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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

martes 30 de agosto de 2011

FIRMAS: Luis María Anson, Erasmo, S Sostres, Secondat, A Espada, D Gistau, R del Pozo, J Gómez de Liaño


luis MARÍA ANSON

30/08/2011

Garitano lee a Carod Rovira

EL 31 de mayo de 1991, José Luis Carod Rovira, la airosa testa todavía descoronada de espinas, publicó un artículo en el diario Avui titulado «Eta, Kataluñatik kampora». «A ver si de una puñetera vez, al margen de la dialéctica, por cierto tan española, de los puños y las pistolas -reprocha Carod Rovira a la dirección de Eta con motivo de un atentado en Vic- sois capaces de entenderlo: los vascos no sois españoles. De acuerdo. Pero los catalanes tampoco. Y con acciones como esta no hacéis más que españolizar Catalunya. Convertís los Països Catalans en tierra enemiga y a sus habitantes, en gente hostil. Y no lo somos». Así es que, consecuente con este planteamiento, Carod Rovira concluye: «Ahora solo me atrevo a pediros que cuando queráis atentar contra España, os situéis previamente en el mapa». Es decir, asesinad a quienes os venga en gana, murcianos, valencianos, baleares, andaluces, extremeños, castellanos, canarios, riojanos, aragoneses, gallegos, madrileños, navarros, cántabros, asturianos, vascos no nacionalistas, pero no toquéis un pelo de los catalanes.

Tras la bajeza moral de este artículo deleznable, Carod Rovira, ya conseller en cap, se entrevistó en Perpiñán con Josu Ternera y le ofreció, a cambio de que los etarras maten a los demás españoles pero no a los catalanes, respaldar las posiciones de Eta a través de declaraciones institucionales. En esa época, por cierto, José Luis Carod Rovira estaba en pleno idilio con José Luis Rodríguez Zapatero, idilio solo interrumpido por los incesantes viajes gratis total que el conseller en cap realizaba para divertirse por el mundo a cargo de los contribuyentes, con el pretexto de potenciar idiomas marginales en lejanos países.

Está claro que a Martín Garitano le complació en su día la lectura del artículo de Carod Rovira. Ahora se ha sumado a su tesis y, aunque ante el escándalo producido haya querido sacar la pata del albañal matizando sus declaraciones, la verdad es que no se ha lamentado de los asesinatos de Eta sino de que la banda terrorista haya atentado y derramado sangre en Cataluña.

Produce náuseas lo que está ocurriendo con Bildu, con Bildueta, brazo político de la banda terrorista, encaramado en las instituciones por obra y gracia de José Luis Rodríguez Zapatero. Fue el presidente dadivoso el que urdió la maniobra para, en el último minuto y de penalti, legalizar, a través del politizado Tribunal Constitucional, a Bildueta.

No es fácil desmontar lo que se ha hecho. Pero habrá que intentarlo. Lo de menos es la herencia zapatética de la crisis económica que nos agobia y el paro galopante que nos abruma. Lo de más es el Estatuto de Cataluña y la jugarreta Bildu que ha dado alas al secesionismo en las autonomías catalana y vascongada. El estúpido «aquí no pasa nada» ha dado paso a la tribulación. No pasa nada, claro, a corto plazo. A medio y largo plazo se producirá la colisión entre la Constitución y las tormentas desencadenadas por las ocurrencias zapatéticas.

Garitano ha dicho lo mismo que escribió Carod Rovira en su nauseabundo artículo de 1991, soleado, por cierto, de nazismo. Eta, en fin, puede matar si lo hace discriminadamente. Para el dirigente bilduetarra no es lo mismo asesinar a un murciano que a un catalán. Que explique eso en el Congreso de los Diputados José Luis Rodríguez Zapatero, antes de que el pueblo español oficie su funeral el próximo 20 de noviembre.


Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

arcadi espada

30/08/2011

Bávaro Duran

EN ALEMANIA hay quejas sobre el derroche sureño y la necesidad de reducir la solidaridad. Y no sólo lo hace la poderosa prensa sensa(na)cionalista. Muchas de las medidas que ha tomado la ministra Merkel parten de una extendida opinión pública alemana que exige rigor en las cuentas a cambio de ayudas. Es posible introducir algún matiz en este relato y traer a cuenta las indisciplinas presupuestarias alemanas. Y también el interés puro y duro que trasciende a la solidaridad: para Alemania el euro ha sido un mercado exuberante. Pero los matices son incompatibles con el pueblo y el alemán exige esto: «Limiten la solidaridad».

La limitación de la solidaridad es también uno de los mantras de los nacionalistas catalanes. Es coherente que el diputado Duran plantee ahora la necesidad de limitarla, exigiendo que una ley orgánica fije el tope endeudamiento de una comunidad. En otras palabras: el diputado pretende que el dinero de Cataluña no caiga en el saco roto de España. También hay aquí matices y tienen la misma naturaleza que los alemanes. Y también como allí el pueblo, nacionalista, acaba exclamando: «Limiten la solidaridad».

El asunto no es técnico, sino seriamente político. El diputado Duran se comporta respecto de España como lo haría un bávaro. Otra sería su conducta si lo que estuviera en discusión fuera la unidad política y moral de Cataluña. Resultaría inverosímil que el diputado reclamara que Barcelona debe limitar su solidaridad con las comarcas pirenaicas. La solidaridad entre marcos sentimentales ni siquiera se limita al dinero: muchas leyes electorales, como la española, reducen la potencia del voto en zonas de alta demografía para que los intereses territoriales del despoblado puedan asomar la cabeza. Sólo se trata de una forma de… ¡discriminación positiva!

Los nacionalistas ibéricos llevan mucho tiempo vulnerando la trama de afectos española. La trama tiene nudos diversos; pero destaca la evidencia de que limitar la solidaridad de Cataluña con Extremadura quiere decir muchas veces limitar la solidaridad concreta, establecida, afectuosa de un nieto con su abuelo. A causa de un hosco complejo de culpa (de la izquierda, pero también de la derecha) y de las vergonzantes necesidades electorales, la vulneración nacionalista sólo ha recibido, en treinta años, respuestas marginales.

Está por ver si el acuerdo entre el PSOE y PP es una respuesta a la crisis de España, en sentido amplio

ERASMO

30/08/2011

V/Micros

Inadvertidos. «Ni un puto duro» (E. Aguirre). O: «Hasta los huevos». Bono. Y el clásico: «Manda huevos». Y ex abruptos: «Alfredo, no jodas». O: «cabrón con pintas». Etecé. Pellizcos de monja, aquella máxima entrañable del apostolado de la mala lengua. Erasmo evocará su condición de testigo en un tremendo Concurso de blasfemias, en imprecisos escenarios metalúrgicos, muchos libertarios fuera de control. Aquella de un tren de vírgenes y cabe imaginar quien operaba de maquinista. ¿Y? Quedó segunda. ¿Cuál ganó? «En dos tardes»

salvador sostres

30/08/2011

Tomar decisiones

Lo peor que nos podría pasar es celebrar un referendo para cambiar la Constitución. Por preguntar demasiado a gente que no tiene ni idea de nada, hemos acabado cayendo tan bajo. La democracia no excluye las categorías técnicas y el pueblo no tiene la información completa que tienen nuestros gobernantes. Hace algunos años entrevisté a Felipe González y me dijo que se arrepentía de haber convocado el referendo de la OTAN, en tanto que consideraba que era una decisión que le correspondía a él tomar, porque sólo él y su Gobierno sabían realmente lo que había en juego; y que había sido una irresponsabilidad cargarle a la gente una decisión tan crucial.

Cualquiera cree saber algo de economía, como de fútbol, pero precisamente los más gritones a la hora de pedir la consulta son los que menos conocimientos tienen sobre economía y, en general, sobre cualquier asunto importante. La democracia es votar, pero la política es tomar decisiones y asumir el desgaste electoral que conlleven. Si los dos grandes partidos españoles se han puesto de acuerdo en la conveniencia de este cambio, y hay un cauce legal que les permite actuar directamente, éste es el camino que deben seguir. El pueblo soberano tendrá la oportunidad de expresar su opinión sobre este asunto, y sobre todos los demás, el próximo 20-N.

La inconsistencia y la banalidad han hecho mella de tal modo en nuestra sociedad que todo el mundo cree que su opinión es importante. Hemos perdido cualquier sentido del ridículo. Si hiciéramos un examen a los manifestantes que quieren que se les consulte la reforma constitucional, ¿cuántos lo pasarían?, ¿cuántos demostrarían tener la menor solvencia intelectual para que su opinión mereciera ser tomada en cuenta?

Ni ante una situación tan grave como la que estamos viviendo son estos chicos capaces de ninguna humildad. Ni ante el peligro que corre nuestra economía sienten estos chicos el menor sentido de la responsabilidad y se lanzan sin rubor a hacer su demagogia y a propagar su superficialidad, a dar lecciones después de haber fracasado en todo lo que han intentado.

Los altercados que últimamente hemos conocido en España son previos al debate ideológico. Algo hicieron mal los padres de estos chicos que agreden a inofensivos peregrinos. Algo hicieron mal los padres de estos chicos que no respetan la jerarquía y atacan a la Policía. Queridos bofetones de nuestros padres, ¿dónde estabais cuando más se os necesitaba? Un cachete a tiempo nos habría ahorrado este bochornoso espectáculo de arrogancia, de no callarse cuando hablan los mayores.

Gobernar no es hacer lo que quiere la gente. Esto es populismo y puede hacerlo cualquier imbécil. Gobernar es hacer lo que hay que hacer y disponer de la suficiente autoridad y capacidad para explicárselo a la gente y que finalmente lo entienda. Gobernar es decidir, delegar es de cobardes. Gobernar es asumir responsabilidades y que te echen del cargo si no lo haces bien o no se te entiende.

El principal derecho que tenemos no es el de solicitar un referendo para este cambio constitucional. El principal derecho que tenemos es el de exigir entereza y virilidad a los políticos a los que hemos votado. Exigirles que estén a la altura de las circunstancias, que cumplan con su mandato y que den la cara por el país tal como se comprometieron a hacer cuando juraron su cargoAL ABORDAJE

david gistau

30/08/2011

El ocaso de una leyenda

LA CANDIDATURA de Rubalcaba nos ha arrebatado un personaje con el que fantaseamos durante años. Como si cupiera en un molde psicológico de Zweig, nutrimos la leyenda de una inteligencia insomne, infalible, inextinguible, que gobernaba los subsuelos del Estado y llevaba décadas sin tener que arrancar su propio coche, como hace ahora con el Skoda de atrezo. Había un reverso turbio, pero también flexibilidad en la negociación, contención a ETA en los periodos no contaminados por GAL o Faisán, y determinación incluso para militarizar los cielos en la custodia del sistema. En definitiva, era la encarnación del poder profesional que no tiene ni que bajar a los mercados a besar niños, pues de esa incomodidad se ocupaba el macho alfa de la fotogenia electoral al que siempre iba adosado. No hace tanto que aún lo vimos rezumando cargos y defendiendo casi solo las últimas emboscadas parlamentarias de un Gobierno solitario y final.

Es el personaje electoral que ha improvisado Rubalcaba el que nos tiene atónitos. Decepcionados como cuando le quitaron el casco a Darth Vader y apareció un señor con cara de Skoda. Desprovisto de todos esos ornamentos del poder que preludian el retrato al óleo, Rubalcaba no da con el mensaje, con el dinamismo intelectual al que deberían haber trascendido sus argucias dialécticas, colindantes con Amaral. Apenas contempla desde la intrascendencia pactos de Estado que no sabe cómo erosionar por su ínfima conveniencia particular. Y elige traicionar la reputación formal obtenida en el servicio al Estado escorándose hacia una retórica casi radical con la que pretende recuperar al «niño perdido» del 15-M, que no le responde sino con cortes de manga. Sólo este viaje hacia ninguna parte explica que el equipo del que fue ministro del Interior hasta hace unas semanas traicione a la Policía e interiorice el discurso radical en asuntos como el de las agresiones a los peregrinos de la JMJ.

Las elecciones determinarán qué le parece al votante centrado, hastiado de aventuras, este Rubalcaba matizado por el Cojo Manteca. Pero cabe augurar que la vida política se quedará sin contrapesos. Una parte de la izquierda sociológica declaró la invalidez del sistema y de las urnas cuando el sistema y las urnas iban a condenarla a un largo tránsito de penitencia. El autor del futuro del partido que aún gobierna ha querido extraviarse en esas mismas fronteras del sistema, como un personaje voluntariamente periférico, despojándose del olor a moqueta y penumbra del que estaba hecho su discreto encanto. ¿Qué partido formal va a contener al PP, si por contener no entendemos incendiar la calle?

Reflexiones desde ultramar

El autor comenta los muchos acontecimientos de este verano desde la distancia de un periplo por Perú
Defiende la reforma constitucional, censura que se ponga precio a la cabeza de Gadafi y aconseja a Zapatero

ANDUVE unos días, alrededor de 20, por tierras de Perú visitando parajes tan hermosos como el Machu Picchu, Arequipa, el Valle del Colca, Cuzco -allí, Cusco-, la selva amazónica, de los que bien cabría decir que son favores del cielo y donde se habla un castellano de peculiaridades fonéticas y lexicográficas evidentes, pero auténtico al que, desde el inca Garcilaso de la Vega, maestros como el fallecido Cesar Vallejo y el vivo, a Dios gracias, Mario Vargas Llosa, enriquecen con sus múltiples voces y que sirven, sin duda, a los fines de cada cual.

Debo decir que el castellano del Perú tiene su propia fuerza que lo preserva de todos los nacionalismos -incluido el nacionalismo español- y lo defiende e inmuniza contra cualquier despropósito. Y el que aquí, en nuestra España, no quiera entender, que no entienda, que así nos luce el pelo. En fin… Durante este tiempo fuera de mi país y de mi ciudad, a través de internet he podido leer y releer los varios periódicos españoles que a diario hojeo. Lo he hecho con esa ventaja que proporciona la decantadora distancia y que permite examinar las noticias con mayor calma y claridad de la habitual, lo cual te proporciona un sosegado escepticismo. Tras esta terapéutica y desde mi particular interés, abordo algunos de los sucesos acaecidos en España y fuera de ella.

La visita del Papa. De la estancia del Papa en Madrid para presidir la JMJ, lo que destacaría es el espíritu jovial de Benedicto XVI, pese a tener 84 años. Hacer de Papa debe ser un oficio muy difícil por la cantidad de gaitas que supongo hay que templar a diario. Si complicado es ser ministro o diputado, y la mejor prueba de lo que digo es que pocos lo hacen bien, me imagino lo engorroso que debe ser Santo Padre, aunque bien mirado la tarea no tiene el inconveniente de una oposición pisándote el callo a todas horas. Lo que sí creo es que para serlo, uno ha de sentirse eternamente joven. La vida sencilla de Su Santidad y su apego a la juventud hacen que caiga simpático y se le tenga aprecio. El Papa es un hombre animoso, saludable, nada viejo y menos engreído pese a no faltarle motivos para serlo. La única discrepancia que mantengo con él, cosa que no debe preocuparle, es que como jefe de la Iglesia siga aferrado a fórmulas de vida que, a mi juicio, se caen por sí solas de puro rancias. Está claro que Joseph Ratzinger no es ningún revolucionario, ni tan siquiera un reformista, sino más bien un conservador, aunque, eso sí, un conservador moderno y civilizado y, por consiguiente, ejemplar. Es más; creo que ese movimiento laico que hizo aparición a modo de contramanifestación se equivocó queriendo impedir o degradar su presencia en España. Pretender chafar la visita papal es algo que no tiene ni pies ni cabeza. Actuaciones como la de los indignados no deben adoptarse más que con los dictadores. Si todo tiene su medida, admitamos que también ha de haber una vara que mida los torpes y amargos pasos de la intolerancia, esa tacha humana que es la más intolerable.

Gadafi, se busca. Según leo, los rebeldes en la guerra de Libia han puesto precio a la cabeza de Muamar Gadafi. Casi un millón y medio de euros, vivo o muerto. El anuncio resulta siniestro, estremecedor y vergonzoso, aunque no menos que la conducta de todos aquellos que en su día recibieron a semejante botarate con los mayores honores y parabienes. Tanto o más que lo que el personaje pudo hacer -entre otras barbaridades, y según su ex ministro de Justicia, ordenar el atentado terrorista de Lockerbie, con 259 muertos-, me importa eso que los llamados rebeldes se proponen hacer con él. No; el camino no es ése, sino otro de muy diferente substancia. La Ley del Talión, para vergüenza de todos, no ha prescrito, aunque nunca sirvió de consuelo sino para pueblos y dirigentes muy elementales. Bien es verdad que hace tiempo que en cuestiones como éstas -por ejemplo, la pena de muerte- el hombre perdió la perspectiva. Aun admitiendo que a un hombre pueda condenársele a morir en la silla eléctrica o mediante una inyección letal -supuesto que rechazo de plano-, todavía encuentro peor que se pueda poner precio a la cabeza o al pellejo de nadie.

Reforma constitucional. El presidente del Gobierno y el líder de la oposición han llegado a un acuerdo para reformar la Constitución e introducir un límite al déficit de las administraciones. Puede sorprender que en 33 años de vigencia ésta sea la segunda modificación. Pero la iniciativa no tendría que producir sorpresa si miramos el fin de la reforma constitucional alemana de 2009: que los ingresos y los gastos del presupuesto federal fueran equilibrados. Una Constitución no es inmutable ni eterna, algo parecido a las Tablas de la Ley o la Biblia, lo que no quiere decir que haya de corregirse un día sí y otro también, pues ello resultaría punto menos que papel mojado.

Entre los extremos se encuentra el ejercicio de la tutela política que todo pueblo se concede a través de fórmulas que mudan la piel.

Dicho esto, la impresión es que la reforma planteada y que, con gran acierto, el profesor Jorge de Esteban ha calificado de extemporánea por precipitada -la convocatoria de elecciones generales está anunciada-, responde a una exigencia de Merkel, cansada de apoyar la compra de deuda pública española sin contrapartidas, por lo que parece que estamos ante un rescate encubierto.

Bien es verdad que la política es el arte del pacto y el tira y afloja, pero no lo es menos que para ser eficaz ha de bailar al son que la Historia y los acontecimientos toquen. La música que hacía tiempo que los españoles escuchábamos no propiciaba la postura de la navegación por las aguas del «ya vendrán tiempos mejores», que algunos durante muchos meses quisieron suponer fecundo. No se trata de copiar a nadie, pero sí de tomar ejemplo de alguien y de recordar que la política es como una carrera de antorchas en la que, el que se duerme, se quema.

La retirada del presidente Rodríguez Zapatero. Como en el viejo tango, el presidente del Gobierno ha considerado que le toca emprender la retirada, decisión que, sin duda, ha adoptado no sin dolor y un cierto sentimiento de amargura, porque se sentía a gusto haciendo lo que hacía. Es un arte saber replegarse a tiempo y antes de que el personal se aburra del todo y bostece en tus narices. Yo no soy nadie para decir si Zapatero cumplió o no, plenamente, con su deber, aunque estoy convencido de que él pensará que esa fue su intención y mejor deseo.

Al aún presidente del Gobierno se le ve ya como algo pasado. Le felicito por la decisión tomada de apartarse del mundanal ruido de la política. Hacerlo como lo ha hecho merece respeto, aunque sólo sea porque anticipa la posibilidad de que España siga el camino que pretenden ensayar otros pies menos cansados. La única forma lógica política de romper el hielo para iniciar la confianza que, según los expertos, se precisa si queremos salir del bache económico, era la de convocar elecciones sin miedo al resultado. Tal vez durante bastante tiempo Zapatero se creyese demasiado la idea de Cela de que quien resiste gana, pero se me ocurre que, en su caso, lo único que ganó fue tiempo pero no la consideración de muchos ni el reconocimiento ni gratitud de los más.

De aceptarme el consejo, yo recomendaría al presidente del Gobierno que una vez en León no miré para atrás, algo muy propio de aquellos gladiadores romanos en derrota que se convertían en estatuas de mármol. Y si algún reproche tuviera que hacerle sería en relación a su obsesión por lo que Ángel Ganivet, con gran antelación, llamó «triste gloria de la perpetua Guerra Civil», como si fuera un hijastro de su propia casa, España, en la que en muchas ocasiones se prestó a representar la dolorosa farsa sangrienta de Abel y Caín.

Hablo de la Policía. Noticia digna de comentario es que el director general de la Policía y de la Guardia Civil haya ordenado la apertura de sendos expedientes disciplinarios a tres agentes del cuerpo por haberse extralimitado durante la carga policial posterior a la concentración laica del miércoles 17 de agosto. Ese uso desviado de la fuerza puede que sea la resultante de muy complejas implicaciones y premisas que sería injusto cargar, con un criterio demasiado simplista, en la sola cuenta de la Policía, cuando su origen debería buscarse en estamentos nerviosos e inseguros y en climas de opinión harto elementales y que fueron la verdadera espoleta. Las escaramuzas entre policías e indignados o laicos fue una estúpida disputa sin objeto, que nada resuelve. La fuerza pública, necesaria siempre y benémerita en no pocas ocasiones -lo escribía Salvador Sostres el otro día-, no debe formar parte de la lucha política. Quiero decir con esto que una Policía democrática no debe ser beligerante, sino fría, cautelosa y aséptica herramienta de poder. El agente del orden, en buena teoría, es un gladiador, no un verdugo. Lo mismo que los funcionarios de prisiones, los árbitros de fútbol y los jueces, los policías no deben responder a la provocación y nunca han de sentirse insultados ya que su función, por esencia, los despersonaliza. El olvido de estas evidencias puede conducir a excesos de los que tarde o temprano hay que responder.

Epílogo viajero. Es posible que una de las mayores enseñanzas que los viajes aportan sea el agradable sufrimiento del cansancio. A pesar de ello, confieso que últimamente estoy cogiendo afición a esto de viajar. El tiempo no pasa en vano y los gustos e incluso las aversiones cambian de signo. Antes lo que me gustaba era quedarme en casa y cuando salía de España empezaba a echar de menos sus costumbres y hasta sus rutinas. Ahora, ya digo, aunque no tenga un espíritu tan juvenil ni aventurero como Benedicto XVI, me va gustando el ir de un lado para otro y conocer personas con hábitos y hasta manías diferentes a las mías. Miguel de Unamuno, aquel vasco universal, nos dice en Niebla que «quien viaja mucho va huyendo del lugar que deja y no buscando cada lugar al que llega». Sí, viajar por viajar es algo frívolo, estéril y sinónimo de trasladarte como una maleta. La clave está en probar a buscar el color del alma de cada pueblo. Creo que el motivo de mi reciente disposición a viajar es la exploración, la observación y el análisis, algo bien distinto a lo que se puede leer en el Ecclesiastés de que nunca se harta el ojo de mirar ni el oído de oír. Quizá es que el andar tierras y el comunicar con gentes diversas, a los humanos nos hace más humanos.

Javier Gómez de Liaño es abogado y magistrado excedente

RAÚL DEL POZO

30/08/2011

Los ricos

EL RUIDO DE LA CALLE

Dolores de Cospedal ha reconocido que las grandes fortunas no pagan impuestos y que es una mentira que los socialistas vayan a recuperar el del Patrimonio. El PP promete no subirlos y sugiere a los ricos españoles que imiten a los millonarios franceses, alemanes, italianos y norteamericanos en su inmolación voluntaria ante las llamas del fisco.

La vanguardia en este instante son los ricos. En Alemania 50 de ellos han declarado que se avergüenzan de los políticos porque han consentido, con su cobardía, que se tripliquen las fortunas; sin hacer otra cosa los afortunados que regar las flores de sus jardines. Yo creo que los ricos españoles no se parecen en nada a los franceses, que ya tuvieron el cuello bajo la guillotina y fueron cantados sus perfumes de carne de niño por los mejores poetas en las barricadas de la Comuna.

Aquí no se estilan esas generosidades. El PSOE y el PP, dinásticos de turno, filisteos y de orden, sí se parecen a los partidos europeos que ruborizan a los grandes potentados. El PSOE, después de haberlos premiado con la supresión del Impuesto de Patrimonio, amenaza ahora con restaurar el peaje. Miren cómo tiemblan Abelló, Koplowitz y Amancio.

Nunca como ahora habíamos asistido a una victoria tan rotunda del dinero sobre las personas, lo que demuestra, como adelantó el poeta, que eran pocos los que de verdad luchaban contra la injusticia. Tarde se detecta el amotinamiento en el PSOE. Ahora dicen que Zapatero y Rubalcaba se han arrodillado en el altar de los mercados y han escrito la teoría liberal en la Constitución. Piden referéndum, no capital. Se han quedado a la derecha de los ricos.

Los dos partidos tratan a los del dinero con una cortesía trémula y tal vez acierten para que no se disloquen, deslocalicen y evadan. No hay que espantarlos por si se piran a cazar argalis a Asia, llevándose todo menos sus amantes y sus perros. Los campanarios de las iglesias, que convocaban a misa, están ahora en Wall Street. Los ricos han sentido la llamada, aunque aquí siguen parapetados en las Sicav, invento de Miguel Boyer para que no se llevaran la pasta a los paraísos fiscales. Los ricos españoles, más agarrados que los franceses, ni siquiera arreglan la vida de sus amantes. No imitan a Howard Hughes que, para seducir a Ava Gardner, fue a Cartier y regresó con una bolsa de papel de estraza llena de pulseras de diamante y un collar de ópalo.

Es posible que dentro de unos meses falten oxigeno o sangre en los hospitales. Así que a los que picarán será a los que no son ricos, sino a los que trabajan. Les van a sacar a cada uno de ellos aquella libra de carne que exigía Shylock, el usurero para cumplir las condiciones de los pagarés


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