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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

jueves 28 de julio de 2011

FIRMAS: Isabel San Sebastián, Erasmo, A Espada, Rodrigo Tena, LM Anson, G Muntaner,

ISABEL SAN SEBASTIÁN

28/07/2011

Antitemplario asesino

VAYA por delante mi personal veredicto en el caso de Anders Breivik: culpable de crímenes atroces sin justificación posible, por los que se le condena a pasar el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad, sin acceso a comodidades y sin remisión posible. O sea, esa cadena perpetua de la que abominan quienes propugnan, ahora, que se revise la legislación progresista noruega con el fin de poder castigar a este monstruo con más de los 21 años de reclusión que constituyen el máximo legal allí. La pena que deberían cumplir, en todas partes, los asesinos múltiples como él, los que se ceban en niños, los terroristas, los violadores reincidentes y cualquier otro depredador cuya presencia en la calle represente un peligro para la sociedad civilizada en la que queremos vivir. Dicho lo cual, ni los fines que al parecer perseguía este ser amoral justifican el derramamiento de una sola gota de sangre, ni tampoco su bestialidad invalida automáticamente todos sus argumentos. Aceptar esa deducción tramposa sería tanto como decir que el hecho de que ETA haya matado a algún narcotraficante legitima el narcotráfico.

A quienes piensan, como Petter Nome en estas mismas páginas, que los que han alimentado a este asesino son los partidos que critican el multiculturalismo y reclaman políticas de inmigración ordenadas, yo les pregunto: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿La actuación de dirigentes irresponsables en lo que atañe a los inmigrantes o la xenofobia desatada por sus decisiones? ¿Es un crimen sustentar los valores que han llevado a Europa, y dentro de ella a la propia Noruega, a gozar de cotas de bienestar sin precedentes en la Historia? ¿Es censurable preferir nuestro modelo de igualdad, democracia y libertad a la teocracia patriarcal islámica, y exigir que quienes vengan a instalarse entre nosotros lo hagan de manera legal, comprometiéndose a respetar las reglas que nos hemos dado? ¿Hay que ser de extrema derecha para luchar contra el aborto y defender, desde su concepción, todas las vidas humanas, incluida la de este psicópata?

Ni el relativismo moral ni el pensamiento blando, tan en boga en estos tiempos, vacunarán a nuestras naciones contra acciones tan demenciales como la de este siniestro matarife de adolescentes, que encarna exactamente lo contrario de un caballero del Temple. Si queremos impedir que surjan nuevos Breiviks en nuestro entorno, más nos vale recordar los principios que nos forjaron y aferrarnos a ellos como hicieron los templarios, hasta en la hoguera a la que fueron arrojados por los propietarios de la verdad oficial de entonces

'CASO FAISÁN' / RODRIGO TENA

28/07/2011

No disparen contra el juez

El auto de procesamiento dictado contra tres destacados policías por el caso Faisán ha dado lugar en algunos foros a respuestas muy preocupantes, que implican cierto desconocimiento del correcto funcionamiento de un Estado de Derecho. Se critica duramente al juez Ruz por la incongruencia que supone imputar a los acusados un delito de colaboración con banda armada cuando resulta evidente que el chivatazo lo que pretendía era favorecer una negociación para la disolución de esa banda. ¿Cómo se puede hablar de colaboración con una organización -se dice- cuando lo que se busca es combatir sus fines de la manera más eficaz posible? La coda, como suele ser habitual, la constituye el argumento ad hominem: lo que busca el juez es notoriedad y satisfacer su ambición personal a costa de la Justicia.

Resulta muy duro ver a tres funcionarios, que han sacrificado muchos años de su vida al servicio de nuestra seguridad, en el banquillo de los acusados. Pero la cuestión es quién es el responsable de ello. ¿El juez? Me temo que no. Cuando se afirma como algo evidente que el chivatazo se produjo en el marco de una negociación política con la banda, ¿en qué se basan exactamente para alegar tal cosa? ¿En las declaraciones de los policías? ¿En las de su jefe, el entonces ministro Rubalcaba? Creo que todos estamos de acuerdo en que esos policías y ese ex ministro niegan esa supuesta evidencia con la misma firmeza con la que Camps niega que le hayan regalado trajes. Es muy comprensible no querer asumir riesgos innecesarios de cara a las próximas elecciones y, especialmente, de cara a dirigir el PSOE, pero de esa circunstancia no es responsable el juez. Tampoco de que, mientras Rubalcaba se resista a asumir su responsabilidad política, esos abnegados policías tengan muy mermadas sus posibilidades de defensa.

Mientras tal cosa no ocurra, todas esas alegaciones sobre el componente ideológico del tipo penal, que exigiría una supuesta intención de participar en los fines de la banda, o sobre la jurisprudencia que considera un fraude constitucional corregir la política interior del Gobierno mediante una acción penal, tendrán que esperar un momento mejor, quizá el del juicio oral y siempre que esos argumentos sean expresamente alegados. Entre tanto, no resulta de recibo criticar al juez por negarse a participar en un juego con dos barajas: invocar por un lado la negociación con la banda para exculpar a los funcionarios y negar a la vez esa negociación para exculpar al ex ministro y no comprometer sus opciones políticas.

Realmente, este caso es muy revelador de cómo funciona hoy la política en España. Con nulo respeto a los mecanismos del Estado de Derecho, la tendencia natural siempre es tirar por la calle de en medio, poniendo por encima del respeto a las formas y a la legalidad, no los intereses generales, sino los particulares de sus protagonistas o de sus partidos. Para luego, cuando algo sale mal, negarse a asumir sus responsabilidades políticas, con la esperanza de que éstas se liquiden a un nivel inferior, el de los funcionarios, ya sean, como en este caso, los policías procesados o, incluso, el juez al que tan torticeras intenciones se le imputan.

No nos dejemos engañar tan fácilmente por tanto voluntario dispuesto a hacer blanco fácil con Ruz, que está actuando como un juez y no como un político, y centrémonos en exigir responsabilidades a los políticos y, en este caso concreto, a la cúpula del Ministerio del Interior. Si sus intenciones eran tan dignas y tan loables, no debería haber ningún inconveniente en proclamarlas y asumirlas. Si, por el contrario, vistas ahora en retrospectiva, ya no lo parecen tanto, resulta lamentable que los funcionarios vayan a asumir una vez más las culpas de sus superiores, por muy brillantes que sean sus hojas de servicio. Pero, en cualquier caso, por favor, no deberían presumir que los ciudadanos somos tontos.

Rodrigo Tena es notario y editor del blog ¿Hay Derecho?


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GINA MONTANER

28/07/2011

'Happy birthday', comandante

Muchos aguaceros han caído sobre Venezuela desde que Hugo Chávez ganara sus primeras elecciones en 1999. Tanto, que hoy, 12 años después de aquel triunfo, celebra sus 57 años con una fiesta por todo lo alto cuyo lema es Un canto al comandante.

A estas alturas a nadie le sorprende que el Gobierno chavista recurra a la grandiosidad para homenajear a un personaje que se comporta como el vanidoso emperador de Hans Christian Andersen, que se paseaba desnudo entre sus súbditos. Lamentablemente, la revolución bolivariana nunca ha brillado por su originalidad. Sencillamente aspira a ser un calco del régimen castrista, con sus ceremonias y consignas de horror y misterio para disfrazar el estrepitoso fracaso de un cruel experimento social.

Este martes les tocó a los cubanos la triste conmemoración del 26 de julio, en el que no faltaron los Vivas a Fidel, Raúl y al propio Chávez. Hoy es el turno de los venezolanos, con proclamas intercambiables bajo el novedoso concepto de la república híbrida de Cubazuela, sólo que sin la mención de Patria o Muerte. Desde que el emperador lucha contra un cáncer que le baila en una zona imprecisa del abdomen, ahora invoca cantos a la vida. O, lo que es lo mismo, himnos a su propia persona.

Cuando el pasado 20 de junio le extirparon en La Habana un tumor del tamaño de una pelota de béisbol, Chávez, que hasta entonces gastaba palabras y modos de matón de barrio, se transmutó en almibarado trovador a la usanza de aquel grupo religioso que en los 60 daba la murga por el mundo con el estribillo de Viva la gente, la hay donde quiera que vas. Basta con leer sus insufribles tuits para comprender que espanta el olor de su propio azufre, temeroso de no ganar la batalla por la vida que está librando en sus romerías constantes a Cuba, donde el chamán Fidel le lee el iris en busca de diagnósticos telúricos.

Está claro que, cuando hoy sople las velas, Chávez le pedirá a la Virgen que le conceda un salvoconducto para vivir hasta 2031, y así cumplir su deseo de perpetuarse en el poder. Después de regresar de la isla el pasado 23 de julio tras someterse a su primera sesión de quimioterapia, el convaleciente proclamó que «el latigazo de la enfermedad» le ha provocado más «voluntad de vivir, de luchar y de vencer». O sea, en medio de la incertidumbre y con otros candidatos que se preparan para los comicios de 2012, el gobernante juega la baza de la compasión para erigirse como mártir dispuesto a sacrificarse por el bien del pueblo. Sin embargo, se trata de una riesgosa apuesta que también puede infundir temor. Según una encuesta reciente de Hinterlaces, el 56% de los venezolanos apoya tener un presidente interino mientras Chávez se somete a sus tratamientos; y un 60% está en contra de que se adelanten las elecciones, una maniobra que beneficiaría al oficialismo frente a una oposición debilitada.

En un gesto que pudo interpretarse como magnánimo, hace unos días el líder bolivariano mandó excarcelar a dos presos políticos que, como él, padecen de un cáncer al sur de la cintura. Como la mayoría de los presidiarios que viven hacinados en las terribles cárceles del país, Alejandro Peña Esclusa y Lázaro Forero ni de lejos han recibido la millonaria atención médica con la que cuenta el presidente. No nos engañemos. A Hugo Chávez, que es un ególatra de manual, no se le ha ablandado el corazón, sino la próstata. O el intestino grueso. Happy Birthday, comandante.

RAÚL DEL POZO

28/07/2011

Gorila en la cama

EL RUIDO DE LA CALLE
Europa ha dado un salto atrás, pero no ha sido el salto del tigre, sino el del gorila. Me enteré en el Pleno del Congreso de ayer, cuando un diputado del PNV comparó a Alemania con el homínido. Ya en el siglo pasado la vieja Germania, lectora del Génesis, sufrió un terrible trauma al enterarse de que el hombre ario no había sido creado a imagen de Dios, sino que descendía de un ser horrible, artrítico, púnico, semita, con arcos ciliares protuberantes en forma de visera.

Sería muy bonito un Dios que hubiese hecho una Eva como Claudia Schiffer y una Europa carolingia, cristiana, humanista donde brillara el orden moral y la solidaridad democrática, pero no ha sido así. Después de los años felices, el espectro del nacionalismo y la mafia de especuladores nos saquean. Esos ladrones de cadáveres de la recesión provocan el pánico y recortan los derechos de los ciudadanos. El europeo ya no es un lobo para el europeo, sino un gorila, salido de la Selva Negra, como el de Sabina, un gorila ario, que se toca el paquete y que adopta la postura del misionero. Se llama así, según Félix Rodríguez González, la posición que recomendaban los misioneros a los indígenas por parecerles la más púdica. También los musulmanes consideran aceptable esa postura, aunque nunca hay que hacerla con la cabeza o el culo mirando a La Meca. De entre todos los simios, al único que se ha visto copulando cara a cara, ha sido el gorila. Así me imaginé ayer a las naciones del sur de Europa, acostadas con gorilas de dos metros con pelos rubios desde la cabeza a los pies. El diputado del PNV Pedro Azpiazu, para definir los días y los años que estamos viviendo peligrosamente, recordó la predicción que hizo a los países que iban a entrar en el euro el economista norteamericano Paul Samuelson: «Van a meterse ustedes en la cama con un gorila que es Alemania».

El presidente del Gobierno intentó convencer a los grupos parlamentarios de que superaremos el acoso del homínido si estamos todos juntos. Pero Mariano Rajoy, en un discurso de un cuarto de hora, insistió en que nos demos por jodidos. No hizo la oración fúnebre de Pericles, sino acusó a Zapatero de insistir con las medidas equivocadas y de ser el único culpable de que sigamos en el pelotón de los países bajo sospecha, en la enfermería de la zona euro con el mayor déficit público de nuestra historia. Según Rajoy no estamos en el pelotón de los desahuciados por casualidad. «Nuestros problemas son castizamente españoles». Vio a Zapatero en el cuarto menguante, en el instante en el que los ciudadanos apagan los focos y se regatean los aplausos porque el público tiene prisa y se impacienta. Claro que cuando se vaya Zapatero, el gorila seguirá ahí

arcadi espada

28/07/2011

Nuestro público

DICE el músico Auserón, en un manifiesto, que los españoles ven a sus creadores como unos favoritos del poder y por eso les bajan los humos a fuerza de descargas ilegales. En boca de un artista el razonamiento es una muestra (aunque calculada: ¡sólo se trata de ganarse al público!) del síndrome de Estocolmo. Más interesante es la confusión que revela respecto al aprecio español por sus artistas. La zeja de un político que utilizó a unas pocas figuras de la canción popular para ilustrar sus mítines y sus fantasías se ha convertido, al parecer, en categoría. Pero sin mayor fundamento. Más allá de las ilustraciones y los ripios, propios de las campañas electorales, el Gobierno socialista ha hecho esfuerzos penosamente descriptibles para convertir la cultura en un rasgo potente de la marca España. Las razones son diversas, y no la menor el hecho de que, en realidad, el Ministerio de Cultura español no exista. Pero, sobre todo, está la ausencia del público, en el sentido que tiene esta palabra en Francia, Italia, Alemania o Inglaterra.

La escena que sigue definiendo las relaciones del público español con sus artistas es la de la juerga flamenca y las cuatro monedas que el señorito lanza sobre el serrín al irse. El español desprecia con gran intensidad a los pocos creadores que no ignora. Si antes los llamaba muertos de hambre ahora los llama lameculos: sólo el desprecio sigue indemne. Hace años el cronista Lluís Permanyer cargaba, en un artículo modélico, contra ese público de los teatros que cuando baja el telón aplaude con brevedad y desgana. Advertía que no era por desagrado, sino para no hacer el esfuerzo. La observación, que sospecho que sería difícil de trasladar a escenarios extranjeros, es otra de las metáforas precisas que vincula al español con sus artistas: para qué tomarse el trabajo. Imaginemos ahora que no sólo se les pida aplaudir sino pagar: «¡Yo no soy tonto!». Conozco perfectamente la considerable aptitud narcisista de los creadores. La verdad es que creo que el hecho de considerarse dioses lo están pagando con creces: a Dios se le paga, como máximo, con rezos. Aceptando el narcisismo, no creo que haya una galería de lamentos tan significativa como la del artista español respecto de su público, al que en épocas y disciplinas diversas le ha reprochado ingratitud y malas maneras, tanto más obstinadas cuando el artista ha alcanzado eso que se llama una fama internacional.

Los españoles no sienten ni afecto ni respeto por sus artistas. Una extensión alambicada del problema de fondo, que es el nulo aprecio que sienten por sí mismos. España es una potencia mundial en la piratería porque la descarga ilegal incluye el robo a otro y la degeneración de uno

luis MARÍA ANSON

28/07/2011

Camps, tragedia shakespiriana

MARIANO RAJOY envió a Valencia a su sastrecillo valiente Federico Trillo con el encargo de confeccionar para Francisco Camps un último traje, el del ataúd político en el que se ha sepultado la victoria electoral del presidente levantino. Resulta que Federico Trillo es autor de un ensayo no desdeñable, que yo elogié en El Cultural: El Poder Político en los Dramas de Shakespeare. Pedro J. Ramírez ha tenido el acierto de reproducir algunas citas del autor de Ricardo II, monarca malvado a lo Fernando VII, y que habrá contribuido a la meditación personal de Francisco Camps: «Retiro de mi cabeza este peso abrumador, de mi mano este cetro incómodo, de mi corazón este orgullo real; lavo el óleo que me ha consagrado con mis propias lágrimas; entrego mi corona con mis propias manos; anulo mi poder sagrado con mi propia lengua; asiento con mi propio hálito todos los juramentos de obediencia; abjuro toda pompa y toda majestad…».

El olor a poder que emana ya de Génova ha desenfundado muchas navajas cachicuernas. Todos recelan de todos. Hombre de la esquina rosada, Federico Trillo ha colocado a Borges sobre sus hombros para escabechar a Camps. Se trataba de hacer un servicio crucial a Rajoy. El presidente popular no quiere obstáculos que entorpezcan su paso por esa ávida alfombra roja que las ocu-rrencias y los despropósitos de Zapatero han tendido desde la calle Génova hasta el Palacio de la Moncloa.

«O facturas o dimisión», escribimos algunos cuando explosionó el asunto Camps. El expresidente valenciano ha conseguido prolongar durante dos años el equilibrio inestable. Al final decidió declararse culpable para salvar el trono. Era un error. «…si trataba de evitar la dimisión mediante la indignidad de declararse culpable, se quedaría para siempre con la indignidad y no evitaría la dimisión». En Pedro J. Ramírez siempre hay resonancias de Winston Churchill, el personaje más importante del siglo XX, por encima de Picasso, de Einstein o de Chaplin. Camps según el director de este periódico, al caer en la encerrona de Trillo y darse cuenta de que estaba perdido, adoptó la posición del duque de Norfolk en la tragedia Ricardo II de Shakespeare: «Tú mandas en mi vida pero no en mi honra; mi deber es consagrarte la una, pero mi buen renombre, que a despecho de la muerte me sobrevivirá en la tumba, no tienes poder para arrojarlo al negro deshonor». «Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios», podía haber añadido Camps, refugiándose en nuestro teatro clásico -Calderón, el alcalde de Zalamea, Lope de Figueroa- mientras Macbeth, nieto de Kenneth II, planeaba sobre su brillante calva.

Al expresidente valenciano no le han desmontado los socialistas, sino sus torpezas personales y las maniobras genovitas. Frente a ellas pudo apelar a la soberanía popular y preguntar a los valencianos en referéndum si estaban de acuerdo o no en que siguiera, a pesar del procesamiento. No se atrevió a hacerlo porque Rajoy es ya el César y el Rubicón está cercano. Así es que se someterá a juicio con Jurado popular y con el grito en la cabeza de aquel Carlos VII de los tradicionalistas que, cuando escapó de las tropas de Alfonso XII, cruzó la frontera francesa, prometiendo: «Volveré». Camps está herido de gravedad. Pero no es un cadáver político… todavía. Si saliera absuelto del juicio que le acosa, volverá, ciertamente volverá.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

ERASMO

28/07/2011

Breivik

LLAMA «zorra» a la hermanastra, dizque promiscua. A él le dicen ultraderechista. Error. Que su cruzada es de lector de un solo axioma (J.S.Mill): contra el Islam, comunismo, nazismo. Su desvarío, el de Travis (Taxi Driver), un marine trastornado, insomne, atiborrado de alcohol y pastillas, que hablaba solo (you talking to me?) y su arsenal de fascista urbano, cual el de este terrorista teológico de parecido afán: limpiar de basura (sic), uno el Bronx (chulos), este otro Europa (moros). Y argumental cabriola de Scorsese para su happy end: Travis como héroe y

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