PRIMAVERA REVOLUCIONARIA EN ORIENTE PRÓXIMO: La mano que mece la cuna del régimen sirio

ILYA U. TOPPER / Antakya (Turquía)
Especial para EL MUNDO
17/06/2011
La mano que mece la cuna del régimen sirio
Le consideran el segundo hombre más fuerte de Siria, después del presidente Bashar Asad. Pero Maher, el más joven de la familia, el comandante de la Guardia Republicana, se ha convertido estos días en algo más que un alto cargo militar responsable de las masacres de civiles. Hay quien piensa que él, y no Bashar, es el auténtico dictador de Siria.Es lo que aventura Ahmed, un refugiado de Jisr al Shugour que acampa con su familia cerca de la frontera turca. «Hace tiempo que no vemos a Bashar Asad ni en televisión. Se dice que nadie puede ir a verle porque Maher controla hasta quién entra en su vivienda. Quién sabe si lo ha encerrado o incluso lo ha asesinado y, en realidad, el presidente de Siria es ahora Maher Asad».
No es verosímil, pero la reflexión muestra hasta qué punto la ira popular se dirige contra el comandante de la Cuarta División Acorazada, aquélla que sembró el pánico en la ciudad de Deraa en marzo y que dirigía el ataque contra Jisr al Shugour. Su nombre encabeza la lista de personalidades sirias contra las que la Unión Europea impuso sanciones en mayo, calificándole de «coordinador principal de la violencia contra los manifestantes».
A diferencia de su hermano, Maher Asad, nacido en 1967, ha tenido una formación militar. Estudió Empresariales en la Universidad de Damasco, pero luego empezó una carrera militar, como el mayor de la familia, Basil, predestinado a suceder a su padre, Hafez Asad, como presidente.
Tras la muerte de Basil en un accidente de coche en 1994, el nombramiento de Bashar como sucesor y su acceso a la Presidencia tras la muerte de Hafez en 2000, Maher se convirtió en uno de los más cercanos colaboradores de éste. Algunos especulan que era él quien convenció a Bashar Asad para que abortara la primavera de Damasco que parecía iniciar una tímida democratización del país, ese mismo año. Otros lo dudan y achacan la responsabilidad a la vieja guardia del Partido Baaz. «Maher es un militar, no se mete tanto en política», cree Abdelhafiz Abdulrahman, activista de derechos humanos sirio, exiliado en Antakya.
Tanto la Guardia Republicana como la Cuarta División son cuerpos de élite cuyos miembros se escogen cuidadosamente. Eso sí, Maher tiene bajo su mando también todos los servicios de información y espionaje, añade, lo que le da un inmenso poder. No sorprende que la población le considere el carnicero responsable de las torturas. Influye también su fama de hombre iracundo, violento y de gatillo fácil, que incluso habría disparado contra su propio cuñado, el general Asef Shawqat, marido de su hermana Bushra Asad, aparte de abofetear a Buthaina Shaaban, la consejera de su hermano.
¿El policía bueno y el policía malo? Algo de eso hay, opina Abdulrahman. «Lo mismo se decía cuando Hafez Asad encargó a su hermano Rifaat aplastar la rebelión de Hama en 1982. En realidad, Hafez controlaba el poder, como se vio después cuando le retiró todos los poderes a su hermano y lo envió al exilio. También ahora, Bashar permite que Maher aparezca como el culpable de la represión, porque así se mantiene una puerta abierta: si la solución militar fracasa, puede deponer y exiliar a Maher y sus allegados y declarar que se inicia una nueva era, sin que su nombre se haya manchado demasiado. Es su última carta».
No todos le creerán. Nureddin, un campesino sirio-turco del pueblo fronterizo de Karbeyaz, lo resume así, juntando los dedos: «Bashar y Maher son hermanos. Son tal para cual».
FRANCISCO CARRIÓN / El Cairo
Especial para EL MUNDO
17/06/2011
«Haremos con Zawahiri lo mismo que con Bin Laden»
Coincidiendo con el anuncio de la organización terrorista, el jefe del Estado Mayor de EEUU, Mike Mullen, advirtió que el nuevo líder de Al Qaeda correrá la misma suerte que su antecesor. «Buscamos a Bin Laden con el propósito firme de detenerlo, o de matarlo. Y al final lo conseguimos. Ciertamente, haremos lo mismo con Ayman al Zawahiri», zanjó el almirante Mullen en Dubai.
El egipcio, que cumplirá los 60 años el próximo 19 de junio, celebrará su aniversario en la cúspide de un entramado herido por la pérdida de su fundador y el avance de la primavera árabe, una tercera vía distante de los viejos regímenes dictatoriales y el terror islamista. «El relevo era previsible pero no implica que Al Zawahiri sea capaz de llenar el vacío dejado por el fundador», señala a EL MUNDO Jalil al Anani, experto en islamismo de la Universidad inglesa de Durham. «Carece del carisma y simbolismo de Bin Laden, pero es más tenaz que su antecesor y está cualificado para organizar ataques terribles».
Miembro de una familia acomodada, Al Zawahiri nació en el barrio cairota de Maadi, lejos de la miseria que habita otros distritos de la capital egipcia. El hombre más buscado de Occidente abrazó el extremismo en su adolescencia «como reacción a la represión que infringió el régimen egipcio contra los islamistas durante la década de 1960». «Se inspiró en los muyahidin [guerreros santos] de Afganistán y está convencido de que la violencia es esencial para lograr los objetivos de Al Qaeda. Es más radical y severo que Bin Laden», advierte Al Anani.
Fiel a sus principios, Al Zawahiri ingresó en la Yihad Islámica egipcia, fagocitada por Al Qaeda en 1998, y pasó tres años en la cárcel a principios de los 80 por posesión ilegal de armas. «Nadie sería capaz de imaginar lo humilde y bueno que era en el servicio a sus compañeros de la cárcel», recordaba a este diario Tarek el Zomor, que conoció al médico mientras cumplía condena por colaborar en el asesinato del presidente egipcio Anuar al Sadat en 1981. «Pertenecía a una familia rica pero desde los 70 estaba furioso con la política estadounidense en la región».
Tras su excarcelación, residió en la rigorista Arabia Saudí y en 1985 viajó a Pakistán, base por aquel entonces de la resistencia contra la ocupación soviética del vecino Afganistán. En Peshawar el egipcio descubrió a Bin Laden mientras coordinaban juntos la entrada en combate de 20.000 voluntarios árabes. En aquella geografía fronteriza nació la amistad al mismo tiempo que se forjaba Al Qaeda.
Caído el cerebro que urdió los atentados del 11-S, su más estrecho colaborador afronta el reto de que la red sobreviva a su desaparición. «Al Zawahiri podría planear un gran atentado para demostrar su competencia en el liderazgo de Al Qaeda y obtener el apoyo de todas las ramas», apunta Al Anani. «Si falla, seremos testigos del nacimiento de facciones en el movimiento».





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