EDITORIALES: Zapatero tira la toalla y adelanta la oportunidad de un cambio
Zapatero tira la toalla y adelanta la oportunidad de un cambio
ZAPATERO despejó ayer la gran incógnita que gravitaba en la vida política nacional desde que anunciara en abril su decisión de no presentarse como candidato a unas nuevas elecciones: la fecha electoral. Será el 20 de noviembre.Lo primero que hay que señalar es que se trata de la primera vez desde la Transición que un presidente del Gobierno anuncia con tanto tiempo la convocatoria de elecciones anticipadas. Ello tiene el grave inconveniente de que abre un periodo de interinidad política de casi cuatro meses, pero también comporta la ventaja de que elimina las especulaciones que inevitablemente se iban a producir durante agosto.
«La certidumbre es estabilidad y ha pesado en mi ánimo fijar un calendario claro. El nuevo Gobierno debe trabajar a partir del 1 de enero en la recuperación económica», dijo Zapatero, que explicó que va a disolver las Cámaras el próximo 26 de septiembre. Ello implica que el Congreso tendrá apenas tres semanas para sacar adelante la media docena de leyes que están pendientes de aprobación a las que se refirió el presidente. No nos parece un argumento convincente, porque esas normas son secundarias y perfectamente prescindibles.
Podría pensarse que, fiel a su estilo de impregnar todas sus decisiones de ideología, el jefe del Gobierno realizó la última pirueta política de su mandato: convocar las elecciones en la fecha en la que se conmemorará el XXXVI aniversario de la muerte de Franco. Pero todo indica que es una simple casualidad. En cualquier caso, esa coincidencia le es indiferente a una gran mayoría de los españoles que considera que el franquismo forma parte ya de la historia.
Los factores que han pesado
Lo que ha pesado en realidad en el ánimo de Zapatero son dos factores: las presiones internas de su partido y la desconfianza de los mercados financieros, que se ha agudizado en los últimos días tras los parches de la cumbre europea de la pasada semana en la que se acordó el segundo rescate a Grecia.
Respecto al primer factor, todo apunta a que Rubalcaba y Blanco le han presionado para adelantar las elecciones. El presidente siempre había mantenido que iba a agotar la legislatura, pero se ha visto obligado a cambiar de opinión. Da la impresión de que ha tirado la toalla para favorecer los intereses electorales del candidato, que probablemente temía un mayor deterioro de la situación económica hasta marzo. Al efectuar el anuncio del adelanto, Zapatero señaló también que no volverá a ser diputado, una manera implícita de decir que se retira de la política, algo coherente con su forma de entender el ejercicio del poder.
La disolución de las Cámaras a finales de septiembre comporta que el Gobierno queda exento de presentar un proyecto de Presupuestos para el año que viene, lo que implica que habrá una prórroga de los vigentes, que siempre podrían ser modificados por la nueva mayoría parlamentaria. Resulta evidente que Zapatero era consciente de que iba a tener que pagar un alto precio al PNV para que le apoyara y ha preferido con cordura no abrir ese frente.
El líder socialista resaltó en su comparecencia que ha convocado al Consejo de Ministros para el próximo 19 de agosto con el fin de aprobar un nuevo paquete de medidas económicas, incluyendo reformas fiscales. Ayer mismo se rumoreaba ya que el presidente quiere hacer un guiño a su electorado más radical con la aprobación de gravámenes sobre grandes empresas o altos patrimonios. Sería un grave error porque España necesita otro tipo de iniciativas para salir de la crisis.
Horas antes de su inesperado anuncio, la jornada había comenzado con una engañosa buena noticia para el Gobierno: el descenso del paro en el segundo trimestre en 76.000 personas, debido fundamentalmente al sector de la hostelería y a la contratación de funcionarios. El dato fue interpretado por el propio Zapatero en su comparecencia ante los medios como el inicio de un proceso de creación de empleo que se intensificará en los próximos meses.
El presidente realizó un balance triunfalista de la situación de España, tal vez llevado por la necesidad de infundir un poco de esperanza a una ciudadanía convencida de que la crisis va para largo. Dijo que la economía lleva creciendo siete trimestres consecutivos y que el Gobierno va a cumplir el objetivo de déficit de las Administraciones Públicas al que se comprometió en el Plan de Estabilidad. Es una manera de verlo que no coincide con la percepción general.
Pero esta visión optimista de Zapatero chocaba contra la dura realidad de los mercados, que ayer se volvieron a cebar con la economía española. Una nueva subida de la prima de riesgo llevó a superar los 350 puntos. Era la reacción al anuncio de Moody's de rebajar la calificación a seis comunidades autónomas por sus problemas de financiación y a su amenaza de revisar la solvencia de las emisiones del Reino de España.
No hay duda de que la falta de credibilidad del Gobierno y la profunda desconfianza de los inversores internacionales han contribuido a generar una situación insostenible para España y para el propio Zapatero, que ha tenido la lucidez final de no agotar la legislatura. Por ello, hay que valorar positivamente el gesto del presidente del Ejecutivo, que abre el camino al cambio político que necesita el país en estos momentos.
Satisfacción del PP
Mariano Rajoy acogió con visible satisfacción la decisión, pidiendo a los ciudadanos «un mandato claro» para sacar a España de la crisis con «un proyecto moderado», «equilibrio presupuestario» y un firme compromiso de no realizar recortes sociales. Veremos si puede cumplir este último punto.
Por su parte, Rubalcaba prometió empleo y una recuperación de la economía, lo que suena irónico en un dirigente que ha sido el más estrecho colaborador y el heredero político de Zapatero. Su gran problema durante la campaña será eludir la identificación con la mala gestión del Gobierno del que ha sido ministro, portavoz y vicepresidente.
Aunque nos parece correcto el adelanto electoral, cabría también reprochar a Zapatero que haya demorado hasta finales de noviembre la cita con las urnas. Habría sido mejor convocar las elecciones para finales de octubre, lo que hubiera acortado el plazo de interinidad y permitido que el nuevo Ejecutivo pudiera ponerse a trabajar a comienzos de diciembre. Pero lo fundamental es que el presidente ha tomado la iniciativa de dar la palabra a los ciudadanos.
Sólo nos queda esperar que la larga campaña que empieza a partir de hoy sea limpia y constructiva, como prometieron ayer Rajoy y Rubalcaba, que por lo menos estuvieron de acuerdo en que no hay que mirar atrás y que los ciudadanos están hartos de que los partidos se tiren los trastos a la cabeza. Los españoles esperan soluciones y eso es lo que les van a pedir a ambos dirigentes de cara a la trascendental cita del 20-N






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