MERCADOS: Grecia, Estado fallido/ Tanques ante los bancos

Grecia, el Estado fallido del euro

Cualquier ama de casa o cabeza de familia lo sabe. Si uno gasta más de lo que ingresa, acaba en la ruina más absoluta. Durante décadas eso es, precisamente, lo que ha hecho el Estado griego. Gastar, gastar alegremente y seguir gastando. Por no decir despilfarrar o, más directamente, dilapidar.
Así lo hizo, hasta llegar a donde se encuentra en estos momentos: al borde de la bancarrota y con un inmenso agujero en las arcas públicas de nada menos que 350.000 millones de euros. Para
interpretar la magnitud de esta cifra y tener una idea del volumen que representa como deuda, basta con repartirla entre todos los trabajadores griegos. A cada uno de los ciudadanos de Grecia que tengan un puesto de trabajo le tocaría pagar unos 175.000 euros.
Los excesos, descontroles y locuras que se han cometido en el país heleno con el dinero público han sido tantos, y tan enormes, que cuesta creer que todo lo sucedido sea cierto. No obstante, lo es. De hecho, aquí van algunas de las extravagancias cometidas, por llamarlas de algún modo.
El primer problema es que nadie sabe a ciencia cierta cuántos empleados públicos se cuentan en Grecia. Los sindicatos hablan de unos 700.000 funcionarios, mientras que el Gobierno heleno los cifra en alrededor de 800.000 personas. «Nadie, ni siquiera el primer ministro, sabe cuántos hay», subrayaba hace apenas unos meses Constantinos Michalos, el presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Atenas. Además, y sumando también las personas que trabajan para la Administración pública con contratos temporales, la cifra de empleados del Estado podría ascender, en total, hasta un millón de personas. No está mal, considerando que Grecia tiene tan sólo una población de 11 millones de habitantes.
800 millones en 'mordidas' a funcionarios
Trabajos vitalicios por ley. La Constitución griega prohíbe expresamente despedir a empleados públicos. Según los analistas, uno de los principales motivos por los que Yorgos Papandreu anunció la semana pasada su intención de celebrar, en septiembre, un referéndum para reformar el sistema político griego y cambiar algunos artículos de la Constitución, sería precisamente para abrir las puertas a la posibilidad de poder poner en la calle a funcionarios.
Clientelismo salvaje. Durante décadas, el sistema político griego ha funcionado de manera que cada vez que un partido llegaba al poder contrataba a gente en el sector público a cambio de su voto. Eso explica por que en la Administración pública trabajan muchas más personas que las necesarias.
Por qué el Hospital Evagelismos, uno de los principales de Atenas, tiene en nómina a 45 jardineros para cuidar de las cuatro macetas que decoran su entrada, y que encima están llenas de hierbajos. O por qué en algunos departamentos públicos hay 50 conductores para un coche. Y así suma y sigue muchos ejemplos más.
Vivan las prebendas. Según Adedy, el principal sindicato de los funcionarios griegos, los empleados públicos ganan una media de 1.350 euros mensuales, casi el doble del salario mínimo de Grecia, que es de 740 euros al mes, y por encima, en general, de lo que cobran sus colegas del sector privado. Es más, además de disfrutar de dos pagas extraordinarias, estos trabajadores reciben bonos y remuneraciones extraordinarias por los motivos más peregrinos.
Por ejemplo, hay un bono por llegar al trabajo en el horario previsto; por presentarse al puesto de trabajo correctamente vestido; por usar ordenador; o por hablar idiomas. La cosa es tan disparatada que los guardas forestales ganan un bono por trabajar al aire libre.
Soltera y sola en la vida. Entre los numerosos privilegios de los que disfrutan los funcionarios, uno de los más surrealistas es el que contempla una pensión vitalicia de 1.000 euros mensuales para las hijas solteras de empleados públicos fallecidos. Se cuentan 40.000 mujeres en esta condición, lo que supone una carga de 550 millones de euros al año para las arcas públicas. A partir de ahora, las huérfanas solteras de funcionarios sólo cobrarán esa pensión hasta alcanzar los 18 años.
Jubilados de lujo. Hasta el año pasado, los trabajadores griegos se podían jubilar a los 61 años y medio cobrando el 95,7% de su salario. Ahora, la edad para retirarse se ha elevado a 63 años y medio. Pero, además, en Grecia existen cerca de 600 categorías laborales que, alegando motivos de salud, podían optar a la jubilación anticipada, establecida en 50 años para las mujeres y 55 para los hombres.
Entre los beneficiados no sólo se encuentran los mineros o los desactivadores de bombas, sino también profesiones tan peligrosas como peluqueros -por utilizar tintes y otros productos químicos perjudiciales para el organismo-, trompetistas y flautistas -se supone que a causa de los soplidos pueden desarrollar reflujo gastroesofágico- o los presentadores de televisión, por aquello de que los micrófonos son un criadero de bacterias.
Estas jubilaciones anticipadas han sido ahora limitadas, haciendo añicos el sueño de buena parte del 14% de los empleados griegos que esperaban poder acogerse a ellas.
Pero, según Jagadeesh Gokhale, un economista del Instituto Cato de Washington citado por The New York Times, si las pensiones de los jubilados griegos se tuvieran en consideración al realizar las cuentas, la deuda del país se dispararía hasta alcanzar el 875% de su PIB. Ahora mismo se considera que el agujero en las cuentas públicas griegas equivale al 113% del PIB.
Organismos públicos a gogó. Nadie sabe bien para qué sirven o qué hacen, pero en Grecia se cuentan por centenares los comités, institutos y organismos públicos. Por haber hay hasta un comité para gestionar el Lago Kopais, a pesar de que se secó en 1930. El Gobierno ha anunciado que a partir de octubre eliminará o fusionará 75 organismos públicos en los que trabajan más de 7.000 personas y que reciben, anualmente, 2.700 millones de euros en subvenciones.
Evasión fiscal. Es el deporte nacional. No pagar impuestos es la norma en Grecia, no la excepción. Se calcula que uno de cada cuatro trabajadores no paga ni un céntimo en impuestos y que, al año, las arcas públicas del país dejan de ingresar entre 15.000 y 20.000 millones de euros a causa de los griegos que defraudan a Hacienda.
Esto significa que cada ciudadano escamotea una media de 1.800 euros anuales al Estado. A pesar de que el año pasado el Gobierno anunció que pondría en marcha una campaña de persecución de los defraudadores, no lo ha logrado. La prueba es que en marzo puso de patitas en la calle al máximo responsable de la agencia fiscal, después de constatar el fracaso de su gestión y comprobar que, en 2010, tan sólo recaudó 52.500 millones de euros, apenas 2.500 euros más que en 2009.
El Ejecutivo ha tratado en el último año de desenmascarar a algunos evasores haciendo sobrevolar helicópteros sobre Atenas para detectar las grandes piscinas de supuestos modestos ciudadanos. Sin embargo, los defraudadores han respondido ocultando la prueba del delito bajo redes de camuflaje.
Antes muertos que honestos. En 2010, las familias de 4.500 funcionarios públicos ya fallecidos siguieron cobrando las pensiones de jubilación de estos como si estuvieran vivos. Y más de 18.000 personas se beneficiaron de las ayudas al desempleo sin tener derecho.
Perder el tren. Los empleados de la compañía de ferrocarril del Estado ganan una media de 65.000 euros al año. La plantilla la componen 9.000 personas. Eso explicaría por qué la empresa pierde unos 800 millones de euros al año, y por qué sería más rentable que el Estado pagara taxis a los pasajeros para transportarlos.
Coge el dinero y corre. Según datos del Banco Central Europeo, sólo en mayo, los bancos griegos perdieron 4.000 millones en depósitos. El pasado mes de abril vieron como sus clientes retiraban 2.400 millones de euros. Se calcula que desde que estallara la crisis griega hace un año, los griegos han sacado de sus bancos unos 60.000 millones de euros, lo que representa algo así como la cuarta parte de todo PIB del país.
Corrupción rampante. La corrupción en la vida diaria está tan extendida que algunos la consideran endémica. Si un griego quiere ser bien atendido en un hospital, desliza un billete en las manos del médico. Si pretende que un inspector de Hacienda haga la vista gorda con sus pufos, deja caer la posibilidad de una recompensa en dinero contante y sonante.
La organización Transparency International calcula que los ciudadanos griegos se dejan unos 800 millones de euros cada año en fakelaki, es decir, los pequeños sobornos y mordidas de la vida diaria. Y estima que el 13% de esos pagos van a parar a funcionarios.
Excesos olímpicos. Grecia se gastó en organizar los Juegos Olímpicos de 2004 la friolera de 9.000 millones de euros, el doble de lo estimado inicialmente.
Es la guerra. Grecia es el país de la Unión Europea que más dinero destina a gastos militares: nada menos que el 4,3% de su PIB. Entre 2007 y 2009, llegó a gastar el 6% del PIB nacional. Francia, el segundo, dedica a ese apartado el 2,6% de su riqueza. En 2010, el país heleno se dejó 6.700 millones de euros en el Ejército.
EntrevistaTHEODOROS PANGALOS
26/06/2011
«Si dejáramos el euro, habría que poner tanques ante los bancos»
R.- Creo que ganaremos y que nuestros diputados votarán de nuevo de manera compacta. El paquete de medidas a corto y medio plazo con las que básicamente pretendemos establecer el marco para realizar las reformas creo que se aprobará sin grandes dificultades. Y luego se votarán las leyes específicas que permitirán hacer realidad las reformas fiscales, el plan de privatizaciones de empresas públicas y demás. Y ahí sí es posible que tengamos problemas. No sé si algunos de nuestros diputados votarán en contra. Puede ser. Hay asuntos en los que cabe exigir la disciplina de partido, como por ejemplo en el voto de confianza al nuevo Gobierno, pero este no es el caso. Sin embargo, yo creo que el principal partido de la oposición, Nueva Democracia, votará a favor de algunas de esas medidas.
P.- En las calles se respira un clima de profunda ira…
R.- En las calles griegas lo que se percibe es un efecto de imitación de lo que ocurre en España. El motivo por el que algunos griegos decidieron acampar en la Plaza de Syntagma fue en respuesta a un cartel o un lema de los indignados españoles que decía: «No habléis muy alto que se pueden despertar los griegos». Así que algunos griegos, heridos en su orgullo propio, decidieron mostrarles a los españoles que no estaban dormidos y que también protestaban y acampaban en una plaza. Luego, una gente de Valencia decidió ir andando a Madrid, e inmediatamente un grupo de Esparta decidió marchar a pie a Atenas. Hay una gran influencia. Pero las concentraciones más grandes que se han registrado en la Plaza de Syntagma han reunido a 50.000 personas. Se trata de una cifra significativa, pero no son los cientos de miles de personas que algunos medios de comunicación nos quieren hacer creer.
P.- ¿Cómo lleva ser una de las personas más odiadas en este momento en Grecia? En la Plaza de Syntagma corean numerosas canciones y lemas contra usted…
R.- Bueno, en Atenas hay gente de todo tipo. Algunos me odian porque soy gordo. Otros me odian porque soy viejo. Algunos me odian porque pertenecen a partidos o grupos comunistas o anarquistas contra los que arremeto porque no respetan la democracia y la libertad. Los de la extrema derecha me odian porque soy una persona muy moderada y porque no comparto su paranoia de que hay una conspiración contra Grecia. Pero la mayoría de la gente me odia por decir la verdad. Mire: yo tengo 73 años, estoy al final de mi carrera política y digo lo que pienso. Y un día en el Parlamento dije que el dinero de la deuda de Grecia nos lo gastamos entre todos los griegos, y la gente se enfadó. Pero es la verdad.
P.- Pero han sido los sucesivos gobiernos griegos, no los ciudadanos, los que han creado ese enorme agujero de 350.000 millones de euros…
R.- La mayoría del déficit griego es fruto de pagar los sueldos de los funcionarios y las pensiones de los jubilados. ¿Y quiere saber por qué se ha gastado tanto en pagar sueldos de funcionarios y pensiones? Porque el sistema político durante años ha funcionado así: se contrataba a gente en el sector público a cambio de su voto. Pero es que la gente vendía su voto, así que ellos también son responsables. Somos todos responsables.
P.- Cada vez hay más gente que opina que lo mejor para Grecia sería que declarara la suspensión de pagos, saliera del euro y volviera al dracma…
R.- Quienes dicen eso son extremadamente estúpidos. Aunque sean analistas, profesores universitarios o economistas, decir eso es una idiotez inmensa. Volver al dracma significa que, al día siguiente, los bancos estarían completamente rodeados de gente aterrada tratando de sacar su dinero, el ejército tendría que protegerlos con tanques porque la policía no sería suficiente, habría revueltas por todos lados, las tiendas estarían vacías, algunas personas se lanzarían por la ventana… Y sería también un desastre para toda la economía de Europa. ¿Por qué cree que los periódicos de todo el mundo se ocupan tanto de Grecia? No es que les importe Grecia, es porque lo que suceda tendrá importantes consecuencias para el resto del mundo.
P.- El caso es que hace un año el gobierno griego ya puso en marcha un paquete de medidas de seguridad y no funcionaron.
R.- Bueno, hemos conseguido reducir el déficit del 15 al 10%. Y reducir el déficit en un 5% está muy bien, es algo que nunca había ocurrido en la zona euro.
P.- Pero si piden un nuevo préstamo es porque se encuentran de nuevo al borde de la bancarrota, ¿no?
R.- Lo que pasa es que la reducción del déficit debería haber tenido lugar tanto a través de la reducción de los gastos como del aumento de los ingresos a través de las medidas fiscales, y esto último no ha funcionado bastante bien. Pero se trata también de un problema de justicia, porque recortar el gasto público significa haber reducido los sueldos de los funcionarios y las pensiones de los jubilados, mientras que los que están evadiendo a Hacienda son empresarios y gente con dinero.
P.- La evasión fiscal es, sin duda, uno de los problemas más graves de Grecia.
R.- Sí. Por un lado, y en comparación por ejemplo con España o Portugal, la presión fiscal en Grecia es muy baja. Y a eso hay que sumar que, efectivamente, la evasión fiscal es muy elevada. Sólo en la calle que hay aquí abajo, Patriarca Ioakeim, una de las más elegantes de la ciudad, han sido arrestados 140 doctores que tenían consultorios enormes, oficinas impresionantes, asistentes, secretarias… y declaraban que ganaban sólo 2.000 euros al mes, como si fueran la madre Teresa de Calcuta.
P.- El año pasado usted desató una fuerte polémica al asegurar que Alemania debía pagar a Grecia por la ocupación nazi…
R.- Déjeme que se lo explique: cuando los alemanes ocuparon Grecia, pusieron en marcha un gobierno griego de colaboración, al que obligaron a firmar un acuerdo por el cual se llevaron oro que había en el Banco de Grecia. Yo creo que ese oro nos lo tendrían que devolver, porque es nuestro y nos lo robaron. No entiendo por qué los alemanes han devuelto a sus legítimos dueños propiedades que fueron confiscadas en la Alemania del Este por los comunistas en 1945 y no nos devuelven nuestro oro.
P.- Si las cosas se tuercen el martes, si no consiguen que sea aprobado el paquete de medidas y la UE no les da el préstamo, ¿qué sucederá?
R.- Yo creo que conseguiremos que las medidas sean aprobadas. Si no conseguimos ese dinero antes de la medianoche del 12 de julio, tendremos el espeluznante escenario que le describía en caso de que abandonáramos el euro…
Luis de Guindos
26/06/2011
Crisis económica, crisis política
Esta posibilidad fue rechazada por el Banco Central Europeo, ya que una extensión de esa naturaleza, no estrictamente voluntaria, hubiera supuesto de facto un impago con todas las implicaciones que ello tiene. Por un lado, la banca griega tendría que reconocer pérdidas que la hubieran dejado a un paso de la descapitalización absoluta. Por otro, el mayor riesgo de un impago formal griego sería la posibilidad de contagio a otros riesgos soberanos, con el consiguiente efecto sobre una banca europea cuyas posiciones en deuda pública periférica son muy significativas.
Sin embargo, la razón principal para intentar evitar un impago y la consiguiente reestructuración no es tanto económica-financiera como política. Y esto nos lleva al segundo aspecto relevante. Se trata de mantener la presión sobre el Gobierno griego para que ejecute los compromisos tanto en términos de austeridad fiscal, como de reformas y privatizaciones, que constituyen la condición para realizar el último desembolso del primer rescate acordado y del cierre del nuevo paquete. Esto explica que el Eurogrupo no alcanzara un acuerdo el domingo pasado ni sobre el desembolso del último tramo ni sobre el segundo paquete de rescate, cuyo tamaño se teme que estará por encima de los 100.000 millones de euros ya que debe cubrir los vencimientos y déficit públicos de al menos los dos próximos años.
Pedir a los contribuyentes europeos 100.000 millones más, aparte de los 110.000 del primer plan de rescate, no va a resultar fácil. De aquí que se intente reducir la financiación oficial -FMI y Eurogrupo- y aumentar la privada, vía refinanciación voluntaria por el sector bancario en una cuantía significativa. No obstante, este segundo plan de rescate va a poner de manifiesto las contradicciones del método que estamos utilizando para intentar solucionar la crisis de la deuda soberana en la zona euro.
En primer lugar, conseguir una aportación cuantiosa de los bancos a través de una compra voluntaria de nueva deuda, cuando vaya venciendo la que detentan a lo largo de los dos próximos años, no va a ser tarea sencilla. Y esta operación sólo va a cumplir la función cosmética de reducir la parte de financiación pública del paquete y hacerlo más aceptable a los contribuyentes de los países financiadores. El mantenimiento de la exposición al riesgo heleno, por su parte, no va a ser plato de gusto para el sector privado, ya que el problema de Grecia es de solvencia y no de mera liquidez. Además, los tenedores de bonos privados van a detentar una posición subordinada respecto de la financiación oficial, cuyo porcentaje en el total de deuda será creciente en el tiempo, con lo que si al final se produce una reestructuración, la quita que les corresponde será cada vez más elevada.
En segundo lugar, los contribuyentes europeos van a exigir un esfuerzo mucho mayor a la sociedad griega por el segundo rescate a aprobar. Ahora bien, cada vez parece más claro que el Gobierno griego encuentra más y más dificultades para aprobar los compromisos que se le exigen. El presidente Papandreu ha visto como la oposición rechazaba su oferta de un Gobierno de concentración, y se ha visto obligado a un reajuste de su gabinete, con el nombramiento de un nuevo ministro de Finanzas, que se sometió con éxito a un voto de confianza en el parlamento.
Los compromisos de austeridad, reformas y privatización deberán ser aprobados en el parlamento heleno la semana próxima, y no está claro que el Gobierno cuente con una mayoría suficiente, dadas las desafecciones que se están produciendo dentro del grupo socialista. En definitiva, lo que pone de manifiesto el curso de los acontecimientos en Grecia es que a una crisis económica profunda puede acabar derivando en una crisis, por no decir descomposición, política, que agrava mucho más la resolución del problema y hace su solución muy vulnerable a cualquier tipo de accidente.
Por otro lado, el FMI en su reciente actualización de sus proyecciones de primavera resalta que la economía mundial está sufriendo una desaceleración en el segundo trimestre del año, aunque espera que la misma sea transitoria. Este enfriamiento ha sido avanzado por los mercados de capitales en las últimas semanas, y se han concretado en una creciente aversión al riesgo. Sin embargo, donde más se nota el mayor pesimismo del Fondo no es tanto en la revisión de sus proyecciones como en el mayor énfasis que se otorga a los riesgos a la baja de la economía mundial. En concreto, se señala que en los Estados Unidos pueden surgir nuevas dificultades en la consolidación de la recuperación y, por otro lado, se resalta el agravamiento de la crisis de los periféricos en Europa.
En definitiva, esta pausa en la recuperación llega en un momento delicado y evidentemente dificultará el entorno en el que se tiene que producir el saneamiento de los presupuestos de los países periféricos. Así las cosas, en la crisis de la deuda soberana estamos entrando en una nueva fase en la que los planteamientos políticos adquieren una relevancia casi absoluta. La salida de la crisis griega dependerá de la actitud de los países acreedores y de la capacidad de aprobar primero, y ejecutar después, que tenga el Gobierno heleno respecto a los compromisos adquiridos. Por desgracia, desde el punto de vista del análisis estrictamente económico y financiero no existen casi dudas de que a Grecia, más pronto o más tarde, sólo le cabe la salida de la reestructuración de su deuda.
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