PRIMAVERA REVOLUCIONARIA EN ORIENTE PRÓXIMO: Los sicarios del miedo en Siria

ILYA U. TOPPER / Güveççi (Turquía)
Especial para EL MUNDO
26/06/2011
Los sicarios del miedo en Siria
«Es la mafia». Así lo resume Yusuf Mohamed, vecino de Jisr al Shugour, cuando se le pregunta quiénes son los shabiha, esos sicarios que aparecen en todos los relatos de los refugiados sirios como responsables de las mayores atrocidades. Ni el ejército, ni las diversas ramas de la policía -nacional, política, militar- inspiran tanto terror como esa palabra, shabiha.Hacen el trabajo sucio del régimen. «En algunos barrios de Latakia han ido a casas de activistas y si no los encontraban mataban a sus hijos o violaban a sus mujeres», relata Mohamed Fizo, un activista sirio oriundo de Jisr al Shugour, ingeniero naval de formación. «Yo tuve suerte: no había nadie en casa cuando llegaron. Los vecinos los vieron entrar con pistolas con silenciadores».
Oficialmente no existen. O no tienen nada que ver con el régimen. «En esencia son redes de traficantes de tabaco, drogas y armas que dominan los negocios ilegales desde los 90. Su principal feudo es Latakia; en algunos barrios, todo el mundo va armado», explica Fizo. Latakia no es sólo la única ciudad portuaria de Siria, es decir, terreno predestinado al contrabando... sino también la patria chica de la familia Asad que dirige los destinos del país desde 1970.
De hecho, los cabecillas de esta red mafiosa son dos primos de Bashar Asad, junto a la familia Shalish, según explica Fizo, que ha vivido años en Latakia. Mundhir y Fawaz, hijos de Jamil Asad -el hermano menor de Hafez Asad y tío del actual presidente- cierran la lista de las sanciones de la Unión Europea, con la nota: «Implicado en la represión de la población civil como parte de la milicia shabiha». La familia Shalish, oriunda del mismo pueblo que la de Asad, forma parte del entramado del poder, según el ex parlamentario sirio Mohamed Mamun Homsi.
«Tras la invasión de Irak, los shabiha se dedicaron al tráfico de armas para los grupos islamistas iraquíes», añade Fizo. Joshua Landis, analista de la Universidad de Oklahoma, relata que Mundhir Asad había sido detenido en 2004 por este contrabando y que Bashar Asad, aún antes de llegar a la Presidencia, no dudaba en atar corto a sus primos, cuando ellos o sus sicarios se conducían como si fueran los dueños de Latakia. Pero nunca les quitó el lucrativo negocio del contrabando: todo quedaba en familia. Los shabiha suelen ser alauíes, al igual que la familia Asad y la mayoría de los miembros del régimen. El islam alauí se distingue del suní en que no da valor a los dogmas, ritos y prohibiciones y fomenta un estilo de vida laico. En Latakia, ni el alcohol ni las minifaldas son tabú.
«Cuando empezó la rebelión, los shabiha se convirtieron en milicias al servicio del régimen», relata Fizo. «Muchos jóvenes alauíes se unían a ellos por miedo: los shabiha contaban que los suníes querían hacerse con el poder para exterminar a los alauíes. Y a los suníes les dicen que los alauíes los quieren matar, cuando en realidad no todos los alauíes están a favor del régimen».
El efecto: «La gente no se manifiesta por miedo a una guerra civil, y cuando lo hacen es fácil enfrentarlos entre ellos». Muchos creen que son los shabiha quienes disparan a los manifestantes... y no sólo a los contrarios a Asad sino también a las contramanifestaciones de apoyo al régimen, para crear confusión y dar a la policía un pretexto para una represión brutal. Pero no es fácil diferenciar entre los cuerpos: «La policía secreta y los shabiha van juntos, los hay que forman parte de ambos».
OORBYT.es
>Análisis de Ilya U. Topper.
SAL EMERGUI / Jerusalén
Especial para EL MUNDO
26/06/2011
Cinco años esperando al soldado Shalit
Han pasado 1.826 días desde que Hamas atacara la base israelí de Kerem Shalom matando a dos soldados y llevándose a un tercero. «No nos rendiremos hasta traerlo. Cinco años es una eternidad», exclama Noam en la tienda de campaña en Jerusalén en la que vive desde 2010. Cada día llegan a primera hora y se van cuando en la residencia de enfrente, la de Netanyahu, se apaga la luz. Su presencia es un grito desesperado para que acepte el canje de 1.000 presos por Shalit. Netanyahu se resiste a liberar a decenas de responsables de sangrientos atentados ante el temor a que actúen desde Cisjordania. Hamas rechaza la petición de la Cruz Roja de una primera visita a Shalit, con nacionalidad francesa. «Queremos la libertad de los presos palestinos. Si aceptan nuestras exigencias, tendrán a un Shalit vivo, que no fue capturado en París, sino en una operación para evitar ataques contra Gaza», dice un portavoz islamista.
En la única prueba de vida en vídeo (octubre 2009), Shalit afirmaba estar bien. «No soy capaz de volver a ver la cinta. No es el Guilad que conocemos», indica su madre en una tienda dominada por un número que se actualiza sin piedad. El recuento del cautiverio marcaba 1.826. «Ni en mi peor pesadilla podía imaginarlo. ¡Que se pare la cuenta!», ruega la madre, que busca consuelo: «Espero que su increíble imaginación le ayude en el aislamiento. Es difícil no volverse loco tras cinco años sin ver la luz».
MÒNICA BERNABÉ / Kandahar
Especial para EL MUNDO
26/06/2011
Una guerra según la ley de la jungla
La Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (Unama) emitió un comunicado recordando que «el personal médico, clínicas y hospitales deben ser respetados y protegidos en todas las circunstancias». El ataque, además, llega tan sólo 48 horas después de que Barack Obama anunciara la retirada este año de 10.000 efectivos estadounidenses de Afganistán, y 23.000 más el año que viene porque, en teoría, se ha encauzado la guerra. En Logar hay tropas estadounidenses desplegadas.
«El hospital no se podrá utilizar más, ha quedado totalmente destrozado», declaró Din Mohammad Darwish, portavoz de la oficina del gobernador provincial del Logar para intentar explicar la magnitud de la tragedia. Tal vez por eso, porque el edificio se vino completamente abajo, inicialmente se creyó que el número de víctimas era más alto. Muchas personas quedaron atrapadas bajo los escombros, mientras otras intentaban desesperadamente rescatarlas.
El Ministerio de Salud Pública fijó en un primer momento el número de heridos en 120, y calculó que el número de muertos podía llegar a los 60. «Este inhumano y desgarrador ataque no tiene precedentes en la historia de la guerra en este país. Ha sido en un lugar donde la gente enferma o herida va a recibir tratamiento», afirmaba un conmovedor comunicado del ministerio. También aseguraron que el centro no tenía ningún tipo de vinculación política o militar. Más tarde, el propio ministerio rectificó y aseguró que las cifras facilitadas en un primer momento no eran correctas, y las redujo a 25 muertos y 20 heridos. La mayoría de las víctimas son personal sanitario, pacientes o personas que simplemente estaban en el hospital visitando a un enfermo. La explosión tuvo lugar a las 10.20 horas -ocho y media en España-, cuando el centro suele estar lleno. Ayer nadie reivindicó el atentado y los talibán negaron haberlo cometido. «Condenamos duramente este ataque inhumano llevado a cabo por otros elementos que intentan difamar a los talibán», afirmó un portavoz de los insurgentes, Zabiullah Mujahid.
El atentado de ayer fue el segundo en casi un mes contra un centro sanitario en Afganistán. El 21 de mayo un suicida se inmoló en el hospital militar Daud Khan, el más grande del país, con 400 camas, y situado a escasos metros de la embajada estadounidense en Kabul, una zona especialmente vigilada. Al menos seis personas murieron, y 23 más resultaron heridas.
En ocasiones anteriores, alguna clínica o personal sanitario habían sido atacados en trayectos por carretera. El Comité Internacional de la Cruz Roja -que en teoría es neutral y en Afganistán siempre había sido respetado- en la actualidad también tiene dificultades para operar en determinadas zonas del país. Sin embargo, nunca se había atentado de forma tan brutal y masiva contra esas instalaciones.
Fuentes de la OTAN consideran que tras el ataque contra el hospital militar en mayo se encuentra la red Haqqani, un grupo especialmente brutal con sede en la zona tribal de la frontera afgano-paquistaní.
En la provincia de Logar, donde ayer ocurrió el atentado, las tropas internacionales habían aumentado las redadas nocturnas en busca de cabecillas talibán. En el distrito de Charkh y en el de Baraki Barak, detuvieron a varios individuos vinculados con Haqqani y con Hezb-e-Islami, del terrorista Gulbbuddin Hekmatyar. La guerra, que suma muertos como los 10 que fallecieron el viernes en Kunduz al explotar una bicicleta bomba, se complica mientras la comunidad internacional empieza a hacer las maletas.
ANÁLISIS
ROSA MENESES
26/06/2011
Una red en expansión
1¿Es éste el nuevo enemigo de las tropas internacionales?
No se trata de una nueva amenaza. Los Haqqani siempre han estado ahí, defendiendo su poder militar en la región fronteriza. Jalaludin Haqqani es un señor de la guerra que participó en los combates contra la ocupación soviética, en los 80. Pero desde 2008 su desafío a la autoridad de Karzai y los ataques armados de sus milicianos han ido in crescendo. La red Haqqani ha protagonizado importantes atentados en Kabul y las áreas tribales en los últimos años. Según la OTAN, este grupo ya reivindicó, el pasado mayo, un ataque muy parecido al perpetrado ayer. En aquella ocasión, un kamikaze provocó seis muertos al atacar un hospital militar de Kabul. Según las tropas estadounidenses, los Haqqani son responsables de la mayoría de los ataques en el este de Afganistán. Prueba del momentum que vive la red son las crecientes operaciones de las tropas internacionales para frenar su influencia. La red ha expandido su tradicional área de operaciones de Jost, Paktia y Paktika a otras provincias del este, como Ghazni, Logar, Wardak y Kabul, según un análisis del Institute for the Study of War.
2¿Qué influencia real tiene este grupo?
La red, cuyas operaciones dirige en la actualidad el hijo de Haqqani, Sirajudin, mantiene un entramado de madrasas (escuelas coránicas) y de campos de entrenamiento de terroristas en Waziristán del Norte. Los expertos aseguran que el grupo cuenta con el apoyo del ISI (los servicios secretos paquistaníes), gracias al cual ha perpetrado atentados contra edificios gubernamentales de Kabul (en 2009). También está detrás del ataque contra la embajada india, en 2008, y del intento de asesinato del presidente Karzai ese mismo año.
3¿Cómo son sus relaciones con los talibán y con Al Qaeda?
Son estrechas, aunque no exentas de tensiones. Los Haqqani pertenecen a la tribu pastún de los Ghilzai, cuyo bastión se encuentra en Kandahar. Los Ghilzais presumen de su papel en la derrota de los soviéticos. Mientras, los líderes de los talibán pertenecen a la tribu Durrani y otras subtribus de Kandahar. Jalaludin Haqqani llegó a ser ministro de Asuntos Tribales bajo la oscura época en que Afganistán estuvo gobernada por los talibán. En septiembre de 2001, en vísperas de la invasión estadounidense, el mulá Omar lo nombró comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Haqqani mantuvo además una estrecha amistad con Osama bin Laden desde los años 80.
4¿Qué lazos mantiene Haqqani con Pakistán?
Los fuertes vínculos de Jalaludin Haqqani con Pakistán se remontan a su exilio durante la república de Sardar Daud, en los años 70. El ISI ha mantenido su relación desde los tiempos de la yihad contra la Unión Soviética, cuando Haqqani obtuvo financiación paquistaní y de la CIA.
5¿Han participado en negociaciones?
Los Haqqani siempre han sido considerados un potencial aliado estratégico. Islamabad invitó a Jalaludin en las conversaciones para un gobierno post-talibán. Karzai y EEUU también han cortejado al señor de la guerra.





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