EDITORIALES: El referéndum y el melodrama de Rubalcaba

El referéndum y el melodrama de Rubalcaba
Pero es que, además, nada impide al 10% de los diputados ejercer su derecho a pedir un referéndum si consideran que es más democrático el procedimiento. Si no lo hacen -y parece claro que en el Grupo Socialista habría algunos dispuestos a ello- es para mantener la disciplina y no poner en riesgo sus puestos en las listas electorales. Por tanto, el déficit democrático no hay que buscarlo en la tramitación de la reforma, sino en todo caso en el funcionamiento de los partidos y en los criterios de obediencia con que se seleccionan los candidatos. El PSC y los críticos del PSOE cerraron ayer filas con la dirección renunciando al referéndum, a pesar de que la ministra Chacón -como guiño al 15-M- expresó sus dudas sobre el procedimiento.
La oposición de los sindicatos y los colectivos de «indignados» a la reforma ha provocado el pánico en la oficina del candidato Rubalcaba. Aunque no ha tenido más remedio que asumir las directrices de Zapatero, el hasta hace nada número dos del Gobierno intenta desmarcarse de la iniciativa y aparecer como víctima ante un electorado de izquierdas que, sospecha, le puede castigar. El candidato celebró ayer un maratón de reuniones -Ejecutiva, barones regionales y diputados y senadores- con el fin de apagar el fuego interno. En el máximo órgano de dirección, Rubalcaba escenificó con tintes melodramáticos su distanciamiento del todavía secretario general del PSOE. «Yo no lo hubiera hecho así», le dijo después de que Zapatero manifestara a su vez su comprensión hacia su sucesor: «Sé lo difícil que ha sido para Alfredo». Más allá del conflicto de una bicefalia que por otro lado estaba cantada después del procedimiento de elección del candidato, lo que Rubalcaba intenta es cubrirse las espaldas responsabilizando por adelantado a Zapatero de una más que probable derrota electoral
El referéndum y el melodrama de Rubalcaba
Pero es que, además, nada impide al 10% de los diputados ejercer su derecho a pedir un referéndum si consideran que es más democrático el procedimiento. Si no lo hacen -y parece claro que en el Grupo Socialista habría algunos dispuestos a ello- es para mantener la disciplina y no poner en riesgo sus puestos en las listas electorales. Por tanto, el déficit democrático no hay que buscarlo en la tramitación de la reforma, sino en todo caso en el funcionamiento de los partidos y en los criterios de obediencia con que se seleccionan los candidatos. El PSC y los críticos del PSOE cerraron ayer filas con la dirección renunciando al referéndum, a pesar de que la ministra Chacón -como guiño al 15-M- expresó sus dudas sobre el procedimiento.
La oposición de los sindicatos y los colectivos de «indignados» a la reforma ha provocado el pánico en la oficina del candidato Rubalcaba. Aunque no ha tenido más remedio que asumir las directrices de Zapatero, el hasta hace nada número dos del Gobierno intenta desmarcarse de la iniciativa y aparecer como víctima ante un electorado de izquierdas que, sospecha, le puede castigar. El candidato celebró ayer un maratón de reuniones -Ejecutiva, barones regionales y diputados y senadores- con el fin de apagar el fuego interno. En el máximo órgano de dirección, Rubalcaba escenificó con tintes melodramáticos su distanciamiento del todavía secretario general del PSOE. «Yo no lo hubiera hecho así», le dijo después de que Zapatero manifestara a su vez su comprensión hacia su sucesor: «Sé lo difícil que ha sido para Alfredo». Más allá del conflicto de una bicefalia que por otro lado estaba cantada después del procedimiento de elección del candidato, lo que Rubalcaba intenta es cubrirse las espaldas responsabilizando por adelantado a Zapatero de una más que probable derrota electoral
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