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miércoles 29 de junio de 2011

EL DEBATE DEL ESTADO DERRUIDO: Zapatero se despide



MARISA CRUZ / Madrid

29/06/2011

Zapatero se despide

Aprovecha su último Debate sobre el estado de la Nación para dar las gracias a los grupos políticos y expresar su «respeto más profundo a España»
Rajoy le desea «lo mejor para su futuro personal y familiar», Duran Lleida le agradece el «tiempo dedicado a servir al país» y Erkoreka «su esfuerzo»
El líder del PP le pide que «acabe ya con el calvario» y adelante las elecciones y el portavoz de CiU le dice que «la legislatura está agotada»

Zapatero embusteroZapatero dice adiós. Su útimo Debate sobre el estado de la Nación sólo deja una duda abierta: ¿cuál será la fecha exacta de las elecciones? El presidente no quiso avanzarlo, pero la sensación que sobrevoló la Cámara después de escuchar sus palabras fue la de que la llamada a las urnas se producirá en otoño.

Mientras tanto, pocas novedades caben esperar en la vida diaria de los españoles. Ayer ni Zapatero planteó nuevas iniciativas, ni el líder de la oposición desveló sus alternativas. Probablemente, porque para el primero ya no queda tiempo, en tanto que para el segundo aún no ha llegado el momento definitivo.

El debate político se empantanó, como en tantas otras ocasiones, en el cruce de reproches a cuenta de la incapacidad del Gobierno para generar confianza y a propósito de la falta de cooperación prestada por el Partido Popular a la hora de impulsar las reformas que necesita el país. Uno y otro se culparon de haberse puesto palos en las ruedas.

Zapatero embusteroNada más, apenas cuatro ideas seminuevas de último minuto expresadas por Zapatero a modo de testamento. A saber: la aprobación de una regla de techo de gasto en las autonomías similar a la que se va a aprobar en el Estado y en las corporaciones locales; una línea nueva de crédito del ICO para permitir que los ayuntamientos alivien su morosidad y paguen a sus proveedores; un plan para proteger a las personas a las que les resulta imposible atender al pago de sus hipotecas, y, por último, nuevas medidas en favor de los emprendedores y autónomos.

A partir de ahí, dos claves predominaron: de un lado, el tono de despedida y, de otro, la insistente demanda de un buen número de fuerzas parlamentarias de celebrar elecciones cuanto antes.

El presidente del Gobierno expresó su «respeto más profundo» a España y rindió homenaje a la «convivencia en paz y libertad» de los españoles; recordó los intensos debates que ha mantenido a lo largo de siete años con los líderes parlamentarios, «tanto en los momentos de prosperidad como, ahora, de recesión y grave preocupación social», e insistió en que su actitud siempre ha sido ésa, la del respeto a un país sobre cuyo futuro dijo seguir manteniendo la «más absoluta confianza».

Para finalizar, también se despidió de su grupo parlamentario, que le agradeció en pie el homenaje con un cerrado aplauso.

Tras esta escenificación final, pocos dudaban de que el propio Zapatero estaba pronunciando sus últimas palabras desde la tribuna del Congreso. Algunos, sobre todo en las filas de la oposición, especulaban en pasillos sobre la posibilidad de que las Cámaras ya no se abran en septiembre, o lo que es lo mismo, que antes de las vacaciones de agosto Zapatero anuncie la convocatoria electoral.

Rajoy captó el tono de despedida, también Duran Lleida y Josu Erkoreka. Todos respondieron al adiós del presidente. El primero le reiteró su «consideración y respeto» -«sabe que se le tengo», dijo- y le expresó los «mejores deseos para su futuro personal y familiar».

El segundo le recordó que será la Historia quien le «juzgue», pero le agradeció calurosamente «el tiempo que ha dedicado a servir al país». «Bien o mal», añadió. Y el tercero le reconoció «su esfuerzo», su actitud «asequible, llana y normal» y su espíritu «volcado en el servicio público con un alto coste personal y familiar». Todos le desearon «lo mejor», pero también todos le echaron en cara que deje un país en estado comatoso, mucho peor que el que encontró cuando llegó al poder.

Los dos primeros, el líder del PP y el de CiU, reclamaron abiertamente el adelanto electoral.

Rajoy insistió en ello. «Este Gobierno», recalcó, «no hace sino empeorar las cosas. ¿Por qué prolonga esta calamidad, este calvario estéril, esta agonía? ¿Acaso los españoles tienen algo bueno que esperar de este Gobierno tras siete años?».

La intervención del líder de la oposición no fue, tal y como se esperaba, de tono presidencialista. Rajoy se limitó, como ha hecho en muchas ocasiones, a poner de relieve los graves errores que en su opinión ha cometido el Ejecutivo y recalcar que su tiempo ha pasado.

Así, no dudó en señalar que el país sigue enfangado en la crisis con cinco millones de parados, una deuda creciente, la prima de riesgo coqueteando con los 300 puntos, la demanda interna paralizada y el grifo del crédito cerrado.

El presidente del Gobierno reconoció estas circunstancias y el líder de la oposición las magnificó. Todo dentro de los cauces ya conocidos.

Como era de esperar, el presidente dedicó prácticamente todo su tiempo a defender su gestión, dificilísima, llegó a decir, en los últimos dos años, cuando los mercados financieros convulsos y desconfiados no han dado apenas respiro. Aseguró que con ello no pretendía desembarazarse de su «responsabilidad», pero sí poner de manifiesto que sólo el haber logrado que España se haya mantenido a flote sin necesidad de rescate -como les ha sucedido a Irlanda, Portugal y Grecia- es fruto «del esfuerzo colectivo».

Precisamente en la idea de unidad y trabajo conjunto quiso detenerse de forma especial. Zapatero hizo un llamamiento a todas las fuerzas políticas, pero muy claramente al PP, para que, al margen de los intereses partidistas, acepten prestarse a un «mínimo diálogo constructivo» para dar al país el «impulso definitivo» que necesita.

Y es que el presidente, que siempre tiene un rasgo optimista, dio por hecho que la economía española ha salido desde hace algo más de un año de la recesión. En concreto, habló de cinco trimestres de crecimiento continuado, aunque todavía muy débil, desde luego a todas luces insuficiente para crear empleo. Él, no obstante, está seguro, y así lo apuntó, de que la remontada del país empezará a verse con claridad en el segundo semestre del año.

Pocos se dejaron contagiar por estas palabras. Rajoy insistió en que «el país se desangra por el paro y la deuda», en tanto que el Gobierno sólo ofrece «promesas, excusas y adornos». «Su capacidad para resolver problemas se remite siempre a un futuro que nunca llega», le espetó.

Y después añadió: «Las elecciones permitirán abrir un tiempo nuevo, en tanto que usted pretende condenarnos a un tiempo perdido. Los ciudadanos le piden que se abran las urnas. No hay otro camino». Rajoy aseguró que él personalmente no tiene prisa; en su opinión, quienes sí la tienen son los españoles.

El portavoz de CiU, Duran Lleida, el único que llegó a esbozar propuestas políticas y económicas concretas, habló de «desaliento de la calle» para sumarse así a quienes ayer intentaron trasladar a Zapatero la desesperanza en la que están sumidos los ciudadanos.

También él dijo que «la legislatura está agotada» y planteó tres posibilidades. Sólo una, justo la que Duran dijo no recomendar, pasaba por prolongar el mandato hasta marzo. Las otras dos reclamaban el adelanto electoral a otoño: una de ellas cerrando previamente las reformas más maduras y, la otra, pactando ya en tres terrenos: el del empleo, el del impulso a la liquidez y el de la estabilidad para la Administración.

Por si acaso, Duran sí dejó claro que su grupo político no dará su voto al eventual proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2012. En opinión de CiU, el electroencefalograma económico del país «es plano», España necesita «un nuevo horizonte» y Zapatero «ya no se lo puede ofrecer».

El presidente del Gobierno no quiso, sin embargo, ahondar en la cuestión de las fechas electorales. De hecho, llegó a pedir tiempo para concluir con las reformas que, según aseguró, acabarán dando sus frutos. Y, en consecuencia, reclamó «respeto» a su autonomía como presidente para decidir el momento en el que convocará a las urnas.

Para el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, el futuro que le espera al país es «duro y complicado» y se impone hablar con «franqueza» a los ciudadanos. Muchísimo más duro fue el representante de IU, Gaspar Llamazares, quien no dudó en atacar a Zapatero por uno de los lados que más le duele: el de la renuncia a los principios de la izquierda. La misma tónica fue seguida por el portavoz de ERC, Joan Ridao.

Llamazares también optó por despedirse del presidente: «Yo también», dijo, «le deseo lo mejor desde el punto de vista personal y familiar y también desde el punto de vista político, porque creo», añadió, «que no se jubilará».

OORBYT.es

>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de Casimiro García-Abadillo sobre el debate.

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO

29/06/2011

El último combate

A FONDO
El presidente del Gobierno afrontó ayer su último Debate del estado de la Nación con una idea clara: ya se han hecho las reformas necesarias, que darán resultado en unos meses.

Zapatero parece haber asumido los recortes y los sacrificios de los últimos 14 meses como un reto personal, no como una decisión compartida con su partido. Y, de hecho, cuando le aplaudieron desde la bancada socialista fue sólo cuando habló del mantenimiento del Estado de Bienestar o del gasto social y del aumento de las pensiones mínimas.

Ése es el retrato: un hombre al que su partido no ha apoyado con la suficiente firmeza en las decisiones más duras porque sus dirigentes y militantes creen que éstas les han hecho perder las elecciones del 22-M.

Zapatero pervive en un empeño personal en un doble sentido: la aplicación de políticas incompatibles con su discurso de la primera legislatura y el agotamiento contra viento y marea de su mandato.

El argumento que utiliza para no adelantar las elecciones se cae por su propio peso. Zapatero quiere llegar a marzo para llevar adelante las reformas necesarias para sacar a España de la crisis. Pero ayer, cuando tenía la oportunidad de anunciar la hoja de ruta de los próximos meses, sólo apuntó medidas de segundo orden: techo de gasto descafeinado para las comunidades autónomas y promesa de una nueva regulación sobre desahucios. Desde luego, esas medidas no justifican alargar la «agonía», como calificó Rajoy a los meses basura que quedan hasta marzo.

Rajoy incidió en la idea de que el adelanto electoral no es cosa que les preocupe a él ni a su partido, sino que es algo que «demanda la mayoría de los españoles, incluidos los votantes socialistas». Para el líder de la oposición, en estos momentos la garantía de que no se van a hacer las reformas es la continuidad de Zapatero, y no al revés.

Pero no sólo el jefe de filas del PP reclamó el adelanto electoral. También el portavoz de CiU, Duran Lleida, abogó por un «nuevo Gobierno», porque «esta legislatura está agotada».

Lo que ha sucedido en la última semana con la aprobación de las reformas de la negociación colectiva y la de pensiones, una pactada con el PNV y la última con CiU, es sólo una pequeña muestra de lo que nos espera en los próximos meses.

¿Puede este Gobierno, en un estado tan evidente de debilidad, encarar una negociación a fondo sobre los Presupuestos? Parece que no.

Aun con todo, Zapatero hizo un buen debate. Aguantó firme las andanadas de Rajoy y, en ocasiones, levantó a los diputados socialistas de sus asientos.

Sin duda, el presidente ha querido dejar un buen recuerdo de este su último debate.

Pero todo sonaba ayer a despedida. Hasta sus palabras sonaron a final de ciclo. Los guiños de Rajoy y Duran (deseándole lo mejor para él y su familia) coadyuvaron en esa sensación de adiós.

Es verdad que el mensaje oficial sigue siendo mantener el calendario hasta agotar la legislatura, pero Zapatero no respondió con la contundencia que debía al machacón reclamo de Rajoy. No dijo en ningún momento que agotaría la legislatura. Y tuvo muchas oportunidades para hacerlo.

La opinión mayoritaria es que Zapatero cederá y adelantará los comicios a noviembre.

Debate paralelo en Twitter

El último Debate sobre el estado de la Nación de la legislatura ha sido 'tuiteado' en directo por varios diputados de todos los grupos parlamentarios. Mientras sus respectivos portavoces intervenían en la sesión, sus señorías organizaron un auténtico debate paralelo en la red social, que ayudó, y mucho, a que el Congreso fuera ayer el asunto estrella sin discusión en Twitter. Éstos son algunos de los 'tuits' que se pudieron leer.

Esteban González Pons (PP). «Creo que los gráficos que está sacando ZP los ha dibujado él a mano alzada». Y pocos segundos después: «Ahora va a sacar un mapa mudo para ponernos deberes. España no está para estas bromas».

Elena Valenciano (PSOE). «¿No será verdad que se va a bajar de la tribuna sin hacer una sola propuesta?». Y a continuación, más 'tuits' criticando la intervención de Rajoy, como «oye, ni una propuesta!!! Hoy tampoco!!! Es increíble», o «Rajoy lleva pidiendo elecciones desde 2004!!! En 2008 las hubo y las perdió! Le va a volver a pasar, no se puede ser tan irresponsable!!

Nacho Uriarte (PP). «Ovación a Zapatero del PSOE y sin decir nada!».

Hugo Morán (PSOE). «Tanto circunloquio de Rajoy para llegar a su única aportación: elecciones anticipadas en el minuto 23».

Gaspar Llamazares (IU). «¡Qué pena! Riña de gatos en el Congreso sobre la realidad, cuando ocultan que coinciden en las recetas con los mercados, contra los ciudadanos». Y más tarde: «Erkoreka pone en evidencia la verdadera pinza conservadora (PSOE, PP y nacionalistas) de apoyo a los recortes y privatizaciones frente a la crisis».

Jordi Xuclà (CiU). «Ahora sube a la tribuna Rajoy y le aplauden antes de abrir boca. Nada debería tener que ver la política con el 'hooliganismo'».

Gabriel Elorriaga (PP). «Si Zapatero se creyese lo que cuenta no hubiese renunciado a intentar la reelección».

Carlos Floriano (PP). «Mucha medida, mucho decreto, mucha ley. ¿Se dará cuenta [Zapatero] de que le falta un proyecto de país?».

MANUEL SÁNCHEZ / Madrid

29/06/2011

El último debate de un presidente fiel a sí mismo

Se despide empeñado en sostener que ha hecho lo que debía por España

Zapatero embusteroDiez años después de aquel primer Debate sobre el estado de la Nación, donde un José Luis Rodríguez Zapatero con cara de niño fue objeto de mofa por parte del PP por pedirle a José María Aznar una conmemoración digna del 500 aniversario de El Quijote, se subió a la tribuna del Congreso un presidente gastado, con el pelo casi canoso, con entradas difícilmente disimulables, pero con un indomable espíritu demócrata, fiel a sí mismo y convencido de lo que ha hecho.

Así fue el último gran discurso de Zapatero en la tribuna del Congreso, donde se sigue sintiendo como pez en el agua, aun sabiendo que su credibilidad, su confianza y sus actuaciones no gozan del apoyo mayoritario de la ciudadanía.

El presidente, no obstante, se empeñó en explicarse, algo que le obsesiona, porque parece que sigue sin comprender por qué no le entienden, algo que ya les pasó a otros presidentes en el pasado.

Por la mañana, hizo un discurso puramente economicista. Lleno de datos, de perspectivas de futuro, donde aseguró que el país crecerá este año al 1,5%, que el segundo semestre será mejor que el primero, que se ha hecho lo que se debía hacer. Era un discurso para él, no para la gente. Para explicarse o para justificarse que ha hecho lo que tenía que hacer por el futuro de España.

Anunció cuatro medidas no demasiado comprometidas porque, posiblemente, no habrá tiempo para cumplirlas, aunque con la boca pequeña anunció que es necesario acabar la legislatura. Y no hubo ni un solo anuncio sorpresa.

En las réplicas a Rajoy, salió el animal político que ha sido, es y será José Luis Rodríguez Zapatero.

Entró duro al hígado de su rival en su punto más débil, acusándole por activa y por pasiva de que «no es capaz de decir una palabra o pronunciarse sobre los temas cruciales».

Le retó una y otra vez a hacerlo sobre el sistema de pensiones o sobre la reforma laboral, y le afeó que haya planteado reformas que, cuando llegan a la Cámara Baja, rechaza permanentemente.

Zapatero, una vez más, se encontró cómodo en el cuerpo a cuerpo con Rajoy, pero él mismo demostró que sabe que está en tiempo de descuento y protagonizó la réplica y la contrarréplica más breves que ha hecho en todos sus debates como presidente del Gobierno, donde no tiene límite de tiempo.

Una vez más, Zapatero entró al combate con Rajoy acusándole de dar datos falsos, exigiéndole que concrete sus propuestas y pidiéndole una y otra vez que «aporte confianza, credibilidad y solvencia a la economía española».

Se creció frente al líder de la oposición y se encontró a gusto, con aplausos de su grupo, que estaba entregado para hacerle una despedida digna.

Como buen demócrata, estuvo presente en todo el debate hasta bien entrada la noche, haciendo anuncios no previstos -como los créditos ICO para que los ayuntamientos paguen a los proveedores- y dando respuestas a su antojo.

Hoy por la mañana, acabará su trabajo con los grupos minoritarios en lo que puede ser su última intervención en el pleno del Congreso.

OORBYT.es

Otro guiño a los jóvenes del 15-M

José Luis Rodríguez Zapatero no habló ni de ETA ni de Bildu en el debate con Mariano Rajoy, pero no olvidó mencionar al Movimiento 15-M. El presidente hizo ayer otro guiño a los jóvenes que secundan esta reacción social. Dijo que las propuestas de esta movilización deben ser objeto de «respeto sincero», ya que, a su entender, los gobernantes tienen la «permanente obligación de dar respuesta a las inquietudes sociales». Añadió que estas iniciativas «reivindican en el fondo el valor de la política» y «forman parte de la fisiología y no de la patología» del modelo de convivencia.

CARMEN REMÍREZ DE GANUZA / Madrid

29/06/2011

El PP da por 'despedida' la legislatura

Su líder insiste en el adelanto electoral: «Yo no tengo prisa, pero España sí»
Zapatero embusteroEl PP dio ayer por finiquitada la legislatura. La despedida de Zapatero fue el elemento sorpresa sobre el que el principal partido de la oposición construyó su sentencia, que casaba como un guante con el leit motiv del discurso de Rajoy, casi monolítico en su reclamación de elecciones generales anticipadas.

Salvo contadas excepciones, como la de Cristóbal Montoro -«ha acudido incluso a la próxima salida a Bolsa de Bankia, para aferrarse al cargo», decía-, los populares apostaban por que éste no será ya el último Debate sobre el estado de la Nación, sino el último debate a secas. En su cuaderno, tres notas sobre la intervención del presidente: la falta de calendario o de medidas suficientes para entretener la espera de seis meses; el propio adiós de Zapatero, que no estaba escrito en su discurso, y el hecho de que renunciara -pese a los envites de Rajoy, y a diferencia de ocasiones anteriores- a prometer que agotará su mandato.

La propia transmutación del presidente, del estilo «lacrimógeno» de la mañana, al «mitinero» de la tarde, servía a los populares ayer para aventurar que el Congreso no abrirá sus puertas tras el verano.

Sea como sea, ésta fue la única batalla que dio Rajoy desde la tribuna. En su séptimo combate con Zapatero, el líder del PP volvió a jugar al desgaste sin asestar un solo golpe de KO. «Personalmente, yo no tengo prisa», dijo, «la prisa la tienen los españoles, y el único que parece cómodo con la situación es usted, al que los suyos han convertido en el símbolo de la resistencia del pasado».

«¿Por qué el señor Rodríguez Zapatero prolonga esta calamidad? Ésta es la cuestión que hoy nos ocupa, señorías. Esto es lo que todo el mundo se pregunta aquí y en las plazas y en los hogares y en todas partes: ¿hasta cuándo se propone el señor Rodríguez Zapatero imponer a los españoles este calvario estéril, esta lenta agonía?», fue ayer su estribillo.

Fiel a la estrategia de no arriesgar, y pese al triunfo del 22-M -del que, no obstante, presumió-, Rajoy renunció a hacer un discurso presidencialista y de propuestas. Sólo respondió a los vagos anuncios de Zapatero en apoyo de los emprendedores con la exhibición de un proyecto legislativo, cuyo registro también anunció. En cuanto a las demás medidas de protección frente a los desahucios o de techo de gasto para las comunidades autónomas, ni contestó: «Nos resulta imposible establecer criterio, simple y llanamente porque no ha concretado nada», dijo Rajoy, antes de que su equipo explicara en los pasillos que lo primero ya lo están consensuando los grupos en una subcomisión del Congreso, y que lo segundo -aunque «insuficiente» para el PP porque «no obliga a reducir el déficit»- ya lo anunció, sin cumplirlo, el pasado 25 de marzo.

La bancada popular se dividía entre los que felicitaban a Rajoy y los que le quitaban mérito por haber sacudido a un «saco muerto». Sin embargo, no era triunfalismo, sino hartazgo de fin de ciclo lo que ayer se respiraba en el PP.

Hasta Rajoy -que dejó en casa su ironía- reflejó su propio hartazgo: «Estamos cansados de excusas y justificaciones», le dijo a Zapatero, del que, no obstante, se despidió con su «respeto» y «mejores deseos».

OORBYT.es

>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de David Gistau

Insta a actuar ya contra Bildu

Fue la sorpresa: Rajoy se descolgó con un emplazamiento formal al Ejecutivo sobre Bildu. Aunque sin mediar amenazas de ruptura del Pacto Antiterrorista, el líder del PP dijo que estos días se han podido dar ya «causas objetivas» para actuar legalmente contra los cargos electos de la coalición: «Han vuelto a la intimidación, la chulería y el desprecio a la Ley». Así, le instó, «con serenidad y firmeza», a «que no contemporice» y a que alegue contra ellos la «incompatibilidad sobrevenida» de la reformada Ley Electoral: «Deben saber que los demócratas no les vamos a pasar una».
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ANÁLISIS
CARLOS SEGOVIA / Madrid

29/06/2011

En manos de Atenas

Zapatero descarta tomar más medidas impopulares y confía en que el salvamento griego calme a los mercados con España
«Si no hubiera pasado lo que ha pasado en Grecia, Irlanda o Portugal, nuestro diferencial estaría en términos más razonables en relación con el bono alemán», proclamó Zapatero en su última réplica a Rajoy. En otras palabras, en cuanto se aclare el futuro de -sobre todo- Grecia con el nuevo plan de rescate, España estará ya salvada sin necesidad de más medidas impopulares.

Con esta línea de pensamiento, el presidente no hizo nada para intentar bajar la prima de riesgo, que es el sobrecoste que paga España para financiarse con respecto a Alemania. Ésta se mantuvo por encima de los 270 puntos básicos, que es una cota que el Banco de España considera peligrosa para la estabilidad.

Con un Gobierno ya de despedida, España queda en manos de Grecia. Si se arregla todo en Atenas y los mercados se relajan con Spain, el país más temido del euro, bien. Pero si no... España aún depende de sí misma para evitar entrar en la rueda de Grecia, Portugal e Irlanda, y por eso el FMI, Bruselas, la CEOE y los llamados mercados reclaman reformas que mejoren la competitividad del país y lo haga crecer lo suficiente como para hacer creer al exterior que va a devolver sus deudas.

¿Cuál fue la respuesta del presidente a nuestros acreedores? «El Gobierno abordará todas las reformas necesarias y desea llegar en ellas tan lejos como sea aconsejable (...) Pero no a costa de romper los equilibrios sociales básicos de nuestro mercado de trabajo o de quebrar nuestro modelo social y constitucional». Esta frase fue una de las pocas que aplaudió el PSOE, en una muestra de lo que desea Rubalcaba. Ni una medida impopular más hasta el final de legislatura, que parece cada vez más cercano. Así que el presidente no anunció nada más en el mercado laboral, pese a que él mismo ha convocado una mesa de diálogo para reabrir su propia reforma laboral con nuevos contratos para jóvenes. Sólo deslizó que en Alemania hay dos millones de jóvenes ganando 450 euros con contrato de formación y que «ése es el camino» a medio plazo.

Todo eso pese a que el presidente eludió hacer pronósticos sobre creación de empleo y admitió que «la recuperación es aún lenta», en un diagnóstico similar al que él mismo hizo el pasado año, como constatando que sus medidas no han tenido impacto. Rajoy aportó datos contundentes de que la economía incluso ha retrocedido desde entonces. Pronunció la palabra elecciones casi una vez por minuto, pero el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, dijo que Zapatero tiene «derecho» a continuar hasta marzo de 2012.

El único anuncio de teórico calibre de Zapatero es que «el Gobierno propondrá, en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera del próximo mes de julio, la aprobación de una regla de gasto en las autonomías similar a la que va a aprobar en el Estado y en las corporaciones locales». Elena Salgado está obligada a hacerlo por dos razones. La primera, porque lo impuso Angela Merkel en el Consejo Europeo del pasado marzo como muestra de compromiso con la austeridad. La segunda, porque duda de que las comunidades autónomas vayan a cumplir este año su objetivo de déficit. «Existen incertidumbres», dijo el presidente. Con Artur Mas no las hay, porque proclama que doblará en 2011 el déficit prometido.

La regla de gasto que baraja hasta ahora Salgado consiste en que ninguna Administración pueda gastar durante un ciclo de años no determinado por encima del crecimiento de su economía. Es mucho más light que el techo de gasto que reclama el PP. De hecho, el propio secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, admitió recientemente que esa regla no es operativa para forzar el ajuste que se necesita actualmente, sino para una estabilidad futura de las cuentas.

Con lo que no tragó Zapatero fue con la propuesta de Duran -un nacionalista- de que el Tesoro gestione la deuda de las autonomías para que éstas puedan colocar sus bonos.

El segundo anuncio fue un guiño a las empresas contratistas de los ayuntamientos. Prometió la enésima nueva línea del Instituto de Crédito Oficial para que las entidades locales paguen a sus proveedores.

El resto de anuncios fue dirigido al Movimiento del 15-M. Se trata de elevar a mileuristas -ahora es hasta 641 euros de sueldo mensual- el listón de ingresos inembargables en deudas hipotecarias.

El presidente puso su empeño en corresponsabilizar de la crisis al PP. Dijo que la situación económica que heredó de Aznar «no es una buena herencia» por el ladrillo. Eso le llevó a su única autocrítica del día: «Si me arrepiento de algo es de no haber intentado pinchar la burbuja inmobiliaria» en su primera legislatura, en claro capón a Solbes. Recordó también, sin que nadie le preguntara, que Bankia, el banco que preside Rodrigo Rato, debe capitalizarse por el bien del sistema antes del 30 de septiembre. «Hay mucho en juego con Bankia», avisó.

OORBYT.es

>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de John Müller

AGUSTÍN YANEL / Madrid

29/06/2011

Pide un pacto de Estado urgente y elecciones

Llama «incapaz» al Gobierno e «irresponsable» al PP

Josep Antoni Duran Lleida viene reclamando un pacto de Estado desde hace más de un año, y ayer volvió a exigirlo y lo concretó. Pidió a Zapatero un acuerdo urgente sobre el empleo, con medidas de liquidez para la economía y otras para la estabilidad en la Administración. También demandó que convoque después elecciones, en otoño.

El portavoz de CiU considera que el presidente del Gobierno se equivocaría si decide agotar la legislatura y sigue gobernando hasta marzo de 2012, tanto por su fragilidad en el Congreso -«CiU no le va a aprobar los Presupuestos», advirtió- como por las tensiones en los mercados fuera de España.

Como hace siempre en estos debates, Duran planteó una batería de medidas muy concretas en cada uno de los tres ejes de ese hipotético pacto. Zapatero había reprochado a Mariano Rajoy que no ofrezca propuestas para salir de la crisis, y Duran le dijo: «No se quejará en este caso de propuestas».

Falta de confianza

Para empezar su discurso, reprochó a Zapatero que ha cometido «demasiados errores, fallos y negligencias» desde que fue reelegido presidente en marzo de 2008. Eso, unido a la crisis económica, ha llevado a un «desaliento colectivo» y a una «desconfianza de los mercados» que hay que atajar, añadió.

«Esta legislatura está agotada, la sociedad está inquieta, tenemos un enorme capital laboral pero ni hay trabajo ni hay perspectivas de reactivación del empleo a corto plazo», resumió.

«El país necesita un horizonte a medio plazo que este Gobierno ya no le puede ofrecer», dijo, dirigiéndose a quien lo preside.

Además de reclamar un pacto sobre las tres materias citadas, Duran citó una serie de «asignaturas» que van a quedar pendientes en esta legislatura y que, en su opinión, deben ser «prioritarias» en la próxima. Se refirió a la necesidad de modificar la Ley Electoral para cambiar las listas cerradas -en coincidencia con lo que pide el Movimiento 15-M- y a otras sobre vivienda, pobreza, sanidad, educación, universidad, ciencia, justicia, mecenazgo y lucha contra la economía sumergida.

Aunque reconoció que la actual democracia parlamentaria se puede mejorar, rechazó la posibilidad de sustituirla «por una denominada democracia real», en referencia al 15-M.

Reconoció que las circunstancias de la actual legislatura han sido «difíciles y complejas», pero apuntó que el gabinete de Zapatero «no ha estado a la altura de lo que debemos exigir a un Gobierno». «Su hacer o no hacer ha agravado la crisis y ha postergado la recuperación», subrayó. El Ejecutivo ha demostrado «su incapacidad de gobernar la nave en esta crisis», añadió, y el PP ha cometido «una gran irresponsabilidad respecto a temas fundamentales, de política de Estado».

Zapatero no se mostró de acuerdo con que Duran sitúe a PSOE y PP en el mismo nivel al hablar del Estado de Autonomía catalán.

A. Y. / Madrid

29/06/2011

O se sigue a la UE o hay riesgo de rescate

Dice que Rubalcaba o Rajoy harán la misma política
El portavoz del PNV en el Congreso, Josu Erkoreka, sorprendió ayer a muchos diputados, y de manera especial a Zapatero -«me ha gustado mucho su discurso», le dijo cuando concluyó-, con una intervención que centró en la necesidad de fortalecer a Europa para salir de la crisis y sin ninguna crítica al Gobierno.

«Es mejor pactar los ajustes voluntarios», dijo, dirigiéndose a PSOE y PP, «que tener que pactar el rescate, como se han visto obligados a hacer los portugueses».

Ante la crisis, opinó que sólo existen dos opciones: «O ajustamos la política económica a las directrices preventivas que emanan de Bruselas, o soltamos amarras y nos dejamos arrastrar hacia el abismo del rescate». La primera es «mala» y la segunda es «peor», dijo.

«Los recortes voluntarios se hacen con tijeras, pero los del rescate se hacen con motosierra», indicó. «Y es preferible que uno mismo pueda decidir dónde y cuándo recorta a que un tercero se meta en tu casa para decidirlo por ti», añadió.

Por eso le sorprende que la ciudadanía esté más preocupada por la fecha de las elecciones que por «las medidas que se han de adoptar para impedir que la prima de riesgo nos desangre y el vendaval de la crisis nos envuelva a todos».

Erkoreka pidió a los socialistas y a los populares que se centren «en lo que hay que hacer», es decir, en adoptar medidas para crear empleo y salir de la crisis, en vez de «embarrarse en estériles debates sobre galgos y podencos», afirmó, recordando la famosa fábula de Tomás de Iriarte en la que dos conejos discutían si los perros que perseguían a uno de ellos eran galgos o podencos, hasta que esos perros llegaron y los atraparon mientras ellos seguían con su disputa.

Cumplir exigencias

Cree que los dos partidos mayoritarios deberían dejar de discutir si hay que adelantar las elecciones y dedicarse a cumplir las exigencias de la Unión Europea.

Justificó esta petición porque, sea Rubalcaba o Rajoy quien suceda a Zapatero, «matiz arriba, matiz abajo, unos y otros harán cosas muy parecidas cuando lleguen a La Moncloa».

Como prueba de que la política de esos dos partidos es muy parecida, ofreció estos datos: las medidas y reformas del Gobierno se incluyen en 41 reales decretos que ha aprobado el Ejecutivo en los tres últimos años; todos ellos han sido convalidados por el Congreso, el 65% con el apoyo del PNV y el 90% con el del PP, bien porque votó a favor o porque se abstuvo.

«Las abstenciones de los populares rentan al Gobierno mucho más que el voto favorable de cualquiera de los demás grupos», indicó.

Terminó con una advertencia: el PNV no hablará de los Presupuestos Generales para 2012 hasta que se cumpla «íntegramente» el traspaso al País Vasco de las competencias pactadas.

OORBYT.es

>Análisis de Álex Sàlmon y Santiago González.

AGUSTÍN YANEL / Madrid

29/06/2011

Llamazares reta a una cuestión de confianza

Ridao dice que su política sólo beneficia a «banqueros, rentistas y grandes fortunas»

El portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, Gaspar Llamazares, retó ayer a José Luis Rodríguez Zapatero a que, en vez de adelantar las elecciones como reclama el PP, y porque ha dado un «giro a la derecha» en su política, se someta a una cuestión de confianza para que la Cámara Baja le diga si debe seguir gobernando. Pero añadió que no cree que el presidente esté dispuesto a aceptar la propuesta.

Se mostró convencido de que si Zapatero sigue aplicando la misma política, va a continuar «el estancamiento» y se agravará la crisis, en vez de buscar una salida social como debería hacer, indicó.

Llamazares defendió las propuestas del denominado Movimiento 15-M, que coinciden en gran parte con las que plantea IU desde hace años. Dijo que le sorprendía que el presidente no hubiera hecho referencia a la corrupción en ninguna de las numerosas ocasiones en que tomó la palabra, como si no hubiera «pasado nada» en ese sentido.

Joan Ridao, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), coincidió en criticar el giro de Zapatero y su incumplimiento del programa electoral del PSOE.

Afirmó que el presidente ha «quemado el embrague de tanto dar marcha atrás» en sus convicciones socialistas y sobre la pluralidad del Estado español.

Las políticas que aplica el Gobierno, añadió, han provocado el «hondo malestar» del 15-M porque son «medidas injustas», subrayó, que «sólo benefician a una minoría privilegiada de banqueros, rentistas y grandes fortunas».

Nuria Buenaventura, de Iniciativa per Catalunya Verds, criticó a Zapatero porque «ha renunciado» a sus principios ideológicos, al programa socialista y a las políticas de izquierda, y «ha claudicado» en favor de la banca, los estamentos financieros, el FMI y los más poderosos.

Zapatero respondió a los tres que hay que gobernar con el «principio de la realidad y el de la responsabilidad», y negó que haya dado un giro a la derecha en su manera de pensar y de actuar

SANTIAGO GONZÁLEZ

29/06/2011

Gobierno en Babia, retiro en León

Mientras el presidente del Gobierno exponía en el Congreso la mejora de nuestro sistema educativo en la reducción del fracaso escolar, en el aumento del número de becas, la escolarización infantil, los 35.000 alumnos de FP más que en 2004, los medios daban noticia de que el nivel de comprensión lectora digital en nuestros jóvenes sitúa a España en un honroso 12º puesto de entre los 16 países de la OCDE sometidos a examen, 24 puntos por debajo de la media. «La generación mejor formada de la historia», acuñó Rodríguez Zapatero a contrapelo de la experiencia docente de cualquier profesor de medias o de Universidad.

En él, la retórica siempre está por encima de los hechos. A pesar de la crisis, dijo, el gasto social se ha incrementado un 60% respecto a 2004. El presidente llama gasto social al subsidio de paro y resulta que el paro propiamente dicho, que estaba en 2004 en el 10,56%, alcanzaba según la EPA del primer trimestre de 2011 el 21,29%, lo que supone un aumento del 101,61%.

Y así fue todo. Mostró su satisfacción por que la renta de España se mantiene por encima del promedio europeo. ¡De la Europa de los 27, que incorpora a todos los escombros del socialismo real! Es el mismo Zapatero que el 24 de septiembre de 2008 anunció haber superado a Italia y la seguridad de superar «a Francia en renta per cápita en tres o cuatro años. Esto no lo quiere ni oír mi amigo Sarkozy, pero es así». Lo cierto es que en 2007 la renta per cápita de España era el 105% de la media europea y en estos cuatro años se ha visto reducida al 101%.

Todo el discurso fue un alarde retórico al servicio de un sofisma que lleva instalado siete años en la vida pública española: la más grave responsabilidad en nuestro sistema político recae sobre las espaldas de la oposición. Contra lo que veníamos creyendo, los votos ciudadanos no sirven para definir la mayoría parlamentaria que inviste al presidente del Gobierno, le da las llaves de la caja, la iniciativa legislativa y el Boletín Oficial del Estado.

No. El cometido principal del presidente es interpelar al jefe de la oposición para afearle que no haga propuestas. Poco importa el dato aportado por Rajoy: en más de 14 años, Felipe González vetó la discusión parlamentaria de propuestas de la oposición en ocho ocasiones; en ocho años, el malencarado Aznar no lo hizo nunca; en siete, el gentil Zapatero lo ha impedido 80 veces. Las cifras al servicio de la política y no al revés. También aprovechó para reprocharle su vagancia y acusarle de no apoyar su iniciativa de prolongarnos la vida laboral hasta los 67. Lo dice un virtuoso en el arte de las prejubilaciones que se va a aplicar una a sí mismo. Ayer contaba el Corriere della Sera que Zapatero se jubilará totalmente a partir de las próximas elecciones. No dará conferencias, ni desempeñará labores de asesoría. A los 51 años se limitará a la vida contemplativa gracias a los 80.000 euros de renta vitalicia que cobran los ex presidentes y los 74.000 que percibirá como miembro del Consejo de Estado, momio al que han renunciado sus antecesores vivos.

Se irá a su ciudad natal en un viaje inverso al que hacían en la Edad Media los reyes de León, que se distraían de los graves asuntos del Gobierno refugiándose en la comarca de Babia, para darse a la caza y otras artes de miranda. El único presidente no gubernamental de la Historia de España, después de pasar la vida en Babia va a elegir para su retiro la capital del antiguo reino de León.

DAVID GISTAU

29/06/2011

Adiós a todo eso

Lo que uno no esperaba es que Zapatero riñera con tanto afán en su última gran jornada en el Congreso. Que exudara una tensión de futuro en lugar de enfriar el debate, salvarlo como fuera y luego ceder los trastos a Rubalcaba, como en realidad ya viene haciendo desde hace algún tiempo en las sesiones de control. El presidente, que llevaba semanas parlamentarias desenfocado, como el personaje de Woody Allen, decidió apurar con toda intensidad una de sus últimas ocasiones como personaje vigente antes del tránsito hacia la enciclopedia. Y eso que comenzó flojo.

La exposición matinal, que el calor no ayudó a hacer más soportable, fue precedida por un largo aplauso de la bancada socialista que resonó como un adiós a todo eso. A Zapatero se le notó que ya no necesita ganar más elecciones, porque no incluyó en su discurso groseros señuelos ideológicos ni ocurrencias más o menos disparatadas como las que antaño usó para labrarse una reputación de paladín social.

Lo más parecido a esta antigua tendencia fue el anuncio no concretado de medidas de protección para los parados que fracasen en el pago de la hipoteca, una carantoña evidente al 15-M que probablemente forme parte de una estrategia de recuperación para Rubalcaba de un electorado propio, pero extraviado.

Más allá de eso, Zapatero no suavizó con frases cosméticas la crudeza de la crisis ni el sacrificio que será necesario para aprobar las reformas, a las que se aferra como a una última oportunidad de matizar un legado desastroso.

Reclamó la propiedad de sus actos al negar la tutela exterior. Intentó en vano ser un líder inspirador, proclamando su confianza en una España que no tendrá que dar por perdida a su mejor generación joven. Fue entonces cuando pronunció su emotiva despedida de la Cámara, improvisando por añadidura un relato de recuerdos de otros debates y tributando respeto a Rajoy pese al historial compartido de reyertas dialécticas. En ese momento, podía haber aparecido, sobreimpresionado, el The End de la salida de la Historia de Zapatero, aunque Rajoy se marchó al almuerzo tal vez dubitativo por el chantaje emocional: ¿cómo emplearse, en la reanudación, con contundencia contra un político que había dejado flotando en el ambiente el aroma de una despedida galante de la que podía deducirse hasta una renuencia a combatir?

Tal vez por eso, Rajoy tardó en fijar su discurso sobre Zapatero y se entretuvo en la periferia argumental. Es imposible que un líder de la oposición acuda a un Debate sobre el estado de la Nación en condiciones más propicias: pésimos resultados del rival, un presidente en vía de extinción, una inminencia de vuelco electoral. Aun así, Rajoy no elevó su estatura hacia una dimensión presidenciable. No trascendió el tópico del adelanto electoral en el que está encasquillado su discurso, reiterativo como la conversación con un GPS.

Sin duda, rebatió las acusaciones de no aportar nada en el Congreso hechas por el presidente. Y expuso con brío un minucioso retrato del desastre económico nacional, y exprimió la comparación entre el país que recibió Zapatero y el que deja. Pero, por lo demás, lo tiene todo confiado a que el hastío general con Zapatero -la «calamidad», el «calvario estéril»- desemboque de una forma natural en su elección, como si le bastara con estar ahí en el momento preciso para convertirse en el agente de la regeneración implorada por la gente.

El único asunto ajeno a la economía que introdujo fue el de Bildu, con el que no se había mojado en el Parlamento hasta ahora. Hubo un recordatorio a Rubalcaba en el intento de devolverle la frase del Gobierno que nos merecemos.

La sorpresa fue el Zapatero de las réplicas, que se dejó de almíbares de la despedida y surgió combativo como pocas veces. Hasta el lenguaje corporal era un remolino tal, cuando acusó a Rajoy de falsear datos, que el líder de la oposición le acusaría luego de «estar de los nervios» y de traerse insultos «escritos a máquina» por algún fontanero de Moncloa.

Ya permanecieron trabados en las siguientes réplicas. El presidente, acusando a Rajoy de ser como el perro del hortelano, que proclama la necesidad de reformas y no apoya ninguna. Y el jefe de la oposición, insistiendo en ese diagnóstico comparativo con el que propinó un último zarpazo a Zapatero: «¿De qué presume usted?».

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