FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Erasmo, CG Abadillo, J. Sinova, S.González, J. Müller, D. Torres P G Cuartango, R. del Pozo, S González, D Gistau

F. JIMÉNEZ LOSANTOS
29/06/2011
El adiós de Aznar y el de ZP
RAJOY, en brillante tarde parlamentaria, pidió al extinto presidente del Gobierno que pusiera fin a «este calvario inútil». Y el cadáver monclovita, fingiéndose vivo, le contestó que «mentía a sabiendas», sobre todo en sus datos económicos. Sin embargo, nunca he visto tan sincero a Rajoy como cuando dijo: «No tengo prisa, la prisa la tienen los españoles». Y eso, que es rigurosamente cierto porque cada mes de calvario añade más escaños a su próxima mayoría, vale para lo político, lo económico y la lucha antiterrorista, que, como aclaró al abrirse de capa ante el astado afeitado, deberá empezar de nuevo, casi desde cero, para echar a ETA de ese enorme poder que la traición y la prevaricación le han regalado.Otro presidente podría haber contestado que el PP tampoco se ha esforzado mucho en impedir la existencia de Bildu-ETA. Pero el problema de Zapatero era que ayer, en el hemiciclo, el único presidente del Gobierno era Rajoy. Contra eso no cabe luchar. Si además son los tuyos los que te han liquidado, sólo resta que el oficio parlamentario haga más rápido y llevadero el oficio de difuntos. Difícil, cuando el oficiante es el propio cadáver.
Lo penoso fue que, con el reflejo nervioso del ultimado, Zapatero quisiera replicar a Mariano, ganar donde no podía y pelear con la guardia baja del noqueado. El resultado fue que Mariano le atizó aún más y lo dejó peor. Cuando la tuberculosis, como luego el cáncer y después el sida, se consideraba una enfermedad del alma y no, simplemente, una enfermedad, muchos glosaban las exaltaciones amorosas y sexuales del tuberculoso moribundo como un canto a la vida desde la muerte.
Ayer, Zapatero parecía un paciente de La montaña mágica horas antes de dejar su habitación vacía. Pero aunque se pasará la vida haciéndolo, no puede quejarse de su suerte ni de su desgracia. Llegó sin merecerlo, a caballo de una masacre que se ha negado a investigar, y se va por sus propios errores, por sus disparates, por sus traiciones y por su incapacidad para cumplir la palabra dada y rubricada. Y no puede quejarse de la oposición. Recuerdo la última sesión parlamentaria de Aznar, que se fue porque quiso y no porque le echaran los suyos, y el miserable trato que los sociatas, con Zapatero a la cabeza, le dispensaron. Aquella vileza, coronada por la felonía del 13-M, se la perdonó ayer Mariano Rajoy. El muerto, como es natural, ni se enteró.
pedro g. CUARTANGO
29/06/2011
El perfecto irresponsable
Para el sutil pensamiento de este catedrático que fue presidente del Congreso, hay dos clases de ciudadanos: unos que son listos, honestos y están bien informados, que votan naturalmente al PSOE y otros que son tontos y malvados, que confían en el PP. Lo piensa y lo escribe sin ningún pudor: «Muchos sectores han votado al PP como si tener un piso en propiedad les hubiera cambiado de clase».
Este egregio pensador se pregunta cómo es posible que Zapatero no haya arrasado en las urnas tras la brillante gestión realizada, sólo empañada por la crisis, mientras que le parece inconcebible que alguien vote a Rajoy, responsable de casi todas las catástrofes que se han producido en España desde marzo de 2004.
Si me he extendido en la mención al artículo de Peces-Barba es porque me parece ilustrativo de la forma de pensar de un sector del PSOE y, concretamente, de la actitud de Zapatero en el debate de ayer en el Congreso. Zapatero pronunció media docena de veces la expresión «Yo asumo», pero luego echó toda la culpa de los males que aquejan a España a la herencia del PP.
He aquí el análisis de nuestro presidente: el paro es culpa de la burbuja inmobiliaria que propició Aznar, la crisis del sistema financiero se ha producido porque Rajoy no ha apoyado las medidas del Gobierno, la falta de competitividad de nuestra economía es consecuencia de la baja productividad heredada del pasado, la prima de riesgo que encarece la financiación de la deuda obedece a chismes malintencionados y si no hay crédito es porque el PP dejó endeudado nuestro país para las próximas décadas.
El presidente se mostró ayer como un perfecto irresponsable, como un dirigente político que no asume las consecuencias de sus actos, como un gobernante obsesionado por justificarse y no por resolver los problemas reales de la sociedad. Fue realmente patético, un espectáculo indigno y yo diría que obsceno para quienes hemos sido educados en la noción de que cada uno debe ser responsable de lo que hace.
El PSOE ha sufrido un varapalo electoral tras llevar a este país a una crisis política, social y económica sin precedentes. Pero nadie dimite en sus filas ni siente la necesidad de hacer autocrítica ni asume la menor responsabilidad porque, como dice Peces-Barba, los que votan al PP son tontos. Ya pueden ir tranquilos de derrota en derrota los cuadros socialistas porque la culpa la tienen siempre los otros.
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
29/06/2011
El último combate
Zapatero parece haber asumido los recortes y los sacrificios de los últimos 14 meses como un reto personal, no como una decisión compartida con su partido. Y, de hecho, cuando le aplaudieron desde la bancada socialista fue sólo cuando habló del mantenimiento del Estado de Bienestar o del gasto social y del aumento de las pensiones mínimas.
Ése es el retrato: un hombre al que su partido no ha apoyado con la suficiente firmeza en las decisiones más duras porque sus dirigentes y militantes creen que éstas les han hecho perder las elecciones del 22-M.
Zapatero pervive en un empeño personal en un doble sentido: la aplicación de políticas incompatibles con su discurso de la primera legislatura y el agotamiento contra viento y marea de su mandato.
El argumento que utiliza para no adelantar las elecciones se cae por su propio peso. Zapatero quiere llegar a marzo para llevar adelante las reformas necesarias para sacar a España de la crisis. Pero ayer, cuando tenía la oportunidad de anunciar la hoja de ruta de los próximos meses, sólo apuntó medidas de segundo orden: techo de gasto descafeinado para las comunidades autónomas y promesa de una nueva regulación sobre desahucios. Desde luego, esas medidas no justifican alargar la «agonía», como calificó Rajoy a los meses basura que quedan hasta marzo.
Rajoy incidió en la idea de que el adelanto electoral no es cosa que les preocupe a él ni a su partido, sino que es algo que «demanda la mayoría de los españoles, incluidos los votantes socialistas». Para el líder de la oposición, en estos momentos la garantía de que no se van a hacer las reformas es la continuidad de Zapatero, y no al revés.
Pero no sólo el jefe de filas del PP reclamó el adelanto electoral. También el portavoz de CiU, Duran Lleida, abogó por un «nuevo Gobierno», porque «esta legislatura está agotada».
Lo que ha sucedido en la última semana con la aprobación de las reformas de la negociación colectiva y la de pensiones, una pactada con el PNV y la última con CiU, es sólo una pequeña muestra de lo que nos espera en los próximos meses.
¿Puede este Gobierno, en un estado tan evidente de debilidad, encarar una negociación a fondo sobre los Presupuestos? Parece que no.
Aun con todo, Zapatero hizo un buen debate. Aguantó firme las andanadas de Rajoy y, en ocasiones, levantó a los diputados socialistas de sus asientos.
Sin duda, el presidente ha querido dejar un buen recuerdo de este su último debate.
Pero todo sonaba ayer a despedida. Hasta sus palabras sonaron a final de ciclo. Los guiños de Rajoy y Duran (deseándole lo mejor para él y su familia) coadyuvaron en esa sensación de adiós.
Es verdad que el mensaje oficial sigue siendo mantener el calendario hasta agotar la legislatura, pero Zapatero no respondió con la contundencia que debía al machacón reclamo de Rajoy. No dijo en ningún momento que agotaría la legislatura. Y tuvo muchas oportunidades para hacerlo.
La opinión mayoritaria es que Zapatero cederá y adelantará los comicios a noviembre.
SANTIAGO GONZÁLEZ
29/06/2011
Gobierno en Babia, retiro en León
En él, la retórica siempre está por encima de los hechos. A pesar de la crisis, dijo, el gasto social se ha incrementado un 60% respecto a 2004. El presidente llama gasto social al subsidio de paro y resulta que el paro propiamente dicho, que estaba en 2004 en el 10,56%, alcanzaba según la EPA del primer trimestre de 2011 el 21,29%, lo que supone un aumento del 101,61%.
Y así fue todo. Mostró su satisfacción por que la renta de España se mantiene por encima del promedio europeo. ¡De la Europa de los 27, que incorpora a todos los escombros del socialismo real! Es el mismo Zapatero que el 24 de septiembre de 2008 anunció haber superado a Italia y la seguridad de superar «a Francia en renta per cápita en tres o cuatro años. Esto no lo quiere ni oír mi amigo Sarkozy, pero es así». Lo cierto es que en 2007 la renta per cápita de España era el 105% de la media europea y en estos cuatro años se ha visto reducida al 101%.
Todo el discurso fue un alarde retórico al servicio de un sofisma que lleva instalado siete años en la vida pública española: la más grave responsabilidad en nuestro sistema político recae sobre las espaldas de la oposición. Contra lo que veníamos creyendo, los votos ciudadanos no sirven para definir la mayoría parlamentaria que inviste al presidente del Gobierno, le da las llaves de la caja, la iniciativa legislativa y el Boletín Oficial del Estado.
No. El cometido principal del presidente es interpelar al jefe de la oposición para afearle que no haga propuestas. Poco importa el dato aportado por Rajoy: en más de 14 años, Felipe González vetó la discusión parlamentaria de propuestas de la oposición en ocho ocasiones; en ocho años, el malencarado Aznar no lo hizo nunca; en siete, el gentil Zapatero lo ha impedido 80 veces. Las cifras al servicio de la política y no al revés. También aprovechó para reprocharle su vagancia y acusarle de no apoyar su iniciativa de prolongarnos la vida laboral hasta los 67. Lo dice un virtuoso en el arte de las prejubilaciones que se va a aplicar una a sí mismo. Ayer contaba el Corriere della Sera que Zapatero se jubilará totalmente a partir de las próximas elecciones. No dará conferencias, ni desempeñará labores de asesoría. A los 51 años se limitará a la vida contemplativa gracias a los 80.000 euros de renta vitalicia que cobran los ex presidentes y los 74.000 que percibirá como miembro del Consejo de Estado, momio al que han renunciado sus antecesores vivos.
Se irá a su ciudad natal en un viaje inverso al que hacían en la Edad Media los reyes de León, que se distraían de los graves asuntos del Gobierno refugiándose en la comarca de Babia, para darse a la caza y otras artes de miranda. El único presidente no gubernamental de la Historia de España, después de pasar la vida en Babia va a elegir para su retiro la capital del antiguo reino de León.
DAVID GISTAU
29/06/2011
Adiós a todo eso
La exposición matinal, que el calor no ayudó a hacer más soportable, fue precedida por un largo aplauso de la bancada socialista que resonó como un adiós a todo eso. A Zapatero se le notó que ya no necesita ganar más elecciones, porque no incluyó en su discurso groseros señuelos ideológicos ni ocurrencias más o menos disparatadas como las que antaño usó para labrarse una reputación de paladín social.
Lo más parecido a esta antigua tendencia fue el anuncio no concretado de medidas de protección para los parados que fracasen en el pago de la hipoteca, una carantoña evidente al 15-M que probablemente forme parte de una estrategia de recuperación para Rubalcaba de un electorado propio, pero extraviado.
Más allá de eso, Zapatero no suavizó con frases cosméticas la crudeza de la crisis ni el sacrificio que será necesario para aprobar las reformas, a las que se aferra como a una última oportunidad de matizar un legado desastroso.
Reclamó la propiedad de sus actos al negar la tutela exterior. Intentó en vano ser un líder inspirador, proclamando su confianza en una España que no tendrá que dar por perdida a su mejor generación joven. Fue entonces cuando pronunció su emotiva despedida de la Cámara, improvisando por añadidura un relato de recuerdos de otros debates y tributando respeto a Rajoy pese al historial compartido de reyertas dialécticas. En ese momento, podía haber aparecido, sobreimpresionado, el The End de la salida de la Historia de Zapatero, aunque Rajoy se marchó al almuerzo tal vez dubitativo por el chantaje emocional: ¿cómo emplearse, en la reanudación, con contundencia contra un político que había dejado flotando en el ambiente el aroma de una despedida galante de la que podía deducirse hasta una renuencia a combatir?
Tal vez por eso, Rajoy tardó en fijar su discurso sobre Zapatero y se entretuvo en la periferia argumental. Es imposible que un líder de la oposición acuda a un Debate sobre el estado de la Nación en condiciones más propicias: pésimos resultados del rival, un presidente en vía de extinción, una inminencia de vuelco electoral. Aun así, Rajoy no elevó su estatura hacia una dimensión presidenciable. No trascendió el tópico del adelanto electoral en el que está encasquillado su discurso, reiterativo como la conversación con un GPS.
Sin duda, rebatió las acusaciones de no aportar nada en el Congreso hechas por el presidente. Y expuso con brío un minucioso retrato del desastre económico nacional, y exprimió la comparación entre el país que recibió Zapatero y el que deja. Pero, por lo demás, lo tiene todo confiado a que el hastío general con Zapatero -la «calamidad», el «calvario estéril»- desemboque de una forma natural en su elección, como si le bastara con estar ahí en el momento preciso para convertirse en el agente de la regeneración implorada por la gente.
El único asunto ajeno a la economía que introdujo fue el de Bildu, con el que no se había mojado en el Parlamento hasta ahora. Hubo un recordatorio a Rubalcaba en el intento de devolverle la frase del Gobierno que nos merecemos.
La sorpresa fue el Zapatero de las réplicas, que se dejó de almíbares de la despedida y surgió combativo como pocas veces. Hasta el lenguaje corporal era un remolino tal, cuando acusó a Rajoy de falsear datos, que el líder de la oposición le acusaría luego de «estar de los nervios» y de traerse insultos «escritos a máquina» por algún fontanero de Moncloa.
Ya permanecieron trabados en las siguientes réplicas. El presidente, acusando a Rajoy de ser como el perro del hortelano, que proclama la necesidad de reformas y no apoya ninguna. Y el jefe de la oposición, insistiendo en ese diagnóstico comparativo con el que propinó un último zarpazo a Zapatero: «¿De qué presume usted?».
EN LA RED
29/06/2011
Una amplia mayoría cree que la España democrática nunca ha estado peor que ahora
La estrategia española de Seguridad
Cree que, al margen de tópicos y vaguedades, el texto carece de un análisis serio sobre el potencial desafío marroquí
El Consejo de Ministros aprobó la semana pasada el texto de la primera Estrategia Española de Seguridad (EES). Desde hace algunos años, Estados del entorno europeo, siguiendo la estela de EEUU, han llevado a cabo procesos de reflexión sobre los objetivos y valores a defender, las amenazas y riesgos y las consiguientes acciones y respuestas. En estos análisis se tiene en cuenta el conjunto de circunstancias (enfoque integrado) que afectan tanto a la sociedad como al Estado mismo, y se intenta dar una visión multinivel, integrada y global de las amenazas y riesgos, así como sobre las capacidades de respuesta y procedimientos de gestión previstos, coordinados y dirigidos al más alto nivel político.
La seguridad, interior y exterior, no se limita a la perspectiva desde la política exterior y, especialmente, de defensa. Hace ya décadas que los Estados más desarrollados y democráticos han hecho una aproximación a la seguridad de forma más indirecta, participativa y compleja, sin circunscribirla a la defensa militar. Nuestros propios soldados vienen sosteniendo desde finales de los años 80 que la seguridad es una responsabilidad de toda la sociedad y de todo el Estado. Muchos de los contenidos del texto de la EES ya se han podido ver o escuchar en diferentes informes y discursos, o en análisis de especialistas académicos. Pero el valor del documento es que lo hace suyo el Gobierno de la Nación y después, previsiblemente, las Cortes, tras la remisión para su debate. No descubre nada nuevo para los analistas, pero ya no estamos ante una opinión particular sino ante la posición oficial del Estado en su conjunto.
El documento dedica casi más espacio a la descripción de los escenarios de las relaciones exteriores de España que a su seguridad. Se hace un relato del estado de nuestras relaciones con la UE, EEUU, Rusia, Iberoamérica, la «vecindad del Sur» (para no mencionar a Marruecos…)... A este voluminoso documento de casi 100 páginas le sobran, al menos, un tercio por impropias, tópicas y superficiales, y las restantes merecen un análisis crítico.
La EES identifica de forma obvia los intereses españoles de seguridad: por un lado, la protección de la vida, la libertad, la democracia, el bienestar y el desarrollo de sus nacionales y, en general, de sus habitantes. Y, por otro, la protección de la soberanía, la independencia e integridad territorial, el ordenamiento constitucional y la seguridad económica de España. La protección de los españoles conlleva el compromiso de su tutela en el extranjero (por ejemplo, en este momento, los intereses comerciales y pesqueros en el Océano Índico o en el Golfo de Guinea), como es práctica habitual de los Estados desde hace varios siglos.
La red de compromisos multilaterales es un factor de seguridad internacional para todos. Las dos grandes guerras están relacionadas con la escasez de organizaciones internacionales a principios del siglo XX frente a la red tejida después de 1945. El multilateralismo contribuye de forma eficaz a la estabilidad y seguridad de las relaciones pacíficas entre los Estados. El marco internacional en el que se inscribe España es un medio para la protección y proyección de nuestros intereses. El hecho de que España sea miembro de la ONU (y de sus organismos especializados), de la OSCE (Organización transatlántica para la seguridad y cooperación en Europa), de la organización militar OTAN y de la UE, hace más creíble nuestra seguridad para los terceros y las potenciales amenazas (…siempre que no procedan del «vecino del Sur»).
También una adecuada red de relaciones comerciales y económicas que garantice mercados para nuestros productos y la estabilidad y diversidad de los mercados y de los aprovisionamientos energéticos son factores relevantes para la seguridad. La orientación de la cooperación al desarrollo hacia la seguridad nacional es un instrumento legítimo como ya se reconoció en el Plan África, volcando ayuda al desarrollo hacia los países de procedencia de la inmigración. La red de acuerdos no normativos o memorandos de entendimiento con casi una decena de Estados subsaharianos es un buen instrumento de seguridad al permitir a España contribuir a la seguridad de los espacios marítimos de esos Estados mediante la presencia de naves y aeronaves españolas a fin de frenar la inmigración irregular y, lo que es más importante, para luchar contra la delincuencia organizada de las mafias que trafican con los seres humanos, el tráfico de drogas y de armas.
Se reconoce que España comparte amenazas globales y regionales y, además, asume (no comparte) amenazas propias (sobre las que se pasa de puntillas). Entre las globales cabe recordar el terrorismo -ya sea el de ETA, ya sea el yihadista-, así como las redes del crimen organizado; sin embargo, el documento de Estrategia no tiene en cuenta que al territorio español acceden de facto con facilidad, por inadecuados o insuficientes controles en puestos fronterizos, por la extensión de nuestras costas o por la incuria de funcionarios y autoridades, y residen numerosos miembros de grupos yihadistas y redes de delincuencia organizada.
Estas redes, que son vistas con cierta lejanía desde el punto de vista de la seguridad nacional porque actúan desde aquí pero no aquí, no deben gozar de santuario o zonas de reposo en nuestras costas y grandes ciudades y deberían tener respuesta más firme en la práctica diaria y en el documento de Estrategia. Cuando las mafias deciden actuar masivamente es demasiado tarde para un Estado y la metástasis se ha generalizado. Prevenir y adelantarse a sus acciones es una prioridad para no caer en situaciones como las de Colombia, México, Kosovo o Italia hace no mucho tiempo. Una amenaza global muy bien identificada y con múltiples respuestas, incluidas las nacionales, son los ciberataques, pero se echa de menos que no incluyan el riesgo y las respuestas a las nuevas formas de almacenar y procesar información en el espacio (en la nube). También es muy positiva la idea de la transversalidad de la seguridad de modo que se incorpore un enfoque de seguridad a futuros desarrollos normativos de toda índole (como ya sucede con el impacto medioambiental, de derechos humanos, de género, etcétera).
LA DISTINCIÓN entre potenciadores del riesgo, amenazas y los riesgos mismos es confusa y a veces un mismo fenómeno figura en las tres perspectivas. Sorprende que el cambio climático o el envejecimiento de la población no se consideren un riesgo sino sólo un potenciador del riesgo y preocupa que utilice un lenguaje de ONG o altermundista hablando de «refugiados climáticos». Un documento oficial de España no puede recibir ese concepto que, en manos de jueces con vocación de estrellas, tendría consecuencias al ampliar el concepto de refugiados. Me gustaría verle la cara al responsable de la Abogacía del Estado cuando lea el documento…
En la Estrategia se despacha la responsabilidad de España sobre la situación del Sahara remitiéndose a una frase («una solución negociada, justa y definitiva a la cuestión del Sahara Occidental, de conformidad con la ONU») que contrasta con la defensa de «una solución justa y duradera entre Israel y un Estado palestino». Cuando se señala que hay que «impedir el rebrote de los conflictos» se alude a Oriente Medio y ¡Afganistán! -del que todos planean la salida tras constatar la derrota- y no se menciona al Sáhara, que está a pocos kilómetros de Canarias.
Si Marruecos es sorteado con un eufemismo, resulta patético cómo se reconoce que en el escenario más real de conflicto armado para España estaremos solos, sin los socios de la UE ni los aliados de la OTAN; compartimos y asumimos los riesgos de los demás pero nuestra diplomacia y sucesivos Gobiernos son incapaces en los marcos multilaterales de añadir esas redes de seguridad a «la capacidad propia de defensa» de las «dos Ciudades Autónomas además de otros territorios». No nos libramos del síndrome de Almanzor.
El documento debería profundizar en las capacidades de respuesta, que apenas se enuncian, y hacer un verdadero Consejo de Seguridad Nacional que no imite a los conocidos gabinetes de crisis. Es un primer paso, pero debería ser podado y pulido, además de ser consensuado con la oposición y no impuesto por un Gobierno agonizante.
Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca.
JOHN MÜLLER
29/06/2011
Costes implícitos del zapaterismo
Un minucioso profesor universitario me envía copia del BOE y me hace ver «a qué se tienen que dedicar recursos en el Ministerio». Me sugiere que probablemente esto no sólo esté ocurriendo en la Administración central sino en las 17 comunidades autónomas españolas debido a la vigencia de la Ley de Igualdad de 2007.
El desprecio por los costes implícitos de sus leyes ha sido una constante de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero. Los responsables de las distintas comunidades autónomas, incluidos los de su propio partido, se vieron en grandes dificultades cuando se aprobó la Ley de Dependencia y se encontraron con que venía insuficientemente dotada del punto de vista económico.
En las últimas semanas, el Ejecutivo -especialmente la ministra de Sanidad Leire Pajín- ha estado especialmente activo promoviendo leyes que aparentemente no tienen contenido económico pero que están plagadas de nuevos costes: ha ocurrido con la Ley de Muerte Digna que establece condiciones extraordinarias para las comunidades y con la Ley de de Igualdad de Trato y No Discriminación.
Esta última norma tiene numerosos efectos económicos. Por ejemplo, su aplicación en el ámbito de la vivienda deja prácticamente indefensos a los propietarios de la misma en caso de conflicto con un inquilino que denuncie un trato discriminatorio.
Según quienes la han analizado -especialmente en el sector educativo y sanitario-, la ley atenta contra la libertad de empresa al hacer muchísimo más complejos los procesos de selección y promoción del personal. Estiman que aumentará la conflictividad y los gastos en servicios jurídicos. Ni hablar de los medios de comunicación, donde pretende inmiscuirse en la fijación de criterios extraprofesionales.
También se ha apreciado que duplica estructuras existentes, invade competencias (como las del Defensor del Pueblo, por ejemplo) y desparrama inseguridad jurídica al establecer la inversión de la carga de la prueba: es decir, la parte demandada es la que tiene que demostrar su inocencia.
A primera vista la nueva normativa tendrá un impacto económico relevante en el gasto público y puede imponer nuevos costes al sector sanitario, asegurador (se podría considerar discriminatorio un sistema bonus malus), educativo, comercial, etc.
Paradójicamente, la norma prohibe discriminar por lengua, pero eso no afecta al uso del castellano en los territorios donde hay lenguas cooficiales, una forma de no enajenarse el apoyo de los partidos nacionalistas en su tramitación.
Es verdad que después de la despedida de Zapatero en el debate sobre el estado de la Nación, muy poca gente cree que el Gobierno se tomará en serio la elaboración del proyecto de PGE para 2012 o que cuente con la fuerza parlamentaria para sacar adelante esta dichosa ley de Pajín. Pero los costes implícitos del zapaterismo han quedado sembrados como minas por toda la legislación española con esa alegría que da el reconocer derechos a todos y no tener que sufragarlos.
RAÚL DEL POZO
29/06/2011
Devórame otra vez
Fue una fiesta parlamentaria sin logomaquias ni logorreas retóricas, una sesión donde la palabra adquirió el hábito de la esgrima, que decía Azaña. Un Zapatero amorcillado pero con gran coraje, como un toro agónico, lanzó cornadas al puntillero y tuvo arrestos para la ironía diciéndole a su matador que las propuestas que hacía eran razones para prolongar la legislatura. Rajoy, suave y feroz como una pantera, acusó al presidente de ser responsable de la vuelta de Bildu, la chulería y el desprecio a la ley.
¿Por qué tiene tanta prisa Rajoy para llegar al infierno? ¿No puede derrumbarse su gobierno en una huelga general interminable? Un dirigente de la izquierda me explica: «No te engañes. En España todo está desarbolado menos el PP. Es una formación compacta». Según mi confidente, lo único que se discute es la fecha electoral. «Si son las elecciones en otoño, el PSOE tendrá 105 diputados; si son en primavera, tal vez menos». Le pregunto si da tiempo. Responde: «Calvo-Sotelo convocó en septiembre». Me informa de que el equipo de Rubalcaba quiere elecciones cuanto antes, para dejarle a Rajoy charcos que pisar. Mientras los dirigentes se encendían me informaron que Rajoy ha tanteado a algún ex ministro del PSOE porque quiere un gobierno de amplia base al estilo Sarkozy u Obama.
El presidente no se dejó arrastrar antes de muerto. Tuvo presente una Grecia al borde del abismo, con la cuarta huelga general y la puesta en venta de El Pireo. Él ha evitado, entre el odio general, que España fuera intervenida; por eso apostó por que el Gobierno heleno saque adelante el plan de tijeretazos. Atenas llegó a ser el faro del mundo aun siendo pobre. Inventaron el arte, el pensamiento y la democracia comiendo habas.
Y mientras empezaba aquí el Debate del estado de la Nación, la policía protegía la Acrópolis y los griegos se echaban a la calle contra los que llaman usureros. La alternativa está entre los recortes y el abismo. Los griegos prefieren el abismo, la pobreza. ZP prefirió los recortes





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