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jueves, 16 de junio de 2011

SINIESTRO RUBALCABA: Dos mujeres plantan batalla al 'vicetodo'/ Sáenz de Santamaría y Rosa Díez culpan a Rubalcaba de la «deconstrucción» del país

MARISA CRUZ / Madrid

16/06/2011

Dos mujeres plantan batalla al 'vicetodo'

Sáenz de Santamaría y Rosa Díez culpan a Rubalcaba de la «deconstrucción» del país
Zapatero embustero«Cuando todo acabe, se termine la fiesta y se apaguen las luces, sólo yo estaré a su lado». Esta frase se la dedicó en un debate parlamentario el líder de la oposición, Mariano Rajoy, al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ahora, empieza a cumplirse.

En las sesiones del Congreso, Rajoy y Zapatero se aferran el uno al otro, como las parejas de baile. Ellos a su moviola y el resto a otra cosa. Y la otra cosa, lo que realmente centra la atención, es ya, indiscutiblemente, la figura del vicepresidente primero y candidato electoral del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Zapatero embusteroAyer, el vicetodo tuvo que vérselas con dos mujeres, aliadas por sorpresa. La portavoz de los populares Soraya Sáenz de Santamaría y la líder de UPyD, Rosa Díez. La primera siempre se ha enfrentado a Rubalcaba desde la oposición; la segunda, hubo un tiempo en el que compartía carné de partido con el número dos del Gobierno. Ahora no comparte ni siquiera una lejana amistad.

Ambas se midieron con él y atacaron por el mismo flanco, responsabilizándole de ser «cómplice» de la «deconstrucción» del Estado, en palabras de Díez, y «responsable» de la pésima situación económica que padece el país, según Sáenz de Santamaría.

Las dos aprovecharon la concentración de poder en manos de Rubalcaba para atribuirle la culpa de no haber movido ni un dedo para evitar que, por ejemplo, Zapatero «rompiera el Pacto Antiterrorista, el espíritu de la Transición, congelara las pensiones, bajara el sueldo a los funcionarios, pusiera en marcha una política económica que se ha saldado con cinco millones de parados o permitiera que los testaferros de ETA estén en las instituciones del País Vasco».

«Sólo el Rubalcaba de 1995, con un 23% de paro, supera al Rubalcaba de 2011, con un 21%. Es usted la viva imagen de un Gobierno agotado», apuntilló la portavoz de los populares.

O bien: «Usted no es Panoramix ni tiene la pócima mágica del druida. Sólo puede prestar ya un servicio a los españoles; pídale a su jefe que convoque elecciones ya», remachó la dirigente de UPyD.

Al vicepresidente primero, curtido en las lides parlamentarias, no se le escapó la coincidencia de pareceres entre sus dos rivales. En su opinión, los ataques se concentran virulentamente en su persona «de manera directamente proporcional al tiempo» que le queda «para ser candidato del PSOE». Es decir, para acumular todavía más poder aniquilando definitivamente la figura del presidente del Gobierno.

Y quizá, porque le resultaba difícil responder a la andanada de ambas, optó por lanzar a Díez un par de golpes directos rescatados del pasado, en concreto de la época en la que la diputada fue consejera del Gobierno nacionalista de José Antonio Ardanza.

Rubalcaba le afeó la «incoherencia» entre las ideas que defendía entonces y las que esgrime ahora y, además, le espetó que se siente «muy responsable de que ETA esté en el peor momento de su historia y el Estado, en el mejor».

De paso, y para que no se dude de su capacidad de ataque, el número dos aprovechó para reprocharle el pacto que «firmó en una marisquería de Madrid para darle el Ayuntamiento de Getafe al PP».

Con Sáenz de Santamaría, el vicepresidente se mostró mucho menos mordaz. De hecho, su actitud fue casi como la del que decide renunciar y dar un paso atrás.

Él mismo lo justificó afirmando que no deseaba prestarse a «hacer debates tóxicos para la democracia». En definitiva, Rubalcaba reculó para no alimentar más la impresión creciente de que todo lo que se cuece en el Ejecutivo y en el PSOE gira en torno a sus aspiraciones electorales. Una sensación que Mariano Rajoy se ocupó de poner en evidencia desde el inicio de la sesión, cuando le espetó al propio presidente del Gobierno: «Actúe pensando en el interés general y no en el interés partidista o de un candidato».

Para contribuir a sosegar la espiral de fin de ciclo en la que se encuentra sumido el Gobierno, acudió también el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui. Su cometido ayer fue el de anunciar «de forma muy solemne» que el Ejecutivo «va a agotar la legislatura».

El ministro proporcionó, ordenadamente, cuatro razones. A saber: «Primero, porque es nuestra voluntad política; segundo, porque al país no le conviene un adelanto electoral; tercero, porque hay que hacer reformas y, cuarto, porque», en su opinión, «sólo el Partido Socialista y este Gobierno pueden hacerlas».

Jáuregui, además, se encargó de hacer un alegato en favor del sistema político para dar respuesta a los graves incidentes ocasionados en Cataluña por varios miles de indignados. «La democracia no tiene alternativa. Se puede mejorar, pero no hay contramodelo», sentenció.

DAVID GISTAU

16/06/2011

Tóxicos y preopinantes

Este cronista no ve utilidad en seguir consignando lo que dice el presidente del Gobierno en las sesiones de control. No le interesa a nadie en la Cámara, y en la bancada socialista apenas hay aún quien está dispuesto a chistar a los demás para silenciar el irrespetuoso murmullo de fondo: Zapatero habla del país y sus diputados se cuentan la comunión del niño.

Así pues, pasamos directamente a Rubalcaba, y ustedes se hacen a la idea de que a Zapatero todavía le permiten aparcar en un buen lugar, y aún le ponen un micrófono delante para que diga que los motines de la calle no le parecen graves -no llegan a su nube mental, como cantaba Mick Jagger-, pero en poco más se le dispensa un trato de jefe del Ejecutivo.

Las portavoces de UPyD y PP imitaron contra Rubalcaba la técnica de caza de los velociraptores. Es evidente que no estaban conchabadas, pero el contenido de las preguntas se pareció lo suficiente como para que Bono saboteara el curso de la sesión con chistes sobre la «diputada preopinante», y cuál era ésta que incurrieron en el marxismo de la primera parte contratante. La intervención de Bono irritó a Soraya Sáenz, que tal vez por ello se mostró en su intervención demasiado iracunda, permitiendo a Rubalcaba torearla al natural con socarronería.

Tanto Sáenz de Santamaría como Rosa Díez ahondaron en el recurso, ya electoral, de asociar a Rubalcaba con el legado de Zapatero para impedirle pretenderse un personaje sin pasado. Hubo una diferencia. Igual que el PP ha desinflado el Faisán y evita mencionar a Bildu en sus interrogatorios, Rosa Díez agregó a su enumeración de fracasos y despropósitos el haber consentido el ingreso de la coalición en los ayuntamientos.

Ahí fue cuando Rubalcaba quiso espantar recelos atribuyéndose la responsabilidad de que ETA esté «peor que nunca».

Y luego devolvió a Rosa Díez una andanada, basada en las contradicciones de ésta desde que formó parte del Gobierno de Ardanza, y llena de ese resentimiento que los grupos cerrados destinan a quienes ven como traidores.

Es evidente que ese odio a Díez lo comparte casi toda la bancada socialista, que jaleó la réplica, y hasta Zapatero asintió como si quisiera haberlo dicho él.

En su enganchón con Sáenz, y luego con Cosidó, Rubalcaba sí demostró que, sin renegar de su paso por el nefasto Gobierno que ha compartido con Zapatero, busca maneras de vindicar su capacidad personal.

Y lo hace poniendo en el escaparate todos los logros que dependen de su jurisdicción, desde el descenso de la delincuencia hasta la menor mortandad en la carretera. De manera muy sutil, traslada la idea de que el incompetente es Zapatero, y que él hizo bien todo cuanto le consentía su margen de maniobra, por lo que será un estupendo presidente cuando el margen sea total. Aun así, lo que verdaderamente sonó cínico fue que un diputado marrullero y peleón como lo ha sido él toda su carrera se descuelgue ahora con la idea de que debatir en el Congreso no sólo es «tóxico» para la democracia, sino que da tan mal ejemplo que hasta legitima a los amotinados de la indignación.

Éste es un intento novedoso de neutralizar a la oposición sin llamarla traidora. ¿Qué hacemos el resto de la legislatura? ¿Abrazarnos y tocar el violín?

El PNV recupera sus documentos

El PNV ha logrado que el Archivo de Salamanca le devuelva muchos documentos que le fueron incautados durante la Guerra Civil, según explicó ayer su portavoz en el Congreso, Josu Erkoreka.

Se trata de documentos que reflejan la vida interna de ese partido durante la Segunda República, así como cartas de sus dirigentes a distintas instituciones, de «mucho interés» para los historiadores, según Erkoreka. Ya han sido entregados al Gobierno vasco, que los hará llegar al PNV.

Erkoreka se mostró ayer muy satisfecho y recordó que fue el senador 'peneuvista' Manuel de Irujo quien primero los reclamó, en 1978, tras visitar ese archivo salmantino y redactar un informe.

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