación de su compromiso ahora a finales de agosto. El 16 de julio el primer ministro [Najib] Mikati vino a visitarnos, lo cual es un espaldarazo directo no sólo para nosotros, sino también para el sur del Líbano. No entro en valoraciones políticas, pero es positivo tener un Gobierno firme y que apoye nuestras acciones como la FINUL. Sí le puedo decir que, desde el punto de vista militar, las LAF las veo muy colaboradoras. Hacemos patrullas conjuntas que ahora rozan el 10%, y eso es de agradecer. Veo un incremento de la cooperación con las LAF, no sé si se debe al nuevo Gobierno, pero desde hace unos meses ha aumentado


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